sábado, 13 de abril de 2013

El Último Suspiro de la Mariposa Negra (A.S.B)




Entré en las tinieblas de mi habitación y encendí el ventilador de techo, siendo guiado por la experiencia de la rutina. Encendí la luz del dormitorio y la vi por primera vez. Una mariposa negra volando de forma caótica por todo el techo de mi cuarto y alrededor de la amenazante hélice. 

Traté de abrir la ventana para que saliera, pero ella seguía allí tentando a la muerte.
Cuando intenté apagar el amenazante abanico, escuché el temido ruido que extinguió los aleteos. 

 Lo apagué.

En mi rostro se dibujaban gestos de tristeza, miedo y culpa. “La maté”, pensé. 

Caminé lentamente buscando el cuerpo, la evidencia de mi crimen. 

De pronto alcancé a distinguir un movimiento débil proveniente de mi librero. La veo y mis peores pensamientos se hacen realidad. Una de las mitades yace sobre uno de mis libros, precisamente sobre uno de Nietzsche, que cerrado e impenetrable impedía su ingreso para evadir la realidad.

Me acerqué y observé como aún se movía y arrastraba. Pensé durante 5 segundos y tomé el libro de Nietzsche en el que se encontraba postrada y caminé hacía el balcón. 

Eran las 12:47 a.m del pasado Viernes. La noche estaba acompañada de una leve brisa y la vegetación creciente del jardín de la casa dibujaban un agradable paisaje nocturno, acompañado del concierto de los insectos que armonizaban la velada, gracias a ese silencio parcial que viene con la llegada de las primeras  horas de la madrugada. 
   
Por un momento pensé que ese era un buen lugar para que la mariposa pasara sus últimos momentos de vida, ya que ella seguía arrastrándose y moviéndose. Pensé que quizás si resistiera un poco más, podría llegar a observar el último amanecer de su vida y justo en ese instante moriría. 

La dejé en el borde del abismo del balcón y la observé por unos minutos, aún con un leve sentimiento de culpa y volví a mi habitación. 

Mientras arreglaba un poco el desorden del cuarto, encontré la otra mitad de la mariposa. Se encontraba inmóvil e inerte sobre el suéter que había utilizado en todo el día.

Tomé mi suéter con el resto del cadáver. Salí nuevamente al balcón y coloqué la otra parte justo a su lado. Imaginé que estaba bien lo que hice. Pero sentí que la parte aún consciente y agonizante del insecto se alteró y trató de moverse nuevamente de forma más desesperada.

Tal vez, a pesar de mis buenas intenciones, fue un acto de crueldad. Como a veces nos pasa en nuestras mismas relaciones con los otros humanos, al olvidar ponernos en los zapatos de los demás, antes de correr y hacer lo que creemos que es lo correcto. 

A pesar de ese oscuro pensamiento, que obviamente vino después, continué con mi ilusión de que la mariposa pudiera ver su último amanecer. Así que fui a mi cuarto más tranquilo a dormir. 

El día siguiente, cuando los primeros rayos de sol salieron y llegaron a acariciar el balcón, me asomé y vi el cadáver dividido de la mariposa. En esta ocasión con ambas partes ya inmóviles. 

Mi mente aún se tranquilizaba con la imagen de la mariposa dejando de existir o pasando a otra vida con la llegada del amanecer, de forma tranquilizadora. Aunque otra parte de mí, no podía evitar pensar si en sus últimos momentos murió atormentada por la presencia de su cuerpo inmóvil, justo cuando apenas me había acostado adormir, bajo las oscuras tinieblas de la noche. 


(A.S.B)

2 comentarios :

  1. Es un relato muy oscuro, como la mariposa. Me has hecho pensar en Edgar Allan Poe.

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    1. Muchas gracias amig@! Por pasarte por mi blog y dejar tu amable comentario.

      Saludos!
      A.S.B

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