domingo, 22 de marzo de 2015

Cuando fuimos huérfanos (Kazuo Ishiguro)

Kazuo Ishiguro



“Cuando fuimos huérfanos” es la quinta novela de este reconocido escritor británico de origen nipón. Reconocido por novelas como “Lo que queda del día” (1989) y “Nunca me abandones” (2005), ambas adaptadas y llevadas al cine. En intermedio en la publicación de esas dos novelas, en el año 2000 publica “Cuando fuimos huérfanos” (When we were orphans), una novela que sigue el estilo que ha venido construyendo este autor, que además de abordar temas como la búsqueda de identidad, del pasado, la memoria y el abandono, que son tan personales para él mismo. Ishiguro es un maestro en la creación y descripción de atmósferas multiculturales… por ejemplo, en las primeras páginas de esta novela podremos leer las descripciones de fiestas de la alta sociedad británica, como si nos las estuviese narrando cualquiera de los autores ingleses clásicos, y al mismo tiempo es capaz de mantener la sensibilidad nipona en la descripciones, tanto de los personajes como del mismo entorno. Todas estas mezclas, siempre me han parecido muy interesantes en este autor, que desde su misma historia personal presenta un testimonio que trasmite a través de sus personajes, sobre la multiculturalidad del mundo, de la inmigración, etc. 

Pero entrando ya en la novela, en esta ocasión Ishiguro nos traslada a la Inglaterra de los años 30, y nos muestra la historia de Christopher Banks, un reconocido y prestigioso detective que debe enfrentarse a uno de sus mayores retos, como es la búsqueda de sus padres, de quienes fue separado cuando era tan solo un niño en la ciudad de Shanghái. Al parecer una historia detectivesca, pero que como usualmente Ishiguro suele hacer, nos lleva más por el camino del viaje personal y psicológico del reconocimiento y descubrimiento del mismo protagonista. Christopher, que creció en Inglaterra, acogido por una buena familia y educado en las mejores escuelas, crece con el recuerdo y la memoria de sus padres y de su vida en Shanghái, que al tiempo es decisivo en su decisión de dedicarse a ser detective, con la ilusión de algún día encontrar a sus padres. 

La estructura narrativa es muy interesante, ya que varía entre la aparente tercera persona, y la que prevalece, que es el relato en primera persona del protagonista, que en momentos parece que estuviésemos leyendo una extensa misiva, una confesión o un testimonio sobre el mismo Christopher, que va descubriendo cosas al mismo tiempo que el lector, nos hace partícipe de sus pensamientos y nos invita a ahondar en lo más profundo de sus recuerdos… en esos pequeños detalles del pasado, sus cavilaciones y piezas por armar del pasado. Dentro de esta narración, viaja constantemente de presente a pasado, lo que nos introduce en un pequeño laberinto del que si nos distraemos, podemos perdernos. 

Los tiempos de la novela transcurren en su mayoría dentro de dos décadas, más de la mitad de la novela transcurre en la década de los 30, hasta casi finales de los 50, cuando llega al estremecedor capítulo final. Dentro de siete capítulos, que también varían entre Londres y Shanghái, Ishiguro cargando de gran sensibilidad y destreza, nos muestra episodios importante de la vida de Christopher, como la relación con su amigo del pasado, Akira, con sus padres, como cuando visita la casa de su infancia, y por supuesto, el amor también aparece, en una difícil relación que mantiene con Sarah, la señorita de sociedad con aparente independencia, que busca un marido importante. Por lo que, además de su historia central, el autor ahonda dentro de la sociedad de la época, y diversos imaginarios, como las aspiraciones sociales y el ansia de una libertad que parece lejana y contradictoria. 

Es probable que en la mitad de la novela se sienta que baja el ritmo y la trama se haga un poco pesada, por la misma introspección en la confusión del personaje con sus recuerdos. Pero un poco después de la mitad y en especial el tramo final, o las últimas 200 páginas tiene un ritmo magistral, que sorprende y emociona en altas dosis. 

Además de la historia central, es interesante como Ishiguro de forma sutil aborda el tema de la política dentro de la ambientación histórica de la época, donde se hacen presente en Europa los brotes del fascismo, y en China con la llegada al poder del partido comunista, etc. Dentro de la historia de Christopher somos testigo al tiempo de esos grandes cambios históricos, que se presentan como pequeñas palancas del cambio de los mismos personajes. 

Sin dudas, otra obra de gran magnetismo y calidad de este excelente escritor, que se confirma como uno de los grandes autores británicos vivos. Y esta, una novela hermosa, dura, triste y conmovedora. Muy recomendada. 


8.5/10


A.S.B


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