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sábado, 15 de junio de 2019

Adiós, Hemingway (Leonardo Padura)

Leonardo Padura



“Adiós, Hemingway” es un libro de quiebre dentro de la serie de Mario Conde de Leonardo Padura. En el Club de Lectura al que asisto, iniciamos el año 2019 leyendo la serie de Conde. Luego de terminar los primeros cuatro, que corresponden a las “4 estaciones” (Pasado perfecto, Vientos de Cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño), hicimos un salto hacia “Herejes”, que representa un salto temporal de 3 libros (y dos décadas) dentro de la cronología de la serie. Pero finalmente hicimos el cierre con “Adiós, Hemingway”, que es primer libro que escribe Padura, luego del proyecto inicial de las 4 estaciones. Como él mismo cuenta en las notas del libro, este proyecto inició con la participación dentro de una serie donde cada escritor debía desarrollar una historia con un autor reconocido. Padura pensó inmediatamente en Ernest Hemingway, y con el tiempo en Mario Conde, como marco de desarrollo de la historia. 

“Adiós, Hemingway” es un libro lleno de nostalgia (como todos los de Mario Conde), pero también de ternura, porque es un libro donde las relaciones que mantiene el ex policía Mario Conde con sus amigos y colegas se ven reflejadas y afianzadas con mayor pureza y claridad. También es un libro muy personal, sobre el amor a la literatura, porque con el tiempo los lectores hemos conocido que Mario Conde es un reflejo del mismo Padura, y en este libro quedan reflejadas varias de las influencias, lecturas y técnicas del escritor (Conde/Padura). Y por supuesto, es también un bello y complejo homenaje a Ernest Hemingway. 

Como suele ocurrir en las novelas de Conde, siempre hay un crimen. En esta oportunidad, una tormenta tumba un árbol dentro de la Finca la Vigía, la morada de Hemingway durante sus últimos años en la Habana. Ese accidente deja al descubierto un cadáver dentro del condominio. El cuerpo es de un agente del FBI. Por lo que el caso queda en manos de la policía, quienes a la vez, piden la colaboración de Mario Conde, ya retirado de la policía y trabajando como vendedor de libros de segunda, y conocido por su afición a la literatura. El caso vuelve a unir a Conde con Manolo, e inician las investigaciones, con una actitud inicial de Conde condenatoria hacia el escritor estadounidense, al verse decepcionado en descubrir que era una mala persona y engañó a varios de sus amigos y colegas escritores. 

El crimen es una excusa para ahondar en la figura de Hemingway, la exploración y viaje por su historia, centrando gran parte de la investigación en su estancia en la Habana, lugar donde escribió varias de sus mejores obras, y desde donde fue objeto de diversas teorías, por los difíciles momentos políticos que se desarrollaban en ese momento. 

Ese sentimiento inicial de Conde es importante, porque hace parte del retrato completo que tenemos sobre la figura de Hemingway, visto desde muchos de sus ángulos. Desde el amor/admiración y el odio/decepción. 

Se presentan distintas teorías y eventos sobre la vida de Hemingway y sobre su muerte: el suicidio y los antecedentes clínicos, la persecución del gobierno americano y J. Edgar Hoover, la decadencia del gran hombre/macho bajo la figura que él mismo había construido. Se exploran sus relaciones con sus esposas y otras estrellas del espectáculo. Y todos estos eventos con un fuerte respaldo histórico, en el que Padura siempre es muy minucioso y detallista, en la veracidad de los hechos históricos, y a partir de allí, difuminar/expandir la ficción. Sus ficciones. Y finalmente, todas estas teorías y eventos no te dan todas las respuestas o soluciones al caso, como ocurre en las otras novelas de la serie. Lo que refuerza la idea, de que en esta novela es mucho menos importante que en las otras el asesinato. En su desenlace, Conde hace una reconciliación con Hemingway y consigo mismo. Lo entiende un poco más, se entiende más a sí mismo. 

Además de la veracidad de los hechos, la novela tiene un humor, también siempre presente en Conde, y una belleza particular por lo mencionado del desarrollo de las relaciones. Y en cuanto a su narración, Padura sigue intercalando las épocas en sus novelas; siempre narra más de una historia paralelamente, pero normalmente dedica un capítulo o un párrafo distinto para diferenciarlos. Pero en “Adiós, Hemingway”, la narración de las épocas no siempre está separada, sino que varias veces es sucesiva, mezclando en momentos emocionalmente a los personajes de Conde y Hemingway, a través de los sueños o deseos, específicamente en el momento en que imaginan la escena de Ava Gardner y sus blúmers, que Calixto, uno de los empleados de confianza de Hemingway relata a Conde. Es uno de los momentos donde magistralmente se entremezcla a los personajes y las épocas, llegando a confundir al lector. Y ese elemento también es una muestra del paralelismo que el mismo escritor quiere evidenciar y mostrar las influencias del uno del otro. Y Conde representando a Padura. 

Dentro de su exploración al escritor estadounidense resalta reiterativamente la técnica del iceberg, y pone algunos ejemplos en la forma en que Hemingway la utiliza. Padura y Conde, ambos al tiempo, utilizan la técnica dentro de la novela. Precisamente en lo que explicaba anteriormente, en dejar pistas y varios elementos sugeridos para que el lector arme su propio cuadro. 

Las referencias literarias son muchas, sobre Hemingway y el mismo Conde. Por eso me parece una novela muy personal y una carta de amor a Hemingway. Y el título además es muy bello porque tiene un significado al inicio y al final del libro. Inicia con un recuerdo de cuando era niño y junto con su abuelo, un reconocido pescador, saludaron a Hemingway. Y al final, cuando está reunido con sus amigos, y decide hacer las pases con sus recuerdos y con su ídolo, y le da la despedida nuevamente a Hemingway, lleno de amor, calidez y gratitud. 

Sin dudas, me parece los libros más hermosos y personajes de Padura, y lo bueno es que es muy breve y entretenido. Y uno de los libros donde Padura se muestra y deja en evidencia a sí mismo, y a la vez desnuda a su propia creación: Mario Conde. Mostrándose a sí mismo, como nunca antes, ante el lector, como un par de Conde. Como uno solo. Porque Conde al final sigue con la esperanza de escribir una historia escuálida y conmovedora. Muy recomendado. 



lunes, 22 de abril de 2019

Máscaras (Leonardo Padura) - Serie Mario Conde (3)

Leonardo Padura


“Máscaras” es la la cuarta novela del escritor cubano Leonardo Padura, publicada por primera vez en el año de 1997. Y es la tercera novela dentro de la serie de Mario Conde (luego de Pasado Perfecto y Vientos de Cuaresma).

De los primeros libros que leí de Padura, hace ya varios años, ninguno tenía que ver con la serie de Mario Conde (El hombre que amaba a los perros, La novela de mi vida), y me parecieron, especialmente los dos citadas anteriormente, excelentes novelas, con una importante veracidad y rigurosidad histórica, y narrativamente, con un gran manejo de la prosa, la estructura y los tiempos. Finalmente he iniciado la lectura de los libros de la serie de Mario Conde, por el club de lectura al que asisto, donde iniciamos este año con ese objetivo, leer todas las novelas de la serie. 

Leímos Pasado Perfecto y Vientos de Cuaremas. Ambos me parecieron libros muy bien escritos, que se camuflan muy bien dentro del género de la novela policíaca, donde cumple todo el formato y contiene todos los ingredientes de este tipo de novela: un investigador, el amigo y colega secundario del investigador, el jefe, un asesinato, una investigación, pruebas, etc. Pero en las novelas policíacas de Padura, se permite hacer una reestructuración de las normas del género. Inicialmente, trasladándolo a su contexto geográfico e histórico, en la Habana, capturando toda la idiosincrasia, el lenguaje, el clima, los olores, los dichos, los colores y los recuerdos de la época, que corresponden y transcurren en la época del periodo especial en Cuba. Pero como siempre ocurre en sus novelas, incluso fuera de la serie Conde, aunque la historia de la novela transcurra en un año específico, siempre se encuentra alternando con otros tiempos, como la Cuba de los 70 (Máscaras), también en otra abarca los 60, y así sucesivamente. Por lo que el tiempo, el pasado y la nostalgia son elementos fundamentales de sus obras. 

Por lo tanto, tenemos ya varios de los grandes elementos que hacen que la novela policíaca de Padura se diferencie de las demás: por el contexto, el entorno, la geografía, pero también porque aunque siempre hay un crimen o un asesinato, este nunca es el punto importante de la narración. Siempre está presente, pero los que se llevan mayor parte de la trama son los personajes y la ciudad, la Habana; respiran, reaccionan y están constantemente en estudio y reflexión. Los personajes, con características particulares y especiales (empezando por Mario Conde), son los medios por los que se analizan los aspectos sociales, culturales e históricos; por los que se ahonda en los recuerdos y en el pasado. Y la Habana, inalterable pero siempre en movimiento, en parte por el clima, que es tan importante en esta serie. Por eso, a los cuatro primeros libros de la serie se le llama “Cuatro estaciones en la Habana”.  

Mario Conde merece un estudio especial y extenso, pero es mejor irlo descubriendo en las novelas. Un hombre que no le gusta su trabajo, y que soñó con ser un escritor. Pero a través de su trabajo descubre historias, personajes, y vive realidades alternas, como esas que en algún momento, y constantemente tiene presente, le hubiese gustado estar construyendo. Conde, que es un alter ego del mismo Padura, confesado por el mismo autor, es un personaje tan rico, sencillo (como aparentemente son sus novelas) pero a la vez tan complejos y humanos, que en su misma construcción interior elevan el valor del texto y de la historia. Y por último, la crítica social y la posición política, también muy presentes en la novelas, pero de forma muy sutiles, porque en ningún momento se convierten en panfletos (lo que hubiese sido desastroso), sino que son elementos latentes e inherentes dentro de los mismos personajes, y hay que saber leerlos e identificarlos. Porque siempre hay un gran tema tras las novelas de Conde, como puede ser la educación (Vientos de Cuaresma) o la homosexualidad (Máscaras), que son temas muy presentes en las tramas y en los que se realiza un análisis y retrato tan profundo, que no es necesario entrar en discursos innecesarios, ni en entorpecer el ritmo de la trama. Y eso, aunque parezca sencillo al leer las novelas, es de una complejidad tremenda. Cómo hacer confluir todos los elementos, sin pasarse en alguno que opaque otro, sin intervenir en el ritmo y la fluidez narrativa.      

Aunque me gustaron Pasado Perfecto y Vientos Cuaresma (anotando que el segundo me pareció mejor que el primero), debo decir que “Máscaras” me ha fascinado y me ha parecido superior a los dos anteriores, en el nivel de sus mejores novelas fuera de la serie Conde. Y es algo interesante, cuando se lee a un autor de forma cronológica, cómo a veces nos sorprendemos de la evolución en cada obra. Y en Padura es muy evidente. 

“Máscaras” transcurre en el verano del 89, donde hay muchas lluvias en el transcurrir de la historia. La lluvia, el agua, que simboliza el cambio (la transfiguración), uno de los temas centrales de la novela. Y aquí hago paréntesis para indicar lo importante y simbólico que es para Padura cada elemento dentro de la narración. Pero siguiendo con “Máscaras”, un 6 de agosto, día de la transfirguración de Jesús, aparece el cadáver de un travesti. A Conde se le asigna el caso, y desde el inicio se hace presente el machismo y rechazo de Conde a las personas de esa condición, además de homosexuales, los travestis, “mujeres sin los beneficios de la naturaleza”. “Machista estanilista”, como él mismo se identifica desde el inicio de la novela. Y este va a ser uno de los temas más importantes de la trama. Pero a esta historia se une otro personaje, que precisamente conecta las historias de Conde con el de Alexis Arayán (el muerto), y es Marqués, un hombre de letras, dramaturgo y homosexual desterrado en su propia tierra y condenado al olvido, con una recién levantada importancia dentro de su propio y reducido mundillo. 

Entonces tenemos los personajes centrales en esta novela, que son esos tres, más otros secundarios excelentes, y el tema de la homosexualidad y el travestismo. En esta novela, todos esos elementos se unen de forma tan magistral, que simplemente nos queda disfrutar y estremecernos. Hay otros temas centrales, la transfiguración, el cambio, las máscaras. ¿Por qué la necesidad de cambiar de sexo? ¿La necesidad de vestirse como mujer? ¿La necesidad de una máscara? ¿Qué es la identidad? Son varias de las preguntas que se hace Conde e intenta responde en el camino. Por medio de Márquez, personaje memorable (que hasta a Conde atrajo), se nos muestra entre tantas cosas, las duras condiciones de los intelectuales en Cuba, y más si eran homosexuales. También a través de él conocemos más de Alexis, el joven asesinado, hijo de un respetado diplomático; conocemos los ambientes y el bajo mundo de los esigmatizados en Cuba; pero lo más importante, a través de él, somos testigo de un cambio y una transfiguración en el mismo personaje de Mario Conde. 

Conde, como ya mencioné, inicia como un machista estanilista, por sus prejuicios, pero conociendo a Marquéz y entrando en su mundo, logra comprenderlo un poco más, y al final termina queriéndolo, apreciándolo y entendiéndolo. Ese proceso de cambio y de asimilación de Conde está tan magistralmente escrito, y se va produciendo a lo largo de la novela, no es algo de unas páginas, es algo que ocurre en toda la novela, lo que me parece que tiene un gran efecto también en el lector. Y Conde no solamente lo entiende al ponerse en sus zapatos, sino porque reconoce a un par, a un igual, a un ser humano de talento, a un escritor y un artista suprimido. Lo que a la vez genera que Conde retome su pasión y escriba un cuento, que se encuentra completo dentro de la novela. Y con esto llegamos a otros temas fundamentales dentro de “Máscaras”: el arte y la creación; que al fin y al cabo, son elementos fundamentales de la humanidad y del ser humano. 

Alexis y su asesinato están presentes en toda la trama, son en parte el móvil, pero lo que ocurre alrededor, con Conde, Marquéz, y los otros personaje sque interactúan con ellos, es lo que alimenta, y además ayuda a comprender aún más, no sólo la razón del asesinato, sino al ser humano que murió. Y eso es lo que me parece fascinante de los libros de Padura, esa capacidad de unir historias, relacionar épocas, contrastar y sugerir conclusiones. Además que todo está escrito tan bien, con una prosa poética en sus descripciones, en el encanto del lenguaje coloquial y las siempre presentes referencias artísticas de Padura, que van desde la mención directa de un personaje, a la evocación de una frase o un poema admirado. Por lo que, además de todos los temas que hemos mencionado que trata la novela, en el fondo también es una hoda al arte y a la literatura, como elementos de transformación, creación y misma transfiguración. 



Hace rato no sacaba tantas frases o fragmento de un libro, acá pongo algunas porque no puedo poner todas, para que se animen a leerlo. Sin dudas, uno de los grandes escritores contemporáneos. 


(Antes dejo enlaces a anteriores reseñas de Padura)

El hombre que amaba a los perros (Reseña A.S.B)

La novela de mi vida (Reseña A.S.B)



"También recuerdo aquel recital de los Rolling Stones, cuando pretendían ser más rebeldes que los Beatles, y pude verlos a doscientos metros de distancia, bajo el cielo frío de la primavera de París, entre los gritos de adoración de aquellas rubiecitas francesas, liberadas, hijas abortadas y madres recién paridas de una revolución que pudo haber sido y no fue, aunque después de aquel mes de mayo el mundo nunca volvió a ser el mismo, porque sí se había hecho la revolución: la revolución de las costumbres y la moral, la revolución permanente del siglo veinte que Liov Davidovic Bronstein, alias León Trostky, jamás imaginó. Lo recuerdo todo, cada día, cada minuto, cada conversación con Jean-Paul Sartre y con su inevitable Simone de Beauvoir, las cenas con George Plimton mientras me entrevistaba para París Review, la búsqueda en la vida, en la cuerda locura y en los papeles de Antonin Artaud para una edición ya comprometida de El teatro y su doble, la nostalgia adquirida por la muerte de un Camus a quien no conocí y al que siempre conocí tanto, el reencuentro, guiado por los ojos y los pasos de Néstor Almendros, de la escenografía real de tanto cine francés, y la persecución, del brazo de mi amigo Cortázar, de la arqueología jazzística de entreguerras, cultivada en bares como grutas benéficas... Lo recuerdo todo porque iba a ser mi último viaje a París, casi que mi último tango, y la memoria se adelantó a la historia —sabia la memoria—, fabricó su autodefensa previsora, y por eso guardó cada instante feliz de aquel último viaje a París como si supiera que iba a ser mi último viaje a París".

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Recuerdo que pensé, entre aquellos travestís adelantados, pioneros esforzados del movimiento, que el hombre puede crear, pintar, inventar o recrear colores y formas de los que dispone desde su exterior, y llevarlos a la tela, que está más allá de su cuerpo, pero que es incapaz e impotente para modificar su propio organismo. Sólo el travestí llega a transformarlo radicalmente y, como la mariposa, puede pintarse a sí mismo, hacer de su cuerpo el soporte de su obra máxima, convertir sus emanaciones sexuales en color, a través de los aturdidores arabescos y los tintes incandescentes de un ornamento físico. Es una autoplástica esencial, aunque esas obras, infinitamente repetidas —siete Doris Day, cuatro Marilyn Monroe, tres Ana Magnani en veinte metros cuadrados— no puedan evitar, en el mejor de los casos, una fría y nostálgica perfección. Lo más inquietante fue comprender que todo eso era la consumación del teatro consciente que se ha soñado desde los días de Pericles: la máscara hecha personaje, el personaje tallado sobre el físico y el alma del actor, la vida como representación visceral de lo soñado... Aquello era como una iluminación que hubiera estado esperándome desde siempre, agazapada en ese sucio rincón de París, y en unos minutos ya tuve planeada y montada en mi mente la solución que andaba buscando para mi versión de Electra Garrigó... Lo que jamás pude imaginar fue que aquella idea genial iba a ser el principio de mi último acto como director teatral. El fin como principio sin medios..."

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Lástima de lugar, ¿verdad?... Pero fíjese que todavía tiene algo mágico, como un espíritu poético invencible, ¿no? Mire, aunque las ruinas circundantes sean cada vez más extensas y la mugre pretenda tragárselo todo, todavía esta ciudad tiene alma, señor Conde, y no son muchas las ciudades del mundo que pueden vanagloriarse de tener el alma así, a flor de piel... Dice mi amigo el poeta Eligió Riego, que por eso aquí crece tanta poesía, aunque digo yo que éste es un país que no se la merece: es demasiado leve y amante del sol... 
El Conde asintió, sin responder. Quería evadir aquel rumbo metafísico de la conversación y trasladarlo a niveles de realidad concreta".

(Máscaras, de Leonardo Padura)



"Mire bien, ¿qué ve? 
—Bueno..., libros. 
—Libros, sí, pero usted que es un escritor debe saber que está viendo algo más: está asomándose a lo eterno, a lo imborrable, a lo magnífico, a algo contra lo que nadie puede, ni siquiera el olvido. Mire, ese que está allí es la edición de El paraíso perdido que me robé... Como usted sabe, su autor es el poeta Milton y las ilustraciones son de Gustavo Doré. Ahora le voy a preguntar algo: ¿quién podría saber cómo se llamó aquel vecino de Milton, un hombre riquísimo, muy temido en su tiempo, que quizás algún día lo acusó de cualquier barbaridad? ¿Usted no lo sabe? Claro: nadie lo sabe ni nadie debería saberlo, pero todo el mundo recuerda quién fue el poeta. ¿Y Dante, fue güelfo o gibelino? Tampoco lo sabe, ¿verdad?, pero sí sabe que escribió La Divina Comedia y que su fama es superior a la de todos los políticos de su tiempo. Pues eso es lo invencible..."

(Máscaras, de Leonardo Padura)






domingo, 4 de noviembre de 2018

La Novela de mi Vida (Leonardo Padura)

Leonardo Padura



“La Novela de mi Vida” es una novela ambiciosa que abarca tres épocas distintas, con tres personajes distintos pero íntimamente relacionados. Leonardo Padura, el reconocido escritor cubano, aficionado a este tipo de historias cruzadas, y a la misma historia en sí, firma esta excelente novela. Una novela que no es de fácil lectura, pero que gracias a la habilidad de autor en hilar y desarrollar historias paralelas, logra construir una historia fascinante, que retrata 200 años y muchos aspectos de la cultura y política en Cuba. 

Como siempre, hay un personaje introductorio o baje, en este caso es Fernando Terry, un escritor cubano que regresa a la Habana luego de dieciocho años de exilio en búsqueda de un manuscrito autobiográfico del poeta José María Heredia. Y a la vez, a enfrentar su pasado, con los amigos sospechosos de haberlo delatado y acusado años atrás. El tiempo de Fernando se encuentra ubicado en el más presente, en el Siglo XXI.Ya mencioné al segundo personaje clave, y el primero cronológicamente, el poeta José María Heredia, en pleno Siglo XIX; y luego, al tercer personaje intermedio entre Fernando y José María, es el hijo de José María Heredia, que también es un personaje en donde se detiene la historia, en pleno siglo XX. 

Como excusa de estas tres historias, que se van intercalando de forma episódica, Padura recorre gran parte de la historia cubana. La situación de los escritores y poetas, de los homosexuales, de la masonería, la época de romance entre la isla y Estados Unidos, el bolivarismo político, el esclavismo negro, la época del azúcar y sus dueños, la revolución y la época postrevolución cubana. 

Aunque se intercalen las historias, Padura y los mismos personajes van trazando líneas de convergencia, momentos en que sus historias parecen la misma… esa que se repite una y otra vez. La traición se encuentra en todas las historias, el destierro, y por supuesto, el amor. La literatura también es otra protagonista, no sólo porque tanto Terry como Heredia sean escritores y poetas, sino porque es un medio y un fin. Los papeles de la historia de Heredia, se convierten en el motivo de Fernando para volver a la Habana, y curiosamente, mientras en la historia que avanza, los episodios de Heredia van revelando al lector los episodios de sus memorias… la historia de su vida. Esa que Fernando busca al mismo tiempo, mientras enfrenta y descubre su misma historia y pasado. 

La prosa, aunque es generalmente sencilla, a veces se vuelve compleja por la información del entorno histórico de cada una de las épocas, que quizás pueda hacer que el lector pierda el ritmo de la lectura. Pero la estructura y el ritmo tienen cadencia, y muchas veces es poética, por la naturaleza de sus personajes. Hay momentos muy bellos, las descripciones ambientales y de la atmósfera son muy buenos… la Habana a través del tiempo es otra protagonista, y el lector es testigo de sus cambios, sus transmitaciones y de su misma inercia.  

Y por supuesto, dentro de todos los temas, también es un homenaje a la literatura, al arte de escribir, al lector y a José María Heredia. Es muy interesante escudriñar la historia de este gran poeta, revivirlo y darlo a conocer a las nuevas generaciones, y junto con él a todo el grupo de escritores y poetas cubanos que sufrieron. 

Heredia en un bello fragmento hace una bella descripción de La Habana:

“Aunque muchos años tardé en descubrirlo, ahora estoy seguro de que la magia de La Habana brota de su olor. Quien conozca la ciudad debe admitir que posee una luz propia, densa y leve al mismo tiempo, y un colorido exultante, que la distinguen entre mil ciudades del mundo. Pero solo su olor resulta capaz de otorgarle ese espíritu inconfundible que la hace permanecer viva en el recuerdo. Porque el olor de La Habana no es mejor ni peor, no es perfume ni es fetidez, y, sobre todo, no es puro: germina de la mezcla febril rezumada por una ciudad caótica y alucinante”.

(La Novela de mi Vida, Leonardo Padura)


Una novela imperdible de uno de los grandes escritores contemporáneos, tanto en lengua española como universal. De lo que he leído de él, hasta ahora no tiene presa mala. 

Dejo otro fragmento de la novela:

"-¿Ves, José María, ves lo que es este país? -y me miró con la vehemencia miope de sus ojos, mientras señalaba las brillantes volantas y carruajes que hacían el recorrido circular del paseo, y los jóvenes elegantes que una y otra vez caminaban de una punta a la otra de la alameda, vestidos con telas oscuras e inapropiadas, pero ajustadas a los mandatos de la moda europea-. Esto es una feria, un circo, una mentira de país. Se supone que esto es lo mejor de Cuba. Pero aquí sólo importa figurar y tener dinero, que te vean y hablen bien de ti, o de lo contrario no existes... Lo peor de todo es que aquí la gente no quiere ser lo que es".

(La Novela de mi Vida, Leonardo Padura)








miércoles, 6 de abril de 2016

El hombre que amaba a los perros (Leonardo Padura)

Leonardo Padura




La novela más famosa del reconocido escritor, periodista y guionista cubano, Leonardo Padura. Publicado por primera vez en el año 2009, y en Cuba no llegó a publicarse hasta el 2011. Padura fue reconocido en el año 2015 con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. 

El hombre que amaba a los perros”, cuenta diversas historias, en distintos tiempos y épocas, teniendo como eje central el asesinato del líder político y revolucionario ruso de origen judío: León Trotsky o Lev Davidovish. El asesinato a manos del militante comunista español, Ramón Mercader… Pero esa es sólo la historia de fondo o base, de que se desprenden los demás tejidos de la historia de Padura. 

Inicialmente, y si ordenamos cronológicamente la historia, encontramos la época de los años 30, en plena Unión Soviética, con el exilio de Trotsky y el régimen y la persecución de Iósif Stalin sobre Trotsky. Paralelamente a esa época, pero en otro lugar y perspectiva, encontramos la historia de Ramón Mercader en España, como militante en la Guerra Civil Española, su relación con su madre, Caridad, otra ferviente militante estalinista, y su reclutamiento para una misión muy importante para la Unión Soviética. 

Aparte de esas dos historias que transcurren en el mismo tiempo en distintos lugares del continente europeo, la otra historia de la novela, si se traslada a otra época, y es precisamente la historia que se remite al presente y que introduce a todas las historias. En esta, ambientada en plenos años 70 en el otro lado del continente, en Cuba, encontramos a Iván Cárdenas. Un escritor en desgracia, que es censurado por el régimen, debido a sus historias contrarrevolucionarias, que termina como corrector de textos en una revista veterinaria. Y dentro de esa época, el punto de conexión con el pasado, es un misterioso personaje, que un día Iván encuentra en la playa, paseando a dos imponentes galgos rusos. Iván se hace amigo del personaje, y lo empieza a llamar como El hombre que amaba a los perros, con quien establece una amistad, y poco a poco le empieza a contar la historia de Ramón Mercader, que al parecer fue amigo suyo en el pasado…  

Lo anterior, es sólo la base de la historia. Desde que empecé a leerla y descubrí su estructura, me pareció bastante ambiciosa, pero Padura poco a poco avanzamos, nos demuestra la soltura, destreza y fluidez con la que es capaz de tejer esta complicada historia dentro de varias historias, con episodios históricos verídicos, donde incluso también se sumerge en la psicología de sus personajes, en la atmósfera de las distintas épocas, y nos deja incluso espacio para reflexionar y criticar sobre la Cuba de los últimos años.

Me encanta la forma en que entrecruza las tres historias, las épocas, desde la Unión Soviética con el exilio de Trotsky impulsado por Stalin, y entrar a ser testigos de la terrible maquinaría dictatorial, de las persecuciones, las mentiras y esos momentos de la historia donde la verdad o la historia oficial se escribe, dándonos a entender que quizás nunca sepamos el verdadero curso de los acontecimientos de la historia. De igual forma, la historia de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, su formación ideológica y todas sus motivaciones, su trasformación o conversión al estalinismo, la tardía reflexión de la realidad, en fin, varios temas mezclados de forma tan asertiva y fascinante, que no podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar por la prosa de Padura. Y finalmente la historia de Iván Cárdenas, quien sirve de instrumento para reflejar esa Cuba de la que no se habla mucho, su miseria, su represión, sus abusos… en fin, y lo increíble es que lo hace de forma muy sutil, mediante experiencias del propio personaje, de sus conocidos e historias que cuenta. 

Por todo esto, la novela en general me parece una gran inspección y expedición sobre los orígenes y los efectos del comunismo, y no sólo del comunismo, sino de aquellas corrientes ideológicas, políticas y sociales, determinadas por el poder. Por algo, en ese recorrido histórico de Padura por el Siglo XX, observamos el paso de momentos tan importantes como: La Guerra Civil Española, la Caída de la Unión Soviética, la Cuba Pos-revolucionaria, y la primera y segunda Guerra Mundial. De hecho, hay un episodio en la historia de Ramón Mercader, en plena Guerra Civil Española, donde conoce al gran escritor George Orwell, acá la dejo:    


"¿Ves a aquel gordo que arrincona a los extranjeros y les explica que todo lo que pasa aquí es un complot trotsko-anarquista? –le preguntó Orwell, y con disimulo Adriano observó al personaje-. Es un agente ruso… Es la primera vez que veo a alguien dedicado profesionalmente y públicamente a contar mentiras, exceptuando a los periodistas y políticos, claro."


Además de ese episodio, es grato conocer también momentos de la vida de otros personajes famosos, importantes en estas historias, como la de Frida Kahlo y Diego Rivera en México, que dieron posada a Trotski en su famosa Caza Azul, la aparición de Orwell, y una pequeña mención a Sara Montiel, quien fue a visitar a Ramón Mercader, acompañando a un agente u oficial ruso. 

Y como siempre los títulos son importantes para mí, el de El hombre que amaba a los perros es interesante y muy efectivo, ya que todos sus personajes principales tienen ese punto en común, su amor a los perros. Desde León Trotski, hasta Ramón Mercader, que la hereda un poco de Trotski, y finalmente Iván Cárdenas, que al fin y al cabo trabaja con el tema veterinario. Por lo que me parece un punto en común acertado y curioso para simbolizar también esta unión de historias. 

En definitiva, una novela imprescindible. Quizás si hay un momento que resulta pesado en su nudo, por la mitad de la obra, ¡no desistan! Todo su tramo final es magistral, así como lo fue su planteamiento inicial, y gran parte de su nudo y desarrollo central. 


8.5/10



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)
@alejo_salgadoB
@alejandros17.89



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)