viernes, 13 de abril de 2012

Especial: Teorema (Pier Paolo Pasolini)


La palabra “teorema” proviene del latín “Theorema”, que a la vez deriva del griego theorein, que involucra el significado de palabras como: contemplar, examinar y estudiar. En la definición aceptada por la Real Academia Española, sobresalen dos palabras claves en el presente especial: Verdad y Reglas.

Teorema, es un filme del año 1968, escrito y dirigido por el gran director italiano Pier Paolo Pasolini. De Pasolini, sólo había visto dos filmes: Las mil y una noches y Los cuentos de Canterbury, pertenecientes a su trilogía de la vida, de la cual sólo me falta por ver El Decamerón. “Teorema” la había dejado pasar, hasta que hace poco José Barriga (otro amante del cine) me incentivó a verla. Y como le he confesado una vez he terminado de verla, he visto una de las mejores películas que he visionado.

En Teorema, Pasolini cuenta la historia de una familia de clase alta de Milán, pertenecientes a la alta burguesía italiana, conformada por: Paolo (padre), un hombre dueño de una fábrica, la cual heredó de su padre. Lucia (madre), su hermosa esposa que se encarga de su lujosa mansión. Pietro o Pedro (hijo), un joven burgués que parece seguir el camino de su padre, dedicado a los estudios y se entretiene como todos los jóvenes de su clase, practicando deporte y hablando de arte y literatura. Finalmente Odetta (hija), una joven, que al igual que su hermano parece seguir el curso de las normas, según lo que se espera de cada uno de ellos, al estar muy pendiente de su casa y la atención de su padre. A esta tradicional familia llega un visitante (sin nombre), lo conoceremos simplemente como “el huésped”, que llegará para alterar el comportamiento de toda la familia y develar los vacíos de cada uno de ellos.

En esta obra, como ya se puede prever con el argumento anterior, Pasolini crítica a la sociedad burguesa en forma general y profunda, valiéndose como herramienta o instrumento revelador a la misma divinidad. Personalmente he visto varias películas y referentes literarios sobre el tema de crítica a la burguesía, pero nunca lo había visto de la forma tan particular y genial como lo hace Pasolini.

Antes de continuar con detalles del filme, es importante ubicarnos en el contexto. La burguesía, una clase social que nació en el mismo seno de la Edad Media para designar a los comerciantes y artesanos, alejados del sistema de la monarquía y la iglesia dominante en la época. Esta misma sociedad cultivó sus propias bases, para en pleno siglo XIX, convertirse en la nueva clase social dominante, gracias a la nueva industrialización, que le otorgó un gran poder político, económico y social. Al mismo tiempo, esta nueva sociedad emergente que animó mucho a la población en general y a los revolucionarios de la época, tomó principios, valores y tradiciones de la religión de la Edad Media, entre otras, que ayudaron a consolidar un nuevo sistema, como las palabras claves mencionadas al inicio nuevas reglas, nuevas verdades… Actualmente el término de “burgueses” es aplicado a aquellas personas o familias que gozan de un nivel económico muy alto. Ya que como sabemos, desde el nacimiento de la burguesía hasta nuestros días, se han establecido grandes grupos económicos que actualmente monopolizan la actividad económica mundial. La palabra “Capitalismo”, está muy asociada al término actualmente.

Quería resaltar esta última parte, porque desde allí podremos ver que lo que nos mostraba Pasolini no corresponde a décadas anteriores, al contrario ha “evolucionado” y se ha mantenido.

Así como Pasolini, muchos de los grandes artistas, tanto de la literatura como el cine, se encargaron de hacer su crítica a la burguesía, desde sus inicios, hasta su desarrollo, e incluso actualmente. Uno de los grandes cineastas que se encargó de hacerlo fue Luis Buñuel, desde su gran película “El Ángel Exterminador” (1962) hasta su comedia “El discreto encanto de la burguesía” (1972) o “El Fantasma de la Libertad” (1974). Otro de ellos fue Claude Chabrol, en películas como “La Ceremonia” con Isabelle Huppert. El italiano Mario Monicelli con su filme “Un burgués pequeño, muy pequeño” (1974). Incluso otros grandes como Chaplin, Wilder, Bergman, y más recientemente Michael Haneke (en su estilo particular) o Roman Polanski, precisamente con su última sátira “Carnage”. Y seguro se me escapan otros ahora.

Teorema, con un ritmo pausado, que permite al espectador apreciar y detectar los distintos símbolos que el director utiliza y pone en evidencia en cada fotograma, se divide en dos partes. En la primera, observamos un retrato de la familia burguesa. Luego la aparición del “huésped” divino que se involucra con cada uno de los miembros de la familia. Les da su amor, corresponde a sus deseos más oscuros y profundos, logrando que todos lo amen y se aferren a él. Desde el padre y su hijo, hasta la esposa y su hija, todos mantienen intimidad con el misterioso huésped. Todos son felices, hasta Emilia, la criada, quien es la primera en intimar con el huésped.

La segunda parte, inicia precisamente cuando el misterioso huésped avisa a la familia que tiene que partir. A partir de allí, cada uno de ellos se despide del joven con un monólogo, en el cual cada uno de ellos, de forma individual, dan a conocer el vacío existencial que tenían antes de que él llegara, se pone al descubierto la hipocresía de la sociedad burguesa, el mundo de mentiras, engaños e imaginario en el que viven, donde ya toda “espiritualidad” o sentido de lo sagrado desaparece, para dar cabida al único dios que tiene importancia en el sistema burgués y en el capitalismo: el dinero y el poder. Cuando el huésped se va, la conversación de cada uno de ellos revelándole su pesar por la partida y sus propios vacíos, es simplemente genial. Uno de los más conmovedores es el de la esposa, quien con una fabulosa interpretación de Silvana Mangano, logra trasmitir absolutamente todo su dolor y tristeza, con sus gestos y sus miradas. Así mismo, el padre, interpretado por Massimo Girotti, el hijo por Andrés José Cruz Soublette, la hija por Anne Wiazemsky, la criada por Laura Betti, y el huésped divino por Terence Stamp. Todos están geniales y convincentes en sus papeles, le dan gran fuerza al filme, a sus personajes y al guión de Pasolini que está plagado de descripciones, que de gran forma los actores son capaces de llevar junto a la mano maestra del director italiano.

Luego que se va definitivamente, cada uno empieza a experimentar cambios drásticos, el trabajo divino está hecho, les ha traído cambio y una oportunidad de comunicarse con su propia esencia, lejos de los paradigmas y convenciones impuestas por la sociedad. Pero cuando en el mínimo lapso de tiempo son abandonados, luego de tal revelación, su mundo envés de transformarse en pro de su propia esencia, al contrario explota y entra en crisis y se encarga de que cada uno colapse. El cambio para ellos fue muy brusco y no pudieron controlarlo, de vivir en la gran mentira y falsedad, al entrar en contacto con sus más oscuras, luminosas y profundas emociones. Vieron al huésped como un objeto, como la gran fuente de su cambio, y les fue muy difícil mirarse a ellos mismos; ya que tan envueltos en la mentira, pierden la confianza incluso en ellos, y al contrario sienten desconfianza a ese “otro yo” como menciona Pietro en su monólogo. Pero lo importante, es que después de un cambio tan brusco, al menos hay un reconocimiento, y entonces: Odetta (la hija), cae enferma y paralizada. Pietro (el hijo), encuentra una forma de liberación y expresión, en otro monólogo excelente, donde incluso hay algunas pequeñas críticas al arte contemporáneo, o al menos eso creo. Lucia (la esposa), se deja llevar por sus instintos y busca un reemplazo del huésped en la calle, con varios intentos. Pero al parecer, nadie puede llenar su vacío. Paolo (el esposo), regala su fábrica a sus obreros, tras meditarlo, y transita normalmente, hasta que ve un joven atractivo que le llama la atención, pero que no es capaz de seguirlo en la multitud, no es capaz de abandonar sus ideales burgueses engañosos, por lo que cae hecho pedazos, se desnuda frente a toda la multitud y lanza un grito de desesperación en medio del desierto. Ese desierto que parece representar su interior.

Esa es la suerte de la familia, pero Emilia (la criada), representante del pueblo, del proletariado, o como sea, es la única que tras la partida del huésped, se va inmediatamente de la casa. En donde al parecer inmediatamente es sustituida por otra con el mismo nombre. Aquí tal vez se puede ver una idea de la importancia que tiene el proletariado para ellos, es casi que una pieza fácilmente reemplazable. Siguiendo con Emilia, parece haberse iluminado después de la revelación divina. Al parecer no fue contagiada por el espíritu burgués, lo que le permite trascender. Tal vez parezca un poco sesgada la intención de Pasolini, pero era su intención hacer una representación de la sociedad burguesa, su hipocresía con los mismos valores y creencias que pregonan, contrastándolo con la “inocencia” del proletariado que mueren muchas veces en su fe. A partir de aquí y en el desarrollo del filme nacen muchas interpretaciones, que cada espectador será capaz de develar según su propio criterio.

Para finalizar, es importante resaltar también que Pasolini escribió un libro al mismo tiempo que desarrollaba la película, con el mismo nombre “Teorema”. Y realmente el mismo contenido. Cuando me enteré que existía el libro, lo busqué y lo leí. En realidad no hay nada revelador, sólo que hay algunas descripciones especificas interesante y pocos detallitos que no son plasmados, pero que la película soberbiamente sabe llevar. Sin embargo, fue interesante leer el libro luego de ver la película. Es una experiencia que ya he practicado antes con otras excelentes adaptaciones como: El Extranjero, de Luchino Visconti (basada en el libro de Albert Camus), Muerte en Venecia, de Luchino Visconti (basada en el libro de Thoman Mann), Lolita, de Stanley Kubrick (basado en el libro de Vladimir Nabokov), Blow-Up, de Michelangelo Antonioni (basado en la obra de Julio Cortázar), y de las tantas adaptaciones de Madame Bovary, me quedo con la de Claude Chabrol (basado en el libro de Gustave Flaubert) y protagonizada por Isabelle Huppert. Todas estas adaptaciones tienen el común de haber sido adaptada de un libro de un excelente escritor, llevada al cine por un excelente director. Esa es la clave de una buena adaptación al cine, sé que se me escapan otras por el momento, pero recordé estas. Aunque lo que ocurre con “Teorema” de Pier Paolo Pasolini, es que es un libro y película, ambos creaciones del mismo personaje. Si bien, creo que la película era el resultado final, el libro es un interesante complemento de la película.

En síntesis, un filme muy recomendado para ver este tratamiento particular sobre esta crítica a la burguesía, excelente interpretaciones y una gran experiencia fílmica. A mí me ha encantado, por eso:

10/10


Escena de Teorema

Otro fragmento








La Infancia de Iván (Andrei Tarkovsky): Comentario de Jean-Paul Sartre


He encontrado este documento que me ha parecido muy interesante. Sobre la defensa del gran filósofo Jean-Paul Sartre hacia la película de Tarkovsky, que fue criticada en su momento de estreno en el Festival de Venecia por los medios comunistas italianos.

La película fue empezada por otro director inicialmente, y Tarkovsky retomó el proyecto y terminó el trabajo, rodando así una de sus primeras obras maestras. Estrenada en 1962, a mi me gusta mucho. Me parece un retrato duro y triste (en blanco y negro) sobre la pérdida de la inocencia, esta vez en medio de la guerra. Tarkovsky sorprende con su prodigiosa dirección, con escenas memorables, atención a los detalles naturales, como los arboles y el agua. Y la interpretación del pequeño Iván, es simplemente asombrosa, el niño que se ve obligado a crecer más rápido por su entorno.

Pero bueno, ahora las palabras de Sartre, quién dirigió en forma de carta el siguiente escrito al periódico:



Discusión sobre la crítica acerca de
La infancia de Iván

por Jean-Paul Sartre

El filósofo francés, que al tiempo que La infancia de Iván se estrenaba en Italia, vivía en Roma, envió una carta a la redacción del diario l’Unitá, haciendo un comentario a una crítica aparecido en el diario comunista sobre la película de Tarkovski, porque entendía que los críticos de la izquierda italiana no hacían justicia al, según él, admirable filme de Tarkovski. El director de este diario, Alicata, decidió hacer pública la carta de Sartre, y la publicó en l’Unitá el 9 de octubre de 1963.

Mi querido Alicata:

Le he dicho en varias ocasiones toda la estima que tengo por sus colaboradores que se ocupan de literatura, de artes plásticas o de cine. Encuentro que en ellos coexisten el rigor y la libertad, lo cual hace que puedan, en general, ir al fondo de los problemas y, al mismo tiempo, captar la obra en lo que tiene de singular y de concreto. Puedo hacer los mismos elogios a Il Paese y a Paese Sera: ningún esquematismo de izquierdas, ni nadie que sea esquemático.

Es la razón por la cual querría expresarle una queja. ¿Por qué hacen, por primera vez, que yo sepa, que la acusación de esquematismo pueda ser lanzada contra los artículos queUnitá y los otros periódicos de izquierda han consagrado a La infancia de Iván, una de las películas más bellas que he visto durante el curso de estos últimos años? El jurado del León de Oro le ha atribuido la más alta recompensa; pero esto se convierte en una extraña patente de «occidentalismo» y contribuye a hacer de Tarkovski un pequeño burgués sospechoso si, al mismo tiempo, la izquierda italiana le mira con malos ojos. En verdad, tales juicios desconfiados abandonan, sin justificación real, a nuestras clases medias, una película profundamente rusa y revolucionaria, que expresa de modo típico la sensibilidad de las jóvenes generaciones soviéticas. Por mi parte, la vi en Moscú, en proyección privada, luego en público, en medio de los jóvenes, y he comprendido lo que representaba para aquellos niños de veinte años, herederos de la revolución, que no la ponían en duda un instante, y se proponían orgullosamente el continuarla: en su aprobación, se lo aseguro, no había nada que se pudiera definir como una reacción de «pequeños burgueses». No hay que decir que un crítico es libre de hacer todas las reservas acerca de una obra que debe juzgar. ¿Pero es justo el mostrar tanta desconfianza respecto a una película que ha sido —y es siempre— objeto de apasionadas discusiones en la URSS? ¿Es justo el criticar sin tener en cuenta esas discusiones, ni su profundo significado, como si La infancia de Iván sólo fuera un ejemplo de la producción corriente en la URSS? Le conozco lo suficiente, mi querido Alicata, para saber que usted no comparte la visión simplista de sus críticos. Y como la estima que siento por ellos es realmente sincera, le pido que les haga conocer esta carta que —por lo menos— tendrá quizá la oportunidad de reanudar la discusión antes de que sea demasiado tarde.

Se ha hablado de tradicionalismo y, al mismo tiempo, de que esos criterios formalistas están superados también. Es cierto que en Fellini, en Antonioni, el simbolismo tiende a ocultarse. Pero con el solo resultado de que es todavía más manifiesto. Y el neorrealismo italiano tampoco lo evitaba. Habría que hablar aquí de la función simbólica de cualquier obra, incluso la más realista. No tenemos tiempo de ello. Por otra parte, es más bien la naturaleza de su simbolismo la que se ha querido reprochar a Tarkovski: ¡sus símbolos serían expresionistas o suprarrealistas! Esto es lo que no puedo aceptar. Primero, porque aquí se halla de nuevo la acusación que un cierto académico hace, incluso en la URSS, contra el joven director de escena. Para ciertos críticos de allí, y para los mejores críticos de aquí, parecería que Tarkovski hubiera asimilado apresuradamente los procedimientos superados en Occidente y que los aplica sin discernimiento. Se le reprochan los sueños de Iván: «¡Sueños! En Occidente nosotros hace mucho que hemos dejado de utilizar los sueños. ¡Tarkovski está atrasado!; eso era bueno entre las dos guerras!» He aquí lo que escriben las plumas autorizadas.

Pero Tarkovski tiene veintiocho años (él me lo ha dicho, y no treinta como escriben ciertos periódicos), y hay que estar seguros de ello, conoce muy mal el cine occidental. Su cultura es necesaria y esencialmente soviética. No se gana nada, y se pierde todo, queriendo derivar de los procedimientos burgueses un «tratamiento» que se desprende de la misma película y de la materia tratada. Iván está loco, es un monstruo; es un pequeño héroe; en verdad es la más inocente y conmovedora victima de la guerra: ese muchacho, al que no es posible dejar de amar, ha sido forjado por la violencia, la ha interiorizado. Los nazis lo han matado cuando han matado a su padre y aniquilado a los habitantes de su pueblo. No obstante, vive. Pero, en otro lado, en ese instante irremediable donde ha visto caer a su prójimo. Yo mismo he visto a ciertos jóvenes argelinos alucinados, modelados por las matanzas. Para ellos, no había ninguna diferencia entre la pesadilla de la vigilia y las pesadillas nocturnas. Los habían matado, querían matar y hacerse matar. Su encarnizamiento heroico era, ante todo, odio y fuga ante una angustia insoportable. Si se batían, huían del horror en el combate; si la noche los desarmaba, si volvían, en el suelo, a la ternura de su edad, el horror renacía, revivía el recuerdo que querían olvidar. Así le ocurre a Iván. Y pienso que hay que celebrar a Tarkovski por haber mostrado tan bien cómo, para este niño tendido hacia el suicidio, no hay diferencia entre el día y la noche. En todo caso, no vive con nosotros. Acciones y alucinaciones están en estrecha correspondencia. Véase las relaciones que conserva con los adultos; vive en medio de las tropas: los oficiales —buenas gentes, valientes, pero «normales», que no han sufrido una infancia trágica— le acogen, se ocupan de él, le quieren, quieren a toda costa «normalizarlo», enviarlo a retaguardia, a la escuela. Aparentemente, el niño podría, como en la novela de Shólojov, hallar entre ellos un padre que reemplazase al que ha perdido. Demasiado tarde: ya no necesita padres; más profundo aún que esta privación es el horror indecible de la matanza vista que le reduce a la soledad. Los oficiales terminan por considerar al niño con una mezcla de ternura, de estupor y ven en él ese monstruo perfecto, tan bello y casi odioso, que el enemigo ha radicalizado, que se afirma mediante impulsos asesinos (por ejemplo, el cuchillo), y que no puede cortar los lazos de la guerra y de la muerte; que tiene ahora necesidad de ese universo siniestro para vivir; que se ha liberado del miedo en mitad de la batalla y que, en la retaguardia, será vencido por la angustia. La pequeña víctima sabe lo que necesita: la guerra —que lo ha creado—, la sangre, la venganza. No obstante, los dos oficiales lo aman; en cuanto a él, todo cuanto puede decirse, es que no los odia. El amor es, para él, un camino cerrado para siempre. Sus pesadillas, sus alucinaciones, no son en nada gratuitas. No se trata de trozos de bravura, ni siquiera de sondeos en la «subjetividad» del niño; son perfectamente objetivas, se continúa viendo a Iván desde el exterior, igual que en las escenas «realistas»; la verdad es que para este niño el mundo entero es una alucinación, y que este mismo niño, monstruo y mártir, es, en este universo, una alucinación para los otros.Por esta razón, la primera secuencia nos introduce hábilmente en el mundo verdadero y falso del niño y de la guerra, describiéndonos todo a partir de la carrera real del niño a través de los bosques, hasta la falsa muerte de su madre (ha muerto realmente, pero el acontecimiento —que no conoceremos nunca, porque está enterrado demasiado profundamente— era distinto; no vuelve nunca a la superficie, sino a través de descripciones que le quitan un poco de su horrible desnudez). ¿Locura? ¿Realidad? Lo uno y lo otro: en la guerra, todos los soldados son locos; ese niño monstruo es un testimonio objetivo de su locura, porque es el más loco. No se trata, pues, ni de expresionismo ni de simbolismo, sino de un modo de narrar exigido por el mismo tema, que el joven poeta Vosnessenky llamó «suprarrealismo socialista».

Habría sido necesario penetrar más profundamente en las intenciones del autor para comprender el sentido mismo del tema: la guerra mata, incluso a los que sobreviven. Y en un sentido más profundo aún: la historia, en un solo y único movimiento, reclama sus héroes, los crea y los destruye al hacerlos incapaces de vivir sin sufrir en la sociedad que han contribuido a forjar.

Se ha celebrado el Uomo da bruciare al mismo tiempo que se miraba con desconfianza La infancia de Iván. Se han hecho elogios a los autores de la primera película, por otra parte muy honorable, porque habían introducido de nuevo la complejidad en el héroe positivo. Es verdad: le han dado defectos: por ejemplo, la mitomanía. Han indicado al mismo tiempo la abnegación del personaje a la causa que defiende y su auténtico egocentrismo. Pero, por mi parte, no encuentro en esto nada nuevo. En definitiva, las mejores producciones del realismo socialista han presentado siempre, a pesar de todo, héroes complejos, matizados, han exaltado su mérito, teniendo cuidado de subrayar algunas de sus debilidades. En verdad, el problema no es dosificar los vicios y las virtudes del héroe, sino el discutir el propio heroísmo.

No para rechazarlo, sino para comprenderlo. De ese heroísmo, La infancia de Iván saca a la luz a la vez la necesidad y la ambigüedad. El niño no tiene pequeñas virtudes ni pequeñas debilidades: es radicalmente lo que la historia ha hecho de él. Proyectado a su pesar en la guerra, la guerra no lo ha hecho enteramente. Pero si asusta a los soldados que lo rodean, es porque no podrá vivir nunca en la paz. La violencia que hay en él, nacida de la angustia y del horror, le sostiene, le ayuda a vivir y le impulsa a pedir misiones peligrosas de exploración. Pero ¿qué va a ser de él después de la guerra? Si sobrevive, la lava incandescente que hay en él no se enfriará jamás. ¿No hay aquí, en el sentido más estricto del término, una importante crítica del héroe positivo? Se le muestra como es, doloroso y magnífico, se hace ver las fuentes trágicas o fúnebres de su fuerza, se revela que ese producto de la guerra, perfectamente adaptado a la sociedad guerrera, está por eso mismo condenado a convertirse en asocial en el universo de la paz. Así, la historia hace a los hombres: los elige, los cabalga y los hace morir bajo ella. En medio de los hombres de la paz, que aceptan morir por la paz y hacen la guerra por la paz, ese niño marcial y loco hace la guerra por la guerra. Precisamente por eso, vive, en medio de los soldados que lo aman, en una soledad insoportable.

De todos modos, es un niño. Esta alma desolada conserva la ternura de la infancia, pero no puede experimentarla y, menos aún, expresarla. O bien, si se abandona a ella en sus sueños, si se pone a soñar en la dulce distracción de los trabajos cotidianos, se puede estar seguro de que esos sueños se metamorfosean inevitablemente en pesadillas. Las imágenes de la dicha más elemental acaban por asustarnos: conocemos el fin. Y, sin embargo, esta ternura reprimida, rota, vive en cada instante; Tarkovski se ha cuidado de rodear de ella a Iván: es el mundo, el mundo a pesar de la guerra e incluso, a veces, a causa de la guerra (pienso en esos cielos admirables atravesados por bolas de fuego). En realidad, el lirismo de la película, su cielo surcado, sus aguas tranquilas, sus bosques innumerables, son la vida misma de Iván, el amor y las raíces que se le han negado, lo que él era, lo que es aún, sin poder jamás acordarse de ello, lo que los otros ven en él, en torno de él, lo que él no puede ver. No conozco nada tan conmovedor como esta larga secuencia: la travesía del río, larga, lenta, desgarradora; a pesar de su angustia y de su incertidumbre (¿era justo hacer correr todos estos riesgos a un niño?), los oficiales que lo acompañan están penetrados de esta dulzura desolada, terrible. Pero el niño, obseso por la muerte, no advierte nada, salta a tierra, desaparece; va hacia el enemigo. La barca vuelve hacia la otra orilla; el silencio reina en medio del río; el cañón se calla. Uno de los militares dice al otro: «Ese silencio, es la guerra...»

En aquel mismo instante el silencio estalla: gritos, aullidos, es la paz. Locos de alegría, los soldados soviéticos han invadido la cancillería de Berlín, suben corriendo las escaleras. Uno de los oficiales —¿el otro está muerto?— ha hallado en un cuartucho varios libritos: el Tercer Reich era burocrático; por cada ahorcado una foto, un nombre en una lista. El joven oficial ve en uno de ellos la foto de Iván. Ahorcado a los doce años. En medio de la alegría de una nación, que ha pagado duramente el derecho de proseguir la construcción del socialismo, hay —entre otros tantos— ese agujero negro, un pinchazo irremediable: la muerte de un niño en medio del odio y de la desesperación. Nada, ni siquiera el comunismo futuro, redimirá eso. Nada: aquí se nos muestra, sin intermediarios, la alegría colectiva y ese modesto desastre personal. No hay siquiera una madre para confundir en sí misma dolor y orgullo: una pérdida árida. La sociedad de los hombres progresa hacia sus fines, los vivos realizarán sus metas con sus propias fuerzas, y no obstante, ese pequeño muerto, minúscula brizna de paja barrida por la historia, queda como una pregunta sin respuesta, que no compromete nada, pero que hace ver todo a una luz nueva: la historia es trágica. Hegel lo dijo. Y Marx también, añadiendo que progresaba siempre por sus lados peores. Pero nosotros no lo decimos casi nunca, en estos últimos tiempos, insistimos sobre el progreso, olvidando las pérdidas que nada puede compensar. La infancia de Iván nos recuerda todo eso del modo más insinuante, más dulce, más explosivo. Un niño muere. Y es casi un happy end, desde el momento en que no podía sobrevivir. En un cierto sentido, pienso que el autor, ese joven, ha querido hablar de él y de su generación. No es que estén muertos, todo lo contrario, esos jóvenes pioneros orgullosos y duros, pero su infancia ha sido rota por la guerra y sus consecuencias. Casi querría decir: he aquí Los cuatrocientos golpes soviéticos, pero para destacar mejor las diferencias. Un niño destrozado por sus padres; he aquí la tragicomedia burguesa. Millares de niños destrozados, vivos, por la guerra, he ahí una de las tragedias soviéticas.

En ese sentido, la película nos parece específicamente rusa. La técnica es ciertamente rusa, aun siendo en sí original. Nosotros, en Occidente, sabemos apreciar el ritmo rápido y elíptico de Godard, la lentitud protoplásmica de Antonioni. Pero la novedad es ver estas velocidades en un director de escena que no se inspira en ninguno de esos dos autores, pero que ha querido vivir el tiempo de la guerra en su insoportable lentitud y, en la misma película, saltar de una época a la otra con la rapidez elíptica de la historia (pienso en particular en el admirable contraste entre esas dos secuencias: el río, el Reichtag), sin desarrollar la intriga, abandonando los personajes en un cierto momento de su vida, para hallarlos de nuevo en otro, o en el de su muerte. Pero no es la oposición de los ritmos la que da a la película su carácter específico desde el punto de vista social. Esos momentos de desesperación que destruyen una persona, los hemos conocido —menos numerosos— en la misma época. (Recuerdo a un niño judío de la edad de Iván que, al saber en 1945 la muerte de su padre y de su madre en la cámara de gas y su incineración, roció de gasolina su colchón, se acostó sobre él, le pegó fuego y se dejó quemar vivo.) Pero nosotros, nosotros no hemos tenido ni el mérito ni la oportunidad de poder lanzarnos a una construcción grandiosa. Con frecuencia, hemos conocido el mal. Pero nunca el mal radical en el seno del bien, en el momento en que entra en lucha con el propio bien. Eso es lo que nos sorprende aquí: naturalmente, ningún soviético puede decirse responsable de la muerte de Iván; los únicos culpables son los nazis. Pero el problema no está ahí: venga de donde venga, el mal, cuando atraviesa el bien con sus innumerables alfilerazos, revela la trágica verdad del hombre y del progreso histórico. ¿Y dónde podría decirse eso mejor que en la URSS, el único gran país donde la palabra progreso tiene un sentido? Y naturalmente no hay lugar para sacar de ello no sé qué pesimismo. Igual que un optimismo fácil. Sino sólo la voluntad de combatir sin perder jamás de vista el precio que hay que pagar. Sé que conoce mejor que yo, mi querido Alicata, el dolor, el sudor y con frecuencia la sangre que cuesta el menor cambio que quiere introducirse en la sociedad; estoy seguro de que apreciará igual que yo esa película acerca de las pérdidas áridas de la historia. Y la estima que siento por los críticos de Unitá me persuade para que le pida que les muestre esta carta. Me sentiría dichoso si estas pocas observaciones pudieran darles la ocasión de responderme y de abrir de nuevo la discusión acerca de Iván. No es el León de Oro lo que debería ser la verdadera recompensa de Tarkovski, sino el interés, aunque fuese polémico, suscitado por su película entre los que luchan juntos por la liberación del hombre y contra la guerra.

Con toda mi amistad.

J.-P. S.


Vídeo de La Infancia de Iván






Titanic (James Cameron)

Ya que estamos en las vísperas del reestreno de “Titanic”, esta vez en 3D, quería compartir mi comentario sobre la película. La película la vi hace años, y creo que es una de las películas que más he visto. Algo curioso, es que la mayoría de las veces que la he visto, no es por voluntad propia, sino porque la están pasando en algún canal y me quedo viendo algún fragmento o casi toda la película.

Tratando de recordar la primera vez que vi la película, fallé en el intento. No logré acordarme. Sólo sé que la he visto un montón de veces. A causa de la reiteración que seguramente hemos tenido con este filme, muchas veces nos hemos cansado de verla, algunos hasta han llegado a odiarla, jeje… Comprensible.

Hace como dos o tres años, que vi que la pasaban por el televisor nuevamente, ya no la he vuelto a ver, y ni pienso asistir a verla en 3D. Pero dejando atrás el cansancio por el número de visionados, no hay que negar algo. Y es que Titanic es una muy buena película. Es un drama romántico, una tragedia muy bien llevada y realizada por James Cameron, que ha llegado a convertirse en uno de los clásicos modernos.

James Cameron es un director, amante de la ciencia ficción, investigador y curioso, la mayoría de sus filmes son de ciencia ficción, y presta siempre mucha atención a los efectos especiales y visuales. A veces se involucra tanto en la parte técnica de sus filmes, que muchas veces descuida el guión, que casi siempre es escrito por él mismo en sus películas. Con Titanic, también Cameron se encargó de todo. Después de su dedicación a los innovadores (para su época) efectos utilizados en la película, escribió un guión sobre este acontecimiento que tanto le llamó la atención. El resultado no fue perfecto, pero sí que fue eficaz. Añadiéndole mejoras a los otros aspectos técnicos, la música de Celine Dion y escogiendo a un excelente reparto. Ya Cameron tenía un gran producto en el bolsillo, en el que él mismo confió hasta el final.

El resultado, es el que conocemos. Titanic, estremeció las taquillas de todo el mundo. Todas las personas la veían una y otra vez, y salían llorando. Cameron había creado una película y un producto, no del todo perfecto, pero muy eficaz. Logró conectar con las emociones de casi todo el mundo, vendiendo un producto de calidad. A pesar de todas las veces que la he visto, puedo decir que es una película muy buena, a mí me gustó mucho. Y merece estar en nuestro estante de clásicos del cine.

En los Premios Oscar de 1998, Titanic fue la gran triunfadora. Y en realidad muchos de los premios fueron muy merecidos, pero no hay que olvidar que ese año estuvo plagado de excelente filmes, entre ellas destacando a “L.A Confidential”, una película que me gustó mucho, y es mucho mejor que “Titanic”, pero lamentablemente estaba la cinta de Cameron en competencia. Y como olvidar la delirante comedia de James L. Brooks, “Mejor… imposible”, con Jack Nicholson y Helen Hunt. Y aunque no estaba nominada a Mejor Filme “Boogie Nights”, entre otras.

En fin, posiblemente no la vuelva a ver en un buen tiempo. Pero siempre la recordare.

8/10

 

Este post fue del 2012, y hace poco (2023) he hecho uno nuevo con una breve reseña y más frases y diálogos en celebración de su 25 aniversario. Acá dejo el link:
 

 

 

 

Trailer de Titanic

Los Colores de la Montaña (Carlos César Arbeláez)


“Los Colores de la Montaña” es una película colombiana, en coproducción con Panamá, del año 2010. Ópera prima de Carlos César Arbeláez, quien dirigió y escribió el guión del filme.

Arbeláez, se traslada a la vereda La Pradera, para contarnos la historia de Manuel, un niño muy perspicaz, amante del futbol, que sueña algún día ser un futbolista profesional. Manuel se invade de alegría cuando su padre le regala un nuevo balón de futbol. Manuel con sus amigos, entre ellos Julián y Poca Luz, van al campo a jugar con su nuevo regalo, hasta que la pelota cae en un campo minado. Luego de este infortunio, Manuel y sus amigos tratan de recuperar la pelota, sin importar los peligros.

La película tiene de telón de fondo muy latente, el conflicto armado colombiano. Para mi es una película muy buena. Me gustó porque después de varias películas fallidas y reiterativas que se encargaban de mostrar la misma imagen del conflicto en Colombia, llega esta película, ambientada en el mismo contexto, pero que el director le da un tratamiento diferente, nuevo, desde el punto de vista de los niños, un punto de vista inocente. Haciéndolo de una forma, además de diferente, muy sutil y poética.

Los niños actores son fantásticos (no profesionales), sobre todo el protagonista Manuel, desde su visión vemos el filme y todos los problemas que transcurren a su alrededor. El trabajo del director es notable también, varias tomas y planos muy bien trabajados. Imágenes muy hermosas.

En síntesis, es una excelente película para disfrutar y observar el conflicto interno colombiano desde otro punto de vista y con otro tratamiento. Vale recalcar que según el mismo director, él empezó a hacer la película como un cortometraje, pero después de ver “A través de los olivos” de Abbas Kiarostami, quedó fascinado y lo inspiro a crear una versión diferente y bonita del conflicto del país.

8/10


Trailer de Los Colores de la Montaña




Medianeras (Gustavo Taretto)


Medianeras, es una película argentina estrenada el año pasado. Inspirada en un cortometraje del mismo director. En ella nos cuenta la historia de Mariana y Martin en la ciudad de Buenos Aires, dos personas que viven en la misma manzana, en distintos edificios, que se encuentra cerca del otro. Cada uno de ellos vive sus vidas, que en ese momento no se encuentran pasando por el mejor momento, al contrario se encuentran un poco frustrados, tristes y vacíos. Ellos se cruzan varias veces, pero por azares del destino, nunca llegan a encontrarse directamente, a pesar de su proximidad. Martin diseña páginas web, por lo que trabaja en su casa y no tiene necesidad de salir al mundo exterior. Y Mariana es arquitecta, pero al no poder trabajar con su profesión, se dedica a decorar vidrieras.

La película inicia de forma muy prometedora, al Taretto hacer una presentación de la ciudad en voz off, mostrando sus contrastes y datos realmente interesantes de la ciudad de Buenos Aires. Un estilo un poco “Woodyalliano”. Luego de forma intercalada presenciamos la cotidianidad de Martin y Mariana, quienes en una recurrente voz en off personalizada, nos introducen en sus vidas y nos trasmiten sus emociones. Una destacable labor de los dos actores, sobre todo el de Mariana (Pilar López de Ayala), con una actuación muy natural.

Taretto nos habla de la incomunicación en la era de las comunicaciones masivas, de lo lejos que nos encontramos el uno del otro, a pesar de las tecnologías de la comunicación, que nos mantienen “conectados” a todo el mundo. Es representativo el juego que Mariana utiliza, ¿Dónde está Wally?, donde hay que encontrar a una persona en una gran multitud. Al igual que este, los otros pequeños símbolos que utiliza de forma sutil el director, son tejidos de forma notable.

En síntesis, es una pequeña joyita del cine argentino, una comedia dramática fresca con encanto. A la que sólo le encontré un pequeño problemilla al final, ya que es un poco forzado y artificioso, lo digo porque con lo mostrado anteriormente en todo el filme, más cerca a la visión real, el final decae mucho. Aunque claramente es una visión positiva, que guarda una pequeña luz de esperanza en el absoluto caos, que muy pocas veces ocurre. Pero es general, es una buena película.

6/10


Trailer de Medianeras



sábado, 7 de abril de 2012

Signatura 400 (Sophie Divry)


Acabo de terminar de leer este libro, que desde que salió el año pasado ansiaba leer. El libro es un poco particular, es corto y la estructura narrativa carece de puntos aparte, al contrario se encuentra escrito todo de seguido, sólo usando comas y puntos seguido. A pesar de este método, un poco arriesgado, la historia te mantiene al hilo y la escritora logra meterte de lleno en la obra y lograr que te identifiques con ella y lo que está contando, ya que inicia y termina hablándole directamente al lector.

La sinopsis dice:

“Ni siquiera tiene nombre. Y es que nadie habla con ella, como no sea para pedir libros en préstamo. Su consuelo: las buenas lecturas (siempre de autores muertos) y estar rodeada de seres incluso más tristes que ella.

Se pasa los días ordenando, clasificando, poniendo signaturas. No pensaba ser bibliotecaria, pero abandonó las oposiciones por un hombre. Ahora el amor le parece una pérdida de tiempo, un trastorno infantil. Claro que el deseo es muy traicionero, y ella guarda unos pendientes en el cajón. Preferiría la sección de historia a la de geografía, allí en el sótano de una biblioteca de provincias, donde lleva la mitad de la vida, donde ya empieza a ser vieja, pero el anonimato al menos le concede pequeñas venganzas. De las que quizás sólo ella se percata. Porque, además, en el orden de la biblioteca se cifran las jerarquías de la vida: la de los ricos y los pobres, los privilegiados y los subalternos, los que tienen un amor y los que no.

Pero cuando no hay nadie, cuando la biblioteca está cerrada, incluso puede – y sabe- darle voz a su neurosis, a sus angustias, al vértigo, al saber libresco. Y entonces descubrimos que los neuróticos pueden ser buenos narradores, cosa no tan evidente. Cosa que tal vez logran, sobre todo, los buenos fingidores, los escritores que dan vida a los buenos personajes.

Sólo le queda, pues, la literatura. Para llevarse, dice ella. Los libros, los buenos libros. Y quizá, también, los buenos lectores, que van a la biblioteca en busca de algo más que calefacción o aire acondicionado, y que dan vida a las grandes historias, como el breve monólogo de esta mujer insignificante, que relata su desencanto con acritud y humor ¿O es un diálogo? ¿O acaso la pregunta tiene sentido?”

Así es, este corto relato es precisamente un monólogo, en el que una bibliotecaria solitaria, lectora y triste cuenta y conversa con el lector sobre su cotidianidad, sus tristezas, deseos, en fin. Es un libro que llegará mucho más a los amantes de la literatura, que seguramente se identificaran con varias de las emociones y sensaciones de la bibliotecaria anónima.

Este tipo de literatura fresca, con filosofía, drama y comedia se ha convertido en un fenómeno interesante en Francia, recordemos a Muriel Barbery con su hermoso libro “La Elegancia del Erizo”. En este libro encontré muchas relaciones, entre ellas el personaje principal, una mujer de mediana edad que se aferra a la literatura y a los libros para sobrellevar su soledad, además del uso de la filosofía y comedia ambientada en una atmósfera muy contemporánea. Así como el de Barbery, este me ha simpatizado mucho y me ha hecho sonreír y obviamente emocionarme con la historia de la bibliotecaria.

También he aprendido algunas cosas interesante que no sabía con respecto a las bibliotecas, entre ellas el mecanismo de “Signaturas” o “Categorías”, que posiblemente si las hayamos visto cuando prestamos libros en bibliotecas, pero no sabemos de dónde viene, quien las inventó y el significado de cada una. Además hay diversas críticas sobre la literatura contemporánea, los miles de libros que cada mes y año salen a la venta, y en su mayoría con productos de consumo desechables. Creo que esta parte queda muy bien explicada en un mensaje final en el libro que dice:

“Este libro se terminó de imprimir justo antes del verano de 2011 en homenaje a su narradora, una bibliotecaria que, con razón, se lamenta por los libros innecesarios, productos de temporada que “se encargan, se escriben, se imprimen, se televisan, se compran, se retiran, se destruyen”, anti-saberes librescos entre los que esta pequeña joya está destinada a pervivir”

En síntesis, es una historia interesante y particular, atrapa al lector, y esto se hace más fácil si el lector es asiduo a la literatura. Además te identificas con el personaje, lo sientes. Solamente hubo una partecita que se me hizo pesada e innecesaria, pero afortunadamente la bibliotecaria se percató a tiempo que ya estaba hablando de más sobre el tema. Pero es un libro encantador, con varias frases interesantes y que termina con preguntas (lo digo tanto en sentido metafórico como literal).

7/10


La Cabaña (W. Paul Young)


Como en gran parte del mundo se celebra la semana santa, estaba buscando algunos libros que he leído con temáticas afines. Los elegidos fueron La Cabaña y El buen Jesús y Cristo el malvado. Ambas totalmente diferentes. La segunda obra ya la comenté en mi Blog, así que sólo dejo el enlace:


El buen Jesús y Cristo el malvado (Philip Pullman)


La Cabaña. Este libro lo leí hace unos años atrás. Al principio estaba muy indeciso en comprarlo, porque se cataloga como un libro religioso, y en otros se cataloga como de superación personal, pero al fin decidí adquirirlo dejando un poco de lado los prejuicios, y debo confesar, que también influyó mucho que me gustó la portada (jeje).

El libo se divide en dos partes, en la primera observamos un thriller muy interesante, que desencadena en una tragedia. En esta parte, muy bien lograda, acompañamos al Mack (el protagonista) en su sufrimiento, sus dudas, sus pensamientos, en fin.

La segunda parte, que es la más polémica, inicia cuando el desdichado Mack recibe una carta del mismísimo Dios, invitándolo a que vuelva a la Cabaña, donde años atrás fue asesinada su pequeña hija. Cuando Mack, después de pensarlo bastante, y pensar incluso que fuese una invitación del asesino de su hija, decide ir a la cabaña, se encuentra con algo inesperado. Se encuentra con tres personas, una mujer gruesa y de raza negra que dice ser Dios, un hombre que dice ser Jesús y una mujer que dice ser el Espíritu Santo.

Al conocer esta descripción, sé que muchos imaginaran el direccionamiento ideológico que tendrá la trama. Y es cierto, en esta parte entonces empezamos a ver como Mack al principio de encuentra escéptico pero luego va entrando en confianza con cada una de las tres personas en la cabaña, y tiene varias conversaciones con cada uno, donde expone su ira y todas sus emociones guardadas.

Es cierto que al tener estos tres personajes, ya sabemos que vamos a tener un sesgo hacía una religión en específica. Y en realidad si existe ese sesgo en unos cuantos detalles, pero algo muy rescatable, es que en general se trata de abordar temas universales, que implica a muchas religiones o distintos movimientos, sin hacer énfasis o sugerencia a algún tipo de solución milagrosa o algo por el estilo. Al contrario, mantiene un margen y espacio para que el lector reflexione junto con Mack, sobre los distintos temas que mantienen en sus conversaciones. Ese detalle, me impresionó un poco, ya que me imaginaba que iba a tener un sermón, pero en realidad no lo encontré. Y se los digo yo, que no pertenezco a ninguna religión (al menos voluntariamente), pero respeto las creencias de cada persona.

En síntesis, no es un libro perfecto, pero tiene algunas cosas muy positivas y muy bien logradas, en cuanto a su argumento y la estructura narrativa. Y muchas veces las editoriales se equivocan en las etiquetas de los géneros de los libros. Como hay también, algunas organizaciones que se han aprovechado de este libro, para promocionar su lectura, para atraer fieles a sus filas. Sobre todo teniendo en cuenta la aparición de los tres personajes que les mencioné anteriormente. Creo que vale la pena leerlo y juzgarlo desde el punto de vista de cada persona.