sábado, 4 de enero de 2025
Rafael Dussan y El Canto del Mar: Inicio del Cartagena Festival de Música 2024
sábado, 18 de noviembre de 2023
Especial (Crónica): Visita a la Exposición “Silencios” de Marcela Sánchez González en el CFCE
Márcela Sánchez es una excelente fotógrafa, pintora, artista visual y una gran amiga, por eso me emociona particularmente escribir en esta ocasión sobre su próxima exposición, titulada “Silencios”, que tendrá su inauguración el próximo Martes 21 de Noviembre en el Centro de Formación de la Cooperación Española (CFCE) en Cartagena de Indias. En esta exposición Marcela hace un recorrido a través de su propia psiquis, desde sus propias preocupaciones internas, pasando por su trabajo como fotógrafa etnográfica/paisajística, hasta las distintas experiencias de vidas que ha nutrido y recolectado a través de su vida. Logrando con ello extrapolar todos esos temas en estas obras pictóricas unidas por la forma, el color, la luz y el silencio, a través de una técnica mixta que recuerda por momentos a la obra del pintor inglés, John Everett Millais (especialmente con su obra “Ofelia”), quien también experimentó y jugó en sus obras con distintas técnicas, con la teoría del color, las texturas, la naturaleza y el dibujo. Y no puedo dejar de mencionar la evocación que me genera a la obra de Marc Chagall, especialmente en sus retratos que juegan con la forma, el color, orientándose muchas veces al surrealismo.
La exposición contó con la curaduría de Patricia Giraldo Berrocal, quien pienso hizo un trabajo muy acertado en la selección y posición de las obras, pues además de la evidente separación por colores, observo una división por épocas (edades) de las mujeres, que se encuentran implícitas en la obra de la artista. Así que pueden realizar su recorrido, ya sea por el inicio o el final, por la juventud o la vejez. Pero sin dudas el primer espacio para ver debería ser la primera pared en donde se encuentra una obra acompañada de un texto de la misma artista, y la que ella menciona fue la obra que inició todo este proceso. Es un autorretrato donde Marcela se imagina como una anciana. Observamos la mirada perdida de esa mujer, quien parece que mirase al vacío o a un costado, pero en realidad se encuentra mirando hacia su interior, escarbando entre sus pensamientos y recordando. La mujer se encuentra envuelta en una bruma de color azul, que para muchos representa el color de la tristeza, la nostalgia o la depresión; y me parece que en esa primera obra Marcela hizo una especie de marco general para todas las posteriores creaciones.
Yo inicié mi recorrido por el lado de la vejez, en donde podemos encontrar sombras y colores oscuros cubriendo a las figuras femeninas con algunos reducidos espacios de luz (representados en el color blanco), y que todo en conjunto representan para mí a un temor incipiente hacia una pérdida de la vitalidad y de los sentidos, que se manifiesta a la vez en una leve transformación o trasmutación de la materia del cuerpo físico a la degradación o su misma extinción. Entre los detalles que llaman la atención y ayudan a armar ese mapa mental y psicológico podemos ver la misma manifestación de la mutilación en algunas escenas o la ausencia de un miembro vital.
Sigo mi recorrido hacia el que me parece es el espacio de la madurez, en donde vemos retratos de mujeres cubiertas aún de sombras, pero con una mayor presencia del color. Labios y trajes coloridos, pero la parte de la cabeza/cabello sigue siendo una bruma. Esa bruma en esta etapa me trasmite vitalidad, pero también conflictos, nostalgias y añoranzas; mientras navega a través del rostro o lo atraviesa de forma brusca, afectando a algún órgano vital que representa algún sentido, como la vista, el olfato o el habla (la mutilación simbólica que mencioné antes). Dentro de este mismo espacio me llama la atención uno de los retratos en donde una de las mujeres mantiene la vista oculta con la bruma, y a la vez, ella misma se lleva un dedo a la boca en señal de silencio. Un sello. Una resignación. Y esto nos lleva a pensar en los casos de tantas mujeres que han vivido algún tipo de represión de su ser o de algún tipo de violencia. También me lleva a ahondar en un detalle que mencioné al inicio, y es el que la artista se mira a sí misma y explora su psiquis, pero a la vez eso la lleva a agudizar su mirada del mundo y sobre otras mujeres, que seguramente representarán conocidas o simplemente historias de mujeres que salieron en alguna noticia y lograron conmoverla, ampliando su percepción sobre la condición de la mujer, sobre lo que callan y su particular enigma. Y en esta parte no puedo dejar de recordar la obra fotográfica de Marcela y sus retratos a mujeres en distintos oficios y entornos, como campesinas o indígenas, porque incluso en esas fotografías se evidencia el dolor en el semblante y muchas cosas más. A propósito de esto, me parece muy curioso que la exposición se vaya a inaugurar a pocos días del Día Internacional de la Eliminación contra el Maltrato de la Mujer, que se celebra el 25 de Noviembre. Así que la obra se me hace importante y pertinente para tener ese tipo de reflexiones y discusiones alrededor.
Pero continuando mi recorrido por la exposición, llego a un espacio intermedio en la sala, en donde podemos encontrar mujeres evidentemente más jóvenes que las anteriores y con nuevos detalles: la bruma sobre sus cabezas es más leve y sutil, pero a la vez son mujeres duales, que se dividen, que se duplican y viven en dos universos, alternando en ocasiones también en el mismo género, masculino y femenino. En alguna de esas obras los dos seres conviven en un mismo espacio, y en otra, una mira de reojo a la otra con aparente incomodidad, representando un conflicto, una complicidad o un secreto. Dentro de este grupo también resalto una de las obras que me gustó mucho, y es de las dos mujeres que se encuentran de espalda, y una es más joven que la otra. Esa imagen me hace pensar en un encuentro, en un sueño, en un recuerdo o una proyección.
Sigo avanzando en la sala, ya girando hacia la otra pared y noto que la bruma en las cabezas sigue reduciéndose, mientras la luz (el blanco) ocupa un mayor espacio. Al mismo tiempo, el semblante de las mujeres, que siguen siendo más jóvenes que las primeras, reflejan una paz y una palpable tranquilidad. Mientras camino recuerdo una historia que Marcela me contó sobre uno de los cuadros que acabo de pasar hace unos instantes, y es el de la mujer que sale con una mariposa en la mejilla entre una bruma verde, que fue inspirada en la historia de una mujer líder social que fue asesinada, y esa foto con una mariposa en la mejilla recorrió distintos medios. Y reafirmo ese espíritu empático dentro de esta exposición, que se atreve a mirar sin censura a sí misma y a sus pares, pero también con afecto, consideración y hermandad.
Y finalmente, ya llegando al último grupo, que para otros será el inicio, encontré un grupo de mujeres más jóvenes envueltas con una luz dorada, en donde se evidencia la plenitud, la auto satisfacción, la seguridad y la consciencia de la belleza. Y así se cierra un bello recorrido vital por la vida de una mujer, que creo es quizás lo que Marcela hizo y concibió en estas obras. Y llego nuevamente al cuadro inicial que inició todo, el autorretrato donde la artista se imagina anciana, y leo lo que ella misma describe, sobre esa mirada interior permanente que se agudizó durante el tiempo en pandemia, y por un momento intento ponerme en el lugar de la artista creadora en tiempos de confinamiento, donde la vida de todos se volvió por momentos más frágil, y reconozco las entrañas y la humanidad expuestas y plasmadas en cada cuadro, en cada trazo dibujado sobre el lienzo. Las correcciones, las distintas versiones, los errores y los aciertos que iluminan y consuelan el alma de los artistas.
Solo me queda invitarlos a la inauguración de la exposición, el próximo Martes 21 de Noviembre 6:30 P.M., en donde iré a ver la obra nuevamente. Y espero que hayan disfrutado este recorrido o crónica que intenté hacer sobre esa visita, o que lo disfruten más después de verla. La artista aunque es una buena amiga no ha leído este texto con mis percepciones, así que se enterará junto con ustedes, y puede que quizás acierte en algunos elementos de su creación, y en otros muy seguramente no, pero lo importante es lo que cada uno sienta o le lleve a reflexionar al ver la exposición completa, porque afortunadamente eso es lo que permite el arte.
Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B.)
martes, 19 de abril de 2022
Reseña de la documental: Botero. Una mirada íntima a la vida y obra del maestro (Don Millar) – 2018
Aprovechando los homenajes que empezaron este año por el 90 aniversario de nacimiento del artista colombiano más famoso del mundo, Fernando Botero. Aprovecho para publicar esta mini reseña que había hecho sobre el documental que le hicieron al artista, estrenado en el 2018 en el FICCI, dentro de una serie de documentales dedicados a los grandes pintores de la historia del arte universal.
"Botero. Una mirada íntima a la vida y obra del maestro" de Don Millar, que se estrenó posteriormente en abril de ese mismo año en salas de cine dentro del programa de Cineco Alternativo. Me pareció un documento muy emocionante, porque después de ver tantos documentales de arte de pintores clásicos y sus movimientos artísticos, finalmente se le dedique uno a un artista latino, y mejor aún colombiano, Fernando Botero.
Es un interesante acercamiento a la figura del famoso artista colombiano, del que en realidad sabemos muy poco, y yo personalmente también desconocía muchos detalles. Repasamos su obra, su vida, su familia, su inspiración, sus inicios, su obsesión con el volumen, los inicios en la pintura y el exitoso paso a la escultura, en donde hoy en día 20 de las más grandes ciudades del mundo tienen alguna de sus esculturas. También la época en que adaptó grandes obras del arte a su personal formato, su juego con el volumen y el humor; así como los retratos sobre el tema de la violencia del país.
Además del episodio de la “paloma escultura” (abajo) que fue explotada por una bomba en la ciudad de Medellín, la cual se dejó de esa misma forma como recuerdo, junto con una nueva que regaló a la ciudad, además de todas las que ha donado a distintas ciudades del país, en especial a Medellín, y que son hoy en día puntos de referencia turísticos. Sin olvidar el episodio donde habla de su familia y la inspiración en algunas de sus obras más famosas, surgidas por la muerte de uno de sus hijos, y que donó a un museo en Medellín. (La obra es “Pedrito Botero” (abajo), que Botero dedicó a su hijo de cuatro años, quien murió en un lamentable accidente de tráfico)
Y finalmente, también hay un espacio donde se aborda el tema de sus críticas en el mundo del arte, donde varios críticos han desdeñado su trabajo desde hace muchos años, en contraste con el enorme éxito con el público. Un documental imperdible, por el que seguramente como menciona el documental es el artista vivo más reconocido del mundo. No es un documental notable, pero me parece importante para empezar a conocer detalles generales de su vida y obra. Y seguramente este año seguiremos conociendo más detalles.
domingo, 30 de junio de 2019
La muerte del comendador. Libro 1 (Haruki Murakami)
El año pasado (2018) se publicó en español el más reciente trabajo del escritor japonés Haruki Murakami, “La muerte del comendador”. Me vi atraído por su sinopsis, y porque he leído casi todos los libros de Murakami (al final encontrarán enlaces de los libros reseñados en el blog), así que vi que en esta novela se atisbaban las ambiciones que mostró en uno de sus mejores libros “1Q84”.
“La muerte del comendador” es un libro 100% Murakami. Encontramos todas sus obsesiones, su universo y sus personajes. El protagonista principal es un hombre, un artista, específicamente un retratista, entre los 30 y 40 años, que luego de una crisis matrimonial y existencial, decide abandonar su hogar y deambular por distintos parajes, hasta asentarse en la casa deshabitada del padre de un amigo, un famoso pintor. En la casa, pronto descubrirá un misterioso cuadro y un curioso vecino, quienes serán los detontantes para entrar en una serie de eventos extraños, fantasiosos y oscuros. Todo esto, de la mano del arte de la pintura, del retrato, de la música clásica, la ópera, Don Giovanni, y de la simple pero profunda búsqueda del conocimiento y de la inspiración.
La novela inicia con capítulos un poco pesados, donde el retratista contrariado y triste deambula y se cuestiona sobre las razones que pudieron generar el fin de su matrimonio. Es el típico personaje de Mirakami, con algunas variantes, pero siempre presente el drama, la crisis de pareja, y el drama emocional-existencial como génesis de una transición a un universo más complejo, enigmático y surrealista.
Posteriormente, la relación del retratista con su vecino, con la casa del pintor, y el descubrimiento de un cuadro que trastorna su mundo, entre otros, van agilizando la lectura y sumergiendo al lector en esa atmosfera gris e inquietante, en la que el escritor nipón de mueve con destreza.
Mientras leía el libro, me enteré de que era solamente el Libro 1. Y que había una continuación, un Libro 2, así como había hecho en 1Q84. Inmediatamente me asusté, porque aunque 1Q84 me gustó mucho, el Libro 1 y 2, el Libro 3 no me gustó mucho. Pero me mantuve embelesado en la prosa y la historia cada vez más inquietante del escritor.
El libro me gustó, creo que se explaya en lo que mejor sabe hacer, y con distintos elementos y su reconocible estilo, logra construir otra historia hipnótica y atrapante. Pero llegando al final del libro, me di cuenta que la historia iba a tomar un giro interesante, y la novela de repente es interrumpida de forma abrupta, para dar paso al segundo libro. No me gustó mucho eso, porque al menos en 1Q84, el libro muy bien se podía quedar con el Libro 1 y 2 (que es el mismo libro) y quedar bien, sin necesidad del 3, pero acá el corte fue muy abrupto, y pone muy en evidencia la estrategia comercial. Lo que inmediatamente me lleva a percatarme, que quizás el escritor da muchas vueltas en otros temas y giros para alargar la novela.
Obviamente quedé con ganas de leer el segundo libro, porque dejan muchos temas en el aire, e interrumpen una escena, con la que precisamente inicia el Libro 2, que ya empecé. Apesar de todo, me gustó el Libro 1. No creo que sea de lo mejor del escritor, y le podemos encontrar diversos puntos negros, pero es una historia que atrapa, entretiene y tiene los elementos del escritor. Aunque no perdono mucho ese corte descarado, especialmente cuando se hace en un corte de escena.
Para los seguidores de Murakami, vale la pena leerlo. Ya les contaré sobre el Libro 2.
6/10
Fragmento del libro:
- Me acuerdo de que estaba muy rica, pero no del sabor en concreto. Además, no encuentro las palabras para describirlo.
- ¿A pesar de que te acuerdas con tanto detalle de su aspecto?
- Eso es. Como soy pintor, las formas no me plantean ninguna dificultad. Es mi trabajo después de todo. El contenido sí se me puede escapar. Si fuera escritor, sucedería justo lo contrario.
(La muerte del comendador, de Haruki Murakami)
1Q84 Libro 1 y 2
1Q84 Libro 3
De qué hablo cuando hablo de correr
Después del terremoto
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Kafka en la Orilla
Los años de peregrinación del chico sin color
Hombres sin mujeres
jueves, 14 de junio de 2018
Afterimage (Powidoki): Los últimos años del artista (Andrzej Wajda)
Desde hace días está en carteleras de cine de Colombia esta durísima pero excelente película del maestro polaco, Andrzej Wajda, uno de los grandes cineastas europeos, ganador de la Palma de Oro en Cannes hasta el Óscar Honorífico por su carrera... y quien falleció en el año 2016 a los 90 años, mismo año en que se estrenó esta película, su testamento cinematográfico... pero parece que así como la película pasa sin pena ni gloria por salas de cine, y como en cierta forma pasó la muerte de Wajda... así fue la vida del personaje de su película: Wladyslaw Strzeminski.
Strzeminski, uno de los artistas vanguardistas polacos más importantes... teórico de arte, creador de la teoría del unismo y autor del libro La Teoría de la Visión. Precisamente "Afterimage" hace alusión a las imágenes remanentes, a las ilusiones ópticas que continúan apareciendo bajo los párpados tras haber tenido contacto directo con la luz.
La película trata precisamente sus últimos años, donde pasó de ser un artista y teórico respetado, famoso, con prestigio, profesor de Universidad y con conferencias que atraían mucho público... a ser un perseguido político, al no someterse al régimen del estanilismo en Polonia a finales de los 40. Pierde todo... y casi pierde hasta su lugar en la historia. Muestran como el régimen destruye parte de su obra, no renueva su credencial como artista, lo que le impide trabajar, comprar material para pintar, comer...
Gracias a la ayuda de sus fieles alumnos logra terminar su libro, y encontrar trabajos ajenos a sus virtudes. Es muy dura, pero muy bien realizada. Uno de los primeros planos muestra al maestro pintando en su apartamento, y de repente el ambiente se tiñe de rojo... por la ventana de su edificio expanden por fuera un enorme cartel rojo con la cara de Stalin. Un inicio que presagia el resto de la triste y dura historia.
Su pequeña hija, Nika Strzeminska sobrevivió sin su padre en la casa de chicas y se convirtió en escritora, donde publicó varios libros sobre su padre y su madre, también artista. Murió en el 2001. Y Wajda, coherente con su cine, cierra su testamento con una crítica a la opresión y al estanilismo... su padre fue asesinado por Stalin en la matanza de "Katyn", así como se llama una de sus películas más conocidas.
Trailer de Afterimage
martes, 11 de abril de 2017
Crítica del libro: El Jilguero (Donna Tartt)
Hablar de El Jilguero… me resulta abrumador, porque hay tantas cosas que me gustaría decir, porque sé que no podré decir todo, y porque hasta hace poco lo he terminado finalmente. Justo lo he terminado el 10 de Abril, una fecha que también es clave en el libro y en su historia. Porque el 10 de Abril, en la ciudad de Nueva York, Theo Decker, el personaje principal y protagonista del libro sufre uno de los momentos más trascendentales y dramáticos de su vida, y que marca todo el desarrollo de la historia. Cuando estaba terminando las últimas páginas, con mucho dolor, debo confesar, y con una visceral angustia, me devolví al inicio, y ahí para mi sorpresa me di cuenta de que la fecha en que iba a terminar el libro coincidía con el momento que marcaría la vida de Theo: Un atentado en el Metropolitan Museum de Nueva York, mientras él y su madre se encontraban observando la colección de artistas holandeses, especialmente la obra “El Jilguero” de Carel Fabritius. Luego, todo se desvanecía, todo era caos, Theo, un chico de solo 13 años en ese momento, no podía entender lo que pasaba. Sólo un anciano, que había observado con anterioridad en las salas junto con una bella niña, y que agonizaba en el piso junto a él, le dirigió sus últimas palabras, ofreciéndole un anillo y sugiriéndole que se llevara una obra de arte: El Jilguero. Y a partir de ese momento, se desenvuelve una fascinante historia, que debo confesar como pocas he leído en los últimos años.
Donna Tartt, escritora de origen sureño, y gran heredera de los grandes escritores del sur de Estados Unidos, y como ella misma lo confiesa, heredera de los clásicos de la literatura universal. Tartt junto con Jonathan Franzen han sido acusados, con reconocibles méritos, de haber escrito las primeras grandes novelas u obras maestras del Siglo XXI, o la Grandes Novelas Americanas de principio de siglo. Y no me atrevería a contradecir de primera mano tales afirmaciones. Sobre Franzen ya he escrito, pero descubrir a Tartt ha sido realmente fascinante.
“El Jilguero” ganó el prestigioso Premio Pulitzer a la mejor obra de ficción en el 2014. Y debo confesar, que si hay unos premios de los que me fio y casi nunca me han decepcionado con posteriores lecturas, son los Pulitzer. Y con los que he descubierto varias de mis novelas y autores favoritos. Es solamente el tercer libro de Tartt, quien sorprendió con sus primeras dos novelas, y con la curiosidad de que se toma su tiempo en escribir, ya que los tres libros han sido publicados en un lapso de casi 30 años, tomándose aproximadamente 10 años en concebir cada libro. Por lo que siempre son extensos. Pero le hablaré de El Jilguero, del que ya he desvelado anteriormente parte de su inicio, y del momento del que se desprende la acción en la obra.
“El Jilguero” es una gran novela en toda la extensión del adjetivo y la palabra, por su longitud y su calidad. Es una obra de largo aliento y de varios rings o asaltos. Son 1.143 páginas, divididas en cinco partes. Con una narración en primera persona desde el inicio, con la voz del propio Theo Decker, que también se encuentra escribiendo esta historia. Por lo que nos introduce en una especie de metanovela o metaficción, donde está en pleno de control de la historia, pero aún así introduce momentos confusos, que ponen a dudar de su carácter de narrador omnipresente, para posicionarse desde una perspectiva del lector, es un autodescubrimiento personal e íntimo dentro del transcurso de la narración. Es un elemento ya utilizado, pero pocas veces se usa con tanta sutileza y detalles, y con un involucramiento tan alto en la psique del lector.
La historia abre el telón con un flashforward o prolepsis, una escena del futuro en la historia cronológica del libro, pero que es a la vez un una analepsis o flashback en lo que representa toda la historia de Theo en general. Theo se encuentra en un hotel en Ámsterdam, desesperado, y empieza a recordar a su madre. Desde donde empieza a contar la historia desde el inicio, teniendo como preludio ese dramático evento en el museo. Qué él mismo describe como el momento en que todo se empezó a perder. Y desde ahí sigue la historia un curso cronológico hasta llegar a ese momento del inicio y continuar con la historia.
El libro está ambientado claramente en el Siglo XXI, sobre el 2010 en adelante. Entra dentro ese tipo de literatura post 11 de septiembre, al tratar se forma sutil el tema del terrorismo, además de otra mención más sutil sobre la crisis económica en la bolsa, etc. Pero son solo referencias válidas, porque la verdadera historia de fondo es mucho más humana, y mucho más grande. Es notable la referencia y la inspiración de clásicos, por lo que sin dudas es un libro de estilo clásico contemporáneo. Tiene la ambición, el cuidado y la calidad. Desde claras referencias de Dostoievski hasta, Melville y Dickens.
Pero las grandes virtudes de esta novela son: la narración, de la que ya he mencionado detalles, es una narración muy hábil, ingeniosa, cuidada y limpia. Como gran bandera de los clásicos, es bastante descriptiva, tanto en detalles físicos, como ambientales y humanos. Y por supuesto, su más grande virtud, y fue una de las razones que sustentaron cuando le dieron el Pulitzer:
“La madurez de una novela maravillosamente escrita, con unos personajes exquisitamente perfilados que narra la dolorosa implicación de un chico con un famoso cuadro que se ha librado de la destrucción”.
Y de hecho, su más grande virtud para mí son sus personajes. Se toma su respectivo tiempo en retratarlos, en irlos cultivando. El personaje central y más trabajado es Theo, y por su misma posición de narrador omnipresente, logra una gran conexión con el lector. De verdad, en momentos me sentí en su mente y en su piel. Y lo que es más sorprendente, es que hay un momento en que él mismo da un giro a la trama, y logra transmitir su sorpresa al lector, logra transmitir sus sentimientos más profundos, aquello que no dice, ni escribe, ni menciones, pero que deja en el aire por algún gesto o pensamiento descrito. La palabra es delatora y Theo al parecer lo sabe, y deja su alma en este escrito. Esa habilidad combinada con la agilidad en la narración, logra momentos realmente mágicos, poderosos, inolvidables y majestuosos, que sin dudas me hicieron pensar que estaba leyendo una obra maestra. Es una sensación indescriptible, que sólo lo sabes y lo sientes, luego de haber leído tanto, pero son sólo pocos libros los que logran estas sensaciones. Además de Theo, hay otros personajes fascinante, y aunque no tienen todo el tratamiento y el espacio de Theo para desarrollar, tienen buenos momentos y la autora logra que también nos quedemos con ellos, o que ellos se queden con nosotros. Pero sobre todos esos personajes, debo destacar a Boris. Incluso eclipsando a Theo por momentos. Boris es un joven ruso, que conoce a Theo en Las Vegas, cuando el padre de Theo se lo lleva a vivir con él y su novia. No voy a adelantar detalles de nada, pero Boris me parece uno de los personajes más bellos que he leído en la literatura reciente, y su relación íntima de amistad, drama, camaradería y amor con Theo, es de lo más bello que tiene este libro. Son escenas que elevan la narración, que te arrugan el corazón y simplemente personajes inolvidables, que creo que demore en olvidar.
Confieso que el libro me interesó mucho desde el inicio, y lo fui leyendo de forma pausada, pero hubo un momento en las primeras partes, antes de la página 300, donde sentí que todo pasaba muy lento, por lo que suspendí el libro por un tiempo. Creo que hubo partes cuando Theo vive con la familia Barbour, o en el inicio de Las Vegas, que se pudieron suprimir, y aunque al final sirven de mucho para esa larga relación y desentrañamiento del personaje, creo que hubo partes que pudieron ser más breves. Lo bueno, fue que cuando retomé el libro, luego de la página 300 hacia la 400, no pude soltarlo hasta la el final. Y aunque tengo algunas reservas sobre el tramo final, giros nuevos que no me esperaba, y una resolución que huye de convencionalidades, haciendo recaer el peso de la narración en el mismo personaje, pero en su posición de narrador y escritor de esta historia, y su papel reflexivo ante la obra. Debo confesar que me puso muy triste no saber más a profundidad sobre ciertos personajes y ver con más claridad el rumbo que tomó su historia, y la del mismo Theo, pero ese es otro elemento que me parece ingenioso, y al fin y al cabo, una ventana abierta al lector, a su imaginación ya seguir e imaginar las historias nosotros. Puede parecer insatisfactorio, pero en realidad es muy bello y mágico. Pero si debo elegir una parte que me gustó especialmente, fue Las Vegas, y poco después cuando se revelan ciertos acontecimientos que el lector nunca se entera que pasaron en realidad, porque la narración en Las Vegas está totalmente monopolizada por el estado emocional de Theo en esos momentos, su largo duelo, su sentimiento miserable, su odio por su padre, el efecto de las drogas (de hecho hay momentos de la narración que son alucinantes, lo que muestra el estado de compenetración que alcanzamos a tener con Theo), en fin toda la narración queda obnubilada por su estado emocional, y luego gracias a la perspectiva de Boris, narrada por el mismo Theo, es que nos enteramos de muchas cosas más, que pasaron y no fuimos conscientes. Esa sensación de descubrimiento, y a la vez de engaño, que sentí cuando se develan cosas que pasaron y no fuimos conscientes, pero pareció genial, porque narrativamente es manejado con tanta destreza, que sorprende.
Y otro elemento de la narración, que también es uno de los hilos conductora de toda la trama en general, la figura del cuadro El Jilguero de Fabritius, que es un elemento siempre presente, y que sirve para hilvanar todas las historias al final. En un momento de la narración deja de ser importante, pero luego reclama con autoridad su importancia en el libro hasta el final. La forma de mezclar la obra de arte, y el arte en general, con el mundo de los anticuarios, de los vendedores de arte y antigüedades, y con las historias que conducen la narración, me pareció magistral.
Al final, con todos estos elementos, me pareció que “El Jilguero” es muchas cosas, es un canto de amor sobre el arte, su importancia en nuestra vida y su poder sanador ante los sufrimientos humanos; sobre los objetos, su alma y su capacidad de trascender a varias personas; sobre la memoria y la nostalgia, sobre la vida, la amistad, el amor, la madurez, el duelo, la tristeza, la belleza, la decepción, el bien y el mal. Toda una cantidad de elementos y emociones magistralmente hilados. Es muy bella, es dura y altamente conmovedora. Me encantó que evita el cliché, no sólo en situaciones sino en la caracterización y personalidad de sus personajes; que sugiere cosas y no dice todo, y que Tartt decide sabiamente en que aspectos ahondar, en cuales no, y cuales dejar simplemente develados en una pequeña parte. Otro de los bellos personajes del libro, Hobie, el restaurador de antigüedades que acoge a Theo, dice:
¿Quién sabe si los jugadores no son los que mejor lo entienden? ¿No merece todo una apuesta? ¿No sale a veces el bien de alguna extraña puerta trasera?
Acá nuevamente haciendo referencia a uno de los autores más mencionados dentro de la historia, al gran Dosteoyevski, sus obras “El Idiota” (que Boris en un momento lo lee en ruso, mientras Theo escucha y no entiende nada, pero que años después intentará aprender ruso para leerlo y entenderlo… o cuando Boris le explica porque le gustó y le marcó tanto ese libro), “El Jugador”, entre otras referencias a clásicos que también sugiere, pero que adapta, se apropia y adopta con maestría.
En fin, es un libro fascinante y majestuoso, narrado con maestría en muchos momentos, con habilidad en la prosa, en la narración, en la capacidad de asociación entre tantos elementos, y la descripción y concepción de sus personajes. A pesar de los elementos, como de recortar algunas páginas, detalles en el final y la resolución, que creo hubiesen elevado su impacto al nivel de obra maestra indiscutible de la literatura contemporánea, creo que sigue siendo una gran obra, con toda la riqueza de los clásicos, porque incluso varios clásicos tienen páginas de más, jejeje. De verdad. Así que creo que estamos ante una de las obras destinadas a convertirse en clásicos, y una de las grandes novelas del siglo que corre. Porque lo contemporáneo, no siempre tiene que ser destrucción del pasado, sino saber utilizar con destreza, gracia y maestría los elementos de los clásicos y del pasado, adaptarlos a nuestros tiempos, y en ese terrenos atrevernos a desentrañar el espíritu de nuestro tiempo, porque no muchas veces importa la forma sino lo que se consigue y a lo que se llega con el fondo. Y ese es en cierta forma, uno de los mensajes de la novela, que queda sustentado en su final, no perder el espíritu del pasado, saber renovarlo, traerlo al presente y seguir haciendo que nuevas y más nuevas generaciones los descubran… porque las grandes obras siempre se leer a partir de nuestro interior, de nuestro reflejo como seres humanos y como sociedad, y que son las que al fin y al cabo tiene mayor impacto.
Y creo que no tengo que decir, MUY RECOMENDADA. Pero si recomiendo paciencia, y leer con moderación, para disfrutarla en toda su extensión. Y gracias a Donna Tartt por esta excelente obra de arte. No olvidaré esta historia por mucho tiempo.
9/10
Fragmento de El Jilguero:
"8 R, dos llaves y un candado con una combinación, 7522, los cuatro últimos dígitos del teléfono de Boris en Las Vegas. El cubículo se abrió con un ruido metálico. Allí estaba la bolsa de Paragon Sporting Goods, con la etiqueta de la tienda de campaña colgando, King Kanopy, $43,99, tan flamante y almidonada como el día que la había comprado siete años atrás. Y aunque la tela de la funda de almohada que asomaba por la bolsa me provocó un desagradable cortocircuito, como un estallido eléctrico en la sien, lo que más me impresionó fue el olor; porque el olor del revestimiento de plástico de la cinta adhesiva protectora se había vuelto abrumador al estar tanto tiempo encerrado en un espacio tan reducido, un olor emocionalmente evocador en el que no había pensado durante años, un claro tufo a polivinilo que me llevó con brusquedad de regreso a mi niñez y a mi dormitorio de Las Vegas; sustancias químicas y moqueta nueva, durmiéndome y despertándome todas las mañanas con el cuadro pegado detrás de la cabecera de la cama y el mismo olor adherido a las fosas nasales... (...)"
(El Jilguero, de Donna Tartt. Premio Pulitzer 2014)
Donna Tartt
El Jilguero, de C. Fabritius
martes, 26 de julio de 2016
"Perspectivas I" by A.S.B (Cortometraje Experimental)
Del lat. tardío perspectīvus, y este der. del lat. perspicĕre 'mirar a través de', 'observar atentamente'; la forma f., del lat. mediev. perspectiva 'óptica'.
viernes, 9 de octubre de 2015
Sólo una luz de agua (Pablo Montoya)
Luego de leer “Tríptico de la Infamia” de Pablo Montoya, y escucharlo en diversos foros, vídeos y discursos, quedé fascinado con su narrativa y todo su proceso creador. Un día me encontré con un libro muy pequeño, de una bella edición de Tragaluz Editores, con ilustraciones muy bellas extraídas de la obra de Giotto di Bondone, uno de los protagonistas de la obra. El pequeño libro tenía por título, “Sólo una luz de agua”. Luego de leer la contraportada quedé intrigado y decidí comprarlo:
“A finales del siglo XIII, Giotto, artista precursor del Renacimiento italiano, pintó veintiocho frescos inspirado en la vida de san Francisco de Asís. En este libro, Pablo Montoya contempla la mudez de esas imágenes y la recrea en palabras. Una prosa breve y poética, acompañada con un detalle de cada pintura, cuenta la historia de Francisco, un hombre que encontró la divinidad cruzándose con el dolor, la miseria, el sufrimiento, el gozo y la belleza”.
Francisco de Asís, el hombre, es el personaje central de este texto; Giotto y sus 28 pinturas del santo, la inspiración; y la Edad Media, su atmósfera.
“Pero si no es Dios el que nos habla en Giotto, ¿quién es entonces? Es, creo, el impulso donde las manos, las del pintor y las del poeta, definen el fundamento del hombre. Y lo fundamental del hombre no corresponde a Dios. Corresponde especialmente a lo humano. Y, sobre todo, al diálogo que ambos establecen” (Pablo Montoya)
En efecto, y enfatizando en la atracción del autor por la historia, la pintura, el arte, y la búsqueda de la belleza en general, este pequeño libro es una curiosa joya. Montoya como se describe anteriormente dota de palabras y poesía a las pinturas de Giotto, y al tiempo a la misma vida de Francisco de Asís, que de forma fragmentada y simbólica se va tejiendo y tomando forma en la misma imaginación de los lectores, que armarán su propia interpretación de cada cuadro, que va acompañado inicialmente con la descripción de Montoya, y al final con el nombre original del cuadro.
Me pareció un ejercicio interesante y muy valioso, porque aunque Montoya se haya encargado de describir los trazos, colores y formas de 28 pinturas, dentro de sus breves textos sobresale su particular lucidez, su talento literario, su alma de poeta y su rigurosidad de investigador y amante de la historia.
Reseña de Tríptico de la Infamia































