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miércoles, 12 de mayo de 2021

Reseña del libro: En el lejero (Evelio Rosero)

Crítica del libro En el Lejero



Resulta curioso que haya decidido leer este libro hace apenas unas semanas. Lo tengo hace aproximadamente dos o tres años pero se encontraba en mi larga lista de pendientes. Lo obtuve de una manera muy inusual: En una edición del Hay Festival en Cartagena tuve una muy buena conversación con Evelio Rosero, en donde hablamos de su obra y nos detuvimos especialmente en “Los ejércitos”, que es para mí una de sus mejores obras, y de las mejores escritas en el país en las últimas décadas. Al finalizar la entrevista, Evelio sacó un libro de su mochila y me extendió un libro delgado que tenía en su portada una bella ilustración del Santuario de Las Lajas, que por cierto es otro lugar o edificación que siempre me ha llamado mucho la atención, y el título: En el Lejero. 

El autor me lo regaló y yo me sorprendí, por el obsequio y porque no conocía ese libro. Él ni siquiera me preguntó si ya lo había leído, quizás lo intuyó porque no lo había mencionado en la charla. Le agradecí y recuerdo estar muy contento por el libro. A pesar de la emoción no lo leí inmediatamente sino que lo puse en espera. No sé exactamente por qué hace unas semanas decidí buscarlo y adelantar su lectura, ya que tampoco había buscado referencias o sinopsis de la obra, pero digo que me resulta curioso haberlo leído en estos días, porque es un libro que está muy relacionado con “Los ejércitos”, y porque nuevamente trata temas como la violencia y la muerte. Y en estos días que esas dos palabras han estado presentes en las manifestaciones por el Paro Nacional, pude sentir más cerca el drama del libro.

La novela, de menos de noventa páginas y con ecos rulfianos, nos cuenta la historia de Jeremías Andrade, un hombre mayor que viaja a un pueblo apartado y grotesco, en la búsqueda de su nieta Rosaura. Desaparecida. Y en ese pueblo anónimo, plagado de un ambiente especial, casi sepulcral, se encuentra con un diverso grupo de personajes, que ayudarán a su manera a Jeremías en su objetivo. 

La descripción del pueblo sin nombre es excelente, porque trasmite esa atmósfera general (también muy bien descrita) de la novela, que está llena de pesadez, de suciedad, de niebla, tristeza y abandono. Un paisaje grisáceo que impacta al lector desde los primeros párrafos y logra la inmersión en la novela. También hay una cierta tensión y una sensación de intriga, de no saber lo que ocurre y lo que ocurrirá más adelante.

Conjunto con la atmósfera se fusionan muy bien las características de los objetos, que actúan como símbolos o metáforas sobre lo que no se dice, pero se va percibiendo y descubriendo poco a poco. Y los personajes, también se fusionan a la atmósfera, pues son los habitantes del pueblo, y cada uno tiene alguna característica, un detalle, una composición o una acción que acompaña ese lienzo grotesco, putrefacto y oscuro de la historia.

Jeremías es un extranjero que llega al pueblo a indagar, tras la búsqueda de un ser querido (como ocurre en Los ejércitos también). Los habitantes del pueblo lo miran con desconfianza, con sospecha y recelo, pues se presentan como entes fantasmales, conspirativos, que entre la desgracia de su entorno, parecen guardar un secreto en común. La complicidad o el miedo. Hay una enana promiscua, monjas misteriosas, un albino, un manojo de ratas, un carretero (que recoge los cadáveres apilados de los roedores a diario) y unos niños que juegan al fútbol con cabezas humanas, entre otros personajes siniestros, que parecen albergar una pesadilla. Y en el fondo de todo, la violencia. Nunca explícita, pero es la que se camufla entre la neblina, entre los objetos, entre los susurros y los silencios de los personajes, y entre la ausencia. 

La prosa hipnótica y mesurada también aporta a mantener ese estado de alerta permanente y misterio. El narrador es omnisciente pero a la vez con una voz apagada y triste, que nos hace imaginarlo como uno de los habitantes de ese espacio en decadencia, o simplemente un fantasma más, un ente condenado, un alma en pena. Y hablando de almas en pena, preciso hay una especie de relación que puede hacerse en el pueblo como un purgatorio o hasta un círculo infernal, teniendo en cuenta que preciso el convento y el pueblo se encuentran anexos a un volcán en donde suceden muchas cosas y también se encuentra un río como el Aqueronte.

La forma en que Rosero teje este universo, que es onírico pero sin dejar de ser real y palpable, y sin caer en lo mágico, me resulta admirable. Y es una sensación que se siente también con “Los ejércitos”, es un lenguaje metafórico para narrar la violencia y sus diversas vertientes. Porque en el fondo de la historia y si leemos bien los elementos simbólicos, nos daremos cuenta que se nos está contando una historia de violencia, de un secuestro y de un lugar donde funciona algo más grande, una red. De un pueblo cualquiera al que un día llegó la violencia, impregnado de un aire tóxico de muerte, tristeza, dolor y miedo. Quizás ese ambiente se asemeja a la especie de ilusión en que quedan los lugares al que un día llega la violencia a trastornar su cotidianidad. 

En síntesis, la novela presenta un ambiente en el que siento que muchas veces nos encontramos en este país, y actualmente. En donde las muertes empiezan a ser algo cotidiano hasta que todos quedemos paralizados y seamos convertidos en fantasmas vivientes, presos del miedo y la desolación. Es un impacto muy fuerte, que a la vez nos lleva a experimentar a través de la literatura y la poesía esa sensación que seguramente muchas personas viven a diario desde hace muchos años o toda su vida. Y por lo tanto, es algo que nos debería llevar a trabajar para tratar de salir de ese círculo, porque los pueblos anónimos son micro-universos de una ciudad, un país y de todo un continente. Muy recomendado y gracias a Evelio por el libro.



Crítica del libro En el Lejero

 


Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

domingo, 7 de junio de 2015

La Carroza de Bolívar (Evelio Rosero)

Evelio Rosero




Penúltima novela publicada por el destacado escritor colombiano Evelio Rosero en la última década. El autor de la excelente novela “Los Ejércitos” (2006), seis años después publica “La Carroza de Bolívar” (2012), novela que se encarga de destruir el mito del libertador Simón Bolívar, basado en los escritos del historiador José Rafael Sañudo, quien desvela la faceta desconocida del libertador, que cometió agravios contra el pueblo pastuso. 

La novela se podría dividir en varias partes, en una primera y mitad de la segunda parte de introducción de personajes y relatos de la historia oculta de Bolívar, además de la revisión de la obra de Sañudo... Y otra parte de la segunda parte y toda la tercera parte, donde se introduce un poco más en la historia, en la ficción que ha creado para contar esta historia, en donde hace gala de habilidad en la construcción de personajes ricos y complejos, en donde aprovecha para crear simbolismos que representan una profunda crítica a la sociedad colombiana, a los jóvenes "revolucionarios" que van tras ideas impuestas sin comprenderlas, entre otros aspectos. También al final termina siendo un "homenaje" o recordatorio de lo sufrido por el pueblo pastuso, donde algunos aún guardan dolorosa memoria de los hechos pasados; y por supuesto también es un homenaje al trabajo del historiador Sañudo.

Hay algo muy destacable, y es que Rosero, independientemente de su ideología política o convicciones, construye una historia de trasfondo con mucha fortaleza, con personajes memorables como el Doctor Justo Pastor Proceso y su inolvidable esposa Primavera, que mantienen una relación tormentosa pero hipnótica... Y los secundarios, desde el general, los jóvenes Quiroz, el Poeta oculto, Pita, Benencito, etc... todos ellos muy fuertes y bien construidos...

En cuanto a la parte literaria, Rosero teje de forma hábil todas las historias. Su ficción e historia principal, junto con los textos de Sañudo y la recapitulación de algunos episodios históricos, haciendo que hagan parte de un todo muy sólido. Considero que la novela es muy valiosa, especialmente en el aspecto literario, al final de la tercera parte, donde adquiere un aire de misterio y emoción, es fascinante ver lo que ocurre con la carroza, como el pueblo trata de salvarla cuando va a ser confiscada por el ejército, como el general se queda esperando que aparezca... pero el pueblo inteligentemente con memoria, no la exhibe de una vez, sino que la ocultan... para el carnaval del año siguiente... porque el pueblo colombiano en general, es un pueblo sin memoria, por lo que ellos habrán pensado que incluso el ejército se olvidaría de la carroza... Y qué decir del final del poeta oculto, poético y patético, así como se nos presentan varios de los personajes, en especial el de Justo Pastor, que se nos revela desde antes que va a morir... Pero él mismo al final pierde interés en su carroza, cuando su mujer le da esperanzas de volver a empezar otra vez... En fin, tantas cosas ocurren, y lo mejor es que la parte política e histórica pasa a un segundo plano, y permanece simbolizado en los personajes, la memoria y el actuar de la gente... que es lo que pienso al final que Rosero quiere escarbar, y hacer reflexionar al lector.

Novela muy recomendada y autor muy recomendado. De los mejores escritores colombianos contemporáneos. La novela ganó el Premio Nacional de Novela 2014. 


8/10


lunes, 1 de septiembre de 2014

Los Ejércitos (Evelio Rosero)

Comentario sobre el libro Los Ejércitos




Una de las novelas, o quizás la novela más importante del escritor colombiano, nacido en Bogotá, reciente ganador del Premio Nacional de Novela por su novela “La Carroza de Bolívar”.  

Personalmente, fue el primer libro que leí de Evelio Rosero, y fue hace algunas semanas, debido a la socialización en el Club de Lectura al que asisto, y fue una grata sorpresa, me gustó muchísimo. Literariamente es riquísimo. Aparentemente no pasa nada, pero al mismo tiempo pasa de todo, y gracias a la prosa maestra y el cuidado en el detalle de Rosero vamos cabalgando por las vivencias de los habitantes de ese pueblo, desde la mente y la perspectiva del señor Ismael, ese viejo profesor que conoce los pecados hasta del mismo cura del pueblo, jeje y que espía a su liberada vecina. 


En el tema de la guerra, en donde siempre es tan fácil caer en clichés o maniqueísmos, pocas veces se logra trasmitir con efectividad y desde un punto objetivo una situación... Recuerdo una frase que una vez me dijo mi amiga María Sixta, muy sabia ciertamente, de que "La realidad no se puede volver ficción hasta que haya pasado determinado tiempo". Ella lo afirmó en ese momento específicamente al caso Español, con la Guerra Civil Española, que aún tiene heridas abiertas, pero se podría trasladar al conflicto colombiano, que aún sigue latente y con las heridas aún sin posibilidad de cerrar. Es por esto, por el dolor y el rencor, que muchas veces a los artistas de la época se les dificulta, al parecer "ficcionar" la realidad con objetividad. Eso sí, como ya la historia nos ha demostrado, al menos que lo haga un genio o un excelente escritor. 


Rosero, hace algo que me encanta en forma general, tanto en el cine como en la literatura, y es despegarse de la imagen del héroe, y trasladarse directamente a la gente del común, a los espectadores invisibles y silenciados. Como cuando la joven periodista pasa por encima del viejo Ismael, y vuelve a regresar cuando este comete un acto aparentemente “heroico”.


Los Ejércitos que azotan al pueblo de Ismael, no tienen nombre ni rostro, se confunden entre ellos mismos, entre el ejército nacional, la guerrilla y demás grupos, ninguno se identifica especialmente, en el libro todos están expuestos bajo la misma luz, y para el pueblo que los padece, todos lo mismo. Aquí vendría una frase que alguna vez escuché en alguna película, “Que cuando tienes un arma en la mano, ¿cuál es la diferencia entre un policía y un bandido?” Más o menos dice así, pero la idea del mensaje, es retratar la situación de poder. Y nada mejor que un arma, para que los hombres aparenten tener algún poder en sus manos… el de vidas ajenas, el de sueños e infancias perdidas. 


Pero no es un libro totalmente trágico, hay diversos episodios cómicos, netamente ligados a la narración costumbrista, a la simple pero magistralmente descrita cotidianidad del pueblo y la gente del común, aunque la guerra y la nostalgia siempre se encuentran a la vuelta de la esquina… Así como la sombra de la muerte, que empapa en diversos pasajes la atmósfera del libro, a sus personajes y a su entorno, haciéndome creer en el tramo final de si estuviese leyendo a Rulfo con su pueblo de muertos de Pedro Páramo.    


Un episodio especialmente se queda grabado, cuando después de un descuido de Ismael y los mayores del pueblo, una pequeña y letal bomba cae en las manos de los niños que se divierten con ella inocentes, y luego Ismael de las quita y en un trayecto gélido y de suspenso, tras la emoción de los niños que lo siguen, intenta deshacerse del artefacto. Es una escena magistralmente narrada, así como muchos otros pasajes. 


En síntesis, Costumbrismo, sencillez en la prosa, pero excelentemente narrada e hilvanada. Sin dudas, un nuevo clásico en la literatura colombiana. 



 

9.5/10


Fragmento de Los Ejércitos:

"Hoy mi mujer sigue siendo diez años menor que yo, pero parece más vieja, se lamenta y encorva al caminar. No es la misma muchacha de veinte sentada en la taza de un baño público, los ojos como faros encima de la isla arremengada, la juntura de las piernas, el triángulo del sexo -animal inerrable, no-. Es ahora la indiferencia vieja y feliz, yendo de un lado para otro, en mitad de su país y de su guerra, ocupada de su casa, las grietas de las paredes, las posibles goteras en el techo, aunque revienten en su oído los gritos de la guerra, es igual que todos - a la hora de la verdad, y me alegra su alegría, y si hoy me amara tanto como a sus peces y sus gatos tal vez yo no estaría asomado al muro. Tal vez"

(Ismael, después de recordar cómo conoció a su esposa)