domingo, 5 de julio de 2020

Especial: Los Hermanos Karamazov (Fiódor Dostoievski). Lectura Colectiva #Dostoievski2020 (A.S.B)



En el tercer año de la dinámica de Lecturas Colectivas, que iniciaron con la lectura colectiva de #Dante2018, del 1 de enero al 10 de abril del 2018, bajo el hashtag #Dante2018; y del siguiente, #Ovidio2018 para leer la famosa obra de Ovidio: Las Metamorfosis, desde el 1 de Mayo hasta el 3 de Agosto de ese mismo año. Y del gran reto de leer “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra (que se peleó el honor de suceder a #Dante2018 junto con #Boccaccio2018 y #Ovidio2018 entre otras, al final decidimos leerlas todas), desde el 1 de Junio hasta el 06 de Octubre; y del 27 de Julio con “El Decamerón” de Giovanni Boccaccio, que iría hasta el 10 de Noviembre. Y de seguir otras lecturas “no oficiales” como #Kafka2018 y #Virgilio2018, para finalizar el año 2018 llegó la lectura colectiva de #Borges2018, con la lectura de dos de las obras más emblemáticas del escritor argentino: “Ficciones” y “El Aleph”, dos recopilaciones de relatos, que contienen varios de los cuentos más alabados de la literatura universal. Con todas estas lecturas completé casi 12 meses seguidos entre todas lecturas colectivas del 2018, leyendo a diario. En el 2019 inicié con otros dos retos mayúsculos: la “Ilíada” de Homero y el “Ulises” de James Joyce, iniciando también desde el 1ero de enero del 2019, hasta mediados del mes de junio (15 de junio), que he acabé las dos lecturas. Y entre esas lecturas también estuve en la lectura adicional de “Hamlet” de William Shakespeare, bajo el hashtag de #Shakespeare2019. Desde Julio 1 inició otra lectura bajo el mismo hashtag de #Homero2019, el de la “Odisea”, la secuela de la Ilíada, que terminé el 14 de diciembre, también con un canto a la semana. Casi todo un año leyendo a Homero en detalle y en compañía de otros lectores alrededor del mundo a través de este gran Club de Lectura Virtual en que se han convertido las lecturas colectivas. Fue una muy buena experiencia haber leído primero el Ulises de Joyce, para leer luego la Odisea, pues Joyce tomó parte de la Odisea para la estructura de su novela. Por eso en los resúmenes de la Odisea, hace mención a las referencias homéricas dentro el “Ulises”. Y terminar el año 2019 con la lectura colectiva de “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, el 27 de diciembre, sumando otro año dedicado a la literatura, además de mis otras lecturas personales. El 2020 inició con un gran reto, leer bajo la misma dinámica la obra "Así habló Zaratustra" de Friedrich Nietzsche, desde el 1ro de enero hasta el 29 de abril del 2020. Y luego, el 2020 siguió con la lectura de "Los Hermanos Karamazov", que realicé del 24 de marzo del 2020 hasta el primero de Julio del 2020. Lectura realizada en pleno confinamiento por la pandemia del Covid-19.

Para los interesados, dejo el post general que hice sobre mis publicaciones diarias de #Dante2018, #Ovidio2018, #Cervantes2018, #Boccaccio2018, #Borges2018 (X2), #Homero2019 (X2), #Joyce2019, #Mann2019, #Nietzsche2020

Especial: La Divina Comedia (Dante Alighieri) Reto #Dante2018
Especial: Las Metamorfosis (Ovidio) Reto #Ovidio2018
Especial: Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes) Reto #Cervantes2018
Especial: El Decamerón (Giovanni Boccaccio) Reto #Boccaccio2018
Especial: Ficciones (Jorge Luis Borges) Reto #Borges2018
Especial: El Aleph (Jorge Luis Borges) Reto #Borges2018
Especial: Ilíada (Homero) Reto #Homero2019
Especial: Ulises (James Joyce) Reto #Joyce2019
Especial: Odisea (Homero) Reto #Homero2019
Especial: La Montaña Mágica (Thomas Mann) Reto #Mann2019
Especial: Así habló Zaratustra (Friedrich Nietzsche) Reto #Nietzsche2020


Las publicaciones diarias las hacía por mi cuenta personal de Facebook, o la página de Facebook de mi blog A.S.B Virtual Info, y el grupo de Facebook con el nombre “Nietzsche2020". Pero sobre todo, y la esencia de estos retos y lecturas colectivas nació de la interacción en Twitter, gracias a la iniciativa del escritor Pablo Maurette, donde también a diario compartía mis posts de cada lectura, y también en las historias de Instagram y whatsapp. 

Desde #Dante2018 mi papel activo, constante y diario, fue el de realizar textos diarios en todas mis redes sociales, que muchas veces eran resúmenes, otras veces eran reseñas, otras análisis, otras selección de fragmentos, y en el mejor de los casos, una mezcla de todas las anteriores, con la intención de conformar un diario de lectura. Con los textos de la Zaratustra, al igual que como me pasó en el “Ulises” de Joyce o "La Montaña Mágica", tenía que dedicar mucho más tiempo y atención a la lectura, por lo complejo del texto, las referencias a su obra, a otras obras y filósofos, a la biblia y su simbolismo en general, los discursos, etc. Pero al menos la división de la estructura del libro permitió una mejor distribución de la lectura diaria. Con Los Hermanos Karamazov no encontramos este tipo de narración que alude tanto a las asociaciones o referencias, pero en la misma narración hay constantes referencias a la abundante información de la misma obra, por lo que requiere atención y sobre todo cuando los capítulos aumentan en extensión. Ahora hablaré un poco en general del libro:




Los Hermanos Karamazov


Dostoievski o Dostoyevski es de mis escritores favoritos de todos. Desde muy joven quedé impactado por la forma que que reflejaba, narraba y analizaba algunos de los recovecos más oscuros del alma humana. Porque su literatura no es simplemente un ejercicio de narración, sino de constante análisis de los mismos personajes, de los espacios, de la cultura y del alma de la nación, lo que a la vez hace sus obras tan universales.

Con "Los Hermanos Karamazov" mantiene sus obsesiones y edifica otra novela llena de matices, que continúa explorando el alma humana, los deseos, los traumas y las creencias. Acá se centra en la relación del padre con sus hijos varones. El padre y el hijo en su generalidad. Los Karamazov tienen una extensa descripción sobre las generalidades de la familia y del patriarca, llamado Fiódor precisamente. Se describen como pasionales y sensuales, como características de un extenso linaje y tradición. Pero a pesar de esta cruz con-sanguínea cada uno de los hermanos presenta características distintas en su personalidad, por lo que vemos a través de la novela como cada uno afrenta su propia relación con su padre, con su familia, con distintas personas y con su pasado, teniendo en cuenta las distintas decisiones que han tomado y las que tomarán. 

Hay varios temas tratados durante toda la novela a través de esta trágica historia familiar. Desde la religión, con la presencia de los mujiks, del ermitaño Zosima, de Alexei (el santo) y del mismo Iván (que realiza fuertes críticas), que a la vez nos lleva a esos constantes dilemas entre el bien y el mal, en los que la novela ahonda en muchos aspectos; así como los temas de prejuicios, tradiciones, barreras mentales, culturales, con una presencia en el tramo final del tema de la justicia, en donde la novela se transforma por momentos en un drama judicial. Y en ese tramo final también con el tema de la infancia, la inocencia y la muerte, que como es usual en el autor, cierra con un apunte de esperanza y de bondad, que es coherente con sus propias creencias y el propio desarrollo de su vida espiritual.

La novela está muy bien estructurada y dosificada, con un narrador que a la vez es un espectador de la vida de los personajes, que preciso estuvo presente en el juicio final y en varios episodios te dice que "más adelante" los explicará con mayor detalle, o te hace ahínco para que prestes atención a un pequeño detalles que más adelante cobrará mayor sentido. Por lo que esa dosificación de la información, la cronología y el uso de flashbacks está muy bien utilizado y mezclado en toda la narración. Y al final es una gran novela, que como todo clásico es universal y tan amplio que siempre te lleva a descubrir nuevos detalles en cada lectura. 

Pero bueno, a continuación en los textos diarios ya podrán leer con más detalle mis reflexiones generales detalladas. 

Para entender las letras debajo de cada texto explico:

P: Parte
L: Libro
C: Capítulo


¡Espero los disfruten!

A.S.B










LOS HERMANOS KARAMAZOV



FIÓDOR DOSTOYEVSKI




PARTE 1

Libro 1

Historia de una familia


Día 1: Antes de entrar al Libro 1, "Historia de una familia", Dostoyevski da una curiosa advertencia al lector sobre la estructura y esencia de su libro. Sus dos partes y sobre la pertinencia de leer la historia o conocer a su "héroe": Alexei Fiódorovich Karamazov. Y así iniciaremos la lectura colectiva de esta gran obra, donde encontraremos muchos datos biográficos del mismo autor, que se autodenomina biógrafo en este prefacio de su querido personaje. Invita a leerla, a abandonarla en el primer episodio si quiere y a la misma necesidad de escribir esta advertencia. Pero ya estaba escrita. Y manos a la obra.
El primer capítulo se titula "Fiódor Pávlovich Karamazov", el padre (importante figura en la misma relación del Dostoyevski con el suyo). Alexei era el 3er hijo de este terrateniente. Y desde la narración es interesante porque el autor sigue metido interrumpiendo el relato, ya anunciando que la historia del padre termina en un trágico y oscuro fin. Hace un perfil de Fiódor, como raro, ruin, corrompido y estúpido, pero hábil en los negocios. Hecho a sí mismo. Self made. Con una extravagancia nacional. Sigue el catálogo de hijos de sus dos matrimonios, donde analiza el espíritu romántico de las mujeres de la época, con el ideal trágico de varias féminas de la literatura hasta ese momento (la Ofelia de Shakespeare). Y de cómo Fiódor echó mano a la dote con que venían las esposas con descaro y desespero. Adelaida Ivánovna, raptada por amor pero al poco tiempo de vivir junto a Fiódor, sólo sentía desprecio. Se dice que abundaban las riñas, y que la que pegaba era Adelaida y no Fiódor. Ella era impulsiva y dotaba de notable fuerza física. Al poco tiempo lo abandonó por un seminarista pobre y Fiódor se quedó con su hijo pequeño, Mitia. La casa se volvió un desastre, pasaba borracho y lamentando el abandono de su esposa. Los vecinos se burlaban. Supo que se encontraba en San Petersburgo con su seminarista. Pensó en ir a buscarla pero terminaba borracho. Se enteró por la familia que murió al poco tiempo, de tifus o hambre, decían. Él estaba borracho cuando se enteró y se alegró: "Ya estoy libre", dijo. Otros afirmaron que lloró como un niño. Me gusta esta narración abierta recogiendo distintos datos o versiones de lo que se dice que pasó. Dice que ambas cosas sucedieron. "En la mayoría de los casos la gente, incluso los malvados, son mucho más ingenuos y simples de lo que nos figuramos. Y también nosotros mismos".

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Día 2: Con el anterior perfil del padre nos damos una idea de su dimensión. El narrador nos cuenta, que en efecto, abandonó al hijo de esa relación. Sin ningún rencor. Simplemente lo olvidó. Pero Mitia fue cuidado por Grigori, servidor de la casa. La familia de la fallecida Adelaida Ivánovna también olvidó al pequeño. Hasta que regresó un primo suyo, Piotr Alexándrovich Miúsov, con una gran fortuna, y dueño de 1.000 almas. Piotr se enteró de la muerte de su prima y al conocer al pequeño Mitia quiso encargarse de él. Con desprecio hacia su padre, que parecía que desconocía que tenía un hijo. Y así se convirtió en tutor del pequeño. Piotr luego tuvo que volver a París y dejó a Mitia con una prima suya. En medio de la revolución de febrero del 48, Piotr ya instalado y viviendo el momento, se olvidó del niño. Al poco tiempo murió la prima de Piotr, por lo que Mitia pasó al cuidado de una de las hijas casadas de la señora. "El primogénito de Fiódor cambió una 4ta vez de nido".
Mitia era Dmitri Fiódorovich, y era uno de los 3 hijos que tendría Fiódor. Al crecer fue a visitar y conocer por primera vez a su padre, con conocimiento de los bienes que tenía. Dmitri no terminó los estudios, estuvo en una escuela militar, y estuvo en el Cáucaso. Le gustaba la fiesta y contrajo deudas. Por eso fue a ver a su padre, del que recibió algo por primera vez. Pero su padre pensó que tenía una idea exagerada de sus bienes. Llegaron a un acuerdo de las futuras rentas de la finca y le dio una cantidad pero no le dio informes sobre el valor de la hacienda. Fiódor pudo ver con la actitud del joven todos sus vicios. Quizás se vio a sí mismo reflejado (y vio que necesitaba dinero a la mano para gastar). Le mandaba unas pequeñas cantidades hasta que el joven volvió a visitarlo para saldar cuentas pero se dio cuenta que por todos los aportes recibidos había cedido todo el valor de sus bienes a su padre. Y hasta le debía. Lo habían engañado. Dmitri perdió el juicio y esta situación llevó a la catástrofe. Y el narrador anuncia que este será el objeto de la primera parte de la novela, pero que antes debía hablar de los otros dos hijos, hermanos de Mitia.

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Día 3: Luego de abandonar a Mitia, Fiódor se volvió a casar, con otra joven de 16 años, Sofía Ivánovna. Era de otra provincia, por lo que no conocía los antecedentes de su futuro marido. Pero ella quería escapar de la tormentosa vida que llevaba. "¿qué podía comprender una muchacha de 16 años como no fuese que era preferible tirarse a seguir en casa de su protectora?". Busco otro protector. Y esta vez no hubo dote. A Fiódor no le importó, le gustaba ella. "Esos ojos inocentes fueron como una navaja de afeitar que me cortase el alma", solía decir. Pero no le guardaba ningún respeto. En su casa se formaban orgías con otras mujeres. El fiel Grigori, quien crió a Dmitri, esta vez apoyaba a Sofía. Pero debido a esa desenfrenada vida sexual, Sofía terminó contagiada de una enfermedad nerviosa, histérica les llamaban, lo que le hizo perder la razón. Pero dio dos hijos más a Fiódor: Iván y Alexei. Cuando la madre murió, Alexei, el menor, tenía 3 años, pero recordó a su madre toda la vida. Corrieron la misma suerte que Mitia al estar la madre ausente, fueron olvidados por el padre y criados por Grigori.
La generala, la mujer que había criado con dureza a Sofía, la madre (también huérfana), se presentó donde Fiódor al enterarse de su muerte. Luego de insultar y darle bofetadas a Fiódor y Grigori, y ver a los niños con ropas sucias, anunció que se los llevaría. Pero al poco tiempo la generala murió, pero alcanzó a dejar herencia a ambos chicos, destinada a su educación, y las dejó en manos de un hombre honorable de confianza: Efim Petróvich Polénov. Éste contactó al ausente padre para sacarle algo más para la educación de los niños pero entendió que no daría nada. Así que los acogió bajo su cargo y cobró particular cariño al más joven, Alexei. Iván, creció como un adolescente sombrío, reservado y muy consciente de su realidad. Era muy inteligente y estudioso. A los 13 años abandonó la casa para pasar a estudiar a Moscú, bajo la tutela de un experto pedagogo, amigo de Efim. Los primeros años de estudio fueron duros, y tuvo que trabajar y estudiar. El dinero heredado tardó en llegarle y no era capaz, por orgullo, de llamar a su padre. Entró a trabajar a un periódico local de redactor sobre sucesos callejeros. Era muy ingenioso y muy bien recibidos sus escritos, por lo que siguió escribiendo. Se fue haciendo conocido en círculos literarios, hasta que escribió un artículo sobre los tribunales eclesiásticos, que causó revuelo en el medio. A favor y en contra. El narrador se revela por primera vez y dice que tal escritor llegó a su monasterio. Y nos cuenta que Iván, luego de reclamar su herencia, finalmente llegó a conocer a su padre Fiódor y se instaló a vivir con él. Luego se conoció con Piotr, el hombre que vivía en París y adoptó y luego abandonó a Mitia. Se interesó por Iván y tenían largas conversaciones. Pero nos devela que la verdera razón de la visita de Iván era por su hermanos mayor, Mitia (Dmitri), con quien había mantenido correspondencia desde tiempo atrás. Y se conocieron físicamente por primera vez. Tenían un asunto de particular interés, que se revelará más adelante. Iván era como el mediador entre su hermano Dmitri y su padre, pues había presentado una demanda judicial contra el patriarca. Pero la familia Karamazov estaba reunida por primera vez. El pequeño Alexei también había llegado a vivir a la ciudad. Pero el narrador dice que hablará un poco sobre su futuro héroe, Alexei, que llevaba un tiempo viviendo en el monasterio, y parecía decidido a encerrarse en él de por vida.

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Día 4: El 3er hijo, Alexei/Aliosha no tenía aún 20 años, Iván, 23; y el mayor, Dmitri, 27. Alexei, según el misterioso narrador del monasterio, no era fanático ni místico, pero era un precoz amante de la humanidad, y se había metido en el monasterio porque en ese momento era el refugio ideal para evadir las tinieblas y los males del mundo. Ansiaba alcanzar la luz del amor. También por un ser que lo cautivó enormemente en el monasterio: el ermitaño Zósima. Y seguía recordando a su madre fallecida, soñando e imaginando sus caricias. Era parte de lo bueno que recordaba en su vida. Y su vida se convirtió en una constante búsqueda el amor no recibido. Amaba a los hombres y tenía fe en ellos. No juzgaba. "Parecía incluso como si tolerase todo, sin condenar lo más mínimo a nadie, aunque a menudo caía en una amarga tristeza". Por eso fue donde su padre a los 20 años, en el ambiente más depravado, lo abrazó y lo besó. Lo perdonó.
Todos querían a Alexei, incluso Efim, quien los crió y su familia, a donde llegó en esa edad en que aún no se puede esperar astucia calculadora del niño en el arte de hacerse agradable. Su don era inherente a su naturaleza. Auténtico. Su personalidad no agradaba a sus compañeros de igual edad, despertaba desconfianza ese aura perfecta. Él buscaba la soledad y prefería un rincón para leer. Olvidaba las ofensas de sus compañeros, y conversaba con sus agresores, quienes quedaban desarmados ante él. En las conversaciones sobre mujeres se tapaba los oídos y sus compañeros le hacían escuchar a la fuerza. Quizás tenía que ver con la imagen santificada de la madre. A diferencia de su hermano Iván, no se preocupaba por el dinero, porque a Iván le tocó trabajar mientras estudiaba. A Alexei no. El amigo de la familia, Piotr, lo describió así: "Acaso sea la única persona del mundo que si se la deja sola y sin dinero en la plaza de una ciudad desconocida de un millón de habitantes, no se perderá ni morirá de hambre y frío, porque al momento le darán de comer, le buscarán refugio, sino él mismo lo encontrará, sin ningún esfuerzo ni humillación, ni la menor violencia a quien lo acoja, sino todo lo contrario, acaso le sirva de satisfacción".
Al morir Efim vivió un tiempo con otras señoras que también lo querían mucho y le daban todo pero un día decidió que quería regresar donde su padre, sin terminar los estudios aún, partió. Lo primero que preguntó: la tumba de su madre. Fiódor ni le pudo indicar el sitio. No sabía. Pero sí lo hizo Gregori. Su padre le decía a veces que se parecía "a la histérica de su madre". Alexei escuchó el relato de Gregori y no volvió en un año al cementerio. Su padre se emborrachó ese mismo día y habló mal de los frailes. Al poco tiempo Alexei le manifestó a su padre que quería ingresar al monasterio. Fiódor aceptó y le animó, diciendo que rezaría por ellos, los pecadores. Y ya también le había tomado cariño. Y esa tarde hablaron a profundidad del infierno. Y le auguró: "Tu talento no se lo comerá el diablo. Se extinguirá tu fuego y te apagarás, te curarás y vendrás de nuevo. Yo te esperaré, porque siento que eres la única persona en la tierra que no me ha condenado". Hasta quiso llorar. Era malo y sentimental.

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Día 5: Los ermitaños
El narrador sigue describiendo a Alexei ya en el monasterio, como un joven de 19 años bien plantado, de mejillas coloradas, mirada luminosa, y respirando salud. Y aunque estaba metido en el mundo de los milagros, daba la impresión de ser muy realista. Era también determinado, por lo que si decidía hacer algo lo llevaba hasta el final. Cuando en sus meditaciones llegó al convencimiento de que la inmortalidad y Dios existen se dijo: "Quiero vivir para la inmortalidad y no aceptaré el compromiso de una solución a medias". Seguro si hubiese llegado a conclusión que no existían se hubiese hecho ateo y socialista. También tenía un fuerte recuerdo de su madre llevándolo a ese monasterio a misa. Pero lo más importante, cuando conoció al ermitaño Zósima. El narrador, no sin cierta incomodidad, habla de los ermitaños en general. Su llegada a Rusia, y la atracción que representaba tenerlos en ese monasterio. Era algo único. Pero, ¿qué son? "Es una persona que subordina vuestra alma y vuestra voluntad a su alma y su voluntad".
Zósima era hombre de 65 años, quien procedía de una familia de terratenientes y que en su juventud había sido militar. Algo especial debía tener su alma para cautivar a Alexei, quien empezó a ser su protegido. Alexei vivía en el monasterio y vestía de sayal pero aún no había tomado voto alguno. Zósima tenía fama de sabio, buen consejero y de su palabra sanadora. Muchos iban a verlo. Adivinaba los males con sólo ver el rostro de los visitantes. Tenía incluso algunos fanáticos de seguidores que le decían santo. Alexei admiraba su efecto en la gente. "Comprendía que para el alma mansa de las gentes sencillas del pueblo ruso, torturadas por el trabajo y el dolor, y sobre todo por la eterna injusticia y el eterno pecado, tanto suyo como del mundo, no había una necesidad y un consuelo más fuertes que los de encontrar un santuario o un santo, postrarse ante él y reverenciarlo".
Se sorprendió finalmente de conocer a sus dos hermanos. Intimó más con Dmitri, Iván era más lejano, culto y de largas miradas, que parecía que en su mente anduviese ocupado en otra cosa, buscando un fin. Un ateo culto. Estaba seguro que Iván era ateo. Dmitri admiraba a Iván y le respetaba mucho. Ambos eran una antítesis de sí mismos. Y Alexei se enteró de la situación que había unido a ambos hermanos con respecto a su padre. Los hermanos Karamazov se reunieron junto a su padre en el monasterio para hablar de la herencia, con el ermitaño Zósima presente de mediador. Alexei estaba un poco nervioso por la reunión con su apreciado ermitaño, al imaginar alguna ofensa o burla del padre o el hermano ateo, o el descontrol del mayor, que era el más interesado en la reunión. Pero los planes siguieron.

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Libro 2


Día 6: Una reunión inoportuna
Y se llevaría acabo la reunión de la familia Karamazov con el ermitaño en el monasterio. Justo después de la misa, a la que ninguno asistió. Primero llegó Piotr Alexándrovich junto con otro pariente que conocía a Alexei. Luego en otro coche menos ostentoso llegó Fiódor y su hijo Iván. Dmitri se retrasó. Alexei vivía allí. Para llegar a la residencia de Zósima debían caminar 400 pasos más allá del monasterio. En el camino se encontraron los que iban llegando y Piotr y Fiódor no se alegraron mucho de verse. Llegó un monje para guiarles. Se encontraron a un terrateniente, Maxímov, que estaba en el monasterio y cruzaron algunas palabras.
Fiódor menciona que el hombre se parece a Sohn, aludiendo a un funcionario que murió en una casa pública de Moscú a finales de 1869. Fue un caso muy conocido, que Dostoyevski también menciona en "El adolescente". Al llegar a la residencia del ermitaño se encontraba cerrada. Al parecer atendiendo una de sus tantas visitas espirituales, en esta a una dama distinguida con su hija que padecía algún mal. Y mencionan en la conversación sobre el tema de que las mujeres no tenían permiso para entrar en otros monasterios, pero Zósima las permitía y atendía en un lugar especial, y a las distinguidas en una sala aparte. Piotr y Fiódor seguían con comentarios incómodos pero calmados por su promesa y por la presencia del monje. Afortunadamente les invitaron finalmente a pasar.

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Día 7: El viejo bufón
Cuando estaban todos reunidos, salió el ermitaño acompañado de Alexei y su novicio con aire ceremonial. A Piotr le pareció excesivo y finalmente clavó su mirada sobre Zósima con desconfianza. Al llegar la hora, Fiódor se disculpó con el "santo ermitaño" por la demora de su hijo Dmitri. Alexei se estremeció con lo del "santo". Piotr aprovechó a decirle que tampoco era rey. A lo que Fiódor respondió asistiendo y diciendo que era un bufón. Y así se presentaba ante todos. Y contó una anécdota de ese don de hacerse agradable ante los demás, desde su juventud, cuando era un parásito en las casas de los nobles y se ganaba así el pan. Era un bufón de nacimiento y un pobre de espíritu. Y siguió con su monólogo citando hasta a Diderot, e historias falsas de su vida, que Piotr se encargó de aclarar. Fiódor se justificó. Es lo que hacía. De bufón para agradar y como los de la alta sociedad se creían sus cuentos e historias. El ermitaño estaba a punto de ponerse de pie y Alexei estaba casi llorando de la vergüenza. Iván estaba inmóvil y con la vista baja. Piotr se disculpó con todos. El ermitaño finalmente habló y dijo a todos que no se preocuparan y hablaran libremente. Él no se sentía ofendidos. Eran sus huéspedes. Y el ambiente se tranquilizó.
Fiódor pidió consejos al ermitaño para alcanzar la vida eterna. "No se mienta a sí mismo. Quien se miente a sí mismo y cree su propia mentira, llega a no distinguir la verdad ni dentro de él ni a su alrededor, por lo que deja de respetarse a sí mismo y de respetar a los demás". Y Zósima siguió con su discurso contra la muestra de falsedad de Fiódor, de mostrarse como ofendido por su misma falsedad. Y le llamó la atención para no seguir con esos gestos falsos. Fiódor corrió a besarle la mano y confirmar que en efecto sentía satisfacción en hacerse el ofendido. Y admirado por sus palabras tan ciertas. "Precisamente yo me di por ofendido toda mi vida hasta experimentar una sensación de agrado, por motivos de estética, pues el sentirse ofendido no es solamente agradable, sino que también hermoso". Y además de bufón también se identificó como la misma mentira. Y siguió con su show haciendo preguntas falsas al ermitaño sobre los textos religiosos. Incluso metiendo a Piotr en sus historias, quien ya no aguantaba la ira. El ermitaño pidió permiso para salir por un momento a dar unas bendiciones y que le esperaran. Fiódor pidió besarle la mano y con admiración le dijo que estaba probándolo y de paso le pidió disculpas. Además le dijo que ya no volvería a hablar más y que ahora le correspondía a Piotr tomar la palabra.

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Día 8: Las mujeres creyentes
El ermitaño Zósima había salido de la reunión por un momento para atender en la galería a las fieles mujeres creyentes del pueblo. Incluso las distinguidas, que tenían otro espacio. Entre ellas una madre con su hija paralítica. Varias mujeres lloraban y gritaban, encontrando calma al ver al ermitaño. Algunos especialistas indicarían después ante la duda si las mujeres fingían esas emociones, que eran reales y se trataba de una terrible enfermedad para las mujeres rusas, especialmente las campesinas, debido al trabajo agotador, partos difíciles y sin asistencia médica, a las palizas, etc. Algunas no pueden soportar tanto. Y ese momento de esperanza ante la gracia divina, ese remedio, las calmaba por un momento del drama. Una le contó de la muerte de su hijo, y el ermitaño la calmaba y le decía palabras reconfortantes. Y así hacía con todas las mujeres que le rogaban con la mirada atención. Ese rito en la iglesia desde tiempos inmemoriales en relación con las mujeres es algo interesante. Ese encuentro con un hombre, que se dice santo, y representante de Dios, que quizás contrasta con la figura violenta del hombre perturbado que tienen en casa, les alimenta la esperanza y les da consuelo. Una relación de mutua conveniencia. Porque el ermitaño siempre recomienda regresar a casa con el marido. Siempre manteniendo la Familia. Y lo que queda de ella. El ermitaño les dio la bendición, recibió algunas ofrendas y les ofreció la atención, la esperanza y el cariño que necesitaban.

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Día 9: Una señora incrédula
Finalmente Zósima llegó donde las damas distinguidas, donde estaba la mujer con su hija en una silla de ruedas. La mujer le agradeció porque sus oraciones habían mejorado la fiebre y hecho más fuerte las piernas de su hija, Lise. La hija señaló a Alexei y le llamaron porque llevaban un recado de parte de Katerina Ivánovna, que debía ir a verla por el tema de su hermano Dmitri y los últimos acontecimientos. Lise estaba notablemente interesada en Alexei y quizás esa era su medicina. Alexei no conocía mucho a la tal Katerina pero dijo que iría a verla.
Por otro lado, la dama distinguida e incrédula, volvió a conversar con él ermitaño (que estaba siendo felicitado por aparentemente curar a la inválida, aunque ésta seguía paralítica), y le planteó unas dudas existenciales que tenía. Dudas sobre la existencia de Dios y la vida tras la muerte. "Es horrible, sin duda. Pero es imposible demostrar nada, lo posible es convencerse", dijo Zósima. Amar y hacer el bien el prójimo. Así encontraría y vería la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Pero la mujer no quedó convencida con esa respuesta. ¿Amor activo? Decía ya amar a la humanidad. Pero no podía controlar las reacciones de los miserables a los que ayudaba. No sabía cuánto tiempo podía seguir aguantando. Porque si había algo que agotase su amor activo a la humanidad era la ingratitud. Necesitaba que le pagasen sus obras y su amor. Elogios y amor de vuelta. De lo contrario era incapaz de amar a nadie. Zósima recordó la historia de un doctor que fue con una historia similar. Fue a contarle eso para que alabara su sinceridad. Buscando aprobación. La mujer comprendió que ella también buscaba eso, que elogiara su sinceridad, y se sintió avergonzada. El ermitaño le dio unas recomendaciones finales, que no importaba no llegar a la felicidad, el camino era importante. Observar la falsedad a cada minuto, sobre todo en ella misma. Evite el temor y la mentira. Ni temer a su propia cobardía. Se disculpó en ser duro pero el amor activo era cruel, trabajo y aguante. Y se despidió de ella. Y llamó la atención de Lise que acosaba con la mirada a Alexei. Lise se defendió diciendo que cuando era más pequeña Alexei la cargada y hablaba con ella y ahora ya no lo hacía. Parecía tenerle miedo. Y ella quería seguir siendo su amiga. El ermitaño prometió que su pupilo iría a visitarla.

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Día 10: ¡Así será, así será!
Zósima había pasado casi media hora por fuera de la reunión con los Karamazov, y cuando regresó estaban todos animados hablando. Se notaba fatigado, según observó Alexei, pero dijo que siguieran hablando. Como si persiguiese un fin. Y Dmitri no aparecía. Estaban hablando del artículo de Iván sobre los tribunales eclesiásticos. Y la separación de la Iglesia y el Estado. Con opiniones divididas entre los padres presentes, Iván y Piotr. Iván explicó brevemente su famoso artículo que clamaba la creación de Estados eclesiásticos, que los Estados deberían convertirse en iglesias. Los religiosos lo veían como una ascensión de la iglesia a Estado, que la iglesia no necesitaba. Porque sería el primer paso para desaparecer y dar paso a la ciencia, al espíritu del tiempo y la civilización. A Piotr le olía a socialismo la propuesta. Pero la idea de Iván también iba hacia las condenas judiciales con las penas de muerte y el presidio, a los que la iglesia no debía meterse sino que debían ser jurisdicción del tribunal eclesiástico. En ese tiempo en que transcurre la novela la iglesia tenía gran poder en la población, especialmente la condena moral. El ermitaño interrumpió para mencionar que las deportaciones y castigos forzados no corregían a nadie (curiosa anotación de Dostoyevski, quien cumplió esas condenas en su juventud en Siberia), y en general se mostró de acuerdo en que la iglesia no tenía poder suficiente del castigo eficaz de la culpa. Y que también le correspondía acompañar en su camino de renovación al delincuente, y por ende bajaría la delincuencia. Si el estado se transforma en iglesia, sin ser la misma iglesia. Se mostrada de acuerdo con la tesis de Iván. Acá Dostoyevski aprovecha la figura del ermitaño Zósima para plasmar sus propias reflexiones sobre la iglesia y su propia transformación. Recordemos que él luego de sus condenas quedó convertido en cristiano convencido. Y Zósima terminó su discurso:
"Y lo que según los cálculos humanos puede estar aún muy lejos, por la predeterminación divina acaso se halle en vísperas de su aparición, esté a las puertas. Así será, así será". Todos asistieron. Menos Piotr, a quien lo le seguía agrandando la elevación de la Iglesia a Estado. El padre Paísi lo corrige y dice que al contrario el Estado asciende a Iglesia. Alexei escuchaba atento y conmovido. Piotr hizo un comentario final refiriéndose a su experiencia en París tras el golpe de diciembre, diciendo que a los que más había que temer era a aquellos que eran cristianos y socialistas al tiempo. "El socialista cristiano es más terrible que el socialista ateo". Los religiosos se ofendieron. Antes de que Piotr contestara apareció finalmente Dmitri. Todos se asombraron.

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Día 11: ¿Para qué vive este hombre?
"Es difícil saber lo que piensa", decían de Dmitri. De ojos oscuros, misteriosos y sombríos. Todos lo conocían y sabían de sus discusiones con su padre por dinero. El mayor de los hermanos Karamazov iba muy elegante y vestido como militar retirado. Se dirigió al ermitaño, lo saludó y pidió disculpas por su retraso, culpa de una treta de su padre. Para cerrar la discusión anterior Iván hizo una aclaración sobre esa relación equívoca entre socialismo y cristianismo. Piotr aprovechó para recordar una reunión social días atrás donde el excéntrico Iván había lanzado otras joyas, como inexistencia de un motivo que moviese al hombre a amar a sus semejantes y esta frase: "El delito no sólo debe ser permitido, sino que hasta debe ser reconocido como la salida más necesaria e inteligente de la situación en que se encientra cualquier ateo". A Dmitri le llamó la atención la frase. El ermitaño preguntó a Iván si de verdad creía esa. Se afirmó: "Si no hay inmortalidad, no hay virtud". E inició un debate entre Iván y Zósima. "Esta idea no ha sido resulta en su corazón y le tortura". Pero Iván decía que para él si estaba resuelta. "Si no puede ser resuelto en sentido afirmativo, tampoco lo será nunca en el negativo... Dios quiera que la solución de su corazón le alcance en la tierra y que Él bendiga magnánimo sus caminos!", dijo Zósima y lo bendijo.
Finalmente habló Fiódor poniendo el tema sobre la mesa. Vociferando que sus hijos y Piotr lo acusaban de robarse el dinero que les pertenecía. Pero decía que tenía la documentación que demostrada que incluso Dmitri le debía. Y sacó el tema de la noble dama casada a la que su hijo sedujo y que ahora vivía en vergüenza. Y además recordó la reciente situación en una taberna donde Dmitri golpeó a un capitán retirado que Fiódor tenía como apoderado no oficial en un negocio suyo. Pero Dmitri recordó que golpeó a ese hombre porque estuvo hablando mal de él a su enamorada y pidiendo dinero en nombre de su padre para meterlo en la cárcel. Y peor aún, su padre estaba celoso porque pretendía a la noble dama también. Hipócrita. Ahora quería un escándalo. Piotr estaba escandalizado por el tema de la mujerzuela en cuestión. Fiódor amenazó a Dmitri con retarlo a duelo sin importar que fuese su hijo. Los padres estaban alarmados con todas las confesiones. El ermitaño se levantó y cayó a los pies de Dmitri y pidió perdón. Estaba agotado. Mientras Fiódor y Piotr seguían la discusión. Y al final estaban avergonzados por formar tanto alboroto en un recinto sagrado. Piotr e Iván quedaron en asistir a una comida con el padre prior donde se disculparían por la vergonzosa escena. Piotr pensó mirando a Iván: "¡Va a la comida como si tal cosa! -. Cara dura con una consciencia de Karamazov".

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Día 12: Un seminarista arribista
Alexei llevó a Zósima a su cuarto y éste cayó sin fuerzas. Miró al joven Aliosha y le dijo que se fuera a la comida con el padre prior y sus hermanos, allá él era necesario. El joven le pidió quedarse pero él ermitaño se negó. "Allí eres más necesario. Allí no hay paz. Podrás ayudar a servir y serás útil. Si los demonios levantan la cabeza, reza una oración". Le dijo que su puesto no era allí y que se fuera definitivamente. Tenía que vivir más todavía, y luego que conociese más el mundo y hasta se casase, si quería podría volver. "Conocerás un gran dolor y en este dolor serás feliz. Busca la felicidad en el dolor". El viejo parecía moribundo. Y le confirmó que sus dos hermanos necesitaban de él, no sólo uno. Lo bendijo y Alexei estuvo tentado a preguntarle sobre la reverencia hacia su hermano Dmitri, pero lo dejó pasar. Al salir vio a Rakitin, que le esperaba para preguntarle sobre el gesto de Zósima con el hermano. No se sorprendió cuando se enteró que el anciano no se lo había explicado. Hizo entrever que lo que hizo Zósima fue un show. Pero que si olió algo: el crimen. "Vuestra casa apesta". Y es así como Rakitin augura un crimen en su casa entre los hermanos y el padre. Y Zósima hizo ese show para que cuando ocurriese la tragedia todos le alabasen la predicción y el señalamiento al asesino. Alexei no entendía nada. ¿Asesino? ¿Crimen?
Alexei finalmente aceptó que esos pensamientos también habían pasado por su cabeza. Rakitin sigue el análisis en los perfiles de Dmitri y Fiódor. "No podrán contenerse y ambos caerán en el hoyo". Reconoce la honradez de Dmitri, aunque estúpido, pero sobre todo su sensualidad. "En vuestra familia la sensualidad ha sido llevada hasta el grado más extremo". Eres un Karamazov también. Y Alexei entendió la referencia a la mujer en disputa: Grúshenka. Y mencionó lo que los sensuales enamorados son capaces de hacer. "Pushkin cantó en sus versos los piececitos de la mujer; otros no los cantan, pero no pueden mirarlos sin estremecerse". Alexei dijo que lo comprendía, y dejó entrever la confesión de la lujuria. Podía aparentar ser santo pero era un Karamazov. "Eres sensual por tu padre y pobre de espíritu por tu madre". Y le contó como Grúshenka pidió al joven Alexei para quitarle el sayal. Y así redujo el problema de los Karamazov: "Son sensuales, codiciosos y pobres de espíritu". Y sigue la descripción de Rakitin de la familia de Alexei. Se descubre que Iván le ha quitado la novia a Dmitri, aquella que dejó por la bella Grúshenka. Fiódor iba tras esa mujer también. Ella jugaba con ambos y miraba a cuál escoger. El padre tenía dinero pero en su avaricia no se casaría. Dmitri enamorado se casaría. Pero era pobre. La hermosa y rica Katerina Ivánovna, novia de Dmitri que ahora estaba con Iván (interesado en su dote). Todos esos eventos apuntaban a algo peligroso apunto de estallar. Alexei aunque conocía los detalles defendió a sus hermanos. Iván no era interesado y no buscaba dinero. Buscaba tranquilidad. Rakitin se burló de las divagaciones del santo de la familia, que ya había aprendido del farsante ermitaño. Alexei analizaba a Rakitin y finalmente le dijo que él también estaba interesado en Katerina y por eso detestaba a su hermano Iván. Estaba celoso. Rakitin se exaltó y empezó a soltar palabras y sueños sin sentido. Alexei se burló sutilmente. Rakitin dijo que había escuchado todo desde la habitación de Grúshenka, quien era una mujer pública. Alexei con malicia le dijo que pensaba que eran parientes. Rakitin renegó furibundo de los Karamazov y su falso linaje. A los lejos vieron como Fiódor e Iván salían de la casa del padre prior exaltados, detrás Piotr y Maxímov, al parecer no hubo comida. Un nuevo escándalo.

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Día 13: El escándalo
Se devuelve a la escena antes del escándalo. Cuando Piotr y Fiódor iban apenas a la comida. Estaban varios religiosos ya sentados, el anfitrión prior, y llegaban los invitados. Piotr llegó con Iván y con secreta satisfacción informó al padre prior que Fiódor no asistiría por una penosa situación hace poco donde Zósima. Y había mandando a su hijo Iván en representación. Pero en ese momento, Fiódor, que ya iba montado en el carruaje empezó a evaluar si de verdad debería irse. "Siempre me parece que cuando entro en algún sitio soy el más miserable de todos y que todos me toman por un bufón: haré, pues, el bufón, porque todos vosotros, hasta el último, sois más estúpidos y miserables que yo". Entonces mandó a parar el coche.
Fiódor se presentó e inmediatamente Piotr perdió la compostura y se puso iracundo. Dispuesto a marcharse, Fiódor cogió de burla entonces al terrateniente Maxímov, también invitado en la mesa, contando una supuesta muerte falsa. Antes que Piotr se fuera, Fiódor recalcó que era su pariente (acogió al pequeño Dmitri de pequeño), lo que lo hacía enojar más. Y empezó a hablar de los rumores de los que Piotr tanto hablaba, sus acusaciones e injurias. El padre prior intentó calmar a las partes, pero Fiódor cargó contra la institución y lo que decía el padre. E incluso mencionó a cierto mujik ruso del que se aprovechaban (¿guiño a Tolstoi?) en ese monasterio. Ante la indignación general, Fiódor anunció que se iba con Piotr. También dijo que se llevaba a su hijo Alexei, como autoridad paterna, e invitó a Iván y a Maxímov a que lo siguieran. En su casa se pasaba mejor. En ese momento salió gritando y gesticulando, y fue cuando Rakitin y Alexei los vieron de lejos. Fiódor lo vio y le ordenó que se fuera a casa con él. Otra escena bufonesca y muy teatral. Maxímov los alcanzó y dijo que se iba con ellos también. Iván iba en silencio y con gesto sombrío gritó enojado al cochero que arrancara. Fiódor miró a su hijo y le dijo que todo esto había sido su idea. "Ya ha dicho bastantes tonterías, descanse ahora un rato por lo menos", contestó cortante Iván a su padre.

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Libro 3


Día 14: Inicio del Libro 3: Los sensuales
En el pabellón de los criados
Llegaron a la casa de Fiódor y se hace una descripción de su aspecto lúgubre y descuidado por dentro, en comparación con su exterior que resultaba agradable. Había ratas y un gran pabellón de la servidumbre afuera en el patio porque no soportaba los olores de la cocina. Vivían 3 criados: el viejo y fiel Grigori, la esposa Marfa y Smerdoakov. E Iván vivía con su padre. Grigori como sabemos crió a varios de los hijos de Fiódor. Marfa, su esposa, aprovechando la emancipación de los campesinos, intentó convencerlo de abandonar a Fiódor e irse a Moscú, pero Grigori no le hizo caso. Grigori salvó a Fiódor de muchas ocasiones y también le servía al patriarca tener a una persona bondadosa a su lado. Le brindaba paz por sus propios pecados. Y esa misma relación empezó a tener con su hijo Alexei, que era otra fuente de virtud, bondad y no le juzgaba. Le calmaba su conciencia. "Aliosha atravesó su corazón por el hecho de que <vivía, lo veía todo y no censuraba nada>".
Se cuentan detalles de la relación de Grigori con Marfa, los cuales hablaban muy poco y aunque ella fuese sumisa era más inteligente que él. No tuvieron hijos, sólo uno que murió. Pero a Grigori le encantaban. Había tenido mala relación con la primera esposa de Fiódor, madre de Dmitri, pero una excelente relación con la segunda esposa, madre de Iván y Alexei. Y Grigori siempre fue el que los cuidó ante la ausencia de los padres. El hijo que había tenido con Marfa había nacido con 6 dedos. Una abominación. Lo despreciaba y ni lo miraba, incluso cuando murió enfermo. La muerte del pequeño lo acercó a Dios. Y el día que enterraron a su hijo, en la noche, escucharon un llanto en el patio. Salieron en la búsqueda, y encontraron en el baño del huerto a Lisaveta, la loca de la ciudad había dado a luz y moría al mismo tiempo. La muerte y la vida ante sus ojos. "No decía nada, siquiera fuese porque no sabía hablar. Pero todo esto requiere particular explicación".

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Día 15: Lisaveta Smerdiáschaia
Y acá sabemos un poco más de la mujer que Grigori y su esposa encontraron muriendo con un bebé recién nacido. Era una pequeña moza, de padre pobre y alcoholizado y madre muerta. El padre la golpeaba inhumanamente cuanto estaba en casa. Por eso no iba mucho. Le decían "la tonta" en todo el pueblo. Quedó huérfana cuando el padre murió y todos se sintieron compasión por ella y la ayudaban y trataban bien. Vagaba por todos lados. Dormía en la iglesia. Pero un día una pandilla de 5 o 6 señores borrachos iban caminando y vieron a Lisaveta dormida cerca del río. Consumidos por la bebida se decidieron despertarla y molestarla con bromas obscenas. Nunca la habían visto como mujer, pero en el grupo estaba el mismo Fiódor Karamazov, que decidió sí se le podía tomar como mujer. En ese tiempo, Fiódor estaba mal y acababa de saber de la muerte de su primera esposa. Y ninguna mujer se le acercaba por lo grotesco y escandaloso. Los demás le criticaron por la idea de abusar de "la tonta", con gestos de asco. Y al parecer todos siguieron su camino. Incluso Fiódor juró que también de había ido con sus compañeros borrachos. Pero a los 5 meses todos hablaban indignados del embarazo de Lisaveta. Y todos se preguntaban del autor de semejante agravio. Y se regó el rumor de que había sido Fiódor, precisamente, a quien le daba igual las acusaciones de los plebeyos. Él se juntaba con funcionarios y nobles. Era el bufón. Grigori le defendió. Echaron la culpa a un hombre que escapó de la cárcel y vivía escondido en el pueblo. El blanco perfecto. Una mujer se llevó a Lisaveta a la casa a cuidarla hasta que diese a luz. Aunque él último día escapó y fue a parar al huerto de la casa de Fiódor. Fue el momento en que Grigori la encontró en el baño. Llamó a su esposa y llamaron a la partera. Se salvó el niño. Ella murió. Se llevó al niño y le dijo a Marfa que debían cuidarlo. Lo llamaron Pável, y era el 3er criado que vivía en casa de los Karamazov junto a Grigori y Marfa. Luego Fiódor le cambió el nombre a Smerdiakov, por su madre. Era el cocinero. Y ya más adelante escucharemos más de él. Podríamos decirle el 4to Karamazov. Por el momento, según el narrador, dejaremos de hablar de los criados vulgares.

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Día 16: Confesión de un corazón ardiente (En verso)
Alexei se planteaba si en realidad tendría que volver a casa y abandonar el monasterio. Pensó que eran palabras de su padre en medio del calor. Pero empezó a atormentarle otra situación, una mujer. La insistencia de Katerina Ivánovna (novia de Dmitri que ahora salía con Iván) en verlo. Iba temeroso porque algo en su belleza le turbaba desde que la conoció. Pero decidió ir. Encontró precisamente a su hermano Dmitri en la casa. Se alegraron de verse y Dmitri lo entró hablando entre susurros.
Lo sentó y se mostró dispuesto a contarle todo. Sobre la mujer <mala> de la que se había enamorado. "Pero enamorarse no significa amar. Uno puede enamorarse sin dejar de odiar". Dmitri le manifestó inicialmente un temor de sí mismo. Una caída. Pero no debía temer por él. Preciso quería verlo para que le sirviese de mensajero entre su padre y Katerina. Porque debía mandar a un ángel, como él. También necesitaba que lo escuchara un ser superior y lo perdonara. Empezó hablando del himno de la alegría de Schiller, luego recitando unos versos ante la confusión de su hermano, y luego un poema mencionando la leyenda de Ceres y la raptada Prosperina (Demeter y Persefone, la segunda raptada por Hades el dios del inframundo). Siguió con la poesía y ante cada verso terminaba casi sollozando. Así que siguió ahora con los hechos y de los insectos. A los que Dios dio la lujuria.
Le habló de los insectos lujuriosos que eran todos los Karamazov. Incluso él au que fuese un ángel, tenía ese bicho en su interior. "La lujuria es una tempestad". "La belleza es algo tremendo y terrible". Siguió divagando hablando de generalidades, de Sodoma, de ignominia, de belleza, del diablo. Y dice la mítica frase de esta maravillosa novela:
"Resulta espantoso eso de que la belleza sea sólo una cosa terrible, sino también misteriosa. Aquí el diablo lucha con Dios, y el campo de batalla es el corazón de los hombres. Por lo demás, quien siente un dolor habla de él. Y ahora escucha, al grano".

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Me gusta más esta versión de la frase de los hermanos Karamazov de hoy. La cita Mishima en su libro Confesiones de una máscara: "(...) Lo más horroroso es que la belleza no sólo es aterradora, sino también misteriosa. Dios y el Diablo luchan en ella, y su campo de batalla es el corazón del hombre. "Pero el corazón del hombre sólo de su dolor quiere hablar. Escuchad, que os contaré lo que dice..."
Dostoievski (Los Hermanos Karamazov)

(Fragmento en la introducción de "Confesiones de una máscara" de Yukio Mishima)

Creo, sin dudas, que en alguna vida anterior de la ficción literaria... Fui un Karamazov. ¿Cuál de ellos? He ahí el dilema. Aunque todos tienen algo en común que he puesto en los textos de estos días. Un quinto hermano bastardo. ¿Me dejo llevar por el nombre? Alexei. Siempre lo santo me llama.





Día 17: Confesión de un corazón ardiente. En anécdotas
Dmitri inicia su confesión ante Alexei. Su entrega al desenfreno y su pasión ardiente por las mujeres, la lujuria y el deseo. Y su predilección por las callejas silenciosas y oscuras. "Amaba la corrupción y amaba también la vergüenza de la corrupción. Amaba la crueldad: ¿acaso no soy una chinche, un insecto dañino? En una palabra, ¡soy un Karamazov!". Contó también cómo se aprovechó de muchas jóvenes, que pensaban que él les pediría matrimonio. Alexei se sonrojó pero advirtió a su hermano que no era por sus palabras o actos sino porque era igual a él. Dmitri se sorprendió y Alexei corrió a aclarar que iguales en distintos peldaños. Dmitri se encontraba muy arriba aún. Le dijo que Grúshenka le prometió que algún día se comería a Alexei. Dijo que a continuación le contaría algo que por ahora solo sabía su discreto hermano Iván. Le contó sobre Agafia Ivánovna. Hija de un teniente coronel al que sirvió. Se acercó mucho a ella, pues todos querían a Dmitri. Pero un día volvió la hermana, Katerina Ivánovna, proveniente de un instituto prestigioso. Todos en el pueblo intentaron congraciarse con ella por su belleza, inteligencia y alta cultura. Dmitri sintió envidia porque no poseía esas virtudes. Contó además que en ese momento su padre le envío 6 mil rublos después que hubiese renunciado a todos sus derechos sobre el dinero de su padre, aunque él ignoraba eso en ese momento. El teniente estuvo envuelto en un desfalco y Dmitri aprovechó la situación para ayudarle con el dinero de su padre a cubrir ese desfalco. Pero pidió a Agafia que le permitiese una reunión en secreto con su hermana. Ella se ofendió y se retiró pero contó la situación a su familia. El teniente se negó a aceptar ese dinero pero un día se presentó ante Dmitri, Katerina por su cuenta, asustada pero con la intención de aceptar el dinero.
Dmitri cuenta que lo primero que pensó hacer en esa situación fue lo que pensaría cualquier Karamazov. Pero también pensó en ser honorable y pedir su mano. Pero se imaginó que al día siguiente cuando fuese a su casa ella lo rechazaría y lo echarían a patadas. Era tan hermosa, que él enseguida pensó en jugarle una pasada ruin, dijo que eso era mucho dinero. Pero al volver a verla con odio y a la vez con amor, reflexionó y sacó el dinero que tenía y se lo entregó. Incluso una suma mayor, casi todo lo enviado por Fiódor. Katerina se conmovió y se postró a sus pies en señal de agradecimiento. Salió corriendo. Dmitri estaba en shock, pues ese no había sido el plan. Pensó en atravezarse con una daga que tenía, pero sólo la besó. Y eso había sido todo lo que pasó entre él y Katerina. Ya iban lo sabía y ahora él. Dmitri descansó como si se hubiese quitado un peso.

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Día 18: Confesión de un corazón ardiente. Con los pies hacia arriba.
Alexei escuchó atento a su hermano y dijo comprender la primera mitad pero no del todo la segunda. "La primera mitad la comprendes: es un drama y transcurrió allí. La segunda mitad es una tragedia y se producirá aquí", dijo Dmitri.
Dmitri siguió contando cómo Katerina se convirtió en su actual novia. Ella no se comunicó durante varias semanas hasta que le envió un sobre con las vueltas del dinero pues sólo se necesitaba una parte. Sin ningún otro mensaje. Dmitri se gastó el dinero. Se enteró que el padre murió y la familia se tuvo que trasladar a Moscú. Solo en la partida le mandó un sobre donde decía: "Le escribiré, espere. K." En Moscú todo cambió, pues perdió también a otra familiar cercana de la que también resultó heredera, por lo que terminó con una buena fortuna y una gran dote. Dmitri recibió pronto todo el dinero con que les había ayudado. Luego, llegó una carta donde se ofrecía como novia: "Le amo, venía a decir, con locura, no importa que usted no me quiera, lo único que le pido es que sea mi esposo. No se asuste, no seré para usted un estorbo, seré como un mueble, como la alfombra que usted pisa... Quiero amarle eternamente. Quiero salvarle de sí mismo..." Dmitri también le contó todo a Iván y le escribió explicando todo. Además envió a su hermano a hablar con ella, y él se enamoró de ella en ese viaje. Dmitri veía que Alexei le veía con sorpresa. "Sí, fui un tonto" pero pensó que ella podría amar a un hombre mejor que él. Alexei le dijo que ella lo amaba a él y no a Iván. "Ella ama su propia virtud", respondió. Y siguió diciendo que era insignificante para ella. Con rabia, resentimiento y dolor. Al parecer Katerina rechazaba a Iván pero Dmitri pensaba que "el digno ocupará el puesto que le corresponde y el indigno acabará por ocultarse en un callejón para siempre". Él se hundirá en el callejón y ella se casará con Iván. Era lo lógico y lo correcto. Y aunque era su prometido y formalmente aceptado por la familia, él no seguiría adelante. Y pedía a su hermano menor que fuese él quien llevase la noticia a Katerina. Porque él no podría hacerlo. Él iría al callejón con Grúshenka. La mujer pública, y la que pensaba que merecía.
Contó un poco de su relación con Grúshenka. Que al inicio Fiódor la estaba usando a través de su apoderado para que ella presentase pagarés a su nombre, para poner fin a las reclamaciones de Dmitri hacia el dinero de su padre. Pero se fueron haciendo amigos y cercanos. Hasta ella le dijo que podrían casarse. Y para que Alexei se convenciera más de su ruina le contó otro caso donde se gastó el dinero que le mandó Katerina destinado a su hermana con Grúshenka. Entonces le debía decir que era un libidinoso y un incapaz pero nunca un ladrón. Y le entregó el dinero que había robado a Katerina.
Alexei miraba a su hermano y le decía que era un desgraciado pero no tanto como imaginaba. Y que no desesperara. Pero Dmitri estaba determinado a irse con Grúshenka, casarse y aceptaría sus amantes. Pero los 3.000 rublos debía ir a pedírselo primero a su padre, Fiódor. Que intercediera ante él. Y ya no le pediría más. Era una tarea imposible, más al saber que Fiódor amaba a Grúshenka también. Y le contó que hace unos días su padre le mandó un mensaje a Grúshenka de que fuera a pasarse por un sobre con 3.000 rublos, lo supo por Smerdiakov, el joven criado hermano de los Karamazov también. Él le avisaría cuando ella fuera y él pensaba arrebatarle ese dinero cuando lo reclamara. Pero Alexei intentaría sacarlo primero de forma directa y honesta. Creía en los milagros. Y que esa misma noche con dinero o sin dinero debía pasarse donde Katerina y darle la noticia.
Alexei dudoso preguntó que entonces si Grúshenka aceptaba el dinero... "En tal caso habrá una muerte". Podría matar a su padre o quizás no. Aún no lo sabía. Alexei se alarmó y le dijo que haría lo que pedía y confiara que todo saldría bien. Alexei partió preocupado.

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Día 19: Smerdiakov
Alexei llegó a casa de su padre y los escuchó en el comedor, riendo, comiendo y bebiendo. Junto con Iván, Smerdiakov y Gregori y Marfa que atendían el servicio. La risa chillona de su padre daba a entender que aún no estaba embriagado, sino que se sentía en buena disposición de ánimo. Al verlo, su padre se alegró y lo llamó para que los acompañase a la mesa. Le brindó bebidas y comida. Le decía a Iván que se conmovía con la mirada de su hijo menor, y le recordó que le había ordenado irse a vivir con él desde ese día y abandonar el monasterio.
De repente empezó a hablar de "La burra de Balaam", así llamaba Fiódor a Smerdiakov. Y empezó a hablar de la vida de su joven criado, de los problemas que tuvieron Grigori y Marfa en criarlo, y su constante mala actitud y poca gratitud. "¿Acaso eres una persona?", se dirigió Fiódor a Smerdiakov. "Tú no eres persona, naciste en la humedad de un baño, para que te enteres". Según cuenta el narrador, Smerdiakov jamás le perdonaría esas palabras. Y siguió contando anécdotas de sus criados. Resaltando que Smerdiakov fue muy listo desde niño, lo que le trajo problemas. Además cuenta que después de un castigo de Grigori, al joven Smerdiakov le dio un acceso de epilepsia, enfermedad que no le abandonó más en vida. (¿Referencia de Dostoyevski a sí mismo?) Desde entonces Fiódor empezó a interesarse más por él, le llamó a un médico y prohibió a Grigori que lo volviese a castigar. Incluso le empezó a permitir entrar a sus cuartos. Cuando tenía 15 años, Fiódor se dio cuenta que Smerdiakov se acercaba a la vitrina y leía a través del vidrio los títulos de los libros. Entonces le dio la llave para que leyera los que quisiera. "Toma, lee, serás bibliotecario en vez de andar por el patio, siéntate y lee esto" (le pasó <Veladas en un caserío de Dikanka>, un libro de cuentos de Gógol). Smerdiakov era exigente y el primer libro no le divirtió porque todo era mentira, entonces Fiódor molesto le dio otro libro. "Historia universal" de Smarágdov, y le dijo que todo era verdad en ese libro. Pero a Smerdiakov le resultó aburrido. La librería volvió a cerrarse para él. También contaron la vez que rechazaba la comida por ver cucarachas en todos lados. "Nos ha salido un señorito", decía Grigori. Fue cuando se decidió que sería el cocinero. Fiódor lo mandó a Moscú a aprender el oficio. Regresó siendo un excelente cocinero, aunque llegó envejecido. Fiódor le asignó un sueldo, que gastaba en ropa y perfumes. Y despreciaba tanto al sexo femenino como al masculino. Cuando tenía ataques de epilepsia, Marfa le reemplazaba. Le empezaron a dar más a menudo. Fiódor, su padre biológico, le pasaba todas esas cosas. Le importaba que era honrado y nunca le robaría. En el fondo Fiódor lo quería, aunque Smerdiakov le miraba de reojo como a todos. Era un gran enigma. Difícil de adivinar sus pensamientos. A veces miraba perdido al vacío. Era un contemplador. No se sabía si quizás en algún momento se fuese a ser un peregrino en busca de la salvación o prendiese fuego a su aldea. O las dos cosas. Era el misterio del 4to hermano Karamazov.

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Día 20: Controversia
La acción retrocede unos minutos, ya que el narrador hizo una pausa para hablar más de Smerdiakov. Ese estaban cenando, Fiódor, Iván y Gregori, quien contó algo que escuchó en la tienda, sobre la historia de un soldado ruso que fue atrapado en terreno extranjero y fue amenazado a renegar del cristianismo y abrazar el Islam. El soldado no aceptó y se dejó desollar vivo. Fiódor comentó que merecía ser ascendido a Santo y ser trasladado a un monasterio donde fluyera la gente y el dinero. En ese momento Smerdiakov también escuchaba y se echó a reír, y opinó que el soldado pudo negar a Cristo. Entonces fue cuando Fiódor dijo que había hablado "la burra de Balaam", y entró Alexei a interrumpir la cena. "Ven que estamos hablando de tu tema", le dijo Fiódor.
El cruce de opiniones sobre la historia de soldado siguió entre Smerdiakov y Grigori. Fiódor interrumpía de vez en cuando alentando al joven a: "demuéstralo", "No divagues", "las conclusiones, las conclusiones". Mientras le decía a Alexei que lo quería mucho y luego también a Iván que a él también. Cuando Grigori empezaba a ofender a Smerdiakov, Fiódor lo regañaba. El joven dio otro argumento en relación al nacimiento entre padres paganos, lo que dejó a Grigori callado. Fiódor interrumpió hablando ahora del la negación de su fe desde su fuero interno, e inmediatamente quedar maldito con el anatema. Pero Smerdiakov se mantenía en su posición de negar a Cristo sin caer en el pecado. Por supervivencia. Fiódor volvió a interrumpir para decir que sin dudas ese era un ejemplo del carácter y la fe Rusa. Al pensar que dos o tres personas podían mover montañas. Y pidió la aprobación de sus hijos. Iván asintió pero Alexei negó que la fe de Smerdiakov tuviese algo de Rusa. "No hablo de la fe, sino de este rasgo, de estos dos anacoretas, de ese pequeño rasgo solamente", Y Alexei asintió. Fiódor le concedió esa palabra a Smerdiakov pero en lo demás dijo que mentía. Entonces el joven cocinero hizo una reflexión final tratándose de poner en la piel de quien es torturado, puede perder la razón y no veía nada malo en mentir para salvar su pellejo. Confiaba en la misericordia del Señor y abrigaba la esperanza de ser perdonado por completo.

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Día 21: Tras la copa de coñac
Fiódor terminó la discusión y mandó a Smerdiakov y a Grigori a dormir. Fiódor quedó con sus dos hijos Iván y Alexei. Le comentó a Iván que ahora Smerdiakov se colaba en las cenas porque sentía curiosidad por él. Se lo había ganado. Iván le restó importancia. Fiódor aprovechó para disculparse con Alexei por su comportamiento en la cena del prior y en el monasterio en general. Luego les preguntó si de verdad creían que él era solamente un bufón. Ambos negaron. Luego le preguntó si Dios existía. Iván, no. Alexei, sí. Sobre la existencia de la inmortalidad. Iván, no. Alexei, sí. "La inmortalidad está en Dios". Fiódor volvió a cuestionar a Iván y este se reafirmó.
"-¿Quién se burla así de los hombres, Iván?
- Debe ser el diablo.
- ¿Es que existe el diablo?
- No, tampoco existe. (...) Si no hubiesen inventado a Dios, no habría civilización alguna. Ni coñac."
Temieron ofender a Alexei, pero éste se mostró tranquilo. Conocía como pensaban. Luego hablaron del ermitaño. Fiódor contó algunos pensamientos, como que Zósima le parecía que tenía aires mefistofélicos, el diablo de Goethe, y que era en el fondo un hombre sensual como él. Entonces con los tragos encima Fiódor empezó a insultar a Iván, por sus ocultas intenciones y su mirada inquisidora, pero su hijo no le prestaba atención borracho y pensaba ya retirarse. Luego empezó a hablar de las mujeres de su vida, bellas, solteronas, descalzas y feas. Y terminó dando consejos de seducción. Y recordó a la madre de ambos. Su distancia. Al hablar de su sagrada madre, a la que llamaba "su histérica" el semblante de Alexei cambió y sus labios temblaban. Se levantó de la mesa, juntó sus manos y se tapó la cara. Su cuerpo se agitaba como un histérico. A Fiódor le aterró el parecido con su madre. Fiódor llamó a Iván para que le ayudase y trajera agua. "Es por lo de su madre", dijo. "¿Es que no era también madre mía?", respondió Iván con desprecio. Fiódor estaba confundido y pareció olvidar que eran hijos de la misma madre. Se disculpó con su hijo. De repente la puerta se abrió y Dmitri apareció. Fiódor corrió hacia dónde Iván para que lo protegiera. "¡Me va a matar, me va a matar! Protégeme".

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Día 22: Los sensuales
La narración retrocede y nos cuenta cómo Dmitri ingresó a la casa furibundo. Gregori y Smerdiakov intentaron retenerlo pero él los derribó, y gritaba: "¡Está aquí! ¿Dónde está?". Fiódor que escuchó desde la otra sala le pidió a sus hijos que lo ayudaran. Y que se refería a que seguro vio entrar a Grúshenka a la casa. Pero al parecer era imposible porque todo estaba cerrado. Fiódor pensó entonces en el dinero que tenía guardado para ella. Entonces se soltó de Iván y se arrojó sobre su hijo Dmitri, que con facilidad lo estrelló contra el piso. Iván y Alexei intentaron agarrar a Dmitri, que decía que si no lo había matado, lo mataría en otra ocasión. Grigori y Smerdiakov ayudaron a levantar a Fiódor, que estaba ensangrentado pero consciente. Y Dmitri insistía en que había visto entrar a Grúshenka y escapar cuando la llamó. Le dijo a Alexei que sabía lo que eso significaba. Entonces ya sabía lo que tenía que hacer. Ir donde Katerina. Y siguió insultando y maldiciendo a su padre.
Lo llevaron a su cuarto. Iván le dijo a Alexei que se quedara con él porque tenía que salir. Cuando Fiódor despertó preguntó por Iván. "Alexei, mi único hijo, tengo miedo de Iván; le temo más que al otro. Al único a quien no temo es a ti". El viejo lloraba y apretaba la mano de su hijo. Le dio permiso de volver al monasterio. No le iba imponer quedarse en esa casa. Pero le dijo que fuese a ver a Grúshenka y que él intuyera con quien quería casarse, si con Dmitri o con él. Alexei aceptó. Pero Fiódore dijo que no se lo diría, y al contrario intentaría comérselo. Le dijo que se fuera y regresara mañana porque debía decirle algo muy importante. Y no le dijera nada a Iván.
Al salir, Alexei se encontró a Iván escribiendo algo. Y le dijo que regresara mañana a primera hora, lo que dejó extrañado a Alexei. También le preguntó sobre la petición de Dmitri de ir a ver a Katerina. Y adivino la razón. Alexei le preguntó abatido en qué terminaría esa riña entre Dmitri y su padre, y si cualquier persona tenía el derecho de decidir quien muere y quien vive. Iván dijo que era difícil adivinarlo. Y sobre lo otro: "el problema se resuelve en el corazón de los hombres, no sobre la base de los méritos, sino guiándose por otras razones, mucho más naturales. Y todo el mundo tiene derecho a desearla. "¿La muerte de otro?", preguntó Alexei. "¿Por qué no? También la muerte", respondió Iván. Le dijo que no le juzgara de forma anticipada, y que se verían mañana. Alexei dijo que no juzgaba a ninguno de los dos. Se despidieron y dieron un fuerte apretón de mano. Alexei sintió que Iván se había acercado un poco más a él. Y que lo había hecho con alguna intención.

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Día 23: Las dos juntas
Alexei iba caminando y pensando, preocupado por la situación entre su padre y su hermana. Se dirigió a casa de Katerina Ivánovna, que parecía ya estar avisada de su visita. Lo recibieron y Alexei empezó a recordar de cuando la conoció y Dmitri se la presentó. Era hermosa.
Katerina le dijo que lo esperaba ansiosa. Alexei mencionó que lo enviaba Dmitri. Ella se sorprendió. Pues lo esperaba para que él le contase lo que pensaba personalmente de lo que había pasado esa tarde y lo que pensaba sinceramente de su hermano. Pero primero diera el recado. La despedida. "Ya no vendrá más". Ella se sorprendió pero al saber que recalcó en que dijera bien claro el mensaje, ella que lo conocía, percibió que el mensaje trasmitía que se encontraba exaltado y desesperado. Alexei asintió. Luego mencionó el tema del dinero, de los 3.000 rublos. Ella lo sabía. Y quería que él fuese sincero. Y que la viera como amiga también. Que tuviese confianza. Y dejase el honor a un lado. No le importaba el dinero. Alexei sintió una leve esperanza. Entonces le contó lo que acababa de pasar con su padre. Incluso sabía lo de Grúshenka. De hecho, ella estaba en ese momento en la casa. Katerina la llamó. Alexei admiró la belleza y sencillez de aquella a que llamaban la "fiera" que levantaba pasiones. Katerina la hizo sentar y le dio unos besos en sus labios. Parecía también enamorada de ella. Alexei estaba perturbado ante esa escena. Katerina explicó que la llamó para conocerla y solucionar las cosas. Grúshenka se alegró de conocer finalmente a Alexei. Al ángel. Él sonrojado. Luego Katerina habló de su amiga y besó su mano. A Alexei se le removía el cuerpo. Grúshenka dijo que a Dmitri solo lo envolvió para divertirse. Pero se alarmó cuando Katerina le insinuó que le había prometido hablar con Dmitri y decirle que ya estaba enamorada de otro. Grúshenka dijo que no pensaba decir eso. Que quizás ya le gustaba Dmitri de nuevo. "Así soy de inconstante". Katerina estaba alarmada. Vio lo mala y dominante que era. Le intentó regresar los besos a su mano. Pero se arrepintió. Y dijo que se lo contaría a Dmitri, que le había besado la mano y ella no le correspondió. Katerina furibunda la echó. "Mujerzuela. Vendida". Grúshenka le recordó que ella había ido a casa de un hombre a buscar dinero en otra ocasión en una noche (se lo contó Dmitri). Katerina se le iba a lanzar encima pero Alexei las detuvo. Grúshenka le pidió a Alexei que la acompañara. Katerina quedó llorando y devastada. Gritó a Alexei pestes de su hermano, lo echó y dijo que mejor regresara mañana. Alexei también sentía ganas de llorar. Antes una criada le dio una carta.

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Día 24: Otra reputación perdida
Alexei se encontraba caminando en plena noche de regreso al monasterio. De repente alguien trató de atracarlo. Era su propio hermano Dmitri, que lo esperaba y le dio un susto. Alexei se puso a llorar de la impresión. Por que su hermano con todo lo ocurrido se le daba por hacer bromas. Dmitri se disculpó pero le rogó por las noticias. Alexei le contó que había encontrado a las dos mujeres juntas. Le contó todo con detalles. Dmitri escuchaba atento. De repente empezó a reír por lo de la besada de mano. Alexei no podía creer la insolencia de su hermano en reírse de todo. Dmitri le dijo que Katerina tenía todo planeado y pensó que estaba en control pero se equivocó. Y finalmente aceptó que era un miserable por contar a Grúshenka la forma como conoció a Katerina.
Dijo que se tenía que ir y se despidió de Alexei. Pero al rato lo llamó de nuevo porque debía contarle otra confesión. Solo a él. Le habló de una ignominia que tenía en su pecho, y que ya se encontraba ejecutando. Muerte y tinieblas. No especificó, pero le dijo que no orara más por él. Y desapareció.
Alexei se dirigió al monasterio al cuarto del ermitaño. Al parecer seguía débil y el padre Paísi le dijo que lo había recordado y les había avisado de su nueva misión en el mundo. Con su familia. Pero al ver a Zósima ya en sus últimas, se dijo que se quedaría con él y no vería el día siguiente a su padre, a su hermano o Katerina, con los que había quedado en verse. Pasó a acostarse a descansar y orar. De repente recordó el sobre que le había dado la criada de Katerina. Era una carta de Lise, la inválida. Confesando su amor por él. Alexei sonrió tras leer la carta. La leyó varias veces. Una risa suave y dulce. Guardó la carta y se santiguó. Pidió por el alma de todos sus conocidos. Esas espíritus desgraciados y turbulentos.

Fin Parte 1

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PARTE 2


Libro 4


Día 25: Inicio de la Parte 2. Libro 4: Arrebatos. (El padre Ferapont)
Alexei se despertó y el ermitaño seguía moribundo. Recordó algunas de sus enseñanzas. Todos parecían estar esperando el tránsito de Zósima a otra vida. Se posaba la incertidumbre sobre el monasterio. Fueron a consultar al padre Ferapont, que era adversario de Zósima y todos los ermitaños. El monje de Obdorsk fue a visitarlo. Hablaron de los alimentos, el ayuno y la abstinencia. También el fraile aprovechando el cuestionario, le siguió preguntando sobre todo aquello que se decía del monje, por ejemplo su comunicación directa con el espíritu santo.
El padre Ferapont se molestó con sus preguntas. Pero se alegró de las buenas noticias sobre el ermitaño Zósima. El fraile Obdorsk era partidario suyo y le llevó la noticia. Alexei notaría después la figura misteriosa del fraile Obdorsk, que siempre estaba alrededor y preguntando sobre todo. Eso lo recordaría más tarde.
Zósima volvió a mandar a llamar a Alexei. Y le preguntó si sus familiares no lo estaban esperando. Y le recordó su orden de que abandonara el monasterio. Alexei lo obedeció. El ermitaño le prometió que sus últimas palabras se las diría a él. El padre Paísi también despidió a Alexei y le dijo unas últimas palabras. En referencia a su juventud, las tentaciones y su incapacidad para resistirlas. Y le dio la bendición. Alexei sintió que había encontrado un nuevo amigo. Se sentía más fuerte para resistir las tentaciones del exterior.
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Día 26: En la casa del padre
Alexei se dirigió a casa de su padre para la cita que habían concertado el día anterior. Se alivió al saber que Iván no se encontraba en la casa. Fiódor estaba tomando el café de mal humor pero lo invitó a sentarse. Sabía que iría. Le preguntó por su ermitaño pero enseguida mencionó que Iván no estaba. Estaba empeñado en quitarle a rica novia a Dmitri. Era la razón por la que seguía allí. Porque de su herencia, Fiódor dijo que la guardaba para sí mismo. Cuando estuviese más viejo y ya las mujeres no lo quisieran y tuviera que pagar por ello. Quería vivir más y gastarse él mismo su dinero. Lo necesitaría todo. Entonces le develó lo que ocurría sobre los planes del misterioso Iván: No quería que Fiódor se casara con Grúshenka por miedo a perder herencia (como si el padre les fuese a dejar algo, se burlaba), pero él estaba seguro que se casaría con ella por su dinero. El dinero todo lo puede. Por eso Iván apoya a que Dmitri se case con Grúshenka. Pero también para que le quede el camino libre con Katerina, que era rica. "¡Esos son sus cálculos! ¡Tu Iván es un infame!".
Alexei le aconsejaba con cariño que no debería seguir bebiendo y perdiendo el control. Fiódor como lo decía su ángel no le molestaba. "Solo contigo paso algún rato bueno, porque yo soy una mala persona". "Usted no es malo, sino pervertido", dijo Alexei. "A ti te quiero sin necesidad de coñac, pero con los miserables soy miserable", apuntó Fiódor.
Dijo que no entendía a sus otros hijos. No les dejaría nada. A Dmitri lo aplastaría como una cucaracha. Y le dijo "tu Dmitri", porque sabía que él quería a su hermano. Si Iván quisiera a Dmitri estaría preocupado pero Iván no quería a nadie. Solo pensaba en él. Y le dijo la razón de su visita. Quería saber de Dmitri, y que le propusiera que si estaría dispuesto a irse de ese lugar para siempre por un par de miles de rublos. Y dejarle el camino libre con Grúshenka. Alexei le dijo que quizás si con 3.000 rublos lo haría. Pero Fiódor se echó para atrás enseguida y dijo que no le daría nada. Que lo aplastaría.
Entonces Alexei le contó de la situación con Katerina Ivánovna. Se puso celoso de que dos mujeres estuviesen tras su hijo. Dijo que él a su edad era mucho más guapo que él. Y echó a Alexei, quien se despidió con un beso. Fiódor se alarmó y le cuestionó ese beso de despedida. Tenía que volver mañana mismo a a comer. Le tenía afecto a su hijo pero seguía siendo brusco al hablar y expresarse. Pero Alexei lo entendía y por él se tomó media copa antes de irse.

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Día 27: Encuentro con unos colegiales
Alexei salió de la casa de su padre aliviado de que no le hubiese preguntando por Grúshenka, sino le habría tenido que contar su breve encuentro la pasada noche. Estaba determinado a intervenir en ese enfrentamiento entre su padre y su hermano. En en camino, Alexei encontró a un grupo de colegiales entre 9 y 13 años, se sintió inmediatamente atraído por ellos, siempre sintió cercanía con los niños. Se acercó a hablarles. Había algunos con piedras en una mano y del otro lado con una bolsa. Una especie de juego de tirar y acertar entre ellos mismos. Una piedra le dio a Alexei en el hombro y uno de ellos dijo, "quería darle a usted, le ha apuntado a usted. Porque es Karamazov. ¿Cierto?". Y luego la emprendieron todos a pedrazos contra uno de los niños y Alexei riñó a todos por hacerlo. Los niños le advirtieron que era un canalla y el que le había tirado la piedra. Alexei se acercó al al chico atacado.
El niño de unos 9 años estaba en guardia. Alexei le preguntó la razón por la que le arrojó una piedra. Si le conocía. El niño lo negó y lo espantó. Alexei lo dejó tranquilo y siguió su camino, pero de repente sintió una pedrada en la espalda. Alexei volvió a reñirlo y siguió. Le volvió a tirar a la cabeza pero Alexei la esquivó. El chico esperaba que Alexei lo atacara pero al ver que no hacía nada se le arrojó y le mordió un dedo. Le sacó sangre. Alexei gritó y sacó un pañuelo para cubrirse. Volvió a confrontar al chico. "Ya ves el mordisco que me han dado. ¿Estás satisfecho? Y ahora dime, ¿qué te he hecho yo?". El niño se puso a llorar y huyó. Alexei lo vio alejarse y pensó en más adelante buscarlo y aclarar la situación. Pero lo dejó pasar por el momento.

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Día 28: Con las Jojlakovas
Alexei llegó a casa de la señora Jojlakova, que lo recibió con agrado. Le contó además que en ese momento estaba en su casa Katerina Ivánovna junto con su hermano Iván teniendo una conversación solemne. Ella se había enterado de lo ocurrido el día anterior. Pero antes le preguntó por el ataque de histeria de su hija Lise al saber que él había llegado a la casa. Pero Lise le contestó desde el interior que ella estaba bien. Alexei pidió que le prestasen un trapo limpio para vendarse el dedo mordido. Las mujeres al verlo corrieron desesperadas para curar la herida.
Lise se quedó a solas con Alexei y luego de preguntar por los colegiales que lo hirieron, le pidió la carta que le había mandado. Estaba arrepentida y avergonzada. Pensó que se había reído de ella. Alexei por el contrario, le dijo que le había creído todo. Y dijo que tras morir el ermitaño Zósima, él saldría del monasterio, seguiría sus estudios y se casaría con ella. La amaría. Siguiendo los consejos de Zósima, de vivir. Lise no le creyó y se echó a reír. Cómo podría querer a una inválida. Dijo que la carta era una burla. Pero la madre regresó a interrumpir la charla. Le comunicó que Katerina lo esperaba apenas terminara la curación. Lise le dijo que se fuera y que se devolviera al monasterio. Que ese era su camino y no otro. La señora Jojlakova no prestó atención a su hija y llevó a Alexei a la otra sala. Le advirtió que lo que vería sería una comedia fantástica Katerina con Iván hablando de su amor y ella aludiendo que a quien amaba era a Dmitri.

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Día 29: Arrebato en la sala
Cuando entraron a la sala, ya Katerina e Iván habían terminado de conversación. El rostro de su hermano Iván estaba pálido. Pero para él era importante saber lo que ocurría allí. La relación entre Iván y Katerina, porque definía parte del problema. Pero entonces una palabra mencionada por la señora Jojlakova le empezó a dar vueltas: Arrebato. La señora dijo que Katerina tenía un arrebato de un amor fingido por Dmitri, quizás movida por la gratitud, y además cómo podría querer al salvaje de Dmitri. Por otro lado, Iván era alguien que no se conformaba con nada, seguramente tampoco con ella. Y si quizás ella no amaba a nadie. También pensó. Pero qué sabía Alexei de las mujeres. Nada. ¿A quién debía compadece? Tampoco sabía.
Todos se sentaron. Llamaron a Iván antes de que se fuera. Katerina tomó la palabra y recordó el incidente del día anterior, donde Alexei estuvo presente y vio sus impulsos contra Grúshenka. Y reflexionó, que había un sentimiento mayor que el amor hacia Dmitri: la lástima. Y era un mal indicio del amor. Pero al parecer había elegido a Dmitri y decía que su amigo Iván la apoyaba. Alexei analizaba las expresiones de los interlocutores. En Katerina afloró el arrebato, y una necesidad de mostrarse orgullosa, tras una mirada sombría que parecía contradecirse. Iván habló luego con sarcasmo. Y todos pedían la opinión de Alexei. Iván manifestó que el día siguiente debía partir a Moscú, y para sorpresa de todos Katerina se puso alegre de felicidad. Luego intentó barajar la emoción aludiendo que podría llevar un mensaje a su familia e informarlos de su situación. Alexei estaba aterrado. Todo eso era una representación. Una comedia. Como en el teatro. Y entonces Alexei empezó a hablar y pidió que no lo interrumpieran.
Dijo que se le ocurría que ella y Dmitri nunca se hubiesen amado. Alguien debía decir la verdad. Quería a Iván y por eso lo atormenta, a Dmitri lo quiere por arrebato. Katerina se puso furibunda e insultó a Alexei. Iván se rió y se levantó para irse pero dijo que ella en realidad nunca le había querido. Ni eran realmente amigos. Ella lo utilizó de venganza contra Dmitri, y contra todas las ofensas de éste, empezando por su primer encuentro. "Ahora me voy, pero sepa usted, Katerina Ivánovna, que en realidad únicamente le quiere a él. Y su amor aumentará cuando más le ofenda. Ese es su arrebato". E inicia una descripción despiadada de aquella mujer enamorada de su ofensor, pero con un culpable visible: el orgullo de ella. Iván se fue aparentemente adolorido.
Luego Katerina se fue llorando y volvió con 200 rublos para que le entregase a la familia de un oficial retirado que Dmitri había ofendido en un bar. Era una ayuda de la prometida de Dmitri. No le dio oportunidad de negarse. Alexei estaba conmovido por las lágrimas pero la señora Jojlakova le dijo que no creyese en las lágrimas de las mujeres. Alexei se sentía culpable por sus impulsos. Pero le dijeron que se había portado como un ángel.

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Día 30: Arrebato en la isba
Alexei caminaba por las calles camino hacia la casa de Dmitri. Tenía muchas cosas que hacer. Los últimos recados de Katerina. La situación que se iba complicando entre sus hermanos y su padre. Y no dejaba de pensar en el ermitaño Zósima moribundo. Fue a casa del subcapitán con los 200 rublos. En la casa no encontró inicialmente a nadie. Luego insistió y aparecieron dos mujeres extrañas con algunos problemas físicos. Y finalmente el subcapitán Sneguiriov. Alexei se presentó como un Karamazov, y sacó a relucir el evento desafortunado con su hermano Dmitri. De repente se escuchó una voz diciendo: "¡Ha venido a quejarse de mí, papá! ¡Le he dado un mordisco en el dedo!". Y Alexei se sorprendió de ver al niño problemático de esa mañana en esa casa. Alexei confirmó lo que decía el bribón. El hombre dijo que azotaría a su hijo pero Alexei dijo que no era su intención ni el motivo de su visita. Enseguida el padre dijo que no pensaba azotarlo en su presencia para darle satisfacción. Y empezó a ponerse frenético. Alexei entendió que quizás el niño lo atacó por el problema de su hermano con su padre. Que era su real motivo de visita. Explicó. Dmitri estaba arrepentido y le pediría excusas.
El subcapitán empezó a presentarle la familia, ya más calmado. Y lo presentaba como el hermano de su agresor, claramente de mansas virtudes. Le siguió hablando y contando historias de su familia. Y finalmente le propuso que le dijera lo que fue a decirle fuera de las paredes de su casa. Lo tomó del brazo y lo llevó a la calle.

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Día 31: Y también al aire libre
Salieron fuera de la casa Sneguiriov con Alexei. Al aire puro y para hablar en privado. Sneguiriov le empezó a recordar toda la situación. Dmitri lo había sacado a rastras del bar por su barba, por la jugarreta que le estaba haciendo junto con otra mujer (Agrafena) a las órdenes de Fiódor. Esa escena vergonzosa la vio su pequeño hijo, Iliusha, quien no había podido olvidarlo. Alexei volvió a pedir disculpas y dijo que su hermano se disculparía. Alexei además le contó preocupado de la riña con los otros niños. Entonces Sneguiriov le contó que desde ese evento los compañeros le empezaron a decir "estropajo" y burlarse de él y su padre. "Los colegiales son una gente despiadada: por separado son ángeles de Dios, pero juntos, sobre todo en las escuelas, son muy a menudo despiadados". Pero Iliusha no se dejaba y les hacía frente. Recordó un día, luego del evento, que salió junto con su hijo y éste le pedía que lo desafiara porque todos decían que era un cobarde. Su padre le explicó que no podía. Entonces Iliusha le prometió que cuando creciera lo desafiaría y lo mataría. Siguió contando detalles del hijo y lo golpeado que llegaba a diario y sus conversaciones con él, que mostraban el profundo dolor que había causado en el pequeño. Alexei le aconsejó no enviarlo por un tiempo a la escuela. Pero retomó la conversación para el real motivo de su visita.
Contó que Dmitri había ofendido a su prometida también y ella le había mandado a él una ayuda económica. Y le alargó los dos billetes nuevos de 100 rublos. Esto desconcertó a al subcapitán que no lo esperaba. Pero se alegró de ver tanto dinero aunque con la culpa de parecer un miserable ante los ojos de Alexei. Pero este le restó importancia a estos pensamientos. Entonces empezó a pensar lo que haría con el dinero para ayudar a su familia y sus hijas deformadas y enfermas. Alexei se alegraba al escuchar sus planes y ver la felicidad que había generado. Incluso la idea de mudarse a otra provincia, sobre todo en ese momento, por su hijo. Pero de repente Sneguiriov se quedó inmóvil y se puso serio como aguantando la rabia. Tomó los dos billetes, los arrugó y los pisoteó. Y mandó a decir que él no vendía su honor. Y se fue corriendo de ese lugar. Se volvió para despedirse y estaba llorando. "¿Qué habría dicho mi hijo si hubiese aceptado su dinero en pago de nuestra vergüenza?", gritó. Y siguió corriendo. Alexei lo veía alejarse con una enorme tristeza y aún estupefacto. Recogió los billetes, los guardó y pensó ir a informar a Katerina.
Fin Libro 4

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Libro 5


Día 32: Inicio del Libro 5 - Pro y contra
El convenio
Alexei llegó a casa de Katerina para dar la noticia de la fallida ayuda con el subcapitán. Lo recibió la señora Jojlakova, que se encontraba nerviosa porque a Katerina le había dado un ataque de histeria. Entonces dejó a Alexei en compañía de Lise. Alexei empezó a contarle a Lise todo lo ocurrido con el subcapitán y los 200 rublos. Lise recordó en su mente los tiempos de su infancia en Moscú, cuando Alexei le contaba historias. Se sintió feliz. Le dijo al final que quizás debió seguir al señor y darle el dinero. Entonces Alexei dijo que no podía y que quizás fue lo mejor. Le impresionó la reacción del hombre, que en un momento se avergonzó de sí mismo, y sólo hasta el final supo que iba a pisar los billetes. Pero Alexei pensaba que los iba a aceptar eventualmente. Luego de superar la indignación. Si los hubiese aceptado, al rato se habría puesto a llorar de la humillación. En esos momentos debía estar orgulloso y triunfante. Mañana se los llevaría de nuevo y vería la reacción.
Siguieron analizando la situación y augurando la reacción del subcapitán. De repente Lise le dijo que se acercara y le confesó que lo que había escrito su carta no era broma sino muy en serio. Su confesión de amor. Alexei se alegró mucho. Dijo que lo sabía. Se tomaron de las manos y Alexei se acercó a besarla. Lise se turbó pues Alexei llevaba las ropas del monasterio. Se alegró pero dijo que esperaran y que aún no sabían besar. Y aceptó ser su esposa. Confesó además haber mentido antes cuando dijo que no llevaba la carta. Siempre la cargaba con él. Era valiosa. Entonces ella empezó a preguntar y decir sobre la forma en que vestiría al salir del convento. O que leería todas sus cartas. "¿Se someterá a mi voluntad, Alexei?", preguntó Lise, que seguía haciendo exigencias. Alexei aceptó pero dijo que menos en lo principal. "En lo principal, aunque discrepemos, procederé como el deber mande". Entonces le preguntó sobre la tristeza que cargaba, y él le dijo que luego le explicaría, pero era por sus hermanos y su padre, y esa "fuerza terrenal karamazoviana", y él también era un Karamazov. Y en sus profundos pensamientos hasta dejó entrever que no creía en Dios. Pero también manifestó la tristeza de perder a su amigo y maestro, Zósima. Lise le autorizó a besarla. Se despidieron y se prometieron felicidad. Alexei pensó salir son despedirse de la señora Jojlakova, pero esta lo esperaba en la puerta. Había escuchado todo y estaba aterrada. Cuando vio que Alexei iba en serio y no lo hacía por pesar dijo que no lo volvería a recibir y se llevaría a su hija. Y exigió que le mostrara la carta. Alex preguntó por Katerina para cambiar conversación y dijo que no se la mostraría. Dijo que mañana volvería y hablarían de muchas cosas. "Por ahora, adiós".

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Día 33: Smerdiakov y la guitarra
Alexei nuevamente estaba vagando por las calles. Pero sólo tenía a su hermano Dmitri en mente. Quería salvarlo. Fue a buscarlo a la misma casa. Se sentó a esperarlo y de repente escuchó los acordes de una guitarra. Escuchó la voz de su otro hermano, Smerdiakov, quien tocaba la guitarra y lo acompañaba una dama, que debía ser una de las hijas de la dueña de casa. María Kondrátievna. Quien estaba fascinada con lo que tocaba y hablaba Smerdiakov. Éste le dijo que sabría mucho más si hubiese tenido otra suerte en la infancia. Y recuerda a su madre y su ausente padre. Renegó del servicio militar y de su patria. También recordó lecciones de historia, y se atrevió a imaginar que Rusia sería distinta si hubiese sido invadida por Napoleón I. Recordando la frase de su patrón Fiódor, que decía que al pueblo ruso había que azotarlo, aunque él y sus hijos estuviesen locos.
Añoró tener recursos para ir a Moscú y abrir un café restaurante. Y despreció a Dmitri por todo lo que había derrochado. Imaginó que se enfrentaban a duelo. Entonces siguió cantando y tocando la guitarra. Entonces Alexei estornudó e interrumpió la intimidad de los amantes. Alexei preguntó por su hermano Dmitri, si demoraría en regresar, y Smerdiakov respondió con desprecio. Alexei le preguntó si no tenía acordado con Dmitri avisarle de lo que sucediese en la casa. Entonces Smerdiakov le contó que Dmitri lo acosaba preguntando de todo lo que ocurría en la casa y hasta lo llegó amenazar de muerte, si Grúshenka iba a la y él no le contaba. Le dijo que es probable que estuviese en la taberna con Iván, que lo había citado para encontrarse allá. Smerdiakov le dijo que no hablara de él porque podría correr peligro. Alexei agradeció y se dirigió a la taberna en busca de sus hermanos. Cuando llegó a la taberna sólo se encontraba Iván, quien lo invitó a sentarse con él.

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Día 34: Los hermanos se conocen
Iván hizo pasar a Alexei a su mesa y le mencionó sus platos favoritos, diciendo que si quería pedirlos: sopa de pescado, té y dulce de guindas (su favorito de niño). Alexei se sorprendió que se acordara: "Me acuerdo de todo, Alexei, me acuerdo de ti hasta los 11 años, entonces yo tenía 15. 15 y 11 son una diferencia tan grande que los hermanos a esa edad no suelen ser nunca amigos. Ni siquiera sé si te quería". Y le contó cómo luego lo reconoció al verlo en Moscú. Y ahora que tenía que partir el día siguiente, pensaba despedirse de él y justo aparecía en la puerta.
"¿Tenías grandes deseos de verme?"
"Sí, muchos, quiero conocerte de una vez para siempre y hacer que tú me conozcas".
Y despedirse. Le mencionó que le inquietaba la mirada con que siempre lo veía. Expectante. Iván le empezó a hablar de sus deseos en forma de galimatías, concluyendo que "uno quiere amar con sus entrañas, con lo más íntimo", y Alexei lo comprendió perfectamente. Amar la vida más que a su sentido. Hablan también sobre le salida de Alexei del monasterio. Éste dice que son deseos de su maestro, quien lo envía al mundo a vivir. Entonces Alexei le pregunta sobre la situación de Dmitri y su padre. Iván dijo que no podía quedarse de vigilante. Y ahora que no le quedaba ni Katerina, ya no tenía ataduras. Estaba libre. De su amor.
Pero Iván le dijo que no habían ido para hablar de sus otros dramas, Fiódor, Dmitri o Katerina. Habían ido para conocerse ellos. E Iván sabía que esas miradas expectantes se reducían a la pregunta de si creía o no creía en Dios. Iván dio primero un discurso sobre los jóvenes en Rusia. Ellos eran la juventud Rusa. "Así, pues, acepto a Dios de buen grado; más todavía, acepto su sabiduría y su finalidad como algo que nosotros no conocemos en absoluto; creo en el orden, en el sentido de la vida, creo en la eterna armonía, en la que todos hemos de fundirnos, creo en el verbo hacia el que el universo tiende, que reside <en Dios> y que es el mismo Dios, y así sucesivamente, en la eternidad".
Alexei estaba sorprendido y cuando terminó dijo que lo había manifestado de la forma más estúpida. E Iván afirmó que era la única forma de hacerlo lo más claro posible. "La estupidez es tímida y sencilla, mientras que la inteligencia se escurre y esconde. La inteligencia es vil, mientras la estupidez abierta y honrada". Pero, "¿Por qué no aceptaba el mundo?". Iván dijo que se lo explicaría sin tratan de corromperlo. Y vio la risa de Iván por primera vez.

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Día 35: La rebeldía
"Debo hacerte una confesión: nunca he podido comprender cómo se puede amar al prójimo. Precisamente a los seres cercanos, a mi modo de ver, es imposible amarlos, en todo caso a los lejanos", confesó Iván. Y siguieron hablando del amor a los prójimos y a Cristo. De la falsedad. Del sufrimiento. Muy nietzscheano. Hablaron de los niños. "Los hombres crueles, apasionados, lascivos, karamazovianos, a veces quieren mucho a los niños". Y hablan en general de los niños que sufren, las masacres de los turcos a los eslavos.
- ¿A que viene todo eso, hermano?
- Pienso que si el diablo no existe y que, por consiguiente, lo creó el hombre, lo hizo a su imagen y semejanza.
- En tal caso, lo mismo que a Dios.
Iván le sigue contando casos reales terribles y crueles en el extranjero, de su interés desde el derecho. De argumentos para sustentar su posición religiosa y exponer la deshumanización del ser humano. En un momento Alexei parecía atormentado ante las historias, pero dijo que no importaba, "también yo quiero atormentarme". E Iván continuó. Dentro de la historia que mostraba un caso injusto y cruel de un hombre, al final Iván le pregunta a su hermano lo se de debió hacer. Y Alexei contestó sin dudar: fusilarlo. Iván rió. "Para que veas el diablillo que llevas en el corazón". Alexei trató de retractarse diciendo que había sido una estupidez. "Has de saber, novicio, que los absurdos son demasiado necesarios en la tierra. El mundo descansa sobre absurdos, y sin ellos acaso no habría ocurrido nada". Al final le contó que lo estaba probando porque lo quería y no deseaba perderlo en las redes del ermitaño Zósima. Y terminó exponiendo su posición frente a la justicia de Dios y la ley. El sufrimiento no vengado, como el de los niños. "No es que no acepte a Dios, Alexei, me limito a devolverle el billete con mis mayores respetos".
- Eso es rebeldía, dijo Alexei.
- ¿Una rebeldía? No habría querido oírte esa palabra. ¿Se puede vivir en rebeldía? Yo quiero vivir.
Y puso otro ejemplo donde ponía a Alexei a tomar una decisión en ser justo, en ser el responsable de erigir un edificio de destinos humanos. Pero algunos pocos deberían sufrir para la paz de otros. Sufrir como el caso de los niños que había contado. Alexei dijo que no aceptaría esa responsabilidad y tampoco aceptaba a los que tomaban esas decisiones. Le estaba preguntando por el derecho a perdonar de todos. Pero dijo que ya había uno con esa responsabilidad (Dios) y podía perdonarlo todo. Iván se rió diciendo que ha estaba demorando en sacar ese nombre a relucir. Le contó que había escrito un poema hace un tiempo y le gustaría compartirlo con él. Alexei aceptó escucharlo. "Mi poema se titula El Gran Inquisidor, es algo absurdo, pero querría contártelo".

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Día 36: El Gran Inquisidor (1)
Iván empieza a narrar a Alexei ese relato que escribió: El Gran Inquisidor. Primero lo sitúa en el tiempo y el espacio. Un prefacio. Transcurre en el siglo XVI, en donde las fuerzas celestiales censuraban las obras poéticas/literarias. Y da ejemplos, como el del Notre Dame de París de Víctor Hugo, y las representaciones teatrales donde se incluían siempre los personajes de la Virgen, los santos, los ángeles, Cristo y Dios. También en Rusia sucedió lo mismo. Y le cuenta el argumento de unas de esas representaciones santas. Siempre en estas historias debía estar la presencia del mal. "El diablo no duerme". Y a veces el mal surgía de un país hereje (Alemania). En alusión a la división moral del mundo y del hombre, así como focalizando el mal. Eso era la ambientación del relato de Iván. Pero la acción transcurría en España específicamente, en los tiempos de la terrible Inquisición. A veces decía fragmentos de su relato:
"en espléndidos autos de fe
quemaban a los malos herejes".
En ese entorno el rey de los cielos baja a visitar a sus hijos, en ese lugar donde eran quemados por herejes. Como un humano cualquiera. Hace poco el Gran Inquisidor había quemado un centenar de almas. "Los rayos de la luz, la Ilustración y la Fuerza fluyen de sus ojos y, al desparramarse entre la gente, conmueven sus corazones en amorosa réplica". Él impone sus manos sobre un grupo de enfermos y agonizantes que sanan al instante. Y todos agradecían y pedían algo más. Hasta resucitó a una pequeña, ya postrada en un ataúd. El Gran Inquisidor pasaba justo en ese momento. Se describe el aspecto del viejo. Al haber visto todo manda a que capturen al hereje. Luego en la prisión, el Inquisidor va a visitar al condenado. Le reconoce y le cuestiona su presencia. Dice que lo quemará al día siguiente. En ese momento Alexei interrumpe, confundido, preguntando si eso era fantasía sin límites, un error del viejo o un imposible qui pro quo. Iván le dijo que se quedara con la última opción. Iván alude al catolicismo romano, trasmitido por el papa. Ahora todo poder reside en la tierra, ni las deidades del cielo deben venir a interferir.
"Tú prometiste, afirmaste con tu palabra, nos otorgaste la facultad de atar y desatar, y, claro es, no puedes ahora pensar en despojarnos de ese derecho. ¿Para qué has venido a molestarnos?". Alexei vuelve a interrumpir e Iván a explicar.
"Para el hombre no hay nada más seductor que la libertad de su consciencia, pero tampoco hay nada más doloroso. Y en vez de adoptar unas bases firmes para tranquilizar la conciencia humana de una vez para siempre, tomaste todo cuanto hay de extraordinario, enigmático e indefinido, tomaste todo lo que los hombres no podían afrontar, y por eso procediste como si no los amases en absoluto". ¿Y quién hizo esto? ¡Aquél que vino a dar por ellos su vida! En vez de dominar la libertad humana, tú multiplicaste y abrumaste por los siglos de los siglos con sus sufrimientos el reino espiritual del hombre. Partes del discurso del Inquisidor ante el mesías, a quien culpó de su propia destrucción. Y menciona 3 fuerzas para vencer y cautivar la conciencia de los débiles rebeldes: el milagro, el misterio y la autoridad.
Y siguen las reclamaciones del Inquisidor al mesías. Continúan mañana...

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Día 37: El Gran Inquisidor (2)
"¿O es que únicamente viniste a los elegidos y para los elegidos? Si es así, esto es un misterio que nosotros no podemos comprender. Y si hay misterio, también nosotros teníamos derecho a predicarlo y a enseñarles que lo importante no es la libre decisión de sus corazones ni su amor, sino el misterio, al que deben someterse ciegamente, aún al margen de su conciencia". Siguió Iván narrando su relato a Alexei con ese discurso del Gran Inquisidor a Jesús. "¿A qué vienes a molestarnos? (...) Acaso quieres oírlo precisamente de mis labios; pues bien, escucha: no estamos contigo, sino con él, ¡ese es nuestro secreto! Hace mucho que no estamos contigo, sino con él, hace ya ocho siglos". La toma de Roma y la espada del César. Los reyes del mundo. Y sigue explicando como en su ausencia y tras su imagen y palabra ayudaron y se apoderaron del mundo y sus seguidores. "¡Oh! Nosotros les persuadiremos de que sólo serán libres cuando renuncien a su libertad en beneficio nuestro y se sometan a nosotros. ¿Qué importa qué tengamos razón o que mintamos?". Dice que ellos mismos se darán cuenta de los horrores a los que los llevó en el pasado la libertad que proclamaba Jesús en su época. Y sigue explicando con frialdad como trastocaron todas sus enseñanzas. "les haremos ver que son débiles, que sólo son pobres niños, pero que la felicidad infantil es la más dulce de todas". "Les obligaremos a trabajar, pero en las horas de asueto organizaremos su vida como un juego de niños, con canciones infantiles, coros y danzas inocentes. Les autorizaremos el pecado, pues son débiles e impotentes, y ellos nos amarán como niños porque les consentimos pecar". "Morirán dulcemente, se extinguirán dulcemente en tu nombre y más allá de la tumba lo único que encontrarán será la muerte. Pero nosotros guardaremos el secreto y para su propia felicidad los atraeremos con la recompensa celestial y eterna". Y prometió mañana él mismo lanzar el fuego a la hoguera. Dixi. Iván estaba emocionado por la narración pero al final sonrió. Alexei que hace rato quería interrumpir también estaba acalorado. Dijo que todo era absurdo. Lo vio como una alabanza a Jesús y al Inquisidor como una fantasía.
Iván dijo que en efecto era una fantasía, todo lo era. Ese hombre sufrió por un ideal y se vio engañado. Venció su carne para hacerse libre. Vio las posibilidades y sirvió mejor a la humanidad, que amaba. Porque en su descubrimiento encontró que las criaturas de Dios habían sido creadas únicamente para la burla. Por eso unificaron un nuevo proyecto. Jesuitas e inquisidores. Un secreto. La felicidad. Otros grupos como los masones estaban enterados y manejaban un secreto similar. Por eso los cristianos los odiaban. Por el rompimiento de la unidad de una idea. Alexei lo acusó de masón. Pero también se mostró interesado en saber el final del relato. Iván le cuenta cómo lo imaginaba. Con el Inquisidor esperando la respuesta. Y no llega. El silencio. Finalmente besa al mesías en sus labios y lo deja libre. Le dice que no vuelva nunca más. Estremecido. Y el preso se va. El beso arde en el corazón del viejo. Alexei estaba alterado pero Iván dijo que al fin y al cabo era la historia de un estudiante que nunca había escrito nada. Y que su único interés era entregarse al placer, cobijado bajo la fuerza que todo lo resiste: la karamazoviana. "Todo es lícito". Iván dijo que quizás podía ponerlo de su parte pero veía que en el corazón de Alexei no había espacio para él. Pero le preguntó: ¿es que por eso tú vas a renunciar a mí? Alexei se levantó y le dio un beso en los labios. Iván lo llamó "plagio" de su obra. Entonces sonrió dispuesto a irse junto a su hermano. En la puerta Iván dijo que aún así lo quería mucho. Y tal como lo hacía Fiodor, Alexei era su refugio entre la maldad y el vicio. Le prometió volver a verlo. Se despidió. Le dijo que fuera a ver a su ermitaño moribundo y que lo besase igual por última vez. Se separaron. Iván iba mareado. Alexei se quedó preocupado. Pensó en Dmitri. En Iván. Y de nuevo en Dmitri.

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Día 38: Todavía no está nada claro
Al separarse de su hermano Alexei, Iván se dirigió a casa de su padre. Pero en el camino se sintió extraño. Una angustia insufrible y creciente que no sabía exactamente por qué tenía. Preciso el día antes de abandonar todo e irse. ¿O quizás era por la conversación con Alexei? Había sido tan reservado que se le soltó la lengua frente a su amado hermano. ¿Repulsión a la casa paterna? Era mejor no pensar. Pero al llegar a la casa confirmó sus pensamientos. Y al ver a Smerdiakov, entendió que era repulsión por él también. Su hermano bastardo. La relación se había enfriado pero recordó que cuando llegó a la casa se hicieron amigos e Iván le enseñó muchas cosas. Pero desde que llegó el drama entre Dmitri y Fiódor todo empezó a cambiar. Las ideas de Smerdiakov eran confusas, y empezó a mostrar una familiaridad con Iván, como si fuese cómplices y esto lo disgustó. Pensó pasar de largo pero Smerdiakov se interpuso e Iván se vio amenazado de forma inesperada. Se sentó a hablar con él. Inició un juego de miradas hasta que Smerdiakov se mostró desesperado por la situación. Hablaba con su padre pero también con Dmitri. Servía a ambos. Y sus ataques de histeria prometían ser más largos. Hasta quizás podía fingirlos llegado el caso de ser necesario para protegerse de fallarle a los dos. Entonces le contó la relación que tenía con Dmitri, donde le pasaba información de lo que ocurría en la casa. Y las señas que tenían para informar lo que ocurriese con golpes a la puerta. Iván le dijo que no lo dejase entrar si iba. Pero Smerdiakov sacó a relucir sus ataques, y tampoco podía decir nada a Grigori o Marfa, porque además de lo evidente beben una infusión que los deja dormidos. Todo parecía juntarse misteriosamente. Iván lo acusó de planear todo.
Le habla también del dinero que Fiódor tenía reservado para Grúshenka, y que Dmitri conocía esa información (que él mismo le dio), por lo que además de la ira al padre y los celos pasionales estaba dinero de por medio. Y además le revela que si Fiódor llegase a morir y se casa con Grúshenka, no les quedaría nada de dinero ni a sus hermanos ni a él. Eso buscaba Fiódor en casarse con ella. No había testamento. Iván estaba aterrado de todo lo que le contaba. Se levantó enojado porque al contarle todo eso Smerdiakov quería implicarlo en algo y dañar sus planes. Pensó en golpearlo pero le confirmó que se iría el día siguiente. Smerdiakov dijo que estaba bien pero si todo lo que pensaban sucedía le harían regresar de Moscú. O a donde fuese. Iván soltó una risa inesperada llena de desesperación también y salió de la casa.

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Día 39: Da gusto hablar con un hombre inteligente
Iván entró a la casa y vio a su padre que parecía esperarle, pero Iván siguió de largo y le respondió con hostilidad. Smerdiakov que entró justo detrás de él, le dijo a Fiódor que éste había molestado. Ya en el cuarto, Iván intentó dormir, pero no pudo. "Aquella noche se acostó muy tarde, a las dos, pero no recogeremos aquí todo el curso de sus pensamientos, ni tampoco es hora de entrar en esa alma: le llegará la ocasión", dice el narrador. Pero pensaba en todo, en bajar a darle una paliza a Smerdiakov, aunque no sabía por qué. En qué odiaba a Alexei, a Fiódor. Todo era absurdo. Pensó en no irse. Pero al día siguiente se levantó renovado y hasta contento. Saludó a su padre y le pidió el coche decidido a irse ese día. Pero su padre le pidió el favor de ir a Chermashnia para hacerle un encargo antes de partir. Iván intentó safarse pero su padre le dijo que lo necesitaba a él. Le daría unos tips de cómo tratar con él negociantes. El secreto estaba en su barba para saber si mentía o no en la negociación. Lo mandaba a él porque era una persona inteligente. Iván aceptó finalmente. "¡Adiós, Iván, no me guardes mucho rencor!", le dijo su padre. Cuando se iba salieron todos los empleados. Smerdiakov se acercó e Iván le dijo que se iba a Chermashnia. Éste le dijo: "Quiere decirse que tiene razón la gente cuando dice que con un hombre inteligente da gusto hablar".
En el camino iba pensando en lo que le dijo Smerdiakov del "hombre inteligente". Pero en el camino también se arrepintió de hacerle el favor a su padre y decidió desviar para su plan de partir ese mismo día. Mandó a alguien de confianza a dar la noticia a su padre. Se sintió fatal en el tren.
En su casa, Fiódor se sentía feliz de que Iván hubiese aceptado ayudarlo. Pero de repente se oyeron gritos. Era Marfa, asustada, porque a Smerdiakov le había dado un ataque epiléptico. Llegó el médico y vio la gravedad del ataque. Lo confinó a un pabellón para observación dentro de la casa. Pero además de eso, empezaron a suceder desastres en todo el día para Fiódor. La sopa de Marfa fue terrible. Grigori cayó en cama por dolor de los riñones. Fiódor estaba inquieto. Porque ese día Smerdiakov le había anunciado que Grúshenka asistiría finalmente a la casa. Estaba atento también porque Dmitri estaría esperando que ella fuese. Pero guardaba la esperanza de ver a su amada llegar. Su corazón estaba lleno de esperanza.
Fin Libro 5

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Libro 6


Día 40: Un monje ruso
El ermitaño Zósima y sus huéspedes
Inició del Libro 6. Alexei llegó al monasterio y encontró a Zósima débil pero no tan agonizante como esperaba. Estaba sentado alegre y rodeado de visitantes. El padre Paísi creía en lo que había dicho Zósima que se levantaría para hablar con los suyos. Estaban los monjes del monasterio y un frailecillo al que le tenía afecto. Zósima se alegró de ver a Alexei, y dijo que sabía que finalmente iría. Alexei se echó a llorar al acercarse. Zósima lo calmó diciendo que podría vivir muchos más años seguramente. Y le preguntó por su hermano Dmitri, ante quien se había arrodillado y reverenciado ante los grandes sufrimientos que tenía. Alexei le dijo que lo había visto ayer pero ese día no lo había podido ver. "Pues procura encontrarlo, vuelve mañana y procura hacerlo, deja todo lo demás; puede que tengas tiempo para impedir algo horrible", le dijo el ermitaño.
Zósima le dijo que le había enviado porque su presencia podía ayudar a su hermano. Pensó en el como un monje que viaja por el mundo y no dentro de un monasterio. Entonces confesó frente a sus otros huéspedes la razón de su cariño y afecto hacia el joven Alexei. Porque le recordaba a su propio hermano menor. La razón por la que se hizo monje. Y por eso veía en el futuro de Alexei algo de relación con su propia vida. Su hermano fue su destino. Y se dirigió a Porfiri, quien muchas veces por su mirada manifestó la envidia hacia el tratamiento recibido por Alexei. Esa era la razón. Siguieron hablando y contando historias de sus vidas el resto de la jornada. El último esfuerzo de Zósima era entregado a hablar con los suyos. Al parecer todo lo que ocurrió y contó Zósima de su vida fue rescatado por Alexei posteriormente en un escrito. Esa misma noche el ermitaño abandonaría su cuerpo, pero primero recordaremos los escritos de Alexei sobre su vida.

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Día 41: De la vida del monje ordenado y ermitaño Zósima, según sus propias palabras recogidas por Alexei Fiódorovich Karamazov (1)
Del joven hermano del ermitaño Zósima

Contó que su padre murió y les dejó a su madre y a él con su hermano, en una casa modesta y con algo de dinero para sobrevivir. Eran dos hermanos: el mayor, Márkel y él, Zinovi (se llevaban 8 años). Su hermano era de carácter irascible y taciturno. Medio año antes de su muerte, cuando tenía 17 años, se aficionó a visitar a un hombre solitario de la ciudad. Un deportado político expulsado de Moscú por librepensador. Se hicieron amigos y pasaban juntos tardes enteras hasta que el deportado regresó a sus funciones. Márkel estaba cambiado y en la cuaresma no quiso ayunar, burlándose de la tradición religiosa. Pero a las pocas semanas, Márkel se empezó a sentir mal. Lo atacó la tisis, a la que siempre estuvo propenso. Y le anunciaron que no sobreviviría mucho tiempo. En esos momentos pensó complacer a la madre asistiendo a la iglesia y observando el ayuno. La madre pensó que era augurio de su fin. Hasta que no pudo salir de casa.
En ese proceso, con espacio de tos fuerte y sufrimiento, se disculpó con todos a su alrededor que se mostraban tan amables y afectuosos, a pesar de su mala actitud. Y en secreto pidió perdón a Dios. Lloraba y pedía perdón a todos. Zósima recordó que en una ocasión, estando postrado, lo llamó y se quedó mirándolo un buen rato, luego le dijo: "Bueno, ahora vete, juega y vive por mí". Nunca olvidó esas palabras. Al poco tiempo murió. Zósima era un niño pero nunca lo olvidó y dejó una huella imborrable en su corazón.
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Día 42: De la vida del monje ordenado y ermitaño Zósima, según sus propias palabras recogidas por Alexei Fiódorovich Karamazov (2)
De las sagradas escrituras en la vida del padre Zósima

Cuando quedó el joven Zósima solamente con su madre, le recomendaron que lo enviara a Petersburgo para no perder un brillante futuro. La madre con mucho dolor lo dejó ir. No la vio nunca más. Murió a los 3 años. Recordó entonces que entre las cosas que sacó de la casa paterna, como un bello recuerdo, fue su libro de Historia Sagrada. Desde joven sintió atracción por las sagradas escrituras con el que aprendió a leer. Y recordaba cuando su madre lo llevaba a misa. Entonces recuerda pasajes de sus libros favoritos, especialmente del Libro de Job. También recordó sus reacciones a leer los pasajes de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob, José y sus hermanos, que le conmovía especialmente. Y siguió con la de Ester o la del profeta Jonás y la ballena. Sin olvidar las parábolas, los evangelios. "¿De qué sirve la palabra de Cristo sin el ejemplo?". Entonces recordó cuando recordó Rusia recaudando donativos para el monasterio. Y vio la belleza del mundo y su gran misterio. Todo lo que es perfecto y libre de pecado, a excepción del hombre. Y recordó en ese momento también la historia del oso salvaje que llegó ante un gran santo, pero el Santo con su palabra en Cristo logró alejarlo.
Recuerdos de juventud. Años mozos
En su juventud Zósima estuvo en el cuerpo de cadetes, donde olvidó algunos de sus males de forma momentánea. Cuando salió como oficial estaba dispuesto a verter su sangre junto con sus compañeros. Además se entregó al desenfreno, tenía dinero y se lanzó a vivir, satisfaciendo sus impulsos juveniles. Aunque también tenía su Biblia, pero en esa época no la abrió mucho. Y hasta contó de su amor juvenil. Pero no estaba dispuesto a comprometerse para perder su libertad. Se fue de permiso a otro lugar y cuando regresó le dio duro saber que su enamorada ya se había casado con otro hombre mejor. Un hombre que él había visto en su entorno anteriormente. Sintió deseos de ira y venganza por primera vez. Incluso retó a duelo al impostor. Era un joven pasional, que de vez en cuando golpeaba a sus asistente para calmar los impulsos. Y entonces recordaba a su hermano Márkel y se echaba a llorar, por cómo al final de su vida agradeció a las personas que le servían.

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Día 43: De la vida del monje ordenado y ermitaño Zósima, según sus propias palabras recogidas por Alexei Fiódorovich Karamazov (3)

Los deseos de venganza y muerte del joven Zósima se vieron empañados por sus recuerdos de bondad de la madre y el hermano. Pero asistió al duelo. Dejó que el adversario disparase primero y afortunadamente sólo le rozó la mejilla. Zósima lanzó su arma y se disculpó por haberlo retado. Los espectadores y el padrino de Zósima, de su regimiento, criticaron esa actitud. Cobarde. Entonces Zósima les dio un discurso de lo bello de la vida y la naturaleza. El adversario aceptó y vio honestidad en sus palabras pero los compañeros se dividieron entre los que lo apoyaban y los que creían que había sido una vergüenza no disparar. Zósima terminó pidiendo la baja y todos seguían hablando del fallido duelo.
El visitante misterioso
Una día se le acercaron a Zósima una pareja que se mostró conmovida por su actuar en el duelo. Una joven y su misterioso esposo. Era un hombre respetado y rico. Se reunieron después y el hombre se mostró interesado en saber detalles de lo que llevó a Zósima a pedir perdón cuando estaba en una situación de peligro de muerte. Conversaron y se hicieron muy amigos. Hasta que un día el hombre en una conversación le confesó algo que hace rato quería decirle. Que había cometido un asesinato. También por amor. Pero de una joven que no lo aceptó y se fue con otro. Él hombre consumido por la venganza entró a su casa una noche de soledad y le clavó un puñal en el pecho. Dejando todo listo para que se creyese un robo. La culpa cayó sobre un criado, que trató de escapar y finalmente murió enfermo también. La culpa persiguió al hombre que hasta ese momento y con la actuación de Zósima le manifestó estar decidido a entregarse por el crimen 14 años después. Para encontrar tranquilidad en su alma. Pero no se decidía e iba todos los días a atormentar a Zósima con su indecisión. Zósima finalmente le dijo que confesara para alcanzar la paz y le leyó un versículo del Evangelio de San Juan. El hombre finalmente redactó una declaración y presentó pruebas del robo. No le creyeron enseguida pero avanzaron el proceso. Mientras el hombre sufría y le detectaron locura. Y todos culpaban a Zósima de llevarlo a ese estado. Todos sabían que pasaban juntos largas horas diarias. El hombre yacía moribundo apunto de morir. Zósima fue a visitarlo y el hombre le confesó que estuvo a punto de matarlo en una de sus visitas. Le mortificaba que lo supiese y le condenara en secreto. Pero le confesó que logró calmarse y apagar sus oscuros impulsos. El hombre murió pero toda la sociedad seguía culpando a Zósima, quien finalmente abandonó la ciudad y empezó su camino a convertirse en lo que era gracias a la Dios. Y al atormentado hombre lo seguía recordando.

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Día 44: De las entrevistas y enseñanzas del ermitaño Zósima (1)
Algo acerca del monje ruso y su posible significación

Inicia con una pregunta, ¿qué es el monje? Y a continuación destaca dos opiniones frecuentes del pueblo ruso sobre ellos: haraganes y miembros inútiles de la sociedad, mientras otros humildes y mansos. Luego habla sobre la libertad del hombre. La esclavitud. Y la humanidad y el hombre idealista. También del camino elegido por el monje: obediencia, ayuno, oración y aislamiento. Este último lo separa del pueblo y su realidad. Un llamado a incorporarse a la causa. "La salvación de Rusia está en el pueblo". "El pueblo saldrá al encuentro del ateo y lo vencerá. Surgirá la Rusia ortodoxa y única. Cuidad del pueblo y su corazón. Educadlo en el silencio. Ahí tenéis vuestra empresa como monjes, porque este pueblo es el portador de Dios".
Algo acerca de los señores y criados y de si es posible que unos y otros se conviertas en hermanos espirituales
Luego habló del pueblo pecador. El que aparenta lo que no es, saber lo que no sabe, desprecia las costumbres y se avergüenza de la fe de sus padres. El pueblo que se corrompe con la embriaguez y no puede dejarla. Y la ruptura de la familia, el dolor de los niños. También habla de las características éticas entre ricos y pobres. Pero Dios y el pueblo salvarán a Rusia. "Sólo en la dignidad espiritual humana está la igualdad, y esto sólo en nuestro país será comprendido". Y del papel importante de cada miembro de la sociedad. Del más bajo al más alto. La pirámide. Pero resaltando la dignidad de cada uno. Acoger al criado como un familiar. Con respeto.
De la oración, del amor y de la relación con otros mundos
La oración es educación. Amar a los hombres incluso en el pecado. A los animales. A las plantas. A las hojas. "Si amas cada cosa, conocerás en ellas el secreto de Dios". Y amar a los niños: son ángeles inocentes que viven para nuestro consuelo, purificar nuestros corazones y servirnos de guía.
"Hay muchas cosas en la tierra ocultas para nosotros, pero en cambio se nos ha dado la secreta e íntima sensación de nuestro vínculo vivo con el otro mundo, con el mundo elevado y superior, además de las raíces de nuestras ideas y sentimientos no están aquí, sino en otros mundos. Por eso dicen los filósofos que es imposible alcanzar en la tierra la esencia de las cosas". La vida como producto vital del sentimiento de contacto con otros mundos. Cuando ese sentimiento muere, también muere algo dentro de ti. Indiferencia e incluso odio a la vida.

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Día 45: De las entrevistas y enseñanzas del ermitaño Zósima (2)

¿Es posible erigirse en juez de sus semejantes? De la fe hasta el fin
"Recuerda particularmente que no puedes ser juez de nadie. Porque no puede haber en la tierra juez para el delincuente mientras el propio juez no comprenda que es también un delincuente como el que tiene antes sí, y que acaso es el primer responsable del delito que se le presenta". Y ver la existencia del potencial delincuente que todos llevamos dentro. Reconocer la culpa y el mal en el otro pero también en uno mismo antes de ser juez. Y si no puedes ver la indignación y el dolor producida por la maldad del hombre sino que nos acoge un sentimiento de castigo, reprimir el sentimiento y buscar un dolor que ayude a entender. Y si no crees en el hombre en cuestión, confía en el cambio de su descendencia.
Del infierno y del fuego infernal, reflexiones místicas
"¿Qué es el infierno? Es el sufrimiento de que ya no puede amar".
Y quietar el tormento espiritual es imposible, porque no es algo exterior, sino que se encuentra dentro de ellos mismos. Y aunque la iglesia los repudia, también pide rezar por ellos. No hay nadie más desgraciado. Zósima confiesa haber rezado toda su vida por ellos. Y habla de Satán, del infierno, y de los orgullosos del infierno.
Y Alexei termina el manuscrito de la vida del ermitaño. Poco después de contarle su vida, la que recopiló el discípulo, éste falleció. Tras la muerte se hicieron los respectivos rituales en el monasterio y mucha gente asistió, incluso fuera de la ciudad. De esto se hablará más adelante y de aquello que ocurrió en medio de la ceremonia fúnebre que impactó tanto a la comunidad.
Fin Parte 2.

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PARTE 3


Libro 7



Día 46: Inicio de la Parte 3. Libro 7(Alexei)
Un hedor pestilente

Se describe el ritual tras la muerte de Zósima, cómo amortajan el cuerpo, y como parte del ritual el monje designado (Paísi) lo lava. Se describen las personas que asistieron. Muchos. El padre Paísi alcanzó a ver a Alexei en un rincón, llorando en silencio. Lo consoló y le dejó seguir llorando. Hasta que sucedió aquel acontecimiento increíble que se adelantó al final del capítulo anterior. Del ataúd empezó a salir, cada vez más intenso, un hedor pestilente. Habían habido antecedentes, pero hubo casos donde el cuerpo de mantenía intacto durante mucho tiempo. Pero el narrador cuenta que esta parte del relato la cuenta para la historia de Alexei. La noticia del cadáver maloliente se regó por todo el pueblo, la ciudad y el país. Los curiosos se agolpaban y trataban de interpretar el mensaje de Dios. Que el cuerpo de su querida santo de pudriese tan rápido como cualquier otro mortal.
El rumor siguió. Los colegas asistían también para presenciar en cómo había terminado la fama de Zósima. Y entre la gente se murmuraba "eso quiere decir que el juicio de Dios no es el de los hombres, se ha anticipado a la propia naturaleza". Todos estaban preocupados por lo que eso podía ocasionar en la fe del pueblo. Paísi vio a Alexei y le preguntó si también había ido a curiosear con la gente de poca fe, pero Alexei se aproximaba a salir del monasterio. No contestó.

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Día 47: Un minuto crítico
Alexei recordaba ese día como uno de los más amargos, penosos y fatales de su vida. "¿Es que toda esta angustia y esta inquietud eran debidas únicamente al hecho de que el cuerpo del ermitaño había empezado a descomponerse prematuramente, en vez de dar lugar a las instantáneas curaciones que se esperaban?". En efecto, así era. Su fe no se encontraba en el mejor momento, porque él creía mucho. El narrador lo concede a su juventud, pero no era incrédulo como lo llamó Paísi. También recordó que ese día había olvidado por completo a su hermano Dmitri y entregar el dinero al capitán ofendido por su hermano. Su espíritu no esperaba milagros, como los incrédulos, lo que él aspiraba era a la justicia. Por eso estaba impotente al ver que el depositario de su fe, su admirado ermitaño en lugar de ser exaltado era burlado y humillado. Y en ese momento afloraba en él algo confuso que le llevaba a cuestionarse a sí mismo y a su Dios. Ese algo había empezado a emerger desde su conversación con Iván, y amenazaba por salir.
En medio de sus cavilaciones fue interrumpido por Rakitin, que se sorprendió de ver al ángel tan abatido y dubitativo. Conocía o creía conocer las razones. "¿Y todo es porque tu viejo olía mal? Y no empezó a obrar milagros". Alexei dijo que no se rebelaba contra su Dios sino que no aceptaba su mundo. Rakitin le preguntó si había comido y le estiró un pedazo de embutido que Alexei no despreció. Tampoco su invitación a tomar vodka. "Es un milagro", diría Rakitin. Pensó en Iván, que debía estar viajando, y luego en Dmitri, pero desechó inmediatamente el pensamiento. Aunque más tarde recordaría ese olvido. Rakitin le propuso que lo acompañase luego a donde Grúshenka. Alexei que estaba abatido y mareado aceptó todo lo que le propuso. Rakitin celebraba en sus adentros porque presenciaría y gestaría la vergüenza del justo y la caída de Alexei "de Santo a pecador". Y había otro fin del que se hablará después. Había llegado a un momento crítico, pensaba Rakitin, "y ese minuto hemos de agarrarlo del cuello, pues nos será conveniente".

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Día 48: La cebolla
Se inicia hablando un poco de Grúshenka, de su origen y del lugar donde vivía, donde le era permitido seguir por ser la favorita del mercader, quien la llevó y acogió por primera vez cuando sólo tenía 18 años. Agrafena Alexándrovna. Se decía que a los 17 fue seducida por un oficial que la abandonó. Se convirtió en una mujer hermosa y ambiciosa, que se enfocó más en los negocios de dinero, la usura. Cuando el viejo mercader murió le dejó una pequeña herencia. Hizo negocios con Fiódor y su amigo antes de morir, conociendo la disputa del padre e hijo Karamazov por ella, le aconsejó escoger al viejo, no sin antes recibir una buena suma, una dote. Luego en la corte, las criadas de Grúshenka dirían que recibía a Dmitri por miedo, por amenazas.
Rakitin y Alexei llegaron donde Grúshenka, que se asustó pensando que era Dmitri. Pero al reconocerlos los recibió con agrado. Dijo que esperaba recibir una gran noticia y estaba evitando a su hermano. Entonces empezó a preguntar cosas a Alexei y se sentó en sus piernas con su permiso. Alexei ya no se sentía incómodo. Supo que la mujer le había prometido champaña a Rakitin y otras cosas si le llevaba al hermano menor Karamazov. Confesó estar muy interesada en él. Y Dmitri lo sabía. Alexei le agradeció y la llamó hermana. Rakitin se burló del sentimentalismo de ambos y añadió que ella lo quería para devorarlo. Grúshenka lo hizo callar y dijo que aunque era mala en una ocasión dio una cebolla. Luego explicó a que se refería: a una fábula que le contaba su Matriona, de una mujer muy mala que hizo una buena acción al final de su vida. Arrancar una cebolla de su huerto y darla a un pobre. Por esa buena acción Dios le hizo una prueba final para perdonarla, aunque la mujer en la prueba volvió a relucir sus malas acciones. Y su cebolla ahora era cumplir la promesa a Rakitin de darle 25 rublos si le llevaba a Alexei.
Luego confesó que lo quería porque ella nunca dejaba de verlo o pensar en él, Y Alexei siempre trataba de evitar su mirada. Y esa indiferencia y desprecio le hizo desearlo mucho más. "Me lo comeré entero y me reiré". Le contó cómo salió adelante, cuando su amado la abandonó. Y le contó que recientemente le había llegado una carta del oficial, avisando que estaba viudo y quería verla. Ella estaba ilusionada y aunque pensó en la venganza, la desechó por amor. Confesó que con Dmitri solo se divertía y cuando terminó su discurso se echó a llorar. Alexei comprendió aún más su alma y su dolor. Y dijo que por su amor era superior a ellos dos. Rakitin se burlaba que ahora Alexei parecía haberse enamorado y tenía un abogado, un defensor espiritual. Grúshenka le agradeció y se cuestionó a sí misma si lo había perdonado de verdad. Le preguntó a Alexei su opinión y se sintió entendida por primera vez por su ángel. Alexei le dijo sólo le había dado una cebolla, las más pequeña de las cebollas y nada más. La mujer se conmovió y lloró. De repente recibió una carta, al parecer del oficial amado, y se puso feliz y a saltar, diciendo que debía partir ya mismo. No sabía bien a qué se enfrentaba, pero lo haría por amor. Le dijo a Alexei que le dijera a su hermano Dmitri que sólo lo había amado una hora. Que recordara esa hora toda su vida. Rakitin estaba decepcionado pues no pasó nada de lo que pensaba que pasaría. Alexei seguía puro. Dijo que el oficial era polaco y había perdido su dinero, y se enteró que Grúshenka tenía ahora dinero, por eso la buscó. Luego reprochó a Alexei por haberle perdonado y convertido a la desdichada. Alexei lo mandó a callar y Rakitin enfadado se fue y lo dejó solo.

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Día 49: Caná de Galilea
Alexei regresó tarde al monasterio y entró a la celda donde del ermitaño, donde reposaba su féretro. Sólo estaba el padre Paísi y el novicio Porfiri. La ventana estaba abierta para airar el hedor del muerto. Paísi leía el evangelio frente al ataúd. Alexei rezaba pero también se quedó escuchando la lectura del Padre, quien en ese momento leía el pasaje de las bodas de Caná. Entonces Alexei empezó a mezclar los pasajes que escuchaba con lo que había experimentando últimamente.
"¡Ah, sí! Lo había dejado pasar, y no quería, es un pasaje que me agrada: se trata de Caná de Galilea, el primer milagro... ¡Ah, este milagro, qué milagro más agradable! No dolor, sino alegría llevó Cristo a los hombres con su primer milagro, la alegría de ayudar a los hombres." Quien ama a los hombres, ama su alegría. Eso decía Zósima.
Se convierte el agua en vino en las bodas. Y ve la figura del ermitaño Zósima en el cuarto, invitado también a las bodas. El espíritu de Zósima lo invitó a acompañarlo a beber de ese vino, también lo felicitó por haber dado una cebollas ese día. Muchos de los que estaban allí habían dado una cebolla. Las buenas obras. Le indicó que mirase el sol y no tuviese miedo de hacerlo. Alexei lloraba y su alma rebosaba. De repente gritó y despertó. Paísi le había puesto la mano en el hombro. En ese momento Alexei estaba seguro de recibir una visita divina en su alma. Y algo cambió en él. Se levantó como un combatiente, ya no como un débil mozo. Jamás olvidó ese momento. Tres días después saldría del monasterio, siguiendo las palabras de Zósima, quien le había ordenado "vivir en el mundo".
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Libro 8


Día 50: Inicio del Libro 8 (Mitia/Dmitri)

Kuzmá Samsónov
Dmitri se había mantenido oculto pero en realidad estaba agobiado y lleno de confusión. Tanto que tuvo una inflamación cerebral. No se había visto con sus dos hermanos en las citas acordadas los días anteriores. Durante dos días estuvo de un sitio a otro, tratando de salvarse y luchando con su destino. Salió de la ciudad por algunos asuntos, temiendo dejar sin vigilancia a Grúshenka, pero más adelante tendremos más detalles de esto, ahora conoceremos detalles de esos días días que precedieron a la gran catástrofe.

Dmitri conocía la primera carta del oficial que había abandonado a Grúshenka, pero le restó importancia a ese nuevo rival. Incluso no creía en su existencia. Aunque ella le oculto el último párrafo donde anunciaba su regreso. Él soñaba casarse con ella y que se irían a otro lugar a vivir. Pensó irremediablemente en el dinero que necesitaba. Pero antes de eso, en el que debía a Katerina. Debía pagarlo sino sería un ratero miserable. Prefería matar y robar el dinero e ir a la cárcel en Siberia, que no pagar a Katerina y escaparse con Grúshenka. Cuestión de honor. Entonces decidió recurrir a Samsónov, el protector de Grúshenka, para proponerle un plan. Recordemos que Kuzmá hubiese preferido que su protegida terminara con Fiódor, que tenía el dinero y no con el joven hijo. Kuzmá al principio no quería recibirlo pero aceptó cuando Dmitri le dijo que era un asunto urgente sobre Grúshenka. También mandó a llamar a uno de sus hijos para que sirviese de testigo, por si acaso algo sucedía. Dmitri le contó la situación de la herencia de su madre, que su padre le negó. También que había consultado un abogado que le llevaría el caso y le había dicho, sacando cuentas, que sus derechos se elevaban a 6.000 o 7.000 rublos. Entonces la propuesta era si quería hacerse cargo de sus derechos de la herencia a cambio de 3.000 rublos (la deuda con Katerina). Y le mencionó sus intenciones de hacerse cargo de Grúshenka. Kuzmá dijo que él no se encargaba de esos temas y más con líos judiciales pero le recomendó a alguien: Liagavi. También le dijo que Liagavi estaba en negociaciones con Fiódor hace años por la compra de un terreno (la diligencia que Iván no le hizo). Entonces le dijo que si él le proponía a Liagavi eso mismo, quizás tendría éxito. Dmitri pensó que era una gran idea, así el hombre podría quedarse a través de él con la escritura de la propiedad. Le agradeció a Kuzmá su consejo. Dudó un momento si Samsónov le estaba engañando, pero dejó pasar el pensamiento. Aunque tuviese toda la razón. Kuzmá estaba furioso y ordenó que no le volviesen a dejar pasar a su casa. Sabía que lo había engañado con su consejo.

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Día 51: Liagavi
Dmitri pensó hacer el viaje hacia donde Liagavi. Como no tenía dinero, vendió un reloj de plata y pidió a los dueños de la casa donde vivía otra parte. Logró acumular 9 rublos para el viaje. Todo el proceso de préstamo lo hizo con testigos. En el viaje pensó en lo que Grúshenka haría en su ausencia. El padre Pável que lo trasladaba le aconsejó no llamarlo Liagavi, sino Gorstkin como en realidad se llamaba. Sino no conseguiría nada de él. Al llegar, lo encontraron visiblemente ebrio y dormido en un banco. Dmitri pensó en despertarlo por la urgencia, hasta llegar a zarandearlo. El pope y el guarda miraban aterrados la situación. Pero el viejo nada que despertaba. Le tocó finalmente quedarse a esperar al día siguiente. El pope se fue en la yegua y fue pensando si contarle a Fiódor la situación, ya que era su protector.
Mitia pasó el resto de la noche a la luz de una vela a punto de extinguirse intentando despertar al hombre, incluso con la excusa de que había muerto le empezó a mojar la cabeza. Y nada que despertaba. El guarda veía todo esto de forma despectiva. Al día siguiente, Dmitri durmió y cuando se levantó ya estaba el mujik despierto con un nuevo frasco de vodka y nuevamente ebrio. Dmitri se lanzó a acosarlo y el viejo se negó a todo lo que decía. Diciendo que ni conocía a Fiódor y no había hablado con Samsónov.
En otra ocasión, en un ataque de rabia habría matado al hombre pero se sentía débil como un niño. Recogió sus cosas y se propuso regresar caminando el largo camino, pues no tenía dinero para pagar otro transporte. No sentía deseo de venganza, simplemente agotado y abatido. Afortunadamente se encontró en el camino a unos viajeros que trasladaban a un viejo mercader con dirección a Volovaia. Decidieron llevarlo. Al llegar al destino se detuvieron a comer e invitaron a Dmitri, que se sintió renacer. Y pensó en un nuevo plan para conseguir el maldito dinero. "¡Y pensar que por estos tres mil miserables rublos se pierde un hombre!". Dmitri no dejaba de pensar en Grúshenka y apenas llegó fue a buscarla.

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Día 52: Las minas de oro
Apenas regresó Dmitri pensó en buscar a Grúshenka. Recordó cuando se había despedido de ella, y la dejó prometiendo volver antes del final del día. Le mataban los celos y se imaginaba que iría corriendo donde su padre en su ausencia. Pensó en pasarse por casa de su padre y preguntar a Smerdiakov si ella se había pasado por allá, ignorando los planes de viaje de ella. "¡Los celos! <Otelo no es celoso, es confiado>, señaló Pushkin, y esta simple observación es prueba de la extraordinaria profundidad de nuestro gran poeta." Y sigue un discurso sobre la naturaleza de los celos y comparación con Otelo.
Dmitri también pensaba en su nuevo plan. Tenía unas armas en su poder y pensaba darlas de garantía como parte de un préstamo a un joven funcionario, que conoció un día en la taberna, que amaba las armas. Él quiso comprarlas pero Dmitri sólo las dio de garantía a un préstamo de 10 rublos. Por las vecinas se enteró de la enfermedad de Smerdiakov y la partida de Iván a Moscú. Le preocupaba lo de Smerdiakov, pues nadie podía vigilar entonces. Las vecinas confirmaron que ella no se había pasado por allá. Entonces él mismo se puso de vigilante. Luego se arregló y fue a ver a la señora Jojlakova, a la que tenía pensado prestarle 3.000 rublos, aunque sabía que no era de su agrado, por su noviazgo con Katerina, y su preferencia por Iván. Pero por eso le pediría el dinero, para poder abandonar definitivamente sus aspiraciones con Katerina. Y además su plan consistía en entregarlo por garantía también sus derechos sobre la tierra de su padre. Era su última oportunidad. Sino le tocaba matar y robar.
Al entrar, la mujer parecía estarlo esperando y le dijo que conocía sus problemas (le informó además de la muerte del ermitaño) y que además estaba dispuesta a ayudarlo. Incluso más allá del dinero que pedía. Pero le empezó a hablar de otro tema. De las minas de oro. Le dijo que él sería capaz de encontrar minas de oro, y así tendría mucho más dinero del que pedía. Dmitri insistía en el préstamo inmediato y que luego iría a las minas, pero la mujer también insistía en que ese era su destino y no parecía dispuesta a darle nada. Dmitri ya no aguantó el juego de la mujer y salió furioso de la casa. Desesperado y consumido. Se puso a llorar a solas por su inevitable destino. En el camino se encontró con la criada de Kuzmá, quien le avisó que Grúshenka se había ido. Él fue a buscarla y dijeron que no había regresado. Dmitri estaba en su límite.

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Día 53: En las tinieblas
Dmitri pensó inmediatamente que Grúshenka se encontraba en casa de Fiódor, y que todos estaban actuando en su contra. Confabulados. Llegó a casa de su padre y se voló la valla como hizo en el pasado la loca Lisaveta. Entró al huerto y vio la casa iluminada, donde pensó que estaba su amada. Se ubicó bajo la ventana del cuarto de su padre, esperando y pensando de más. Estaba desesperado. Pero vio que su padre estaba solo. Entonces decidió tocar la ventana como se lo había encomendado a Smerdiakov para indicar que ella había llegado. El viejo se asomó a preguntar si era ella, que le tenía un regalito. Entonces Dmitri estaba seguro que estaba solo y ese regalito era el sobre con los 3.000 rublos.
Mientras se acercaba a la puerta pensaba en la conversación con Alexei, donde confesó sus impulsos de matar a su padre. Le tenía una repugnancia personal. Caminaba y sacó el almirez que llevaba en el bolsillo. Los empleados estaban todos en cama por enfermedad. Pero Grigori se levantó de repente alerta con intención de vigilar la casa en "tiempos peligrosos". Se acordó de no haber cerrado el portillo y cuando fue vio una sombra que se movía. Grigori se lanzó sobre la sombra y lo tomó por la pierna. "¡Parricida!", le llamó. Dmitri se inclinó sobre el caído y tiró el arma, que cayó sobre el sendero visible. Vio su cabeza bañada de sangre. Dmitri pensó en el golpe, en la sangre. No sabía si le había aturdido por el golpe o le había roto el cráneo. Pensó que lo había matado. Eso era todo. Se había cruzado en su camino. No era el objetivo. Grigori, el hombre que lo crió ante el descuido del padre. Se puso a correr. Se guardó un pañuelo lleno de sangre y se encontró con algunos transeúntes nocturnos que después recordarían al hombre que huía. Regresó a casa preguntando por Prójor y Grúshenka. El portero dijo que había salido a buscar un oficial que la había mandado a llamar y le había mandando un coche. Dmitri entró a buscar a Fania.

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Día 54: Una decisión súbita
Dmitri entró y agarró a Fenia por el cuello y le preguntó sobre el paradero de Grúshenka. La mujer asustada, y más al verle el rostro cubierto de sangre, le dijo todo. Que había ido a encontrarse con él oficial que la abandonó hace 5 años. Dmitri sabía de la existencia del oficial y la reciente carta pero no le prestó la suficiente atención. Fenia le preguntó sobre su aspecto y él le dijo que seguro en la mañana siguiente se enteraría de todo. Ya debía irse. "Lo amó 1 hora". Dmitri fue hacia donde el hombre al que le había dejado sus armas a cambio de dinero. Le llevaba el dinero de vuelta. Perjotin estaba aterrado por el aspecto de Dmitri y le pasó un espejo. Le indicó un lugar para lavarse. También se dio cuenta y lo diría después que Dmitri llevaba un paquete con un fajo grande de dinero. Dmitri le iba a pagar con un billete de alta denominación y no tenía vuelto pero dijo que lo cambiaría en la tienda. Dmitri aprovechó y le encargó que le pidiese diversos manjares, desde doce botellas de champaña, hasta quesos, salmón, jamones y caviar. Perjotin lo ayudó primero a lavarse y siguió interrogando. Notó que le temblaban las manos. También lo diría después en el estrado. E indagó sobre los miles de rublos que tenía. Dmitri dijo que había atropellado a un viejo pero que no había muerto. Y que el dinero se lo había prestado la señora Jojlakova, que a la vez buscaba hombres para descubrir minas de oro. Luego recibió las pistolas. Las cargó y las observó. "¿Mirarías tú esta bala al cargar la pistola si pensabas metértela en los sesos?". Perjotin lo miraba aterrado ante lo que decía. También le pidió papel para escribir. Luego invitó a su amigo a acompañarlo a celebrar y recordó que hace un tiempo también gastó unos 3.000 rublos en esas excentricidades, como la vez pasada, decía. Preciso con el dinero que intentó recuperar, el que había robado a Katerina.
Le cargaron todo el pedido a un carro y siguió invitando a su amigo a acompañarlo a celebrar. Perjotin no aceptó entonces Dmitri pagó todo y cuando se iba apareció Fenia para decirle que no hiciese nada a Grúshenka, que se iba a casar con su oficial. Perjotin pensó que para eso quería las armas e intentó quitárselas pero Dmitri se despidió de ellos en el carruaje con todo su abastecimiento. Perjotin se fue a la taberna a jugar billar y allí corrió la voz de que Dmitri tenía dinero nuevamente y se había ido a casa en Mókroe nuevamente a gastarse todo con Grúshenka. Contó los detalles menos lo del rostro ensangrentado. Luego pensó en ir a verificar a casa de Fiódor para comprobar si algo había sucedido pero se arrepintió. Luego a donde Fenia pero nadie le abrió. Tenía un extraño presentimiento.

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Día 55: ¡Ahí voy yo!
Dmitri se dirigía con impaciencia hacia Mókroe con sus provisiones y pensando en Grúshenka y el oficial por el que lo abandonó. Nunca lo olvidó. Pensó que era momento de dejarla ser feliz pero no pudo. Los celos lo albergaban. En el camino intercambió palabras con el cochero Andrei, hablando del perdón, la redención, el infierno. Se preguntaban si ya estarían durmiendo en la posada de los Plastunov, donde se reunían los mujiks, y donde la vez pasada Dmitri también había llevado provisiones para la fiesta. Al llegar, lo primero que preguntó fue por Grúshenka al posadero, Trifón Borísich, quien le confirmó que se encontraba en la posada con unos viajeros. Un funcionario polaco, un compañero de viaje, que no habían gastado mucho dinero.
Dmitri siguió interesando sobre lo que habían hecho, pedido, y como la veía a ella, si feliz o triste. Entonces mandó a traer cantantes para armar su propia fiesta y dio instrucciones de todas las provisiones que traía y del dinero que llevaba para gastar. También ordenó a Trifón que le llevase sin que lo vieran a donde se encontraban los visitantes. Andrei le llevó las armas y Dmitri le dio una generosa propina por todas sus molestias. Dmitri fue dirigido a una habitación oscura donde pudo ver a Grúshenka con sus otros amigos. Dmitri no pudo soportar mucho el espectáculo y cargó el arma y entró bruscamente donde estaban los otros. Grúshenka gritó al reconocerlo.

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Día 56: El anterior e indiscutible
Dmitri interrumpió la reunión de Grúshenka y sus amigos. Ella se asustó inicialmente pero él pronto manifestó que no era su intención molestar, solamente viajaba de paso y quería pasar esa noche con ellos. El ambiente se relajó. Dmitri se echó a llorar y reír, luego empezaron a beber y el oficial aceptó su presencia. Hablaron de varios temas, luego habló el oficial que tenía otro acompañante polaco. Le preguntaron sobre su anterior esposa. En medio de la charla el polaco estaba aburrido y pidió la hora a Grúshenka, quien le dijo que tenían que escuchar y no se irían aún. Dmitri miraba atento. Luego Maxímov contó una historia triste y el oficial polaco se volvió a impacientar y a discutir con Grúshenka. Dmitri propuso jugar a los naipes y apostar. Luego de apostar y perder dinero Dmitri pidió al Pan polaco acompañarlo al otro cuarto para decirle algo. Fueron junto con el guardaespaldas del oficial. Dmitri le propuso entregarle 3.000 rublos si se iban los dos para siempre y dejaban a Grúshenka. Le daría en ese momento 500 y mañana el resto.
El polaco se ofendió y salió de la habitación para comunicar a Grúshenka que había sido herido en lo más íntimo. Le dijo además que él había ido con intención de perdonar y se había encontrado con sus amantes que le chantajeaban con dinero. A Grúshenka le ofendió lo de que él iba a perdonar cuando él la había abandonado. Dmitri metió más leña diciendo que había pedido más dinero en ese momento. Todo se volvió un caos cuando se destapó fraude en el juego de cartas por los polacos. Grúshenka ofendida y el polaco enojado amenazó con golpearla y la llamó "zorra". Dmitri se le lanzó encima y Grúshenka le animaba. Los polacos se levantaron y se marcharon avergonzados y vencidos en su orgullo, no son antes pedir a Grúshenka que los acompañase. Nada. Se encerraron en sus cuartos.

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Día 57: Un delirio
La fiesta siguió sin los polacos y Grúshenka muy animada pedía más trago. Ya estaban las mozas y el coro actuando y recordaban la misma fiesta que habían hecho en el mismo lugar la vez pasada con el dinero de Katerina. Un momento se sentaron aparte en una mesa a observar todo. Y hablaron de cómo se encontraban nuevamente en esa situación. Dmitri sintió nostalgia por lo que había hecho para llegar hasta allá pero no dijo nada. Ella insistió en que se veía con la mirada triste pero él no reveló nada. Siguió la música y la parranda. Kalgánov y Maxímov estaban ya ebrios y casi dormidos. Pero luego despertaron a bailar. En un momento cada uno estaba en su espacio y luego Dmitri se puso a buscar a Grúshenka, quien yacía llorando en un rincón. Diciendo que amaba a su oficial polaco. Lo había amado por 5 años. Cuando se conocieron era más alegre y ella una chica joven e ingenua. Ahora era muy diferente. Pero dijo que se había iluminado su mente y vio que a quien ahora quería era a él. Le pidió perdón y le preguntó si aún la amaba. Se miraron y se besaron. Lo separó porque quería seguir bebiendo. Dmitri pensó: "Sea, sea, suceda lo que suceda, daré el mundo entero por un minuto".
Dmitri fue a acostarla. La besó pero ella le dijo que así no. Que debía ser lejos y honradamente. Ella le dijo que sería suya pero debían trabajar la tierra y que no se preocupara por la deuda con Katerina que ella daría el dinero y le pedirían disculpa. Que todo lo de ella era suyo ahora. Dmitri se le salió que la querría incluso en Siberia. De repente ella se dio cuenta que alguien los miraba detrás de la cortina. Dmitri fue a ver y una voz fuerte le habló. Era el jefe de policía del distrito. "¡El viejo y su sangre, comprendo!", dijo Dmitri sin pensar. Entonces le llamaron "Parricida". Lo veían ebrio, de noche, con una ramera y manchado de sangre. Luego le dijeron: "Señor teniente retirado Karamazov, se le acusa de haber dado muerte a su padre, Fiódor Pávlovich Karamazov, hecho ocurrido esta misma noche". Dmitri estaba confundido y no entendía nada.

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Libro 9



Día 58: Inicio Libro 9 - Instrucción del sumario
Comienzo de la carrera del funcionario Perjotin
Piotr Ilich Perjotin había quedado la última vez tocando desesperado la puerta de Fenia para encontrar más información, tras ayudar a Dmitri a limpiarse y comprar sus provisiones. Fenia asustada le abrió y unieron sus versiones sobre los pasos de Dmitri. Había salido con un almirez en busca de Grúshenka y regresó sin ella, con dinero y las manos manchadas de sangre. Pensaron que quizás si habría podido ir a la casa de su padre, Fiódor. Tendrían que ir allá para comprobar y luego ir a la policía. Sea lo que sea, sería un escándalo. Lo que Perjotin más temía en el mundo. Entonces el funcionario decidió seguir comprobando pistas y fue a donde la señora Jojlakova para confirmar si ella le había dado los 3.000 rublos. Pensaba llevar el asunto hasta el final.
Dónde Jojlakova, no quiso recibirlo a la primera vez y más cuando se enteró que le iba a hablar de Dmitri, pero él insistió. Le contó que fue a pedirle temprano prestados 10 rublos y más tarde había regresado con 3.000 y manchado de sangre. Dijo que ella se los había prestado. Ella lo negó rotundamente y alarmó que había debido matar a su padre. Que debían ir a averiguar. Ella dijo que él estaba loco y desesperando. Hasta intentó matarla. Quedaron en que él iría a seguir indagando a la casa de Fiódor y donde el jefe de la policía que era su amigo. Le pidió que escribiese en un papel confirmando que ella no le había dado el dinero. No estaba de más. Y Jojlakova estaba impresionada de lo bien que manejaba la situación.
"Jamás he prestado al desgraciado de Dmitri Fiódorovich Karamazov (porque ahora, a pesar de todo, es un desgraciado) tres mil rublos, ni hoy ni nunca, ¡nunca le he prestado nada! Lo juro por cuanto sagrado hay en el mundo" (Jojlakova)
La mujer estaba encantada con la actitud del joven funcionario y se le insinuó. Pero Perjotin logró soltarse y seguir. Luego, al final de esta historia, veremos la incidencia de este acercamiento entre el joven funcionario y la viuda nada vieja.

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Día 59: Alarma
Nos hablan del jefe de policía, Mijaíl Makárovich Makárov, coronel retirado y consejero de la corte, viudo y hombre ejemplar. Y se había ganado la simpatía general y estaba envuelto en toda la vida social. Perjotin fue a verlo y en ese momento se encontraba con invitados, como siempre, con el fiscal suplente y un médico joven recién llegado. Sobre el fiscal Ippolit Kiríllovich se dice: "Toda la desgracia de su carácter consistía en que tenía de su persona un concepto algo más elevado de lo que sus verdaderos méritos le permitían". Presumía además de sus conocimientos psicológicos y de conocer de antemano a los asesinos. El caso de los Karamazov, al que llamaron parricidio, llamó su atención y dijo que sería un caso que sacudiría a toda Rusia. Esa noche en la casa del jefe de policía también se encontraba el joven juez de instrucción Nikolai Parfénovich Neliúdov, quien también estaba interesado en una de las hijas de Makárov.
Al llegar a la casa de Makárov, Perjotin se enteró de que ya todos sabían la noticia. Y hasta más. Se enteró que el viejo Fiódor había sido asesinado y robado en su casa. Acababa de saberse la noticia. En casa de Fiódor, Marfa se levantó por los gritos de su hijo Smerdiakov por los ataques epilépticos. Ella se levantó a buscar a Grigori, y lo encontró en el piso ensangrentado. Pero Grigori le dijo: "Lo ha matado... ha matado a su padre... no grites, tonta... corre, llama gente". Marfa entró a ver a Fiódor, y en efecto lo encontró en el suelo, boca arriba e inmóvil manchado de sangre. Marfa salió gritando a avisar a los vecinos. Fueron reconstruyendo hechos. La vecina María dijo escuchar el grito de Grigori cuando agarraba el pie de Dmitri. Y el grito: "Parricida". Perjotin llegó preciso 5 minutos más tarde que todos se enteraran y les dijo sus deducciones y su propio testimonio sobre quién era el criminal. Su hijo mayor. Se pusieron todos a trabajar. Reunieron testigos y fueron al lugar del crimen. Fueron el médico, el jefe de policía, el fiscal y el juez. Con sus equipos. Fiódor estaba muerto y Grigori herido. El sobre del dinero para Grúshenka en el piso vacío. Perjotin les dijo que debían buscar a Dmitri porque su idea era pegarse un tiro al amanecer. Se dieron prisa en ir a Mókroe. El médico se quedó haciendo la autopsia. Y les pareció extraño el caso del criado Smerdiakov con esos sucesivos ataques durante dos días: son algo muy raro, es algo que pertenece a la ciencia. Y así resumimos todo lo ocurrió antes de que los oficiales llegaran a donde Dmitri.

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Día 60: Vía Crucis del alma. 1ra estación
La acción retoma cuando los policías encuentran a Dmitri en Mókroe. Dmitri levanta los brazos y dice:
"¡Soy inocente! ¡Soy inocente de esa sangre! Soy inocente de la sangre de mi padre... ¡Quería matarlo, pero soy inocente! ¡No he sido yo!".
Grúshenka se echó a los pies del policía llorando y dijo que también era su culpa. Que ella lo había empujado a hacerlo.
Luego estaban frente al juez de instrucción, Nikolai, quien junto a su escribano les cogian declaraciones. Dmitri decía que era culpable de la sangre de otro viejo (Gregori) pero no de la de su padre. Y se preguntaba quien podría haberle hecho eso. Quién habría matado a su padre con anticipación a su llegada. El fiscal Ippolit, le dijo que Grigori no había muerto, que sólo estaba herido a pesar de los golpes que acaba de confesar darle. Dmitri agradeció el peso que le quitaron de encima porque ese viejo Grigori, recordaba, lo bañaba y cuidaba a los 3 años y fue su verdadero padre. Dmitri también de forma inmediata al verse libre de culpa y del pecado recuperó la lucidez. Dijo que entendía ser sospechoso si Grigori había confesado contra él, pero él se sabía inocente. Y empezó a recordar sus interacciones pasadas con el juez y el fiscal. Dijo que era culpable de quizás desear su muerte, la de su padre, pero esas interioridades de su corazón no les incumbían.
Recordaron las veces que amenazó públicamente en matar a su padre, incluso en que lo golpeó con intención de matarlo con testigos. Toda la ciudad sabía de sus conflictos pero nunca trascendió. Era su forma de vivir. Dmitri quiso saber cómo habían matado a su padre. Pero el juez retomó el interrogatorio. Le preguntó de los motivos. Los celos y el dinero. 3.000 rublos. Dmitri aceptó todo eso y vio como cogían atenta nota. Él entendió que todo parecía inculparle, no negaba los hechos y los indicios pero el acto no lo había cometido. Veía como lo juzgaban con la mirada. A Grúshenka la tenían en otro cuarto y se gritaba con Dmitri, hasta que la llevaron a otro lugar más lejano. Él quería manifestarle su inocencia. Se quedó tranquilo cuando Makárovich se quedó con ella. Entonces Dmitri estaba más tranquilo. Lloró y volvió en sí sereno. Dijo que estaba listo a responder lo que quisieran para aclarar todo pero "no escarben así en mi alma, no la atormenten con menudencias, pregunten cosas y hechos concretos, y les satisfaré al momento. ¡Al diablo las menudencias!". Y siguió el interrogatorio.

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Día 61: Segunda estación
El juez y el fiscal aprobaron la buena disposición de Dmitri y acordaron trabajar en equipo para salir adelante en el proceso. Pero antes de que Dmitri contase su versión le preguntaron por el dinero, iniciando por el préstamo de 10 rublos a Perjotin a cambio de sus armas. Dmitri mencionó el viaje realizado, dato que desconocían, por lo que mejor le indicaron que narrara en detalle lo que había hecho todo el día anterior. Entonces Dmitri propuso que no bastaba narrar el día anterior sino incluso los hechos de dos días antes para entenderlo. El fiscal interrumpe preguntando que para qué necesitaba el dinero. Pero Dmitri dice que esas son menudencias irrelevantes ahora mismo que alargaría la historia importante. Además él había ejercido un cargo oficial y conocía los procedimientos. Entonces siguió narrando, recordando. Pero ante la insistencia del motivo del dinero, respondió: para pagar una deuda. Pero se negó a dar más detalles. Como a quién le debía.
Contó su viaje a Liagavi, el engaño de Samsanov, los celos con Grúshenka, su vigilancia a la casa de su padre, la complicidad de Smerdiakov. Evitó extenderse en la naturaleza de sus celos y sus pasiones porque al juez y el fiscal podía alamarlos o no interesarles. También habló de la señora Jojlakova, de donde salió con la idea de matar a alguien para conseguir el dinero. Tomaban atenta nota. También habló de la fuga de Grúshenka con el oficial. Y celos. Luego le mostraron el almirez y Dmitri lo reconoció. Para defenderse de los perros en la oscuridad. Dudaron pero aceptaron lo que decía. Y siguió el interrogatorio.

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Día 62: Tercera estación
Siguió el interrogatorio. Dmitri se encontraba narrando su versión de los hechos. Contó cómo alcanzó a ver a su padre aún con vida por la ventana, y aunque estaba decidido a matarle, algo dentro de él lo hizo cambiar. Pero su padre se dio cuenta y gritó. Él intentó alejarse y fue cuando Grigori lo interceptó camino a la valla. El juez le preguntó por la puerta del huerto, que habían encontrado abierta. Pero Dmitri juraba no haberla abierto. El fiscal dijo que la encontraron abierta y que el asesino tomó esa ruta. Eso era indudable. No por la ventana. Eso dejó pensando a Dmitri. Luego mencionó el tema de las señales en la ventana que sólo sabían Smerdiakov, su padre y él, para indicar cuando Grúshenka llegase a la casa. El fiscal entonces insinuó la posibilidad de que Smerdiakov fuese el asesino. Pero Dmitri dijo que no y explicó sus razones pero reconoció la razonable duda. El fiscal sospechaba de él también. Dmitri confirmó además que Smerdiakov era hijo de Fiódor también. El fiscal mencionó que conocían esa leyenda y le contó la forma en que habían encontrado a su hermano, bajo un ataque epiléptico. Y le pidió seguir con la declaración.
Dmitri contó que saltó nuevamente a revisar al herido luego de golpearlo. No dijo que había sido por piedad, entonces el fiscal lo tomó como si se hubiese devuelto a ver si seguía vivo el único testigo del crimen. Se alegró internamente por ese hallazgo. Dmitri contó su intención de suicidarse, tras el abandono de Grúshenka y el crimen a Grigori. Volvieron al tema del dinero. Pero Dmitri se negó a contestar. Le pidieron entonces vaciar sus bolsillos y lo que quedaba del dinero. Lo hizo. También le ordenaron quitarse la ropa.

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Día 63: El fiscal atrapa a Mitia
Dmitri se sentía humillado al verse obligado a desprenderse de su ropa. Estuvieron revisando su ropa detrás de una cortina el fiscal, el juez y otros hombres por si se requería la fuerza. Se tuvo que tapar con una manta de una cama para taparse por el frío y la vergüenza. Luego le trajeron otro traje y Dmitri se sintió estallar de la cólera por la indignación. Se negó al inicio a usarlo pero luego cedió. Necesitaban la ropa para estudiarla. "Supongo que ahora empezarán a darme azotes, porque es lo único que falta", le dijo al fiscal. Le explicaron que entonces seguían las declaraciones de los testigos. Que además conformarían lo que él se había negado a declarar.
Le dijeron que Gregori había declarado que la puerta del huerto estaba abierta. Contrario a lo que había dicho él. Dmitri se puso loco con esa información que le incriminaba más. Luego le mostraron el sobre donde estaba el dinero de su padre. Pero estaba vacío junto a la cama de su padre asesinado. Entonces gritó que Smerdiakov era el culpable. Era el único que sabía donde el viejo guardaba el sobre. Ni él lo sabía. Le recordaron que hace poco él declaró que sabía que lo ocultaba debajo de la almohada, pero Dmitri dijo que lo habría dicho sin pensar. Le repitieron la evidencia. La puerta. Y el sobre. Y la procedencia del dinero que gastó que se negaba a declarar dónde lo había sacado. "¿Qué hemos de creer?", le preguntaron. Entonces dijo que revelaría su secreto y dónde había sacado el dinero. El juez lo alentó y dijo que toda confesión sincera y completa le ayudaría después.

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Día 64: El gran secreto de Dmitri. Lo abuchean
Dmitri confesó su secreto. Para decepción de todos, que el dinero era suyo. Que si se los había apropiado pero no a su padre. Y contó sobre los 3.000 rublos que le había dado su ex novia Katerina Ivánovna. Según, como ya todos sabían, se gastó ese dinero en la misma taberna con Grúshenka. Pero no se gastó todo el dinero sino la mitad y había guardado los otros 1.500 y los había guardado. Nadie lo sabía. Si la gente decía que se había gastado los 3.000 era porque él mismo lo había dicho. La ignominia estaba en haber separado ese dinero del resto y guardarlo. El fiscal no entendía lo inmoral de la situación y pensó que bien podría haber devuelto el resto. Dmitri dijo que lo guardó por sí Grúshenka necesitaba dinero para decidirse.
Empezaron a especular y discutir sobre los impulsos morales de la decisión de guardar el dinero, no devolverlo y no decirle a nadie más. Y sobre la cantidad gastada. Todo el mundo y los testigos confirmarían que Dmitri se había gastado los 3.000 completos porque él mismo lo había dicho para presumir. Pero les había mentido. Y no tendrían forma de demostrarlo. El fiscal siguió escarbando entonces en las pruebas de la bolsa cocida donde llevaba guardado el dinero. Al parecer ya no estaban. Hicieron pausa. Había amanecido. Dmitri preguntó por Grúshenka y si estaba comprometida en algo. Le dijeron que no tendría mayor problema. Entonces descansaron antes de organizar el interrogatorio a testigos. Fueron a tomarse un té.

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Día 65: Declaraciones de los testigos. La criatura
Inició el interrogatorio de testigos. El juez y el fiscal les manifestaron la importancia de decir la verdad. Luego deberían repetirla bajo juramento. Las preguntas se centraban principalmente en los 3.000 rublos, correspondientes a la primera juerga, y al dinero de Katerina, que Dmitri había confesado gastar la mitad. Los testigos estuvieron todos en contra del acusado, incluso añadían nueva información para hundirlo más. Trifón Borísich dijo que esa vez se debió haber gastado caso todo los 3.000 rublos. Dmitri escuchaba todo en el mismo cuarto de espaldas. Los otros mujiks confirmaron también las declaraciones de Borísich. También pasaron Kalgánov y los polacos. Que intentaron hundirlo también. Luego Maxímov y Grúshenka, que intentaron hacer declaraciones más favorables. Pero la dama confirmó lo de los 3.000 rublos y su procedencia y las amenazas contra su padre.
Terminaron el interrogatorio y fueron a deliberar. Grúshenka esperó y le dijo que lo esperaría. Dmitri se durmió y cuando despertó se encontró sobre una almohada. El sueño agradable que tuvo le alegró y se acercó al juez para decirle que formaría lo que quisiera y que había tenido un buen sueño.

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Día 66: Se llevan a Mitia
Terminaron las declaraciones y siguieron a escribir el acta o "Auto" en donde mencionaban que dado que el acusado no se confesaba culpable y como no había prueba alguna en su descargo, au que los testigo y las circunstancias probaban su culpa, de acuerdo a varios artículos, se procedía a impedir que pudiese escapar y retenerlo en una prisión. Dmitri acepta y da un discurso sobre el poder de la injusticia. "Acepto el suplicio de la acusación y mi oprobio general, quiero sufrir y me purificaré con el sufrimiento". Se anunció nuevamente inocente de la sangre de su padre, sólo culpable de desearlo. Y anunció que seguiría luchando contra ellos. Les ofreció su mano por última vez como hombre libre y dijo que al despedirse de ellos, se despedía de los hombres.
El juez dijo que le deseaba suerte y que estaba inclinado a considerarle más desgraciado que culpable. Pidió ver por última vez a Grúshenka. Se lo concedieron. Los amantes lloraron, se besaron y se despidieron. Todos los testigos estaban aún presentes y vieron como se llevaban a Dmitri. Ya en el carro Dmitri les gritó y se despidió de ellos. Algunos respondieron que los perdonara. Dmitri le gritaba específicamente a uno de sus peores acusadores Trifón Borísich, pero éste no volteó a responderle. Kalgánov su amigo le despidió. El carro partió. Kalgánov se echó a llorar.
Fin Parte 3

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PARTE 4



Libro 10



Día 67: Inicio de la Parte 4 y Libro 10 - Los chicos
Kolia Krasotkin

Inicia introduciendo nuevos personajes. En la familia Krasotkin, quien fue un funcionario, secretario de la provincia, que había muerto hace un tiempo. Nos hablan de su casa, de su viuda y su pequeño hijo Kolia Krasotkin. La viuda se dedicó completamente a él, quizás de forma exagerada, y temía perderlo. Se burlaban de él por mimado pero él salió adelante y se destacó con sus habilidades físicas y mentales. Últimamente se había puesto más rebelde y temerario, preocupando a su madre protectora. En Julio fueron a pasar el verano a otro distrito donde una pariente cerca de la estación del ferrocarril (en donde Iván Karamazov había partido a Moscú). Allí Kolia hizo nuevos amigos y se adaptó rápido. Como era el más joven y listo los otros mayores le tenían cierto desprecio. Kolia los retó diciendo que esa noche sería capaz de tenderse entre los raíles mientras los vagones pasaban sobre él a toda marcha. Él con anterioridad había hecho el estudio y le parecía posible. Los otros no le creían pero él insistió.
En la noche, Kolia se tendió entre los raíles como prometió mientras los otros esperaban escondidos entre matorrales. Cuando se aproximaba el tren, arrepentidos le gritaron que se quitara. Corrieron a verlo y lo sacudieron. Despertó. Dijo que se había hecho el muerto para asustarlos, aunque después confesaría a su madre que se había desmayado del susto. Pero su fama de atrevido se confirmó para siempre. Luego siguió otra hazaña donde se consagró en su saber, al hacer una pregunta que el erudito profesor de historia (que estaba enamorado de su madre) no pudo responder y él sí sabía. La madre se enteró de la travesura y casi se vuelve loca. Kolia prometió no volver a hacerlo. Aunque no cumpliría esa promesa. Haría otra travesura que se develará más adelante.
Todo esto parece fuera de la historia pero Dostoievski remata el capítulo: "A propósito: había olvidado decir que Kolia Krasotkin era aquel chico al que Iliusha, a quien el lector ya conoce, el hijo del subcapitán retirado Sneguiriov, había clavado un cortaplumas en el muslo, saliendo en defensa de su padre, el mismo a quien los colegiales llamaban <estropajo>".

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Día 68: Gente menuda
Un día el pequeño Kolia tenía la necesidad de salir para un asunto muy importante pero se encontraba atrapado en la casa al cuidado de otros dos niños más pequeños. Los Renacuajos: Nastia y Kostia. Resulta que su madre no estaba y la vecina, que era la mujer de un médico que llevaba un año ausente, tampoco. Kolia se inventaba formas de distraerlos y jugar con ellos, hasta el juego del caballito. Kolia los quería y los Renacuajos lo adoraban. La madre nada que llegaba y Kolia con la necesidad de salir pensó en dejarlos solos con las recomendaciones de que no harían travesuras ni llorarían. Fue a pedirles permiso cuando se cambió y los encontró discutiendo sobre un tema curioso, sobre Katerina, la criada que los cuidaba, que al parecer tenía un enamorado y estaba embarazada. Y también estaba ausente en ese momento. Kolia para convencerlos les prometió enseñarles un cañón de bronce que disparaba pólvora. "¿Y puede matar?", preguntaron los niños. "Puede matar a todos, lo único que falta es apuntar", dijo Kolia. También estaba su perro, Perezvón. Al que le indicó hacerse el muerto. En ese momento llegó Agafia, la criada de la madre de Kolia del mercado.
Kolia le encomendó a Agafia que cuidara de los Renacuajos. Que lo jurara. Agafia dijo que lo haría y no tenía que jurarlo. Kolia le dijo que no le contase nada de chismes de mujeres sobre Katerina, y llamó a su perro para finalmente salir.

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Día 69: El colegial
Kolia salió de la casa y antes de llegar a la plaza tocó un silbido, y al tiempo salió un chico de 11 años de su escondite. Era Smúrov, el colegial, compañero de Kolia, al que le tenían prohibido reunirse con él sus padres de buena familia. Smúrov también fue uno de los chicos que 2 meses antes había lanzado piedras a Iliusha, en el episodio con Alexei Karamazov. Llevaban a Perezvón, el perro. Y hablaban de Iliusha, que al parecer había perdido su perro. Decían que Iliusha estaba muy enfermo, quizás con tisis. Y no tenía mucho tiempo. También hablaron de Alexei, que al parecer le estaba ayudando a la familia y llevando la culpa de su hermano Dmitri, al que jugarían pronto por asesinato del padre. Smúrov le dijo a Kolia que debía ir a disculparse con Iliusha, que le haría bien a ambos. Alexei estaba muy involucrado y había llevado a los otros compañeros a visitar a Iliusha, incluso los agresores. Kolia desconfiaba de Alexei.
Los chicos siguieron andando y haciendo bromas a quienes encontraban. A un mujik, y burlando a un joven mozo en una trifulca. El joven quedó resentido y con ganas de venganza inmediata. Pero Kolia siguió haciendo bromas y molestando a quien se encontraba en camino. Nuevamente a otro mujik, pero que le resultó más listo y no cayó en su juego. Siguieron caminando hacia la casa del subcapitán, hacia donde Iliusha. Cuando llegaron Kolia le dijo a Smúrov que hiciese salir a Alexei Karamazov de la casa para hablar con él antes de entrar.

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Día 70: La Zhuchka
Kolia esperaba a Alexei a las afueras de la casa de Iliusha. Estaba nervioso. Hace mucho tiempo tenía ganas de encontrarse con él, de frente y a solas. Había escuchado cosas buenas. Pero debía mostrarse fuerte para que no lo tomara como otro niño con problemas pidiendo ser salvado. Alexei salió, ya no llevaba la sotana y con una sonrisa en su rostro. Kolia se describe a sí mismo y se pregunta si él el causante de la alegría de Alexei. Se saludan. Alexei le dice que Iliusha está muy mal y morirá pronto. También dice que Iliusha habla mucho de él incluso en sueños... hasta aquel episodio del cortaplumas. Ve que va con un perro y le pregunta si es suyo. "Sí. Se llama Perezvón". "¿No es la Zhuchka?", preguntó Alexei. Se refería al perro de Iliusha. Kolia dijo que le contaría todo en detalle.
Contó que era dos grados mayor que Iliusha y cuando llegó a la preparatoria era un chico frágil y débil. Se burlaban y lo humillaban los otros. Kolia miraba de lejos hasta que lo ayudó y lo tomó como su protegido porque Iliusha a pesar de todo siempre les planteaba cara aunque terminase peor. Orgulloso. Pero Iliusha se volvió sumiso ante Kolia en agradecimiento y hacía todo lo que le pidiese. Andaban siempre juntos. Pronto Iliusha empezó a desarrollar una ternura excesiva o sentimentalismo hacia él, lo que llevó a Kolia a distanciarse y volverse frío. Entonces empezaron los choques y desacuerdos. Kolia igual lo apreciaba e intentó reformar su carácter y hacerlo un hombre. Entonces se enteró que de alguna forma Iliusha se conoció con Smerdiakov, el criado de Fiodor y hermanastro de Alexei. Éste le enseñó algo cruel: poner alfileres dentro de los panes que se comían los perros callejeros. Preciso lo probaron con su perra, Zhuchka. La perra empezó a aullar, a correr y desapareció. Kolia le manifestó su desprecio y aberración. Para darle una lección le dejó de hablar y dijo que se alejara. Iliusha respondió que echaría alfileres a los panes a todos los perros y entró en furia. Como Kolia le quitó su protección los otros volvieron a molestarlo. Y preciso ocurrió lo del padre en la taberna (el subcapitán con Dmitri). Lo molestaban por eso también. En una de esas Iliusha lleno de rabia tomó un cortaplumas y se lo enterró en el muslo a Kolia. Kolia no dijo nada y le ofreció a que siguiera si quería. Pero Iliusha se sintió mal y se fue corriendo asustado. Luego ocurriría lo de las pedradas en donde Alexei estaría en la mitad e Iliusha le mordió el dedo. Pero estaba perturbado ese día. Eso quería decirle Kolia. Alexei se sorprendió con la historia. Y le preguntó si había encontrado a la perra. Pero Kolia dijo que no. Al contrario le preguntó por su padre, Fiodor y su fama de bufón y payaso. Alexei le contó por encima pero volvieron al tema de Iliusha. Harían creer a Iliusha que Perezvón era Zhuchka, porque eso le haría bien y quizás recuperarse. Kolia se dio cuenta que estaban pasando frío afuera y se llamó egoísta por eso. Alexei le preguntó su nombre: Nikolai Ivánovich Krasotkin. Siguieron hablando y ambos se abrieron ante el otro. Kolia estaba feliz porque quería conocerlo y aprender algo de él. Alexei dijo que él había sido el aprendiz. Entonces planearon la entrada y el teatro del perro.

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Día 71: Con Iliusha enfermo
La habitación de Iliusha se volvió muy concurrida por sus compañeros de preparatoria. Alexei había ayudado a contactarlos. Hasta los que lo molestaban se reunían entorno a él. Kolia fue el último en llegar con el plan junto a Alexei y Perezvón. Iliusha seguía postrado sin poder levantarse. Los padres sufrían al verlo así. El subcapitán al inicio rechazó a los otros chicos pero al ver que su hijo mejoraba los acogió y los consentía. Había aceptado los 200 rublos de Katerina Ivánovna, llevados por Alexei. El subcapitán también le compró un nuevo cachorro de la misma raza para reemplazar el recuerdo de Zhuchka, pero Iliusha revivió el recuerdo de su perra y el daño que le hizo. En ese momento entró Kolia saludando y fue junto a Iliusha, que no dejó de mirarlo y se incorporó sorprendido. Kolia pasó sus manos por su cabello y le dio ánimos, mientras le preguntaba por ese cachorro. Y aguantaba el llanto al ver tan frágil a su amigo. De repente le dijo que Zhuchka se había perdido pero que ahora tenía otro perro, Perezvón. Lo hizo pasar, aunque Iliusha se negaba, pero al verlo reconoció a su Zhuchka. Era su perra y Kolia lo había cuidado y encontrado. Iliusha experimentó varias emociones que le pasarían factura a su frágil cuerpo. Kolia le mostró las cosas que le había enseñado al perro. También le llevó un cañoncito de bronce, que Iliusha quería ver.
Kolia se puso a contar historias del colegio, de la vida y todos le escuchaban atentos. Hablaron de la fundación de Troya e hizo una disertación sobre la historia universal. El subcapitán participó pero la opinión que más temía era la de Alexei, que se mantuvo en silencio escuchando hasta que el mismo Kolia le obligó a participar. Pronto llegó el doctor a interrumpir. Los chicos se fueron y Kolia se fue a afuera con Perezvón a esperar.

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Día 72: Un desarrollo precoz
Kolia esperaba con Alexei fuera del cuarto. Indagando sobre el veredicto del médico Alexei le dijo que se moriría. Era lo más seguro. Kolia se lamentó y agradeció al menos haber conocido a Alexei. Confesó que hace mucho quería conocerlo porque era un místico y había estudiado en un monasterio. Le dijo además que el contacto con la realidad le curaría. Mientras hacía su despliegue intelectual se describe las dudas en el pensamiento de Kolia tras sus preguntas y afirmaciones. Alexei se sorprendió de su comentario y le preguntó y dejó que ahondara en su argumento, su percepción de místico y de lo que tenía que curarse. "Lo de Dios y todo eso". "¿Es que no crees en Dios?, preguntó Alexei."
"Todo lo contrario, contra Dios no tengo nada. Claro que Dios no pasa de ser una hipótesis... pero... reconocí que es necesario para el orden... Y si no existiera, habría que inventarlo." Alexei estaba impresionado. Luego Kolia siguió preguntando si se podía amar a la humanidad sin creer en Dios como Voltaire. Alexei empezó a intervenir y tratando como si no fuese un niño sino un interlocutor mayor. Le dijo que Voltaire creía en Dios y amaba poco a la humanidad. Siguieron hablando de Voltaire, de Cándido, del socialismo (Kolia se declaraba socialista a los 13 años), y Alexei le dijo con la edad aprendería la influencia de la edad en las convicciones. Porque le parecía que hablaba con palabras de otro. Siguieron con la religión, Cristo, humano y revolucionario. Kolia confesó hablar a menudo con Rakitin de esas ideas pero que a veces no estaba de acuerdo. También hablaron de la mujer y su emancipación, en lo que Kolia no estaba de acuerdo. Alexei se mostró sorprendido pero entristecido de que un espíritu magnífico que no había empezado a vivir se hubiese contaminado con groseros desatinos ideológicos. Kolia aceptó lo de la presunción juvenil pero dijo que era algo que podía cambiar. Y aludió a su espíritu independiente desde su infancia. Audacia del pensamiento y de la convicción. Y manifestó que había que ahorcar a los alemanes. Alexei quiso saber el por qué y siguieron ese camino. Dentro de todo su discurso, Alexei entendió que estaba nervioso por su amigo y arrepentido de no haber ido antes. Y le dijo a Alexei que apreciaba mucho su opinión y pensaba que lo despreciaba. Alexei alabó su suspicacia. Siguieron hablando de la juventud y sus características actuales, el amor propio en exceso, la martirización, pero reconoció en Kolia su aceptación de lo malo y ridículo de esa posición. Eso ya era algo. Kolia seguía encantado de hablar con él. Se confesaron su cariño y amor fraternal. Terminaron de amigos hasta que el doctor finalmente salió del cuarto.

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Día 73: Iliusha
"¡No hay nada que hacer! No soy Dios", dijo el doctor al salir del cuarto de Iliusha a Kolia y Alexei. Dijo que quizás si mandaban en ese mismo momento a Iliusha a Siracusa (Sicilia) con un mejor clima, quizás podría mejorar. Y al resto de la familia la asignó a distintas partes geográficas. Un imposible. Y una forma cruel de decirlo. Kolia molesto por la actitud del doctor le llamó "matasanos" y le dijo que no se preocupara que el perro no le haría nada. El doctor preguntó quien era el insolente joven. "Soy el amo de Perezvón, matasanos, no se preocupe por mi persona", respondió Kolia. El doctor pidió que lo azotaran y Kolia amenazó con que Perezvón lo mordería. Alexei reprendió a Kolia, y éste lo obedeció y se fue a acompañar a Iliusha con su perro.
Iliusha dijo haber escuchado todo y empezó a despedirse y a decir que lo visitaran en su tumba y donde quería ser enterrado. Que nunca lo olvidaran. Todos lloraban. Kolia resistía mientras le tomaba de las manos. Se despidió y dijo que regresaría luego. Apenas salió de la casa empezó a llorar. Alexei lo alcanzó y le dijo que debía volver. Alexei también volvería.
Fin Libro 10

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Libro 11


Día 74: Inicio Libro 11 - El hermano Iván Fiódorovich
En casa de Grúshenka
Alexei se dirigía a visitar a Grúshenka, quien desde el tercer día del encierro de Dmitri cayó gravemente enferma. Luego de dos meses de la detención, Alexei siguió visitando a Grúshenka. En su estado de vulnerabilidad le resultó más hermosa, más humana y espiritual. Aunque recordaba con furia a Katerina. En la casa encontró también a Maxímov, que se había quedado con ella. Le contó a Alexei que habían discutido por celos de él. Alexei dijo que debía estar irritado. Mañana era el juicio.
Los polacos le mandaban cartas a Grúshenka solicitando ayuda económica. Ellas los ignoraba hasta que se conmovió y fue a visitarlos. Los encontró viviendo en la miseria. Contó de su ayuda a Dmitri, y por eso se molestó, porque su capitán aprovechó para reconquistarla. Pero ello se lo contó para darle celos. Los necesitaba. Y ella lo estaba por Katerina, porque también se estaba metiendo en el juicio, intentando ganar el afecto de Dmitri nuevamente. Por otro lado, habían interrogado al otro sospechoso, a Smerdiakov, y lo descartaron por el momento. Seguía enfermo y con ataques de epilepsia. Alexei contó que Iván junto a Katerina y él habían aportado el dinero para el abogado y el médico a testificar. El abogado cobró menos por la fama del caso en todos los diarios y el médico como perito para descartar la locura en Dmitri. No ayudaba la condena de todos los testigos. A Grúshenka también se le escapó las visitas de Iván, las que Alexei desconocía. Porque luego de sus visitas Dmitri empezó a cambiar su comportamiento. Un poco más agresivo. Alexei se quedó pensativo, pues ni él había hablando con su hermano tanto desde su regreso de Moscú. Ella no debía decirle nada. Pues al parecer había un secreto entre Dmitri, Iván y Katerina, que temían que Alexei lo conociera. Entonces ella le dijo para que indagara y luego le contara. Siguieron hablando de secretos, misterios y teorías. El falso amor de Iván a Katerina, la supuesta autoría intelectual de Iván del asesinato. Alexei se despidió para ir a hablar con su hermano de estos temas, y le dijo que Dmitri la amaba. Sin dudas.

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Día 75: Mi pie enfermo
Luego de hablar con Grúshenka, Alexei se dirigió a casa de la señora Jojlakova, a donde había ido también en los últimos meses. Alexei pensó pasar directamente hacia dónde Lisa, pero la madre lo interceptó y lo llevó a hablar a otro cuarto. Alterada por todo lo ocurrido y por el juicio de mañana, le dijo que a Lisa la había visto el médico que trajeron de perito, que fue costoso, pero que lo que quería decir era que se olvidara de la promesa de ser su esposa de su hija porque eran delirios de una enferma. No lo dejó hablar y empezó a hablar mal de Grúshenka y lo ofendida que estaba al ver que en los diarios la llamaban como "la querida amiga" de Dmitri. Como la noticia corría por toda Rusia, en algunos diarios hablaban de Alexei, como si se hubiese hecho fraile luego del asesinato, o que junto con Zosima habían violentado la caja del monasterio. En el diario que le pasó Jojlakova encontró la referencia, como una viuda aburrida con una hija mayor que se había enamorado del asesino y le había prometido horas antes 3.000 rublos para huir con él en busca de minas de oro. Al parecer la nota del diario la había hecho Rakitin. Entonces la señora contó la historia de la posible razón ante tanta infamia. Rakitin se había enamorado de ella y la iba a visitar con frecuencia, pero a ella quien le interesaba era el joven funcionario Perjotin. Entonces un día ambos coincidieron y se pelearon a causa de los malos poemas de religioso, y ella terminó echando de su casa al que era menos merecedor de sus afectos.
Luego hablaron del crimen y de Dmitri. Jojlakova entonces planteó la hipótesis de que el asesino fue Grigori. Luego que Dmitri lo hubiese golpeado, bajo un estado afectivo, mató a Fiodor. Aunque a ella le hubiese gustado que fuese Dmitri. Y preciso Lise se encontraba bajo un estado afectivo. No estable mentalmente. Entonces también le contó que su hermano Iván, tras regresar de Moscú, había ido a su casa varias veces y a buscar a Lise. Alexei quedó sorprendido. Luego Lise le dijo gritando que impidiese que Iván la volviese a visitar. Ella no conocía los detalles de tales encuentros. Y desde entonces Lise estaba más histérica y violenta. Cuando entró Perjotin, Jojlakova se distrajo y Alexei pasó a ver a Lise.

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Día 76: Un diablillo
Alexei entró a ver a Lise y la encontró visiblemente cambiada. Le recibió con frialdad. Lo había estado escuchando mientras hablaba con su madre. Y manifestó su decisión de ya no querer ser su esposa. No servía para marido. En su voz Alexei percibió maldad. "En usted hay algo maligno y, al mismo tiempo, cándido". Lise respondió que no lo quería porque no lo respetaba. Pero lo llamaba porque deseaba casarse. Que alguien la martirizara. Que la engañase y la dejase. No quería ser feliz. Mencionó a Kalgánov, y dijo que se casaría con él. Se le había declarado. Y era un manso y un servil. Y ella le haría girar y bailar como un trompo. Dijo que deseaba ser condenada y castigada. Que estaba inclinada a hacer el mal y mucho daño. Y eso le agradaba. Intentó reflexionar con Alexei sobre el por qué, sobre el amor al mal y la condición de éste.
Lise confesó seguir leyendo los libros malos y recordó la historia del muchacho que se tendió sobre la vía de tren y no murió (Kolia), y sobre el asesinato de su padre. "¡Les agrada, les agrada a todos! Dicen que es algo terrible, pero en su interior les agrada mucho. A mí es a la primera que me agrada". También le contó sus sueños con diablos que la atormentan. Alexei dijo que también los había tenido. Recordó también los terribles pasajes de los libros prohibidos de juicios donde mutilaban y crucificaban a los niños. Alexei la entendió y al final ella se echó sobre él pidiendo que la salvara. Le dijo que se fuese a la cárcel a ver a su hermano y también le pasó una esquela dirigida a su hermano Iván. Cuando Alexei se fue, Lise entreabrió la puerta, metió un dedo en la abertura y la cerró con todas sus fuerzas. Luego se quedó mirando y lamentando de su negro dedo sangrante.

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Día 77: Un himno y un secreto
Alexei fue finalmente a visitar a su hermano Dmitri a la cárcel, el día antes del juicio. Vio que estaba con Rakitin, que al parecer se había vuelto visitante frecuente. Dmitri le dijo que quizás porque le daba pena. "¡Bueno, Alexei, ahora soy hombre perdido!". Y empezaron a filosofar y hablar sobre Dios, la culpa y de lo que hablaba con Rakitin. Le contó de su fallido intento de conquistar a la señora Jojlakova, en beneficio de Perjotin. Alexei le contó de la venganza de Rakitin en la crónica sobre el asesinato, hablando mal de Jojlakova. Dmitri quedó sorprendido que él fuese el autor. Finalmente hablaron del tema del asesinato. Dmitri confesó a su hermano que él no había matado a su padre. También manifestó su cambio como un nuevo hombre. Alexei le preguntó por las visitas de Iván, y Dmitri mencionó el misterio y el enigma de su hermano. Pero dijo que le contaría la verdad luego de la sentencia, porque era algo espantoso y él sería su juez.
Hablaron del abogado y el médico. Su abogado defensor lo creía culpable. Todos le creían culpable. Grigori era ahora su enemigo. Temía que Katerina hablase del dinero en cuestión y le pidió a Alexei que hablase con ella. Ella había traído el médico para hacerlo pasar por loco y reducir su pena. Pero estaba preocupado por Grúshenka. Habían discutido por celos. Y por lo que tendría que pasar por él. Finalmente decidió adelantarle el secreto y el resto le contaría luego de la sentencia. Contó que Iván le propuso una fuga. De ir a América con Grúshenka, y ya todo estaba planeado. "¿Qué es América? ¡América es también la vanidad mundana!". Miró los ojos de Alexei y le dijo que no decidiera nada. Que después de la sentencia hablarían del tema. Y Alexei decidiría. Contó que Iván insistió en no contarle nada él para que no influyese moralmente. Alexei aceptó pero le preguntó si no confiaba en la absolución. Dmitri dijo que al parecer Iván no lo creía posible. Entonces llegó la hora de la despedida. Se abrazaron y Dmitri vio a su hermano a los ojos y le preguntó si lo creía culpable. Alexei dijo que no. Dmitri le agradeció. A Iván no se atrevió a preguntarle. Alexei salió llorando y la prisión y fue en busca de su hermano Iván.

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Día 78: ¡No fuiste tú, no fuiste tú!
Alexei se dirigía hacia donde su hermano Iván. En el camino pasaba por la casa de Katerina, de donde vio salir preciso a su hermano Iván. Éste se sorprendió de verla y dijo que mejor no entrará a ver a Katerina porque podía alterarla. Katerina los escuchó y los llamó a ambos a entrar. Alexei le trasmitió el mensaje de Dmitri, que no contara lo del dinero. Katerina estaba confusa y preguntó si él en realidad había sido el autor de la muerte. Y dijo que Iván le había dicho que había sido Smerdiakov, entonces siguió hablándole y reclamando a Iván. Éste se levantó para irse. Katerina le dijo a Alexei que lo siguiera. Estaba loco. El médico le había diagnosticado calenturas nerviosas. Alexei se fue detrás e Iván lo encaró enojado al verse perseguido. Hablaron de la locura. ¿Cómo se vuelve loca la gente? ¿Puede uno advertir que se está volviendo loco?
Alexei le dio la carta que le había enviado Lise. Iván se burló refiriéndose a Lise como el diablillo, la joven que se ofrecía. Alexei se enojó pero Iván enseguida cambió a hablar de Katerina. Que lo quería como niñera. Y el debía permanecer a su lado para que no hundiese más al asesino y al monstruo. Alexei se sorprendió ante tales palabras. Añadió que Katerina tenía un documento que demostraba que Dmitri había sido el asesino. Alexei lo negó y siguieron hablando de las hipótesis. Y del sospechoso Smerdiakov.
- ¿Pero quién fue, quién? - exclamó Iván.
- Sólo sé una cosa. No fuiste tú. Dijo Alexei.
Iván se escandalizó y entonces Alexei recordó todas las veces anteriores donde Iván se echaba la culpa del eventual asesinato. Pero Alexei le seguía diciendo que no había sido él. Entonces Iván en medio de la rabia y la confusión da a entender que Dmitri fue a verlo a él antes de ir a casa de su padre esa noche. Como si no hubiese viajado. Alexei estaba confundido. Dijo que lo decía porque Dios le había inspirado a decírselo. Que él no era el culpable. Iván seguía también confundido, acorralado y furioso. Finalmente le dijo que rompía lazos con él. Que esperaba no volver a verlo.
"¡Hermano! ¡Si algo te sucede hoy, piensa, lo primero de todo, en mí! - le dijo Alexei.
Se separaron. Iván cambió de rumbo y se dirigió al otro extremo de la ciudad. A la casa de María Kondratievna. A la que Smerdiakov le tocaba la guitarra, vecina de Fiodor. Smerdiakov ahora vivía con ella, tras el asesinato. Iván se fue a verlos arrastrado por una idea súbita e invencible.

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Día 79: Primera entrevista con Smerdiakov
Iván iba a visitar a Smerdiakov por 3ra vez desde su regreso de Moscú. Nos cuentan que Iván se enteró y regresó al 5to día después de la muerte de su padre. Y apenas llegó fue a ver a Smerdiakov. Al primero que vio fue a su hermano Alexei y se sorprendió de la negación de éste a ni siquiera sospechar que su hermano fuese el asesino. Sabía que Alexei quería mucho a Dmitri. La relación de Dmitri con Iván era complicada. Iván sentía lástima y desprecio por su hermano. Y no entendía el amor de Katerina por él. Igual fue a ver a su hermano y le confundieron sus declaraciones, desechando los testimonios de todos pero sin fuerza o pruebas suficientes.
En su visita a Smerdiakov al hospital, luego del largo ataque de epilepsia, del que los médicos daban certeza, se entrevistó con él, diciendo que le debía explicaciones. Smerdiakov le habían anunciado con anticipación que ese día preciso le iba a dar un ataque, y él había averiguado que esos ataques no se podían prever y menos con día y hora exactos, como él había hecho. Smerdiakov estaba tranquilo y dijo que sí se podía presentir. Dijo que su epilepsia fue verdadera, que podía preguntar a los médicos y que él no tenía que dar explicaciones a él. Dijo además que ya había dicho en su declaración los detalles de su ataque, sus miedos debido a la partida de Iván y la conversación que tuvieron días antes. Por eso decía que él era su esperanza. Iván le preguntó entonces si también dijo en su declaración que sabía simular los ataques. Smerdiakov lo negó. También le recordó su interés en que se fuese de viaje y se alejara del pecado. Smerdiakov aludió que ocurrió lo inevitable. Y que cuando le dijo que era grato hablar con un hombre inteligente era en forma de reproche por irse y dejarlos solos y a él con la culpa de sí ocurría algo sería sospechoso. Dijo que ya había dicho todo eso en su declaración al juez y el fiscal. Iván me dijo al final que no creía que el lo hubiese hecho y no diría nada de que él sabía fingir los ataques. Smerdiakov le agradeció y le dijo que él tampoco diría nada de su conversación. Cuando salió de la visita, Iván se sintió extrañamente tranquilo de que Smerdiakov no fuese culpable y sí su hermano. Y sintió impulso de regresar al sentir un aire de amenaza o chantaje en la última frase de Smerdiakov. En esa conversación junto a la puerta de la casa antes de irse. Con los días y al ver las pruebas se convenció que Dmitri era culpable. Alexei al contrario pensaba que el culpable era Smerdiakov.
Iván también había despertado nuevamente su pasión por Katerina. Aunque dijese que no le interesaba. Pero ella aún guardaba amor por Dmitri y sentía que lo engañaba. Por otra parte también recordó otra situación con Dmitri, Alexei y su padre, cuando golpeó a Fiodor. Y le preguntó a Alexei si pensaba que él deseaba la muerte de su padre. Alexei asintió. Y siguió preguntando si pensó que él quería que Dmitri matase por él a su padre. Que una víbora se comiese a otra víbora. Y si pensó que él favoreció a que eso ocurriese de esa forma. Alexei calló nervioso. Iván le gritó que le respondiera. Hasta que finalmente también asintió. Iván agradeció y volvió a alejarse de su hermano. Pero esa vez también Iván corrió a ver a Smerdiakov.

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Día 80: Segunda visita a Smerdiakov
Entonces tras hablar y discutir con su hermano Alexei, Iván le hizo la segunda visita a Smerdiakov tras su llegada de Moscú y tras el asesinato de su padre. Smerdiakov se había mudado a casa de su novia y vivía gratis en armonía con su suegra. Iván lo vio totalmente recuperado. Iván no demoró en ir al grano y preguntarle sobre aquello que le había dicho la vez pasada que si no contaba que sabía fingir los ataques de epilepsia entonces él tampoco diría todo lo que habían conversado en la puerta de la casa. ¿Era una amenaza? ¿Acaso insinuaba que tenían una alianza?
Smerdiakov respondió: "Lo que yo pensaba, y por eso se lo dije, es que usted, conocedor como era de que su padre iba a ser asesinado, lo dejó indefenso, para que la gente no se imaginase después nada malo de sus sentimientos, o acaso algo distinto: por eso prometí entonces que no diría nada a las autoridades".
Smerdiakov respondió con calma pero algo en su tono reflejaba rencor y provocación. Iván saltó enojado y dijo que aclarara a lo que se refería por "acaso algo distinto". Y le respondió inmediatamente que a desear la muerte de su padre. Iván saltó y le pegó un puñetazo en el hombro que lo hizo chocar contra la pared. Vinieron a sentarse. Iván insistía en conocer la razón de sus sospecha. Smerdiakov dijo que matarlo él mismo no podía, ni lo quería. Pero sí que lo hiciese alguien más. También mencionó la herencia del padre a sus hijos, que se perdería si se casaba con Grúshenka. Y si de paso salían de su hermano Dmitri, a él y a Alexei le correspondería más dinero. Entonces Iván, que se aguantaba de no volver a golpearlo, dijo que si sospechaba de alguien en ese momento era de él. Recordaba su impresión de que en algún momento iba a cometer alguna vileza. Y Smerdiakov contestó que en efecto también pensó que contaba con él, como si le dijese: Puedes matar a mi padre, no me opongo. Cuando se fue a Chermashnia por recomendación de Smerdiakov sin razón alguna le dio el mensaje que a la vez esperaba algo de él. Iván saltó diciendo que entendió mal, que nunca le había dado eso a entender. Smerdiakov entonces le dijo que él era un hombre inteligente, y debió detenerle o pegarle cuando le hizo ese comentario, pero hizo todo lo contrario, no dijo nada y se fue de viaje. Siguió el plan sugerido por Smerdiakov. Al irse dio su mensaje claro.
Iván le dijo que no temía de sus acusaciones y que declarase contra él si quería. Si no lo mataba en ese momento era porque le quitaría la máscara en el tribunal. Y él era el verdadero asesino. Smerdiakov le volvió a decir que era un hombre inteligente y lo mejor que podía hacer era callarse, pero si no lo hacía tampoco le tenía miedo y contaría todo. Si el tribunal no creía, la gente sí lo haría y caería la vergüenza contra él.
Iván se levantó temblando y sin mirar a Smerdiakov. Mientras caminaba iba pensando en sus propias acciones y en lo que haría o debería hacer. Se preguntaba la verdadera razón por la que se fue de viaje. Revivía el pasado. Los hechos. Era cierto que esperaba algo de Smerdiakov. Lo quería. Debía matar a Smerdiakov. Pero decidió ir y contarle todo a Katerina. Si el asesino fue Smerdiakov entonces él era cómplice. Entonces Katerina le mostró la carta que según demostraba que Dmitri había matado a su padre. La carta la mandó Dmitri cuando estaba en la taberna borracho, la noche en que se encontraron Katerina, Alexei y Grúshenka. La carta decía que mañana conseguiría el dinero que le debía (los 3.000 rublos) como sea y se despedía de ella. Así tuviese que romper la cabeza de su padre y coger el dinero bajo su almohada, luego de que Iván se fuese de viaje. Sabía que iría preso pero pagaría su deuda. Y se iría lejos de todos. También decía en la carta que se mataría pero antes al perro. Y al final escribió: "Katia: ¡Dmitri no es ladrón, sino asesino! Ha matado a su padre y se ha dado muerte para mantenerse firme y no soportar tu orgullo. Y para no amarte!". Esa carta fue la que le dio la tranquilidad a Iván, pues si no era Smerdiakov, él tampoco lo era. Pero se seguía mortificando por haberse enojado tanto por la acusación. Eso hizo que organizara la fuga de Dmitri. Fue a verlo días después y se lo propuso. Destinaría el dinero que le correspondía a organizar su fuga. Pero incluso luego de la visita y planear la fuga Iván se seguía sintiendo mal. Se seguía sintiendo como un asesino. En el fondo de su alma lo sabía. Y le atormentaba.
Días después también pensó en algo que le preocupaba. En su encuentro con Alexei y Katerina, ella dijo delante su hermano que él había tratado de persuadirla de que Dmitri era el asesino. Pero ella le había mostrado la carta. Aunque después se enteró que Katerina había hablando también con Smerdiakov. Y eso lo atormentó. Lo que pudo haber hablado con su hermanastro. Y luego de esa conversación fue a visitar por tercera y última vez a Smerdiakov.

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Día 81: Tercera y última entrevista con Smerdiakov
Iván llegaba nuevamente a visitar a Smerdiakov. Iba por respuestas el día antes del juicio. Iba enojado y sintió deseos de golpear a un borracho en el camino. Cuando llegó le prometió a Smerdiakov que no se demoraría sólo quería saber si Katerina había ido a verlo. Smerdiakov confirmó pero dijo que eso no le interesaba. Lo miró y le preguntó si no estaba enfermo. Tenía los ojos amarillos. "¿Sufre mucho?", le soltó Smerdiakov sonriendo con desprecio. Iván insistió en indagar sobre el encuentro y dijo que no se iría de allí sin respuestas. "¿Por qué le preocupa tanto?", le dijo, y añadió que no le pasaría nada, que no tenía nada que temer. A Iván le recorrió un frío cuando lo dijo. Smerdiakov le dijo que dejara la comedia y hablaran claramente. Iván le dijo que fuese más claro. "Usted lo mató, usted es el principal asesino, yo no fui más que un instrumento suyo, fiel servidor del caballero, lo hice siguiendo sus indicaciones", soltó finalmente Smerdiakov. Iván se quedó aún más frío, "¿Lo hiciste? ¿Acaso lo mataste tú?".
"¿Pero es de veras que no sabía nada?, preguntó Smerdiakov, quién estaba convencido de que sólo fingía para echarle toda la culpa a él. Parece que todo se llevó entre sombras, entre la sugerencia y el deseo de ambos. Sus inconscientes se confabularon. Entonces Smerdiakov empezó a sacar algo de su media e Iván se asustó. Sacó un fajo de billetes. Eran los 3.000 rublos de Fiodor. "¡Aquí tiene!".
Iván finalmente entendió. Dmitri era inocente. Smerdiakov le dijo que antes parecía más valiente cuando decía: "todo está permitido". Entonces le preguntó finalmente: "¿Cómo lo hiciste? Cuéntamelo todo". Quería detalles.
Apenas se fue de viaje, Smerdiakov cayó en la cueva y fingió el ataque de epilepsia. Fingió todo. Aunque luego le dio una de verdad. Fingía lamentarse para que Marfa escuchara. Y esa noche esperó la llegada de Dmitri, que estaba seguro que iría al ya no tenerlo de informante. Smerdiakov estaba seguro de que Dmitri mataría a su padre, como todos lo esperaban algún día. Y él había movido los hilos para acelerar el proceso. El dinero no lo guardaba bajo el colchón sino en una caja. Era una treta para quedarse igual con el dinero y echar la culpa a Dmitri. Y si no lo mataba, igual podía echarle la culpa de llevarse el dinero. Smerdiakov siguió contando todo en detalle porque Iván parecía auténticamente inconsciente de sus propios deseos. Cuando él se fue de viaje le dio el permiso y la complicidad a Smerdiakov de hacerlo, en caso que Dmitri no lo hiciera. Pero siguió el recuento, cuando escuchó los gritos de Grigori, subió a comprobar si Fiodor estaba muerto pero lo encontró vivo y preocupado porque había visto a Dmitri y dijo que había matado a Grigori. Smerdiakov fue a revisar a Grigori. Y en ese momento vio su oportunidad. Tenía que hacerlo. Para que le abriese la puerta de la habitación le dijo que Grúshenka había llegado. Fiodor seguía asustado. Entonces le dijo que ella estaba asustada entre los arbustos, que la llamase desde su ventana. Cuando Fiodor se acercó a la ventana, Smerdiakov tomó un pisapapeles de hierro y le dio un golpe en la sien. Cayó sin gritar. Y lo siguió golpeando varias veces en el mismo sitio. Tomó el dinero del sobre y dejó el sobre tirado. La evidencia. Smerdiakov corrió a su cuarto y empezó a gemir para despertar a Marfa y que ella al no ver a Grigori subirse a encontrar todo el desastre. La coartada. Rezó para que Grigori estuviese vivo. Era el testigo directo. ¿Y la puerta abierta que Grigori vio? Smerdiakov dijo que Grigori se figuraba haberla visto abierta pero en realidad nunca lo estuvo. Delirios de un mulo terco. Y algo bueno para ellos.
Iván empezó a caminar por la habitación. Pensando. Hasta que le dijo a Smerdiakov que era muy listo. Pero que era un ser despreciable. Dijo que él podía ser culpable también pero no tanto como él. "¡No, no te induje!". Y anunció que diría la verdad al tribunal, declararía contra sí mismo. Y no temía a nada. Y él debería confesar también. Smerdiakov no le creyó y dijo que haría el ridículo. Iván volvió al tema del dinero y lo acusó de chantaje. Smerdiakov ya un poco nervioso rechazó el dinero, pero le recordó las palabras de Iván que lo alentaron: "Todo está permitido. Si no hay un Dios infinito, la virtud tampoco existe y no hace ninguna falta". Y dijo que no haría tal estupidez porque era un hombre inteligente. Le gusta el dinero y es orgulloso. Y dijo que de todos sus hijos, él era el que más se parecía a su padre. Tiene su misma alma. Iván tomó el dinero y lo guardó. Dijo que lo mostraría en el juicio. "Nadie le creerá". Iván volvió a decirle que no lo mataba porque lo necesitaba para el juicio mañana. Antes de irse le pidió que le mostrara el fajo de billetes por última vez.
Cuando salió de la casa de Smerdiakov, se sintió tambalear pero también feliz porque tenía todo claro. Vio al borracho tirado en el suelo y lo levantó y llevó a la comisaría. Pagó todos sus gastos. Y ya se sentía mejor. Incluso pensó en ir esa misma noche a confesar todo. Pero cuando llegó a su casa nuevamente se vino al piso. Estaba nervioso, inquieto y delirando. Se quedó mirando la pared, había algo que le irritaba, que le producía inquietud y sufrimiento.

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Día 82: El diablo. La pesadilla de Iván Fiódorovich
Esa noche en su casa, tras la revelación de Smerdiakov, Iván empezó a delirar. Un médico hace poco le había diagnosticado un trastorno cerebral. Pero Iván se negaba a estar enfermo en ese momento. De repente, en su cuarto y mirando hacia la pared, se percató de la presencia de alguien más en su habitación. Un señor. Un getlemen. Se describe su vestimenta y apariencia. Distinguido pero descuidado. El huésped misterioso le recordó que fue a buscar información sobre la visita de Katerina a Smerdiakov y no logró nada. Iván pareció reconocerlo. No era la primera vez que lo veía. Aunque ya nada importaba. Le advirtió que no lo volvería loco. Iván se dirige al huésped diciendo que es una encarnación de una parte de él, de la parte más mala, estúpida y vulgar. Era el mismo diablo. Un ángel caído. "Mi afecto por los hombres es sincero, ¡oh, me han calumniado mucho!", dijo el diablo, quien siguió hablando de su vida en la tierra, sus encarnaciones y hasta mencionó a Lev Tolstoi, tratando de convencer a Iván de su existencia. El diablo le siguió hablando de su enfermedad y los médicos en general. Iván le criticaba que se metiera con temas filosóficos. "Por lo demás, yo no me meto en nada de esto, no fui yo el creador y tampoco soy el responsable. Bueno, me tomaron como cabeza de turco, me obligaron a escribir la sección de crítica y resultó la vida".
"¿Es que tampoco tú crees en Dios?", le pregunto Iván al diablo. "Te aseguro que no lo sé. Es todo lo que puedo decirte". Y siguieron conversando, el diablo contando leyendas de su mundo, de la tierra y sus constantes transformaciones, cuando Iván recordó las historias que él contaba de joven sobre la evolución. Confirmó sus dudas de que el diablo era una proyección de él y sus pensamientos. "¡Eres un sueño y no existes". "Por el ardor con que me niegas, veo que a pesar de todo, crees en mí". El diablo estaba allí para salvar su alma. Y le contó de otros casos trágicos que había visto recientemente cerca. Familias, venganzas, celos y resentimientos. El diablo le dijo que estaba molesto con él por haberse presentado de forma terrenal como él y no como esperaba, como el mito, con resplandor rojo y alas de fuego. Y mencionan la gran referencia a este episodio, la escena de Mefistófeles y Fausto en la novela de Goethe. También le mencionó su cuento, "El Gran Inquisidor", que le había conmovido especialmente y lo tenía muy presente. Iván se enojó cuando mencionó su relato y amenazó con matarlo. El diablo sonrió. Y mencionó una de sus frases, preciso la que le dijo a Smerdiakov: "todo está permitido". Iván le lanzó un vaso y el diablo siguió riendo. De repente escucho que tocaban su puerta. El diablo le dijo que abriera, porque era su hermano Alexei, que le llevaba la noticia más inesperada. Iván se levantó y gritó a Alexei que le había dicho que no fuese a su casa. "¿Qué quieres? Dilo en dos palabras, ¿oyes?".

"Smerdiakov se ha ahorcado hace una hora", dijo Alexei. E Iván petrificado le abrió.

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Día 83: Lo ha dicho él
Alexei le contó que Marfa había ido corriendo a avisarle. Smerdiakov se había quitado la vida, se había colgado. Dejó un mensaje: "Me privo de la vida por mi propia voluntad y deseo. No se culpe a nadie". Alexei fue a buscar la policía y luego donde su hermano, quien seguía petrificado. Le preguntó qué le pasaba. Iván dijo que ya sabía lo que había ocurrido porque se lo había dicho alguien que ya se había ido. Trató de explicarle que el diablo había estado hace un momento con él, y en los últimos días lo había visitado. Siguió hablando y diciendo incoherencias que su hermano no comprendía. Le preguntó por Lise y por Katerina. Por el día de mañana (el juicio). Y se volvía a decir que sabía que Smerdiakov se iba a ahorcar. Dijo que eran la misma persona. Toda su parte oscura. Entonces empezó a decir que le había dicho que iba a hacer una gran hazaña al declarar que había matado a su padre induciendo al criado a hacerlo. Alexei le decía que eso no era cierto.
Recordó que el diablo le dijo que incluso esa confesión estaría impulsada por su orgullo, pues quería ser elogiado. Ser delincuente y criminal pero haber confesado para salvar a su hermano. Y empezó a pensar en voz alta confirmando lo que había dicho y diciendo que ahora se complicaba todo con la muerte de Smerdiakov. Y recordó que el diablo le dijo que pasaría todo la noche en vela pensando en ir o no ir al juzgado. No estaba seguro de su hazaña. También dijo que su hermano debía despreciarlo. Alexei lo escuchaba y lo consolaba. Pensó ir a buscar un médico pero no quería dejarlo solo. Se tambaleó y Alexei lo llevó a la cama y lo acostó. Se quedó en el sofá y rezó por sus dos hermanos. En su oración Alexei pensaba: "¡Los tormentos de una decisión orgullosa, una consciencia profunda!". Y pensó que ahora que Smerdiakov estaba muerto sería difícil para Iván la confesión. Ya él lo sabía. Pero aún así él acudirá y declarará.
Fin Libro 11

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Libro 12


Día 84: El error judicial
Inicio Libro 12.
El día fatal
El narrador se manifiesta incapaz de contar con detalle todo lo ocurrido en el juicio. Requeriría otro libro y extenso. Mencionará sólo lo que le llamó la atención. Lo primero: la gran afluencia de gente interesada en el caso. Se hizo famoso en toda Rusia. Había acudido gente de distintas provincias y otras ciudades, Moscú y Petersburgo. Abogados y famosos. La mitad del público eran señoras. Algunas emperifolladas, locales y forasteras. La gran mayoría era partidaria de Dmitri y deseaban su absolución. Quizás por su idea de conquistador y aspecto. Se hablaba de las dos mujeres involucradas que comparecerían en el tribunal: Katerina y Grúshenka, y la gente escuchaba y repetía chismes sobre ellas y su relación con el acusado. Grúshenka no caía muy bien a esas señoronas. Los esposos de las señoras iban contra Dmitri, lo que causó muchas riñas de pareja, y la situación que los hombres estaban irritados contra sus esposas y contra el acusado. A los abogados les atraía no tanto el aspecto moral sino el jurídico. Y todos estaban agitados por la llegada del famoso Fetiukóvich, como abogado defensor. Luego de este caso se harían célebres las defensas a estas causas. El fiscal y el presidente del tribunal temían enfrentarse a Fetiukóvich. Los abogados y el fiscal también hacían parte de la comidilla de los asistentes y del pueblo. Sabían datos de sus vidas, su rivalidad y las aficiones (como la psicología para el fiscal).
Ya se encontraban los jueces y los miembros del jurado. Y el espacio para el procesado y el defensor. En una mesa yacían las pruebas materiales. La bata ensangrentada de Fiodor, el almirez, la camisa de Dmitri, entre otras. Las señoras se preguntaban por la composición del jurado para un caso tan complejo y psicológico. El narrador cuenta como si estuviese observando en cuerpo presente el juicio. Recordando pero trasladándose al tribunal. Finalmente entraron Dmitri, que iba bien vestido y su abogado defensor, Fetiukóvich, también muy elegante. Todos los miraban asombrados. Se dieron las primeras lecturas y preguntas a acusado y se informó la ausencia de algunos testigos por distintas razones, el último precisamente era Smerdiakov, cuya muerte causó revuelo y se seguía comentando.
"¡Al perro muerte de perros!", gritó Dmitri en la sala. Fetiukóvich le lanzó una fría mirada y el juez le llamó la atención. Ese episodio no le ayudó para empezar ante el jurado. Se empezó exponiendo las razones principales de la acusación. Los hechos. Le preguntaron si se declaraba culpable:
"Me confieso culpable de haber llevado una vida de borracheras y depravación, de haber llevado una vida de holgazanería y libertinaje... ¡Pero de la muerte del viejo, de mi enemigo y padre, soy inocente! Y de haberle robado también soy inocente. ¡Dmitri Karamazov es un ser infame, pero no un ladrón!".
Le dijeron que debía contestar solo lo que se le preguntara. Él temblaba. Los testigos prestaron juramento. Estaban todos. Los hermanos, Iván y Alexei también estaban. Y luego fueron pasando uno a uno los testigos.

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Día 85: Testigos peligrosos
Había iniciado el juicio con el público expectante. Las señoras convencidas de que absolverían de Dmitri por humanidad. Y los señores pendientes al duelo entre el fiscal y Fetiukóvich, pensando cómo éste último levantaría un caso tan perdido. Había tenido tres días para estudiar el caso. El primero fue Gregori, que tenía la declaración fundamental de "la puerta del huerto que estaba abierta". Primero le interrogó el fiscal sobre detalles de la familia Karamazov. El cuadro familiar quedó expuesto. Grigori fue imparcial, pues manifestó que el señor Fiodor no había criado de la mejor manera a sus hijos. Especialmente al mayor, Dmitri, al que Grigori le tocó criar por sí mismo. También manifestó que fue injusto hubiese despojado al hijo de la propiedad que le correspondía por su madre. No le dio la parte completa que le correspondía. Se les pidió pruebas o datos para confirmar. Grigori y todos los demás testigos que fueron preguntados, incluso los hermanos, lo confirmaban pero no podían decir exactamente el monto que el padre no le dio al hijo. También contó la vez que Dmitri golpeó al padre y lo amenazó de muerte. Y de Smerdiakov, dijo que era capaz pero estúpido y ateo. Pero era honrado. Recordó la vez que encontró un dinero y de lo devolvió a Fiodor, ganándose su confianza. Volvió a confirmar lo de la puerta abierta. Luego le llegó el turno al defensor de preguntar. Fetiukóvich se centró en el sobre con los 3.000 rublos que Fiodor guardaba para cierta persona. Preguntó si lo había visto. Él que era el empleado de confianza. Grigori lo negó. Sólo había oído de él. Fetiukóvich le hizo la pregunta a todos los testigos y todos respondieron lo mismo. Luego le preguntó a Grigori por el bálsamo que le había hecho su esposa la noche del asesinato para aliviar su malestar. Grigori se sorprendió con la pregunta pero fue mencionando los ingredientes. Salvia, llantén, pimentón. "Todo eso con vodka, ¿verdad?". Grigori asintió, con alcohol. El abogado insistió en la cantidad de licor consumida. Y se concluyó que había sido más de un vaso. Grigori dudó y se escuchaban risas. Entonces Fetiukóvich concluyó que con un vaso y medio de alcohol puro no sólo se pueden abiertas las puertas del huerto sino las del paraíso también. Se escucharon más risas. Fetiukóvich siguió insistiendo en el hecho de que en realidad hubiese visto las puertas abiertas en su estado. Grigori estaba desconcertado y terminaron las preguntas. Había quedado el gusano de la duda.
El presidente preguntó a Dmitri si tenía algo que agregar a esa declaración. Dmitri agradeció a Grigori sus cuidados y que le hubiese perdonado los golpes. Y dijo que fue tan fiel a su padre como 700 perros falderos. Comentario que no agradó a Grigori. Luego fue el turno de Rakitin, que dio muchos detalles de la familia, y al parecer sabía todo, además de los detalles de la taberna. Y hasta explicó la tragedia como producto de las costumbres caducas de la servidumbre y de la Rusia sumida en desorden de sus propias instituciones. Reforzó la acusación a Dmitri y le aplaudieron. Pero Fetiukóvich aprovechó para preguntarle sobre Grúshenka, al ver que se expresaba de ella con desprecio. Y sacó a relucir el tema, cuando Grúshenka le pagó a Rakitin por llevarle a su casa a Alexei Karamazov. Rakitin no esperaba que conociese ese detalle y se puso nervioso. E inmediatamente terminó las preguntas y su credibilidad pendió de un hilo, junto con su superioridad moral. En el testimonio de Rakitin, Dmitri también lo interrumpió, especialmente al hablar mal de Grúshenka, y le dijo que le sacó dinero al préstamo. Que es un ser despreciable y que ni creía en Dios, a pesar de ser cercano al fallecido ermitaño Zosima. También en la declaración del testigo Borísovich, sobre el dinero gastado por Dmitri en el primer viaje a Mókroe con el dinero de Katerina, donde Dmitri había declarado que sólo se gastó la mitad de los 3.000, Borísovich aseguró que había gastado más. Y empezó a sacar cuentas pero al interrogarlo Fetiukóvich, sacó a relucir posibles robos al cliente ebrio. Y recordó la situación en que encontraron 100 rublos en el piso y se lo devolvieron a Dmitri, que estaba borracho, quien los recompensó con un rublo a cada uno, a Borísovich y los mujiks presentes. Los mujiks declararon y confirmaron el hecho, que el primero intentó negar. Por lo que otro testigo clave volvía a quedar en entredicho. Igual ocurrió con los polacos, que se presentaron como dignos y orgullosos sirvientes de la Corona, pero Fetiukóvich sacó a relucir la trampa que habían hecho en el juego de cartas esa noche, hecho que Kalgánov confirmó, y también se retiraron abucheados por el público. Y así sucedió con todos los testigos peligrosos. Fetiukóvich mostraba su destreza y su fama. Aún así se mantenía la incertidumbre sobre el resultado del juicio porque la fuerza de la acusación se hacía cada vez más trágica.

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Día 86: El informe médico y una libra de nueces
Llegó el turno del informe médico, con los expertos que la misma Katerina Ivánovna había traído para servir de peritos en el juicio. Fetiukóvich no tenía mucha esperanza en esta parte. El primer médico, Hertzenstube, manifestó la anormalidad en las facultades mentales de Dmitri, y dio una descripción de sus características. El doctor de Moscú también manifestó su anomalía: "Todos sus actos van contra el sentido común y la lógica. No me refiero a lo que no he visto, es decir, al propio crimen y a toda esta catástrofe". Recordó sus risas inesperadas en la entrevista y su irritación cuando se hablaba del tema de los 3.000 rublos. Y además se opuso a algunos detalles del análisis de comportamiento del primer doctor. El doctor Herzenstube, que conocía a Dmitri de niño y a la familia, también se presentó como testigo y habló positivamente de Dmitri.
El joven Karamazov había perdido su cabeza en ese momento. Fetiukóvich escuchaba atento la declaración del doctor, especialmente cuando relato una historia con una nota sensible. Vio al pequeño niño y le dio lástima. Y pensó en comprarle una libra de nueces. Y cada vez que pasaba el niño le saludaba. Luego se llevaron a Dmitri y no lo vio por 23 años. Un día se presentó un joven en la flor de su juventud a sus despacho con la frase en alemán que le había dicho tiempo atrás a agradecerle por las nueces que le había regalado. El doctor conmovido lo abrazó y lloraron. Ambos reían y lloraban. "Porque el ruso se ríe con gran frecuencia cuando lo que hace falta es llorar".
"¡También ahora lloro, alemán, también ahora lloro, hombre de Dios!", gritó Dmitri desde su banquillo también conmovido. Este incidente generó una buena impresión del acusado frente al jurado y el público. Pero lo que mejoró las cosas fue la declaración de Katerina Ivánovna. Y los siguientes testimonios fueron positivos. Pero antes de Katerina, fue el turno de su hermano Alexei, quien tenía algo en contra de una de las principales acusaciones.

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Día 87: La suerte sonríe a Dmitri
Fue el turno de Alexei para declarar y lo hizo como era él, con claridad y empatía. Habló de la personalidad de su hermano, de sus problemas con su padre y el problema con los 3.000 rublos. Y le preguntaron por su declaración, en donde manifestaba la inocencia de su hermano y la culpabilidad de Smerdiakov, antes de que éste se suicidara. Pero no tenía pruebas, solo la palabra de su hermano y su intuición. El fiscal terminó y luego pasó Fetiukóvich a preguntar a Alexei, quien le preguntó sobre los momentos en que Dmitri había dicho que mataría a su padre y la última vez que se vieron antes de la catástrofe. Entonces Alexei dijo recordar algo que había olvidado. La última vez que habló con Dmitri.
Era de noche en el camino hacia el monasterio. Dmitri se golpeaba el pecho diciendo que había encontrado el medio para restablecer su honor. Alexei pensó que sería en el corazón, pero luego se dio cuenta que le señalaba la garganta. Aludiendo a esa pequeña bolsa que tenía guardada con los 1.500 rublos que le habían quedado del dinero de Katerina. Dmitri lo confirmó desde su puesto. Y esa era la vergüenza de Dmitri, el haber podido pagar la mitad de su deuda a Katerina, pero prefirió gastarla en otra fiesta con Grúshenka. El objetivo era irse con ella. Alexei terminó su declaración y con eso quedó comprobada la existencia de la pequeña bolsa con la mitad del dinero. No había sido el dinero de su padre.
Luego fue el turno de Katerina. Dijo que había sido prometida del acusado hasta que él mismo la dejó. Sobre los 3.000 rublos, ella dijo que se los había confiado pero sabiendo que estaba necesitado de dinero, así que nunca le importó que no los girara a su prima. "No tenía motivos para atormentarse luego por esa deuda". Ella podía esperar a que recibiese lo que su padre le debía y le pagara. Conocía la gran honradez de Dmitri en cuestiones de dinero. Si hubiese sabido que le causaban tanto tormenta esa deuda ella lo habría tranquilizado, pero nunca le habló del tema. Y recordó entonces de la situación en que él mismo le hizo un préstamo de más de 3.000 rublos antes de conocerse, cuando ella no sabía si se los podía devolver. Por eso no podía mostrarse exigente con respecto a esa deuda. Entonces Fetiukóvich pasó a preguntar con cautela. Dmitri no le había contado ese detalle a su abogado, solo a Alexei, y le había dicho a Katerina que no lo sacara a la luz porque no la ponía a ella en una posición favorable y digna. Pero ella contó todo. La deuda de su padre y su ida a la casa de Dmitri a pedirle el dinero que necesitaba. La sala quedó muda ante tal revelación. Todos impresionados de que la mujer que había sido engañada por el acusado lo estuviese salvando y dejando una buena impresión de él. Todos empezaron a especular después. No creyeron que Dmitri le hubo prestado el dinero sin pedirle nada a cambio. Katerina, recordemos, en ese momento estaba dispuesta a hacerlo pero Dmitri no se aprovechó de ella y le hizo una "profunda reverencia", y ella quedó enamorada de él desde entonces. Todos se conmovieron y se quedaron en silencio. Y con respeto. El fiscal no preguntó nada y Fetiukóvich le hizo una profunda inclinación. Un nuevo ambiente de simpatía hacia Dmitri se despertó. Dmitri estaba avergonzado de que hubiese contado todo. Al terminar le tendió sus brazos y lloró. Todos lloraron con ellos. Luego fue el turno de Grúshenka.
Iba de negro y aparentemente colérica por las miradas y los susurros. Hablando del padre y del hijo, dijo que ambos se enamoraron de ella. Ella no pudo hacer nada. El padre no la dejaba en paz. Y dijo tener la culpa de todo. Ella se burlaba de los dos. Luego le hablaron de su protector, Samsónov, y ella dijo que no tenía que ver. Sobre el dinero dijo que nunca lo había visto, solo escuchado a Smerdiakov decir que lo guardaba en su cuarto. Grúshenka fue directa: al malvado que mató a su señor y se ahorcó anoche. Aunque tampoco tenía prueba. Mencionó la vez que Katerina la invitó a su casa, por celos. Fetiukóvich le preguntó sobre el dinero que le dio a Rakitin por llevarle a Alexei. Pero ella no le dio importancia. Le sacaba dinero siempre que podía. Y eran primos. Dato que nadie sabía y avergonzaba a Rakitin, quien quedó más que hundido. Fetiukóvich estaba contento pero la impresión que dejó Grúshenka fue desagradable para el público. Dmitri estaba en silencio. Y llegó el turno de Iván Karamazov.

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Día 88: Súbita catástrofe
Llegó el turno de Iván, a quién habían llamado antes que Alexei pero lo aplazó unos turnos por sentirse mal. Estaba aún visiblemente descompuesto y con los ojos turbios. Alexei cuando lo vio se puso nervioso. Empezó a contestar las preguntas sin ganas hasta que pidió permiso para abandonar el estrado por seguir sintiéndose mal. Pero al retroceder 4 pasos se detuvo, sonrió y volvió a su puesto. De repente sacó un fajo de billetes y dijo que era el mismo dinero que estaba en el sobre en la escena del crimen. Lo pasó al ujier y al presidente. Todos estaban sorprendidos. El presidente le preguntó sobre la fuente de ese dinero.
"Me lo dio ayer Smerdiakov, el asesino. Estuve con él poco antes de que se ahorcara. Él lo mató y yo le induje... ¿Quién es el que no desea la muerte de su padre?".
Se escuchaban gritos y susurros. Alexei gritaba que estaba enfermo que no le creyeran. A Katerina la invadió el horror y Dmitri también se paró y veía fijamente a su hermano. El presidente le preguntó de nuevo si se encontraba bien e Iván volvió a afirmar que no estaba loco. Que sólo era un asesino. Fetiukóvich también estaba muy atento a lo que decía. Todos estaban inmóviles. Le preguntaron si tenía testigo e Iván negó que ninguno, sólo Smerdiakov y el diablo. Entonces lo tomaron por loco y lo sacaron de la sala. Todo se volvió un caos. A Katerina le dio un ataque de histeria y entonces ofreció gritando una carta, diciendo que era la carta que comprobaba que Dmitri era el asesino y no Iván que estaba enfermo. Era la carta que le escribió Dmitri de despedida. Cuando se calmó volvió al estrado y a contar los detalles de la carta de Dmitri. Ahora iba decidida a hundir a Dmitri y sacó toda su frustración y rabia contra él. También habló de Iván y sus dudas, porque él también odiaba a su padre, y Smerdiakov había entendido que también deseaba su muerte. Pero Katerina le dijo que le mostró esa misma carta a Iván para que no se culpase más. El doctor le había diagnosticado delirium tremens. Katerina ese mismo día intentó salvar a los dos hermanos. El momento de la venganza llegó de repente. Y al terminar cayó nuevamente en el ataque de histerismo y se la llevaron. Grúshenka la insultaba de lejos. Las señoras del público estaban contentas. El espectáculo había cumplido las expectativas. Al final la carta fue acogida entre las pruebas materiales y se añadieron los inesperados testimonios de Iván y Katerina. Los siguientes testigos fueron irrelevantes. Repeticiones. Todos seguían exaltados por la reciente catástrofe. Fetiukóvich estaba trastornado por el testimonio de Katerina, y el fiscal cantaba victoria. Solo esperaban el desenlace, los discursos de las partes y la sentencia. Luego de una hora, el presidente dio la palabra a la acusación. El fiscal Ippolit Kiríllovich habló.

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Día 89: Discurso del fiscal. Características generales
"Señores del jurado, la causa que nos ocupa ha tenido repercusión en toda Rusia. Pero, ¿por qué asombrarse, hay algo que nos pueda espantar, sobre todo a nosotros? ¡Estamos acostumbrados a estas cosas! Y eso es lo que nos espanta, que estas causas tan tenebrosas casi hayan dejado de ser terribles para nosotros."
Siguió hablando de la degradación de la sociedad, de asesinatos recientes de sangre, de la juventud, de Fiodor y de su certeza sobre el asesino. "Un gran escritor de la época que precedió a la nuestra, al final de la mayor de sus obras (Almas muertas de Gógol), representa a toda Rusia como una troika que galopa hacia un fin desconocido y exclamaba: <¡Oh, troika! ¿Quién te inventó, pájaro troika>, y con orgulloso entusiasmo añade que ante la troika que galopa desenfrenada se apartan respetuosos otros pueblos y naciones. Sea, señores, que se aparten respetuosamente o no, pero a mi juicio pecador el genial artista terminó así en un acceso de ingenua e infantil elocuencia o, simplemente por temor a la censura entonces. ¡Porque si a su troika sólo iban enganchados sus propios héroes, los Sobakévich, los Nozdriov y los Chíchikov, cualquiera que fuese el cochero, con esos caballos no se iría nunca a buen fin!"
El público aplaudió su interpretación de la troika rusa. "¿Qué es la familia de los Karamazov, que tan penosa notoriedad ha alcanzado en Rusia entera? Acaso exagere, pero creo que en el cuadro de esta familia parecen surgir algunos elementos básicos comunes a la sociedad intelectual de nuestro tiempo." Y entró a hablar del conflicto entre padre e hijo. Y dijo que Fiodor era uno de los tantos padres de nuestro tiempo. Siguió hablando de los hijos, entre ellos de Iván y del otro hijo de Fiodor, Smerdiakov. Cuenta detalles de lo que le dijo Smerdiakov en su declaración antes de suicidarse. Sobre la locura de Iván y su parecido con su padre. Y también habló del piadoso Alexei. Y finalmente volvió a Dmitri, a quien comparó con la misma Rusia. Prosiguió con un resumen de los hechos desde su parte acusadora y se detuvo ante el dilema de Dmitri con el dinero. El que le dio y negó a la vez el padre. El recibido por Katerina, del cual gastó la mitad y el resto lo guardó en esa bolsita en su cuello para guardar algo de dignidad. Y a la vez le impedía huir con su amante. El dilema. Y entonces dice que viendo la personalidad impulsiva del acusado no resulta creíble que no se haya gastado ese dinero a la primera oportunidad. Guardaba la mitad para decirse a sí mismo que era un miserable pero no un ladrón. Y de eso no importaba que fuese efectivamente la mitad o que fuese gastando el dinero poco a poco. Aunque quedase solo un billete de 100 rublos podía seguir repitiendo lo mismo. El auto engaño. Y finalmente darse cuenta que no valía sólo entregar los 100 rublos. Por lo que la teoría de la bolsita para el fiscal resultaba contradictoria. Luego del tema del dinero, habló del informe médico.

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Día 90: Resumen histórico
El fiscal Ippolit en referencia a los informes médicos, que intentaban demostrar que el procesado no estaba en su juicio y era un maníaco, los desestimaba completamente. Creía que Dmitri estaba en su juicio sino habría actuado con más inteligencia. Maníaco, quizás, por el tema del dinero. Y estaba de acuerdo en que el joven estaba en pleno uso de sus facultades mentales, encontrándose solamente irritado y enfurecido. Y la causa no era sólo el dinero sino los celos. Y ahondó más en el caso de Grúshenka. Recordó su testimonio del juego con los dos hombres, luego la promesa del padre de darle el sobre con dinero si iba a su casa y la promesa de su dinero si se casaba con él. Y Grúshenka gritando en el momento de captura que ella era culpable también. Entonces hizo una conexión entre el dinero, los celos, la ambición, la herencia de la madre y los reproches del padre. "No se trataba del dinero, sino de que con ese mismo dinero y con tan repugnante cinismo era destrozada su dicha." Y a partir de todo, cómo se fue procesando la idea del parricidio.
Recordó todos los momentos en que públicamente había peleado, golpeado y amenazado al padre. Y que había pensado que había sido un acto impulsivo hasta que leyó la carta de Katerina, que demostraba una planificación con antelación. Aunque la hubiese escrito borracho. Luego describió los esfuerzos de Dmitri en conseguirle dinero y evitar el crimen. El viaje donde Liagavi o a Samsónov, a los cuales les ofreció de garantía las escrituras y documentos que respaldaban su parte de la herencia. Y cuando es atormentado por los celos al dejar a Grúshenka sola. Y sigue reconstruyendo su versión de los hechos. Su visita a la señora Jojlakova, y cuando se entera que Grúshenka no había estado con Samsónov, donde él la había acompañado. Sus celos nuevamente lo volvieron loco. Toma el almirez, el arma. Y va a casa del padre donde cree que está Grúshenka. Y allí los celos lo nublan. Terminó el fiscal, desestimando otras evidencias y armando el relato para que coincidiese con su perfil psicológico de Dmitri. Y entonces hizo una pausa para referirse al caso de Smerdiakov y desestimar su implicación.

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Día 91: Un tratado sobre Smerdiakov
El fiscal siguió analizando la figura y las acusaciones contra Smerdiakov. Dijo que el primero en acusarlo fue el mismo Dmitri. Luego se unieron los hermanos y Grúshenka. Todos vinculados íntimamente con el acusado. Lo consideraba como un débil mentalmente e ideas confusas. Nuevamente menciona que era hijo de Fiódor y hermano del acusado, la conversación con Iván y las amenazas de Dmitri, al obligarlo a ser su espía dentro de la casa. Grigori, quien lo crió, dijo que era un cobarde, y que junto a sus ataques epilépticos lo hacían vulnerable. Recuerda que en el testimonio de Smerdiakov, éste manifestó su temor a Dmitri y sufría al estar traicionando a su amor, lo que generaba un sentimiento de culpa que empeoraba su condición. También que veía a Iván como un protector, por eso le rogó que no se fuera de viaje y auguro un ataque de epilepsia en su ausencia. Y el suicidio del mencionado lo atribuyó precisamente a las acusaciones que empezaban a hacerle y él como ser enfermo sintió más fuerte el sentimiento de culpa. No resistió. Y el único móvil que pudo haber tenido sería el de robar el dinero, contra las múltiples razones del acusado.
Analizó el eventual caso de que Smerdiakov hubiese planeado todo, la enfermedad, el aislamiento, y la visita de Dmitri. Pero no creía que hubiese esperado a matarlo y Dmitri solo hubiese llegado a ver a su padre por la ventana. Preguntaba a todos, "¿en qué momento cometió su crimen?" Entonces arrojó otra teoría, que quizás ambos sospechosos actuaron en conjuntos. Era probable y había indicios. Pero también pudo ser obligado por Dmitri. Cómplice pasivo. También menciona que Smerdiakov no menciona nada en su carta de suicidio, sólo diciendo que había sido por su voluntad y no se culpase a nadie. Luego habló de los 3.000 rublos presentados por Iván, diciendo que Smerdiakov se los había dado antes de matarse. Dijo que habían averiguado que Iván había tenido acceso hace poco a una cantidad mayor de dinero, por lo que el dinero no era una prueba absoluta. Sólo vio una oportunidad de acusar al muerto y salvar a su hermano. Y alegó al estado en que se encontraba Iván al declarar, fuera de su razón, y su reciente diagnóstico médico. Volvió a mencionar que Dmitri sí pudo tomar el dinero sin culpa, ya sabiendo la ubicación. Golpea a Grigori, el único testigo, lo cree muerto y por un sentimiento de culpa se devuelve y le limpia la sangre, quedando él manchado y expuesto. Esa falta de cálculo era normal en algunos criminales. En ese momento sólo pensaba en Grúshenka. Y en efecto, tras tener el dinero va a buscarla.

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Día 92: Psicología a todo vapor. La troika al galope. Fin del discurso del fiscal
El fiscal Ippolit, luego de su detallada exposición de varios de los implicados y sobre todo del acusado, se dispuso a terminar, cerrando con otro detalle para entender la psicología de Dmitri. Se remitió a la llegada inesperada de un nuevo rival (el capitán polaco que abandonó a Grúshenka y del que ella estaba enamorada). Ella le había hablando de él pero él no pensó que regresaría. Entonces con sus actos manifestó la incapacidad del acusado de ver la verdad, de respetar la decisión de la mujer, de reconocer los derechos de su corazón. Y es en ese momento que él se niega a aceptar que la ha perdido y decide mancharse las manos de sangre. Y luego de cometer el crimen y verse como un hombre sin futuro decide suicidarse. Y relata los hechos en que volvió a reclamar las armas empeñadas con el dinero adquirido. Pero antes decide presentarse a la taberna donde se espera encontrarla y ofrecerle un banquete y fiesta. Todo se apoyaba bajo la declaración de Perjotin, que lo atendió en todo el proceso y hasta ayudó a limpiarle la sangre y de otros testigos. Su estado mental ya no le dejaba ser precavido. Ni le preocupada. Ya sabía su destino: la muerte. Pero cuando llegó a Mókroe y vio la situación, se dio cuenta que su rival no era tan imbatible. Y que Grúshenka estaba incómoda y aburrida. Tenía posibilidades aún. Y en ese momento empieza una nueva fase en su alma, y acaso la más terrible, señaló el fiscal. Nacía nuevamente la esperanza tras la mancha del crimen. Y Grúshenka, ese ser inaccesible que se mostró esa noche más apasionada que nunca lo hechizó completamente. Lo nubló. Comparó lo que debió sentir con un reo que llevan a la horca. Estaba seguro que lo detendrían pero al menos tenía unas horas más por disfrutar junto a su amada. Entonces el fiscal dice que en ese momento también prepara su defensa. Toma la mitad del dinero (de los 3.000) y se los guarda en esa pequeña bolsa en el cuello para tener su propio respaldo. Era la única forma en que podía justificar haberse gastado la mitad del dinero en tan poco tiempo. También mencionó que pudo ocultar una parte. Aunque no habían encontrado nada aún.
Menxiona también lo que dijo en el momento que lo capturaron. La ilusión había terminado. Sin decirle nada dijo que no había matado a su padre, que sólo había matado a Grigori. "De esa sangre soy inocente." Tuvo la intención pero nunca lo hizo. Al inicio niega que haya podido ser Smerdiakov, pero luego apuntará hacia él. El fiscal lo ve como una negación torpe, irritada y desesperada. Recuerda que cuando lo entrevistaban por primera vez a los detalles más delicados les llamada "minucias sin importancia". Lo ataca diciendo que desde su captura no había nado ninguna explicación sino excusas e historias. Y se dirige al jurado diciendo que ellos representan a Rusia entera y no defraudaran la esperanza del país, poner fin al galope desesperado de la troika. Y pidió no dar absolución del asesinato de un padre por su propio hijo. Terminó con su discurso emocionado y muchos le aplaudieron. Estuvo a punto de desvanecerse. El narrador entonces recoge algunos comentarios diversos del público asistente. A favor y en contra del discurso del fiscal. "Demasiada psicología", "Verdad irrebatible", "Confuso", "Se ha dejado arrastrar por el entusiasmo", etc. Voces, susurros. "Y mete miedo, no hace más que meter miedo. ¿Recuerdan lo de la troika? <¡Ellos tienen a Hamlet, pero nosotros, hasta ahora, sólo tenemos a los Karamazov!>", "Ha puesto una vela al liberalismo", entre otros que seguían criticando o alabando las referencias, la elocuencia, y la comparación con la justicia y la cultura inglesa.
Pero al final sonó la campanilla y todos se callaron. Fetiukóvich, el abogado defensor, subió a la tribuna para su discurso.

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Día 93: El discurso de la defensa. Un arma de dos filos
Todos se quedaron en silencio y tomaron su puesto cuando Fetiukóvich, el famoso orador iba a hablar. "Fue directamente al grano, con sencillez y fuerza de convicción extraordinarias, pero sin presunción alguna." Ni elocuencia innecesaria o notas patéticas. Se sigue analizando el discurso del abogado, junto a su aspecto físico. Inició con una crítica y refutación de las acusaciones, a veces en un tono mordaz y sarcástico. Contó cómo se enteró del caso por la prensa y lo mucho que le interesó. Su principal sede era Petersburgo, pero a veces salía de la ciudad cuando estaba convencido de la inocencia del procesado o la presentía. Como este caso. Le llamó la atención un hecho jurídico que suele repetirse: "el conjunto de los hechos está contra el procesado, más, al mismo tiempo, no hay ni un solo hecho que se resista a la crítica si lo examinamos separadamente, de por sí. Guiándome por los rumores y los periódicos, me afirmé más y más en mi idea, cuando, de pronto, los familiares del procesado me encomendaron su defensa. Inmediatamente vine aquí y he podido convencerme de esto de manera definitiva..."
Fetiukóvich puso de manifiesto el carácter antipático del procesado. Dmitri. Que a él no le había parecido pero entendía que al resto de la gente sí. Era un hombre turbulento e irrascible. Aunque era muy querido en los medios sociales y por la gente a su alrededor. Incluso en la familia del inteligente acusador (acá hace referencia a la esposa del fiscal y las veces que Dmitri fue a su casa), lo que generó algunas risas del público. Siguió diciendo que los prejuicios equivocados sobre el acusado precipitaron su condena. "Es muy natural: el desgraciado hizo muchos méritos para que se le mirase con prevención." También mencionó que el extenso análisis psicológico sobre la personalidad de Dmitri por parte del fiscal revelaba una actitud premeditada hacia la personalidad del procesado. Recuerda algunos casos anteriores con esa prevención, y dijo que esa actitud llevaba a una necesidad de creación artística, de una novela propia. Y recordó entonces la afición a la psicología del fiscal. "Pero la psicología, señores, aunque es algo profundo, se parece a un arma de dos filos." se escucharon más risas del público. Y entonces fue tomando de ejemplo cada una de las escenas del discurso del acusador que se negaba a creer, como la de cuando el acusado golpea al criado Grigori y se devuelve a comprobar si lo había matado y le limpia quedando lleno de sangre. El acusador por sus prejuicios se niega a creer esa acción. No cree posible la piedad o la sensibilidad, ni cuando al que había golpeado era el hombre que lo había criado. Pero no, el fiscal cree que era para comprobar si había quedado vivo el único testigo. Entonces propuso tomar la psicología pero dentro la otra orilla. Si el acusado, según la teoría del fiscal, estaba tan consciente como para comprobar si el testigo quedó vivo, entonces cómo pudo haber olvidado el sobre con el dinero en el cuarto del padre. La evidencia. Si se hubiese llevado el sobre nadie hubiese sabido nada de él. Primero se desconcierta y escapa, dejando en el suelo la prueba reina. Y luego, se apodera de él el sentimiento más inhumano y calculador de prudencia. Pero ahí recide la sutileza de la psicología. Que de acuerdo a la circunstancia puedes pasar de sanguinario y perspicaz a un ciego y tímido. ¿Por qué ensuciar el pañuelo de sangre? No habría sido mejor rematar al criado, por si acaso. "Si hubo lugar para la compasión y un sentimiento generoso fue porque tenía la consciencia limpia." Entonces el defensor aludió que había también otra psicología y él había acudido a su otra orilla. A su otra interpretación. Con ella se puede deducir cuánto se quiera. Todo depende de las manos en que se encuentra. "La psicología conduce a la novela hasta a las personas más serias, y eso sin que se den cuenta en absoluto. Me refiero a la psicología superflua, señores del jurado, a cierto abuso que se hace de ella." Se volvieron a escuchar risas del público. Pero no se podría poner todo el discurso brillante del defensor. Se seguirá tomando algunos párrafos y sus puntos principales.

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Día 94: No había dinero. No hubo robo
Un punto generó asombro en toda la sala en el discurso del defensor. La negociación completa de la existencia de los tres mil rublos, y por ende la posibilidad de haberlos robado. Fetiukóvich inició diciendo que nadie sabía si había existido en realidad ese dinero. Nadie lo había visto. El único era Smerdiakov, quien a la vez informó a Dmitri e Iván de la existencia de ese sobre. Y por supuesto también Grúshenka sabía pero no lo había visto. Sólo Smerdiakov lo había visto. ¿Cuándo había sido la última vez que lo vio? Sería la pregunta lógica. Fiódor pudo haber cambiado de puesto el dinero. Y sí estaba debajo de la cama como dijo Smerdiakov, ¿por qué la cama no estaba revuelta? Según dice el sumario de la escena del crimen. ¿Cómo Dmitri pudo hacerse con el dinero sin revolver la cama y además con las manos sucias de sangre? Y como el mismo fiscal acusador anotó sobre el sobre que se encontró en el piso. Sin ese sobre no hubiese ninguna evidencia del robo. Y nadie se hubiese enterado que existía. Y era lo único que tenían para acusar a Dmitri de robo. Y siguió argumentando sobre el tema del robo y su debilidad. ¿Cómo era posible acusar con tanta firmeza al procesado aludiendo de que mató por robar? "Porque así nos adentramos en el campo de la novela", dijo el defensor. Y si a Dmitri le encontraron mil quinientos rublos cuando los capturaron, ¿dónde estaba la otra mitad? Ese dinero no tenía nada que ver con el del sobre. Según el sumario también señala detalladamente que Dmitri siempre estuvo acompañado por testigos que lo acusaban. No le dio tiempo de esconder la otra mitad en caso que hubiese robado los tres mil. Y siguió aludiendo al carácter novelesco de las acusaciones del fiscal. Y el personaje que había creado tras la figura de Dmitri. Añadiendo que vieran como la psicología era un arma de doble filo y él iba a mostrar su parte.
Se remitió a la doble declaración de Katerina, donde la segunda canceló la primera. Pero ambas quedaron puestas en duda. Porque sacó a relucir un resentimiento guardado y la verdadera razón de prestarle el dinero. Y mencionó que Karamazov tenía una doble naturaleza. Que si bien es cierto que era entregado a la juerga, también era entregado al amor. Y cuando se enamoraba tenía claro que necesitaba dinero. Por eso pudo claramente separar el dinero para apartarlo para otra juerga con su amada. Y para irse juntos. Y siguió dando vuelta a todos los argumentos del fiscal. Usando la psicología. Y presentando a otro personaje, otro análisis y otra orilla con la misma evidencia. Además mencionó su angustia para no quedar como ladrón ante Katerina, y su duda en darle la mitad del dinero al no recibir el dinero prometido por su padre. Al final decidió gastarse el dinero con otra juerga con Grúshenka porque se sentía desgraciado al saber que ella se había ido con el hombre que la abandonó. Y luego la carta, donde al parecer confesaba el crimen y prueba entregada por Katerina. La carta la escribió después de descubrir los mil quinientos rublos que le quedaban y avisarle a Alexei que tenía esperanzas de cumplir sus deudas. Era la carta de un borracho, escrita con excitación. Menciona el dinero según lo que le había dicho Smerdiakov, porque él no lo había visto. Y bueno al final la carta es un escrito no es un hecho. Así como el deseo y la acción. ¿Cómo demostrar que ocurrió lo que dice la carta? Y dijo que recordaran que fue a casa del padre no por dinero sino a buscar a Grúshenka, al enterarse que no estaba en su casa luego de su viaje. Poseído por la rabia y los celos.
"Ahora bien, ¿fue él en realidad el autor de la muerte? La acusación de robo la rechazo indignado: ¡no se puede acusar de robo cuando resulta imposible decir con exactitud qué fue lo robado, esto es un axioma! Y si no hubo robo, ¿fue él el autor de la muerte? ¿Ha sido demostrado? ¿No se tratará también de una novela?"

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Día 95: Tampoco hubo asesinato
"Permitidme, señores del jurado, se trata aquí de una vida humana y hay que proceder con más cautela. Hemos oído, de labios de la propia acusación, que hasta el último día, hasta hoy, hasta el momento de la vista, estuvo dudando en acusar al procesado de premeditación, vacilaba hasta conocer la fatal carta <de un borracho>", anotó Fetiukóvich, y añadió que Dmitri salió en búsqueda de Grúshenka, solamente ella. Si la hubiese encontrado no hubiese sucedido nada. También Dmitri no podía estar sin reñir, era su temperamento pero no era un asesino. Si él hubiese premeditado el crimen y el plan que escribió borracho en la carta, no habría tenido la pelea con el dependiente y ni hubiese ido a la taberna. "Porque el alma que ha concebido esto busca silencio, trata de esfumarse, de desaparecer, para que nadie lo vea ni le oiga: <Trata de olvidarme>, parecer decir, y esto no es por simple cálculo, sino por instinto." Siguió el defensor aplicando el análisis psicológico sobre el caso y desde la otra orilla que la del fiscal. Y basándose en los hechos y la evidencia. Siguió poniendo en evidencia lo absurdo de la acusación, diciendo que todo se reducía a que había estado en el huerto y por eso era el asesino. "estuvo y quiere decirse". ¿Y si no quiere decirse aunque estuviera? El abogado les propuso a analizar los hechos por separado. ¿Por qué hemos de suponer obligatoriamente lo que hemos imaginado, lo que hemos decidido imaginar? Y siguió desarmando el personaje o versión de Dmitri creado por el fiscal a través de sus prejuicios y su conveniencia.
Dmitri se lamentaba en la taberna de la muerte de Grigori y no de su padre. Cuando se enteró que había quedado vivo sintió algo de paz. Dmitri no había sido y la otra persona que pudo hacerlo era definitivamente Smerdiakov. Y empezó su análisis y versión psicológica de Smerdiakov, con el que también había hablado. No le pareció como al fiscal tímido y vulnerable. Al contrario, esa era una máscara que ocultaba una desconfianza terrible, rencoroso, de ambición desmedida y de espíritu vengativo y envidioso. Y mostró evidencia de la vida de Smerdiakov que probaba la razón de su resentimiento. Era hijo legítimo de Fiódor y hermano de Dmitri, Iván y Alexei. Era un Karamazov, pero era el criado hijo de una loca, y producto de una violación. Y empezó a reconstruir los hechos desde su perspectiva esta vez. Smerdiakov había fingido la epilepsia para estar en cama pero también le dio una auténtica posteriormente. Cuando Grigori había atrapado a Dmitri en el huerto y le gritó "Parricida", Smerdiakov se levantó y aprovechó el momento. Va a ver a Fiódor, su señor, su padre, que estaba asustado en su cuarto. En ese momento le nace la idea. Ve la oportunidad. Y haber dejado el sobre del dinero en el piso, no fue torpeza de Dmitri, que tan cuidado tenía el plan, pero sí de un Smerdiakov que lo deja para inculparlo. Entonces se preguntarán por qué el suicida no confesó en la carta. "La consciencia le movió a hacer lo uno y no la tuvo para lo otro... La consciencia es ya arrepentimiento, y es posible que el suicida no sintiera arrepentimiento, sino simple desesperación." Fetiukóvich hizo un llamado al jurado de tener cuidado con el error judicial. De todos los hechos acumulados por la acusación contra el procesado, no había ninguno concreto e irrebatible. Podrían estar juzgando solamente un conjunto de hechos. Una interpretación. Una novela. Y en el conjunto de hechos había evidencia terrible: sangre, gritos, muerte, suicidio, amenazas, rencor, todos esos hechos pueden hacer vacilar la convicción propia, pero, "¿puede haceros vacilar a vosotros, señores del jurado? Tenedlo presente, se os ha dado un poder inmenso, el poder de decidir", terminó Fetiukóvich, añadiendo que tenían una gran responsabilidad y no se retractaba de nada de lo planteado y que sabía la lucha interior que debían estar teniendo ahora mismo, pero la acusación contra su cliente era una mera suposición. Y pidió que fuesen todos sinceros. El discurso fue interrumpido por una lluvia de aplausos del público. El presidente llamó la atención al público y pidió a abogado terminar.

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Día 96: Adúltero mental
"¿Cómo absolver a este procesado? ¿Va a quedar impune el asesinato? Esto es lo que cada uno siente en su corazón casi sin darse cuenta, instintivamente. Sí, es algo terrible derramar la sangre de un padre, la sangre de quien nos dio la vida, de una persona que nos amaba, de quien nos protegía, de quién desde nuestros primeros años se preocupó tanto de nuestras enfermedades, que durante toda su vida sufrió buscando nuestra felicidad y qué únicamente vivía para nuestras alegrías y nuestros éxitos. ¡Oh, matar a un padre así es algo que ni siquiera puede concebirse! Señores del jurado, ¿qué es un padre, un padre auténtico? ¿Qué significa esa gran palabra, qué gran idea se encierra en ella? Acabamos de señalar, en parte, lo que es y debe ser un padre verdadero. En el caso que ahora nos ocupa y que tanto nos afecta, el difunto Fiódor Pávlovich Karamazov no se parecía en nada a ese concepto de padre que ahora brotaba en nuestro corazón. Esa es la desgracia. Sí, efectivamente, hay padres que son una desgracia."
Siguió Fetiukóvich terminando su discurso, insistiendo en el prejuicio contra Dmitri como mayor soporte ante la falta de fuerza probatoria. Y recordó el testimonio del doctor Herzenstube, con la libra de nueces al pequeño Dmitri, que recordó durante veintitrés años. Preguntaba por qué insistían en creer que era insensible, egoísta y monstruoso. Pidió no confundir con violento, impulsivo y salvaje. Y se remitió nuevamente a la educación y a la relación con el padre. Entre ellos la forma en que se aprovechó de la ignorancia del hijo para despojarlo de su herencia y comprar sus pagarés para meterlo a la cárcel. "Señores del jurado, estas almas, estos hombres de apariencia dura, impulsivos y violentos, como es mi cliente, suelen tener un corazón muy sensible, aunque no lo dejen ver"
"Padres, no aflijáis a vuestra hijos", siguió el abogado analizando la paternidad y las relaciones de Fiódor con sus hijos. De la obligación de los hijos en amar a sus padres, de cuando los hijos al llegar a la edad de la razón hacen preguntas al padre. Porque siempre existe la opción de cambiar, de entender. Todo depende del encontrar respuestas. El discurso volvía a ser interrumpido varias veces en su tramo final por aplausos y celebración del público ante esta mirada de la paternidad. Se escuchaban además sollozos, chillidos y algunas señoras agitaban sus pañuelos. Fetiukóvich retomó emocionado, nuevamente descartando el robo y el asesinato. Solo actúan los prejuicios que desea el parricidio. Pero sí lo hubo. De otro hijo igual de maltratado. O peor aún. Y llamó a la consciencia del error de acusar al procesado por el prejuicio. Y matarían en él la posibilidad de llegar a ser un hombre, pues será malo y ciego durante toda su vida. Y aprovechando la alusión del fiscal a la troika rusa, "no es la troika rusa desbocada, sino el majestuoso carro triunfal ruso el que nos llevará serenamente al objetivo. En vuestras manos está la suerte de mi defendido, en vuestras manos está también la suerte de nuestra justicia rusa. ¡Vosotros la salvaréis, la mantendréis, demostraréis que hay quien vela por ella, que está en buenas manos."

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Día 97: Los mujiks han sabido mantenerse
Fetiukóvich terminó su discurso lleno de aplausos. El presidente no puso orden pero el fiscal herido se levantó para rectificar y hacer objeciones al discurso de la defensa. El público estaba confundido, no sabían que eso se podía hacer, y lo abucheaban. El fiscal inició diciendo que se le acusaba de crear una novela en su discurso, pero el abogado defensor no había hecho sino forjar otra novela. "Lo único que faltaba eran los versos" y siguió describiendo los personajes, algunos incluso héroes byronianos. Y rechazó la idea de equiparar un asesinato, un parricidio con un prejuicio. Se veía nervioso en su réplica y todos lo notaban. El presidente tuvo que interrumpirlo. Luego se le permitió a Fetiukóvich responder, y volvió a desplegar su gracia y aprovechar la desesperación del fiscal. "Te enfadas, Júpiter, luego no tienes razón" que volvieron a provocar risas entre el público.
Al final se le dio la palabra al acusado. Dmitri se veía cansando por todo. Parecía haber vivido toda una vida en un día. Fue corto y preciso: "¡Soy inocente de la sangre de mi padre! ¡No lo maté! Mi vida ha sido licenciosa, pero he amado el bien. A cada instante trataba de enmendarme y he vivido como una fiera salvaje." Agradeció al fiscal por haberle hecho ver algunas cosas que desconocía pero se equivocaba en su juicio. Y agradeció a Fetiukóvich. Se dirigió al público y pidió benevolencia. Sería mejor persona. Y manifestó sentir un gran peso en su alma. Y cayó en su asiento casi sin poder terminar la última frase.
Los jurados se retiraron a deliberar y el presidente le dijo las últimas palabras. "Sed imparciales" Era tarde ya casi las doce de la noche pero nadie abandonó el edificio. Se escuchaban comentarios del público. Se entre las señoras y los caballeros la absolución tenía mayoría. "¿Y qué dirán ahora nuestros mujiks?", preguntó uno de ellos en referencia al jurado. Otro respondió que no sólo eran mujiks, habían también cuatro funcionarios entre ellos. Y se siguen los susurros, chismes de la gente y los comentarios sobre los discursos. Cuando sonó la campanilla todos volvieron a sus asientos. Ante la pregunta del presidente todos los jurados fueron respondiendo lo mismo: "¡Sí, es culpable!"
Todos estaban sorprendidos. Nadie lo esperaba. Algunos celebraban y otros empezaron a protestar por el resultado. Dmitri se levantó y gritó con voz desgarrada: "¡Juro por Dios y por su juicio final que soy inocente de la sangre de mi padre! ¡Te perdono, Katerina! ¡Hermanos, amigos, tened compasión de la otra!" y empezó a llorar. La decisión causó revuelo. Grúshenka gritaba al final de la sala y se llevaron a Dmitri. Y los comentarios del público que habían generado gran revuelo.
"Le caerán veinte años en las minas" "Sí, nuestros mujiks han sabido mantenerse".

Fin del Capítulo 14, del Libro 12, de la Parte 4. Pero aún no es el final. Viene el epílogo con los 3 capítulos finales.

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EPÍLOGO






Día 98: Proyectos para salvar a Dmitri
Cinco días después de celebrarse el juicio, Alex fue a la casa de Katerina, para hablar con ella y saber sobre el estado de salud de su hermano Iván, quien había caído enfermo y estaba siendo atendido por los médicos del juicio en casa de la mencionada. Katerina le habló del plan de huida para salvar a Dmitri que estaba planeando Iván. Sucedería cuando lo fuesen a trasladar a Siberia. Aún faltaba tiempo. Le contó que Iván se lo dijo antes del juicio. También le confesó el disgusto que tuvo con Iván cuando se enteró del plan y la idea era que Grúshenka se fuese con Dmitri. Celos. Pero ella trató de negarlos porque ahora amaba a Iván. Aún así, Iván le dio la confianza para llevar el plan por si a él le ocurría algo. También se disculpó por el impulso en el juicio para proteger a Iván de su confesión y que terminó hundiendo más a Dmitri. Y por venganza a su sufrimiento, aceptó.
Le contó varias intimidades con Iván antes del juicio. Y el sentimiento de culpa que sentía por su hermano. Finalmente le dijo a Alexei que lo había llamado para hablar con su hermano y persuadirle de seguir los planes de huida. Pero también Alexei le manifestó el deseo de Dmitri de verla y que lo fuese a visitar. Era la primera vez que él sentía culpa por haberla ofendido y no le guardaba rencor. Katerina lo dudó pero dijo que lo pensaría.

#Dostoievski2020 #Karamazov Epílogo C1



Día 99: Por un momento la mentira se hace verdad
Katerina se decidió en ir a visitar a Dmitri, quien había caído enfermo a los dos días de haber sido condenado. Lo pusieron en una pequeña habitación aún no con los demás presos. Lo empezaron a visitar, sólo iba Grúshenka y Alexei. Rakitin intentó entrar pero Dmitri no lo permitió. Alexei le avisó a Dmitri que Katerina iría en cualquier momento y además le trasmitió que debía tranquilizarse con el tema de la fuga. Si Iván no podía, ella se encargaría. Dmitri recordó que ya se lo había dicho. Hablaron sobre su hermano Iván y su recuperación. También Dmitri expresó sus dudas sobre sus reacciones al aguantar el maltrato de los centinelas. Que quizás terminaría matando a uno ahora sí de verdad. Alexei trató de calmarlo. También hablaron de lo que vendría luego de la fuga. Dmitri reflexionó de su vida en América. Pasaría a otro presidio. Y la pobre Grúshenka pronto extrañaría Rusia. Y le contó entonces el plan de América, en trabajar la tierra y vivir aislados en un lugar lejano. Donde vivían aún los pieles rojas, los últimos mohicanos. Aprenderían inglés hasta parecer ingleses. Y regresarían a Rusia como ciudadanos americanos. Regresarían diferentes. Que no se preocuparan. Alguna verruga adicional. Trabajarán la tierra también en Rusia y fingirá toda su vida ser americano pero moriría en su tierra natal. Ese era su plan. Alexei lo aprobó. Y en ese momento apareció Katerina.
Dmitri se apresuró a tomar sus manos. "¿Me has perdonado?", le lanzó Dmitri. Katerina dijo que por eso lo había querido. Por su corazón generoso y dijo que no tenía nada que perdonarle. "Serás en mi alma una llaga, y yo en la tuya." Katerina siguió y dijo llorando que había decidido ir para abrazarlo y decirle que lo amaba aún locamente. Alexei no se esperaba esa situación o confesión. Pero dijo que ese amor había pasado y ahora cada uno amaba a otra persona. Pero a pesar de todo le dijo que ella lo amaría eternamente. Y pidió que también la amara toda su vida. Dmitri se lo prometió. Y siguieron diciéndose frases absurdas que quizás eran mentiras pero en ese momento eran verdad. Luego, Dmitri le respondió si en su segunda confesión creía realmente que él había matado a su padre. Ella le dijo que no pero en un momento trató de persudiarse de que si lo era. Cuando Katerina se levantaba para irse llegó Grúshenka. Katerina se asustó y le dijo que la perdonara. Pero Grúshenka le dijo: "¡Tú y yo somos malas! ¡Las dos! ¿Cómo vamos a perdonarnos?"
Y ambas mujeres se prometieron salvar a Dmitri como pacto. Dmitri le reprochó a Grúshenka no perdonarla. "Lo que ha hablado ha sido su orgullosa boca, no su corazón... Si consigue tu libertad, se lo perdonaré todo", dijo Grúshenka. Alexei salió tras Katerina, pero ella lo calmó. Dijo que entendía a Grúshenka, ante ella no podía castigarse pero dijo que debía estar sola.

#Dostoievski2020 #Karamazov Epílogo C2







Día 100: El entierro de Iliusha. Discurso ante la piedra

Acá retrocedemos a la historia del joven Iliusha, quien yacía enfermo en cama esperando la muerte. Finalmente murió dos días después de la sentencia a Dmitri. Sus amigos lloraban su partida. Sus últimas palabras a sus amigos fueron: "Papá llorará, procurad hacerle compañía" Kolia Krasotkin esta enfrente de todos, su querido amigo. Recibió a Alexei cuando llegó. Se alegró mucho de verlo y le hizo una pregunta que le atormentaba.
"¿Es culpable su hermano o es inocente? Quién mató a su padre, ¿él o el criado? Lo que usted diga, será.
-Lo mató el criado, mi hermano es inocente." contestó Alexei sin dudar. Kolia dijo que lo sospechaba y le creía. Y dijo que admiraba ese espíritu de sacrificio. Lo envidiaba. Alexei no estuvo de acuerdo.
En el cuarto estaba el ataúd de azul celeste con Iliusha adentro. Lleno de flores que enviaron Lise y Katerina. Los padres iban distraídos y sufriendo. El subcapitán Sneguiriov no quiso enterrarlo en el cementerio sino junto a una piedra. Todos se negaron. Los otros niños alzaron el féretro y lo llevaban en caravana. De repente de escuchó un grito, diciendo que habían olvidado el pan. Pero Alexei dijo que él lo llevaba. Iliusha se lo había pedido antes de morir. Desmigajar sobre su sepultura una corteza de pan para que acudiesen lo gorriones. "Yo los oiré y me causará alegría ver que no estoy solo", decía. Y lo tendrían que hacer a menudo o a diario durante un tiempo. Llegaron a la iglesia y se hizo la misa. Katerina había corrido con todos los gatos. Luego los sepultureros bajaron el ataúd y empezaron a llenar la fosa de tierra. También iban desmenuzando el pan. Los chicos y sobre todo Kolia lloraban. Todos lo hacían. El padre se lanzó sobre la tumba y lo llevaron a casa. Kolia hablaba con Alexei de todo el proceso. Y lo raro que le parecía que después de semejante dolor se pusieran a comer y beber en el banquete funerario. Mientras caminaban vieron la piedra donde Iliusha quería ser enterrado. Entonces Alexei recordó la vez que Iliusha estaba apenado por cómo Dmitri había humillado a su padre en la taberna. Se detuvo y pidió a todos que se reunieran alrededor de la piedra. Quería decir unas palabras en ese lugar.

"Señores, pronto nos vamos a separar. Seguiré algún tiempo con mis dos hermanos, uno de los cuales va a ser deportado y el otro está a la muerte. Pero pronto dejaré esta ciudad, quizá para mucho tiempo. Vamos a separarnos, señores. Convengamos aquí, junto a la piedra de Iliusha, que no olvidaremos nunca, en primer lugar, a él mismo, a Iliusha, y en segundo, que no nos olvidaremos unos de otros... " y siguió su discurso ante la piedra. Recordar al joven al que antes habían apedreado en el puente. Y a quien tanto cariño le tomaron después. Recordó que era un gran chico, bueno y valeroso, que sintió el honor y la amarga ofensa de que su padre había sido objeto, y contra la cual se levantó. "No hay nada más elevado y fuerte, más sano y útil para la vida que nos aguarda, que un buen recuerdo, y sobre todo si procede de la infancia, de la casa paterna. Os hablan mucho de vuestra educación, pero un recuerdo hermoso, santo, conservado desde la infancia puede que sea lo que más contribuya a nuestra educación." Si el hombre consigue reunir muchos recuerdos de esta clase, puede considerarse salvado para toda la vida. También les dijo que a veces se sentirán rencorosos, que no serían capaz de resistir ante una acción mala y que se reirían de las lágrimas humanas. Pero por más malos que se puedan llegar a sentir, les dijo que siempre recordaran como se sentían justo en ese momento y en los últimos días. Llenos de amor, calidez y unión. Recordar que alguna vez fueron buenos.

"¡Así será, Karamazov, le comprendo Karamazov!" saltó Kolia con ojos relucientes. Todos estaban emocionados y de repente querían decir algo pero prefirieron seguir escuchando a Alexei. Quien les siguió hablando del bien y del mal, y que nunca los olvidaría. Nombró a cada uno de los niños y resaltó un valor en cada uno. Y nuevamente agradeció a Iliusha, quien había sido el que los había unido a todos. Entonces uno de los niños dijo: 

"¡Karamazov, nosotros le queremos!", y los demás empezaron a repetir lo mismo. Al final Alexei emocionado dijo que fueran al banquete funerario, que era una costumbre vieja y en ella había algo bueno. Fueron cogidos de la mano todos contentos. "¡Hurra Karamazov!", iban cantando.



Fin de Los Hermanos Karamazov

#Dostoievski2020 #Karamazov Epílogo C3


Bella escena final, después de tanto drama y dolor, un toque de humanidad, de bondad y de realidad. Si el mal acecha, aceptarlo, pensarlo, y no olvidar que alguna vez fuimos buenos. Podemos cambiar o quizás no. Depende de cada quien.



¡Adiós Iliusha, Kolia, Katerina, Grúshenka, Fiódor! Y los hermanos Karamazov: 

Smerdiakov, Iván, Dmitri y Alexei. Adiós, adiós.



Fin de la lectura colectiva de #Dostoievski2020. Desde el 24 de marzo del 2020 hasta el primero de Julio del 2020.

Acá el libro que me acompañó en mi viaje personal:







Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)