martes, 4 de junio de 2013

La Vida Entera (David Grossman)






Acabo de terminar hace poco de leer este excelente libro. Un libro que desde que empecé a leerlo me ha mantenido hipnotizado, pero desde el inicio sentí que era de esos que tenía que ir deleitando y saboreando poco a poco. Es por eso que en su lectura, lo alterne con otros 4 libros que me encontraba leyendo, entre ensayos, poemas y otras novelas de distintos géneros literarios. En un poco más de 800 páginas, con una letra pequeña, el escritor israelí nos sumerge en esta travesía, que en cierta forma es inspirada en su experiencia personal, ya que Grossman empezó a escribir el libro en Mayo del 2003 (como él mismo lo indica al final del libro), medio año antes de que su hijo Jonathan terminara su servicio militar obligatorio y de que su otro hijo, Uri, el menor, fuera reclutado. En ese proceso, Grossman hablaba de vez en cuando con sus hijos por teléfono y cuando llegaban de permiso, con quienes comentaba los adelantos de la obra. David cuenta que mientras escribía el libro, sentía que los protegía a ellos, los mantenía vivos y seguros. Lamentablemente, el 12 de Agosto del 2006, en las últimas horas de la segunda guerra de Líbano, Uri murió en el sur de Líbano. Tras algunos días de duelo, Grossman retomó la novela, que aunque ya casi estaba terminada, terminó de impregnarse del sentimiento del autor en esos momentos de su vida. 

La novela cuenta la historia de Ora, una mujer mayor que para huir del escenario que retumba en sus sueños, de que un oficial llame a su puerta informándole de la muerte de su hijo Ofer en la guerra, decide abandonar su hogar y hacer un gran viaje sin un rumbo fijo, caminando y vagando por los campos de Jerusalén y sus alrededores, con la ilusión de que con ese acto pueda mantenerlo a salvo, en compañía de su viejo amor Abram, el padre biológico de Ofer, que nunca lo ha visto en su vida. Esta es la base central de la historia, pero es sólo una pequeña parte de todo lo que conforma a “La Vida Entera”, un viaje donde los miedos, los anhelos, los fantasmas del pasado, las tristezas, el dolor, los gratos recuerdos y el perdón, entre otras emociones que se mezclan magistralmente en esta historia, cimientan una magistral obra maestra, de esas que ya muy poco se ven en los últimos años. 

Durante la lectura, he sonreído, me he conmovido y he llorado con la historia, pero sobre todo con la maestría con la que Grossman la narra. Me quedo frío frente a algunas descripciones tan exactas que hace de las reacciones que acompañan a los sentimientos humanos, desde la duda, el reproche, la tensión, entre otras emociones que viven esos personajes tan bien descritos y dibujados. Ora, el personaje principal, la madre, la mujer que soporta gran parte del peso de la historia y es el eje central de todas las relaciones. Abram e Ilan, sus dos grandes amigos y amores. Ofer y Adam, los dos hijos de Ora, tanto con Ilan y Abram. Si, es un triangulo amoroso, pero con un tratamiento lejos de sentimentalismos baratos, tan real y visceral que es difícil no conectarse emocionalmente con la historia y sus personajes. Unos personajes que me fascinan tanto, porque aunque todos tienen algo que los une, son totalmente diferentes y son retratados con los diversos colores que conforman la misma pintura de un ser humano, toda una variedad, entre oscuras y claras tonalidades. 

La historia inicia cuando nuestros tres personajes principales (Ora, Abram, Ilan), se encuentran en un hospital en pleno desarrollo de la Guerra de los Seis Días, los tres están aún muy jóvenes y son los únicos pacientes en el abandonado hospital, donde sólo se encuentra otra enfermera. Los tres están en cuarentena y enfermos, en sus habitaciones hay una absoluta oscuridad, por lo que la primera parte en donde ellos se conocen, todo transcurre bajo el manto de una noche eterna sin luna, donde se reconocen por las voces. Inicialmente Ora con Abram. Esta primera parte es una introducción esplendida, por como vemos que se inicia la historia entre estos tres personajes. No quiero revelar mucho del contenido, porque lo genial de esta obra es ir descubriendo uno mismo sus pasajes por primera vez. 

En cuanto a la narración, Grossman utiliza el todopoderoso omnisciente, aunque hay que estar atentos, ya que la narración constantemente pasa de pasado a futuro y viceversa, diálogos en primera persona, que se mezclan sin aviso alguno con la narración. Narración que se mezcla con monólogos internos de los personajes, en donde el autor exhibe otro gran talento en el ejercicio de profundizar en sus personajes y como ya mencioné en esas descripciones intimistas, tanto de las emociones como de las mismas reacciones físicas que las acompañan. Lo que me dejó observar una gran sensibilidad del escritor, un gran amor y compromiso por sus personajes y sobre todo (aquí va algo importante), una increíble capacidad en atisbar en las emociones de una mujer, como en el caso de Ora, un personaje femenino tan complejo, simplemente magistral. Que algunos ya han comparado con las inolvidables y eternas Emma Bovary y Anna Karenina. 

Por los aspectos que menciono en la narración, a veces ese cambio abrupto entre tiempos, puede que al inicio resulte difícil la lectura, pero poco a poco te vas acostumbrando, vas quedando atrapado y tienes que dejarte llevar. 

No sé que más decir, preciso ahora que estaba terminando de leerlo, no sin sentir cierta nostalgia por su final, me encontraba escuchando el Concierto para Trompeta y Dos Trompas de Leopold Mozart, que bueno aunque no es muy conocido, fue el padre e instructor del gran Wolfang Amadeus Mozart. Entonces me pareció muy curioso ese detalle, teniendo en cuenta las relaciones filiales que se extienden y se desarrollan en la obra, y con ese tramo final tan conmovedor, simplemente me volvieron a llevar a las lagrimas, a conmoverme y tener la certeza de haber leído una de las mejores obras que he tenido la oportunidad de leer en los últimos años. 

Y para finalizar, lo recomiendo enormemente, diría que este tipo de libros me reconcilian con la literatura contemporánea y me hacen sentir el por qué me encanta tanto leer. Es una novela monumental, que incluso tiene sus misterios y su intriga, te hace recorrer distintos rincones del alma y la naturaleza humano, te lleva a cuestionarte en algunos temas, cuestiona la guerra y además que te atrapa, te hipnotiza (una vez entras en ella), te estremece, te golpea, te enamora y te hace vivir en efecto la vida de sus personajes, una vida entera. 

9/10



Algunas frases:

“Ora suspira y se levanta de repente, echa a andar muy deprisa, casi corre. ¿Cómo puede contarse una vida entera? Para eso no bastaría toda una vida.”

“… eso es lo que es, la vejez, porque uno debe despedirse de sí mismo antes de que los demás empiecen a despedirse de uno, debe irse preparando para lo que de cualquier modo acabará por llegarle”

“Miles de momentos, de horas, de días, miles de hechos, infinidad de acciones, de intentos, de errores, de palabras, de pensamientos, todo para poner a una persona en el mundo”


Grossman fue uno de los invitados en la última edición del Hay Festival 2013 en Cartagena. Su presentación fue muy buena, habló sobre literatura, la guerra, su país y la lamentable muerte de su hijo en la guerra. Y por supuesto de La Vida Entera, que en ese momento aún no había leído, y que en un escrito que hice sobre el festival manifestaba mi interés en leerlo. El siguiente es el enlace:



 



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