viernes, 23 de marzo de 2012

Almacén de Antigüedades (Charles Dickens)


Cuando estamos a poco tiempo de haber celebrado el bicentenario del nacimiento del gran escritor Charles Dickens. Lo recordamos nuevamente con la cuarta novela publicada por Dickens: El Almacén o la Tienda de Antigüedades.

En 1841, cuando ya Dickens era un escritor consagrado publicó esta novela. Como en la gran mayoría de los libros de Dickens, este también refleja parte de su propia vida. Si leemos su biografía (que es muy interesante, ya por sí misma una novela), y luego comparamos con sus libros, encontraremos muchas influencias y relaciones. Por ejemplo, uno de los patrones que más se repite, es el del niño o niña (en este caso), y también el del adulto mayor con vicios y problemas. Ambos claras figuras de su niñez, el de él mismo y su padre. La difícil vida que tuvo Dickens de pequeño fue la gran inspiración que se encargó de plasmar en sus historias; quién mejor que él podría describir la vida en la pobreza extrema. En esa época donde había enormes contrastes sociales y la mortalidad infantil estaba en niveles muy altos.

Precisamente cuando Dickens empezó su vida de escritor, se propuso inicialmente mostrar la realidad de lo que había vivido y realizar una crítica social en cada uno de sus escritos. Luego alcanzó gran popularidad y fama, en donde era recibido en otros países como un rey. Y se convirtió en lo que hoy llamaríamos un escritor “Best Seller”. Todo lo que escribía se vendía.

En esta novela, Dickens narra la historia de la joven Nell y su abuelo, propietario de una tienda de antigüedades. Estos se ven obligados a abandonar su hogar por culpa de un malvado usurero: Quilp. En el transcurso de la historia observaremos las complicaciones y desventuras que vivirán Nell y su abuelo, en su búsqueda de la “libertad”.

Como en la mayoría de sus novelas, aquí también hay un marcado maniqueísmo, la necesidad de separar los personajes entre buenos y malos. Aunque en esta historia tenemos un personaje que no tiene una tendencia marcada, y que pueda oscilar entre los dos bandos. Otra diferencia con sus otras novelas, es que esta es una tragedia, por lo tanto no debería sorprender el final.

Uno de los mayores logros de la obra y de la obra general de Dickens es su prosa hipnótica, ambientada de descripciones precisas, con sutileza, sensibilidad y al mismo tiempo crudeza. Igualmente la caracterización de los personajes, son muy reales.

Después de leer la obra, busqué información sobre la obra, y me impresionó el hecho de saber que había sido una novela por correspondencia, escrita por partes. Resulta que Dickens escribía la historia por capítulos, los cuales eran publicados en su periódico, y estos eran esperados con mucha ansia por sus seguidores en los puertos. Cuando leí esa parte, pude apreciar un poco más la obra. Porque Dickens supo mantener un buen hilo conductor en su obra, sin perderse, a pesar de que algunas situaciones si parezcan un poco “alargadas”. Esto lo comprendí mejor, cuando me enteré de que había sido una historia publicada por partes, en un tiempo de un año (1840-1841).

No pude evitar imaginarme ese escenario, en donde cada capítulo era una historia, y para saber la continuación tenía que esperar un tiempo, y lo esperaba ansioso en un puerto, esperando que llegara el barco. Esa imagen me pareció increíble. Y es muy notable que Dickens haya creado una muy buena obra, a partir de una historia contada por partes.

En síntesis, es una obra entrañable y recomendable para recordar a uno de los más grandes escritores de la literatura universal.


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