lunes, 8 de septiembre de 2025
Reseña del libro: Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Maryse Condé)
martes, 12 de abril de 2022
Reseña del libro: Respirando el verano (Héctor Rojas Herazo)
Hace mucho tiempo tenía pendiente de leer la obra del escritor, poeta y pintor colombiano, Héctor Rojas Herazo, pero conseguir sus libros era realmente difícil. Hasta que Seix Barral volvió a editar su obra y rescatarla en el cumplimiento de su aniversario de publicación original, que data del año 1962, y que representó una fuerza de gran impacto en la narrativa del caribe colombiano y en el país en general, que influyó en muchos escritores, entre quienes están el mismo Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, quien además le dedicó muchos textos de elogio cuando era periodista a sus textos, especialmente a su poesía.
Rojas Herazo es muy reconocido y recibió muchos premios por su poesía, y esa vena poética se nota mucho en su prosa. También se nota mucho la influencia de su tierra, del pueblo costero de Tolú, al que de cierta forma proyecta sobre ese pueblo ficticio donde transcurre la novela, que llama Cedrón. Porque si hay algo que prevalece en los pueblos de la costa, es el calor. Y el calor y el eterno verano es otro protagonista de la obra, estando presenta desde las primeras páginas hasta el final. La novela, que podríamos incluir dentro del género de la novela corta, se encuentra estructurada en veintitrés capítulos, divididos en dos grandes partes. Y cada una de las dos partes con características específicas y diferenciales:
“Las cosas en el polvo” es el nombre de la primera parte e inicia de la siguiente forma:
“Anselmo amarró el caballito de palo en uno de los balustres de la ventana y, sentándose en el pequeño mecedor, empezó a desprenderse, de las medias y los cordones de sus zapatos…”
Esta primera parte es muy bella, poética y a la vez abstracta. Como vemos en el fragmento inicial, hay muchas descripciones del entorno, del espacio, de acciones, del clima, de elementos de la naturaleza, de pequeños detalles y los personajes no son presentados de forma directa, sino que van apareciendo como entes fantasmales de la memoria y del recuerdo, entran y salen sin orden, se nombran sin contexto, y el lector tendrá que dejarse llevar de la estructura poética para ir uniendo a los personajes con sus acciones y los pequeños lazos que van apareciendo y se van sugiriendo de sus relaciones con los otros. Que su tiempo narrativo casi siempre tienda al pasado, nos habla de la figura recurrente de flashbacks con que se abstrae y se construye este capítulo. El calor también se hace presente:
“Alzó el rostro y vio la plaza hirviendo, temblorosa, contra una vasta lámina de vidrio, con sus casas de paja y sus árboles de almendro retorciéndose como si los viera reflejados en el agua…”
Esta primera parte, también me parece que aunque se nombra al personaje principal, que para mí es Celia, la matriarca, y La Casa, que se convierte en prácticamente su equivalente simbólico, la trama gira más entorno a los recuerdos y dramas de los once hijos que tuvo Anselmo, las relaciones de éstos y de sus nietos, y la presencia de Julia, que es otro de los personajes principales de la novela. También entre los momentos de esta primera parte vemos la mención a la violencia del país, que se atisba en algunas escenas, como aquella cuando llegan unos militares a la casa de Celia, y ante la pregunta, “¿Entiende la situación?”, inmediatamente ésta le ofrece lo que tenía disponible de comida para él y sus hombres. La novela también nos sugiere esos códigos que todos aceptaban en un momento de mucho peligro, de silencios y en donde algunos nombres no podían decirse en voz alta.
Esta primera parte me gustó mucho por su tono y estructura poética, y recomiendo dejarse llevar ante las descripciones y los datos que nos va dejando el autor de los personajes, y a la vez estar atentos para no perderse de estos entramados. Además que entender desde el inicio que las vidas de los personajes están directamente ligadas al entorno, al clima e incluso a los objetos, a las cosas.
“Mañana volverán los caballos” es el nombre de la segunda parte e inicia de la siguiente forma:
“Celia llegó al pueblo la mañana del veintiséis de diciembre de mil ochocientos setenta y uno. Los más viejos la recordaban porque fue la primera mujer que, en principio, confundieron con un hombre”
Aunque la primera parte me gustó mucho por las razones que ya mencioné, esta segunda parte me parece magistral y da un perfecto contraste con esa primera parte. Acá ya nos habla directamente de los personajes y las acciones y las cosas se desprenden a partir de esas descripciones, no al contrario como ocurre en la primera parte. También en esta segunda parte tenemos el protagonismo de la presencia, la historia y la misma voz de Celia, quien en algunos apartes nos cuenta detalles de su vida, de su pasado, su presente y sus sufrimientos personales.
La cronología es más clara, pero a la vez es más desgarradora, mientras se nos presenta de forma más cerca la íntima relación entre Celia y La Casa, dando paso a su inevitable destrucción, que se relaciona directamente con los escombros, el deterioro y el ocaso, de las cosas y la vida misma. Quizás porque cuando hablamos de la muerte cercana todo se hace más claro. Se nos cuenta la llegada de Celia al pueblo y la casa, el inicio de los cimientos de esa relación simbólica, y a partir de ella los hilos de las otras historias que ya veníamos viendo por fragmentos. Además de esa confesión o monólogo que realiza, quizás equiparable al ese inmortal de Molly Bloom en el “Ulises” de Joyce, donde la mujer tiene la palabra final y describe todo su mundo desde su perspectiva, llevándose por delante a todo el mundo, y al mundo mismo.
Una novela llena de calor, de intimidad, de realidad, de tragedias, de cierta fantasía, de ruina y escombros, de soledad y de mucha poesía, que no dudo que en el momento que fue publicada fue innovadora y quizás también incomprendida, a pesar de beber de una figura clara como Faulkner, pero trasladado a un imaginario y un universo muy propio, personal y a la vez universal. Estaré pendiente a leer los dos próximos libros de la saga: En noviembre llega el arzobispo (1966) y Celia se pudre (1985).
Acá dejo dos fragmentos que me gustaron mucho, ambos de la segunda parte:
1.
“Algún día, después de muerta (esto lo sé también) rondaré por estos almendros y oirán mi voz en este patio. (…) Me han dicho también que la casa se está cayendo. Tampoco esto es verdad. Le ocurre simplemente lo que ocurre a Horacio: que ha cumplido y empieza a despojarse de sus paredes, de sus horcones y de sus vigas para esconderse también. Porque las casas se caen, se destruyen, pero lo que ellas fueron queda en la tierra y por mucho que construyan después de ellas – por muchas ventanas y quicio y techo nuevo que les pongan encima- ellas siguen erectas, ocultas pero vivas, respirando con sus apretados muertos dentro de ellas. Por eso he aceptado esta ruina. Por eso no me quejo. Por eso todas las mañanas doblo mi cama de lienzo y la recuesto contra la pared y no me importa que la mala hierba crezca en el patio y haya casi tapado el brocal del pozo. No me importa nada que esto ocurra porque la casa tiene que despojarse – como todos lo hicieron y lo seguirán haciendo por tumo- y yo no puedo impedirlo. Sería como interrumpir una obra que es superior a nosotros. Esto me duele, claro, esto me duele mucho porque la casa y yo hemos sido una misma cosa. Porque yo llegué aquí un mediodía, lo vi a él en la puerta y entré. Desde ese mismo instante sabía que ya no saldría más de aquí. Así debió ser; sí, así debió ser, cuando mi alma penetró en mi cuerpo. Porque nunca he amado como he amado este lugar. Parece mentira que una le ponga tanta ternura a unos árboles de totuma, a unas bisagras rotas, a unas puertas que lloran cuando se cierra en la noche. Y todavía más: que uno llegue a amar con tal poderío el lugar donde más hondamente ha sufrido. Tal vez sea por esto –precisamente por esto- por lo que parece que hubiera echado raíces en esta casa”.
2.
“Del esposo de Berta no he gustado nunca. Es un malvado. Dirán que es generoso pero es un malvado. Lo supe desde el primer día en que lo vi y los hechos han venido a confirmármelo. Es de esos hombres que nada aman y a los cuales, incluso, el amor puede hacerles daño. Él no venía por Berta cuando viajó a este pueblo. Se le notaba en los ojos. Venía a descansar de su pasado. Pero es de esas criaturas, de esa clase de animales mejor dicho, que necesitan hacer el mal para seguir viviendo. A su primera esposa (lo supimos por el primo Pablo que hizo la indagación en Barranquilla) la mató a patadas cuando estaba encinta de su segundo hijo. Pero también ellos saben que fue un asesinato. Es un hombre irascible y vanidoso. Tiene que destruir y ser destruido. Y no es que haga mala bebida. Es que tiene que beber para sacudir, para liberar el mal que lleva en la sangre”
lunes, 7 de marzo de 2022
Reseña del libro: El Quinto Hijo (Doris Lessing)
“Hicieron el amor, allí, en su cama. Harriet estuvo a punto de gritar: <¡No, para! ¿Qué estamos haciendo?>. ¿No habían decidido acaso esperar dos años para tener hijos? Pero se sintió abrumada por la resolución de él… sí, eso era, él le hacía el amor con una intensidad tan deliberada, concentrada, mirándola a los ojos, que la obligó a aceptarle, a aceptar que tomara en ella posesión del futuro. (…) Y lo hicieron con deliberación solemne. Una vez. Dos. Y luego, cuando la habitación ya estaba a oscuras, volvieron a hacerlo.
- Bien –dijo Harriet en voz baja, pues estaba asustada y decidida a no demostrarlo-, bien, ya está hecho, estoy segura.
Él se echó a reír. Una risa fuerte, desconsiderada, sin escrúpulos, totalmente impropia del modesto, alegre y sensato David.”
Este fragmento de las primeras páginas de la novela me impresionó mucho, porque además de ser el detonante de todo, nos deja al descubierto de una vez la posición y el foco que tendrá durante toda la novela la imagen de la mujer, y específicamente de esta madre, Harriet.
Harriet y David, una joven pareja de clase media-alta, se conocen en una fiesta y pronto inician una relación llena de sueños y objetivos. Entre ellos, tener una familia numerosa, de cuatro, cinco o seis hijos. Tendrían que trabajar duro para mantener esa familia, y se habían dado un plazo de dos años para empezar a acomodarse, pero todo se ve apresurado por un aparente descuido. Descuido del que Harriet es plenamente consciente, pero decide dejarlo pasar, al haberse sentido un poco intimidada y desconcertada por la resolución de su esposo.
Pero contrario a lo que uno pensaría, cuando empiezan a llegar el primer, el segundo y el tercer hijo, todo transcurre en completa paz y armonía. La rutina, las reuniones familiares, los juegos, desvelos y la felicidad. Pero todo cambia de forma abrupta cuando nace el quinto hijo, Ben, quien es distinto a los demás, de apariencia desfigurada y generador de conflictos en el núcleo familiar desde su nacimiento.
Me parece interesante el abordaje que hace la autora desde este planteamiento, y las dinámicas resultantes, especialmente en la madre, Harriet, quien inmediatamente es señalada como la culpable de todos los males de la familia Lovatt. Harriet es la primera en rechazar a su hijo cuando lo ve, la que lo desconoce y la que intenta por todos lados que las otras personas reconozcan lo que para ella es evidente. Pero a la vez, Harriet es la única persona que intenta entenderlo y que se preocupa por él. Un contraste de emociones que reflejan muy bien ese abismo de dudas y contradicciones que nublan el corazón de las madres, por encima de ese amor y sentido de protección inherente hacia el hijo.
Los amigos, la familia, los otros hijos, los médicos y su marido concentran toda la culpa y responsabilidad del hijo malo sobre la madre. El círculo más cercano le da opciones facilistas y trágicas para deshacerse de ese defecto de la naturaleza, mientras que el médico no ve el problema, y le dice que todo es culpa de ella, quien nunca ha llegado a aceptar a su hijo.
La novela está escrita con un lenguaje sencillo y fácil de leer, pero poco a poco te va envolviendo de manera hipnótica en una trama de terror e intriga. El uso del narrador en tercera persona ayuda en las primeras páginas a dibujar el entorno y las relaciones de la pareja con las otras personas, pero a medida que avanza la narración, el narrador va enfocando su lente en Harriet; observamos cómo escarba en sus cavilaciones acerca de su familia, su esposo, sus otros hijos, y su mirada siempre sobre Ben, intentando entenderlo, anticiparlo y ayudarlo.
Debo decir que aunque me agradó el libro y creo que plantea muchos temas interesantes acerca de la familia, la responsabilidad de las madres y el papel de la misma sociedad en el desequilibrio de estas cargas, me parece que la resolución es un poco floja, aunque un punto positivo es que evita el efectismo. Pero me sigue dejando un leve sinsabor, porque entre esta mezcla de realismo con fábula moral llena de intriga, creo que hay algo esencial y poderoso que se difumina. Y no sé exactamente qué es, o quizás no entiendo mucho de las relaciones expuestas, porque resultan difusas, y quizás es parte del objetivo de la autora. Pero me remito nuevamente al fragmento inicial, a esa escena donde la mujer se ve despojada de muchas cosas en un solo instante, en un segundo, en un orgasmo: de su voluntad, de su identidad y de su mismo futuro.
Nota adicional: Resulta interesante enterarse después que quizás la novela tenga tintes autobiográficos, porque la autora (ganadora del Premio Nobel de Literatura 2007), Doris Lessing, al parecer abandonó a su familia, dejó a algunos de sus hijos con su esposo y ella se llevó a uno que tenía necesidades especiales, al que cuidó de por vida y con quien pudo desarrollar su carrera.
Teniendo esta nota en cuenta, resulta interesante comparar las historias y plantearse la pregunta sobre quién o quienes eran los verdaderos limitantes de Harriet para desarrollarse plenamente con mujer y ser humano.
miércoles, 12 de mayo de 2021
Reseña del libro: En el lejero (Evelio Rosero)
Resulta curioso que haya decidido leer este libro hace apenas unas semanas. Lo tengo hace aproximadamente dos o tres años pero se encontraba en mi larga lista de pendientes. Lo obtuve de una manera muy inusual: En una edición del Hay Festival en Cartagena tuve una muy buena conversación con Evelio Rosero, en donde hablamos de su obra y nos detuvimos especialmente en “Los ejércitos”, que es para mí una de sus mejores obras, y de las mejores escritas en el país en las últimas décadas. Al finalizar la entrevista, Evelio sacó un libro de su mochila y me extendió un libro delgado que tenía en su portada una bella ilustración del Santuario de Las Lajas, que por cierto es otro lugar o edificación que siempre me ha llamado mucho la atención, y el título: En el Lejero.
El autor me lo regaló y yo me sorprendí, por el obsequio y porque no conocía ese libro. Él ni siquiera me preguntó si ya lo había leído, quizás lo intuyó porque no lo había mencionado en la charla. Le agradecí y recuerdo estar muy contento por el libro. A pesar de la emoción no lo leí inmediatamente sino que lo puse en espera. No sé exactamente por qué hace unas semanas decidí buscarlo y adelantar su lectura, ya que tampoco había buscado referencias o sinopsis de la obra, pero digo que me resulta curioso haberlo leído en estos días, porque es un libro que está muy relacionado con “Los ejércitos”, y porque nuevamente trata temas como la violencia y la muerte. Y en estos días que esas dos palabras han estado presentes en las manifestaciones por el Paro Nacional, pude sentir más cerca el drama del libro.
La novela, de menos de noventa páginas y con ecos rulfianos, nos cuenta la historia de Jeremías Andrade, un hombre mayor que viaja a un pueblo apartado y grotesco, en la búsqueda de su nieta Rosaura. Desaparecida. Y en ese pueblo anónimo, plagado de un ambiente especial, casi sepulcral, se encuentra con un diverso grupo de personajes, que ayudarán a su manera a Jeremías en su objetivo.
La descripción del pueblo sin nombre es excelente, porque trasmite esa atmósfera general (también muy bien descrita) de la novela, que está llena de pesadez, de suciedad, de niebla, tristeza y abandono. Un paisaje grisáceo que impacta al lector desde los primeros párrafos y logra la inmersión en la novela. También hay una cierta tensión y una sensación de intriga, de no saber lo que ocurre y lo que ocurrirá más adelante.
Conjunto con la atmósfera se fusionan muy bien las características de los objetos, que actúan como símbolos o metáforas sobre lo que no se dice, pero se va percibiendo y descubriendo poco a poco. Y los personajes, también se fusionan a la atmósfera, pues son los habitantes del pueblo, y cada uno tiene alguna característica, un detalle, una composición o una acción que acompaña ese lienzo grotesco, putrefacto y oscuro de la historia.
Jeremías es un extranjero que llega al pueblo a indagar, tras la búsqueda de un ser querido (como ocurre en Los ejércitos también). Los habitantes del pueblo lo miran con desconfianza, con sospecha y recelo, pues se presentan como entes fantasmales, conspirativos, que entre la desgracia de su entorno, parecen guardar un secreto en común. La complicidad o el miedo. Hay una enana promiscua, monjas misteriosas, un albino, un manojo de ratas, un carretero (que recoge los cadáveres apilados de los roedores a diario) y unos niños que juegan al fútbol con cabezas humanas, entre otros personajes siniestros, que parecen albergar una pesadilla. Y en el fondo de todo, la violencia. Nunca explícita, pero es la que se camufla entre la neblina, entre los objetos, entre los susurros y los silencios de los personajes, y entre la ausencia.
La prosa hipnótica y mesurada también aporta a mantener ese estado de alerta permanente y misterio. El narrador es omnisciente pero a la vez con una voz apagada y triste, que nos hace imaginarlo como uno de los habitantes de ese espacio en decadencia, o simplemente un fantasma más, un ente condenado, un alma en pena. Y hablando de almas en pena, preciso hay una especie de relación que puede hacerse en el pueblo como un purgatorio o hasta un círculo infernal, teniendo en cuenta que preciso el convento y el pueblo se encuentran anexos a un volcán en donde suceden muchas cosas y también se encuentra un río como el Aqueronte.
La forma en que Rosero teje este universo, que es onírico pero sin dejar de ser real y palpable, y sin caer en lo mágico, me resulta admirable. Y es una sensación que se siente también con “Los ejércitos”, es un lenguaje metafórico para narrar la violencia y sus diversas vertientes. Porque en el fondo de la historia y si leemos bien los elementos simbólicos, nos daremos cuenta que se nos está contando una historia de violencia, de un secuestro y de un lugar donde funciona algo más grande, una red. De un pueblo cualquiera al que un día llegó la violencia, impregnado de un aire tóxico de muerte, tristeza, dolor y miedo. Quizás ese ambiente se asemeja a la especie de ilusión en que quedan los lugares al que un día llega la violencia a trastornar su cotidianidad.
En síntesis, la novela presenta un ambiente en el que siento que muchas veces nos encontramos en este país, y actualmente. En donde las muertes empiezan a ser algo cotidiano hasta que todos quedemos paralizados y seamos convertidos en fantasmas vivientes, presos del miedo y la desolación. Es un impacto muy fuerte, que a la vez nos lleva a experimentar a través de la literatura y la poesía esa sensación que seguramente muchas personas viven a diario desde hace muchos años o toda su vida. Y por lo tanto, es algo que nos debería llevar a trabajar para tratar de salir de ese círculo, porque los pueblos anónimos son micro-universos de una ciudad, un país y de todo un continente. Muy recomendado y gracias a Evelio por el libro.
lunes, 30 de diciembre de 2019
ESTE o cualquier otro LUNES (Jesús David Buelvas Pedroza)
“Este o cualquier otro lunes” es la más reciente novela publicada por el escritor cartagenero Jesús Buelvas. Una novela que transcurre en un día, como el Ulises de Joyce, y que al inicio precisamente tiene la siguiente dedicatoria: “Dedicado a Nadie quien supo engañar a Polifemo afirmando que él era Ulises”. Que será clara para los que hayan leído la “Odisea” de Homero. Y esta dedicatoria ya me fue perfilando un poco el estilo de la obra o parte de su estructura y contenido, porque el autor nos relata la odisea en un día, un Lunes precisamente, de Samuel, un hombre joven que lucha por sobrevivir en la ciudad de Cartagena. Samuel acaba de terminar la carrera de filosofía y sueña con ser escritor pero se enfrenta muy pronto con la realidad y se ve obligado a conseguir un empleo en lo que sea, para poder salir adelante y conseguir un sitio propio, pues vive en un barrio popular en casa de sus hermanos. Ese lunes se levanta para ir a una entrevista de trabajo al centro histórico de la ciudad.
Al terminar la novela me sorprendió su circularidad, pues inicia prácticamente donde termina, lo que tiene diversos significados con las mismas descripciones que hace sobre la rutina y la cotidianidad exclavizante de la gente, que todos los días como en un eterno retorno de lo mismo se ve obligada a repetir lo mismo. Todos los días son LUNES para muchas personas.
La novela está muy bien escrita, tiene ritmo y un tono muy local, que es algo poco explorado en la literatura cartagenera, con una descripción de la cotidianidad que tienen muchas de las personas que viven en los barrios populares, que todos los días tienen su propia odisea para llegar a sus trabajos o salir con la esperanza de conseguir uno. Las dinámicas del barrio y el traslado hacia el norte también está muy bien descrito, la atmósfera cartagenera, el sol inclemente, el movimiento de la gente, la inseguridad, y los personajes que afloran en el recorrido que va teniendo en toda la ciudad.
Es una novela sociológica, pero también filosófica, psicológica y etnográfica, pues además de las excelentes descripciones a los distintos espacios geográficos que recorre el personaje, también desde ese narrador omnisciente analiza distintas situaciones sociales y el pensamiento del personaje en particular y su percepción sobre todo. Porque Samuel es escritor, por lo que es muy sensible a todo lo que ve, y el narrador muchas veces es introspectivo y nos habla desde el interior del personaje, desde sus ojos. Porque son ojos hambrientos de historias, de situaciones, del teatro de la vida.
En su tramo final me sorprendió también los cambios que tiene la narración, pues por momentos nos introduce fragmentos de un periódico, en otro, hay un capítulo que inicia con fragmentos de un libro que lee un hombre en un parque, que está esperando a una mujer. Samuel se encuentra observándolos y mira toda la situación, pero nos damos cuenta cuando el narrador vuelve y retoma su mirada. Perspectiva que sigue cambiando, y cuenta otras historias de otros personajes que ve en el parque y en la plaza. Historias que observa, otras que imagina y completa como buen escritor. Pero todas esas historias abordan temas sociales de la ciudad, como el abandono de los niños o los famosos cachos, por lo que tenemos la parte dramática y a la vez la comedia humana en función. Nuevamente el teatro de la vida.
En cuanto a las emociones, por el sabor local hay mucha frescura en la narración, también humor, crítica, y por su puesto drama y dolor. De hecho, el final, el epílogo es bastante contundente y nos recuerda nuevamente al inicio, donde se posa nuevamente una nube gris sobre el personaje y sobre el lector, que después de acompañar en Samuel en todo ese recorrido, queda también exhausto, y aunque recibe una buena noticia también se enfrenta a la realidad del día a día, donde a veces parece que no es posible la redención.
Conozco a Jesús hace años y sé de su talento, pero esta obra sin duda es un trabajo de maduración, de muchos años, esfuerzo y dedicación. Disfruté leyéndola de forma pausada porque el texto es atrapante y te invita a leerlo de recorrido, pero yo preferí degustar la odisea lentamente, pensando en la idea de que todos los días eran lunes. Muy recomendada. Pueden contactar al autor si están interesados en la obra.
Acá dejo su perfil de Facebook:
lunes, 25 de junio de 2018
El Búfalo de la Noche (Guillermo Arriaga)
Tercera novela del escritor, productor, guionista y director de cine mexicano, Guillermo Arriaga; conocido por sus guiones en la famosa “Trilogía del dolor” del director mexicano Alejandro González Iñárritu: Amores perros, 21 gramos y Babel. Era escritor de ficción mucho antes de incursionar en el cine y de escribir guiones, desde principios de los 90. Sus novelas están siempre caracterizadas por ese estilo que siempre se trasmite en sus guiones, de atmósferas densas, de hiperrealismo, dramas humanos y conflictos psicológicos y existenciales.
“El Búfalo de la Noche” publicado en 1999 es su tercera novela, y cuenta la historia de Gregorio y Manuel, dos jóvenes mejores amigos que se enamoran de una misma mujer, Tania. Gregorio empieza a presentar problemas psiquiátricos, mientras la relación de Tania y Manuel se refuerza. Una tragedia ocurre, Gregorio se suicida, pero deja una caja con misteriosas cartas, mensajes y símbolos que atormentan a Manuel y Tania.
La novela es ambientada en ciudad de México, y se encuentra muy bien retratada desde la atmósfera y el paisaje, hasta el lenguaje que utilizan sus protagonistas.
Me pareció una buena novela de Arriaga, dibuja bien los personajes, la ambientación y los diálogos. Te mantiene constantemente en expectativa, aunque la resolución del misterio y de la novela en sí, deja un poco a medias las expectativas iniciales. Me parece que se resuelve de forma muy facilista, y que todo lo anterior te había generado tantas expectativas, que al final te deja a media marcha y te corta el ritmo de repente y de forma violenta, pero sin ninguna sorpresa o emoción particular.
Quizás lo mejor de la novela, y una de las grandes virtudes de Arriaga se encuentre en la construcción de los personajes, en la inmersión en su psicología, en su psique, en sus delirios, en sus fantasmas, en sus miedos y pesadillas. Por eso quizás me sentí cortado cuando al final nos vemos enfrentados a la realidad, y nos damos cuenta que habíamos estado tan tensionados porque estábamos conviviendo con la angustia de su protagonista.
Otra parte donde Arriaga extiende su talento es en las descripciones carnales de sus protagonistas, en la consolidación de sus deseos, y cómo llevan la culpa, como cuando Tania y Manual se acuestan por primera vez, siendo ella novia de Gregorio. Alcanzas a visualizar las escenas, a sentir la gota de sudor, a sentir los gemidos y las respiraciones; los espacios que se mezclan con los personajes y los diálogos que funcionan tan bien dentro de esta mecánica.
Siempre suelo resaltar frases y diálogos que me gustan de las novelas o películas que veo (tengo un blog dedicado sólo a frases y diálogos de películas: enlace), de esta novela saqué varios, hay algunos muy largo que no pondré pero me parecieron muy buenos, como una descripción sobre el padre de Manuel, que me pareció excelente, donde describe la rutina de levantarse todos los días para ir al trabajo, y analiza en perspectiva la vida de su padre y la contrasta con la suya y la proyecta a 20 o 30 años más adelante.
Pero en general, disfruté mucho de la novela, especialmente de su inicio y desarrollo hasta más de la mitad, pero en su tramo final me dejó un poco con ganas de algo más. Aunque hay algo que es innegable, y es el enorme talento de Arriaga como narrador, como constructor de escenas, imágenes y diálogos perdurables y muy fuertes, que dejan marca. Lo escuché en una conferencia, y me pareció una excelente Master Class. No se guarda nada, es muy abierto y emocional. Y como él mismo dice, sólo escribe de lo que ha vivido y sentido, que no podría escribir sobre algo que no ha vivido en carne propia. Esa noche, luego de la conferencia, preciso tenía el libro “El búfalo de la noche”, y le pedí la firma. Lo que me escribió fue gracioso, porque al principio no podía entenderlo, entonces lo publiqué en Facebook y le pedí a mis amigos que me ayudaran a descifrarlo. Al final me ayudaron y escribió lo siguiente:
“Alejandro, busca tus búfalos y corre a darles caza, antes de que ellos te encuentren”.
7/10
Y termino con unos cuantos fragmentos del libro:
“Cómo explicarle que no se trataba de enmendar malentendidos, ni solucionar desavenencias comunes entre amigos. No se trataba de reconciliarnos, sino de perdonarnos. Perdonarnos: ¿cuándo podríamos ahora perdonarnos?
Tuve una súbita ansia de llorar, de mostrarme frágil ante la mujer de los hombros blancos, de correr a exprimir las cenizas de Gregorio para extraerles aunque fuera una palabra más.
Rebeca me miró sin entender. Se enroscó a mi cintura y así, sin entender, lloró por mí”.
“El arquitecto Molina, director de la carrera, sostenía que diseñar casas era una de las responsabilidades más serias del mundo. “En las casas se crece, se duerme, se pelea, se ama, se fornica, se come, se odia y se muere”, sólía decir. “No son sólo construcciones, muchachitos, son los sagrados espacios de la vida”. Tenía razón pero esa mañana no iba dispuesto a soportar sermones. Por más que se quiera, los espacios de la vida jamás podrán competir con la vida misma y ni doscientos muros perfectamente construidos pueden silenciar el ruido de un disparo resonando a la mitad de una tarde”.
martes, 13 de marzo de 2018
Distancia de rescate (Samanta Schweblin)
“Distancia de rescate” es la primera novela de la excelente escritora argentina Samanta Schweblin. Samanta, conocida por sus cuentos, y dueña de un estilo crudo y visceral, sigue explorando en su primera novela los límites sensoriales, humanos y narrativos de la escritura y del ser humano.
Contar sobre lo que trata la novela, sería dar un spoiler, y en este caso no me parece justo, ya que precisamente Samanta toma una historia normal, como la desesperación de una madre al sentir que pierde a su hija, y la reconstruye narrativamente y estructuralmente a extremos muy poco vistos en la literatura. Y construye todo este rompecabezas en poco más de 100 páginas, con cálculo, detalle y precisión, gracias a su trabajo en el relato breve. Precisamente Samanta me contó, en una entrevista que le hice en el marco del Hay Festival, que “Distancia de rescate” inició como un cuento, pero que poco a poco la historia se fue desfigurando, deshaciendo a algo más… el campo en que transcurre la historia empezó a cambiar de colores, a transfigurarse, y con ello su estructura y narrativa.
Varios detalles sorprenden, el que inicialmente me impactó es el tipo de narrador. Hay varios, pero sobresale uno no muy usado, el narrador en segunda persona, que se sitúa en la voz de la madre, Amanda, quien agoniza en una sala de emergencias, y que construye la narración a través de flashbacks, a través de sus recuerdos. Tratando de recordar cómo llegó a ese lugar. Por lo que se dirige directamente, como en una comunicación telepática con David, el hijo de una amiga, con quien se encontraba en el campo. Esa narración, en donde hace preguntas a David desde la distancia, es evocadora, fascinante e inquietante. Y el lector irá descubriendo poco a poco lo que pasó. David, el niño, quien jugaba con su pequeña hija, también le responde desde la distancia, e incluso le deja ver los recuerdos que quiere ver. Por lo que la novela transcurre en su mayoría en otro plano.
Amanda, teme porque no entiende lo que le pasa, pero sobre todo por su hija Nina. Nina, a quien nunca le quita la vista de encima, y quien representa el concepto de la “distancia de rescate”, como Amanda misma le explica a David:
“Espío otra vez a Nina, que ahora da unos pasos hacia la pileta.
Es que a veces no alcanzan todos los ojos, Amanda. No sé cómo no lo vi, por qué mierda estaba ocupándome de un puto caballo en lugar de ocuparme de mi hijo.
Me pregunto si podría ocurrirme lo mismo que a Carla. Yo siempre pienso en lo peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería”.
La novela cuenta la experiencia y angustia de una madre, pero también se mueve entre el relato fantástico, metafísico, y se traslada a un plano distinto, psicológico, totalmente inmersivo y aterrador. Que llega a perturbar al lector. Le comenté a Samanta, que en momentos quedé paralizado leyendo su relato, ya que logra que el lector, sin entender desde el inicio la acción de la novela, vaya entrando a la red de intriga que la autora va creando, a la atmosfera opresiva y asfixiante. Ella contestó, “esa es la idea”.
Es una novela corta fascinante, y de cierta forma innovadora y original en su narrativa. Le comenté en la entrevista que pertenecía a un Club de Lectura donde estábamos leyendo a escritoras latinoamericanas, y habíamos iniciado por Argentina. Aprobó a todas las escritoras mencionadas, y dijo que son muchas más. Así como también me habló de esa nueva generación de escritoras latinoamericanas, que está pisando tan fuerte en el mercado editorial. Y lo mejor, es que son amigas, la también argentina, Mariana Enriquez, la mexicana Valeria Luiselli, la colombiana Margarita García Robayo, entre otras.
Además de eso, hablamos de la importancia de crear personajes, atmósferas, ritmo, títulos, que para ella es de vital importancia que todo adquiera un significado para el lector, y que este también al tiempo se sienta exigido, motivado y en ocasiones perturbado por la lectura y sus personajes. Samanta también dirige talleres de escritura y de lectura, y mencionó que es una actividad edificante, que al tiempo le ayuda en su proceso creativo.
En fin, una novela corta imperdible para descubrir una de las escritoras más talentosas de Latinoamérica, y que sin dudas serán llevados a descubrir sus cuentos, género que maneja con destreza.
domingo, 11 de febrero de 2018
Los Amores de Nishino (Hiromi Kawakami)
Los amores de Nishino es una bella, corta, tierna y evocadora novela de la escritora japonesa Hiromi Kawakami. Nos cuenta la historia de Nishino, a partir de las voces y perspectivas de sus amantes, de sus mujeres y amores a través de su vida. Desde que es un joven de 18 años en la Universidad, estudiando Economía, hasta que es un hombre adulto y mayor.
Los relatos son muy interesantes. Cada breve capítulo es una voz diferente, una mujer distinta. La perspectiva femenina a través de la cual se explora la intimidad de un hombre, conforman un retrato muy interesante, curioso y verídico. Y descubrimos como a pesar de que mantiene rasgos comunes, cada una da unos detalles distintos del personaje, que al final del libro nos parece un viejo conocido.
“¿Qué será el amor? Las personas tienen derecho a enamorarse de otros, no a que los demás las amen”
Nishino es un espíritu libre, enamoradizo, que aunque es mujeriego, aparentemente se enamora de cada uno de sus amores, pero no se entrega completamente. Es libre de amar. Algunas mujeres le guardan rencor, otras mucho cariño, comprensión y pasión.
También me pareció muy interesante, que mientras las mujeres hablan, describen y analizan la figura de Nishino, también se desnudan a sí mismas. Por lo que al final, también es un bello retrato femenino, de cómo ven las mujeres a los hombres, lo que esperan de ellos, lo que les molesta, lo que les gusta, lo que les atrae, lo que les aburre, etc.
Kawakami es una escritora muy hábil, que posee las características, detalles y la esencia del arte japonés. Una prosa muy pulcra, sutil y transparente, que demuestra el talento de la autora en diseccionar y retratar los sentimientos y las emociones. Los anhelos y las decepciones.
De forma sutil, nos mantiene extasiados por su música, por su prosa hipnótica y cristalina, mientras de vez en cuando nos sorprenda y nos llegue un balde de agua helada o un golpe directo y eficaz. Por sus revelaciones, por la exposición de la intimidad, por los juegos y la seducción, en la que sus personajes envuelven y develan al lector.
En cuanto a su estructura narrativa, no sigue un orden lineal, ya que nos enfrentamos a los recuerdos de las mujeres, que mezcla sin orden cronológico y específico el Nishino adulto, con el adolescente y con el maduro. Y a veces, las mujeres coinciden en sus respectivas historias. Lo que es un ejercicio muy interesante, que sirve al lector para hilar cabos, retroceder a algunas historias, y tratando de armas un mapa sobre el personaje y sus amores.
Es bello y luminoso porque son mujeres que recuerdan a un personaje especial que pasó por sus vidas, y les dio momentos de felicidad, ya fuesen años o unos cuantos días. Por lo que algunas confesiones están llenas de simpatía, dulzura y comprensión. Al final no conocemos con certeza lo que pasa con Nishino, sólo tenemos los fragmentos de recuerdos y remembranzas de estas mujeres, que en su análisis de este personaje se desnudan y autoanalizan a sí mismas… y nos presentan la idealización del otro ser. Recomendado.
jueves, 18 de enero de 2018
La historia de mis dientes (Valeria Luiselli)
Segunda novela de la joven y talentosa escritora mexicana Valeria Luiselli. “La historia de mis dientes” es una novela sencilla y minimalista, que cuenta la historia de Gustavo Sánchez Sánchez (Carretera), un hombre singular que tiene una vida sencilla pero que vista desde su también particular perspectiva, se convierte en una odisea y una gran aventura. Como de hecho se encuentra estructurada gran parte de la primera parte de la narración, se convierte en una experiencia curiosa, luminosa, divertida y estimulante. Carretera, cuenta la historia de su vida a través de sus dientes.
Luiselli demuestra nuevamente su gran talento para la prosa, para hilar historias, incluso la de este hombre común, que le permiten recorrer espacios, tradiciones y el lenguaje popular de su natal México. Su sentido del humor, su capacidad de adaptar el lenguaje y la narración a distintos niveles, sus referencias personales, y las referencias históricas y culturales, que nunca faltan en sus escritos, demuestran su increíble agudeza.
Incluso por su título, da la sensación de un libro pequeño, curioso y particular, pero hecho con detalle, precisión y corazón. Especialmente con ese hermoso capítulo final, lleno de fotos, que a la vez están acompañadas de citas de grandes personajes y escritores. Fotos que retratan los lugares que hemos visitado anteriormente en la lectura. Lo que en cierta forma le da un carácter documental a la obra. Una bella crónica novelada. Un ensayo sobre lo cotidiano. Y un perfil de una pequeña y gran vida.
También hay fragmentos en donde Luiselli habla de sí misma y su adolescencia, al referirse a sí misma como la “casi señorita” Valeria Luiselli, en otro de los apartes donde hace una referencia a distintos personajes. Porque de hecho, su personaje, Carretera, se dedica a vender objetos, subastarlos, entre ellos los dientes de personajes famosos. Pero más que los objetos, lo que Carretera vendía, eran las historias detrás de esos objetos, de esos dientes y sus dueños originales. Y eso también hace Luiselli, una estupenda narradora.
Si el personaje de Carretera es el narrador en la primera parte y gran parte de la segunda mitad del libro, entre los breves capítulos que son informativos, y pequeños intermedios, es Luiselli quien retoma la voz narradora para exponer otras ideas, personalidades y perfiles. Y en su tramo final la voz narradora la toma el biógrafo de Carretera, a quien conoce al final de su vida, y pide que cuente su historia… que sería otro personaje donde la autora se camufla.
Pero Luiselli es la hábil narradora detrás de este bello y extraño pero estimulante relato. Además de gran narradora, muestra su pasión por la literatura y las artes en sí, por su interés en la gente, en la historia, en los detalles, en los territorios, y los espacios de convergencia donde varios de estos elementos se unen y crean nuevos espacios y universos. Es una exploradora, es una carpintera y una albañil de las letras. Un tesoro de las letras de la que aún tenemos muchas cosas por leer… afortunadamente.
Acá dejo mi reseña de otro libro de Valeria Luiselli, su primer libro de ensayos:
Papeles Falsos (Valeria Luiselli)














