miércoles, 30 de abril de 2014

¿Quién no quiso a Damaris? (Glenda Vergara Estarita)


En la bella ciudad de Cartagena de Indias como escenario de fondo, entre el Centro Histórico y el tradicional barrio de Getsemaní, transcurren mayoritariamente los sucesos que se narran en la primera novela de la periodista y escritora colombiana Glenda Vergara Estarita. Aunque nació y creció entre Barranquilla y Sincelejo, y vivió otra parte de su vida en la ciudad de Bogotá, Glenda junto con Damaris y los diversos personajes que nutren la historia, desfilan y se pasean con gran destreza y con la sabiduría que sólo da la experiencia por cada uno de lugares de la ciudad colonial por donde transitan como el mismo viento ancestral que desde tiempo inmemoriales ha sido testigo de su desarrollo e inercia. 

¿Quién no quiso a Damaris? Como revela desde su enigmático título la novela, inicia con un párrafo donde inmediatamente reconocemos al tipo de narrador que nos acompañará durante todo el recorrido. En primera persona, Damaris, irrumpe con la introducción de su relato, que a la vez nos devela un narrador testimonial:


“En contra de lo puedan pensar algunos, yo fui modelo artística de Rubén Sampedro. Supongo que tal declaración no constituiría ninguna novedad si Rubén Sampedro no hubiera sido un artista plástico elevado a la categoría de maestro en esta ciudad. Pero tratándose de él, pongo en duda que mis palabras pasen desapercibidas si es que usted les da el visto bueno y, al fin, las decide publicar”  
 


De esa forma, dirigiéndose directamente a un usted que desconocemos de primera mano y que puede confundir al lector más despistado, emprendemos el viaje de Damaris desde el presente, su presente. Una mujer de 38 años que narra a una persona los acontecimientos que se llevaron a cabo 15 años atrás, cuando recuerda como llegaba por primera vez a la casa de Rubén Sampedro, el pintor asesinado, ubicada en la Calle de las Damas. Que Rubén Sampedro fue asesinado, se nos descubre desde la primera página, así que durante el resto del trayecto, Damaris nos trasladará años atrás, cuando con 23 años, radiante, encantadora, conservadora, seductora, supersticiosa y vivaz, la joven getsemanicense, que trabajaba como mesera en el restaurante de Fanor, inicia un viaje sin regreso cuando va a solicitar el puesto de modelo de desnudos para el famoso pintor de la ciudad. 


El personaje de Damaris, desde el inicio contagia al lector y crea una empatía con él, su personalidad que transita desde la tierna inocencia hasta el desfase pasional de su voluntad, va envolviéndonos como a cada uno de los hombres que la quisieron y la desearon. Pero sólo hubo uno que no quiso a Damaris. Y la mejor forma de descubrirlo es leyendo esta breve pero virtuosa novela, con un ritmo creciente y una atmósfera constante cubierta del calor del Caribe, de su cultura, su gastronomía, sus tradiciones y su gente. Así es, leer a Damaris, es también darnos un corto viaje por la historia de las últimas décadas en el Caribe y del país en general, ya que es inevitable la mención de los hechos como la violencia y la época de los traficante que es inmediatamente anterior a los acontecimientos que transcurren en la novela, por lo que nos ayuda a la vez a situarnos en el tiempo cronológico de la historia. 


Como mencioné al inicio, encontramos saltos temporales sin previo aviso, identificables solamente con el lenguaje y la narración, que intercala en la constante primera persona con los fashbacks y el narrador testimonial, que al fin y al cabo son la misma persona, las mismas Damaris, en distintos tiempos, edades y experiencias. También además de creciente, el ritmo es ágil y efectivo; la prosa sencilla, valiéndose de algunos términos locales, al mismo tiempo que hipnótica y melódica. 


Tengo la gran fortuna de conocer a la talentosa escritora, y me atrevo decir que trasladó varios aspectos de su personalidad, de su vida y su forma de ser a Damaris y a otros de los personajes. También son palpables y reconocibles los atisbos de su oficio de periodista en el lenguaje narrativo, como por ejemplo el de la crónica, en donde podemos ver una posible referencia a la gran obra de Gabriel García Márquez, “Crónica de una muerte anunciada”, al revelar el asesinato del protagonista desde la primera página. Centrando el interés del lector en el desarrollo de los acontecimientos. 


En síntesis, solamente me queda recomendar a que cada uno de los potenciales lectores se acerquen y se atrevan a descubrir a Damaris. Que sin dudas, como le escribí a la autora apenas acabé de leerlo, era una de las lecturas más estimulantes que había leído últimamente. Y obras que se desarrollen dentro de la misma ciudad, retratando la cultura y las tradiciones, son necesarias en cualquier sociedad, porque serán el patrimonio histórico e inmaterial del futuro. Y finalmente, como soy un eterno amante del cine, se me hizo inevitable, mientras leía a Damaris, proyectarla en mi cabeza como una película, y pienso que tiene recursos cinematográficos, que se pueden explotar y desarrollar para hacer una buena versión a la pantalla grande. Esperemos que el eco de Damaris retumbe y traspase las murallas de la heroica a nuevos horizontes. Lo merece con creces.



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