Hace algunas semanas estuvo en salas de cine del país (y sigue en algunas salas selectas como la Cinemateca de Bogotá, etc.) esta interesante, hipnótica, divertida e inusual película, ambientada en el mundo queer de Cali, dentro de un universo ficticio y fantástico, en donde el Infierno de Dante (y de su Divina Comedia) se traslada al averno de un legendario bar de mala muerte, en donde también se encuentra en la superficie una especie de Limbo y Purgatorio, dónde aún conviven los vivos con los muertos, la misma parca (La Flaca) y su patrón.
Dentro de ese contexto se destacan varias historias corales, como la del hijo de un pastor conservador (interpretado por Jhon Narváez ), que en las noches se viste de mujer para hacer de Drag Queen; la de un hombre que negoció con la parca para tener la oportunidad de vivir y despedirse de su amado; o la gitana que no deja de negociar con La Flaca para salvar a su hija, y otras historias que brillan en esta película con una estética muy variada, en donde predomina o conviven algo del kitsch, junto con la estética que predomina en el mundo de las drags, como son el punk, con algo de gótico y del art pop.
Me pareció estéticamente y visualmente muy bien lograda, con muy buenos escenarios, diseño de producción y arte, además de un divertido guión y muy buen reparto, en donde además de la historia fantástica que nos presenta, tiene un trasfondo donde reflexiona sobre la aceptación, el miedo y el poder, dentro de una fiesta de colores, intensidad, movimiento, cuerpos y distintos tipos de deseos. Una babel moderna y subterránea, como la misma composición del infierno de Dante, que es rica también en distintas referencias, ya sea religiosas o literarias, y se adapta muy bien a la cultura underground caleña. En cuanto a los escenarios, la directora ha mencionado en varias entrevistas que aunque luce como una producción costosa, en realidad aprovecharon los escenarios que ya existen en Cali, pero aún así, lograr que una producción luzca más costosa es merito del equipo de producción también. Y sacarle el mejor provecho a los recursos disponibles.
Aunque son diferentes, y es una propuesta inusual en nuestro cine, me recordó al documental "Anhell69" de Theo Montoya, que también trató el tema queer en los recovecos de Medellín. Vale mucho la pena ir a verla en cine, y que se den la oportunidad de verla, pues creo que es de esas películas que aunque tienen una vena artística, también pueden conectar fácilmente con el público. Y me encantan este tipo de propuestas, que se encuentran lejos de las propuestas totalmente experimentales o del cine de entretenimiento más comercial y superficial. Películas como esta pueden enamorar poco a poco al público más receloso del cine colombiano, aunque necesitan más apoyo, publicidad y tiempo de exhibición en salas. Lamentablemente en Cartagena solo la tuvimos como 2 o 3 días, porque estábamos en pleno Festival de Cine, donde quizás también me hubiese gustado que estuviese. Pero bueno, no dejen de verla donde aún se encuentra disponible. Una propuesta que además navega entre varios géneros, como la comedia negra, el misterio, el género fantástico, entre muchos otros que se contrastan con la propuesta visual y del mismo vestuario de los personajes.
Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)




