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lunes, 23 de junio de 2025

Reseña del libro: Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

Reseña del libro: Nuestra parte de noche

 

Hace poco terminé esta novela de la escritora argentina, Mariana Enriquez, y debo decir que estuve fascinado leyendo sus 666 (+1) páginas. Ya había leído algunos relatos de Enriquez, quien junto a Samantha Schweblin, también argentina, se han caracterizado por incorporar el género del terror a sus obras, pero esta novela es sin dudas su trabajo mejor logrado, y una de las mejores novelas que he leído en los últimos años. 


La novela, aunque puede considerarse dentro del género del terror y dentro del subgénero del folk horror, atraviesa otros más, como el viaje en carretera, historia de iniciación o novela de formación, algo de novela histórica, erotismo, espiritismo, fantasía, vínculos de sangre (amistad, sexuales y queer), entre otros temas. Y nos muestra en su primera parte, situada en el año de 1981 en Buenos Aires (en medio de la dictadura militar), a un padre (Juan) y su hijo (Gaspar), en medio de un viaje en carretera hacia la Cataratas del Iguazú, tras la repentina y sospechosa muerte de Rosario (madre de  Gaspar), intentando escapar de un cruel destino predestinado. La familia de Rosario forma parte de un grupo secreto de élite, llamado “La Orden”, en donde invocan a entes oscuros y malignos con el fin de obtener la vida eterna y guía para seguir prosperando en sus múltiples negocios. Para hacer contacto con estos seres necesitan un médium, y Juan es uno natural, que es acogido por La Orden y patrocinado para que les sirva de por vida. El pequeño Gaspar parece haber heredado la capacidad del padre, y Juan queriendo evitarle esa vida de sufrimiento, oscuridad y servilismo, intenta alejarlo de todo ese mundo y de la familia de su madre.  


Esa es la sinopsis general, pero a medida que avanza la historia los personajes van desarrollando interacciones poderosas que nos van dibujando un cuadro macabro y fascinante al mismo tiempo. En las tres primeras partes del libro se sigue una secuencia cronológica que ocurre en la década de los 80, y en donde el centro de la narración se encuentra en la relación de padre e hijo, entre Juan y Gaspar. Como es tan pequeño, Juan no le cuenta todos los detalles de sus acciones, de su huida y su hostilidad hacia su familia materna, pero al ver las habilidades sobrenaturales de su hijo hacerse presente, le va orientando a su manera a controlarlas. Gaspar, quien se encuentra en plena pre adolescencia, resiente la actitud de su padre, su distancia y su frialdad; y ambos intentan convivir en armonía, a pesar de todo, teniendo episodios de violencia, incomunicación y apatía, pero también momentos bellos de admiración, complicidad y amor puro. Desafortunadamente, Juan es un personaje atormentado, con traumas y sombras, que intenta hacer lo que puede, y son más las veces que se equivoca que las que acierta, pero Enriquez lo dibuja como un personaje muy fascinante, complejo y demasiado humano. Y en la interacción de estos dos personajes de forma simbólica podemos desentrañar aspectos psicológicos y del psicoanálisis, en referencia a la figura paterna como la representación máxima del poder en el hogar (represión) y los efectos duraderos de esa influencia sobre la figura de los hijos, además de la relación del amor con el dolor, el sacrificio y la liberación, la muerte y búsqueda de la identidad propia, etc.    


Y lo anterior me sirve para resaltar una de las virtudes de la escritora argentina, como es la creación de este tipo de personajes, porque además de Juan, Gaspar y Rosario, todos los personajes secundarios tienen una complejidad y están tan bien descritos, que en una sola frase, ya la autora te logra resaltar unos aspectos específicos que te permiten hacer una ilustración mental más amplia. Y todo esto, complementado de forma magistral con su minuciosa descripción de lugares y atmósferas, tienen un efecto completamente inmersivo y sensorial. Por momentos hay mucho suspenso, sorpresas en las situaciones, y me hizo pensar que además es una obra muy visual (y cinematográfica, podría decir también).   


En el cuarto capítulo, tenemos el primer salto temporal al pasado, entre los años 60 y 70, en donde ahondamos más en la historia familiar de los miembros de La Orden. Y aquí se desarrollan distintos entresijos del poder, con un protagonismo especial en la familia de Rosario: los Bradford, quienes obtienen un papel principal en el culto gracias a poseer los médiums que se han utilizado en distintas generaciones. Esta parte le sirve a la autora para dar contexto y dibujar un poco el rostro de los poderosos que se creen con mayores derechos que las demás personas y se creen a sí mismos iluminados por la verdad, y en este caso, por la oscuridad. Algo que no es muy ajeno a los grupos de poder económicos y políticos en la historia, y particularmente en Latinoamérica (incluso hoy en día), en donde es muy común la cercanía con creencias ocultistas, con brujería, chamanes y distintos conocimientos ancestrales. Y me gusta cómo la devoción de la élite por la oscuridad contrasta con las personas que tienen el don natural para contactar con esa parte, en este caso Juan, quien venía de una familia pobre y es prácticamente vendido por su familia a la familia Bradford; y de paso, con la médium anterior a Juan, también proveniente de un entorno de escasez. Por lo tanto, se presenta la tensión de clases y la envidia de las personas con poder económico y político, al tener que depender de estas personas, que ven como simples instrumentos o herramientas desechables, pero sin los cuales no pueden hacer nada, y por el contrario, muchas veces les toca someterse a sus voluntades. Y si leemos el subtexto de todo lo anterior, veremos el poderoso mensaje de trasfondo. La volatilidad del poder, tanto en lo luminoso como en lo oscuro. Y en esta parte, también hacemos un breve recorrido por los contextos históricos de Argentina e Inglaterra entre los siglos XIX y XX, el colonialismo y eventualmente la dictadura argentina.   


El quinto capítulo es un poco extraño y contrasta con toda la novela en general. Porque se nos presenta en formato de reportaje policial de una investigación, a partir de una situación que ocurre en la trama principal de los primeros tres capítulos en la década de los 80, y que concierne a una desaparición. Pero los personajes principales son apenas mencionados y tenemos en el centro la voz de una periodista investigadora. Este capítulo que también nos sirve para atisbar aspectos de la época y el contexto político, es claramente también un homenaje a Roberto Bolaño y su novela, “2666”. Yo al menos lo vi así, y creo que Mariana ha mencionado la influencia de Bolaño en alguna entrevista. Y lo digo, porque recordemos que en “2666”, Bolaño también de repente corta la trama y dedica muchas páginas simplemente a describir informes forenses de feminicidios, a partir de la desaparición de un personaje principal en la trama. Este capítulo, aunque confieso que cuando lo leí por primera vez, me hizo bajar un poco la emoción que traía con la narración, pero eventualmente lo pensé y entendí su inclusión. Y honestamente no me molesta, y resulta un recurso interesante, que a la vez da un descanso a la trama principal y la complementa muy bien.


Y luego llegamos al capítulo final, el sexto, en donde retomamos la trama principal con un breve salto temporal hacia el futuro, en los años 90, donde vemos a Gaspar como un joven maduro, pero también atormentado por todos los acontecimientos que le ocurren. Pero observamos su paso para la liberación definitiva de los compromisos de su herencia, precisamente uno de los temas profundos de la novela en general. La herencia. Además de observar la obsesión del poder por preservar sus privilegios. El sacrificio por el bien de los amados. La aceptación y la comprensión de una naturaleza propia. Para cerrar con un muy buen final, que también queda un poco abierto a la imaginación de cada lector. Y que claramente no mencionaré en detalles.    


Mi sentimiento al ir terminando de leer la novela era de ansiedad por no querer que terminara el hechizo, pero a la vez de emoción al ver la conclusión de toda esta trama tan bien armada y de esos personajes tan bellos, despreciables, atormentados y humanos, con lo que Enriquez te va envolviendo poco a poco, haciendo que sufras y te sorprendas por todo lo que experimentan. La prosa de Mariana Enriquez es hipnótica, visceral, física, y como ya mencioné anteriormente, hay una gran virtud en sus descripciones tan precisas y en crear atmósferas e imágenes muy vivas para el lector. Me gusta también la construcción simbólica (que no es muchas veces evidente) pero que tras un análisis a fondo puedes atisbar e identificar los aspectos que pueden estar de telón de fondo. Y me gusta mucho la presencia de ese llamado “folk horror”, que ha tomado mucha fuerza en los últimos años, tanto en la literatura como en el cine, y Mariana lo usa con mucha destreza y conocimiento (como soy interesado y he estudiado muchos temas al respecto, puedo confirmar la veracidad de muchas de sus descripciones, sobre la energía vital, la sexual, la percepciones sobrenaturales y los mitos ancestrales de nuestros pueblos en América del Sur); además que me recuerda a la literatura de dos autoras del sur de Norteamérica que me encantan: Flannery O'Connor y Carson McCullers, representantes del gótico sureño, como también han descrito a este movimiento en Latinoamérica, como el gótico latinoamericano. Me encanta que haya usado este conocimiento para construir esta historia épica y grande, que creo va tomando la etiqueta de clásico, aunque apenas salió en el 2019. Pero es una novela, que aunque te habla y sitúa de temas específicos, locales y de género, en realidad trasciende hacia temas muy universales y humanos. Una novela que no deberían perderse, y repito, que es de lo mejor que he leído en los últimos años. Ganó el Premio Herralde de Novela en el año 2019. 




Reseña del libro: Nuestra parte de noche



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

martes, 18 de octubre de 2022

Reseña del libro: Tubo a tórax (Juan Camilo Morales Benavides)

 
 
“Tubo a tórax” es la primera novela del joven escritor colombiano Juan Camilo Morales. Narrada en un día, a través de algunas reminiscencias y un constante tránsito del personaje principal, nos cuenta una travesía sin rumbo fijo de un joven que se encuentra experimentando muchas emociones, además de aquellas propias de la edad, como: el duelo, el deseo, la culpa, el amor, el odio y el dolor extendido de la adolescencia a un joven adulto. Todo esto mientras camina hacia una fiesta nocturna con un misterioso paquete, aunque tiene algunos desvíos de su ruta, tantos físicos como oníricos, que alimentan ese viaje, como es el breve viaje en carretera con la madre, con quien siempre tiene interacciones volubles, en donde salta a la vista la complicidad, el reproche y un enorme cariño retenido.

Así que la novela es muy dinámica, siempre en movimiento, en donde acompañamos en intimidad al protagonista en su literal andar y transitar, a la vez que ahondamos en sus recuerdos, pensamientos, anhelos y más profundos deseos. Me gusta también el lenguaje sencillo y el léxico cotidiano utilizado por el autor, incluso con muletillas personales que reafirman una emoción, lo que permite dibujar un ser transparente, vivo, real y presente, con las contradicciones e impulsos que todos tenemos alguna vez. 

La prosa y las descripciones tienen un efecto sensitivo y sensorial, gracias a su detalle y precisión, que permiten al lector entrar fácilmente a las atmósferas creadas, a oler, sentir, escuchar, ver, imaginar y proyectar varias de las escenas y situaciones dibujadas en el libro (literalmente). Menciono lo de  “literalmente” porque al inicio de cada capítulo hay unas bellas y sencillas ilustraciones o dibujos del autor, con un significado particular y directo al marco emocional de la historia. Debo mencionar también la acertada elección del uso de la primera persona en la narración, tan propicia y bien lograda.

Sin olvidar el experimento de géneros y temas, libres de alguna etiqueta o comunidad, porque su objetivo es mostrar la vida misma en toda su extensión y dibujar relaciones muy finas entre personajes, seres y símbolos. Es por esto que pasamos constantemente de pasajes dramáticos a eróticos y del humor a una especie de thriller en su tramo final, junto a cuerpos, fluidos, luces, oscuridad, hedores, electricidad y frescura, entre más sensaciones a través de una narración introspectiva que personalmente disfruté mucho, pero en las que también se padece, porque se plasma el cuerpo dentro el ansia, la desesperación y el martirio, cuando es afectado por la enfermedad e intervenido para intentar salvarlo o extender un poco más su fugaz vitalidad. Y así es la descripción que el autor describe y que da título al libro, de “tubo a tórax”, como un procedimiento doloroso, pero que a la vez mantiene la luz de la vida. 

La novela nos muestra a un joven autor con una enorme sensibilidad y con búsquedas narrativas e introspectivas que logra plasmar de una forma muy disfrutable, sincera y mucho ingenio para unir cada elemento y que el resultado parezca sencillo, como cualquier historia o “cuento” contado en formato oral a un amigo o alguien con quien tengamos alguna cercanía. Un cuchicheo o un chisme al oído (y la vista) de un curioso lector. Sigo hace algunos años a Juan Camilo y disfruto mucho de su escritura, por lo que me alegra esta bella primera creación de las que espero sean mucha más, para seguir y continuar el diálogo afectivo y trascendente que permite la literatura. 

El libro fue publicado por la Editorial Zaíno, nueva editorial que promueve jóvenes escritores de latinoamerica. Puedes adquirir el libro por acá:
 
 
 
 
 
Juan Camilo con su libro

Reseña del libro: Tubo a tórax

 

 

jueves, 28 de julio de 2022

Reseña del libro: La última ceniza (Montserrat Martorell)

 
 
Hace una semana tuve el privilegio de entrevistar y conversar con Montserrat sobre su novela, que al mismo tiempo fue su primera novela publicada en el 2016, pero que se ha reeditado para su publicación en Colombia desde el año pasado.

Como muchas de las primeras novelas escritas en la juventud, La última ceniza, se encuentra llena de fuerza en la prosa y experimentación narrativa, que van dictando las bases de ese inicio de la búsqueda de la propia voz del autor. Aunque la novela trata muchos temas, me atrevía a sintetizarla en la siguiente frase:

“Es una novela psicológica que escarba en los claroscuros y recovecos de las relaciones humanas y en la mente de los seres humanos que aman y sufren en los distintos entornos y esferas sociales”.
 
En la novela encontramos a una serie de personajes muy ricos y bien elaborados desde su psique, que se podrían clasificar según su nivel de importancia y su misma presencia en la obra. Tenemos a Conrado (Psicólogo) y Alfonsina (Socióloga), en la cima de la píramide, quienes a la vez son las dos columnas narrativas del relato, porque cada uno interrumpe en varias ocasiones al narrador onmisciente para intervenir y cambiar al relato en primera persona, a la narración confesional, en donde vamos conociéndolos y a la vez nos van presentando a los demás personajes de la trama, como Laura (esposa de Conrado) o Federico (pareja de Alfonsina), quienes también reclaman en algún momento su espacio para expresarse y aportar a la diversidad del relato.

Es por esto, que evidentemente tenemos un juego narrativo y de perspectivas, en donde en algún momento emerge la figura del narrador dudoso o engañoso, quien le hace cuestionar al lector sobre la verdad en la historia y sobre cada uno de los personajes y sus respectivas versiones. Y a través de esta amalgama de voces, los personajes se relacionan y se entrecruzan entre sí, en medio de una variedad de temas y emociones como: los traumas, las pérdidas, la violencia de género, la imagen de sí mismo, el cuerpo, las palabras, la verdad, las mentiras que nos decimos y con las que se justifican acciones, la psicología, el desamor, la infancia y la familia.
 
 
 

 
Con Montserrat en la presentación de su libro en la Librería Nacional en Cartagena de Indias
 
 
Me gustaría ser más específico, tradicional y cronológico en el relato de los hechos y acciones, pero creo que la estructura de la novela invita a que el lector entre en el juego y la propuesta desde el inicio para construir su propio mapa de acciones y posibilidades, a través de estas historias que dentro de todo tienen un cariz muy realistas y anecdótico. Además, que el lector se sentirá enfrentado a algunos dilemas morales y forzado a ser testigo experencial de escenas que no huyen de la violencia directa, junto con los efectos colaterales que estos llevan en las víctimas, tanto en su daño físico como psicológico. 

Montserrat menciona que se siente muy orgullosa de su primera novela, al contrario de muchos escritores que denigran de sus primeros trabajos. Y debería seguir alzando la cabeza, porque su novela exuda juventud, conflicto, fuerza y muchas otras emociones tan genuinas en esos años en que se adolesce del alma y del cuerpo, y dejan la marca para la posteridad. Me parece una novela bien escrita, estructurada y con cuidado, afecto y entendimiento hacia sus personajes, quienes son llevados a través de un naufragio tormentoso por su autora, con una prosa que no escapa de los contrastes: Poética, sutil, y a la vez, visceral. Vale la pena descubrirla y leerla. 

 

Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


 

sábado, 12 de junio de 2021

El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges) - Fragmentos

Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor


El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges)

Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971.


El libro es una transcripción de tres seminarios del gran escritor argentino, Jorge Luis Borges, en la Universidad de Columbia. Me parece un muy buen y valioso archivo de estas conferencias sobre literatura, dividida en tres partes: cuento, poesía y traducción. En donde además de sus conocimientos, también leemos interacciones con los estudiantes de la universidad, su traductor al inglés y otras personas que le sacan de forma espontanea un poco más sobre este material del aprendizaje del escritor.

Resulta curioso que el libro sea resultado de un proceso oral, pues logra que por momentos nos sintamos presentes en esa sala, atentos a cada una de las palabras de Borges. 

Además de los temas de cuento, poesía y traducción, que son las tres grandes divisiones del libro, también se tocan temas sobre la novela, su método de escritura, la historia, su propia biografía y su país. Así como también el análisis en directo y comentado de algunos de sus textos y poemas. 

Todo el libro es interesante, pero acá he seleccionado algunos fragmentos, por si se interesan en adquirirlo. 



Fragmentos


Fragmento 1. 

"El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesteron dijo: <only one thing is needful, everything> (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita soledad, y consigue su parte. Un escritor necesita amor, y será amado y amante. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida. (...) mi padre fue un hombre de letras -aún eso no fue suficiente. Yo necesitaba algo más, que eventualmente encontré en la amistad y en la conversación literaria.

Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo. Y como resultado de todo eso, es posible que llegue el momento en que el joven escritor sienta que puede trasmutar sus emociones en poesía. Un joven escritor debería empezar, desde luego, imitando a los escritores que le gusten. De modo que el escritor se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo -esa extraña forma de doble vida, de vivir en la realidad tanto como se pueda y al mismo tiempo de vivir en esa otra realidad, aquella que uno tiene que crear, la realidad de sus sueños.



Fragmento 2.


Junio 1968


En la tarde de oro

o en una serenidad cuyo símbolo

podría ser la tarde de oro,

el hombre dispone los libros

en los anaqueles que aguardan

y siente el pergamino, el cuero, la tela

y el agrado que dan

la previsión de un hábito

y el establecimiento de un orden.

Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,

reanudarán aquí, de manera mágica,

la lenta discusión que interrumpieron

los mares y la muerte

y a Reyes no le desagradará ciertamente

la cercanía de Virgilio.

(Ordenar bibliotecas es ejercer,

de un modo silencioso y modesto,

el arte de la crítica.)

El hombre, que está ciego,

sabe que ya no podrá descifrar

los hermosos volúmenes que maneja

y que no le ayudarán a escribir

el libro que lo justificará ante los otros,

pero en la tarde que es acaso de oro

sonríe ante el curioso destino

y siente esa felicidad peculiar

de las viejas cosas queridas.

(Jorge Luis Borges)


(Borges escribió el poema luego de regresar a su casa, tras pasar un año en Harvard. Podía volver a tocar sus libros pero ya no podía verlos: estaba ciego)


"Todo el asunto del poema es esa rara felicidad que sentí, aunque estaba ciego, de regresar a mis libros y disponerlos en los anaqueles. Me sentí bastante lúcido cuando lo hice. El hecho de que el hombre (que soy yo) sea ciego está sugerido a lo largo de todo el poema"



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor



Fragmento 3.

Borges sobre poesía


"Creo que los poetas jóvenes tienden a empezar con lo que es en realidad lo más difícil: el verso libre. Este es un grave error. (...) Yo cometí ese error cuando publiqué el primer poemario mío, Fervor de Buenos Aires, hace ya mucho tiempo, en el año 1923. Escribí ese libro en verso libre -había leído a Whitman, desde luego- porque creí que era más fácil. Ahora sé que es ciertamente más difícil. Si yo tuviera que escribir algo en el momento, si tuviera que fabricar algo en apuros, recurriría a una forma convencional, ya que es más fácil para mí. De modo que mi consejo a los poetas jóvenes es el de empezar por las formas clásicas del verso y sólo después de eso ensayar posibles innovaciones. Recuerdo una observación de Oscar Wilde, una observación profética. Él dijo: <Were it not for the sonnet, the set forms of verse, we should all be at the mercy of genius> (cuando no sea para el soneto, las formas cerradas del verso, todos habremos de estar a merced de la genialidad). Esto es lo que está ocurriendo actualmente; al menos esto es lo que está ocurriendo en mi país. Casi todos los días recibo libros de versos que me ponen a merced de la genialidad; es decir, libros que me parecen sin sentido. Ni siquiera las metáforas en ellos son discernibles. Se supone que la metáfora es el contacto momentáneo de dos imágenes, pero en estos libros yo no veo tales contactos. Tengo la impresión de que todo ha sido hecho de modo azaroso, como por una especie de computadora desquiciada. ¡Y se espera que yo sienta o disfrute algo! Yo cometí ese error de genialidad en ese primer libro mío (creo que en el segundo también; acaso también en el tercero), y luego descubrí que hay algo realmente mágico e inexplicable en los sonetos. Esta forma, que en sí misma parece ser parcialmente azarosa con sus varios patrones y esquemas de rima -el italiano, el shakespierano, el spenseriano- es capaz de producir muy diversos tipos de poemas."

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 4.

Borges sobre tres de sus cuentos inmortales


Estudiante: Hay un cuento de una enciclopedia...

Borges: Supongo que usted se refiere a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", cuento en el que el mundo entero está siendo modificado por una enciclopedia. Escribí ese cuento cuando era todavía bastante joven. Hoy ya no intentaría ese tipo de cosas; después de todo, quiero cambiar. Ahora abrigo esa modesta ambición: quiero ser otro, quiero escribir de otra forma, de una forma inesperada.

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Estudiante: En uno de sus cuentos usted dice que podemos ser personajes en el sueño de otra persona.

Borges: Sí, ese cuento es "Las ruinas circulares", y por lo que sabemos puede que sea cierto. Ustedes me están soñando. No, me equivoco. Yo soy quien los sueña a ustedes.

Estudiante: ¿Cómo funciona esta idea del sueño?

Borges: Es una idea muy antigua, una idea de los idealistas, de Berkeley y de los hindúes, y también, creo, del Rey Rojo de Lewis Carroll.

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Estudiante: ¿Cómo hizo para soñar a "Pierre Menard, autor del Quijote"?

Borges: Yo había sufrido un accidente y una operación; estuve muy cerca de la muerte sin pensar nunca en ella. Después del accidente, yo no sabía si podría seguir escribiendo. Entonces, me dije, si trato de escribir un ensayo crítico breve y fracaso, sabré luego que no me quedan esperanzas. Si hubiera intentado escribir un poema, eso no me hubiera dicho nada, porque los dones son revelados por la musa o el Espíritu Santo. Así que intenté algo nuevo - un cuento que era un poco una argucia también - y cuando lo logré vi que podía volver a la literatura y ser, bueno, no un hombre feliz, de modo que nadie es feliz, pero al menos pude sentir que mi vida estaba de algún modo justificada. Mucha gente en Buenos Aires y dos hombres de letras conocidos míos en particular tomaron todo el asunto en serio. Uno de ellos me dijo: <Por supuesto, yo sé todo sobre Pierre Menard. Supongo que estaba fuera de sus cabales>. Y yo le dije: <Sí, eso supongo, pero era esa una locura interesante ¿no?>. Ese fue uno de los primeros cuentos que escribí. Sigo diciendo que fue el primero, pero lo cierto es que fue el segundo o tercero.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 5.

"Y, en general, creo que lo más importante en un cuento es la trama o el argumento; en cambio, en una novela son menos importantes las situaciones que los caracteres. No es imposible que ustedes piensen que la escritura del Quijote depende de los episodios; sin embargo, lo que es realmente importante es el carácter de los dos personajes, Alonso Quijano y Sancho Panza. En la saga de Sherlock Holmes, de igual modo, lo que realmente importa es la relación de amistad que hay entre un hombre muy inteligente y un hombre más bien tonto, como el doctor Watson. Por lo tanto -si me permite hacer una generalización-, puestos a escribir una novela, deberían saber todo acerca de los personajes,y cualquier argumento estará bien; en cambio, en un cuento es la situación lo que importa. Esto sería cierto también para Henry James, por ejemplo, o para Chesterton"

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor

 

Fragmento 6.

Borges sobre su cuento "Deutsches Requiem"


Estudiante: ¿Y en el caso del cuento que escribió acerca del teniente nazi?

Borges: "Deutsches Requiem". Lo que ocurre en ese cuento es bien diferente. Yo, por supuesto, era partidario de los Aliados. Cuando los alemanes fueron derrotados sentí una gran alegría y un gran alivio, pero al mismo tiempo pensé en la capitulación de los alemanes como en algo de algún modo trágico, porque allí teníamos acaso la gente más educada de Europa, que tiene buena literatura, una buena tradición filosófica y poética. Y aún así, estas personas fueron dóciles a un desquiciado llamado Adolf Hitler, y yo creo que ahí hay una tragedia. Entonces, yo traté de imaginar un nazi que lo fuera realmente; un hombre que realmente pensara que la violencia por la violencia misma fuera loable; un hombre a quien le parece que está bien que sean inexorables con él ya que él había sido inexorable con otros, y escribí ese cuento que muchos interpretaron como una adhesión mía a la causa de Hitler. No, no es eso; yo inventé un nazi perfecto, un nazi despiadado no sólo con los otros -lo cual es fácil- sino despiadado consigo mismo, y que acepta esa suerte como justa. Por eso, pensé que a ese arquetipo de nazi no le hubiera preocupado que lo derrotara; después de todo, las derrotas y las victorias son meros asuntos del azar. Él se hubiera alegrado incluso de que los norteamericanos o los ingleses ganaran la guerra. Pero ese cuento no tuvo el propósito de ser un panfleto político. Tuvo la intención de representar el hecho de que había algo trágico en el destino de un verdadero nazi. Salvo que me pregunto si existió alguna vez un verdadero nazi. Al menos cuando yo visité Alemania nunca conocí a uno. Parece que la gente tiende más bien a apiadarse de sí misma y no de los otros.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 7.

Conversación entre Jorge Luis Borges y Norman Thomas di Giovanni (su traductor al inglés) sobre la traducción.


Borges: Además, ustedes podrían pensar que no hay autor; después de todo, sólo existen la musa o el Espíritu Santo.

Di Giovanni: Yo no creo que deban abordar los textos o los autores como si fueran objetos sagrados ni ser abiertamente conscientes de que están traduciendo. Creo que el trabajo tendría que considerarse como el de la escritura, en este caso, en inglés. Es una pena que no todos los traductores puedan tener la experiencia de trabajar codo a codo con el autor. A mí me ha ayudado enormemente a ser libre como el original; Borges me exhorta: "¡Hágalo a un lado y siéntase libre!". También le quita el tedio a la traducción, por no decir nada del lujo que implica saber si uno está o no en lo correcto en las interpretaciones de los pasajes intrincados. En fin, yo estoy en contra de las traducciones literales. Algunas de las mejores traducciones apenas tocan el original.

Borges: FitzGerald, por ejemplo.

Di Giovanni: Por supuesto, cuanto más libre sea uno, mejor traductor tiene que ser.

Borges: Yo ignoro el hebreo, pero siempre consideré la versión de King James como una muy buena traducción de la Biblia. Y acaso sea mejor que lo que una traducción literal pudiera ser.

(J. L Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 8.

Y a propósito del capítulo de las palabras y autores díscolos, recuerdo este poema de Borges:


Invocación a Joyce

Dispersos en dispersas capitales, / solitarios y muchos, / jugábamos a ser el primer Adán / que dio nombre a las cosas. / Por los vastos declives de la noche / que lindan con la aurora, / buscamos (lo recuerdo aún) las palabras / de la luna, de la muerte, de la mañana / y de los otros hábitos del hombre. / Fuimos el imagismo, el cubismo, / los coventículos y sectas / que las crédulas universidades veneran. / Inventamos la falta de puntuación, / la omisión de mayúsculas, / las estrofas en forma de paloma / de los bibliotecarios de Alejandría. / Ceniza, la labor de nuestras manos / y un fuego ardiente nuestra fe. / Tú, mientras tanto, / forjabas en las ciudades del destierro, / en aquel destierro que fue / tu aborrecido y elegido instrumento, / el arma de tu arte, / erigías tus arduos laberintos, / infinitesimales e infinitos, / admirablemente mezquinos, / más populosos que la historia. / Habremos muerto sin haber divisado / la biforme fiera o la rosa / que son el centro de tu dédalo, / pero la memoria tiene sus talismanes, / sus ecos de Virgilio, / y así en las calles de la noche perduran / tus infiernos espléndidos, / tantas cadencias y metáforas tuyas, / los oros de tu sombra. / Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra / un solo hombre valiente, / qué importa la tristeza si hubo en el tiempo / alguien que se dijo feliz, / qué importa mi perdida generación, / ese vago espejo, / si tus libros la justifican. / Yo soy los otros. Yo soy todos aquellos / que ha rescatado tu obstinado rigor. / Soy los que no conoces y los que salvas.





viernes, 25 de octubre de 2019

El Alienista (Joaquim Machado de Assís)

Joaquim Machado de Assís




No había escuchado antes de este prestigioso escritor brasileño, y su descubrimiento fue casi fortuito. En el Club de Lectura al que asisto estamos en un ciclo de autores y autoras de Brasil y Portugal. Ya habíamos leído a Jorge Amado, José Saramago, y la idea era seguir con “La República de los Sueños” de Nélida Piñón. El libro de Nélida es muy bueno pero sentí que podía digerirse con dificultad en el grupo y necesitaba de más tiempo. Por lo que empecé una nueva búsqueda de un autor distinto (ya teniendo en espera a Lobo Antunes y Clarice Linspector), y así llegué al nombre de Joaquim Machado de Assís. Un nombre que escuchaba por primera vez, pero que parecía ser la referencia más grande en la literatura latinoamericano para los críticos literarios y los mismos grandes escritores latinoamericanos. Según Susan Sontang, Harold Bloom, y el mismo Carlos Fuente le dedicó muchos elogios en su discurso de aceptación en un importante premio. Y la verdad es que leyéndolo empezamos a reconocer texturas y estilos que fueron adaptados posteriormente por otros escritores latinos. 

No puedo hablar de la obra de Machado, aunque me gustaría, porque desde que lo empecé a leer y descubrir he seguido leyendo más de sus obras, pero por el momento me centraré en El Alienista, que es un libro importante dentro de su obra. Y antes de entrar en materia en el contenido del libro, es necesario también para entenderlo en una mayor dimensión, ponerlo en contexto, haciendo un rápido repaso por detalles de su vida y del entorno de la época. 

Joaquim Machado de Assís nació en el año de 1839 en la ciudad de Rio de Janeiro, sólo 8 años después que en Brasil llegara al poder el emperador Pedro II con tan solo 5 años. Si esa ya no era una señal de la vida en un universo de ficción, no sé que otra cosa sería. Pensemos, cuando Machado nació, el joven emperador apenas entraba a la pubertad, luego de pasar su vida anterior aprendiendo para ser emperador. Su padre, Pedro I, primer emperador del Imperio de Brasil, y para muchos el libertador que liberó a Brasil de la monarquía y la ingerencia de Portugal (aunque eran naturales de Portugal), tuvo que abdicar al trono y regresar a su reino en Portugal, por la amenaza de su hermano Miguel I en tomar su lugar y por tensiones con algunos grupos. Por lo que regresó para encargar a su hija, María II, como monarca de Portugal. Pero tuvo que casarla con su hermano, y él se quedó en su país natal como regente y verificador. Mientras que su pequeño hijo quedaba encargado de Brasil. Pero Pedro II hizo un gran trabajo, gobernó durante muchas décadas y llevó a la prosperidad al país suramericano. Machado de Assís nació en su reinado y fue afortunado; y El Alienista, publicada por primera vez en 1881, salió 8 años antes de que el Imperio de Brasil se acabara y diera paso a la Republica. Y todo esto que estoy contando es importante,  ya veremos. Pedro II fue un gran promotor del conocimiento y de las artes, de ahí que fue amigo de personajes como Friedrich Nietzsche, Victor Hugo, Charles Darwin, Richard Wagner, Luis Pasteur, entre otros grandes científicos y artistas de la época. Por eso infiero, aunque no lo he leído en ninguna parte, que esa promoción del emperador sirvió mucho a Machado de Assís. 

Machado venía de una familia humilde y nunca estudió en una universidad, pero era ambicioso e inteligente por lo que fue toda su vida un autodidacta, que aprendió de todo, varios idiomas y se convirtió en el intelectual más importante de Brasil. Incluso fundó y fue el primer presidente unánime de la Academia Brasileira de Letras. Trabajó en un periódico y una imprenta, pero poco a poco por sus conocimientos se fue ganando un lugar en la sociedad. Su primer libro lo publicaría en el año de 1864, en donde inciaría su periodo romántico, y en el año de 1873 es empleado como primer oficial en el Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras públicas, iniciando una carrera de cargos públicos que llegarían hasta su jubilación como director del Ministerio de Transporte. En ese tiempo, Machado también escribía y desarrolló toda esa etapa de su periodo romántico. 

Pero en el año de 1881 pasa algo importante. Hace una ruptura con el romanticismo e inicia su etapa un poco más realista, con más instrospección, pesimismo, crítica, pero conjugada con humor e ironía, ahondando en la esencia del ser humano y la relación de éste con su entorno, con la sociedad y el mundo. Ese año publica, la que muchos consideran una de sus obras maestras: “Memorias póstumas de Bras Cubas”, y un año después, en 1882, aunque algunos dicen que fue también en 1881, publica “El Alienista”. Supongo que aunque las publicó, ya venía de años atrás germinando estas nuevas obras, con ese estilo tan refrescante, dinámico, punzante y sutil. 

Como dije antes, estas dos obras que inauguraban una nueva etapa en su narrativa, que fue la más rica y la que lo inmortalizó, se adelantaron a la caída del Imperio de Brasil y del emperador Pedro II, que estuvo en el poder por más de 50 años. Y la razón de su caída, no fue por elección popular, él contaba con el apoyo del pueblo, pero un sector de los militares hicieron un golpe de estado para instaurar la república y la dictadura, pero Pedro II se mostró cansado de gobernar y de la misma monarquía, por lo que no puso ninguna resistencia. Se regresó a Portugal, donde murió. Machado de Assís vivió en carne viva esta historia, y por eso es importante conocerla, porque él era un gran observador de la realidad, y la proyectó en sus obras muchas veces. Y por supuesto, en el Alienista también, porque la novela transcurre en la Brasil colonial en el período de Pedro II, que aunque en el libro hagan mención a un rey, él era emperador. 

Pero la parte política no es solamente importante para entrar de lleno en el Alienista, sino también la misma historia de la psiquiatría, que se tiene documentado que se desarrolla entre los años de 1745 y 1826… 4 años después del inicio del Imperio de Brasil. Durante esos años se empezó con la preocupación o el interés de estudiar la mente y la medicina mental en varios países de Europa. Una nueva forma de entender la locura y a los locos. De hecho, antes de psiquiatría, a esta práctica se le llamaba, “alienismo”. Siendo en París, en el primer lugar donde se empezó un tratamiento sobre la locura. Estos tratamientos se diferenciaban en que eran más humanos que los practicados años atrás, donde cuando no se quemaban, se mantenían encadenados a una cama. Con el alienismo los pacientes eran tratados con humanidad y eran sobre todo estudiados, observados y analizados para probar, ensayar, estudiar y finalmente dar una solución a los comportamientos presentados. Y eso es precisamente lo que hace el alienista de la historia de Machado. Un doctor que viene muy estudiado de Europa a la ciudad de Itaguaí, rechazando puestos de alta importancia en la capital, para ir al pequeño pueblo y tomarlo como un laboratorio para su proyecto personal. La idea de crear una “Casa de orates”, como llamaban a los asilos. Con el nombre de “Casa verde”. Seguramente Machado leyó y estudió además de la realidad política, a Phillip Pinel, el francés que en el año de 1826, nuevamente ese año que tanto se repite, creó la primera clínica médica, donde realizaba estos estudios.   


“El Alienista” es una novela corta o cuento largo de 13 capítulos, en donde sus respectivos títulos te advierten un poco de lo que va a ocurrir, estilo epísodico, como los del Quijote, que a la vez también emanan un aire bíblico, de revelación.  

Simón Bacamarte, como ya lo mencionamos, el alienista, regresa a su ciudad a los 34 años, una edad curiosa también, y en el relato nos cuenta la particular forma en la que elige a su esposa, que indica una mente dedicada al estudio y al control estricto de la situación, pero la vida le demostrará desde muy temprano que sus observaciones no siempre son acertadas. Cuando su esposa no es capaz de darle hijos, lo que hace que se consuma y dedique más a la ciencia. 

“La ciencia —dijo él a su majestad— es mi compromiso exclusivo; Itaguaí es mi universo”. Es la frase que Bacamarte le dice a su majestad como excusa para volver a su pueblo y renunciar a altos cargos en la capital o Portugal. 

El relato tiene un ritmo, una musicalidad, una precisión muy marcadas, que se sienten en autores posteriores, para mencionar uno, como García Márquez, donde no sobra nada. Y la distribución de la historia es muy importante porque cada detalle devela una intención o acto futuro por alguno de sus personajes. Los personajes son magistralmente retratados, pero detrás de ellos hay algo muy fuerte que se mezcla con la narrativa, y es un juego de intenciones, una mano invisible que va empujando la trama y tras de ellos, oculto en pequeñas frases o menciones, te van dando poco a poco un contexto sobre lo que se va armando en ese universo. Y eso es algo muy difícil de lograr incluso en autores actuales, que tienen tantas referencias. Porque obviamente se necesita un talento en narrar, y conocer los niveles del relato, manejar el mismo lenguaje, y orquestar todos los elementos para que en ningún momento se pase a lo sobre explicativo o gratuito (que es un riesgo), y que muchoooos cometen. Y a pesar de la sencillez que aparentemente trasmite el relato, dentro hay toda una construcción minuciosa perfectamente orquestada. Además, otro detalle biográfico de Machado, jamás abandonó Rio de Janeiro, sólo en pocas ocasiones especiales. Y logró con su talento y observación, crear una obra universal. Así como Bacamarte decía que su universo era Itaguaí, o “El Mundo” de Millás era la calle donde nació. Y los ejemplos siguen. 

La Casa Verde del Alienista pronto alcanza un enorme éxito, la gente nos abía que había tanto loco. Pero como buen científico experimental, Bacamarte va analizando y cambiando el análisis y desarrolla una nueva teoría, como se llama uno de los capítulos. En un momento, la anormalidad es la normalidad. Los cuerdos son los locos. Y para sustentar la teoría se basa en ejemplos de personaje como Sócrates, grandes mentes, quienes nunca fueron cuerdos. Y se lanza a experimentar. Poco a poco casi todo el pueblo termina internado en la Casa Verde. Y tenían mucho cuidado de expresarse frente al doctor, y que este diagnosticara algún nuevo síntoma de locura. 

Estos elementos me recuerdan entre tantos escritores y personajes, al Melquíades de García Márquez que representa la ciencia, que se vuelve mágico y fantástico en un pueblo que veía por primera vez ciertos inventos, objetos y artefactos; o Don Anselmo de Vargas Llosa, que no es el alienista sino el arpista, quien preciso se encuentra en una novela que se llama “La casa verde”, pero en tal casa no hay locos sino prostitutas. Y ambas casas, que al fin y al cabo se vuelven instituciones de poder, una con el conocimiento y otra con el sexo, terminan con fricciones con otra de las instituciones de poder de las épocas de siempre, como es  la iglesia. Aunque en la de Machado alcanzan a ser aliadas, como también suele suceder. 

Es una novela muy moderna que mezcla el realismo, el naturalismo, lo rural, junto con el humor, la ironía, la filosofía y la sátira. Y dentro de ese envoltorio con referencias al poder, a la ciencia y el mismo método científico de la época en caracterizar o tratar de clasificar a enfermos, enfermedades, psicopatías, a la sociedad y al ser humano; también añadir un toque fantástico y hasta revestir con toques de fábula o proverbio. 

En cuanto al personale del alienista, no sentí una actitud malévola, al menos consciente, dentro de su forma de actuar, a pesar del poder que adquirió. Quizás sí de egoísmo, porque su centro era el estudio y la ciencia, pero en el camino se pierde y se frustra al no encontrar las respuestas que buscaba. Y en ese camino comete muchas injusticias, que finalmente le llevan a una particular decisión, empujada por un habitante ingenioso que supo analizar al mismo médico, y lograr la liberación de la dictadura de la mente y del pensamiento. La modestia fue la clave.  

Y para terminar, a esta novela también se le puede dar una lectura actual en cualquier época, pero que cala particularmente a algo que estamos viviendo, lo que sigue develando su complejidad. Simón llega un momento en que tiene más poder que cualquier persona en el pueblo, porque hay una autoridad mental, emocional, que conoce los impulsos y comportamientos de la gente. Algo que nos suena un poco hoy en día con la tecnología que puede predecir los comportamientos de la gente para hacer propuestas efectivas de compra o dirigir sus elecciones electorales. El ser humano como campo de estudio, la información, los datos, los deseos e impulsos. Como mencionaba al inicio como introducción, la política, el entorno y el estudio de la mente. Una novela y un autor imprescindible, universal, atemporal, que todos debemos conocer y estudiar.




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


lunes, 22 de abril de 2019

Máscaras (Leonardo Padura) - Serie Mario Conde (3)

Leonardo Padura


“Máscaras” es la la cuarta novela del escritor cubano Leonardo Padura, publicada por primera vez en el año de 1997. Y es la tercera novela dentro de la serie de Mario Conde (luego de Pasado Perfecto y Vientos de Cuaresma).

De los primeros libros que leí de Padura, hace ya varios años, ninguno tenía que ver con la serie de Mario Conde (El hombre que amaba a los perros, La novela de mi vida), y me parecieron, especialmente los dos citadas anteriormente, excelentes novelas, con una importante veracidad y rigurosidad histórica, y narrativamente, con un gran manejo de la prosa, la estructura y los tiempos. Finalmente he iniciado la lectura de los libros de la serie de Mario Conde, por el club de lectura al que asisto, donde iniciamos este año con ese objetivo, leer todas las novelas de la serie. 

Leímos Pasado Perfecto y Vientos de Cuaremas. Ambos me parecieron libros muy bien escritos, que se camuflan muy bien dentro del género de la novela policíaca, donde cumple todo el formato y contiene todos los ingredientes de este tipo de novela: un investigador, el amigo y colega secundario del investigador, el jefe, un asesinato, una investigación, pruebas, etc. Pero en las novelas policíacas de Padura, se permite hacer una reestructuración de las normas del género. Inicialmente, trasladándolo a su contexto geográfico e histórico, en la Habana, capturando toda la idiosincrasia, el lenguaje, el clima, los olores, los dichos, los colores y los recuerdos de la época, que corresponden y transcurren en la época del periodo especial en Cuba. Pero como siempre ocurre en sus novelas, incluso fuera de la serie Conde, aunque la historia de la novela transcurra en un año específico, siempre se encuentra alternando con otros tiempos, como la Cuba de los 70 (Máscaras), también en otra abarca los 60, y así sucesivamente. Por lo que el tiempo, el pasado y la nostalgia son elementos fundamentales de sus obras. 

Por lo tanto, tenemos ya varios de los grandes elementos que hacen que la novela policíaca de Padura se diferencie de las demás: por el contexto, el entorno, la geografía, pero también porque aunque siempre hay un crimen o un asesinato, este nunca es el punto importante de la narración. Siempre está presente, pero los que se llevan mayor parte de la trama son los personajes y la ciudad, la Habana; respiran, reaccionan y están constantemente en estudio y reflexión. Los personajes, con características particulares y especiales (empezando por Mario Conde), son los medios por los que se analizan los aspectos sociales, culturales e históricos; por los que se ahonda en los recuerdos y en el pasado. Y la Habana, inalterable pero siempre en movimiento, en parte por el clima, que es tan importante en esta serie. Por eso, a los cuatro primeros libros de la serie se le llama “Cuatro estaciones en la Habana”.  

Mario Conde merece un estudio especial y extenso, pero es mejor irlo descubriendo en las novelas. Un hombre que no le gusta su trabajo, y que soñó con ser un escritor. Pero a través de su trabajo descubre historias, personajes, y vive realidades alternas, como esas que en algún momento, y constantemente tiene presente, le hubiese gustado estar construyendo. Conde, que es un alter ego del mismo Padura, confesado por el mismo autor, es un personaje tan rico, sencillo (como aparentemente son sus novelas) pero a la vez tan complejos y humanos, que en su misma construcción interior elevan el valor del texto y de la historia. Y por último, la crítica social y la posición política, también muy presentes en la novelas, pero de forma muy sutiles, porque en ningún momento se convierten en panfletos (lo que hubiese sido desastroso), sino que son elementos latentes e inherentes dentro de los mismos personajes, y hay que saber leerlos e identificarlos. Porque siempre hay un gran tema tras las novelas de Conde, como puede ser la educación (Vientos de Cuaresma) o la homosexualidad (Máscaras), que son temas muy presentes en las tramas y en los que se realiza un análisis y retrato tan profundo, que no es necesario entrar en discursos innecesarios, ni en entorpecer el ritmo de la trama. Y eso, aunque parezca sencillo al leer las novelas, es de una complejidad tremenda. Cómo hacer confluir todos los elementos, sin pasarse en alguno que opaque otro, sin intervenir en el ritmo y la fluidez narrativa.      

Aunque me gustaron Pasado Perfecto y Vientos Cuaresma (anotando que el segundo me pareció mejor que el primero), debo decir que “Máscaras” me ha fascinado y me ha parecido superior a los dos anteriores, en el nivel de sus mejores novelas fuera de la serie Conde. Y es algo interesante, cuando se lee a un autor de forma cronológica, cómo a veces nos sorprendemos de la evolución en cada obra. Y en Padura es muy evidente. 

“Máscaras” transcurre en el verano del 89, donde hay muchas lluvias en el transcurrir de la historia. La lluvia, el agua, que simboliza el cambio (la transfiguración), uno de los temas centrales de la novela. Y aquí hago paréntesis para indicar lo importante y simbólico que es para Padura cada elemento dentro de la narración. Pero siguiendo con “Máscaras”, un 6 de agosto, día de la transfirguración de Jesús, aparece el cadáver de un travesti. A Conde se le asigna el caso, y desde el inicio se hace presente el machismo y rechazo de Conde a las personas de esa condición, además de homosexuales, los travestis, “mujeres sin los beneficios de la naturaleza”. “Machista estanilista”, como él mismo se identifica desde el inicio de la novela. Y este va a ser uno de los temas más importantes de la trama. Pero a esta historia se une otro personaje, que precisamente conecta las historias de Conde con el de Alexis Arayán (el muerto), y es Marqués, un hombre de letras, dramaturgo y homosexual desterrado en su propia tierra y condenado al olvido, con una recién levantada importancia dentro de su propio y reducido mundillo. 

Entonces tenemos los personajes centrales en esta novela, que son esos tres, más otros secundarios excelentes, y el tema de la homosexualidad y el travestismo. En esta novela, todos esos elementos se unen de forma tan magistral, que simplemente nos queda disfrutar y estremecernos. Hay otros temas centrales, la transfiguración, el cambio, las máscaras. ¿Por qué la necesidad de cambiar de sexo? ¿La necesidad de vestirse como mujer? ¿La necesidad de una máscara? ¿Qué es la identidad? Son varias de las preguntas que se hace Conde e intenta responde en el camino. Por medio de Márquez, personaje memorable (que hasta a Conde atrajo), se nos muestra entre tantas cosas, las duras condiciones de los intelectuales en Cuba, y más si eran homosexuales. También a través de él conocemos más de Alexis, el joven asesinado, hijo de un respetado diplomático; conocemos los ambientes y el bajo mundo de los esigmatizados en Cuba; pero lo más importante, a través de él, somos testigo de un cambio y una transfiguración en el mismo personaje de Mario Conde. 

Conde, como ya mencioné, inicia como un machista estanilista, por sus prejuicios, pero conociendo a Marquéz y entrando en su mundo, logra comprenderlo un poco más, y al final termina queriéndolo, apreciándolo y entendiéndolo. Ese proceso de cambio y de asimilación de Conde está tan magistralmente escrito, y se va produciendo a lo largo de la novela, no es algo de unas páginas, es algo que ocurre en toda la novela, lo que me parece que tiene un gran efecto también en el lector. Y Conde no solamente lo entiende al ponerse en sus zapatos, sino porque reconoce a un par, a un igual, a un ser humano de talento, a un escritor y un artista suprimido. Lo que a la vez genera que Conde retome su pasión y escriba un cuento, que se encuentra completo dentro de la novela. Y con esto llegamos a otros temas fundamentales dentro de “Máscaras”: el arte y la creación; que al fin y al cabo, son elementos fundamentales de la humanidad y del ser humano. 

Alexis y su asesinato están presentes en toda la trama, son en parte el móvil, pero lo que ocurre alrededor, con Conde, Marquéz, y los otros personaje sque interactúan con ellos, es lo que alimenta, y además ayuda a comprender aún más, no sólo la razón del asesinato, sino al ser humano que murió. Y eso es lo que me parece fascinante de los libros de Padura, esa capacidad de unir historias, relacionar épocas, contrastar y sugerir conclusiones. Además que todo está escrito tan bien, con una prosa poética en sus descripciones, en el encanto del lenguaje coloquial y las siempre presentes referencias artísticas de Padura, que van desde la mención directa de un personaje, a la evocación de una frase o un poema admirado. Por lo que, además de todos los temas que hemos mencionado que trata la novela, en el fondo también es una hoda al arte y a la literatura, como elementos de transformación, creación y misma transfiguración. 



Hace rato no sacaba tantas frases o fragmento de un libro, acá pongo algunas porque no puedo poner todas, para que se animen a leerlo. Sin dudas, uno de los grandes escritores contemporáneos. 


(Antes dejo enlaces a anteriores reseñas de Padura)

El hombre que amaba a los perros (Reseña A.S.B)

La novela de mi vida (Reseña A.S.B)



"También recuerdo aquel recital de los Rolling Stones, cuando pretendían ser más rebeldes que los Beatles, y pude verlos a doscientos metros de distancia, bajo el cielo frío de la primavera de París, entre los gritos de adoración de aquellas rubiecitas francesas, liberadas, hijas abortadas y madres recién paridas de una revolución que pudo haber sido y no fue, aunque después de aquel mes de mayo el mundo nunca volvió a ser el mismo, porque sí se había hecho la revolución: la revolución de las costumbres y la moral, la revolución permanente del siglo veinte que Liov Davidovic Bronstein, alias León Trostky, jamás imaginó. Lo recuerdo todo, cada día, cada minuto, cada conversación con Jean-Paul Sartre y con su inevitable Simone de Beauvoir, las cenas con George Plimton mientras me entrevistaba para París Review, la búsqueda en la vida, en la cuerda locura y en los papeles de Antonin Artaud para una edición ya comprometida de El teatro y su doble, la nostalgia adquirida por la muerte de un Camus a quien no conocí y al que siempre conocí tanto, el reencuentro, guiado por los ojos y los pasos de Néstor Almendros, de la escenografía real de tanto cine francés, y la persecución, del brazo de mi amigo Cortázar, de la arqueología jazzística de entreguerras, cultivada en bares como grutas benéficas... Lo recuerdo todo porque iba a ser mi último viaje a París, casi que mi último tango, y la memoria se adelantó a la historia —sabia la memoria—, fabricó su autodefensa previsora, y por eso guardó cada instante feliz de aquel último viaje a París como si supiera que iba a ser mi último viaje a París".

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Recuerdo que pensé, entre aquellos travestís adelantados, pioneros esforzados del movimiento, que el hombre puede crear, pintar, inventar o recrear colores y formas de los que dispone desde su exterior, y llevarlos a la tela, que está más allá de su cuerpo, pero que es incapaz e impotente para modificar su propio organismo. Sólo el travestí llega a transformarlo radicalmente y, como la mariposa, puede pintarse a sí mismo, hacer de su cuerpo el soporte de su obra máxima, convertir sus emanaciones sexuales en color, a través de los aturdidores arabescos y los tintes incandescentes de un ornamento físico. Es una autoplástica esencial, aunque esas obras, infinitamente repetidas —siete Doris Day, cuatro Marilyn Monroe, tres Ana Magnani en veinte metros cuadrados— no puedan evitar, en el mejor de los casos, una fría y nostálgica perfección. Lo más inquietante fue comprender que todo eso era la consumación del teatro consciente que se ha soñado desde los días de Pericles: la máscara hecha personaje, el personaje tallado sobre el físico y el alma del actor, la vida como representación visceral de lo soñado... Aquello era como una iluminación que hubiera estado esperándome desde siempre, agazapada en ese sucio rincón de París, y en unos minutos ya tuve planeada y montada en mi mente la solución que andaba buscando para mi versión de Electra Garrigó... Lo que jamás pude imaginar fue que aquella idea genial iba a ser el principio de mi último acto como director teatral. El fin como principio sin medios..."

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Lástima de lugar, ¿verdad?... Pero fíjese que todavía tiene algo mágico, como un espíritu poético invencible, ¿no? Mire, aunque las ruinas circundantes sean cada vez más extensas y la mugre pretenda tragárselo todo, todavía esta ciudad tiene alma, señor Conde, y no son muchas las ciudades del mundo que pueden vanagloriarse de tener el alma así, a flor de piel... Dice mi amigo el poeta Eligió Riego, que por eso aquí crece tanta poesía, aunque digo yo que éste es un país que no se la merece: es demasiado leve y amante del sol... 
El Conde asintió, sin responder. Quería evadir aquel rumbo metafísico de la conversación y trasladarlo a niveles de realidad concreta".

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Mire bien, ¿qué ve? 
—Bueno..., libros. 
—Libros, sí, pero usted que es un escritor debe saber que está viendo algo más: está asomándose a lo eterno, a lo imborrable, a lo magnífico, a algo contra lo que nadie puede, ni siquiera el olvido. Mire, ese que está allí es la edición de El paraíso perdido que me robé... Como usted sabe, su autor es el poeta Milton y las ilustraciones son de Gustavo Doré. Ahora le voy a preguntar algo: ¿quién podría saber cómo se llamó aquel vecino de Milton, un hombre riquísimo, muy temido en su tiempo, que quizás algún día lo acusó de cualquier barbaridad? ¿Usted no lo sabe? Claro: nadie lo sabe ni nadie debería saberlo, pero todo el mundo recuerda quién fue el poeta. ¿Y Dante, fue güelfo o gibelino? Tampoco lo sabe, ¿verdad?, pero sí sabe que escribió La Divina Comedia y que su fama es superior a la de todos los políticos de su tiempo. Pues eso es lo invencible..."

(Máscaras, de Leonardo Padura)






sábado, 29 de diciembre de 2018

Especial: El Aleph (Jorge Luis Borges). Lectura Colectiva #Borges2018 (A.S.B)

Jorge Luis Borges



Luego del éxito del reto y lectura colectiva de #Dante2018, del 1 de enero al 10 de abril del 2018, bajo el hashtag #Dante2018; y del siguiente, #Ovidio2018 para leer la famosa obra de Ovidio: Las Metamorfosis, desde el 1 de Mayo hasta el 3 de Agosto. Y del gran reto de leer “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra (que se peleó el honor de suceder a #Dante2018 junto con #Boccaccio2018 y #Ovidio2018 entre otras, al final decidimos leerlas todas), desde el 1 de Junio hasta el 06 de Octubre; y del 27 de Julio con “El Decamerón” de Giovanni Boccaccio, que iría hasta el 10 de Noviembre. Y de seguir otras lecturas “no oficiales” como #Kafka2018 y #Virgilio2018, para finalizar el año 2018 llegó la lectura colectiva de #Borges2018, con la lectura de dos de las obras más emblemáticas del escritor argentino: “Ficciones” y “El Aleph”, dos recopilaciones de relatos, que contienen varios de los cuentos más alabados de la literatura universal. Con todas estas lecturas completé casi 12 meses seguidos entre todas lecturas colectivas, leyendo a diario. 
Para los interesados, dejo el post general que hice sobre mis publicaciones diarias de #Dante2018, #Ovidio2018 #Cervantes2018 y #Boccaccio2018.

Especial: La Divina Comedia (Dante Alighieri) Reto #Dante2018
Especial: Las Metamorfosis (Ovidio) Reto #Ovidio2018
Especial: Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes) Reto #Cervantes2018
Especial: El Decamerón (Giovanni Boccaccio) Reto #Boccaccio2018


Las publicaciones diarias las hacía por mi cuenta personal de Facebook, o la página de Facebook de mi blog A.S.B Virtual Info, y el grupo de Facebook con el nombre “#Borges2018”. Pero sobre todo, y la esencia de estos retos y lecturas colectivas nació de la interacción en Twitter, donde también a diario compartía mis posts de cada lectura. Si en Dante era un canto al día, y en Ovidio, un poco diferente, fue la división de 15 grandes libros, aunque en cada uno de los libros hay pequeños subcapítulos; y en #Cervantes2018 se siguió el esquema también de un capítulo al día; y en #Boccaccio2018 también seguimos el esquema de un cuento al días, porque El Decamerón son una serie de cuentos, narraciones o relatos divididos en 10 jornadas; en #Borges2018 se dividieron los relatos de acuerdo su extensión en distintos días entre el 26 de noviembre y 29 de diciembre del 2018, oficialmente terminando el año leyendo. 

Desde #Dante2018 mi papel activo, constante y diario, fue el de realizar textos diarios en todas mis redes sociales, que muchas veces eran resúmenes, otras veces eran reseñas, otras análisis, otras selección de fragmentos, y en el mejor de los casos, una mezcla de todas las anteriores. Cada texto dependía de lo que me generara cada texto. Y en el camino me fui enterando que muchas personas seguían y esperaban atentas mis textos para seguir el ritmo de la lectura colectiva. Especialmente ahora con Borges, que es un autor muy críptico y le genera cierta dificultad leerlo a varias personas. Pero personalmente considero que es un autor con obsesiones, con trucos, y muy culto, que le gusta jugar con la narración y con cada historia. Es cuestión de identificar los elementos que componen su obra, que son casi una constante, disfrutarlo, y aprender.  
Como la separación de la lectura por días a veces hacía que un cuento se leyera en dos o tres días, cada uno de los cuentos está dividido por partes (I, II, III).




EL ALEPH

JORGE LUIS BORGES




El Inmortal


Especial El Aleph


El Inmortal (I)

"No existe nada nuevo sobre la tierra" dice una de las frases introductorias al relato, de Salomón, según Francis Bacon. Borges en sus ficciones juega también con la estructura y la narración. En este cuento, muy Cervantino de paso, un anticuario de Londres en 1929, ofrece los 4 volúmenes de La Ilíada de Alexander Pope a la princesa Lucinge. La princesa asume la voz y describe al temeroso anticuario Joseph Cartaphilus. Luego escuchó que murió. En el último tomo de la Ilíada la princesa encontró el siguiente manuscrito... Que continúa la narración del relato. Nos habla alguien, un ex militante de otros tiempos que dice haber descubierto la secreta Ciudad de los Inmortales. Menciona un jardín, los ríos y la arena infinita en sus recuerdos en una alusión, grandes temas de Borges, y grandes alusiones a la inmortalidad. El narrador, quizás leído por la princesa, describe la Ciudad de los Inmortales, llena de templos y anfiteatros. "En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de muertes". El narrador menciona que escuchó por primera vez de tal ciudad y se mostró incrédulo, pero le bastó para buscarla junto con un gran equipo. Describe la travesía de la expedición y los sitios por donde pasaron, una más fantástica que la otra. Algunos bebieron locura y muerte, y empezaron deserciones, y junto a ella la amenaza de muerte por parte de los inconformes. Escapó por el desierto y vagó, alucinó y mantuvo la esperanza a través de los sueños.

(El Aleph) #Borges2018


El Inmortal (II)

Finalmente, Marco Flamino Rufo, que se presenta a sí mismo más adelante, llega tras su travesía a la Ciudad de los Inmortales. Describe lo que ve y le sorprende: muros, arcos, faros, frontispicios. Le sorprende su estructura, nichos irregulares que surcaban la montaña y el valle. Pozos en la arena de donde emergían hombres de piel gris desnudos, sin habla y devoradores de serpientes. Muerto de sed se lanza a beber de un agua oscura, que lo hace caer en sueño, no sin antes musitar: "Los ricos teucros de Zelea que beben el agua negra del Esepo...". Perdió la noción del tiempo y pidió incluso la muerte a los trogloditas, que jamás le ayudaron. Hasta que dejó de lamentarse y se levantó, mendigó y comió serpientes. Caminó hacia la ciudad y lo siguieron dos trogloditas. Llegó y se refugió en una caverna, la cual tenía un pozo con escalera, que lo llevaba a un recorrido laberíntico. Al poco tiempo, se adaptó, aunque a veces con nostalgia confundiera la arquitectura con la de su natal ciudad. Se sorprendió por la notable antigüedad de la fábrica de los obreros inmortales, también llena de laberintos. "Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin". Poco a poco se fue desencantado de la ciudad, y pensaba secretamente que no debería existir. Se sentía a gusto en los laberintos, con el temor de encontrar la ciudad de nuevo a su salida. El narrador dice que quizás el temor y la turbación le hicieron olvidar la circunstancias de su evasión, al parecer tan ingratas y dignas del olvido.

(El Aleph) #Borges2018


El Inmortal (III)

Marco Flamino Rufo sigue contando su travesía en la Ciudad de los Inmortales. Recordando al troglodita que lo siguió tras todos los recovecos y sótanos laberínticos. Lo encontró tirado en la arena, donde trazaba y borraba signos, con desesperación y abatimiento;
lo que le causó sorpresa. Regresó a la aldea, con el troglodita tras él. Ya no sentía incomodidad, e intentó enseñarle a reconocer y a repetir algunas palabras. Porque era absurdo imaginar que hombres que no llegaron a la palabra llegaran a la escritura. El troglodita le recordó a Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea. Por lo tanto, le obsequió un nombre: Argos. Intentó enseñarle, pero fracasó. Más no dejó de intentarlo. Sentía que eran de universos distintos, tenían percepciones distintas. Trató de imaginar un mundo nuevo, sin memoria, sin sustantivos, sin lenguaje. Y un día llovió. Soñaba con su rescate y su evaporación de ese mundo ajeno. La lluvia trajo lo inesperado; Argos lúcido recordó y musito aquello que Marco le había enseñado: "Argos, perro de Ulises" "Este perro tirado en el estiércol". Le preguntó qué sabía de la Odisea. "Muy poco", dijo. "Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé".

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El Inmortal (IV)

Los trogloditas eran los Inmortales, y esa era su ciudad, quienes al juzgar que toda empresa es vana, determinaron vivir en el pensamiento, en la pura especulación. El troglodita le había confesado ser Homero, el autor de la Odisea. "Ser Inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas los son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal". Y continúa una reflexión sobre la inmortalidad y la percepción de distintas religiones sobre el tema. Y por supuesto, Homero y su composición de la Odisea con lo infinito siempre a la vista y en el límite de sus posibilidades. "Existe un río cuyas aguas dan la inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas aguas la borren". Una de las frases del manuscrito que llevó a los Inmortales a dispersarse por el mundo en búsqueda de ese río que los librase de la maldición de la Inmortalidad. Al final era eso. "La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso". En los Inmortales no existe el azar del misterio y todo parece definido. El eterno retorno de lo mismo. Marco se separa de Homero en las puertas del Tánger, sin decir adiós. Siguió buscando e investigando sobre el río, hasta encontrarlo en 1921 por el Mar Rojo, en África, al probarlo sintió que volvía a ser mortal. "La historia que he narrado parece irreal porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos", anota en el manuscrito, y sigue una explicación. "Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve seré todos: estaré muerto". Cierra con un breve epílogo con alusiones literarias e históricas que se relacionan con las Ficciones, refierencias bibliografícas, citas, notas... Sigue la estructura enciclopédica, porque Borges abarca todo. Porque la inmortalidad también abarca todo, porque su esencia es el infinito. Y Borges le dedica el cuento a Cecilia Ingenieros, hija de José Ingenieros, y al parecer uno de sus amores. Porque también nada más asociado a la inmortalidad... que el amor.

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El Muerto


El Muerto (I)

Nos cuenta la historia de Benjamín Otálora, un hombre del suburbio de Buenos Aires que llegó a ser capitán de contrabandistas. Nos dice de antemano que murió de un balazo, en su ley. Pero nuevamente la historia de traslada a su definitiva juventud, cuando en una riña callejera da muerte a un hombre, lo que le revela su valentía y temeridad, y le obliga a salir del país. Al parecer "El Muerto" del título no es Benjamín, sino muchos. Uruguay es el destino, Montevideo. Enseguida encuentra el crimen, del que se hace amigo, y se siente nuevamente en casa. Azevedo Bandeira es el jefe, al que buscaba, y se une a su propósito. Otálora es miembro de la banda de Bandeira, desde donde observa la estructura de su poder. Entiende que su principal negocio es el contrabando. Decide ascender a contrabandista. En una misión hiere a uno de sus compañeros con intención de tomar su lugar... "Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos".

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El Muerto (II)

Bandeira se enferma y no aparece. Otálora se pregunta por su suerte, y un día le toca subir a su cuarto a llevarle el mate. Lo ve muy enfermo y abatido, no puede concebir que los esté mandando ese viejo. Piensa que con un golpe bastaría para acabar con él. Pero llega una pelirroja, y al rato abandona el cuarto. Días después se entera que Bandeira está perdiendo apoyo de sus jefes políticos, y se alegra. Tiene claro su objetivo, y se gana la confianza de un hombre cercano al jefe, Suárez. Le comenta su plan, y promete ayudarlo. Poco a poco Bandeira pierde el mando, y Otálora lo va reemplazando, duerme con la pelirroja y mantiene al jefe por lástima. Pero todo cambia. Bandeira lo acorrala con Suárez, lo habían engañado. Mandan a la pelirroja que se le acueste encima y lo bese. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto. Y Suárez dispara. 
Hace parte de los relatos de misterio de Borges con cambios y giros en la trama.

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Especial El Aleph


Los teólogos


Los teólogos (I)

Inicia con un ataque de los hunos a una biblioteca monástica, donde acabaron con los libros, temiendo que tuviesen blasfemias contra su dios, que era una cimitarra de hierro. Entre la hoguera sobrevivió el libro XII de "Civitas Dei", que narra la enseñanza de Platón en Atenas, que al cabo de los siglos, todas las cosas recuperarán su estado anterior. Un siglo después, Aureliano, coadjuntor de Aquilea, supo que a orillas del Danubio, la secta de los monótonos profesaba que la historia era un círculo y que nada es que no haya sido y que no será. Y en las montañas, la Rueda y la Serpiente habían desplazado a la cruz. Había mucho temor, pero Juan de Panonia, trajo tranquilidad, prometiendo impugnar las herejías. Aureliano desestimó la del tiempo circular por ser fantástica, "Las herejías que debemos temer son las que pueden confundirse con la ortodoxia". Y rechazó la intervención de Juan de Panonia. E inicia una cruzada y lucha personal entre los teólogos (viejos enemigos) por refutar las herejías e imponer interpretaciones y realidades sobre las escrituras, la filosofía y la vida. Confrontan y se alían con las obras de Plutarco, Orígenes, Cicerón, Plinio y las escrituras etc. Juan de Panonia fue quien impugnó y refutó los errores de los monótonos, y eso bastó para que Euforbo, heresiarca de la secta, fuera condenado a la hoguera.
"Esto ha ocurrido y volverá a ocurrir... No encendéis una pira, encendéis un laberinto de fuego. Si aquí se unieran todas las hogueras que he sido, no cabrían en la tierra y quedarían ciegos los ángeles. Esto lo dije muchas veces". Dijo Euforbo, y gritó al morir quemado.

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Los teólogos (II)

Aureliano y Juan, los teólogos, siguieron su batalla secreta. Estaban en el mismo bando y guerreaban el mismo enemigo, pero Aureliano no escribía ninguna palabra que no propendiera superar a Juan. Gran retrato de los celos, de la competencia, de la envidia y de la inseguridad del ser humano. También nos sigue hablando de las creencias, de las religiones, y de como algunas fueron poco a poco censurando actos que otras permitían y aceptaban libremente. Pero esas que lo aceptaban fueron siendo censuradas. Se intentaba separar el mal o la oscuridad del ser humanos, cuando siempre ha sido parte de él. Porque como dicen los libros herméticos: "lo que hay abajo es igual a lo que hay arriba, y lo que hay arriba, igual a lo que hay abajo". O en el Zohar: "que el mundo inferior es reflejo del superior". "Quizás contaminados por los monótonos, imaginamos que todo hombre es dos hombres y que el verdadero es el otro, el que está en el cielo". "También imaginaron que nuestros actos proyectan un reflejo invertido, de suerte que si velamos, el otro duerme, si fornicamos, el otro es casto, si robamos, el otro es generoso. Muertos, nos uniremos a él y seremos él" (jaja magistral). Estaba Aureliano escribiendo sus tesis inspirado, y algo se alumbró en él. Se dio cuenta que lo que escribía y denunciaba lo había leído antes en un libro de su rival, Juan. ¿Qué hacer? Verificó la cita y ahí estaba. ¿Variar las palabras? ¿Dejarlas y plagiar a su enemigo? ¿Indicar la fuente y denunciarlo? El ángel de la guarda le dictó una solución. Mantuvo las palabras pero les antepuso el aviso: "Lo que ladran ahora los heresiarcas para confusión de la fe, lo dijo en este siglo un varón doctísimo, con más ligereza que culpa". Después ocurrió lo inevitable... Aureliano tuvo que confesar quien era ese varón. Y lo dijo: Juan de Panonia. Fue acusado de profesar opiniones heréticas. Juan no se retractó y trató de defender su proposición como ortodoxa. Cometió el error de hacerlo con ingenio e ironía. El 26 de octubre, tras 3 días de discusión, lo sentenciaron a la hoguera. Aureliano presenció la ejecución. Junto al condenado pusieron un ejemplar de su libro "Adversus annulares", de donde era la cita. Aureliano miró a los ojos por primera y última vez al rostro odiado, y le recordó a alguien, pero no recordó a quien. No lloró pero sintió lo que sentiría un hombre curado de una enfermedad incurable, que ya fuera una parte de su vida. Dejó que los años pasaran por él, y en Hibernia, tras una noche lluviosa y tormentosa, encontró su muerte como Juan, un rayo incendió los árboles del lugar y todo el lugar. Al final, en el cielo o el paraíso Aureliano conversó con Dios de todo esto y Éste se interesó muy poco en las diferencias religiosas, que lo confundió con Juan de Panonia. Y tuvo una revelación... "Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona".
La cita que condenó a Juan decía: "¿Quieres ver lo que no vieron ojos humanos? Mira la luna. ¿Quieres oír lo que los oídos no oyeron? Oye el grito del pájaro. ¿Quieres tocar lo que no tocaron las manos? Toca la tierra. Verdaderamente digo que Dios está por crear el mundo".
Magistral. Obra Maestra de Borges.

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Especial El Aleph



Historia del guerrero y de la cautiva


Historia del guerrero y de la cautiva (I)

"Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicas. Sin embargo, a los dos arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverdo de esta moneda son, para Dios, iguales".
Dos historias, la de un guerrero lombardo y una familiar de Borges que recuerda la historia de un guerrero y una cautiva. Donde ambos renuncian a su cultura y su clan. El guerrero se pasa de bando, y la cautiva se une a la barbarie indígena. Siguen los cambios, los paralelismos y juegos de tiempo en Borges.

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Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)


Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874) (I)

Borges sigue, así como en Ficciones, con las biografías y bibliografías de escritores y algunas personajes ficticios. Herbert Quain en Ficciones y por El Aleph hoy Tadeo Isidoro Cruz, personaje relacionado con José Hernández, de su obra Martín Fierro, gran clásico de las letras argentinas. Borges siguiendo "casi" nuevamente la filosofía de Pierre Menard, revive momentos del personaje, un momento, una noche. Y sigue el juego narrativo, mezclando la historia de la nación con su propia historia, y a la del universo de Martín Fierro.

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Especial El Aleph



Emma Zunz


Emma Zunz (I)

"El 14 de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto". Así inicia este magistral relato de Borges, considerada una de sus grandes obras maestras, y uno de los cuentos/relatos más perfectos de la literatura. Porque posee esa circularidad y ese engranaje perfecto que tanto obsesionaba a Borges. Emma recibe la noticia de que su padre se ha suicidado. Conmocionada y abatida, pronto entendió: "esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin". Se recompuso y vislumbró los hechos ulteriores. "Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería". Lloró hasta el fin de aquel día y recordó los buenos momentos, y aquello que no debía obligar. "Loewenthal era el ladrón", le había dicho su padre la última noche; quien era gerente y ahora uno de los dueños de la fábrica. Emma sabía algo, un secreto, que Loewenthal no sabía que ella sabía. Emma siguió frente a la fábrica. Llamó a Loewenthal y acordó que iría a su oficina al anochecer. "Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizás improcedente". Emma se debatía, se recuerda su residencia, que pasando por un sitio fue multiplicada por espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos... Pasó por bares y evaluó y descartó a distintos hombres. Escogió a uno... y los hechos graves quedan fuera de tiempo... Pensó en el muerto que motivaba ese sacrificio. Pensó que su padre le había hecho eso a su madre la cosa horrible que le hacían a ella (No podía no pensar). Ambos fueron una herramienta para el otro: ella sirvió para goce y él para justicia. Rompió el dinero que le dejó el hombre, y se arrepintió en el acto, presa del asco. Pero se levantó, se vistió y se fue. El relato nos cuenta un poco sobre Aarón Loewenthal, como un hombre serio y ambicioso, que guardaba un revólver en su escritorio. Y esperaba el informe de la obrera Emma Zunz esa noche. Las cosas no sucedieron como Emma las había ensayado mil veces en sus sueños. Se confundió la venganza de su padre con el recién padecido ultrajo. Pero pudo reorganizar las ideas y con ello el plan. Distrajo a Loewenthal y aprovechó para extraer su revólver y dispararle ante la humanidad de su enemigo. "He vengado a mi padre y no me podrán castigar". Pero recapacitó, desordenó la oficina y tomó el teléfono para repetir lo que tanto había ensayado: "Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté"...
"La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios".

MAGISTRAL!!!

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Especial El Aleph



La casa de Asterión


La casa de Asterión (I)

Asterión inicia describiendo su casa, y de falsos testimonios de los que se le acusa. Dice lo que todos dicen y se rumorea sobre Asterión. Hasta de que es prisionero en su propio hogar. Pero no hay puertas, ni cerraduras en su casa. Describe su visión sobre los hombres, sobre la dificultad en la comunicación, en la escritura… confiesa que no ha podido aprender a leer. Y a veces deplora no saber, porque las noches y los días son largos. Describe su cotidianidad en la soledad, en la sombra, en el desamparo… y cuando imagina que lo visita el otro Asterión. Uno diferente a él, pero le visita y acompaña. Imagina esos juegos, y también imagina sobre su casa y sus partes. “La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo”.  Los patios son infinito, o 14, que en este caso serían lo mismo. Todo está muchas veces 14. Pero dos cosas parecen estar solo una vez: arriba, el sol; abajo, Asterión. Cada año 9 hombres entran a su casa, para que él los libere de todo mal. No duran mucho tiempo, y acaba con todos en minutos. Uno de ellos, antes de morir, profetizó que llegaría su redentor. Y llegó la esperanza. Anhela un lugar con menos galerías y puertas. ¿Cómo será mi redentor?, se pregunta. ¿Será toro o hombre? O ¿Un toro con cara de hombre? “¿o será como yo?”…
“El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. 
-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. 

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La otra muerte

La otra muerte (I)

Borges vuelve a sus cuentos biográficos y
rememora de otro personaje gaucho, Pedro Damián, quien participó en la batalla de Masoller, recordando su muerte. Y pasa inmediatamente a recordar su vida, y su lucha personal. Y también explora sobre la segunda muerte, el olvido. Luego, las conjeturas. Los dos Damianes: el que murió en Entre Ríos hacia 1946 y el valiente que murió en Masoller en 1904. Y también, entrando en otra conjetura, recuerda leer el tratado De Omnipotentia, de Pier Damiani, a cuyo estudio llevaron los versos del Canto XXI del Paradiso, que plantea precisamente el problema de identidad. Borges vuelve a mezclar e hilar magistralmente historias, biografías, identidades, universos. Gracias a esa lectura entendió la trágica historia de Pedro Damián. Y finalmente, la teología, otro campo de ficción, según Borges. "Modificar el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. Dicho sea con otras palabras; es crear dos historias universales". Borges termina cuestionando las identidades de Pedro Damián, sobre su idea, quizás sugerida por los argumentos de Pier Damiani. E introduce su propio acto creativo de escribir este cuento fantástico hacia 1951, creyendo haber historiador un hecho real. Así como el inocente Virgilio, hará dos mil años, creyó anunciar el nacimiento de un hombre y vaticinaba el de Dios. 
"¡Pobre Damián! La muerte lo llevó a los veinte años en una triste guerra ignorada y en una batalla casera, pero consiguió lo que anhelaba su corazón, y tardó mucho en conseguirlo, y acaso no hay mayores felicidades".

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Especial El Aleph



Deutsches Requiem



Deutsches Requiem (I)

Inicia Otto Dietrich, soldado nazi, hablando de sus antepasados. Todos criminales y asesinos. Y él no es la excepción. Se encuentra precisamente recordándolos cuando está a punto de ser fusilado por asesino. Se ha declarado culpable. “Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la muerte; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, ya que de algún modo soy ellos”. Cercana la muerte, puede hablar sin temor. No quiere ser perdonado, porque no guarda culpa, quiere ser comprendido. Y que comprendan la historia de Alemania y la futura historia del mundo. Se considera símbolo de las generaciones por venir. Inicia contando sobre su vida, y sus dos pasiones: la música y la metafísica, además de dos nombre imprescindibles: Brahms y Schopenhauer. Y varias influencias artísticas. Luego llegaron a su vida, Nietzsche y Spengler… luego, entró al partido (nazi). No quiere hablar de sus años de aprendizaje, que fueron muy duros. No carecía de valor, pero sí de vocación de violencia. Creía que estaban al borde de un mundo nuevo, aunque detestaba a sus camaradas… pero no eran individuos, se tuvo que recordar. Temió muchas cosas entre la guerra, pero finalmente el azar, o el destino tejieron de otra manera su porvenir. Dos balas atravesaron sus piernas, que fueron amputadas. Y sedentario en el hospital, trataba de olvidar los libros de Schopenhauer.     

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Deutsches Requiem (II)

Sigue Otto Dietrich, el soldado nazi, en su confesión antes de morir fusilado. Recuerda un libro donde leyó que "todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta su muerte, han sido prefijados por él". "Toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicido". "No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas". Y se sigue preguntando por los azares del destino que lo llevaron a esas balas y esa mutilación. No era temor a guerra, él lo sabía. Era más profundo, y entendió: "Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud". "Un acto es menos que todas las horas de un hombre". "Más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov". En 1941 fue nombrado subdirector del campo de concentración de Tarnowitz. No fue grato, pero nunca pecó de negligencia. Analiza y explora el dolor, el sufrimiento y el nazismo de fondo, desde adentro. Dentro de su discurso Borges se acerca al concepto de la Banalidad del Mal del Hannah Arendt. Y dice que casi estuvo apunto de tener piedad por el poeta David Jerusalem, y cuenta sobre su estancia, donde terminó loco suicidándose. "Ignoro si Jerusalem comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad". Recuerda la plenitud y posteriormente con la caída del Tercer Reich, el desvanecimiento del sueño. De la victoria a la derrota. "Muchas cosas hay que destruir para edificar el nuevo orden; ahora sabemos que Alemania era una de esas cosas". "Se cierne sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima". "Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno". 
"Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no".
MAGISTRAL Y BRUTAL. Otto Dietrich fue real, y Jerusalem no se sabe, pero puede ser un símbolo.

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La busca de Averroes


La busca de Averroes (I, II)

Borges, sigue la exploración biográfica de personajes, y de sus favoritos, los filósofos. Averroes, desde su origen árabe hasta llegar a ser Averroes, y el estudio que lo enaltecería históricamente: sus comentarios a la obra de Aristóteles, por lo que fue conocido como "el comentador". Gran figura para el mismo Borges, que en sus textos, retrata, reescribe, reimagina, analiza y comenta sobre otros. Por lo que es un elogio, al tiempo, a la crítica, al análisis literario, y al trabajo de comentar.
"Equiparar estrellas con hojas no es menor arbitrario que equipararlas con peces o con pájaros. En cambio, nadie no sintió alguna vez que el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano".
Borges imagina y recuerda su deseo de narrar el proceso de una derrota. Varios ejemplos afloran, pero recuerda a Averroes, encerrado en el ámbito del Islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia, de acuerdo a su estudio de Aristóteles. La obra se burlaba de él. Averroes queriendo imaginar lo que es el drama sin haber sospechado lo que es un teatro, era tan absurdo como la de él imaginando a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios. Borges fue Averroes, para escribir esta narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que dejara de creer en él, Averroes desaparecería).

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El Zahir


El Zahir (I)

Borges inicia hablando de El Zahir y sus distintos significados y representaciones. Así como en Buenos Aires es una moneda común de veinte centavos, en otros sitios del mundo sigue siendo objetos visibles. Borges dice que el 7 de Junio llegó a sus manos el Zahir, recuerda, porque es 13 de noviembre. Y luego, dedica gran parte del relato para hablar sobre Teodelina Villar, quien muere un 6 de Junio. Recuerda su vida, sus ideales, sus obsesiones... Y confiesa, que estaba enamorado de ella y su muerte le afectó muchísimo. La imagina antes de morir, y recuerda que después de uno de sus últimos momentos juntos, salió a un almacén a tomar una caña de naranja, y en el vuelto le dieron el Zahir. "Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula". Y pensó en las distintas monedas importantes en la historia y la literatura y la mitología. "Cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro". Al siguiente día, luego de la larga reflexión entorno a la moneda, el Zahir, pensó deshacerse de ella. Fue nuevamente a tomarse una caña y la pagó con el Zahir. Y cuenta como a finales de Junio estuvo tratando de escribir un relato fantástico, y cuenta un poco el argumento.

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El Zahir (II)

Intentó olvidar la moneda. Intentó pensar en otra moneda, pero no pudo. Adquirió una libra esterlina y la analizó todo el día, pero no logró cambiar de idea. Fue a consultar al psiquiatra, hasta que se sumergió en un libro de un tal Julius Barlach, donde hablaba del Zahir. "Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los 99 nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de <los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente>". Vuelve a recordar a Teodelina, que se ha transformado en otro Zahir para él."
"Según la doctrina idealista, los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple". 
"Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre o los 99 nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizás yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y repensarlo; quizás detrás de la moneda esté Dios".

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La escritura del dios


La escritura del dios (I)

Se presenta Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió. Describe una jaula, una cárcel de piedra, su circunferencia y los sentimientos de opresión que debe generar. En la hora sin sombra una luz entra a la jaula y en un instante observa al jaguar. Recuerda los tiempos de juventud, cuando podía caminar con libertad entra la jaula y la víspera del incendio de la pirámide. A través de su sombra ahondó en sus recuerdos. Hasta que recordó que el jaguar era uno de los atributos del dios. Imaginó la primera mañana del tiempo, y al dios confiando el mensaje en la piel viva de los jaguares, que se amarían y engendrarían sin fin hasta que los últimos hombres los recibieran. Miró al jaguar de la jaula y recordó el orden y la configuración de sus manchas. Y recordó que una noche se soñó entre infinitos granos de arena hasta caso morir. Despertó. "Un hombre se confunde, gradualmente, con la firma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias". Otro día soñó con el universo, con una gran rueda hecha de agua y fuego. También estaba Pedro de Alvarado en un lado opuesto. Vio los orígenes del mundo, las montañas que surgieron del agua, los primeros habitantes de hombres, el dios sin cara... Infinitos procesos... Y entendió la escritura del tigre. Sólo le bastaba decir la palabra para ser poderoso, para abolir esa cárcel de piedra, que ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el cuchillo en pecho españoles, para reconstruir la pirámide y el imperio. 40 sílabas, 14 palabras y él, Tzinacán, regiría las tierras de Moctezuma. Pero nunca diría esas palabras porque ya no se recordaba a sí mismo. Que se perdiese el misterio escrito de los trigres. Ya nada le importa, ni la suerte de los otros hombres. Deja que lo olviden en la oscuridad.

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Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto


Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto (I)

El relato inicia con lo que se extenderá hasta el final, un retrato y descripción extensiva y detallada de Cornwall. "Ésta es la tierra de mis mayores", dice Dunraven a su compañero Unwin. Ambos eran jóvenes, distraídos y apasionados. "Dunraven fomentaba una barba oscura y se sabía autor de una considerable epopeya que sus contemporáneos casi no podrían escandir y cuyo tema no le había sido revelado" (jajaja). Dunraven comentó que haría ya un cuarto de siglo que Abenjacán el Bojarí, caudillo o rey de no sé qué tribu nilótica, había muerto en la cámara central de esa casa a manos de su primo Zaid. Las circunstancias de la muerte seguían oscuras. Ante la pregunta de Unwin del por qué seguían oscuras, Dunraven dijo que porque la casa era un laberinto y la vigilaban un esclavo y un león, que el asesino estaba muerto en el momento del asesinato etc. Unwin le dijo que no exagerara los misterios, que debían ser más simples. Que recordara la carta robada de Poe y el cuarto cerrado de Zangwill. Caminaron el laberinto de la casa y siguieron hablando del misterio y los detalles conocidos de la muerte de Abenjacán, al que nombró como el Rey de Babel.

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Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto (II)

Dunraven siguió contando la historia de Abenjacán el Bojarí, y como fueron encontrados muertos el esclavo y el león, además del Bojarí. Todos con las caras destrozadas. A Unwin le pareció una historia absurda, y siguieron recorriendo el laberinto para ir a dormir. A Unwin no le había interesado la historia del Bojarí pero se levantó con la convicción de haberlo resuelto. Invitó a Dunraven a encontrarse días después para hablar sobre el tema. Y le contó su teoría sobre el laberinto, los laberintos naturales del universo, como Londres. Y especialmente había pensando en el laberinto de Creta, donde estaba el minotauro. Dunraven pensó que la solución del misterio siempre es inferior al misterio en sí. Unwin le habló de la telaraña del Bojarí, una red con la que había soñado. Zaid intentó matarlo entre sueños pero no se atrevió. Llamó al esclavo y al león y se los llevó para atraer al Bojarí y matarlo donde quería. Abenjacán fue a Londres y recorrió el laberinto, donde su visir lo mató. El esclavo mató al león y un balazo al esclavo. Zaid luego deshizo las tres caras con una piedra. Dunraven se quedó pensando en la versión de Unwin. Zaid robó el dinero, pero lo más importante... Simuló ser Abenjacán, mató a Abenjacán y finalmente fue Abenjacán. 
"Sí, confirmó Dunraven. Fue un vagabundo que, antes de ser nadie en la muerte, recordaría haber sido un rey o haber fingido ser un rey, algún día.

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Los dos reyes y los dos laberintos


Los dos reyes y los dos laberintos (I)

Cuenta una historia que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son obras de Dios y no de los hombres. Un día llegó a visitarlo el rey de los árabes, y el de Babilonia le hizo entrar en el laberinto, donde el rey árabe vagó confundido hasta el cansancio. Imploró socorro divino y encontró la puerta. No se quejó al salir. Pero invitó al rey de babilonia a un laberinto que tenía en Arabia. Pero el de Arabia regresó con su flota a Babilonia y azotó el reino y derribó castillos. El rey de Babilonia quedó cautivo. Lo amarró y lo llevó al desierto. En el camino se quejó de haberlo querido perder en su laberinto y dijo que ahora lo llevaba al suyo que no era tan complejo pero muy efectivo. Lo dejó en mitad del desierto donde murió de hambre y sed. "La gloria sea con Aquel que no muere".

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La espera

La espera (I)

Un hombre recuerda. "Tengo la obligación de obrar de manera que todos se olviden de mí. He cometido dos errores: he dado una moneda de otro país y he dejado ver que me importa esa equivocación". Recuerda su llegada a un hotel en tierra extraña, las monedas que le dieron y las inscripciones donde decían que los judíos estaban desplazando a los italianos, que habían desplazado a los criollos. Recuerda los detalle del cuarto donde se quedó. Se cambió el nombre, como el de su enemigo: Villari. No le llegó jamás una carta, ni una circular, pero leía el diario con esperanza. La soledad le ayudaba en la larga espera, pero esta reclusión era distinta, ni tenía término, al menos que un día el diario mostrara la noticia de la muerte de Alejandro Villari. Sólo quería perdurar, no concluir. El sabor de la yerba y el del tabaco negro eran sus estímulos. También un viejo perro lobo que lo acompañaba. Entre los libros del estante estaba La Divina Comedia, que también le acompañaba en su larga espera. Antes de comer leía un canto, y luego, las notas de Andreoli. "No juzgó inverosímiles o excesivas las penas infernales y no pensó que Dante lo hubiera condenado al último círculo, donde los dientes de Ugolino roen sin fin la nuca de Ruggieri". Y se siguen describiendo detalles de su espera, lo que soñaba, y lo que anhelaba. Pero una mañana finalmente lo encontraron Alejandro Villari y un desconocido. Con una seña les pidió que esperaran... Se dio la vuelta contra la pared para retomar un sueño... Quería que fuese un sueño... Ya lo había soñado antes tantas veces... Era menos duro soñarlo... O pretender que era un sueño. "En esa magia estaba cuando lo borró la descarga".

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El hombre del umbral


El hombre del umbral (I)

Borges cuenta que Bioy Casares trajo de Londres un puñal de hoja triangular y empuñadura en forma de H. Christopher Dewey, del Consejo Británico, les dijo que era un arma de uso común en Indostán. También les contó que había trabajando entre las dos guerras, y les contó varias historias. Borges dice que tratará de reconstruir en su relato las historias que escuchó... Inicia el relato diciendo que la geografía importa muy poco, pero en determinada ciudad había disturbios en una ciudad musulmana y el gobierno central envió a un hombre a poner orden. Era un juez escocés y de tradición violenta. David Alexander Glencairn lo nombró en su relato. Era temido y la ciudad se apaciguó automáticamente. Se vivió una leve paz. Hasta que Glencairn desapareció. No se supo en todos lados porque la censura era rígida y los diarios no lo publicaron. Entra el narrador a escena, su papel era encontrar al juez desaparecido. Indagó por distintos sitios, donde le decían que nunca lo habían visto y que lo habían visto hace pocos minutos. Al parecer parte de la población estaba confabulada y no querían que apareciera. El investigarlo recibió una nota con una dirección. Era en un barrio popular, una casa muy baja, en donde se podían ver en su interior varios patios, en ellos parecía celebrarse una fiesta musulmana. En el umbral de esta edificación, permanecía sentado un hombre de aspecto sumamente antiguo. Habló con él hombre y le preguntó por el juez que buscaba. El hombre pareció recordar algo y le cuenta sobre un juez que conoció en su niñez. Otro relato tras otro relato inicia. Era un juez inglés con los mismos objetivos que el escocés: poner orden. Pero la ciudad se dio cuenta que era malvado y corrupto. También fue secuestrado, era el deseo del pueblo. Fue juzgado. Como no había más jueces, se escogió al loco del pueblo. El resultado fue la inevitable muerte. Terminada la historia, el hombre del umbral se levantó y siguió. Escuchó un tumulto de gente el investigador. Vio a un hombre desnudo con una corona amarilla rodeado de gente y adorado. Con una espada llena de sangre. La sangre, pudo después confirmar, era de Glencairn y su cuerpo mutilado.

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Especial El Aleph



El Aleph


El Aleph (I)

Llegando finalmente al relato que da nombre a esta recopilación. Y uno de los emblemáticos dentro del universo borgiano: El Aleph. "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita"... Y podría seguir con ese magistral inicio, pero tendría que poner todo el relato, que además es de los más extensos e iremos revisando en varias partes hasta el fin de año. Borges inicia manifestando su dolor por la muerte de su amiga, la revive, la recuerda, la imagina, la configura y la inmortaliza. Y cuenta cómo después de su muerte siguió su procesión, visitando su casa y reviviendo entre recuerdos y sus familiares. Sus conversaciones con Carlos Argentino, primo hermano de Beatriz, sobre literatura, que también le recordaban a su querida amiga. Y así inician la configuración de estos tres personajes que se van entretejido y contrastando con la obra magna de Dante, La Divina Comedia. Está Dante, su Beatriz, e incluso su Virgilio. Y en el fondo Estela Canto.

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El Aleph (II)

Se siguió reuniendo con Carlos Argentino Daneri, recordando a Beatriz por medio de la literatura y la poesía. Era su guía para la escritura de una nueva obra… un poema. Una nueva creación. Su Virgilio. “A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme el teléfono. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz de Beatriz, pudiera rebajarse a receptáculo de las inútiles y quizás coléricas quejas de ese engañado Carlos Argentino Daneri. Felizmente, nada ocurrió, salvo el rencor inevitable que me inspiró aquel hombre que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba”. Finalmente se comunicó, desesperado porque la casa de su sus padres, de su infancia, esa donde vivían recuerdos de Beatriz, iba a ser demolida por una empresa. Zunino y Zungri, era la empresa. Lo calmó, y finalmente Daneri, con voz calmado dijo: “Para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Alpeh es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. 

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El Aleph (III)

Carlos Argentino Daneri sigue recordando al Aleph del sótano de su casa. Había un mundo en el sótano, y él estaba intrigado y fascinado con su descubrimiento. “Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. De niño lo descubrió, y no le dijo a nadie. Se negaba a que le arrebataran su espacio, su sótano, al Aleph. Borges intrigado decidió indagar y verlo con sus ojos, aunque pensaba que Carlos era un loco, como todos los Viterbo. Daneri le dijo: “Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio… Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz”. Al verse en el sótano y seguir las indicaciones, para él absurdas de Daneri, se sintió en peligro. Porque el loco podía matarlo, ya que no le creía. Entre esos pensamientos, cerró los ojos… los abrió… y vio el Aleph. Borges interrumpe la narración, dando a conocer al lector que ha llegado al centro del relato, que a partir de ahora entrará al mundo de lo maravilloso y lo fantástico… y se preocupa en cómo describir y trasmitir al lector el infinito Aleph. Entonces recurre a una de sus herramientas inefables… se va al pasada, a la historia, a la ficción, en busca de las explicaciones del Aleph. Nos hace una introducción de su figura mística, religiosa y mitológica. Y luego de esa pausa ilustrativa, vuelve al momento en que descubre el Aleph, y dice que lo que vieron sus ojos fue simultáneo, y tratará de transcribirlo de esa forma sucesiva, porque el lenguaje lo es. Inicia la descripción detallada del Aleph, como una esfera que albergaba un espacio cósmico dentro de sí. Todo era infinito, porque todo lo veía desde todos los puntos del universo. El mar, el alba, la tarde, América, una telaraña en una pirámide, un laberinto roto (Londres), innumerables ojos, todos los espejos del planeta (y ninguno lo reflejó).A la calle Soler, racimos, nieve, tabaco y cada uno de los granos de arena. A los sobrevivientes de una batalla, animales, y un escritorio con cartas obscenas de la mano de Beatriz dirigida a Carlos Argentino. Vio tantas cosas… “Vi en el Aleph la tierra (…) vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”. Daneri vio su rostro y supo que lo había visto, pero él no quiso discutir sobre el Aleph. “En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver”. Luego de la demolición del inmueble, Daneri publicó su poema y ganó un premio literario. Borges realiza otras observaciones sobre El Aleph y su naturaleza, su nombre y su aplicación y significado en distintas vertientes ideológicas. Y plantea su teoría de que el del sótano de Daneri era un falso Aleph. Debía existir otro. Y explica sus razones de la forma enciclopédica que es habitual.
“¿Existe ese Aleph en los íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz”.
A Estela Canto.        

Fin de El Aleph

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