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sábado, 18 de diciembre de 2021

Reseña y Fragmentos del libro: Demian (Hermann Hesse)

Reseña, Crítica y Fragmentos del libro: Demian


“Es muy pequeño el número de lectores que puede captar las cualidades poéticas de un libro y que sabe distinguir una frase bien escrita de un cliché. No creo que sea la cualidad literaria de mis libros lo que atrae a la mayoría de mis lectores. Más bien creo que la mayoría de ellos reconocen y sienten en mi obra y en mi persona al representante de un tipo psicológico al que ellos mismos pertenecen. No es el contenido de mis libros lo que les interesa, ni la técnica o el arte, sino que les gustan porque hallan expresados o afirmados en ellos, me parece a mí, su propio tipo de alma, sus propias exigencias y problemas anímicos” 


Creo que esta afirmación del mismo Hermann Hesse describe a la perfección lo que el lector siente a leer varias de sus obras, especialmente Demian. Aunque no estoy de acuerdo que sus obras carezcan de cualidades literarias. Si bien, las ideas y los pensamientos plasmados en sus historias y a través de sus bellos personajes, son una parte esencial de su valor, todos esos elementos llevan una construcción detallada y minuciosa. Desde la creación de la atmósfera intimista, que es magistralmente hilvanada por su siempre imperante uso del narrador en primera persona, hasta todas esas indagaciones y exploraciones psicológicas, intimistas e introspectivas, que son plasmadas con una prosa sencilla pero hipnótica y absorbente, por momentos mezclándose con el monólogo, con el género epistolar y la literatura confesional/testimonial. 

La novela también se encuentra marcada dentro del género Bildungsroman (Novela de formación o aprendizaje), como bien la introduce Thomas Mann en el famoso prólogo que realiza de la novela, a la que él consideró una obra maestra. Mann recuerda el título completo con que Hesse presentó la obra, que es: “Demian: Historia de la juventud de Emil Sinclair”, y dice: “Constituye para mí una gran alegría poder prologar esta edición del «Demian» de Herman Hesse, el vibrante poema en prosa de su edad madura, con una palabra de simpatía y una calurosa recomendación. Un volumen de pocas páginas, es verdad; pero los libros de escaso volumen son los que muchas veces desarrollan las dinámicas más intensas… pensemos en el «Werther» de Goethe, cuya repercusión en Alemania es ampliamente evocada por la del «Demian».” Por lo que, Hesse tenía claro que el impacto sobre el público joven iba a ser grande, pero también hacia aquel público mayor que se ve invitado a recordar su propia juventud, así como era la propia situación del autor al escribir esta novela sobre la juventud. 

Hesse publica la novela en el año de 1919, sólo un año después de finalizada la Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial, por lo que es comprensible e identificable el sentimiento de decepción, tristeza e impotencia sobre el mundo, el ser humano y la sociedad, desde el punto de vista de un alemán. Además de ese estado oracular que se siente al final de la novela, cuando los jóvenes se ven obligados a alistarse para ir a la guerra en el año de 1914, y Demian le dice a Sinclair que: “Habrá guerra… á guerra… esto es sólo un comienzo, Sinclair. Será quizás una gran guerra, una guerra monstruosa. Pero, aún así, tampoco será más que un comienzo. Lo nuevo se inicia, y habrá de ser terrible para aquellos que permanezcan ligados a lo antiguo. ¿Qué harías tú?”.



Reseña, Crítica y Fragmentos de la novela: Demian


Thomas Mann publicaría solo cinco años después, en el año de 1924, su obra maestra: “La montaña mágica”, que también bebe mucho de Demian, de Emil Sinclair, de Hesse y del espíritu o el fantasma de la época. Por lo que creo que son dos obras que dialogan, de dos enormes autores alemanes, quienes lograron leer, ahondar, anticipar y plasmar el sentimiento de su época, de su generación (de los jóvenes especialmente) y servir de guías, a la vez, para aquellos jóvenes que perdieron su esperanza y para aquellos adultos que perdieron su juventud, no solo en experiencias sino en las grandes reflexiones que determinan y construyen nuestra identidad individual. 

“Demian” me parece de las obras más increíbles que refleja de gran forma la perdición, las búsquedas, las dudas y contradicciones de los jóvenes. Y debería ser una lectura, una experiencia o un mundo al que todos los jóvenes deberían tener en algún momento de su crecimiento. No imponer, pero sí darle la oportunidad de conocerlo, porque creo que después de leer sus primeras páginas quedarán inmediatamente enganchados, al verse reflejados y comprendidos. No porque encuentren algo que les dará respuestas, sino por compartir un universo gris y confuso, lleno de dudas, preguntas y dolor (como le toca a cada adolescente). 


“Quería tan sólo intentar vivir lo que tendía a brotar espontáneamente de mí.

¿Por qué había de serme tan difícil?”


Así inicia “Demian” (y también se encuentra más adelante en la novela), y solo esa frase explica mucho y de mejor forma varias cosas que he mencionado. La novela está dividida en ocho capítulos (Los dos mundos, Caín, El mal ladrón, Beatrice, El pájaro rompe el cascarón, La lucha de Jacob, Frau Eva y El principio del fin), que están tan bien estructurados y distribuidos, y en donde Hesse se apoya mucho también de las teorías psicológicas y del psicoanálisis de Carl Jung, el arquetipo, de Nietzsche, entre otros pensadores e ideas que revolucionan e indagan en el individuo y el ser. Por lo que también siento que es un libro que confronta al lector y lo invita a verse a sí mismo, a la introspección. Recuerdo que en ese primer capítulo de “Los dos mundos”, Hesse describe tan bien las características y elementos de cada mundo, que siempre lleva al enfrentamiento de la eterna dualidad, y la descripción física y espacial de los escenarios y objetos, se ve acompañada con una excelente descripción psicológica del protagonista ante esos espacios materiales. Como en la introducción de la novela, donde dice:  


“Pero todos son una proyección de la naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos en común nuestros orígenes, nuestras madres; todos procedemos del mismo abismo; pero cada uno tiende a su propia meta, como un intento y una proyección desde las profundidades. Podemos entendernos los unos a los otros; pero interpretar es algo que sólo puede hacer cada uno consigo mismo.”



Reseña, Crítica y Fragmentos del libro: Demian


Y me parece que la novela, además de confrontar el mundo de cada lector, le señala caminos, posibilidades, realidades, y le invita a interpretar, a observar y a intentar entender, tanto a los demás, pero en especial a sí mismo. Por esto, y muchas otras cosas más que me gustaría decir, pero me extendería mucho, me parece una estupenda novela, y la seguiré recomendado.



Acá dejo algunos Fragmentos de “Demian” que me gustaron:


Fragmentos de "Demian" de Hermann Hesse



Reseña, Crítica y Fragmentos del libro: Demian

 

"Ya hablaremos otro día -dijo con cuidado. Veo que piensas más de lo que puedes expresar. Claro que si es así te darás cuenta también de que nunca has vivido completamente lo que piensas; y eso no es bueno. Sólo el pensamiento vivido tiene valor. Hasta ahora has sabido que tu <mundo permitido> sólo era la mitad del mundo y has intentado escamotear la otra mitad, como hacen los curas y los profesores. ¡Pero no lo conseguirás! No lo consigue nadie que haya empezado a pensar."

(Demian, de Hermann Hesse)


“Me gustó que, al entrar, mi padre se fijara en mis zapatos mojados. Aquello distraería su atención; así no se daría cuenta de lo peor y yo podía cargar con una reprimenda que en secreto trasladaba a la otra culpa. Al mismo tiempo surgió en mí un extraño y nuevo sentimiento lleno de espinas. ¡Me sentía superior a mi padre! Sentí durante un momento cierto desprecio por su ignorancia; su reprensión por las botas mojadas me parecía mezquina. «¡Si tú supieras!», pensaba yo como un criminal al que interrogan por un panecillo robado, mientras él tiene asesinatos sobre su conciencia. Era un sentimiento feo y repulsivo pero muy fuerte y con un profundo encanto y que me encadenaba con fuerza a mi secreto y a mi culpa.”

(Demian, de Hermann Hesse) 


“Sus palabras dieron en el misterio de mis años infantiles, misterio que sentía en cada momento y del que no había dicho ni una palabra a nadie. Lo que dijo Demian sobre Dios y el demonio, sobre el mundo oficial y divino frente al mundo demoníaco silenciado, correspondía a mi propio pensamiento, a mi mito, a mi idea de los dos mundos o mitades, la clara y la oscura. El descubrimiento de que mi problema era el de todos los seres humanos, un problema de toda vida y todo pensamiento, se cernió de pronto sobre mí como una sombra divina y me llenó de temor y respeto al ver y sentir que mi vida y mis pensamientos más íntimos y personales participaban de la eterna corriente del pensamiento humano. El descubrimiento no fue alegre, aunque sí alentador y reconfortante. Era duro y áspero, porque encerraba en sí responsabilidad, soledad y despedida definitiva de la infancia.”

(Demian, de Hermann Hesse)


“Aquel espectáculo me hizo temblar. «¡Está muerto!», pensé y estuve a punto de gritar. Pero sabía que no lo estaba. Fascinado, no podía apartar los ojos de su rostro, de aquella pálida y pétrea máscara, sintiendo que aquel era el verdadero Demian. Lo que solía aparentar cuando iba y hablaba conmigo no era más que una parte de Demian, aquel que durante un rato representaba un papel, plegándose y amoldándose para dar gusto. Pero el verdadero Demian tenía este aspecto pétreo, ancestral, animal, bello y frío, muerto y al mismo tiempo rebosante de una vida fabulosa. ¡Y en torno suyo el vacío silencioso, el éter, los espacios siderales, la muerte solitaria!”

(Demian, de Hermann Hesse)


“De pronto volvió a alzarse ante mis ojos una imagen sublime y venerada. ¡Ah! ¡Ninguna necesidad, ningún deseo en mí tan profundo y fuerte como el de venerar y adorar! Le puse el nombre de Beatrice, nombre que conocía, sin haber leído a Dante, por una pintura inglesa cuya reproducción guardaba: una figura femenina, prerrafaelista, de esbeltos y largos miembros, cabeza fina y alargada y manos y rasgos espiritualizados. Mi joven y bella muchacha no se le parecía del todo, aunque tenía esa esbeltez un poco masculina que tanto me gustaba y algo de la espiritualidad del rostro.”

(Demian, de Hermann Hesse)


“Desde luego, la embriaguez, lo báquico, tienen su misterio. Pero me parece que la mayoría de la gente que anda sentada en las tabernas no tiene idea de eso. Me da la impresión que precisamente el meterse en las tabernas es algo muy adocenado. ¡Lo bueno sería pasar la noche entera con antorchas encendidas, en una verdadera orgía desenfrenada! Pero eso de tomar un vasito tras otro no creo que sea muy interesante, ¿no? ¿O acaso puedes imaginarte a Fausto sentado noche tras noche en la taberna?”

(Demian, de Hermann Hesse)


“¡Bah! ¿Para qué discutir? En todo caso, es probable que la vida de un borracho y libertino sea más animada que la del ciudadano intachable; y además —he leído una vez— el libertinaje es la mejor preparación para el misticismo. Siempre son hombres como San Agustín los que se convierten en profetas. También él fue antes un disoluto y un hombre de mundo.”

(Demian, de Hermann Hesse)


“—Querido Sinclair —dijo lentamente—, no tenía intención de molestarte. Además, ninguno de los dos sabemos con qué fin vacías ahora tu vaso. Pero aquello que tienes en tu interior, aquello que conforma tu vida, sí lo sabe; y es bueno tener conciencia de que en nosotros hay algo que lo sabe todo, lo quiere todo y lo hace todo mejor que nosotros. Pero, perdona, tengo que irme a casa.”

(Demian, de Hermann Hesse)


“¿quizá no soy como los demás hombres?». Sin embargo, era capaz de hacer todo lo que hacían los demás. Con un poco de aplicación y trabajo podía leer a Platón, resolver problemas de trigonometría o seguir un análisis químico. Pero había una cosa de la que no era capaz: arrancar la meta vital que se ocultaba oscuramente en mi interior y plasmarla ante mis ojos, como lo hacían todos aquellos que sabían perfectamente que iban a ser profesor o juez, médico o artista, cuánto tardarían en llegar y qué ventajas tendrían. Yo no podía. Quizá también llegaría yo un día a algo; pero ¿cómo iba a saberlo? Quizá tuviese que buscar y buscar durante años, sin llegar a nada, sin alcanzar ninguna meta. Quizá llegase a una meta, pero a una meta horrible, peligrosa y mala. Yo sólo intentaba vivir lo que pugnaba por salir de mí mismo; ¿por qué resultaba tan difícil?”

(Demian, de Hermann Hesse)


“—Muchacho —dijo con vehemencia—, también usted celebra misterios. Sé que tiene usted sueños de los que nada me dice. No los quiero conocer. Pero le digo una cosa: ¡vívalos todos, viva esos sueños, eríjales altares! No es lo perfecto, pero es un camino. Ya se verá si nosotros, usted y yo y algunos más, somos capaces de renovar el mundo. Pero debemos renovarlo en nosotros mismos, día a día; si no, nada valemos. ¡Piense en ello! Usted tiene dieciocho años, Sinclair, y no corre detrás de las prostitutas; usted debe tener sueños de amor, deseos de amor. Quizá son de tal especie que le asustan. ¡No los tema! ¡Son lo mejor que posee! Créame. Yo he perdido mucho por haber amordazado mis sueños cuando tenía su edad. Eso no debe hacerse.” 

(Demian, de Hermann Hesse)


“El hombre a quien quiere matar nunca es fulano o mengano; seguramente es sólo un disfraz. Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos inquieta.”

(Demian, de Hermann Hesse)


“—Las cosas que vemos —dijo Pistorius con voz apagada— son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro difícil. Caminemos.”

(Demian, de Hermann Hesse)




sábado, 12 de junio de 2021

El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges) - Fragmentos

Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor


El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges)

Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971.


El libro es una transcripción de tres seminarios del gran escritor argentino, Jorge Luis Borges, en la Universidad de Columbia. Me parece un muy buen y valioso archivo de estas conferencias sobre literatura, dividida en tres partes: cuento, poesía y traducción. En donde además de sus conocimientos, también leemos interacciones con los estudiantes de la universidad, su traductor al inglés y otras personas que le sacan de forma espontanea un poco más sobre este material del aprendizaje del escritor.

Resulta curioso que el libro sea resultado de un proceso oral, pues logra que por momentos nos sintamos presentes en esa sala, atentos a cada una de las palabras de Borges. 

Además de los temas de cuento, poesía y traducción, que son las tres grandes divisiones del libro, también se tocan temas sobre la novela, su método de escritura, la historia, su propia biografía y su país. Así como también el análisis en directo y comentado de algunos de sus textos y poemas. 

Todo el libro es interesante, pero acá he seleccionado algunos fragmentos, por si se interesan en adquirirlo. 



Fragmentos


Fragmento 1. 

"El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesteron dijo: <only one thing is needful, everything> (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita soledad, y consigue su parte. Un escritor necesita amor, y será amado y amante. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida. (...) mi padre fue un hombre de letras -aún eso no fue suficiente. Yo necesitaba algo más, que eventualmente encontré en la amistad y en la conversación literaria.

Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo. Y como resultado de todo eso, es posible que llegue el momento en que el joven escritor sienta que puede trasmutar sus emociones en poesía. Un joven escritor debería empezar, desde luego, imitando a los escritores que le gusten. De modo que el escritor se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo -esa extraña forma de doble vida, de vivir en la realidad tanto como se pueda y al mismo tiempo de vivir en esa otra realidad, aquella que uno tiene que crear, la realidad de sus sueños.



Fragmento 2.


Junio 1968


En la tarde de oro

o en una serenidad cuyo símbolo

podría ser la tarde de oro,

el hombre dispone los libros

en los anaqueles que aguardan

y siente el pergamino, el cuero, la tela

y el agrado que dan

la previsión de un hábito

y el establecimiento de un orden.

Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,

reanudarán aquí, de manera mágica,

la lenta discusión que interrumpieron

los mares y la muerte

y a Reyes no le desagradará ciertamente

la cercanía de Virgilio.

(Ordenar bibliotecas es ejercer,

de un modo silencioso y modesto,

el arte de la crítica.)

El hombre, que está ciego,

sabe que ya no podrá descifrar

los hermosos volúmenes que maneja

y que no le ayudarán a escribir

el libro que lo justificará ante los otros,

pero en la tarde que es acaso de oro

sonríe ante el curioso destino

y siente esa felicidad peculiar

de las viejas cosas queridas.

(Jorge Luis Borges)


(Borges escribió el poema luego de regresar a su casa, tras pasar un año en Harvard. Podía volver a tocar sus libros pero ya no podía verlos: estaba ciego)


"Todo el asunto del poema es esa rara felicidad que sentí, aunque estaba ciego, de regresar a mis libros y disponerlos en los anaqueles. Me sentí bastante lúcido cuando lo hice. El hecho de que el hombre (que soy yo) sea ciego está sugerido a lo largo de todo el poema"



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor



Fragmento 3.

Borges sobre poesía


"Creo que los poetas jóvenes tienden a empezar con lo que es en realidad lo más difícil: el verso libre. Este es un grave error. (...) Yo cometí ese error cuando publiqué el primer poemario mío, Fervor de Buenos Aires, hace ya mucho tiempo, en el año 1923. Escribí ese libro en verso libre -había leído a Whitman, desde luego- porque creí que era más fácil. Ahora sé que es ciertamente más difícil. Si yo tuviera que escribir algo en el momento, si tuviera que fabricar algo en apuros, recurriría a una forma convencional, ya que es más fácil para mí. De modo que mi consejo a los poetas jóvenes es el de empezar por las formas clásicas del verso y sólo después de eso ensayar posibles innovaciones. Recuerdo una observación de Oscar Wilde, una observación profética. Él dijo: <Were it not for the sonnet, the set forms of verse, we should all be at the mercy of genius> (cuando no sea para el soneto, las formas cerradas del verso, todos habremos de estar a merced de la genialidad). Esto es lo que está ocurriendo actualmente; al menos esto es lo que está ocurriendo en mi país. Casi todos los días recibo libros de versos que me ponen a merced de la genialidad; es decir, libros que me parecen sin sentido. Ni siquiera las metáforas en ellos son discernibles. Se supone que la metáfora es el contacto momentáneo de dos imágenes, pero en estos libros yo no veo tales contactos. Tengo la impresión de que todo ha sido hecho de modo azaroso, como por una especie de computadora desquiciada. ¡Y se espera que yo sienta o disfrute algo! Yo cometí ese error de genialidad en ese primer libro mío (creo que en el segundo también; acaso también en el tercero), y luego descubrí que hay algo realmente mágico e inexplicable en los sonetos. Esta forma, que en sí misma parece ser parcialmente azarosa con sus varios patrones y esquemas de rima -el italiano, el shakespierano, el spenseriano- es capaz de producir muy diversos tipos de poemas."

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 4.

Borges sobre tres de sus cuentos inmortales


Estudiante: Hay un cuento de una enciclopedia...

Borges: Supongo que usted se refiere a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", cuento en el que el mundo entero está siendo modificado por una enciclopedia. Escribí ese cuento cuando era todavía bastante joven. Hoy ya no intentaría ese tipo de cosas; después de todo, quiero cambiar. Ahora abrigo esa modesta ambición: quiero ser otro, quiero escribir de otra forma, de una forma inesperada.

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Estudiante: En uno de sus cuentos usted dice que podemos ser personajes en el sueño de otra persona.

Borges: Sí, ese cuento es "Las ruinas circulares", y por lo que sabemos puede que sea cierto. Ustedes me están soñando. No, me equivoco. Yo soy quien los sueña a ustedes.

Estudiante: ¿Cómo funciona esta idea del sueño?

Borges: Es una idea muy antigua, una idea de los idealistas, de Berkeley y de los hindúes, y también, creo, del Rey Rojo de Lewis Carroll.

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Estudiante: ¿Cómo hizo para soñar a "Pierre Menard, autor del Quijote"?

Borges: Yo había sufrido un accidente y una operación; estuve muy cerca de la muerte sin pensar nunca en ella. Después del accidente, yo no sabía si podría seguir escribiendo. Entonces, me dije, si trato de escribir un ensayo crítico breve y fracaso, sabré luego que no me quedan esperanzas. Si hubiera intentado escribir un poema, eso no me hubiera dicho nada, porque los dones son revelados por la musa o el Espíritu Santo. Así que intenté algo nuevo - un cuento que era un poco una argucia también - y cuando lo logré vi que podía volver a la literatura y ser, bueno, no un hombre feliz, de modo que nadie es feliz, pero al menos pude sentir que mi vida estaba de algún modo justificada. Mucha gente en Buenos Aires y dos hombres de letras conocidos míos en particular tomaron todo el asunto en serio. Uno de ellos me dijo: <Por supuesto, yo sé todo sobre Pierre Menard. Supongo que estaba fuera de sus cabales>. Y yo le dije: <Sí, eso supongo, pero era esa una locura interesante ¿no?>. Ese fue uno de los primeros cuentos que escribí. Sigo diciendo que fue el primero, pero lo cierto es que fue el segundo o tercero.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 5.

"Y, en general, creo que lo más importante en un cuento es la trama o el argumento; en cambio, en una novela son menos importantes las situaciones que los caracteres. No es imposible que ustedes piensen que la escritura del Quijote depende de los episodios; sin embargo, lo que es realmente importante es el carácter de los dos personajes, Alonso Quijano y Sancho Panza. En la saga de Sherlock Holmes, de igual modo, lo que realmente importa es la relación de amistad que hay entre un hombre muy inteligente y un hombre más bien tonto, como el doctor Watson. Por lo tanto -si me permite hacer una generalización-, puestos a escribir una novela, deberían saber todo acerca de los personajes,y cualquier argumento estará bien; en cambio, en un cuento es la situación lo que importa. Esto sería cierto también para Henry James, por ejemplo, o para Chesterton"

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor

 

Fragmento 6.

Borges sobre su cuento "Deutsches Requiem"


Estudiante: ¿Y en el caso del cuento que escribió acerca del teniente nazi?

Borges: "Deutsches Requiem". Lo que ocurre en ese cuento es bien diferente. Yo, por supuesto, era partidario de los Aliados. Cuando los alemanes fueron derrotados sentí una gran alegría y un gran alivio, pero al mismo tiempo pensé en la capitulación de los alemanes como en algo de algún modo trágico, porque allí teníamos acaso la gente más educada de Europa, que tiene buena literatura, una buena tradición filosófica y poética. Y aún así, estas personas fueron dóciles a un desquiciado llamado Adolf Hitler, y yo creo que ahí hay una tragedia. Entonces, yo traté de imaginar un nazi que lo fuera realmente; un hombre que realmente pensara que la violencia por la violencia misma fuera loable; un hombre a quien le parece que está bien que sean inexorables con él ya que él había sido inexorable con otros, y escribí ese cuento que muchos interpretaron como una adhesión mía a la causa de Hitler. No, no es eso; yo inventé un nazi perfecto, un nazi despiadado no sólo con los otros -lo cual es fácil- sino despiadado consigo mismo, y que acepta esa suerte como justa. Por eso, pensé que a ese arquetipo de nazi no le hubiera preocupado que lo derrotara; después de todo, las derrotas y las victorias son meros asuntos del azar. Él se hubiera alegrado incluso de que los norteamericanos o los ingleses ganaran la guerra. Pero ese cuento no tuvo el propósito de ser un panfleto político. Tuvo la intención de representar el hecho de que había algo trágico en el destino de un verdadero nazi. Salvo que me pregunto si existió alguna vez un verdadero nazi. Al menos cuando yo visité Alemania nunca conocí a uno. Parece que la gente tiende más bien a apiadarse de sí misma y no de los otros.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 7.

Conversación entre Jorge Luis Borges y Norman Thomas di Giovanni (su traductor al inglés) sobre la traducción.


Borges: Además, ustedes podrían pensar que no hay autor; después de todo, sólo existen la musa o el Espíritu Santo.

Di Giovanni: Yo no creo que deban abordar los textos o los autores como si fueran objetos sagrados ni ser abiertamente conscientes de que están traduciendo. Creo que el trabajo tendría que considerarse como el de la escritura, en este caso, en inglés. Es una pena que no todos los traductores puedan tener la experiencia de trabajar codo a codo con el autor. A mí me ha ayudado enormemente a ser libre como el original; Borges me exhorta: "¡Hágalo a un lado y siéntase libre!". También le quita el tedio a la traducción, por no decir nada del lujo que implica saber si uno está o no en lo correcto en las interpretaciones de los pasajes intrincados. En fin, yo estoy en contra de las traducciones literales. Algunas de las mejores traducciones apenas tocan el original.

Borges: FitzGerald, por ejemplo.

Di Giovanni: Por supuesto, cuanto más libre sea uno, mejor traductor tiene que ser.

Borges: Yo ignoro el hebreo, pero siempre consideré la versión de King James como una muy buena traducción de la Biblia. Y acaso sea mejor que lo que una traducción literal pudiera ser.

(J. L Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 8.

Y a propósito del capítulo de las palabras y autores díscolos, recuerdo este poema de Borges:


Invocación a Joyce

Dispersos en dispersas capitales, / solitarios y muchos, / jugábamos a ser el primer Adán / que dio nombre a las cosas. / Por los vastos declives de la noche / que lindan con la aurora, / buscamos (lo recuerdo aún) las palabras / de la luna, de la muerte, de la mañana / y de los otros hábitos del hombre. / Fuimos el imagismo, el cubismo, / los coventículos y sectas / que las crédulas universidades veneran. / Inventamos la falta de puntuación, / la omisión de mayúsculas, / las estrofas en forma de paloma / de los bibliotecarios de Alejandría. / Ceniza, la labor de nuestras manos / y un fuego ardiente nuestra fe. / Tú, mientras tanto, / forjabas en las ciudades del destierro, / en aquel destierro que fue / tu aborrecido y elegido instrumento, / el arma de tu arte, / erigías tus arduos laberintos, / infinitesimales e infinitos, / admirablemente mezquinos, / más populosos que la historia. / Habremos muerto sin haber divisado / la biforme fiera o la rosa / que son el centro de tu dédalo, / pero la memoria tiene sus talismanes, / sus ecos de Virgilio, / y así en las calles de la noche perduran / tus infiernos espléndidos, / tantas cadencias y metáforas tuyas, / los oros de tu sombra. / Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra / un solo hombre valiente, / qué importa la tristeza si hubo en el tiempo / alguien que se dijo feliz, / qué importa mi perdida generación, / ese vago espejo, / si tus libros la justifican. / Yo soy los otros. Yo soy todos aquellos / que ha rescatado tu obstinado rigor. / Soy los que no conoces y los que salvas.





sábado, 18 de julio de 2020

Reseña del libro: Desierto sonoro (Valeria Luiselli) + Entrevista, Notas y Fragmentos

Valeria Luiselli



“Desierto sonoro” es la más reciente publicación de la excelente escritora mexicana Valeria Luiselli. Me ha parecido una novela fascinante y creo que la más extensa de la autora, por ahora. 

Me parece que, como siempre me ocurre con la autora, el libro es una mezcla de muchas cosas. Es una especie de “road book”, en donde la mayoría de la trama transcurre en un viaje en carretera, pero al mismo tiempo es una elegía hacia la pérdida, hacia el fin: de los niños, de los hijos, de la familia y del amor o la unión marital. 

He leído todos los libros de Luiselli y me gusta mucho su sensibilidad en describir situaciones y emociones. Pero sobre todo su aguda mirada y capacidad de observación. Tras leer sus novelas, libros de ensayos y cuentos podemos decir que toda su obra tiene un carácter y esencia metaficcional. Su voz narrativa siempre alude a la primera persona desde cualquier perspectiva, en donde su voz propia y personal de narradora es muchas veces la dominante.

La novela se divide en cuatro partes, en varias cajas, en las cuales de distribuyen objetos, sonidos, libros, mapas, fotos, temas e intereses. Una pareja de jóvenes documentólogos y documentalistas sonoros emprende un viaje en carretera hacia el sur, a la frontera entre México y Estados Unidos para seguir con sus respectivas investigaciones sobre dos temas. El de ella: los niños perdidos, indocumentados y deportados que llegan a U.S.A de manera ilegal en un largo y terrible proceso desde México y otros países de sur y centro América; y por otro lado, Él: con su investigación sobre la apachería y todos aquellos personajes olvidados y enterrados en la memoria e historia de U.S.A. Ambos emprenden este viaje en compañía de sus dos pequeños hijos, quienes van cobrando cierto protagonismo dentro de la trama.  

Siempre me ha parecido interesante la forma en que la autora se expone a sí misma dentro de su obra. Y acá lo hace completamente, porque ella es la investigadora de los niños perdidos, como se llama precisamente un anterior libro de ensayos que le sirvió de inspiración para esta novela. A través de este viaje, se irán explorando distintos sonidos y escenas del pasado de ella, de él y los objetos de su investigación y su trabajo. Desplazamientos, raíces y desapariciones. También en el camino nos describe el inventario de cajas que cada uno lleva, los archivos de papeles y de ecos, que se encuentran minuciosamente clasificados y el material de investigación respectivo. Son 7 cajas en total, y cada una al inicio de cada capítulo nos describe lo que contiene y a quien pertenece. Libros, notas, fotos, objetos y recuerdos. De hecho, algunos de los libros tratan sobre el tema de archivo y documentación, exponiendo en algunos apartes detalles sobre ese tema. 

Con el tema de la documentación, en la novela nos queda claro el estricto trabajo de la autora y su disciplina en la investigación, el trabajo de archivo y el trabajo periodístico. Es una de las tantas exposiciones que me parece que hace de su trabajo y de la estructura de la misma novela. Y todo este proceso le permite al final del libro darnos una detallada y minuciosa bibliografía o “notas sobre las fuentes utilizadas”, que es una bibliografía narrada, que a la vez nos da un regalo generoso de parte del génesis de su trabajo y creación, que creo no tenía necesidad de hacer o exponer pero aún así lo hace. Son notas, también bellamente narradas, como forma de epílogo de la novela, aunque antes de esa parte final ya nos hace otro regalo: una serie de fotos instantáneas de la "Caja VII", fotos que le dan rostro y cuerpo a muchas de las escenas ya leídas y que sigue reforzando su impecable trabajo. Este elemento de usar fotografías al final de la novela, creo que ya lo había usado en otra novela de ella: La historia de mis dientes, que es otra novela bellísima. 

Sus influencias para escribir la novela, además de su propia vida y obras anteriores, no hay que buscarlas porque ella misma las expone dentro de la novela y dentro de su inventario de cajas. Recuerdo que ese fue precisamente un comentario que le hice cuando tuve el privilegio de entrevistarla hace algunos años atrás, cuando le dije desde el inicio que casi no tenía preguntas de fondo porque ella exponía todo en tus libros, a lo que ella sonrió. Algunos apartes de esa conversación con la autora la pondré más adelante. Además de mi reseña de otros de sus libros. 



Valeria Luiselli


Al final me parece que “Desierto sonoro” es un libro de madurez que reúne todo y cada una de sus anteriores obras. Una especie de híbrido, un experimento original y brillante, que también siento como el cierre de un círculo, de una primera parte de su carrera y obra, pero como siempre, seguiré muy atento a lo próximo que nos regale. 

Pero antes de terminar me gustaría comentar otros detalles muy interesantes de la novela. La narración es totalmente en primera persona, pero no solamente desde la perspectiva de la autora, sino que en los capítulos finales la perspectiva cambia a la voz del niño, del hijo, quien se dirige en forma de misiva el relato a su pequeña hermana. Por supuesto, es una misiva sonora, que el niño graba en la grabadora de la madre, sabiendo que ella lo va a encontrar y escuchar, para que se la muestre a su hermana cuando crezca, y escuché las aventuras que tuvieron en ese último viaje de familia. En la narración hay diversas descripciones preciosas y evocadoras de momentos y emociones felices, duras, que además muestran la palpable incertidumbre de los niños que observan de primera mano cómo las grietas del matrimonio de sus padres de abren sin piedad. Y ese es otro tema de fondo, pero la autora se encarga de explicarlo en su narración, e incluso, con respecto a la narración, en las notas finales la autora nos da una detallada explicación de su fórmula e influencias en la perspectiva y la forma en que realiza las transiciones de la voz narrativa acompañadas de la imagen descrita. También dentro de esos capítulos finales que narra el niño, hay una parte donde utiliza ese estilo en donde se escribe sólo usando comas y todo el texto de corrido, sin puntuación, como lo hicieron Saramago o el mismo Bolaño. En esta ocasión no se usa de forma gratuita, porque va muy acorde con el estado emocional del niño en ese momento, a quien me imagino grabando su voz sin pausas y con algo de desesperación (no les contaré por qué).

Hay otro tema que me gustaría resaltar en la narración y es la constante estimulación de las sensaciones y sentidos. Claramente con el auditivo en un escalón más alto. Las descripciones de los sonidos son muy buenas y precisas, desde los más mínimos a los más estridentes. También la música, pues hay muchas canciones que escuchan en su viaje en carretera, incluso audiolibros de algunas obras famosas. Por lo que el libro tiene una propia banda sonora. Y ya después la descripciones de las imágenes, por supuesto, de los olores y las atmósferas tan bien logradas. 

El libro también es un recorrido por la geografía de la frontera de U.S.A con México, que va siendo guiada por el mismo mapa que utilizan los protagonistas. Mapa que también encontramos documentado con foto dentro de los inventarios de la novela. También se trata de fondo el tema de la discriminación de los emigrantes en algunas zonas por las que transitan, y la excelente escena de la avioneta que observan donde ven que van subiendo a distintos niños para deportarlos. Esa escena quedó plasmada en una de fotos instantáneas. Y es realmente increíble ver la foto al final, luego de haber leído la descripción aterradora y dramática de lo que representa ese momento para los personajes. Y cómo desde ese momento también se presenta un cambio en la narración precisamente. Creo que es un momento de quiebre que utiliza de forma magistral para distintas acciones narrativas. Y en general me pareció una novela brillante, y Luiselli me sigue pareciendo una narradora muy hábil y brillante también, una editora de su propia obra y una documentalista que logra a través de su prosa una gran intimidad con sus lectores, dejándoles evidencia de lo que narra para que sintamos que lo que leemos es real, que es cercano, que está vivo, que sucedió y sucede. Lo que es inevitable también entrever sus contantes denuncias. Porque el título del libro en inglés “Los archivos de los niños perdidos”, y aunque hay una gran construcción literaria, hay un tema de fondo que le preocupa, le duele, y ella trata de acercar a sus lectores a ese dolor. Y en el proceso también adentrarnos al drama personal, a la intimidad, logrando que el lector también se pueda identificar con esos personajes y sus dramas cotidianos, de la familia, los hijos, y lo que hacen para alargar ese viaje final. Porque en esta vida muchos nos encontramos perdidos. Y es magistral como ese sentimiento de pérdida logra trasmitirlo a distintos escenarios, perspectivas y momentos. Sin perder de vista el fondo de la cuestión, de la denuncia.

Lo recomiendo muchísimo y a la autora en general nunca he parado de recomendarla. Me parece de las escritoras contemporáneas más brillantes.




Nota sobre el libro leído:

Siguiendo el estilo documental de la novela, también quiero contribuir con la historia del libro que leí. Pues yo quería el libro apenas salió pero aún no había llegado a Colombia. En España salió primero, y una amiga alemana lo compró y me lo mandó desde Alemania con este mensaje:

Valeria Luiselli





Reseña otros libros de Valeria Luiselli:


Los Niños Perdidos

Papeles Falsos

La historia de mis dientes

(También leí su primera novela "Los ingrávidos" pero aún no le hice reseña. Es muy buena también)






Conversación con Valeria Luiselli

Esta conversación la tuve con ella hace años atrás, en la que creo que fue su primera visita al Hay Festival en Cartagena de Indias. Aún no había publicado “Desierto sonoro” pero ya yo había leído sus anteriores libros, y ella llegó de invitada dentro de los escritores de “Bogotá39”, que si recuerdo bien era una lista con los mejores autores latinoamericanos menores de 40 años. En la entrevista preciso me cuenta del próximo lanzamiento de la novela que estoy reseñando en este post. Acá comparto apartes de lo que escribí en ese primer encuentro:


Valeria Luiselli


También entrevisté a otra de las escritoras del “Bogotá39”, que esperaba mucho, Valeria Luiselli. Aún no la reconoce mucha gente, ni muchos medios la pidieron tampoco, pero estoy seguro que es una de las escritoras que seguirá dando mucho que hablar, y su obra es bella e impecable. Hablamos sobre cuánto se expone a sí misma en sus relatos, porque para los que no la conocen, Valeria escribe ensayos y novelas, y en sus novelas son muy comunes las referencias personales, un estilo de crónica y casi documental sobre la realidad, y la forma en que la mezcla con mucha destreza con la ficción. Antes de preguntarle algo, le dije: “No sé qué te voy a preguntar porque todo está en tus libros”. Ella sonrió y me dijo: “Que bueno que lo dices, porque muchos periodistas me preguntan cosas muy obvias y que yo misma revelo en mis libros”. Así que como siempre trato de hacer, más que preguntas que han respondido ya muchas veces en otras entrevistas, intento crear una conversación entorno a sus obras, desde mi perspectiva como lector y escritor. Sobre “La historia de mis dientes”, me contó que Gustavo Sánchez Sánchez, alias “Carretera”, su bello personaje y protagonista de su novela, está inspirado en su tío, que era también un vendedor nato, pero sobre todo un contador de historias. Y además tenía una dentadura postiza. 

Sobre sus libros de ensayos, crónica, “Papeles Falsos”, “Los niños perdidos”, dijo que claramente es difícil no estar presente en la historia por la característica y esencia del texto, pero que también siempre hay una distancia en cuanto a la exposición personal dentro de la obra literaria. Le dije que luego de leer su obra la había descrito en unas cuantas palabras (que incluí en mi reseña de “La historia de mis dientes”), que creía que describían su obra y su estilo: “Documental literario. Crónica novelada. Ensayo de lo cotidiano. Perfil de una pequeña gran vida”. A lo que ella contestó: “Completamente. Exactamente es eso”. Y con respecto a “Los niños perdidos” que fue su libro más reciente, me contó una primicia, que posteriormente en un siguiente evento al que fui, “Libros favoritos”, también revelaría Juan Gabriel Vásquez. Y es el proyecto de su próxima novela, que se llamará: “Los archivos de los niños perdidos”, donde construyó una novela a través de los muchísimos casos y entrevistas que hizo como traductora de miles de niños que cruzan la frontera de Estados Unidos, y que trató en su libro, “Los Niños Perdidos”. Al final, fue un placer conocerla y hablar con ella, honestamente era la escritora que más quería conocer, aunque ella no supiera, esperaba verla incluso más que a Coetzee y a Rushide (a los que he leído y admiro mucho también), lo mismo que a la argentina Samanta Schweblin. Valeria me dijo que también conocía a Samanta y eran amigas. Lo que me sigue demostrando lo interesante de esta generación de joven escritoras latinoamericanas, que están llamadas a hacer historia propia. Si no la han leído, ¿qué esperan?


Las siguientes fotos son de este año 2020, cuando Valeria Luiselli volvió al Hay Festival al lanzamiento de "Desierto sonoro":


Valeria Luiselli

Valeria Luiselli




Fragmentos de la novela:

"Supongo que así son todos los niños. Los adultos, en cambio, le profesan al instante documental de una fotografía una reverencia casi religiosa. Adoptan gestos solemnes, sonríen con esmero; miran al horizonte con vanidad patricia, o directo al lente con la intensidad solitaria de una estrella porno. Ni hablar de un adulto en todas sus facultades tomándose una selfie: no hay nada más descorazonador para el futuro de nuestra especie. Los adultos posan para la eternidad; los niños, para el instante".

(Desierto sonoro, de Valeria Luiselli)


"Pero esa noche, de vuelta a la intimidad del departamento nuevo, mientras los niños dormían emitiendo nuevamente esos ruidos hermosos - la verdadera belleza, siempre involuntaria-, pude escucharlos con atención, ya sin el peso del bochorno público. La caja de cartón amplificaba los sonidos intestinales de la niña, que viajaban diáfanos por el espacio casi vacío de la sala. Después de un rato el niño los oyó también - o eso nos pareció - y le respondió desde la profundidad de sus sueños con una serie de gruñidos y murmullos. Mi marido advirtió que estábamos presenciando un idioma más del paisaje sonoro de la ciudad, puesto al servicio del acto siempre circular de la conversación:
Una boca que le responde al culo.
(...)
Respiré profundamente y me limpié una lágrima del cachete. Me di cuenta entonces de que era la primera vez que oíamos la risa del otro. Quiero decir, nuestras risas más profundas: risa desatada, inmoderada, risa plena y ridícula. Quizás nadie nos conoce realmente hasta que no conoce nuestra risa".

(Desierto sonoro, de Valeria Luiselli)


"Lentamente, aunque no tan lentamente, la conversación nos va llevando hacia espacios más oscuros y genuinos. Resulta que su circunstancia es opuesta a la mía. El no está nada enredado, yo soy un nudo. Yo tengo hija, o hijos, y él no tiene responsabilidades. Él plantea tenerlos en algún momento, yo no quiero tener más. Es difícil explicar por qué dos completos desconocidos deciden, de repente, compartir un retrato sin retoques de sus respectivas vidas. Pero, al mismo tiempo, tal vez es fácil de explicar, porque dos personas solas en un bar a las dos de la mañana necesitan, muy probablemente, contarse una versión sincera de sí mismos antes de volver adonde sea que pasarán la noche. Hay una compatibilidad de nuestras soledades, y una absoluta incompatibilidad de nuestras situaciones, y un cigarrillo compartido afuera del bar, y luego la súbita compatibilidad de nuestros labios, y su aliento en mi escote, y la punta de mis dedos tocando su cinturón, entrando apenas en sus pantalones. Mi ritmo cardíaco se acelera de un modo que conozco bien pero que no he sentido en mucho tiempo. Me dejo gobernar por la absoluta carnalidad del deseo. (...)

(Desierto sonoro, de Valeria Luiselli)