martes, 12 de agosto de 2014

The Wind Rises (Hayao Miyazaki)

Comentario sobre la película The Wind Rises


“The wind is rising...we must attempt to live” (Paul Valéry). Con esa frase inicia la aventura a la última película del gran maestro de la animación, Hayao Miyasaki. “The Wind Rises” (Kaze Tachinu), una bella y conmovedora película, basada en el personaje real de Jiro Horikoshi, el hombre que diseñó el avión de combate Zero, utilizado en el ataque a Pearl Harbor durante la Guerra del Pacífico. Pero la historia se centra en la niñez, los años de juventud y madurez profesional de Jiro, sus sueños y su enfrentamiento con la realidad.

Una historia con drama, romance, aventura, sueños, tristeza, decepción y amor a la vida, bellamente ejecutada y dirigida, con una estimulante banda sonora que acompaña con acierto y detalle cada secuencia, incluso en aquellas donde se ausentan las palabras. Es al parecer la última película que hará el maestro Miyazaki, y creo que aunque sigue manteniendo algunos elementos de su cine, ha hecho un filme un poco diferente al resto de su filmografía, y al mismo tiempo su trabajo más provocador y polémico. Simplemente con el personaje que escogió, le llovieron críticas, y es lo que me parece muy interesante, ya que el filme aunque algunos digan que hace apología a la guerra, a mí me pareció todo lo contrario, una sútil e incómoda crítica a la guerra, a un hecho histórico y a la destrucción de la creatividad y los sueños.

Creo que aunque haya magia, belleza y esperanza, es un filme con una alta dosis de drama bien proporcionada, dolor, crítica, un guión sólido donde aborda además de datos biográficos, el mismo entorno económico, político y cultural del Japón, como potencia emergente, entre muchos otros detalles, que quedan de telón de fondo en esta bella y triste historia de amor y de vida. Hay mucho por analizar, ya que no es un filme superficial, improvisado, ni sencillo, para lanzar diatribas arbitrarias, sino uno de los trabajos más maduros, ambiciosos y mejor logrados del gran director nipón, que desde hace tiempo pertenece al Olimpo del cine mundial. Muy recomendada.

 

8.5/10


 

Trailer de The Wind Rises

Frases y Diálogos de la película





Comentario sobre la película The Wind Rises



Comentario sobre la película The Wind Rises



Comentario sobre la película The Wind Rises



Comentario sobre la película The Wind Rises


jueves, 24 de julio de 2014

Lennon (David Foenkinos)

Comentario sobre el libro Lennon


Una de las últimas novelas del escritor francés David Foenkinos (La Delicadeza, 2009), fue esta biografía novelada de Foenkinos, sobre uno de sus mayores ídolos: John Lennon. Publicada en el 2010, precisamente un año después del enorme éxito de La Delicadeza, el autor galo decidió hacer una biografía diferente sobre la figura de Lennon. Y vaya que lo logró. En esta oportunidad se mete dentro de la piel de Lennon, y en una narración en primera persona le da vida al ex Beatle. Todos los acontecimientos que narra, desde su infancia, su fama, su éxito, su madurez y sus demonios, todos son verídicos; Foenkinos sólo trató de darle vida y atreverse a atisbar lo que pasó por su cabeza en cada uno de esos momentos narrados. Y el mismo autor lo ha reafirmado en varias entrevistas, todo es desde su propia perspectiva, pero trató de ser lo más fiel posible, tras el enorme conocimiento que ha acumulado sobre Lennon, de quien él mismo afirma que sabe casi todo sobre el difunto artista, y sobre las mismas composiciones del Beatle, que también afirma Foenkinos, que son muy anecdóticas y personales.  

A través de 18 sesiones, realizadas entre 5 años desde 1975, cuando John Lennon tenía 35 años y se había alejado de los escenarios y la vida pública, para dedicarse a su familia, en ese momento conformada por Yoko Ono y su hijo Sean, Foenkinos lleva a Lennon a repasar su vida, desde sus tristes recuerdos de infancia, con la muerte de su padre, el descuido de su madre y su incondicional tía, pasando por los primeros años de Los Beatles y el inicio de su relación con los otros adolescentes, Paul, Ringo y George, pasando por su vertiginoso despegue a la fama, la beatlemanía, etc.; hasta Yoko Ono, el declive de las relaciones entre los miembros de la banda, las peleas, las drogas, el receso, el cambio espiritual, la paz y su muerte. 


Aunque Foenkinos, un gran fanático de Lennon, es el que se mete en la piel de él, lo hace, lo escribe y lo narra de forma tan detallada y natural, que en muchos momentos parece que estuviésemos leyendo las declaraciones del propio artista. Y esto no sólo nos ocurre a los lectores normales, sino que muchos que conocieron a Lennon y han leído el libro de Foenkinos, han dado testimonio de la veracidad del pensar de John en determinados momentos. Aunque como todo, y el mismo autor lo recuerda, siempre es un intento, un acercamiento, porque nunca podremos saber lo que en realidad piensa un hombre o una persona.    


En el libro podemos acercarnos más a la vida íntima de Lennon, esa vida tras el mito de The Beatles, el grupo mítico que revolucionó la música. Conoceremos el verdadero hombre, con sus temores, traumas, defectos, miedos, sueños, ilusiones y anhelos. Según Foenkinos, la búsqueda de la paz al final de su carrera, tuvo más que ver con una búsqueda de su propia paz interior. Y la gran culpable de que John no haya muerto a los 27 años como muchos otros artistas, fue la misteriosa, polémica e incomprendida Yoko Ono. Foenkinos nos cuenta los inicios de esta historia de amor, y sus problemas, el tiempo en que Yoko Ono era repudiada por el mundo entero, por ser considerada la causante del rompimiento de The Beatles. Pero el autor no la muestra como una santa, al contrario, el primer acercamiento de la pareja fue en una exposición de arte, donde Yoko se acercó a John para que este le sirviera de mecenas para patrocinar su próxima exposición, además de confesarle que no conocía a Los Beatles. A John, le atrajo su misterio, su inteligencia, su creatividad, su arte y su dureza. Yoko era imponente, pero gracias precisamente a esa actitud, logró salvar a Lennon de su infierno en las drogas y la perdición del estrellato, además de hacerle ver que ya no estaba cómodo con el grupo y necesitaba expandir sus horizontes y descansar. Es así, como cuando en el 75 John se retira momentáneamente de la música, por condición de Yoko, para que criara a su hijo Sean, mientras ella trabajaba en sus obras. Este capítulo, o mejor dicho, esta sesión es realmente bella. Ya que John se adentra en las labores cotidianas, del hogar, ama a su pequeño hijo, mientras recuerda lo mucho que descuidó a su primer hijo Julian (quien tuvo con su primera esposa Cynthia), y se lamenta en sus recuerdos del tiempo que perdió con él. 


En síntesis, recomiendo la lectura de este libro y biografía novelada a los amantes de Los Beatles, de John, aunque también encontramos historias de los demás miembros, y a los que no lo conocen también, para quizás llegar a conocer un poco más a ese gran artista, que tantas pasiones despertó y sigue despertando en el mundo entero. Pasiones que incluso le llevaron a su lamentable asesinato a manos de un admirador, y el caso ya es conocido por todos. El resto es historia. En estas sesiones, en general recorremos su vida, sus reflexiones ya en la edad madura, que como dice en la introducción del libro, ocurrieron entre el 21 de septiembre de 1975 y el 7 de diciembre de 1980, en la víspera de su asesinato. Foenkinos, reconoce que Los Beatles y John siempre han estado en su mente, sólo tenía 6 años cuando se conoció la noticia de su asesinato, y eso lo marcó de por vida. La veneración del autor por este grupo es enorme y se extiende incluso en sus otras novelas, donde siempre hace mención del grupo o algunas de sus canciones, como ocurre en su bestseller: La Delicadeza. Y reconoce que mientras escribía el libro no dejó de escuchar sus canciones. Así que sólo me queda volver a recomendarlo a todos, es un experimento sencillo y sin pretensiones, hecho con mucho amor y respeto.  



 

7/10 




David Foenkinos

martes, 22 de julio de 2014

The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson)

Comentario sobre la película The Grand Budapest Hotel


La más reciente película del reconocido y particular director estadounidense, estrenada a inicios de año en el Festival de Berlín, donde alcanzó el segundo premio en importancia: El Gran Premio del Jurado, es una deliciosa e ingeniosa comedia donde, como nos tiene acostumbrados, Anderson toma, escribe y dirige una historia y la nutre de su inconfundible estilo, que desde hace años ha desarrollado, transformándola en un sello de gran cine. 
En esta ocasión, cuenta una historia en tres tiempos, centrada la mayor parte en el pasado, en plenos años 30, un poco antes del inicio de la guerra, donde la acción tiene como eje central el Gran Hotel Budapest, un hotel de gran trayectoria y prestigio en el pasado, en donde todos los personajes se desenvolverán entre intrigas, venganzas, homicidios, condenas, amor y amistad.  


Me ha parecido una maravilla de principio a fin; Anderson sigue demostrando que puede coger cualquier historia y dotarla de su inconfundible y particular estilo, que acá alcanza nuevas cumbres. Mezcla de ficción con realidad, un guión brillante escrito por el mismo Anderson, que confesó haberse inspirado en los escritos del escritor austríaco Stefan Zweig, en sus escritos sobre la segunda guerra mundial, con una notable dirección, ambientación y montaje, donde abundan como es característico el estilismo, los encuadres simétricos y el perfeccionismo del director en las tomas uniformes, impecables y coloridas. 


Acompañado como siempre, con un reparto de lujo, con sus habituales colaboradores, pero donde se lucen especialmente, el gran Ralph Fiennes (que está de premios) y el otro grande F. Murray Abraham, que aunque no sale mucho en pantalla, cada vez que sale brilla, así como el resto del reparto. 


En síntesis, una aventura excelente e imperdible, divertida, sarcástica, con una gran profundidad dentro de todo el espectáculo con que Anderson adorna sus filmes. Muy recomendada, de lo mejor del año.  


8.5/10




 

Trailer de The Grand Budapest Hotel
Frases y Diálogos de la película




Comentario sobre la película The Grand Budapest Hotel



Tony Revolori



Jude Law



Ralph Fiennes



Edward Norton



Adrien Brody

domingo, 20 de julio de 2014

Limónov (Emmanuel Carrére)

Comentario sobre el libro Limónov



Llegué a Eduard Limónov a través de Emmanuel Carrére, y llegué a Emmanuel Carrére a través de “El Adversario”, una de sus novelas más conocidas, tras una búsqueda de escritores franceses contemporáneos. Luego de leer por medio de distintas fuentes los enormes elogios a su novela “Limónov” y algunas recomendaciones, me dio una enorme curiosidad por leerlo. Todo esto ocurrió en el año 2013, el año en que después de 2 años antes de haberse publicado en Francia, era traducido finalmente al español y publicado en España. Cuando a inicios del 2014 me enteré de que Emmanuel Carrére era uno de los invitados especiales al “Hay Festival”, el festival de literatura que se realiza en mi ciudad (Cartagena de Indias) y otras ciudades del mundo, me embargó una enorme emoción. Especialmente porque el libro no había llegado a Colombia. Afortunadamente, luego de los dos primeros días del Hay Festival pude finalmente encontrar y comprar el libro, había adquirido entradas a la presentación de Carrére en los últimos días del festival, y prácticamente estaba todo listo. El día de la presentación de Carrére, era como a las 3 o 4 p.m., había llegado con unos minutos de retraso, cuando me encuentro con la lamentable noticia de que el escritor había cancelado la presentación por un problema personal que le obligó a abordar un vuelo a su país ese mismo día en horas de la mañana. Naturalmente sentí un poco de decepción, y salí sin ganas de asistir a ninguno de los otros eventos. Toda esta introducción “triste” y “melancólica” y con algo de resentimiento con el autor, jeje, no podía imaginarme que serviría de buen antecedente para sumergirme en la historia de Limónov. Y obviamente al terminar el libro, tanto Carrére como Limónov, quedaron redimidos, y su simple firma o verlo y escucharlo por unos minutos quedaron en el olvido. 

Menciono que el resentimiento con el autor fue buen antecedente, porque Emmanuel Carrére confiesa en su libro que antes de empezar a escribirlo detestaba la figura de Eduard Limónov, por lo que temía sesgarse mucho en la narración. Afortunadamente en el proceso de investigación sobre la vida del escritor y político ruso, testimonio de conocidos y del mismo Limónov, pudo reconciliarse un poco con él hasta sentir compasión y admiración. Como queda sustentado en un fragmento del libro donde vemos un diálogo entre los dos escritores:


(…) El caso es que soy su biógrafo: le interrogo, él responde, cuando termina de responder se calla, se mira los anillos y aguarda la pregunta siguiente. Decido que no estoy por la labor de chuparme varias horas de entrevista así, que me las apañaré muy bien con lo que tengo. Me levanto, le voy las gracias por el café y el tiempo que me ha dedicado y en el umbral de la puerta me hace finalmente una pregunta:

-    Es extraño, de todos modos. ¿Por qué quiere escribir un libro sobre mí?
Me coge desprevenido pero le respondo sinceramente: porque tiene –o porque ha tenido, ya no me acuerdo del tiempo del verbo que empleé- una vida apasionante. Una vida novelesca, peligrosa, una vida que ha arrastrado el riesgo de participar en la historia.
Y entonces él dice algo que me deja de una pieza. Con su risita seca, sin mirarme:
-    Sí, una vida de mierda.

 

“Limónov no es un personaje de ficción. Existe y yo lo conozco”, menciona Carrére, quien realiza una biografía novelada donde se sumerge en la vida de Eduard Limónov, desde Ucrania en 1943-1967, lugar donde nació y creció en medio de una guerra, pasando por Moscú, Nueva York, París hasta Lefórtovo, Sarátov, Engels en los años de 2001-2003 donde sufre una condena en prisión por cuatro años, por supuesto intento de golpe de estado. Hasta el presente, donde Carrére menciona apartes de sus conversaciones y de cómo ha seguido la vida de Eduard. 

Carrére, con verdadera maestría construye esta novela biográfica, con una narración en tercera persona, combinado con sus intervenciones en primera persona, en apartes donde él aparece en la historia y la vida de Limónov, o para declarar su opinión e ideas sobre el personaje. Desde el inicio atrapa al lector con su prosa y su rigor periodístico, tendiendo en ocasiones a la crónica, como en la introducción donde menciona el asesinato de una mujer, Anna Politkóvskaia, en el espacio temporal entre 2006 y 2007, para en el siguiente capítulo retroceder décadas hasta el nacimiento de Limónov, y el inicio de la mayoritaria narración en tercera persona. 


Y ya con la vida del escritor ruso, Carrére explaya esa fascinante historia que parece una novela de ficción, con mucho cuidado, detalle, respeto y sin contemplación de abordar los momentos más dramáticos y tormentosos dentro de la vida de Eduard, que podrán constatar que son la gran mayoría de los casos. Limónov, un escritor, político y activista ruso, polémico, detractor, temerario, orgulloso, ambicioso y enemigo de Putin, entre otros adjetivos, que le permitieron llevar una vida muy activa y llena de aventuras, dramas, tragedias y distintas experiencias que le permitieron estar presente y partícipe en la acción política de los últimos años en Rusia, entre ellas por la creación del Partido Nacional Bolchevique. Algo realmente interesante, en estos momentos donde Rusia sigue siendo protagonista en el panorama mundial, y donde Vladimir Putin, enemigo de Limónov, sigue en el poder. Por esto, Carrére parodia en varias ocasiones la relación entre ambos personajes, con la frase al inicio del libro, a cargo de Putin, y la comparación al final que hace entre los dos personajes, resaltando sus semejanzas. 


Pero el gran protagonista de la novela, lo sabemos desde el inicio, “Limónov”, un personaje surreal y tan fascinante, un hombre cualquiera que se prometió a sí mismo ser un héroe, un gran escritor, una gran personalidad, pero en general un personajes tan bien construido, por Carrére y el mismo Limónov, que el lector se siente embrujado por su historia, y en muchos momentos identificado y asombrado ante tanta irreverencia y temeridad, hasta incluso llegar a sentir en otros momentos repulsión y odio por el mismo personaje. Algunos lectores deambularán entre el amor/odio, otros lo secundarán en todas sus acciones o se mantendrán casi neutrales como su biógrafo. Sin dudas, también puede representar una prueba de tolerancia la lectura del libro. Pero personalmente, es precisamente su ambigüedad y contradicciones la que me encantan, porque es la verdadera naturaleza del ser humano puesta en evidencia. 


Personalmente, he disfrutando enormemente de este libro, lo he degustado lentamente, y cuando ya veía que llegaba a las últimas páginas trataba de leer por capítulos, incluso a veces por páginas, para que no acabara. Como en la vida real de Limónov, hay una mezcla de todo en el libro, política, dramas humanos, romances tormentosos, fracaso, guerras, etc. Recuerdo vivamente con gran agrado la terrible relación con su primera esposa, y cuando se van juntos a Estados Unidos, buscando una mejor vida, y el episodio en la cárcel que también me pareció memorable, entre tantos otros. Quizás en una parte en el tramo final o en la mitad de la historia donde se ahonda en la política, el lector pueda sentirse apático y poco interesado, pero el mismo Carrére lo reconoce, confesándole al lector que de igual forma es necesario, porque como todo lo anterior forma parte de la vida del personaje central. Al final, he quedado muy interesado por buscar información sobre la vida de Limónov, y pueden encontrar en Google, que actualmente tiene 71 años y sigue siendo un importante activista político en Rusia y ver sus fotos, y sobre todo quedé muy interesado en leerme alguno de sus libros. Por lo pronto, lo recomiendo enormemente a todos aquellos que les guste la historia, la historia de los últimos años de Rusia, o simplemente a los amantes de la novela y la literatura, sin duda encontrarán una obra particular y valiosa con la que disfrutarán. 


8.5/10



Acá dejo algunos fragmentos de la novela:

Fragmento de Diario de un Fracasado:


“Vendrán todos. Los gamberros y los tímidos; éstos saben pelear. Los traficantes de droga y los que reparten los anuncios de burdeles. Los masturbadores, los clientes de las revistas y de los cines porno. Los solitarios que deambulan por las salas de museos o consultan en las bibliotecas cristianas y gratuitas. Los que tardan dos horas en tomar a sorbitos su café en los McDonald's y miran tristemente por el ventanal. Los fracasados en el amor, el dinero y el trabajo, y los que han tenido la desgracia de nacer en una familia pobre. Los jubilados que hacen cola en el supermercado, en la fila reservada a los que compran menos de cinco artículos. Los gamberros negros que sueñan con tirarse a una blanca de alta sociedad y como no lo conseguirán nunca la violan. El doorman de pelo gris al que le encantaría secuestrar y torturar a la hija insolente de los ricos del último piso. Los valientes y los fuertes que llegan de todos los confines para brillar y conquistar la gloria. Los homosexuales unidos de dos en dos. Los adolescentes que se aman. Los pintores, los músicos, los escritores cuyas obras no compra nadie. La grande y aguerrida tribu de los fracasados, losers en inglés, en ruso nieudáchniki. Vendrán todos, tomarán las armas, ocuparán una ciudad tras otra, destruirán los bancos, las oficinas, las editoriales, y yo, Eduard Limónov, iré en cabeza de la columna, y todos me reconocerán y me amarán” (Limónov)

Ciega de rabia, se dijo y le dijo al bebé que era un camelo todo lo que quisieran contarle sobre la ayuda mutua, la solidaridad, la fraternidad. “La verdad, no lo olvides nunca, mi pequeño Édichka, es que los hombres son unos cobardes, unos canallas, y que te matarán si no estás preparado para golpear primero”. (Madre de Limónov)




martes, 15 de julio de 2014

La Ladrona de Libros (Brian Percival)

Comentario de la película La Ladrona de Libros



Adaptación de la conmovedora novela del joven escritor australiano, Markus Zusak, que a la vez firmó con ella su ópera prima, en donde muestra una historia con un trasfondo muy conocido como es la II Guerra Mundial, pero desde una perspectiva particular narrada por la misma muerte. El libro, que recuerdo que cuando lo leí por primera vez me gustó mucho, al ver la adaptación al cine, como siempre es grato ver algunos pasajes revividos por la pantalla grande, pero me ha resultó un poco decepcionante. 

Para los que no han leído el libro, que les recomiendo que lo lean antes de ver la película o que simplemente lean el libro, se relata la historia de una pequeña joven llamada Liesel, quien en medio de los disturbios de la II Guerra Mundial, es enviada a una familia de acogida en Alemania. Poco a poco Liesel va acomodándose a su nuevo entorno y acostumbrándose a sus nuevos padres, a sus nuevos amigos y su nueva vida. Pero en medio de ese drama, la dulce y a la vez fuerte personalidad de Liesel, junto con su perspicacia y curiosidad, le van iluminando un poco su camino, además de la compañía de su cómplice padre, su protectora y gruñona madre, su leal amigo Rudy, el misterioso Max y los libros que va adquiriendo desde distintas fuentes, desde una viva hoguera hasta la biblioteca del alcalde, y con los cuales se gana el título de la Ladrona de Libros.

La historia original es muy buena y en el libro se narra e hilvana todo con cuidado, gracia y ritmo. Pero lo que en el libro sorprende y te mantiene pegado a la historia, en el filme no alcanza a llegar y emocionar tan profundamente al espectador. A pesar de las buenas interpretaciones, comandadas por los veteranos Geoffrey Rush y Emily Watson, lastimosamente el filme no alcanza a tocar las fibras que se rozan en el libro y particularmente no ofrece ni propone nada, omitiendo algunos pasajes, para finalmente quedarse en un producto totalmente prescindible con algunas escenas afortunadas, propias de la misma calidad del libro. He visto que a muchos les ha gustado, porque en el filme se ha abusado de los elementos sensibileros, pero recomendaría que se pasaran por el libro para en realidad llegar a la base y la belleza de la obra. Por todo esto:

4/10


Trailer de La Ladrona de Libros

Frases y Diálogos de la película

Reseña del Libro



Sophie Nélisse

Geoffrey Rush

Ben Schnetzer

Emily Watson



jueves, 3 de julio de 2014

Maléfica (Robert Stromberg)

Comentario sobre la película Maléfica




“Maléfica”, el nuevo proyecto de Disney donde se escarba en la vida e historia de los malvados de sus clásicas adaptaciones de cuentos famosos, que tomó fuerza con las recientes adaptaciones de cuentos infantiles, me ha resultado interesante. Y con el enorme éxito que ha tenido esta versión, no dudemos que tendremos próximas redenciones de malvados. Pero ojalá que no caigan en el otro extremo que querer santificarlos, sino simplemente de mostrarlos tales como son, sin edulcorantes. 


Esta versión se encuentra dirigida por el reconocido y laureado director de arte, de efectos especiales y diseñador de producción tanto para el cine como para la televisión, Robert Stromberg, ganador de dos Premios Oscar a la Mejor Dirección de Arte por filmes como “Alice in Wonderland” y “Avatar”. Stromberg decidió apartarse un poco del proceso creativo y con su vasta experiencia en la producción y los efectos especiales, incursionar en la dirección con su ópera prima, Maléfica. Película que tiene una notable calidad técnica. El guión, escrito a tres manos, tiene entre los escritores al reconocido director y guionista John Lee Hancock (The Blind Side, Saving Mr. Banks), por lo que podemos entender de donde viene la construcción de la sensibilidad de la historia. 


En forma general, se cuenta la historia de Maléfica, una de las más recordadas y primeras brujas de las películas de Disney, en específico de La Bella Durmiente. Pero en el filme nos introducen en sus orígenes, donde nos remiten a sus raíces como hada o elfa en un bosque mágico donde habitan los de su especie. Gracias a sus imponentes atributos es la guardiana del bosque. Pronto el Rey de esas tierras, viendo que existe un ser superior a él que podría amenazar su poderío, busca la forma de deshacerse de ese ser. Y es así como inicia un enfrentamiento que le hará mucho daño a Maléfica, y que serán los orígenes de su futura venganza. Como siempre, con pequeños eventos inesperados que cambian el rumbo de la historia.  


La malvada hechicera de La Bella Durmiente es interpretada de forma muy asertiva y efectiva por Angelina Jolie; el inicio del filme atrapa e intriga, y el trabajo de Jolie facilita la labor. Técnicamente tiene virtudes y la narración tiene varios aciertos, en especial en esos giros de 360° que le da a la versión más conocida del cuento original, saliéndose de los clichés y planteando interrogantes, dilemas y con humor haciendo parodia a algunas situaciones y personajes. Pero lamentablemente la película va perdiendo fuerza en su argumento y termina desinflándose en parte de la mitad y los últimos minutos, cayendo en esos elementos de los que intentaba o parecía huir. Toda una lástima. Porque pudo ser mucho mejor. 


Pero aun así, luego del visionado permanece contigo una sensación de agrado, gracias a ese juego de las nuevas perspectivas de la historia, pero esperemos que en el futuro mantengan la propuesta inicial y no decaigan en lo tradicional y lo fácil.    


6/10






 





Angelina Jolie



Sharlto Copley



Angelina Jolie



Angelina Jolie

lunes, 30 de junio de 2014

El Miedo a la Libertad (Erich Fromm)

Comentario sobre el libro El Miedo a la Libertad



Hace tiempo tenía pensado escribir y hacer un post sobre este libro. Lo leí hace algunos años, y recientemente lo volví a leer nuevamente, aunque casi siempre me remito y leo apartes por lo valiosos que me resultan sus argumentos para entender el desarrollo o la evolución en el imaginario colectivo y de la sociedad desde el Siglo XX, que aún en el correr del Siglo XXI siguen teniendo enorme vigencia.

Escrito por el psicólogo y filósofo alemán Erich Fromm, y publicado por primera vez en el año de 1941, “El Miedo a la Libertad” forma parte de un extenso y arduo estudio que Fromm realizó y condensó en otros estudios como “El Corazón del Hombre” y “Espíritu y Sociedad”, entre otras. El estudio, es un ensayo sociológico que nos recorre por el pensamiento de Fromm, a la vez que nos da una luz sobre los pilares o las bases del comportamiento y el pensamiento del ser humano contemporáneo, y las raíces de cada uno de esos pilares, con una lucidez que impresiona e impacta a aquellos que lo lean por primera vez en pleno 2014. 


La Libertad, es el núcleo de la tesis de Fromm, quien a través de distintos capítulos como: La libertad como problema psicológico, La emergencia del individuo y la ambigüedad de la libertad, hasta La psicología del Nazismo y Libertad y Democracia, en general 7 capítulos, donde el autor da un repaso sobre los hechos más relevantes en el Siglo XX, y cómo estos fueron determinando y transformando una ideología y una sociedad, que a la postre sería la que heredáramos.

A continuación comparto varios fragmentos del libro, que son de mis favoritos y que he seleccionado en mi última lectura, aunque todo el libro no tiene desperdicio: 







- La tesis de este libro es que la libertad posee un doble significado para el hombre moderno; éste se ha liberado de las autoridades tradicionales y ha llegado a ser un individuo; pero, al mismo tiempo, se ha vuelto aislado e impotente, tornándose el instrumento de propósitos que no le pertenecen, extrañándose de sí mismo y de los demás. Se ha afirmado además de que tal estado socava su yo, lo debilita y asusta, al tiempo que lo dispone a aceptar la sumisión a nuevas especies de vínculos. La libertad positiva, por otra parte, se identifica con la realización plena de las potencialidades del individuo, así como con su capacidad para vivir activa y espontáneamente. La libertad ha alcanzado un punto crítico en el que, impulsada por la lógica de su dinamismo, amenaza transmutarse en su opuesto. El futuro de la democracia depende de la realización del individualismo, y éste ha sido el fin ideológico del pensamiento moderno desde el Renacimiento.


- La crisis política y cultural de nuestros días no se debe, por otra parte, al exceso de individualismo, sino al hecho de que lo que creemos ser tal se ha reducido a una mera cascara vacía. La victoria de la libertad es solamente posible si la democracia llega a constituir una sociedad en la que el individuo, su desarrollo y felicidad constituyan el fin y el propósito de la cultura; en la que la vida no necesite justificarse por el éxito o por cualquier otra cosa, y en la que el individuo no se vea subordinado ni sea objeto de manipulaciones por parte de ningún otro poder exterior a él mismo, ya sea el Estado o la organización económica; una sociedad, por fin, en la que la conciencia y los ideales del hombre no resulten de la absorción en el yo de demandas exteriores y ajenas, sino que sean realmente suyos y expresen propósitos


- En todo caso parecería que el hombre moderno tuviese demasiados deseos, y que justamente su único problema residiese en el hecho de que, si bien sabe lo que quiere, no puede conseguirlo. Empleamos toda nuestra energía con el fin de lograr nuestros deseos, y en su mayoría las personas nunca discuten las premisas de tal actividad; jamás se preguntan si saben realmente cuáles son sus verdaderos deseos. No se detienen a pensar si los fines perseguidos representan algo que ellos, ellos mismos, desean. En la escuela quieren buenas notas, y cuando son adultos desean lograr cada vez más éxito, acumular cada vez más dinero, poseer más prestigio, comprar mejores automóviles, ir a los mejores lugares, y cosas semejantes. Sin embargo, cuando, en medio de esta actividad frenética, se detienen a pensar, hay una pregunta que puede surgir en su espíritu: Si consigo este nuevo empleo, si compro un coche mejor, si realizo este viaje... ¿qué habré obtenido? ¿Cuál es verdaderamente el fin de todo esto? ¿Quiero, en realidad, todas esas cosas? ¿No estaré persiguiendo algún propósito que debería hacerme feliz y que, en verdad, se me escapa de las manos apenas lo he alcanzado? Cuando surgen estas preguntas se siente uno espantado, pues ponen en duda la base misma que sustenta toda la actividad del hombre, el conocimiento de sus mismos deseos. Por eso la gente tiende a liberarse lo más rápidamente posible de pensamientos tan inquietantes. Piensan que tales preguntas han venido a molestarlos a causa de algún cansancio o mal humor... y continúan así en la persecución de aquellos fines que siguen considerando propios.


- Y, sin embargo, todo esto apunta a una confusa revelación de la verdad: que el hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone (socialmente) ha de desear. Para aceptar esta afirmación es menester darse cuenta de que saber lo que uno realmente quiere no es cosa tan fácil como algunos creen, sino que representa uno de los problemas más complejos que enfrentan al ser humano.


- Los hechos pierden aquella calidad que poseen tan sólo en cuanto constituyen partes de una estructura total, y conservan únicamente un significado abstracto y cuantitativo; cada hecho no es otra cosa que un hecho más, y todo lo que importa es si sabemos más o menos. La radio, el cine y la prensa ejercen un efecto devastador a este respecto. La noticia del bombardeo de una ciudad y la muerte de centenares de personas es seguida o interrumpida, con todo descaro, por un anuncio de propaganda sobre jabón o vino. El mismo anunciador, con esa misma voz sugestiva, insinuante y autoritaria, que acaba de emplear para convencernos de la seriedad de la situación política, trata ahora de influir sobre su público acerca del mérito de determinada marca de jabón, que ha pagado los gastos de las noticias radiales. Los noticieros cinematográficos nos presentan muestras de moda a continuación de escenas de buques torpedeados. Los diarios se refieren a las ideas vulgares o a los gustos alimentarios de alguna nueva estrella con la misma seriedad y concediéndole el mismo espacio con que tratan los sucesos de importancia científica o artística. A causa de todo esto dejamos de interesarnos sinceramente por lo que oímos. Dejamos de excitarnos, nuestras emociones y nuestro juicio crítico se ven dificultados, y con el tiempo nuestra actitud con respecto a lo que ocurre en el mundo va tomando un carácter de indiferencia y chatedad. En nombre de la "libertad" la vida pierde toda estructura, pues se la reduce a muchas piezas pequeñas, cada una separada de las demás, y desprovista de cualquier sentido de totalidad. El individuo se ve abandonado frente a tales piezas como un niño frente a un rompecabezas; con la diferencia, sin embargo, de que mientras éste sabe lo que es una casa y, por tanto, puede reconocer sus partes en las piezas del juego, el adulto no alcanza a ver el significado del todo, cuyos fragmentos han llegado a sus manos. Se halla perplejo y asustado y tan sólo acierta a seguir mirando sus pequeñas piezas sin sentido.


- El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios; la libertad de la autoridad exterior constituirá una victoria duradera solamente si las condiciones psicológicas íntimas son tales que nos permitan establecer una verdadera individualidad propia. ¿Hemos alcanzado esta meta o nos estamos, por lo menos, aproximando a ella?


- La soledad e impotencia del individuo, su búsqueda para la realización de las potencialidades que ha desarrollado, el hecho objetivo de la creciente capacidad productiva de la industria moderna, todos estos elementos son factores dinámicos que forman la base de una creciente búsqueda de libertad y felicidad. Refugiarse en la simbiosis puede aliviar durante un tiempo los sufrimientos, pero no los elimina. La historia de la humanidad no sólo es un proceso de individuación creciente, sino también de creciente libertad. El anhelo de libertad no es una fuerza metafísica y no puede ser explicado en virtud del derecho natural; representa, por el contrario, la consecuencia necesaria del proceso de individuación y del crecimiento de la cultura. Los sistemas autoritarios no pueden suprimir las condiciones básicas que originan el anhelo de libertad; ni tampoco pueden destruir la búsqueda de libertad que surge de esas mismas condiciones.


- A menos que todo el sistema industrial y el modo de producción fueran destruidos y reducidos a su nivel de la época preindustrial, el hombre seguirá siendo un individuo que ha emergido completamente del mundo circundante. Hemos visto que el hombre no puede soportar la libertad negativa; que trata de evadirse hacia nuevos lazos destinados a sustituir los vínculos primarios que ha abandonado. Pero estos nuevos lazos no representan una unión real con el mundo. Tiene que pagar la seguridad recién adquirida, despojándose de la integridad de su yo. La dicotomía existente de hecho entre él y las autoridades a quienes se somete no desaparece por eso. Ellas amputan y estropean su vida, aun cuando conscientemente se haya sometido de acuerdo con su propia voluntad. Al mismo tiempo vive en un mundo en el que no se ha desarrollado solamente para ser un átomo, sino que también le proporciona todas las potencialidades necesarias para transformarse en individuo. El sistema industrial moderno posee no sólo la capacidad virtual de producir los medios para una vida económicamente segura para todos, sino también la de crear las bases materiales que permitan la plena expresión de las facultades intelectuales, sensibles y emocionales del hombre, reduciendo al mismo tiempo de manera considerable las horas de trabajo


- Al referirse a las calidades requeridas en un dirigente nazi y a los propósitos que persigue la educación para el mando, afirma: Queremos saber si estos hombres poseen la voluntad de mando, de ser los dueños, en una palabra, de gobernar... Queremos gobernar y nos gusta hacerlo. . . Les enseñaremos a estos hombres a cabalgar, . . a fin de que experimenten el sentimiento del dominio absoluto sobre un ser viviente. En la formulación que hace Hitler de los objetivos de la educación hallamos la misma exaltación del poder. Afirma que "toda educación y desarrollo del alumno debe dirigirse a proporcionarle la convicción de ser absolutamente superior a los demás"



- De hecho, al observar el fenómeno de la decisión humana, es impresionante el grado en que la gente se equivoca al tomar por decisiones propias lo que en efecto constituye un simple sometimiento a las convenciones, al deber o a la presión social. Casi podría afirmarse que una decisión original es, comparativamente, un fenómeno raro en una sociedad cuya existencia se supone basada en la decisión autónoma individual.


- Gran número de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos han sido sugeridas desde afuera; hemos logrado persuadirnos a nosotros mismos de que ellas son obra nuestra, mientras que, en realidad, nos hemos limitado a ajustamos a la expectativa de los demás, impulsados por el miedo al aislamiento y por amenazas aún más directas en contra de nuestra vida, libertad y conveniencia.


- La supresión del pensamiento crítico generalmente empieza temprano. Una chica de cinco años, por ejemplo, puede advertir la falta de sinceridad de su madre, ya sea por la sutil observación de que mientras ésta habla continuamente de amor y amistad, de hecho se muestra fría y egoísta; o bien de una manera más superficial, al descubrir que su madre mantiene una relación amorosa con otro hombre al tiempo que exalta su propio nivel moral. La niña siente la discrepancia. Su sentido de la justicia y la verdad sufre un rudo contraste, y sin embargo, como depende de la madre, quien no le permitiría ninguna especie de crítica, y, por otra parte, no puede, por ejemplo, confiar en el padre, que es un débil, la niña se ve obligada a reprimir su capacidad crítica.


- Esta constelación puede observarse a menudo, especialmente en las relaciones de los padres con sus hijos. En esos casos la actitud de dominación —y de propiedad— se oculta con frecuencia detrás de lo que parecería una preocupación natural con respecto de los hijos, o un lógico sentimiento de protección hacia ellos. El niño es colocado así en una jaula de oro; puede obtenerlo todo siempre que no quiera dejar su áurea prisión. A menudo la consecuencia de todo esto es el profundo miedo al amor que experimenta el hijo cuando llega a la edad adulta, miedo debido al hecho de que el amor, para él, implica dejarse atrapar y ver ahogada su propia ansia de libertad.


- Sin embargo, este sentimiento de aislamiento individual y de impotencia, tal como fuera expresado por los escritores citados y como lo experimentan muchos de los llamados neuróticos, es algo de lo que el hombre común no tiene conciencia. Es demasiado aterrador. Se lo oculta la rutina diaria de sus actividades, la seguridad y la aprobación que halla en sus relaciones privadas y sociales, el éxito en los negocios, cualquier forma de distracción ("divertirse", "trabar relaciones", "ir a lugares"). Pero el silbar en la oscuridad no trae la luz. La soledad, el miedo y el azoramiento quedan; la gente no puede seguir soportándolos. No puede sobrellevar la carga que le impone la libertad de; debe tratar de rehuirla si no logra progresar de la libertad negativa a la positiva. Las principales formas colectivas de evasión en nuestra época están representadas por la sumisión a un "líder", tal como ocurrió en los países fascistas, y el conformismo compulsivo automático que prevalece en nuestras democracias. Antes de pasar a describir estas formas de evasión socialmente estructuradas, debo pedirle al lector que me siga en la discusión de los intrincados mecanismos psicológicos de evasión. Ya nos hemos ocupado de algunos de ellos en los capítulos anteriores; más si queremos entender plenamente el significado psicológico del fascismo y la automatización del hombre en la democracia moderna, debemos comprender los fenómenos psicológicos no sólo de una manera general, sino también en los detalles mismos de su concreto funcionamiento. Esto puede parecer un rodeo; pero, en realidad, se trata de una parte necesaria de toda nuestra discusión. Del mismo modo que no pueden comprenderse correctamente los problemas psicológicos sin conocer su sustrato cultural y social, tampoco pueden estudiarse los fenómenos sociales sin el conocimiento de los mecanismos psicológicos subyacentes. El capítulo que sigue ensaya un análisis de tales mecanismos, con el fin de revelar lo que ocurre en el individuo y mostrar de qué manera, en nuestro esfuerzo por escapar de la soledad y la impotencia, nos disponemos a despojarnos de nuestro yo individual, ya sea por medio de la sumisión a nuevas formas de autoridad o por una forma de conformismo compulsivo con respecto a las normas sociales imperantes.


- Sabía que nosotros significábamos poco en comparación con el universo, sabía que no éramos nada; pero el hecho de ser nada de una manera tan inconmensurable me parece, en cierto sentido, abrumador y a la vez alentador. Aquellos números, aquellas dimensiones más allá del alcance del pensamiento humano nos subyugan por completo. ¿Existe algo, sea lo que fuere, a que podamos aferramos? En medio de este caos de ilusiones en el que estamos sumergidos de cabeza, hay una sola cosa que se erige verdadera: el amor. Todo el resto es la nada, un vacío hueco. Nos asomamos al inmenso abismo negro. Y tenemos miedo.


- Esta situación se acentúa aún más debido a los métodos de la propaganda moderna. Los argumentos comerciales del hombre de negocios de viejo estilo eran esencialmente racionales. Conocía sus mercaderías, las necesidades del cliente y, sobre la base de estos conocimientos, trataba de efectuar su venta. Por cierto sus argumentos no eran del todo objetivos, esforzándose por persuadir al cliente lo mejor posible; sin embargo, para ser eficiente y alcanzar sus objetivos, debía emplear una forma racional y sensata de persuasión. La propaganda moderna, en un amplio sector, es muy distinta; no se dirige a la razón sino a la emoción; como todas las formas de sugestión hipnótica, procura influir emocionalmente sobre los sujetos, para someterlos luego también desde el punto de vista intelectual. Esta forma de propaganda influye sobre el cliente, acudiendo a toda clase de medios: la incesante repetición de la misma fórmula; el influjo de la imagen de alguna persona de prestigio, como ser la de alguna dama de la aristocracia o la de un famoso boxeador que fuma tal marca de cigarrillos; por medio del sex-appeal de alguna muchacha bonita, atrayendo de ese modo la atención del cliente y debilitando al propio tiempo su capacidad de crítica; mediante el terror, señalando el peligro del "mal aliento" o de alguna enfermedad de nombre misterioso; o bien estimulando su fantasía acerca de un cambio imprevisto en el curso de su propia vida debido al uso de determinado tipo de camisa o jabón. Todos estos métodos son esencialmente irracionales; no tienen nada que ver con la calidad de la mercadería y apagan o matan la capacidad crítica del cliente, como podría hacerlo el opio o un estado hipnótico absoluto. Son capaces de proporcionarle alguna satisfacción debido a su efecto estimulante sobre la fantasía, tal como ocurre con el cine, pero al mismo tiempo aumentan su sentimiento de pequeñez y de impotencia.


- Para aquellos que sólo poseían escasas propiedades y menguado prestigio social, la familia constituía una fuente de prestigio individual. Allí, en su seno, el individuo podía sentirse alguien. Obedecido por la mujer y los hijos, ocupaba el centro de la escena, aceptando ingenuamente este papel como un derecho natural que le perteneciera. Podía ser un don nadie en sus relaciones sociales, pero siempre era un rey en su casa. Aparte de la familia, el orgullo nacional —y en Europa, con frecuencia, el orgullo de clase— también contribuía a darle un sentimiento de importancia. Aun cuando no fuera nadie personalmente, con todo se sentía orgulloso de pertenecer a un grupo que podía considerarse superior a otros.


- En primer lugar su yo se sintió respaldado por la posesión de propiedades. Él, como persona, y los bienes de su propiedad, no podían ser separados. Los trajes o la casa de cada nombre eran parte de su yo tanto como su cuerpo. Cuanto menos se sentía alguien, tanto más necesitaba tener posesiones. Si el individuo no las tenía o las había perdido, carecía de una parte importante de su yo, y hasta cierto punto no era considerado como una persona completa, ni por parte de los otros ni de él mismo.


- El sentimiento de aislamiento y de impotencia del hombre moderno se ve ulteriormente acrecentado por el carácter asumido por todas sus relaciones sociales. La relación concreta de un individuo con otro ha perdido su carácter directo y humano, asumiendo un espíritu de instrumentalidad y de manipulación. En todas las relaciones sociales y personales la norma está dada por las leyes del mercado. Es obvio que las relaciones entre competidores han de fundarse sobre la indiferencia mutua. Si fuera de otro modo, cada uno de los competidores se vería paralizado, en el cumplimiento de su tarea económica, de entablar una lucha contra los demás, susceptible de llegar, si fuera necesario, a la destrucción recíproca.


- Se ha visto cómo las nuevas teorías religiosas constituían una respuesta a las necesidades psíquicas producidas por el colapso del sistema social medieval y por los comienzos del capitalismo. El análisis estaba enfocado hacia el problema de la libertad en su doble sentido: mostraba cómo la libertad de los vínculos tradicionales de la Edad Media, aun cuando otorgara al individuo un sentimiento de independencia desconocido hasta ese momento, hizo al propio tiempo que se sintiera solo y aislado, llenándolo de angustia y de duda y empujándolo hacia nuevos tipos de sumisión y hacia actividades irracionales y de carácter compulsivo.


- Esta clase, que en realidad era envidiosa de los que poseían riqueza y poder y disfrutaban de la vida, racionalizaba su resentimiento y envidia del buen vivir por medio de la indignación moral y de la convicción de que esos grupos, socialmente superiores, serían castigados por el sufrimiento eterno.


- Si analizamos las doctrinas religiosas y políticas con relación a su significado psicológico, deberemos distinguir dos problemas. Podemos estudiar la estructura del carácter del individuo que crea una nueva doctrina, tratando de entender cuáles rasgos de su personalidad explican la orientación especial de su pensamiento. Hablando concretamente ello significa, por ejemplo, que debemos analizar la estructura del carácter de Calvino o de Lutero para hallar cuáles tendencias de su personalidad los condujeron a determinadas conclusiones y a formular ciertas doctrinas. El otro problema se halla en el estudio de los motivos psicológicos, no ya del creador de la doctrina, sino del grupo social hacia el cual la doctrina misma orienta su llamado. La influencia de toda doctrina o idea depende de la medida en que responda a las necesidades psíquicas propias de la estructura del carácter de aquellos hacia los cuales se dirige. Solamente cuando la idea responda a poderosas necesidades psicológicas de ciertos grupos sociales, llegará a ser una potente fuerza histórica.


- Nos encontramos con aquel mismo carácter ambiguo de la libertad que antes se discutió. El hombre es liberado de la esclavitud que entrañan los lazos económicos y políticos. También gana en el sentido de la libertad positiva, merced al papel activo e independiente que ejerce en el nuevo sistema. Pero, a la ver, se ha liberado de aquellos vínculos que le otorgan seguridad y un sentimiento de pertenencia. La vida ya no transcurre en un mundo cerrado, cuyo centro es el hombre; el mundo se ha vuelto ahora ilimitado y, al mismo tiempo, amenazador. Al perder su lugar fijo en un mundo cerrado, el hombre ya no posee una respuesta a las preguntas sobre el significado de su vida; el resultado está en que ahora es víctima de la duda acerca de sí mismo y del fin de su existencia. Se halla amenazado por fuerzas poderosas y suprapersonales; el capital y el mercado. Sus relaciones con los otros hombres, ahora que cada uno es un competidor potencial, se han tornado lejanas y hostiles; es libre, esto es, está solo, aislado, amenazado desde todos lados. Al no poseer la riqueza o el poder que tenía el capitalista del Renacimiento, y habiendo perdido también el sentimiento de unidad con los otros hombres y el universo, se siente abrumado por su nulidad y desamparo individuales. El Paraíso ha sido perdido para siempre, el individuo está solo y enfrenta el mundo; es un extranjero abandonado en un mundo ilimitado y amenazador. La nueva libertad está destinada a crear un sentimiento profundo de inseguridad, de impotencia, de duda, de soledad y de angustia. Estos sentimientos deben ser aliviados si el individuo ha de obrar con éxito. Pero hasta para estas personas más afortunadas, el papel creciente del capital, del mercado y de la competencia condujo su situación personal hacia la inseguridad, el aislamiento y la angustia.


- El tiempo tenía tanto valor que la gente se daba cuenta de que no debería gastarse en nada que no fuera útil. El trabajo se transformó cada vez más en el valor supremo. Con respecto a él la nueva actitud se desarrolló con tanta fuerza que la clase media empezó a indignarse contra la improductividad económica de las instituciones eclesiásticas. Se resentía contra las órdenes mendicantes por ser improductivas y, por tanto, inmorales. El principio de la eficiencia asumió el papel de una de las más altas virtudes morales. Al mismo tiempo el deseo de riqueza y de éxito material llegaron a ser una pasión que todo lo absorbía.


- Balzac en el siguiente fragmento de Los sufrimientos del inventor:

Pero debes aprender una cosa, imprimirla en tu mente todavía maleable: el hombre tiene horror a la soledad. Y de todas las especies de soledad, la soledad moral es la más terrible. Los primeros ermitaños vivían con Dios. Habitaban en el más poblado de los mundos: el mundo de los espíritus. El primer pensamiento del hombre, sea un leproso o un prisionero, un pecador o un inválido, es éste: tener un compañero en su desgracia. Para satisfacer este impulso, que es la vida misma, emplea toda su fuerza, todo su poder, las energías de toda su vida. ¿Hubiera encontrado compañeros Satanás, sin ese deseo todopoderoso? Sobre este tema se podría escribir todo un poema épico, que sería el prólogo del Paraíso Perdido, porque el Paraíso Perdido no es más que la apología de la rebelión.

Ello significa que la democracia puede subsistir solamente si se logra un fortalecimiento y una expansión de la personalidad de los individuos, que los haga dueños de una voluntad y un pensamiento auténticamente propios.




- John Dewey, que quiero expresarla con sus mismas palabras: "La amenaza más seria para nuestra democracia —afirma—, no es la existencia de los Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones, de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurando la disciplina, la uniformidad y la confianza en el 'líder'.


- Tan sólo unos pocos se habían percatado de ese sordo retumbar del volcán que precede a la erupción. Nietzsche había perturbado el complaciente optimismo del siglo XIX; lo mismo había hecho Marx, aun cuando de una manera distinta.


- Con este fin entra en relación con otros "objetos". Así, los otros individuos constituyen siempre un medio para el fin propio, la satisfacción de tendencias que, en sí mismas, se originan en el individuo antes que éste tenga contactos con los demás. El campo de las relaciones humanas, en el sentido de Freud, es similar al mercado; es un intercambio de satisfacciones de necesidades biológicas, en el cual la relación con los otros individuos es un medio para un fin y nunca un fin en sí mismo.


- En otras palabras, la sociedad no ejerce solamente una función de represión —aunque no deja de tenerla—, sino que posee también una función creadora. La naturaleza del hombre, sus pasiones y angustias son un producto cultural; en realidad el hombre mismo es la creación más importante y la mayor hazaña de ese incesante esfuerzo humano cuyo registro llamamos historia.


- La compulsión interna tenía mayor eficacia en dirigir la totalidad de las energías hacia el trabajo que cualquier otra forma de compulsión externa. Por el contrario, en contra de ésta siempre existe un cierto grado de rebeldía que reduce la eficacia del trabajo o anula la capacidad de la gente para cualquier tipo de ocupación especializada que requiera inteligencia, iniciativa y responsabilidad. La tendencia compulsiva hacia el trabajo, por la cual el hombre llega a ser el esclavo de sí mismo, no tiene esos inconvenientes. Sin duda, el capitalismo no se habría desarrollado si la mayor parte de las energías humanas no se hubieran encauzado en beneficio del trabajo. No existe ningún otro período de la historia en el cual los hombres libres hayan dedicado tantas energías a un solo propósito: el trabajo. La tendencia compulsiva hacia el trabajo incesante fue una de las fuerzas más productivas, no menos importante para el desarrollo de nuestro sistema industrial que el vapor y la electricidad.