Hace unas semanas llegó a carteleras limitadas del país el estreno de esta película, dirigida por el joven cineasta mexicano, David Pablos, quien dirigió en el 2020 otra película queer, “El baile de los 41” de Netflix. En “On the road”, Pablos nos cuenta la historia de un joven desamparado, llamado Veneno, quien suele, como otros jóvenes de su edad, acostarse con camioneros o mafiosos para poder sobrevivir en las dificultades de su entorno, con paisajes desérticos y abandonados del norte de México. Un día Veneno se mete en un problema y huye hasta encontrarse con un camionero, al que llaman Muñeco, quien lo acoge y deja que lo acompañe por un tiempo.
La película cuenta una historia que ya se ha contado varias veces dentro del mismo género LGBTQ o Queer, del hombre mayor que acoge a un joven homosexual desamparado, pero es interesante cómo Pablos intenta narrar la historia con algunos aspectos distintivos, como adentrarnos al mismo mundo de los camioneros, como hizo recientemente la película “Pillion” con los moteros, y retratar ese interesante universo, de los hombres que viven en la carretera, la hiper masculinidad que manejan, y a la vez, el homoerotismo que rodea al mismo gremio, entre otros detalles muy interesantes, que reflejan una vida itinerante y solitaria.
Pero aparte del mundo de los camioneros, me gustó el cuidado en el aspecto visual que maneja el director, pues pude sentir influencias o me hizo recordar estéticamente al cine del director brasileño, Gabriel Mascaro, quien en varias de sus obras mezcla de forma excelente y efectiva el realismo con elementos oníricos y un simbolismo visual que sirve de elemento narrativo para completar o ayudar a entender mejor a los personajes, y lo que callan (en el caso de la masculinidad, como en su película “Boi Neon”). Creo que Pablos lo hace muy bien, y esos momentos oníricos funcionan muy bien, así como los mismos flashbacks que van desvelando el misterio del pasado de Veneno.
Creo que es una película muy bien estructurada, que dentro de las cosas terrible que muestra, retrata y denuncia, también permite que crezca un bello romance, en donde ambos deben superar sus miedos y sus fantasmas, las ideas de masculinidad y el abuso, para dar paso al descubrimiento de la sensibilidad, la intimidad y sus propios deseos ocultos o reprimidos. Me gusta que no se regodea en la violencia y la tragedia, como suele ocurrir, sino que se permite el espacio para mostrar los aspectos más vulnerables, sin temor a explorar el deseo y con algo de esperanza en su definición.
En síntesis, es una película muy interesante, que mezcla el drama romántico queer con el thriller, la road movie o el género de viaje en carretera, mientras explora el universo de los camioneros en el norte de México, en donde conviven la violencia y presencia del tráfico de drogas, con la prostitución masculina y el abandono en un entorno machista e hipócrita. Mientras los personajes al conocerse entran en conflicto con ese estilo de vida, y juntos van encontrando un espacio de paz, calidez y seguridad que nunca habían conocido, lo que les hace replantearse todo hasta ese momento y tomar nuevos caminos en la búsqueda de sus respectivas identidades. Muy bien el trabajo de los protagonistas, el joven Veneno (Victor Prieto) y Muñeco (Osvaldo Sanchez), que logran una buena química en conjunto. La película ganó el premio a Mejor película en la sección Orizzonti del Festival de Venecia 2025, en donde también ganó el Queer Lion Award.
Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)






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