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lunes, 8 de septiembre de 2025

Reseña del libro: Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Maryse Condé)

Reseña del libro: Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Maryse Condé)



En el Club de Lectura de Ábaco empezamos a leer, en medio de un ciclo dedicado a Escritoras del Caribe, a Maryse Condé, la autora originaria de la isla de Guadalupe. Empezamos leyendo uno de sus libros autobiográficos, “Corazón que ríe, corazón que llora”, en donde explora su vida en Guadalupe, su infancia y primera adolescencia hasta su traslado a Francia en su juventud. Como el libro nos gustó tanto, decidimos leer la continuación de esa autobiografía, titulado: “La vida sin maquillaje”, en donde seguimos su juventud hasta su madurez, que contiene su traslado al continente africano para descubrir su verdadera identidad como mujer negra, después de experimentar en carne propia en Francia los fuertes rezagos del postcolonialismo. Y tras leer estos dos fascinantes libros biográficos, decidimos explorar su narrativa de ficción, con una de sus novelas más conocidas: “Yo, Tituba, la bruja negra de Salem”

Antes de entrar a hablar de “Tituba”, me gustaría comentar brevemente aspectos de la prosa, el estilo y obsesiones de Condé que me fascinaron tanto, y que por supuesto forman parte del universo de sus obras. Narrativamente es muy interesante su predominante voz en primera persona que reflexiona desde la madurez y la distancia sobre su infancia y primera juventud, hablando sin edulcorar y sin juzgar sobre sus propios aciertos, sus traumas, sus malas decisiones y errores que la llevaron a hacer la escritora que llegó a ser. En cuanto a su voz en primera persona (tanto en sus autobiografías como en Tituba), me sorprendió la sencillez y la poesía inherente en su prosa, al describir las situaciones y paisajes más cotidianos con una sensibilidad y detalle que traslada al lector al espectro emocional que ella misma está describiendo. Aquí hay que darle el crédito también a la traductora de su obra al castellano para la editorial Impedimenta, Martha Asunción Alonso, quien logra capturar la esencia, la poesía y musicalidad de la prosa de la escritora. 

Condé es fiel descendiente de una tradición oral con la facilidad de contar y estructurar historias con mucha facilidad y sencillez, mientras que en su recorrido explora (y describe de forma bella) el espacio geográfico, no solamente en referencia al paisaje sino a los más simples detalles, como los animales y seres inertes, hasta llegar a la atmósfera, la cultura y tradiciones, y la psicología de los personajes (y de ella misma como narradora), sin lenguajes técnicos, sino muchas veces con la curiosidad y la sorpresa de experimentar algo por primera vez, que podría describirse como ingenuidad o candidez (especialmente cuando llega a un territorio o cultura desconocida, como en sus autobiografías a África o Francia, y en Tituba a los Estados Unidos). Y hago énfasis en esto porque para muchos escritores no es fácil describir ese estado o reacción emocional con naturalidad. Y en cuanto a la indagación en la psiquis de sus personajes, en sus autobiografías se observa a la distancia y se atreve a recordar y reflexionar sobre su pasado, sin juzgar sus decisiones pero a la vez haciendo una especie de psicoanálisis a su yo del pasado, e intentando descifrar sus motivaciones y búsquedas. Y en medio de esta exploración, en donde Condé nos guía a través de la búsqueda de su identidad, también escarba sobre la relación con sus padres, sobre el postcolonialismo en Francia y en la misma Guadalupe, sobre el amor, la pasión, la maternidad, la cultura y la política, además de describir su propio interés en convertirse en escritora, entre muchos otros temas, como por ejemplo, sus constantes referencias a otras obras y autores de la cultura general, como de la literatura, el cine, la música y el teatro, siempre haciendo paralelismo con su propia obra, o a través de la intertextualidad incluyendo personajes de otras novelas en sus obras de ficción (como Hester Prynne, personaje de “La Letra Escarlata” de Nathaniel Hawthorne en “Tituba”), y muchas referencias también en sus autobiografías, desde los mismos títulos de sus capítulos.




Reseña del libro: Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Maryse Condé)



Luego de leer sus autobiografías, y ver todo lo que tuvo que vivir, y luego contrastar cómo esas vivencias se camuflan en sus obras, pensé que Maryse Condé es de esas escritoras que necesitó vivir mucho para condensar esas experiencias a través de la literatura y descubrirse en el camino, y legar su obra al lector para que éste haga sus propios descubrimientos a través de ella. Y como vemos este constante trasegar entre personajes, vivencias y ficciones, es una constante en toda su obra…

Y es lo que ocurre con “Yo, Tituba, la bruja negra de Salem”

En esta novela, Condé poseída por el espíritu de Tituba, se apropia de su voz narrativa y nos cuenta su historia, que se ambienta en los hechos reales de los juicios de las Brujas de Salem en la colonia de Massachusetts en 1692. En una época muy conservadora se acusaron, juzgaron y ejecutaron a varias personas, la mayoría mujeres, por ejercer la brujería. Pero al final, como también veremos en la novela, resultó siendo una cuestión de diferencias culturales, racismo, fanatismo e histeria colectiva. Esta historia se contó y adaptó muchas veces, siendo muy conocida la obra de teatro de Arthur Miller y las posteriores adaptaciones al cine, pero siempre se contó desde el punto de vista de las acusadas blancas, pero dentro de esas historias siempre se menciona de forma marginal a Tituba, quien cumplió un papel central dentro de todo este conflicto. Maryse Condé lo que hace es rescatar su historia, contar su punto de vista y darle una voz a este personaje proscrito. Tituba era una mujer negra (mestiza) nacida en la isla de Barbuda, como fruto de una violación de un marinero inglés a una joven esclava africana. Tituba es expulsada de la plantación y queda libre por un tiempo, cobijada por una anciana herbolaria, llamada Man Yaya, quien le enseña todo su conocimiento sobre plantas y espíritus, parte de sus propias tradiciones ancestrales, y lo que luego se describe al llegar a los Estados Unidos como brujería. Posteriormente, Tituba se enamora y se va a vivir con su enamorado a otra plantación, donde pertenecer a otra patrona, y desde allí la vida de Tituba empieza a complicarse, siendo vendida a distintos patrones, que la trasladarán de su isla a los Estados Unidos, y eventualmente a Salem. 

Como ocurre en todos los libros de Condé, ya sea autobiografías o novelas de ficción, ésta te atrapa desde sus primeros párrafos. Y aunque mantiene (en comparación con las autobiografías) una narración en primera persona, el formato cambia y es completamente literario, manteniendo la frescura, sencillez, precisión y poesía de su prosa. Pero acá no nos enfrentamos a la divagación de una serie de recuerdos, sino que vemos y sentimos el completo control de una historia y la depuración del lenguaje, que sigue de forma orgánica una macroestructura pero sin perder la esencia de su narrativa y su prosa. Eso no quiere decir que Tituba no tenga recuerdos ni se revivan episodios pasados (o flashbacks), pero sentí que en este formato de novela todo está un poco más controlado, para no perder un centro y un objetivo claro en la narración. Pues el marco en el que se mueve la historia está muy definido. Y no lo menciono como algo malo o bueno, sino como un detalle interesante, en donde a pesar de tener una especie de limitación, Condé sigue fluyendo igual en su esencia, su prosa y su universo. 

Por lo tanto, me encanta que en “Tituba” siga narrando una autobiografía ajena, desde la distancia temporal de una Tituba mayor o un fantasma (porque veremos lo importante que son los seres querido que tras la muerte quedan convertidos en entes espirituales de permanente contacto) que rememora y analiza distintos episodios de su vida, que van desde la esclavitud hasta el choque de culturas entre los rituales ancestrales africanos contra la religión católica y su rigidez, y en medio de todo, el amor, la pasión, la amistad, el duelo, la violencia, el abuso, la ignorancia y la identidad (así como las historias personales y la necesidad de conocer los distintos puntos de vista). Toda la novela es disfrutable, deliciosa y dura de leer por momentos, y me parece increíble la forma en que narra el dolor, porque la novela es puro dolor y entrañas, pero Condé siempre logra encontrar la poesía y el humor, y en esta novela particularmente, la magia, para diluir un poco la intensidad de algunas escenas, o simplemente encontrar los momentos de luz que dan contrapeso a todas esas emociones. Como por ejemplo, cuando Tituba es encarcelada y se encuentra en la celda con Hester, inspirada en la protagonista de “La Letra Escarlata” de Nathaniel Hawthorne, que nos dan unas páginas llenas de bellos y poéticos momentos; así como su posterior relación con el portugués Benjamín, quien la compra, paga su deuda, la ama y eventualmente la libera para que regrese a su tierra natal, Barbuda, donde aún le siguen esperando más aventuras y desventuras. Condé acompaña a Tituba con excelentes personajes secundarios, además de los mencionados, quienes cubren a Tituba de bondad o de terror por partes iguales, y a la vez tienen sus propios dramas y conflictos internos, especialmente las mujeres. Por lo que la novela es una fascinación literaria, que utiliza este hecho histórico y personajes reales para dibujar un universo lleno de desigualdad, resentimiento, odio, oscuridad y pequeñas luces que se abrirían camino o cultivarían algo de esperanza para el futuro.    

Luego de leer sus autobiografías, también es fascinante ver a Maryse Condé reflejada en su construcción literaria de Tituba, con sus errores, pasiones y sus búsquedas personales. Por lo que recomiendo mucho leer esta novela, y si pueden adentrarse en sus textos biográficos para que tengan esa dimensión de la autora y su obra, porque seguramente después querrán seguir descubriendo por autonomía el resto de su trabajo literario. Así me ha pasado. 



A continuación, comparto dos fragmentos (pero tengo muchísimos más resaltados):

1. 

"Empecé a dudar seriamente de la convicción fundamental de Man Yaya según la cual la vida era un don. La vida sólo podría ser un don si cada uno de nosotros pudiera elegir el vientre materno. Por ser engendrado en la carne de una desvalida, de una egoísta, de una zorra que se vengaría en nosotros de los sinsabores de su propia vida, formar parte de la tropa de los explotados, de los humillados, de aquellos a los que se les impone un nombre, una lengua, unas creencias, era un verdadero calvario.

Si algún día he de volver a nacer que sea en el ejército de acero de los conquistadores."

(Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, de Maryse Condé)


2.

"Una mañana, mientras servía al ama Parris un poco de té, que su estómago toleraba mejor que la sémola, me dijo suavemente:
—No cuentes todas estas historias a las niñas. Las hace soñar y los sueños no son buenos.

Me encogí de hombros.

—¿Por qué los sueños no han de ser buenos? ¿No son mejores que la realidad?

No contestó y permaneció largo rato silenciosa. Al cabo continuó:

—Tituba, ¿no crees que ser mujer es una maldición?

Me enfadé:
—Ama Parris, no habla usted más que de maldiciones. ¿Hay algo más hermoso que el cuerpo de una mujer? Sobre todo cuando el deseo de un hombre lo enloquece…

Gritó:
—¡Cállate, cállate!
Fue nuestra única disputa. Y no llegué a comprender la causa."

(Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, de Maryse Condé)

"—¿Una negra que no sabe bailar? ¿Se ha visto alguna vez algo semejante?

Muy pronto se hizo un círculo a nuestro alrededor. Me habían crecido alas en los talones, en los tobillos. Mis caderas y mi cintura eran ágiles. Una serpiente misteriosa había penetrado en mí. ¿Era la serpiente primordial de la que Man Yaya me había hablado tantas veces, figura del dios creador de todas las cosas de la tierra? ¿Era ella la que me hacía vibrar?

De vez en cuando, la chabine alta, vestida de madrás, intentaba interponerse entre John Indien y yo. No le prestábamos atención alguna. En un momento dado cuando John Indien se enjugaba la frente con un amplio pañuelo de tela de Pondichéry, recordé las palabras de Man Yaya: «Un poco de su sangre. Alguna cosa que haya estado en contacto con su cuerpo…».

Tuve un momento de embriaguez. Quizá no fuera necesario pues parecía seducido «naturalmente». Después intuí que lo esencial no era seducir a un hombre si no conservarlo y que John Indien debía de pertenecer a la especie fácilmente seducida que se burla de todo compromiso durable. Obedecí, pues, a Man Yaya.

Hábilmente le arrebaté el pañuelo arañándole el dedo meñique. Tuvo una exclamación de dolor:

—¡Ay! ¿Qué me haces bruja?

Hablaba en broma. Sin embargo me invadió la tristeza."

(Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, de Maryse Condé)





Reseña del libro: Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Maryse Condé)

 Foto: Maryse Condé


“Moi, Tituba, Sorcière…Noire de Salem” fue publicada por primera vez en el año 1986 en francés y fue traducida al castellano por primera vez en el 2022. 

La novela fue ganadora del Gran Premio de Francia de literatura femenina en el año 1986. Y Maryse Condé recibió en el 2018 el Premio Nobel Alternativo de Literatura. (Ese año no se entregó el premio tradicional por un escándalo en la organización). 
En el año 2021 recibió el Prix Mondial Cino del Duca por su labor humanista en la cultura.






martes, 21 de noviembre de 2017

El Reino (Emmanuel Carrère)

Emmanuel Carrere



“El Reino” es uno de los últimos libros del gran escritor francés, y al que personalmente considero el mejor escritor contemporáneo francés, Emmauel Carrère. En este libro, su más reciente, hace un estudio muy juicioso e incisivo sobre las escrituras y las confronta con la evidencia histórica, con la lógica, con su ingenioso y fino humor. Por supuesto, como él siempre lo hace, desde la primera persona, y en esta oportunidad con apartes biográficos, donde explica su proceso y evolución personal con respecto a sus propias creencias

El libro entra dentro de varios géneros, desde la novela histórica, el ensayo y la autobiografía. Con cinco grandes capítulos, que se alternan a la vez con distintas épocas, lugares y personajes. Iniciando con “Una crisis. París. 1990-1993”, donde nos habla Carrère directamente sobre su crisis de fe. Siguiendo, y retrocediendo en el tiempo con “Pablo. Grecia. 50-58”, donde el autor nos lleva a indagar en las figuras de los discípulos, que a la vez fueron los autores de la Biblia. Este capítulo va muy unido con el siguiente, “La investigación. Judea. 58-60”, donde Carrère continúa la indagación y la investigación rigurosa e histórica sobre lo que en realidad ocurrió en esa época, y contrastar el entorno de ese tiempo con lo que los evangelistas escribían. 

En este punto, es importante resaltar que el tema interesó tanto al autor, porque precisamente Emmauel Carrère fue seleccionado para un proyecto de hacer una nueva traducción de la biblia al francés. Debido a esto, tuvo mucha documentación a su mano, él mismo investigó mucho, y este libro es el resultado de sus indagaciones, y de cómo en el proceso lo fue afectando, al encontrarse curiosamente con el mismo proceso de construir ficciones, y de ordenar, completar y adornar, como se hizo en el pasado. El autor menciona en un momento al historiador y filólogo Ernest Renan, quien publicó un libro llamado “La vida de Jesús” en el año de 1863, que generó un gran escándalo. El autor comparte con el lector los descubrimientos de este libro y extrae lo más curioso para su propio análisis. 

Otro de los capítulos tiene por título, “Lucas. Roma. 60-90”, en donde sigue indagando la vida de los evangelistas, y su opinión personal de cada uno, Pedro, Pablo, Lucas… Incluso se llega a comparar la escritura de uno y de otro, y como algunos alteraban las versiones de otro. Cómo cada discípulo daba su toque a cada libro, y Pedro finalmente modificaba todos, lo que no le parecía correcto. En uno de los fragmentos dice: 

“La mayoría de la gente hoy cree que “evangelio” designa un género literario, el relato de la vida de Jesús, y que Marcos, Mateo, Lucas y Juan escribieron los Evangelios como Racine tragedias o Ronsard sonetos”. 

Y también menciona que Marcos escribía de forma más real y cruda, ya que se centraba, analizaba y retrataba con efectividad la forma como hablaba Jesús en realidad, así mismo sus actos, pero que Lucas posteriormente los editaba, porque le parecían muy inapropiados o violentos. En otro de los episodios del libro, recuerdo que el autor menciona y describe un pasaje en donde Jesús hace un ritual donde devuelve la vista a un hombre. Pero el ritual es curioso porque Jesús utiliza hierbas, distintos elementos y su propia saliva, haciéndolo parecer como un mismo chamán, pero posteriormente nos dice que esa versión fue cambiada y editada, dejando por ejemplo, que Jesús devolvió la vista con solamente imponer sus manos sobre los ojos del hombre.    

Con respecto al libro de Ernest Renan, “La Vida de Jesús”, el autor dice:

“Pero La Vida de Jesús es sólo la parte visible del iceberg. Lo más apasionante son los seis volúmenes siguientes de la Historia de los orígenes del cristianismo, donde hace la crónica detallada de una historia mucho menos conocida: el modo en que una pequeña secta judía, fundada por unos pescadores analfabetos, unida por una creencia absurda por la cual  ninguna persona razonable hubiera dado un sestercio, devoró desde el interior, en menos de tres siglos, al imperio romano y, contra toda verosimilitud, perduró hasta nuestros días”.

Pero comentaba en el inicio, además de este estudio riguroso sobre las escrituras, con sus finas anotaciones, Emmauel Carrère nos habla también de su vida, de cosas banales pero que representan pasajes muy divertidos, como por ejemplo, cuando compara la inspiración del cuadro femenino de una deidad con su experiencia personal viendo pornografía. Pero además de su vida, con sus detalles más íntimos, existenciales y banales, también nos habla de su misma obra. De hecho, me gustaron mucho las partes en que se dedica a hablar de varias de sus famosas y estupendas novelas anteriores, “Una novela rusa”, “De vidas ajenas” y “El Adversario”. Sobre esta última menciona en uno de los fragmentos:    

“No tengo derecho a quejarme, nadie me obligó a hacerlo, pero conservo de los años dedicados a escribir El adversario el recuerdo de una larga y lenta pesadilla. Me avergonzaba de que me fascinase esta historia y este criminal monstruoso, Jean-Claude Romand. Con la distancia, tengo la impresión de que lo que tanto me asustaba compartir con él lo comparto, lo compartimos él y yo con la mayoría de la gente, aunque la mayoría de la gente no llega, por suerte, a mentir durante veinte años ni acaba matando a toda su familia. Creo que hasta los más sólidos de nosotros experimentan con angustia el desfase entre la imagen que bien o mal se esfuerzan en proyectar a los demás y la que tienen de sí mismos en el insomnio, la depresión, cuando todo vacila y se agarran la cabeza entre las manos, sentados en la taza del retrete. Hay en el interior de cada uno de nosotros una ventana que da al infierno, hacemos lo que podemos para no acercarnos, y yo, por mi cuenta, he pasado siente años de mi vida estupefacto de esa ventana”.  

Y luego de ese mismo párrafo, cuenta sobre su intercambio de Cartas, así como lo hizo Capote, con Romand en la cárcel, el cual se había convertido al cristianismo. Y en una de las cartas Romand le preguntó a Carrère si era cristiano, y Carrère mintió diciendo que sí. Quizás para acercarse más el favor Romand.

“Entonces lo que yo llamo ser cristiano, lo que me indujo a responder que sí, que yo era cristiano, consiste simplemente en decir, ante la duda abismal de Romand: ¿quién sabe? Consiste, estrictamente, en ser agnóstico. En reconocer que no lo sabes, que no puedes saberlo, porque es indecible, en no descartar totalmente la posibilidad de que Jean-Claude Romand tenga que lidiar en el secreto de su alma con algo distinto al mentiroso que lo habita. Esta posibilidad es lo que llamamos Cristo, y no fue por diplomacia por lo que dije que creía en él, o intentaba creer. Si Cristo es eso, incluso puedo decir que sigo siendo creyente”. 

El último capítulo se titula, “Epílogo. Roma, 90-París, 2014”, en este el autor realiza una síntesis sobre todo lo que ha tratado anteriormente, las escrituras, las ficciones, su obra, su vida, y analiza el significado de “El Reino”. Y comparte con el lector su fascinación e interés con distintas parábolas bíblicas, y sus oscuros significados o evidencias. Específicamente, con la parábola de El hijo pródigo, cuenta cómo siempre le ha impresionado esa historia, y cómo se las contaba a sus amigos para compartir sus opiniones:   

“En los últimos tiempos, cuando se acerca el fin de este libro, cada vez que unos amigos vienen a mi casa les pregunto qué piensan de esta historia.

Se las leo en voz alta y todos se quedan desconcertados. El perdón del padre les conmueve, pero la amargura del hijo mayor les turba. Habían olvidado la parábola. La consideran legítima. Algunos tienen la impresión de que el Evangelio se mofa de ella. A continuación les leo la historia del intendente granuja, después la de los jornaleros de la undécima hora, y tampoco comprenden lo que quieren decir. En una fábula de La Fontaine sí lo comprenderían, sonreirían ante una moraleja amoral y ladina. Pero no es una fábula de La Fontaine, es el Evangelio. Es la palabra última sobre lo que es el Reino: la dimensión de la vida en que trasparece la voluntad de Dios. 

Si se tratase de decir: “La vida en este bajo mundo es así, injusta, cruel, arbitraria, todos lo sabemos, pero el Reino, ya verán, es otra cosa…” Nada de eso. No es en absoluto lo que dice Lucas. Él dice: “Es así, el Reino”. Y, como maestro zen que ha enunciado un koan, te deja que los descifres”. 


En síntesis, es una lectura fascinante que contiene todo lo bueno de este brillante autor. Que no teme a tratar temas, a tocar llagas, a explorar la naturaleza y oscuridad del ser humano, y sobre todo exponerse a sí mismo en su obra para hallar respuestas del exterior, sobre otras personas y sobre sí mismo. Lo recomiendo, porque narra con mucho humor muchos temas, y explora un tema tan delicado como el proceso de desarrollo de las escrituras, con una investigación rigurosa detrás, que le permitió descubrir cómo la ficción siempre ha estado y estará presente en nuestras vidas. Puede que en algunos pasajes de las escrituras, donde ahonda en las figuras y las vidas de los evangelistas se vuelva un poco pesado, pero creo que ese detalle evidencia lo riguroso de la documentación, que expone información importante y real sobre la existencia de esos personajes bíblicos en su paso por la tierra.   


8/10



Comparto otro de los primeros fragmentos de la lectura:


"Lo que los romanos denominaban "religio" tenía poco que ver con lo que nosotros llamamos religión y no entrañaba la profesión de una creencia ni una efusión del alma, sino una actitud de respeto, manifestada mediante ritos, hacia las instituciones urbanas. A la religión tal como nosotros la entendemos, con sus prácticas extrañas y sus fervores inoportunos, la llamaban desdeñosamente "superstitio". Era algo de orientales y de bárbaros, a los que se les permitía que se entregasen a sus ritos siempre y cuando no alterasen el orden público. Ahora bien, a Pablo y a Silas los acusan de alterarlo, y por eso los tolerantes magistrados de Filipos ordenan que se les despoje de la ropa y que los azoten, los muelan a palos y, para acabar, que los encarcelen con cadenas en los pies".

(Fragmento de "El Reino", de Emmauel Carrère)



jueves, 8 de junio de 2017

Diccionario de nombres propios (Amélie Nothomb)

Amélie Nothomb




Curiosa y breve novela con el particular estilo de la escritora belga de origen japonés, Amélie Nothomb. Llena de tragedia, maldad y un pulso constante con la oscuridad y la exploración de los recovecos más siniestros del ser humano. 

En esta historia, implacable, la miseria del espíritu se refleja en el cuerpo, como ya Nothomb ya ha hecho en anteriores obras, mostrando una interesante correlación. Seres lastimados, tristes, abandonados y contrariados que vagan en el mundo. 

En esta ocasión con la historia trágica de una pareja joven, quienes tienen una hija, bajo la engañosa ilusión de la juventud. Al poco tiempo todo se derrumba, y la madre desquiciada mata a su esposo, por razones aparentemente superficiales, y luego de concebir a su hija en prisión, se suicida, dejando a la pequeña huérfana a merced del mundo, y bajo la maldición de su pasado sanguíneo. 

La niña queda al cuidado de su tía, hermana mayor de su madre, que tiene dos hijas, y que la acoge como si fuese tu tercera e hija menor. Pero desde el momento que queda en sus manos, la tía la trata como una princesa, y deposita todas sus esperanzas y sueños fallidos en ella, por su encanto, belleza, y el parecido con su fallecida hermana, a la que también quería mucho a pesar de sus decisiones. 

El proceso de crecimiento de Plectrude, el nombre con el que su desquiciada madre la bautizó en la cárcel, y la marcó de por vida para la desgracia. Está lleno de ostentación y mimos de su tía, que la trata de forma diferente a sus otras dos hijas… aunque no siempre en la presencia de las otras, ni de su esposo. Incluso se niega a enviarla al colegio, y le mete por los ojos el ballet. Aunque luego es obligada a ir a clases para formarse, incluso si quiere ser bailarina, lo que desencadena un gran drama en su vida. 

Es una historia dura, y además se exhiben los efectos del amor maternal enfermizo, y la de la maldición de los padres hacia sus hijos. 

Está narrada con sencillez, pero con una prosa limpia y minimalista, que caracteriza a la escritora, sin muchos artificios, pero con descripciones directas, secas, y un buen manejo del tiempo, del ritmo, de la narración y las ideas que intenta expresar. Los eventos y las escenas pueden quedar eficazmente construidos en un párrafo, en una línea o en pocas palabras.

Sus personajes son muy bien trabajados y descritos, además que gozan de la virtud de la síntesis de la palabra para fluir junto con la narración. Me parece una escritora muy hábil, y con un estilo plenamente identificable, que le rinde mucho. Y no por eso es superficial.  
La novela, es una interesante exploración a la relación madre-hija, a la repetición de los patrones, de los deseos, el desprecio y la negación, y de la inevitable desgracia de un ser humano marcado por su genética. Además de un retrato particular y traumático de la adolescencia femenina. Pero al tiempo, la historia en su tramo final pierde un poco de fuerza, y su discurso queda un poco opacado o refutado por un destello de luz, que quizás es la misma luz y esperanza con que la autora se mira a sí misma, y a sus creaciones. 

Incluso para generar un poco de caos, la misma autora hace presencia al final de la historia, trayendo consigo la catarsis y el inevitable destino. Lo que no sé si me pareció tan bien recuerdo, y le hizo perder un poco de fuerza y contundencia a la historia, teniendo en cuenta todo su planteamiento.    


Fragmento de la novela: 
"El pronóstico no estaba a la altura de lo que ocurrió: dos días más tarde, el cerebro de Plectrude había sacado provecho de las fastidiosas e inútiles letras que creía no haber asimilado en clase y había encontrado la coherencia entre los signos, los sonidos y los sentidos. Dos días más tarde, leía cien veces mejor que los mejores alumnos del curso preparatorio. De lo que se deduce que sólo existe una llave para acceder a la sabiduría, y es el deseo".
(Diccionario de nombres propios, de Amélie Nothomb)
  


6/10



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


lunes, 5 de diciembre de 2016

Oona y Salinger (Frédéric Beigbeder)

Frédéric Beigbeder



Novela más reciente del escritor francés Frédéric Beigbeder, publicada en el 2016. No conocía al autor, llegué al libro gracias a la recomendación de una querida amiga alemana, quien no dudo en recomendármelo por mi afición a J.D. Salinger, a Chaplin, y a todos los grandes artistas que salen retratados en esta novela. 

La novela, que me pareció muy original, ya que mezcla de forma magistral la historia con la ficción, e incluso tiene cabida la interpretación histórica y la autobiografía por parte del mismo autor, es llevada y estructurada con mucha agudeza, humor y profundidad reflexiva. La he disfrutado mucho, y he podido entender perfectamente al autor, quien también visiblemente mantiene un gran aprecio por sus personajes protagonistas.  

Dividida en 12 capítulos, más una introducción y un epílogo, tiene dos pequeños capítulos introductorios, uno de ellos, donde el autor explica por qué esta novela no es una ficción. En su mayor parte, es ambientada en la época de los años 40, con un marcado personaje principal, el escritor J.D. Salinger, quien en esa época era apenas un joven de veintiún años, que escribe relatos para revistas reconocidas. También desde el inicio se nos presenta el segundo personaje que comparte protagonismo con Salinger, Oona O’Neill, quien en esa época tiene apenas quince años, y es conocida como la hija del gran dramaturgo y Premio Nobel de Literatura, Eugene O’Neill.

En sus primeros capítulos, observamos cómo se va construyendo la relación entre Salinger y Oona, en medio del universo de la joven, que pasa en fiestas de jóvenes ricas de la época, acompañada también por el joven escritor Truman Capote. Esta parte es muy linda, tierna y romántica, y refleja la inocencia, la pasión de los amores juveniles. 

En los siguientes capítulos, estaremos inmersos en dos o tres líneas temporales adicionales, acompañando a la historia de amor de nuestros jóvenes protagonistas. Todo cambia, específicamente tras el bombardeo de Pearl Harbor, cuando el joven Salinger se alista en el ejército y se separa de Oona. Sus vidas se separan, con Jerry participando en el desembarco de Normandía, y con Oona casándose, en una decisión muy polémica en la época, con el gran Charles Chaplin en 1943, siendo él ya un hombre mayor.     

Frédéric Beigbeder se explaya en su fascinante y lúcida prosa, para contarnos varios de los acontecimientos ocurridos en esas historias cruzadas. Y todo resulta fascinante, desde la mención a hechos y detalles históricos, hasta su fascinación por Salinger y Oona, que son retratados con mucho cariño, pero sin enaltecerlos en figuras intocables, sino desde la perspectiva de un admirador a la distancia, que ha encontrado en sus vidas, inspiración y similitudes para dedicarse a su labor. 

Las menciones a personajes secundarios de lujo, como: Ernest Hemingway, Charles Chaplin, Eugene O’Neill, Truman Capote, quienes estuvieron ligados de forma muy cercana con los protagonistas, son simplemente un deleite. Beigbeder además, interpreta los sucesos, llena espacios vacíos con su imaginación y su destreza, recrea momentos, que quizás son sabidos como simples momentos sin detalles, y los convierte en literatura, en buena literatura, con descripciones y bellos y sesudos diálogos, que además son apoyados con documentación real… Pero sin dudas, su gran trabajo, es recrear las cartas entre Salinger y Oona que se enviaron desde que se separaron sus caminos. Las cartas reales si existen, pero la familia de Chaplin nunca ha permitido que salgan a la luz. Frédéric Beigbeder pidió tener acceso a la documentación, y recibió como era de esperarse el rechazo de la familia, aunque al final confiesa, que quizás fue lo mejor, porque de haberlas conocida, quizás no pudiese haberlas imaginado. Por lo que me parece un ejercicio muy audaz y meritorio.      

Además, confirmando el carácter personal e íntimo de esta obra, el autor se incluye a sí mismo en la narración, tomando voz propia, reflexionando al tiempo sobre sus personajes, contando detalles del proceso de creación, interactuando con el lector, incluso con detalles muy actuales (mención de películas contemporáneas), y proponiendo que busquen un vídeo en YouTube para analizar conjuntamente. Y también habla de su propia vida, y reflexiona junto con su amigo, alter ego y personaje, Jerry Salinger, sobre el amor, sobre la guerra, sobre la figura de Chaplin, sobre Oona, sobre Salinger, y sobre la vida en general. Con todos estos recursos, no hay más que sólo reconocer el gran talento del escritor, porque todas estas mezclas resultan muy amenas, interesantes, divertidas y satisfactorias, lo hace con destreza, cuidados, y al mismo tiempo con rebeldía y audacia.   
Con todos estos elementos que ya he descrito, está simplemente de más decir que la recomiendo mucho. Tanto para los admiradores de las figuras de la novela, como a los que no los conocen, porque seguramente querrán saber más sobre esos personajes. Varios de ellos, que marcaron un papel importante en la historia del siglo XX. Una de las mejores lecturas que he tenido este año, y un autor al que hay que seguir. 

8.5/10  


Fragmentos del libro “Oona y Salinger”:

1.
“Jerry tiene esta visión del amor a los veintiún años, cuando sueña con Oona por la noche: el amor es más bello cuando es imposible, el amor más absoluto nunca es recíproco. Pero el flechazo existe, ocurre todos los días, en cada parada de autobús, entre personas que no se atreven a dirigirse la palabra. Los seres que más se quieren son aquellos que no se querrán jamás”
“(…) la brecha entre Charles Chaplin y Hollywood no haría sino agrandarse. El entorno del cine le había perdonado sus arrestos por borrachera manifiesta y pública en plenos Hollywood Boulevard, sus carreras a caballo con Douglas Fairbanks delante del Musso & Frank, sus extravagancias sentimentales y sexuales, pero no le perdonó jamás su apoyo a la Unión Soviética durante la guerra, ni su reticencia a celebrar Hiroshima y Nagasaki…  Chaplin miraba a Hollywood por encima del hombro, y Hollywood se lo haría pagar: en pocos años, el hombre más popular de los Estados Unidos se convirtió en su enemigo público número uno. (…) Incluso el discurso final de El gran dictador, esos seis minutos en los que Chaplin hablaba por primera vez en el cine, pronunciando un elogio idealista de un humanismo internacionalista, ¡fue considerado ultraizquierdista! A día de hoy, el fundador de United Artists, el creador del cine moderno, el inventor del mito hollywoodiense, todavía no tiene la huella de su mano gravada frente al Chinese Theatre, mientras que Hugo Boss, que fabricó los uniformes de las SS, de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht, posee un flagship store en Rodeo Drive. Y mientras los BMW y los Mercedes, cuyos motores construidos por los judíos deportados/esclavos de los campos de concentración fueron los principales artífices de la Blitzkrieg, desfilan por las calles de Beverly Hills. Le pregunté al portero del cine más famoso del mundo por qué Chaplin no estaba presente en su acera. Me respondió: “Because he was commie!” Entonces, ¿era mejor ser nazi?”
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

2.
“Chaplin no volverá a Los Ángeles más que para recibir un Oscar honorífico en 1972, con un visado excepcional de quince días, en la que, a día de hoy, sigue siendo la standing ovation más larga de la historia de estos premios. Reto a cualquier ser humano a contemplar la secuencia sin hacer uso de numerosos pañuelos”
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

3.
“En la batalla nunca ocurre nada según lo previsto. Dicen que uno de cada cuatro soldados padece problemas neuropsiquiátricos: para mí que son el cien por cien, lo que pasa es que los más zumbados son esas tres cuartas partes que fingen estar bien. Nunca comprendemos bien lo que ocurre en el teatro de operaciones. Por mucho que hayas visto los mapas de estado mayor, hayas escuchado las instrucciones del general y hayas seguido los cursos de táctica militar, una vez sobre el terreno reina el desbarajuste absoluto y cada cual va por su lado. Patton dice que el secreto es “moverse  y disparar al mismo tiempo”. Se le olvida decir  que también gritar sienta bien. En las películas, los soldados son silenciosos y felinos. En realidad, berreamos como vikingos”.
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

4.
“Lo que provoca el trauma de un veterano no es la indiferencia ni la falta de reconocimiento, es el hecho de que la vida haya seguido su curso. En 1946, de vuelta en Nueva York, Jerry se hundió al ver al portero de su edificio paseando al perro todos los días, tal como hacía antes de la guerra…”
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

5.
“Salinger abandonó Nueva York porque ya no le dejaban entrar a ningún sitio. Adolf Hitler experimentó la misma amargura de veterano traumatizado en 1919. Desmovilizado y derrotado, frustrado y ocioso, vencido y fracasado, Jerry huyó para no convertirse en dictador”.   
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

6.
“(…) De modo que imagina a Holden Caulfield en tratamiento por problemas mentales en una clínica psiquiátrica tras una fuga a Nueva York. Y empieza a anotar la famosa frase: “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso”. 
En 1951, J.D. Salinger pública El guardián entre el centeno. Es la desesperación de un veterano de la Segunda Guerra Mundial trasplantada al corazón de un adolescente neoyorquino. La novela fue rechazada por The New Yorker y por el editor Giroux (que también rechazó En el camino, de Kerouac). Aceptada al fin por Little, Brown and Company, sale publicada el 16 de julio de 1951 a un precio de tres dólares. Salinger es un autor respetado en el medio literario por sus relatos aparecidos en The New Yorker: “Un día perfecto para el pez plátano”, en 1948, y “Para Esmé, con amor y sordidez”, en 1950. El guardián entre el centeno recibe elogios inmediatos de Faulkner y Beckett. Jerry no hará ninguna “promo”. 
“Soy incapaz de explicar lo que he querido escribir”, dirá para rechazar todas las entrevistas.
¿El mensaje del libro? O te confirmas con el modo de vida del empleado medio, o terminas en el manicomio. A partir de 1951, el hospital psiquiátrico es el horizonte de los espíritus libres del sistema capitalista. 
Al cabo de tres meses, el libro alcanzó el cuarto puesto en la lista de los más vendidos de The New York Times, que sin embargo lo criticó duramente. Desde hace sesenta años, se venden un millón de ejemplares al año. Un éxito y unas consecuencias en la sociedad que sólo tienen un equivalente en Francia: el de Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan, publicado tres años más tarde”.  
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

7.
“La guerra está tan cerca, a un simple pestañeo; me hicieron creer que era un acontecimiento histórico, cuando en realidad forma parte de mi actualidad. Decenas de miles de muertos, lisiados por todas partes, personas enloquecidas en el mundo entero. Mi país acababa de perder la vida cuando comenzó la mía. Nuestros abuelos no pudieron o no quisieron contarnos su guerra. Como Jerry, trataron de ahorrárnosla cambiando de tema. Nuestros abuelos nos convirtieron en niños perpetuos para protegernos. Pero no es culpa suya. Es a causa de la guerra por lo que nunca seremos adultos, única y exclusivamente a causa de ella. Somos sus nietos que nunca se harán mayores. Tenemos que intentar hablar de la guerra en lugar de nuestros abuelos. ¿Quién podrá saldar tamaña deuda?”
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

8.
"Llega un momento en algunos países, en determinadas épocas, en el que la gente parece esperar un acontecimiento importante y trágico que permita resolver todos los problemas. Generalmente, esos periodos se llaman 《de preguerra》.
El mundo está listo para la próxima. Un nuevo conflicto mundial enjugaría las deudas públicas, relanzaría el crecimiento económico, reduciría la superpoblación... Los niños mimados y amnésicos de los países ricos esperan inconscientemente que un nuevo cataclismo libere espacio para los supervivientes. Quieren dejar huella. Sueñan, sin confesárselo, que la Historia no ha llegado a su fin. Buscan una nueva utopía, nuevas divisiones. Anhelan un nuevo enemigo al que masacrar. Querrían estar traumatizados por algo más que una escena de Saw en YouTube. La juventud de 2014 está falta de elecciones trágicas. Está necesitada de destrucciones. Las generaciones precedentes le han legado un endeudamiento colosal, un paro masivo y un planeta contaminado. El aburrimiento existencial, la sensación de vacío, la frustración globalizada alimentan el deseo aterrador llamado nihilismo. Una necesidad de servir a algo, de pelearse por un ideal, de escoger un bando, de arriesgar la vida para convertirse en héroe. No es de extrañar que algunos se conviertan en terroristas: ¿qué es el terrorismo, sino la única oportunidad de los antihéroes para procurarse una guerra en tiempos de paz? El periodo de calma que atraviesa Occidente es el más largo de toda su historia, y quizás esté apunto de terminar. 
Me asustan los héroes; sin embargo, escribo un libro sobre uno de ellos".
(Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder)

9.
(Conversación entre Ernest Hemingway y J.D. Salinger sobre F.S Fitzgerald, luego del desembarco en Normandía)

E.H: Era adorable. ¿Sabías que leía a los franceses? ¿Tú lees a los franceses? Balzac, Flaubert, Musset. Son la cúspide del refinamiento. ¿Sabes qué me llena de tristeza? Después de esta guerra se habrá terminado, ya lo verás. Ya nadie leerá a los franceses. Eso es lo que habrán ganado los Estados Unidos. A nosotros nos leerán en el mundo entero, y nosotros sólo nos leeremos a nosotros mismos. La cosa empezó con la Primera Guerra Mundial. Antes de 1915, en Broadway sólo se representaban autores extranjeros. Luego nos limitamos a nuestras propias obras, no se programa más que a Dreiser y a O'Neill. Eso es lo que asesinarán las guerras: nuestra curiosidad".

El 3 de septiembre de 1945, Hemingway menciona en una carta al crítico Malcom Cowley a un "joven de la IV División llamado Jerry Salinger que menosprecia la guerra y no piensa más que en escribir". Dice estar impresionado de que la familia de Salinger siga enviándole The New Yorker.
(Oona y Salinger, de Fréderic Beigbeder)


domingo, 11 de octubre de 2015

Para acabar con Eddy Bellegueule (Édouard Louis)

Édouard Louis



Primera novela del joven escritor francés Édouard Louis, antes Eddy Bellegueule. La novela autobiográfica publicada por primera vez en Francia en el 2014, se convirtió rápidamente en un éxito inesperado, generando revuelo y polémica por su contenido, que ponía en evidencia un problema en el que Francia parecía haber avanzado… la discriminación y la intolerancia desde una perspectiva general, pasando por la xenofobia, hasta el caso particular de Louis, su experiencia como un niño, adolescente y joven, creciendo en un pequeño pueblo de Francia, donde ser diferentes a los estereotipos masculinos establecidos, y más específicamente, ser homosexual, era o es una terrible marca de por vida. 

La novela debido a su enorme éxito ha sido traducida, y en este 2015 ha salido la edición en español gracias a la editorial Salamandra. Édouard Louis tiene actualmente 22 años y disfruta del éxito en la crítica y el público de su obra testimonial. 

En la contraportada del libro se puede observar el siguiente fragmento:

“La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla”. (Édouard Louis)

Me interesé en el libro por primera vez, desde que lo vi en uno de los boletines que me llegan sobre las novedades literarias, por su contenido, las críticas, comentarios de algunos lectores, y la juventud del autor. El libro que tiene casi 200 páginas, lo leí en pocas horas, es totalmente narrado en primera persona, un libro testimonial dividido en dos partes: La primera, situado a finales de la década de 1990 y principios de la década del 2000; y la segunda, que lleva como título de cabecera, “El fracaso y la huida”. 

En la primera parte, Louis habla del entorno del pueblo donde creció, su infancia, la familia, historias del pueblo, retrato del padre, retrato de la madre (que son literalmente algunos de los subtítulos) y la terrible vida en el colegio. En esta parte, nos cuenta y nos describe ese mundo donde creció. Como un pequeño lleno de dudas y confundido, con actitudes naturales y propias que no deberían ser las de un hombre, como el excesivo movimiento de manos, voz muy fina, la forma de caminar, en fin como él mismo lo menciona, un chico amanerado. Y como este le generaba conflictos con todo ese entorno que al inicio describe, el pueblo, las personas, su familia y en el colegio, donde recibía abusos y violencia de todo tipo. Me parece interesante desde el análisis y el punta de vista psicológico, porque se hacen evidentes distintos tipos de violencia y discriminación, desde distintas perspectivas y entornos. Y sientes el dolor del autor en cada una de sus descripciones, que describen de forma muy específica y violenta los acontecimientos, pero la descripción no es tan fuerte por lo que describe, sino por la forma en que el abusado lo cuenta, porque te das cuenta de todo lo que se siente y experimenta ser discriminado desde cualquier punto de vista. En la segunda parte, que me pareció impresionante, por la fortaleza y la valentía del autor en contar lo que cuenta, las luchas consigo mismo, distintas experiencias y hechos que ocurren, y que siguen marcando de por vida su terrible experiencia en ese pueblo, sus dudas, su ignorancia y no entender el comportamiento de algunas personas. 

Confieso que al iniciar a leerlo me encontraba un poco escéptico, porque desde el punto de vista literario, el lenguaje es muy sencillo, incluso muy real, al utilizar palabras y frases usadas por las personas de su pueblo, sin maquillarlas y transformarlas literariamente, y que como se imaginarán en la traducción del Español, te quedan algunas palabras muy reales también del español de España… Pero eso no tuvo ninguna relevancia al final. La historia poco a poco te va atrapando, te sienten leyendo una carta o confesión del propio autor para ti, y ese lenguaje tan realista, que sigue hasta el final, poco a poco aumenta de intensidad de la mano de la narración de los acontecimientos del autor… Y te das cuenta, al menos yo lo sentí, que aunque quizás no haya una construcción literaria con distintos elementos académicos, sientes que lo que lees, no viene de una imaginación y una construcción fantasiosa, sino que lo que estás leyendo es real, es violento y tiene la poesía, la belleza y el dolor, que sólo puede ser producto de un alma atormentada y adolorida. Y es tan poderoso, que traspasa al lector y hace que entendamos y nos pongamos en los zapatos de Eddy. 

Esta última parte impresiona y la entiende más el lector, cuando se entera, que el pequeño Eddy leyó su primer libro a los 18 años, cuando ya se había ido de la casa y de su pueblo; porque leer y cualquier manifestación artística era algo no muy bien visto por la sociedad donde creció, y sobre todo que lo hiciese un hombre. 

Por esto, es muy admirable el trabajo de Louis, este ejercicio catártico que le permitió liberar o exponer algunos de sus demonios, y en especial dejarnos conocer su enorme talento literario… ese que es natural y que no todo el mundo es capaz de expresar; en especial, de la forma tan poderosa como él lo hace. El lector puede estar seguro que recibirá distintos golpes en la lectura, y que como pocas veces se ve, que tiene el acceso al alma de una persona. 

Y como el mismo Louis se encarga de anunciar, de que al final escapa de esa vida, de su familia, del colegio y del pueblo. Ese escape no es de la forma en que nos imaginamos, y tampoco que crea el lector que es la típica historia de superación y escape a una nueva vida… En este caso, Louis es brutal, escapa de la redención y más que luz te da un golpe con la realidad, porque hay ocasiones que las luchas son continuas o eternas, y lo importantes es encontrar la fortaleza para seguir adelante, y poco a poco ir canalizando los demonios… y este libro, es simplemente el ejemplo de eso. Y es algo que puede iniciar, incluso con el cambio de nombre, como el autor lo hizo, tratar de acabar con Eddy Bellegueule, un nombre que representaba su pasado y todos sus males, del que seguro no podrá escapar, porque hace parte de lo que es, pero que puede ayudar a transformar, como ya lo está haciendo, en el escritor Édouard Louis. Muy recomendado. 

8.5/10


Entrevista con Édouard Louis





viernes, 21 de agosto de 2015

Rojo y Negro (Stendhal)

Stendhal




Segunda novela publicada por el reconocido escritor francés Marie-Henri Beyle, conocido como Stendhal en el año de 1830. La hemos leído recientemente en el Ciclo de Literatura Francesa Clásica y Contemporánea del Club de Lectura de Ábaco. Aunque ya había visto una adaptación de la obra hecha para la televisión de finales de los 90, no había leído el libro. Leerlo por primera vez fue toda una experiencia turbadora, apasionante, asfixiante y fascinante.

Desde que empecé a leer sus primeras páginas, no pude soltarlo, y si lo hacía sentía una inquietante angustia hasta que tuviese que retomarlo nuevamente y seguir la historia de Julián Sorel. Al leer el primer párrafo incluso, ya tenía la sensación de estar leyendo algo de otro nivel, sin dudas un aura que cubre a todos aquellos que llamamos clásicos sin fecha de vencimiento. Llegando incluso a volver a leer más de una vez un mismo capítulo, porque sentía que se me escapaba algo dentro de la densidad y complejidad de la historia... o simplemente porque eran tan sesudas las descripciones que tenía que volver a leerlas por simple devoción.

La obra, como se dice en muchas ocasiones, es una obra de su tiempo sin dudas… pero eso no quiere decir que sea antigua y que su argumento haya perdido contemporaneidad, sino que su atmosfera y el trasfondo histórico de la historia correspondía al de la época. Que preciso era la época de la restauración, luego de la caída y expulsión de Napoleón Bonaparte de Francia, con la retoma del poder de la monarquía y por ende de la iglesia… eso sí, con algunas grietas dentro del imaginario colectivo, especialmente de los jóvenes. Jóvenes como Julián Sorel, un chico entre los 18 y 19 años, nacido en una familia humilde y trabajadora de baja cuna. A pesar de sus orígenes, Julián es muy culto, le encanta leer, lo que despierta el rechazo de su padre, que junto con su apatía por los trabajos pesados, lo catalogaban como “cría” débil y no útil en el mundo. Además de eso, Julián es un ferviente admirador de la figura de Napoleón; una secreta pasión que como muchas otras tendrá que esconder el joven Sorel debido a la época en que vivía. Consciente de esto, Julián decide aprender el latín, la biblia y el nuevo testamento de memoria, junto con otros documentos sacros, lo que le garantizaría una posición de importancia y privilegiada dentro de la sociedad que habitaba. Esta es una de las diversas decisiones que toma Julián, quien además de ser el gran protagonista, es al mismo tiempo un símbolo, no sólo de la novela sino de la época… ambición, hipocresía, sufrimiento, pasión, amor, entre muchos otros son los símbolos que representa Julián, como a la misma Francia de la restauración, y al mismo tiempo al de toda una generación que ya no aprueba las condiciones políticas y regentes a través del poder de la monarquía y la iglesia.

La historia de Julián Sorel, y todo lo que representa su nombre, es dividida en tres partes, aunque en realidad el libro se divida en dos, pero personalmente yo veo tres grandes partes. La primera, que cuenta con una introducción muy importante, nos muestra la cuna de Julián, los maltratos, ofensas y desprecios de su padre, algunas de las causas de su resentimiento y en general detalles que nos ayuda a entender un poco su personalidad y sus actuaciones. En esa primera parte, vemos la estrategia de Julián se seleccionar el camino religioso, para sobresalir en sus conocimientos adquiridos, poder leer con tranquilidad, libros prohibidos y de Napoleón, y de ser visible en la sociedad reinante, lo que lo llevará a la casa de los Renal, donde irá a enseñar latín a los hijos del alcalde y su esposa, Madame Renal. A partir de ese momento toma importancia el tema del amor y la pasión, que podrían parecer un tema trillado de novelas románticas, pero que Stendhal dota del componente psicológico, no sólo desde el punto de vista de Julián sino de Madame Renal, lo que sin dudas da un componente fascinante a esta relación, que parece una composición y un reflejo muy realista y muy humano, con lo que sin dudas muchos lectores nos sentiremos muy reflejados y relacionados en distintos aspectos, sin importan el tiempo, rol o época. En la segunda parte, Julián por distintas razones se va al seminario, donde vive y convive un breve intervalo con esa otra institución que aborrece en secreto, pero que le permite encontrar un buen aliado… o amigo. Y la tercera parte, cuando sale del seminario a una nueva casa, la de la familia La Mole, donde vivirá nuevas aventuras, donde los elementos de su simbología personal se mantendrán a flote, con un pequeño cambio en las reglas y roles del amor y la pasión.       

En términos generales, la obra, además de su historia, posee unas descripciones increíbles, tanto en el la geografía, la atmosfera, la época, pero principalmente en las psicológicas, de la que somos testigo de primera mano cuando aparece en escena Julián Sorel, que sin dudas es uno de los mejores personajes creados en la literatura universal. Sentimos que lo conocemos desde el inicio, y aún así sufrimos, los juzgamos y nos alegramos con sus distintas aventuras. Al mismo tiempo que los demás personajes que aparecen en el transcurso de la obra, tan cuidados y bien descritos, que todos dejan una pequeña huella. La descripción y el manejo de todos estos personajes es posible gracias a la omnipotente y omnipresente tercera personaje que Stendhal utiliza en la narración, que pienso que es un narrador que sabe mucho más que el narrador en tercera persona común… Pero esta sensación es entendible gracias a la precisa y minuciosa descripción psicológica. Si Stendhal es gran precursor del realismo, sin dudas también lo es de la novela psicológica, y sin dudas grandes escritores como León Tolstói y Fiódor Dostoyevski, los grandes novelistas rusos, entre otros, porque se hace evidente la precisión en las descripciones de la psiquis del ser humano. El narrador omnipresente incluso, tiene tanta autonomía en el relato, que en algún momento advierte al lector que decide adelantar y omitir algunos acontecimientos de la historia, por no parecerle relevantes o emocionantes para el lector, jeje.    

En síntesis, sin dudas me parece una obra maestra de la literatura universal, creo que si hay alguna de las palabras que me permiten describir la sensación al leer la novela, escogería: “Intensidad”. Y vaya que si es una de las mejores sensaciones que se le puede pedir a cualquier obra de arte, porque la intensidad implica turbación y removimiento. Y el Rojo y Negro de su título, sin importar cuál sea el significado, creo que pueden ser varios al tiempo, relacionados con el traje de los sacerdotes, el rojo de los militares, el negro del sufrimiento y el rojo del amor o la pasión… Todas esas teorías son absolutamente válidas, ya que a pesar de ser una novela de su tiempo y su época, desde el momento que fue publicada se volvió inmortal y universal.

9.5/10


A continuación comparto algunos de los fragmentos, pero en realidad si tuviera que resaltar todos los que me gustaron, me tocaría transcribir casi toda la obra:

(Sobre Julián Sorel)
(…) Tenía las mejillas enrojecidas y los ojos bajos. Era un chico joven, de dieciocho a diecinueve años, de apariencia débil, con unas facciones irregulares pero delicadas, y una nariz aguileña. Sus grandes ojos negros que, en los momentos tranquilos, denunciaban reflexión y ardor, en aquel instante reflejaban un odio profundo. El pelo castaño le salía desde muy abajo de la frente, lo que, en los momentos de cólera, le daba un aspecto malévolo. De entre las innumerables variedades de fisonomías humanas, quizás no haya ninguna tan lejos de la vulgaridad como ésta. Su figura esbelta y bien formada denunciaba más agilidad que vigor. Desde su primera juventud, su aspecto extremadamente pensativo y su gran palidez habían dado al padre la impresión de que no viviría mucho y que, si lo hacía, sería una carga para su familia. Despreciado de todos, en su casa, odiaba a su padre y a sus hermanos. En los juegos que se celebraban en la plaza pública los domingos, siempre perdía. (…)

"Una vez entrado en la casa, Julián sintió la poderosa mano de su padre en el hombro; tembló, esperando algunos golpes.
Respóndeme sin mentir -le gritó en los oídos la voz dura del viejo campesino, mientras con una mano le hacía dar vueltas igual que hace un niño con un soldadito de plomo. Los grandes ojos negros y llenos de lágrimas se encontraron frente a frente con los pequeños y malvados ojos grises del viejo carpintero, que pretendía leer hasta lo más profundo de su alma" (Rojo y Negro, Stendhal)

"Julián, sorprendido de que no le pegaran, se dispuso a salir. Apenas se vio fuera del alcance de su terrible padre, aminoró el paso. Su hipocresía le dictó que lo mejor sería hacer primero una visita a la iglesia.
¿La palabra hipocresía les sorprende? Antes de llegar a convertirse en un hipócrita, Julián había tenido que recorrer mucho camino". (Rojo y Negro, Stendhal)

“Algunos jóvenes seminaristas tenían mejor color que Julián y podían pasar por ser más apuestos, pero éste tenía las manos blancas y no conseguía disimular ciertas costumbres de escrupulosa limpieza. Aquella cualidad no era una en la triste casa donde lo había arrojado la suerte. Los sucios campesinos entre los que vivía manifestaron que sus costumbres eran muy relajadas. En fin, tenemos miedo de cansar al lector con el relato de los mil infortunios de nuestro héroe. Por ejemplo, los más vigorosos de sus compañeros quisieron tomar por costumbre pegarle: se vio obligado a armarse de un compás de hierro, dando a entender con señas que pensaba utilizarlo. Las señas no pueden figurar, en el informe de un espía, con la misma facilidad que las palabras”.

“Los sonidos tan graves de aquella campana no hubieran debido despertar en Julián más que la idea del trabajo de veinte hombres pagados a cincuenta céntimos cada uno y ayudados quizás por quince o veinte fieles. Hubiera podido pensar en el desgaste de las cuerdas, en el del maderaje, en el peligro de la misma campana, que se cae cada dos siglos, y reflexionar en la manera de reducir  el salario de los que tocaban, o de pagarles con alguna indulgencia o bula extraída de los tesoros de la iglesia, que no le vaciarían la bolsa.
En vez de estas juiciosas reflexiones, el alma de Julián, exaltada al oír aquellos sonidos tan viriles y tan graves, erraba por los espacios imaginarios. Nunca será ni un buen sacerdote, ni un buen administrador. Las almas que así se conmueven son buenas todo lo más para producir un artista”.

“La palabra fue dada al hombre para ocultar su pensamiento” (R. R. Malagrida)
(Los epígrafes al inicio de cada capítulo son excelentes y curiosos, ya que según los inventó el mismo Stendhal. Los personajes a quienes se atribuyen si son reales, pero las frases, según son lo que Stendhal imaginó que cada una de esas personas hubiese dicho)

“Julián se entregaba tanto más a la dulce cercanía de su amiga cuando que, en el momento en que se quedaba solo mucho tiempo, la fatal proposición de Fouqué le venía de nuevo a la memoria para desazonarlo. En los primeros días de aquella nueva vida, hubo momentos en que, él que nunca había amado a nadie, ni tampoco había sido amado, encontraba un delicioso placer en ser sincero”.

“La señora de Renal se apoyó en su brazo, con tanto abandono que su mejilla sintió el calor de la de Julián. La noche que pasaron aquellos dos seres fue muy diferente. La señora de Renal estaba exaltada por los arrebatos de la voluptuosidad moral más elevada. Una chica joven y coqueta que ama  a temprana edad, se acostumbra a la turbación que da el amor. Cuando llega a la edad de la verdadera pasión, le falta el encanto de la novedad. Como la señora Renal nunca leía novelas, todos los matices de su felicidad eran algo nuevo para ella. Ninguna triste verdad venía a helar su alma, ni siquiera el espectro del porvenir”.

“Hay que renunciar a toda prudencia. Este siglo está hecho para confundirlo todo. ¡Caminamos hacia el caos!”

jueves, 23 de julio de 2015

Más allá del olvido (Patrick Modiano)

Patrick Modiano




Novela publicada por el Premio Nobel de Literatura 2014, Patrick Modiano, en el año de 1996, que volvió a ser editada en el 2014, luego que se le concediera el galardón. En esta oportunidad cuenta una historia dramática de amor, centrada en un triángulo amoroso, que a la vez está conformado con tres jóvenes en París que viven la vida sin contratiempos, de trabajos no muy ligados a la moral, soñadores y con una carga existencial que queda plasmada en sus mismas acciones. 

El protagonista, que carga con la narración completa de la obra en una primera persona que alude a la memoria y sus recuerdos, una de las claves en la que gira toda la obra de Modiano, no tiene nombre y sólo conocemos la historia por lo que nos cuentas de sus añorados y melancólicos recuerdos de juventud, donde conoció a Jacqueline y su novio, una pareja que removió su vida, en especial ella. 

El libro tiene una prosa ágil y sencilla, no tiene grandes pretensiones estilísticas ni literarias, y el tema que aborda no es nada original ni la forma en que lo cuenta, pero a pesar de todo goza de descripciones afortunadas y momentos muy bellamente narrados, que nos permiten atisbar el gran talento de Modiano. Es por esto, que esta quizás no es una de sus obras más completas, pero que afortunadamente tiene la virtud de la brevedad, y diría que por solo disfrutar de esos escasos momentos afortunados, vale la pena darle la oportunidad. Eso sí, a la vez estando consciente de que si queremos ahondar más en su obra, necesitamos llegar a otros de sus libros.

Personalmente no había leído nada de él antes del Nobel. El primero que leí fue Dora Bruder, que me pareció muy interesante, desde esa reconstrucción de la memoria y el estilo documental con toques poéticos con que carga su prosa y sus descripciones, claramente con el trasfondo de la época de la ocupación y la segunda guerra mundial. Comparto a propósito la reseña que hice de esa obra:

Dora Bruder (Reseña)

Además, también leí El café de la juventud perdida, que es otro bello relato, pero que marca un estilo un poco diferenciador en cuanto a los temas… acá se mete en la bohemia, en las relaciones con las personas, temas más intelectuales y de la crisis de la juventud… Que es el mismo estilo que pude observar en “Más allá del olvido”. Lo que me hace pensar, luego de leer estar tres obras y de conocer las temáticas de sus otras obras, que la obra completa de Modiano se divide entre esos dos estilos, que varían entre la infancia y la juventud o postadolescencia, recuerdos dolorosos de infancia y desamores y decepciones amorosas y de vida en la juventud… en fin, pero ambos estilos están unidos por la forma en que los recrea a través de la memoria. 

Y sumado a todo esto, sus virtudes documentales y periodísticas, que quedan mayormente evidencias en Dora Bruder, hacen parte también de su estilo propio, ya que nos describe paisajes reales y como los buenos escritores franceses nos describe como amor y nostalgia la añorada París, sus calles y los sitios inmortalizados en la memoria colectiva universal. 

Por todo esto, y aunque Más allá del olvido no me parece un libro excelente, se deja leer y tiene buenos momentos… y es corto, jeje. Por lo que recomiendo leerlo y en especial descubrir la obra de este escritor.

6/10


Fragmento de Más allá del olvido: 


"Nunca dejaba de asombrarme el hecho de que la gente nos demostrara simpatía. Bastante tiempo después encontré, en el fondo de una caja de zapatos llena de viejas cartas, la fotografía de Holland Park, y me conmovió la ingenuidad de nuestros rostros. Inspirábamos confianza. No teníamos ningún mérito, salvo aquel que la juventud otorga por muy poco tiempo a cualquiera, como una vaga promesa que jamás será cumplida".

(Más allá del olvido, Patrick Modiano)