martes, 7 de agosto de 2012

Crónica de una tarde llena de emociones (A.S.B)


El miércoles pasado, justo cuando me aproximaba al Club de Lectura, en horas de la mañana, el día había transcurrido de forma relativamente normal y la mañana muy tranquila. Ya en horas de la tarde, a un poco más de las cinco de la tarde, saliendo de la tranquilidad y el mutismo del hogar a la “jungla de cemento”, el primer inconveniente fue una manifestación en medio de una carretera principal que tenía el tránsito en un estado de embotellamiento. Varios manifestantes tapaban la calle por donde cruzaban los buses, motos, taxis y colectivos. Una enorme fila era obstruida por estos señores que llevaban grandes pancartas y uno de los que iba a la cabeza del grupo iba con un amplificador dando un discurso, del que lo único que llegué a escuchar fue dos palabras conocidas en los últimos años: “Calentamiento Global”. Me llamó la atención e intenté ver que decían las pancartas, pero no alcanzaba a leer, aunque si sentía su inconformismo, a pesar de lo pequeño que era el grupo.

El tráfico se detuvo durante un momento y luego fueron avanzando poco a poco, avanzaban al compás de los manifestantes, y observaba mientras se iban alejando. Algunas personas se paraban a tomar fotos con sus celulares. Luego que la carretera se abría un poco, algunos de los autos pudieron esquivarlos y poco a poco los iban adelantando. Ya habían avanzando a una distancia prudencial, así que decidí subirme a el colectivo, cuando ya iba fluyendo más el tráfico. Cuando prácticamente salimos de la carretera, empecé a buscar con la vista a los manifestantes más adelante, pero no los volví a ver más. Desaparecieron mágicamente. Haciéndome pensar si lo que había visto había sido real o una ilusión.

Luego, cuando el colectivo avanzaba por los alrededores del Pie de la Popa, en un momento el conductor se detuvo junto con otros conductores que veían algo muy emocionados. Cuando me doy cuenta de lo que observaban absortos, veo a dos mujeres, ambas morenas y robustas, estaban ensimismadas en una lucha cuerpo a cuerpo. No tengo idea de lo que pasaba o la razón de la disputa, aunque llegué a imaginármelo por las frases que se lanzaban. Se jalaban de los cabellos, se pegaban, era algo impresionante, pero lo aún más impresionante fue ver a la multitud que iba creciendo alrededor de ellas, de habitantes del mismo sector para verlas, mientras sus ojos concentrados con alta morbosidad, parecían invocar la muerte o sangre. Hicieron un círculo alrededor de ellas. Un niño intentó atravesar el círculo, no sé si para meterse entre las dos mujeres o para poder ver mejor, pero un adulto lo detuvo. Un perro ladrando, intentó atravesar el círculo también, pero fue espantado y pateado. Mientras un pequeño pajarillo saltaba dentro de su jaula hecha con tapas de abanicos. No sabía cómo interpretar la reacción de los animales y de las personas, si intentaban parar la disputa o estaban disfrutando del hecho, al parecer era la segunda opción. ¿Cómo poder comparar ambas reacciones, cuando estaban en un momento donde no había distinción entre animales? , en donde algunos que estaban en el círculo incluso sonreían y animaban algún bando.

En un momento, incluso una de las luchadoras estaba en el piso siendo pateada y golpeada por la otra que se encontraba de pie, y su cabeza amenazaba con chocar contra un muro maldito y afilado. Incluso cuando pasaba eso, nadie se metía. Parecía una alusión a los gladiadores. Si el público de esa época era igual, entiendo porque tuvieron tanto éxito, y aún hoy se disfrutan con “innovaciones” a la práctica o a través de viejos videos, películas o libros.

Llegué a pensar que no íbamos a salir de ese pedazo hasta que alguna saliera lastimada de gravedad o hasta que alguien las separará, algo que parecía improbable. Hasta que un momento, alguien las separó finalmente. Luego de un rato, una parte de la personas presente se metieron entre ellas y agarraron a cada una de las implicadas, que seguían insultándose a la distancia.

El colectivo avanzó y pasamos por el lado de una de las agredidas. Cuando vi su rostro ensangrentado y golpeado, entendí la razón por la que las habían separado. El espectáculo había terminado, y el público volvía un poco desanimado a su rutina, pero con una sonrisa en el rostro. Tal vez por la prueba de algún gran recuerdo que se habían llevado para revivir mentalmente a cada momento durante un tiempo, y que podrían contar a otras personas para compartir su fugaz alegría. En estos momentos, cuando la monotonía del día a día consume a cada una de las personas de determinado lugar, eventos gratuitos de violencia donde la muerte parece rodear con gusto, esperando el golpe final, parecen ser una vía de escape para romper esa rutina. Cuando otras disciplinas como el deporte o el arte pueden hacerlo con mucho mayor riqueza individual.

Siguiendo con lo último que he mencionado, recientemente veíamos en los juegos olímpicos a la ganadora de una de las medallas de bronce para Colombia. Precisamente en el deporte del judo o lucha. El entrenador de la joven o la madre, no recuerdo ahora quien lo mencionaba, confesaban que ella era una niña muy problemática, que le gustaba pelear con sus amigos, y entonces el entrenador (ahora sí recuerdo, fue el entrenador) decía que trataron de canalizar toda esa energía para que lo invirtiera en un deporte. Y es así como se fue destacando, hasta lograr en las justas de Londres, la medalla de bronce para el país. Creo que es una muestra y un ejemplo de lo que se debería incentivar para trabajar en la juventud. Todo inicia con los niños… recuerdo ahora esa frase de un filme que vi recientemente sobre la segunda guerra mundial. Algo que nuestros gobernantes nunca debería olvidar.

Finalmente, ese día llegué tarde a la sesión, en donde compartíamos poemas o antipoemas de Nicanor Parra y Luis Rogelio Nogueras, y pude canalizar toda la mala energía o los recuerdos presenciados en esa tarde llena de emociones.

(A.S.B)



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