Ganadora del Gran Premio en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026, y estuvo hace unas semanas en Colombia en la programación de BIFF 2026 (Bogotá International Film Festival). La ópera prima de la cineasta franco-italiana, Marine Atlan, quien es a la vez guionista y directora de fotografía, es una película hermosa, triste, poética y brutalmente honesta. Nos relata el viaje escolar de un grupo de estudiantes franceses de secundaria, quienes viajan a la ciudad de Pompeya para explorar la geografía, la historia y las ruinas del desastre ocurrido por el Vesubio en el año 79 d.c. Al llegar, el espíritu y los fantasmas de la ciudad, empiezan a despertar inquietudes y reflexiones en los estudiantes (y su maestra), quienes se encuentran en una etapa crucial y de transición de sus vidas, hacia la incierta realidad de la adultez.
La película me pareció estupenda, una joya de ópera prima y una de las mejores películas que he visto en este 2026 (quizás la mejor), por muchas razones que espero alcanzar a mencionar a continuación. Atlan se inspira en la novela del mismo nombre, La Gradiva (1902), una fantasía pompeyana del escritor alemán, Wilhelm Jensen, sobre la fascinación de un arqueólogo por la figura de una joven caminando, que había visto en una copia de arcilla en un museo de Nápoles, y que la empieza a imaginar posteriormente caminando en el año 79 d.c., cuando el Vesubio hace erupción. Pero la directora no adapta la novela sino que toma parte de su esencia, especialmente en la del poder, magnetismo e influencia de las obras de arte, de los lugares u objetos sobre el ser humano.
En una escena de la película, la maestra, madame Mercier, lleva a los alumnos a un museo para observar las pinturas y esculturas, y a partir de esa experiencia, plasmar en un escrito lo que sienten o les evoca la obra elegida. En una escena más adelante, vemos la representación teatral de la Gradiva, a cargo de una de las estudiantes. Suzanne es el nombre de la alumna, quien además es uno de los personajes centrales de la película, y descubrimos eventualmente que a la vez es la narradora, pues muchas escenas que vemos pasan por su propia perspectiva. Suzanne es una joven aislada, inteligente y con problemas de autoestima por su sobrepeso y apariencia, lo que le permite muchas veces ser atenta espectadora de todo lo que ocurre alrededor. Y precisamente, dos de los personajes que analiza y observa, son los otros dos protagonistas centrales de la historia: Toni y James. Toni, como la directora, es una persona franco-italiana, con deseos de conocer más de sus orígenes italianos, ya que guarda nostalgia por un aparente pasado próspero de sus abuelos, quienes se enfrentaron a un desastre natural que les obligó a abandonar Italia y emigrar a Francia. Entonces el espíritu de forastero de Toni, es algo que lo acompaña, al sentir que no pertenece a ningún lado, al no conocer su pasado, y además el ser homosexual, algo que es conocido por sus compañeros, y su mejor amigo, James, quien es a la vez su amor no correspondido. Por otra parte, James, es un joven guapo, magnético y carismático, que sabe ejercer muy bien sus encantos sobre las otras personas, en especial sobre Toni, al que sus otros amigos llaman, su perro, porque siempre pasa tras de él. Hasta aquí solo he mencionado a cuatro personajes, pero la directora también le da un espacio a otros personajes, que aunque sean pequeños, quedan tan bien dibujados, que nos dan un fiel y honesto retrato de la juventud actual (con parte de sus pensamientos, inquietudes y preocupaciones), con una forma magistral de hilvanar todos esos sentimientos y emociones tan volubles e intensos que atraviesan a esa edad, mientras las contrasta con el espíritu de la ciudad de Pompeya, y la del Vesubio, que se mantiene en calma pero activo, con los ecos del desastre del pasado, y lo que permanece aún gélido en el tiempo.
Los personajes son preciosos y muy bien interpretados por sus actores, destacando a Colas Quignard, quien hace de Toni, por expresar tanto con su mirada y sus gestos. Y los personajes en general me encantan porque todos tienen una dualidad y contradicciones propias de la edad, ya que apenas están aprendiendo a conocerse, a lidiar con las contradicciones del mismo mundo, y con el desencanto de la realidad, entre muchas otras cosas. La dirección de Atlan es muy sólida, sutil, rica en detalles y símbolos que complementan a la narración, lo que completa con su excelente trabajo en la fotografía, dándole a la película una estética muy italiana e hiperrealista, de ese cine naturalista, paisajista y a la vez etnográfico, que evoca un poco al cine de Alice Rohrwacher, quien es a la vez heredera de la rica tradición italiana, neorrealista, felliniana y que toma elementos biográficos, además de cierta influencia de la poesía y ambientación del cine polaco y ruso. Lo que la hace exquisita en muchos sentidos, y que se sienta muy fresca y original.
Y aunque he contado varios detalles, la película tiene mucho más material de análisis y reflexiones, además de diversas escenas muy buenas y dicientes entre los estudiantes, con conversaciones, debates e interacciones, que nos van dando un paisaje más completo de este complejo fresco humanista que dibuja la directora y guionista. Me mantuvo hipnotizado en todo momento, atento a los detalles que me daban más información de cada personaje, hasta llegar a ese tramo final, en donde algunas cosas se aclaran, y hace a la vez catarsis, pues el corazón de cada joven es un volcán a punto de hacer erupción, y vuelvo a mencionar que es fascinante cómo la directora traza esta relación entre las personas y el espíritu de la ciudad. Y al final deja una dedicatoria, que a la vez tiene varias interpretaciones, además del epílogo en voz de Suzanne. En fin, una de las películas importantes del 2026 para tener en cuenta, imperdible, y no dejen de verla apenas tengan oportunidad. Ya sea en plataformas o llegue eventualmente a cines comerciales por la atención que pueda recibir en la temporada de premios.





