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jueves, 28 de julio de 2022

Reseña del libro: La última ceniza (Montserrat Martorell)

 
 
Hace una semana tuve el privilegio de entrevistar y conversar con Montserrat sobre su novela, que al mismo tiempo fue su primera novela publicada en el 2016, pero que se ha reeditado para su publicación en Colombia desde el año pasado.

Como muchas de las primeras novelas escritas en la juventud, La última ceniza, se encuentra llena de fuerza en la prosa y experimentación narrativa, que van dictando las bases de ese inicio de la búsqueda de la propia voz del autor. Aunque la novela trata muchos temas, me atrevía a sintetizarla en la siguiente frase:

“Es una novela psicológica que escarba en los claroscuros y recovecos de las relaciones humanas y en la mente de los seres humanos que aman y sufren en los distintos entornos y esferas sociales”.
 
En la novela encontramos a una serie de personajes muy ricos y bien elaborados desde su psique, que se podrían clasificar según su nivel de importancia y su misma presencia en la obra. Tenemos a Conrado (Psicólogo) y Alfonsina (Socióloga), en la cima de la píramide, quienes a la vez son las dos columnas narrativas del relato, porque cada uno interrumpe en varias ocasiones al narrador onmisciente para intervenir y cambiar al relato en primera persona, a la narración confesional, en donde vamos conociéndolos y a la vez nos van presentando a los demás personajes de la trama, como Laura (esposa de Conrado) o Federico (pareja de Alfonsina), quienes también reclaman en algún momento su espacio para expresarse y aportar a la diversidad del relato.

Es por esto, que evidentemente tenemos un juego narrativo y de perspectivas, en donde en algún momento emerge la figura del narrador dudoso o engañoso, quien le hace cuestionar al lector sobre la verdad en la historia y sobre cada uno de los personajes y sus respectivas versiones. Y a través de esta amalgama de voces, los personajes se relacionan y se entrecruzan entre sí, en medio de una variedad de temas y emociones como: los traumas, las pérdidas, la violencia de género, la imagen de sí mismo, el cuerpo, las palabras, la verdad, las mentiras que nos decimos y con las que se justifican acciones, la psicología, el desamor, la infancia y la familia.
 
 
 

 
Con Montserrat en la presentación de su libro en la Librería Nacional en Cartagena de Indias
 
 
Me gustaría ser más específico, tradicional y cronológico en el relato de los hechos y acciones, pero creo que la estructura de la novela invita a que el lector entre en el juego y la propuesta desde el inicio para construir su propio mapa de acciones y posibilidades, a través de estas historias que dentro de todo tienen un cariz muy realistas y anecdótico. Además, que el lector se sentirá enfrentado a algunos dilemas morales y forzado a ser testigo experencial de escenas que no huyen de la violencia directa, junto con los efectos colaterales que estos llevan en las víctimas, tanto en su daño físico como psicológico. 

Montserrat menciona que se siente muy orgullosa de su primera novela, al contrario de muchos escritores que denigran de sus primeros trabajos. Y debería seguir alzando la cabeza, porque su novela exuda juventud, conflicto, fuerza y muchas otras emociones tan genuinas en esos años en que se adolesce del alma y del cuerpo, y dejan la marca para la posteridad. Me parece una novela bien escrita, estructurada y con cuidado, afecto y entendimiento hacia sus personajes, quienes son llevados a través de un naufragio tormentoso por su autora, con una prosa que no escapa de los contrastes: Poética, sutil, y a la vez, visceral. Vale la pena descubrirla y leerla. 

 

Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


 

lunes, 1 de octubre de 2018

Manual para mujeres de la limpieza (Lucia Berlin)

Lucia Berlin



Empecé el libro de Lucia Berlin desde hace mucho tiempo, pero decidí leerlo lentamente porque cada historia y cada cuento me dejaba siempre pensando, si no era estremecido o aterrado, era inmersivo por alguna cuestión. Llegué incluso a leer un cuento por semana. Es uno de esos libros que decidí digerir lentamente, incluso no terminaba los cuentos de una vez, a veces duraba varios días leyendo un solo cuento. Cada página era una revelación y un descubrimiento nuevo. 

No leí mucho sobre la autora antes de leer el libro, sólo lo que todo el mundo supo en su momento, que fue una escritora rescatada del cuasi anonimato editorial durante varios años, y que resultó siendo una de las grandes escritoras norteamericanas. Recomendaría a todo el que no lo haya leído aún, que hiciera lo mismo, porque al final del libro hay unos apuntes sobre la escritora, donde se repasa su vida, y la impresión es tan grande al saber que todas las historias que leíste en las pasadas páginas, hasta las más estrambóticas, crudas y oscuras fueron inspiradas en su propia vida. 

Quizás su estatus de escritora maldita, al sufrir de alcoholismo, sus enfermedades y sus dramas, la alejaron de ese merecido reconocimiento. Aunque la comparan con Hemingway y Carver, que serían muy merecidas comparaciones, yo desde el inicio la relaciono con sus cuasi contemporáneas “damas del sur”, como las grandes Flannery O'connor y Carson Mccullers. Y precisamente, la residencia de Lucia en El Paso y la frontera mexicano estadounidense inspiró varias de sus historias. 

Sus cuentos están llenos de realidad, de dolor, de sufrimiento, de emociones, de nostalgia, de frustraciones, de humor negro, de maldad, y en unos cuantos momentos de luz, que son permitidos aparecer en alguna que otra historia. Pero la constante, es que no hay posible redención. 

Sorprende también el detallismo en los objetos, en los oficios y en los aparatos, de donde en cada uno de ellos puede recrear una historia. En sus precisas descripciones se alcanzan a percibir los olores fétidos, a sentir la atmósfera represiva, sentir el dolor de sus personajes que combaten contra sus demonios, que luchas contra sí mismos, así como ella mismo lo hacía. 

Con cuentos como “Dentelladas de tigre”, donde describe el martirio de una mujer que decide practicarse un aborto cerca de El Paso; o en “Penas”, donde describe el drama del alcoholismo de una mujer; o aquel donde describe una terrible sesión odontológica, o el que toma nombre de esta recopilación de cuentos: el “Manual para mujeres de la limpieza”, labor que le tocó asumir en un momento de su vida cuando estaba consumida en el alcoholismo. O ese magistral cuento final, “Volver al hogar”, que es una descripción exacta de su estado final en los últimos momentos de su vida. Encoge el corazón al saber que es el último cuento y saber lo que significa y lo que cuenta.  

Me sorprende lo desgarradora de su prosa y su narrativa, lo profunda y humana, con la capacidad de tocar los recovecos más hondos del alma humana, y una vez ahí, jugar con el dolor, la felicidad y ese humor negro y crudo que también acompaña gran parte de sus narraciones. 

Sin dudas, es una gran autora, que nadie debe perderse y dejar de descubrir. Porque, quizás, como me pasó a mí, en su lectura tendrás la oportunidad de verte a ti mismo reflejado o simplemente reflexionar sobre el mundo a tu alrededor, sobre tus amigos, tu familia, o aquellas personas que a diario pasan desapercibidas, como las señoras de la limpieza, o los carteros.

8.5/10




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)





Lucia Berlin

martes, 13 de marzo de 2018

Distancia de rescate (Samanta Schweblin)

Samanta Schweblin



“Distancia de rescate” es la primera novela de la excelente escritora argentina Samanta Schweblin. Samanta, conocida por sus cuentos, y dueña de un estilo crudo y visceral, sigue explorando en su primera novela los límites sensoriales, humanos y narrativos de la escritura y del ser humano.

Contar sobre lo que trata la novela, sería dar un spoiler, y en este caso no me parece justo, ya que precisamente Samanta toma una historia normal, como la desesperación de una madre al sentir que pierde a su hija, y la reconstruye narrativamente y estructuralmente a extremos muy poco vistos en la literatura. Y construye todo este rompecabezas en poco más de 100 páginas, con cálculo, detalle y precisión, gracias a su trabajo en el relato breve. Precisamente Samanta me contó, en una entrevista que le hice en el marco del Hay Festival, que “Distancia de rescate” inició como un cuento, pero que poco a poco la historia se fue desfigurando, deshaciendo a algo más… el campo en que transcurre la historia empezó a cambiar de colores, a transfigurarse, y con ello su estructura y narrativa. 

Varios detalles sorprenden, el que inicialmente me impactó es el tipo de narrador. Hay varios, pero sobresale uno no muy usado, el narrador en segunda persona, que se sitúa en la voz de la madre, Amanda, quien agoniza en una sala de emergencias, y que construye la narración a través de flashbacks, a través de sus recuerdos. Tratando de recordar cómo llegó a ese lugar. Por lo que se dirige directamente, como en una comunicación telepática con David, el hijo de una amiga, con quien se encontraba en el campo. Esa narración, en donde hace preguntas a David desde la distancia, es evocadora, fascinante e inquietante. Y el lector irá descubriendo poco a poco lo que pasó. David, el niño, quien jugaba con su pequeña hija, también le responde desde la distancia, e incluso le deja ver los recuerdos que quiere ver. Por lo que la novela transcurre en su mayoría en otro plano. 

Amanda, teme porque no entiende lo que le pasa, pero sobre todo por su hija Nina. Nina, a quien nunca le quita la vista de encima, y quien representa el concepto de la “distancia de rescate”, como Amanda misma le explica a David: 

“Espío otra vez a Nina, que ahora da unos pasos hacia la pileta.

Es que a veces no alcanzan todos los ojos, Amanda. No sé cómo no lo vi, por qué mierda estaba ocupándome de un puto caballo en lugar de ocuparme de mi hijo.

Me pregunto si podría ocurrirme lo mismo que a Carla. Yo siempre pienso en lo peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería”.


La novela cuenta la experiencia y angustia de una madre, pero también se mueve entre el relato fantástico, metafísico, y se traslada a un plano distinto, psicológico, totalmente inmersivo y aterrador. Que llega a perturbar al lector. Le comenté a Samanta, que en momentos quedé paralizado leyendo su relato, ya que logra que el lector, sin entender desde el inicio la acción de la novela, vaya entrando a la red de intriga que la autora va creando, a la atmosfera opresiva y asfixiante. Ella contestó, “esa es la idea”.  

Es una novela corta fascinante, y de cierta forma innovadora y original en su narrativa. Le comenté en la entrevista que pertenecía a un Club de Lectura donde estábamos leyendo a escritoras latinoamericanas, y habíamos iniciado por Argentina. Aprobó a todas las escritoras mencionadas, y dijo que son muchas más. Así como también me habló de esa nueva generación de escritoras latinoamericanas, que está pisando tan fuerte en el mercado editorial. Y lo mejor, es que son amigas, la también argentina, Mariana Enriquez, la mexicana Valeria Luiselli, la colombiana Margarita García Robayo, entre otras.  

Además de eso, hablamos de la importancia de crear personajes, atmósferas, ritmo, títulos, que para ella es de vital importancia que todo adquiera un significado para el lector, y que este también al tiempo se sienta exigido, motivado y en ocasiones perturbado por la lectura y sus personajes. Samanta también dirige talleres de escritura y de lectura, y mencionó que es una actividad edificante, que al tiempo le ayuda en su proceso creativo. 

En fin, una novela corta imperdible para descubrir una de las escritoras más talentosas de Latinoamérica, y que sin dudas serán llevados a descubrir sus cuentos, género que maneja con destreza.



Samanta Schweblin




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


jueves, 18 de enero de 2018

La historia de mis dientes (Valeria Luiselli)

Valeria Luiselli



Segunda novela de la joven y talentosa escritora mexicana Valeria Luiselli. “La historia de mis dientes” es una novela sencilla y minimalista, que cuenta la historia de Gustavo Sánchez Sánchez (Carretera), un hombre singular que tiene una vida sencilla pero que vista desde su también particular perspectiva, se convierte en una odisea y una gran aventura. Como de hecho se encuentra estructurada gran parte de la primera parte de la narración, se convierte en una experiencia curiosa, luminosa, divertida y estimulante. Carretera, cuenta la historia de su vida a través de sus dientes.

Luiselli demuestra nuevamente su gran talento para la prosa, para hilar historias, incluso la de este hombre común, que le permiten recorrer espacios, tradiciones y el lenguaje popular de su natal México. Su sentido del humor, su capacidad de adaptar el lenguaje y la narración a distintos niveles, sus referencias personales, y las referencias históricas y culturales, que nunca faltan en sus escritos, demuestran su increíble agudeza.

Incluso por su título, da la sensación de un libro pequeño, curioso y particular, pero hecho con detalle, precisión y corazón. Especialmente con ese hermoso capítulo final, lleno de fotos, que a la vez están acompañadas de citas de grandes personajes y escritores. Fotos que retratan los lugares que hemos visitado anteriormente en la lectura. Lo que en cierta forma le da un carácter documental a la obra. Una bella crónica novelada. Un ensayo sobre lo cotidiano. Y un perfil de una pequeña y gran vida. 

También hay fragmentos en donde Luiselli habla de sí misma y su adolescencia, al referirse a sí misma como la “casi señorita” Valeria Luiselli, en otro de los apartes donde hace una referencia a distintos personajes. Porque de hecho, su personaje, Carretera, se dedica a vender objetos, subastarlos, entre ellos los dientes de personajes famosos. Pero más que los objetos, lo que Carretera vendía, eran las historias detrás de esos objetos, de esos dientes y sus dueños originales. Y eso también hace Luiselli, una estupenda narradora. 

Si el personaje de Carretera es el narrador en la primera parte y gran parte de la segunda mitad del libro, entre los breves capítulos que son informativos, y pequeños intermedios, es Luiselli quien retoma la voz narradora para exponer otras ideas, personalidades y perfiles. Y en su tramo final la voz narradora la toma el biógrafo de Carretera, a quien conoce al final de su vida, y pide que cuente su historia… que sería otro personaje donde la autora se camufla.  

Pero Luiselli es la hábil narradora detrás de este bello y extraño pero estimulante relato. Además de gran narradora, muestra su pasión por la literatura y las artes en sí, por su interés en la gente, en la historia, en los detalles, en los territorios, y los espacios de convergencia donde varios de estos elementos se unen y crean nuevos espacios y universos. Es una exploradora, es una carpintera y una albañil de las letras. Un tesoro de las letras de la que aún tenemos muchas cosas por leer… afortunadamente.



Acá dejo mi reseña de otro libro de Valeria Luiselli, su primer libro de ensayos:

Papeles Falsos (Valeria Luiselli)






miércoles, 20 de diciembre de 2017

Volver a casa (Yaa Gyasi)

Yaa Gyasi



Como en el Club de Lectura al que asisto estuvimos en un ciclo de Escritoras de África y Oriente, en el mini ciclo de África le dedicamos varias semanas a la excelente escritora Chimamanda Ngozi Adichie, entre otras escritoras y cuentistas africanas. Fue tanto el interés que me despertaron las autoras africanas, que no dudé en adquirir cuando encontré en la librería el ejemplar de “Volver a casa” de Yaa Gyasi. No sabía mucho de ella, pero me dejé llevar por intuición. A los días de haberlo empezado a leer salieron los invitados a la próxima edición del Hay Festival de Literatura en Cartagena, donde preciso figuraba, Yaa Gyasi. 

Yaa Gyasi es una joven africana de 28 años, nacida en Ghana pero posteriormente radicada en los Estados Unidos. Gyasi, junto con Adichie y otro grupo de escritores, son llamados los “afropolitas”, que representa una generación de jóvenes africanos que emigraron de África a otros países y continentes, en Europa y Norteamérica. Han desarrollado su obra en idioma inglés, y en su literatura, que claramente representan sus primeras novelas, se centran en la búsqueda de la identidad, en la exposición de los problemas de vivir en un país extranjero, entre otros temas. 

En “Volver a casa”, la primera novela de Yaa Gyasi, asume un reto enorme. Recorrer tres siglos en casi 400 páginas. Lo primero que llama la atención al inicio de la novela, es un enorme árbol genealógico que abarca toda una página. Lo vi con mucho interés, aunque no me imaginé lo importante que iba a resultar posteriormente en toda la lectura de la novela. Por lo que es un recurso muy hábil e inteligente. Que es precisamente la forma en que la autora logra superar con creces el reto de abarcar tanto tiempo en su novela, sin que se note forzado, exagerado, aburrido o anodino. 

Observamos que los dos primeros capítulos corresponden a los dos nombres principales del árbol genealógico: las hermanas Effia y Esi. Dos hermanas que nunca llegan a conocerse, hijas de Maame, que es la mujer que encabeza el monumental árbol. Cada una con un padre distinto, lo que lleva a dividir ambas historias, y durante toda la novela vamos observando cómo se desarrolla la vida de ambas mujeres y su respectiva descendencia. Effia es obligada a casarse con un hombre blanco, un gobernador inglés, esclavista. Y Esi, es capturada y enviada como esclava al sur de los Estados Unidos.

La historia inicia en los años de 1770, en la Costa de Oro, que era una colonia británica situada en el golfo de Guinea, al oeste de África. La Costa de Oro obtuvo su independencia en 1957, e inmediatamente cambió su nombre a la actual Ghana. En el correr de los capítulos, nos damos cuenta de que cada capítulo que sigue corresponde al nombre del próximo miembro de la generación del árbol genealógico, en cada uno de las dos partes, de la descendencia de Effia y Esi. Por lo que hay momentos que los saltos temporales son amplios, aunque quizás en el siguiente capítulo logramos conocer algo del pasado del personaje de la anterior generación por recuerdos del personaje actual. 

Siguiendo la cronología, con los años que aparecen dentro de la novela, el lector es testigo de diversos momentos históricos a través de los personajes, como las guerras tribales al inicio, el negocio del cacao, la llegada de los misioneros; y luego, en el traslado de continente a Estados Unidos, con la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, la Gran Migración Negra, la lucha por los derechos civiles, el renacimiento de Harlem, y la época de las drogas y el sistema carcelario en Estados Unidos, que se acrecentó y logró un punto importante en los años 80. 

Parece mucha historia para una sola novela, pero la gran virtud de la autora es lograr enlazar todos estos momentos históricos de forma hábil a través de estas dos historias entrelazadas y todos sus personajes. Hay ocasiones en que los personajes de una generación son tan buenos que queremos saber más de ellos, pero creo que esa es otra de las grandes reflexiones de la autora en esta novela, el implacable paso del tiempo, y como si no se tiene conocimiento de nuestra propia historia, corremos riesgo de repetirla, e incluso de olvidarla para nuestras futuras generaciones. En ocasiones no es culpa de los personajes sino de las circunstancias, cada una más difícil que la otra. 

Si bien, una de las hermanas, Effia, tuvo relativamente más suerte que Esi, vemos como en las siguientes generaciones no todo se mantiene de esa forma, a pesar de los privilegios que en algún momento se haya obtenido. 

Además de esta reflexión sobre el tiempo y la identidad, también es muy crítico, porque en cada momento se exponen situaciones difíciles de cada momento. En Estados Unidos con el racismo y toda la etapa de la esclavitud. La desigualdad en las penas, que podían llevar a un hombre negro a cumplir una pena de 10 años por haber aparentemente mirado a una mujer al pasar la calle, y estar durante todos esos años trabajando en una inhumana mina de carbón bajo la cárcel. Pero también como se van organizando para protestar. Las guerras entre las mismas tribus africanas, y como algunas de ellas sucumbieron al esclavismo, llegando a vender a sus propios hermanos a los blancos. Cómo una generación de las que llegaron como esclavos a USA eran analfabetas, pero también como sus hijos empezaron a tener mayor acceso a la educación. Todas esas grandes diferencias, y como miraban con nostalgia el desconocimiento de sus raíces, y ese creciente deseo de volver a casa… 

Parte el castillo como un coco,
estoy yo dentro, estás tú. 
Nosotras, las dos, sentimos arena,
el viento, el aire.
Sólo una el látigo.
Tras el barco grande. Azotes.

Nosotras, las dos, negras.
Yo, tú. 
Una creció en tierra de cacao,
la otra nació de un fruto,
la piel intacta, pero sangrante. 
Nosotras, las dos, atravesamos las aguas. 
Parecen otras
y son las mismas.
Las nuestras. Piel de hermanas.
Quién lo diría. Ni tú ni yo. 


Este es un poema de Marjorie, descendiente de Effia. Y una de las dos partes finales del árbol genealógico, y por ende de los capítulos finales, ambientada en los tiempos más recientes, ya en el nuevo milenio. Es una joven afroamericana, quien además tiene un novio alemán, al que los papás del chico no dejan que vaya con Marjorie al baile de la escuela por su color. Marjorie ha aprendido un poco de la historia de su familia, y está muy interesada en seguir buscando y ahondando en su pasado.

Quizás Marjorie sea la misma Yaa Gyasi, quien claramente también añadió partes biográficas a su novela. Incluso el apellido Gyasi es nombrado al inicio del libro, como una de las familias tribales de la Costa de Oro. 

En síntesis, me ha parecido una excelente novela, muy dura, emotiva, pero también muy bella e ilustrativa. A pesar del poco tiempo que estamos con algunos personajes, algunos son muy memorables y se quedan con el lector, y nos alegra escucharlos mencionar capítulos más adelante, porque al fin y al cabo es una historia familiar. Toda esta travesía nos acerca a la historia real de muchas familias africanas que terminaron en los Estados Unidos, y como por ejemplo, algunas crearon o reformaron sus propios apellidos, para que sirviera de símbolo de su propia historia de superación: Freeman. Una bella novela que nos lleva a ahondar en la historia, en las injusticias, pero sobre todo en el inquebrantable espíritu de una población que logró superarse, y aún hoy en día sigue luchando y tratando de superar los fantasmas del pasado. Muy recomendada. Esperaré a Gyasi en el Hay, y que bien por esta oleada de autores africanos que nos están dando a conocer parte de la historia que nunca nos fue contada y que desconocemos en la historia de la literatura. 


8.5/10



Algunos fragmentos de la novela:


"- ¿Por qué lloras?
- El pastor dice que hacemos brujería africana. 
No tenía edad suficiente para saber qué significaba eso, pero sí para conocer la vergüenza, una sensación que ese día lo llenaba hasta las cejas.
Ma Aku escupió detrás de su hombro izquierdo, algo que sólo hacía cuando estaba verdaderamente indignada.
- ¿Quién te ha dicho que hay que llorar por eso? - preguntó.
El chico se encogió de hombros y trató de impedir que se le cayesen los mocos, porque eso parecía enfadarla aún más. 
- Voy a decirte una cosa: si ellos no hubiesen escogido el dios del hombre blanco en lugar de los dioses de los asante, no podrían decirme esas cosas.
Jo sabía que debía darle la razón, y eso hizo.
- El dios del hombre blanco- continuó ella- es igual que el hombre blanco. Se cree que es el único dios, de la misma manera que el hombre blanco se cree que es el único hombre. Pero sólo hay un motivo por el cual Dios es él, y no Nyame o Chukwu o quien sea: porque nosotros se lo permitimos. No nos rebelamos. Ni siquiera lo cuestionamos. El hombre blanco nos dijo que él era el camino y lo aceptamos. Pero ¿cuántas veces nos ha dicho el hombre blanco que algo era bueno para nosotros y después lo ha sido de verdad? Dicen que eres brujo africano, ¿y qué? ¿Qué más da? ¿Qué sabrán ellos de brujería?"

(Volver a casa, de Yaa Gyasi)


"Desde el día en que se conocieron, cinco años antes, ella lo había animado a regresar a casa. Le decía que tenía algo que ver con el perdón, pero Yaw no estaba seguro de creer en él. Era una palabra que oía sobre todo en las pocas ocasiones en que iba a la iglesia de los blancos con Edward y la señora Boahen o, a veces, con Esther. Por eso había empezado a parecerle una palabra que los blancos habían llevado consigo al llegar a África. Un truco que los cristianos habían aprendido y del que hablaban a voces y con libertad a la gente de la Costa de Oro. <Perdón>, clamaban mientras cometían sus injusticias. Cuando era más joven, Yaw se preguntaba por qué no se limitaban a predicar que las personas debían evitar hacer el mal. Pero cuanto más mayor se hacía, mejor lo comprendía. El perdón era un acto que tenía lugar después de actuar, un pedazo del futuro de la mala obra. Y si consigues que la gente mire al futuro, tal vez no se dé cuenta de lo que estás haciendo para herirlos en el presente".

(Volver a casa, de Yaa Gyasi)




Yaa Gyasi:



Yaa Gyasi




Dejo enlaces a las otras dos reseñas del blog sobre Literatura Africana:


Reseña de Americanah (Chimamanda Ngozi Adichie)

Reseña de Todo se desmorona (Chinua Achebe)

Reseña de Algo alrededor de tu cuello (Chimamanda Ngozi Adichie)




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


jueves, 30 de noviembre de 2017

Tan poca vida (Hanya Yanagihara)

Hanya Yanagihara



“Tan poca vida” es uno de los últimos intentos de escribir la “gran novela americana”, ese gran anhelo de varios escritores norteamericanos, que precisamente buscan componer una obra ambiciosa, extensa, realista y trascendente, que capture el espíritu de una época, y sirva de testimonio para desentrañar la naturaleza y esencia de la sociedad. Esta novela, además, cuenta con el apoyo de la crítica y el público. “Moby Dick” de Herman Melville, fue una de las grandes novelas referentes para construir este concepto, una novela que construye todo un universo épico a través de una historia con paisajes reconocibles, que desentraña los más oscuros y luminosos recovecos del ser humano. Lo curioso de este concepto, además de sus ya mencionados cánones estéticos, es que ha sido monopolizada por hombres, y el último que se menciona que ha alcanzado el logro, es el excelente escritor Jonathan Franzen. Pero hasta hace pocos años que se han mencionado a algunas escritoras como candidatas a escribir la gran novela americana, una de ellas, Donna Tartt, con sus ambiciosas novelas, como El Jilguero, el cual reseñé en este blog, comparto el link a continuación:

El Jilguero (Dona Tartt) 
Libertad (Jonathan Franzen)

Una de las últimas mujeres que se ha postulado para esta hazaña, es la escritora estadounidense, nacida en Los Ángeles, pero con padres de ascendencia hawaiana y asiática, Hanya Yanagihara. Y el título: Tan poca vida o A Little Life, publicada por primera vez en el 2015, y editada al idioma español entre el 2016 y 2017. Y esta novela, cumple con varios de los puntos para ser una aspirante a gran novela americana, aunque ya hay otros grupos que la han catalogado como la gran novela gay de las últimas décadas, y aunque en general no me gustan mucho las etiquetas, sobre todo cuando segmentan y minimizan la dimensión de una obra, son válidas. A continuación, hablaré de la novela, y en ese proceso iré abordando varios de los puntos mencionados anteriormente. Iniciando con un resumen general: la novela me ha gustado, me la devoré completa en menos de una semana, y como he percibido en varias candidatas a ser catalogadas Grandes Novelas Americanas, tiene el defecto de que no es una novela perfecta, tiene pequeños lunares, páginas de más que pueden ser prescindibles y pudieron pulirse en una edición, redundancias y descuidos en los tratamientos de algunos personajes… Pero a pesar de estos y otros detalles negativos, como me ha pasado con otras novelas de igual dimensión, son novelas que sobreviven a la lectura, por esos aciertos, grandes aciertos que logran en su travesía. Trataré explicar esto con más detalles a continuación: 

Lo primero que resalto de la novela en forma general son dos aspectos en los que se mantiene toda la trama, la parte física y la parte psicológica. 

En cuanto a su aspecto narrativo, me gusta mucho la alternación entre las perspectivas de las voces narrativas que se intercalan de forma muy hábil para contarnos una historia que trasciende casi 50 años, más los que transcurren y se narran en forma de flashbacks sobre sus respectivas infancias y sobre el pasado de otros personajes. Me sorprende el uso de la tercera persona, que se dedica a explorar las perspectivas de todos los personajes, en ocasiones sobre un mismo hecho o escena, hasta en momentos tomar la habitual distancia y centrarse en todos al tiempo. Como por ejemplo, cuando una de las voces narradoras o focos de la perspectiva narración no es ninguno de los 4 personajes principales (los amigos), sino Harold, el académico/abogado que llega a mantener una relación cercana con Jude. Cuando estamos leyendo la versión de Harold, se presenta en forma de misiva, como si fuese una larga carta que él ha mandado probablemente a Willem, hablando sobre Jude, aludiendo a hechos pasados, por lo que vemos como se juega también con el tiempo. Y por supuesto, los momentos en primera persona que ayudan a profundizar más en la psicología de los personajes. Y esa es una de las virtudes de la novela, la increíble introspección, disección y análisis en la mente de los personajes, que en esta novela especialmente, se dedica a la inspección de la mente de la figura masculina. Aunque la autora es una mujer, sorprende el alcance que logra y el nivel de veracidad en diseccionar y exponer aspectos de la psicología y la intimidad masculina, en distintos aspectos y épocas de su vida, en especial entre los 20, 30 y 40 años. No resulta raro, cuando en una entrevista la autora confirma que los hombres le generamos una mezcla de ternura y lástima, en el aspecto de lo represivos que hemos estado históricamente en expresar nuestros sentimiento y emociones, bajo la figura machista y patriarcal que no nos permite demostrar debilidad. Este aspecto la autora lo trata muy bien, porque como efectivamente las emociones de los hombres son en su mayoría guardadas, ella tiene que ahondar en los pensamientos, y en su narración los personajes masculinos transmiten y recorren con silencios los pasajes de sus vidas, aunque sean los más íntimos amigos. Como es el caso de la novela, que uno de sus temas es precisamente el abordaje de la amistad masculina. ¿Hasta dónde llegan los límites de la demostración de afecto? ¿Hasta dónde expresamos lo que en realidad pensamos? ¿Qué escondemos? ¿Qué callamos? ¿Qué preferimos no preguntar? Son varias de las preguntas que se tratan de responder. Y en este punto ya tenemos en cierta forma el sentido de capturar el espíritu de una época, aunque aquí no se reduce a una época sino al mismo mito universal de la masculinidad.  

La autora hace un repaso casi que real y eficaz sobre los problemas y contradicciones de los hombres entre los 20 hasta pasados los 40 años. Los miedos, las presiones sociales, los anhelos, cómo cambian nuestros objetivos de vida y nuestra forma de ver y asumir la vida. Y vale la pena recalcar de los hombres en general, sin importar su condición o preferencias sexuales, sea heterosexual, homosexual o bisexual, porque entre los personajes de la novela varían las opciones y encontramos reflejados dentro del mismo grupo de amigos a esta variedad. Me sorprendió la cantidad de detalles que en realidad te permiten identificarse con sus personajes, así en algunos casos no sean iguales a ti, pero encuentras momentos, escenas que te dejan desnudo ante la mirada y la prosa de la autora.

Es así, como a través de 7 grandes capítulos, distribuidos en 1.004 páginas (800 en su versión en inglés), la autora nos sumerge en un largo, doloroso, emotivo, reflexivo y catártico viaje. Su primer y su último capítulo tienen el mismo nombre: Lispenard Street. Y aquí entramos en otro aspecto, que es el de los paisajes reconocibles desde el punto de vista geográfico. Lispenard Street es un sitio real, dentro de la ciudad de Nueva York, que está señalizado y corresponde a un edificio en el barrio Tribeca en Manhattan. Y es claramente un lugar importante, porque es el primer edificio donde viven dos de los personajes principales de la novela en sus tiempos de universidad, y donde se reúnen y convergen varios momentos con sus otros amigos. El siguiente capítulo, “El Posthombre”, se centra y sigue desvelando la amistad de los cuatro amigos, Willem, JB, Malcolm y Jude, pero que va centrando la importancia de uno de ellos, Jude. Willem es un joven actor de ascendencia europea, que perdió a sus padres muy joven, se forja con esfuerzo, con el tiempo logra el éxito en su profesión, y es el compañero de piso de Jude en Lispenard Street. JB, es un artista y fotógrafo afroamericano, es abiertamente gay, y según los datos revelados de su familia se puede inferir que representa la clase media acomodada, o los llamados pequeños burgueses. Malcolm es arquitecto, siguiendo su tradición familiar, su familia es rica. Y Jude, no voy a contar muchos detalles sobre él, sólo generalidades, es un joven que tuvo una infancia y adolescencia muy difícil, pero logra también salir adelante y convertirse en un importante abogado. Entiendo que a algunas personas les puedan parecer personajes muy estereotipados, pero hay algo que tenemos que tener en cuenta, para no caer al tiempo en una apreciación banal, y es que estamos en Nueva York. Y aquí vuelvo a mencionar otro de los puntos que la autora trata en su novela, y es capturar cierto espíritu juvenil retratado en los miles de jóvenes que llegan a Nueva York a cumplir sus sueños, el sueño americano. Por esto, no es raro ver a personas que sean atractivas físicamente, quienes precisamente se mueven bajo el mundo cultural y artístico de la ciudad. Es cierto que todas las personas merecen que su historia sea contada, pero para eso tenemos la variedad de novelas, autores y perspectivas. Por lo tanto, la parte de los personajes en esta novela, para mí fue muy efectiva, hay personajes que logran una gran profundidad, y quizás el punto negro sea que quizás algunos de los principales quedan relegados en cuanto a tratamiento y profundidad. Pero siguiendo con el nombre de los capítulos, luego del Posthombre, viene “Retoques”, que es una analogía al trabajo de Willem como actor, precisamente cuando en una escena lo están maquillando antes de salir a escena, dándole los retoques, pero al tiempo nos habla del maquillaje o la máscara con que a diario pasean todas las personas, y se sigue ahondando en sus personajes. Luego viene, “El axioma de la igualdad”, uno de los capítulos más famosos del libro, he visto que muchas personas se tatúan el nombre en los brazos, y es un capítulo donde le damos la gran bienvenida al dolor, se van desvelando más detalles del pasado de Jude, y los fantasmas que retoman en el presente. Luego seguiría, “Los años felices”, que creo que es el capítulo más extenso, con casi o más de 300 páginas, es otro capítulo memorable y en muchos momentos magistral porque siguen las revelaciones, ocurre algo que el lector viene deseando desde hace muchas páginas atrás, pero el título en un poco engañoso, porque el dolor nunca se va. El penúltimo capítulo se titula, “Querido camarada”, en referencia a una película de Willem, y finalmente, nuevamente en Lispenard Street, en Nueva York.  



Lispenard Street



Como ya había mencionado, me parece que captura parte del espíritu de Nueva York, la de los jóvenes que buscan sus sueños, la mezcla de clases, de personalidades, la fauna humana que se diluye y converge en la Gran Manzana. Es cierto que en algún momento todos alcanzan el éxito, algunas veces momentáneo y otros más duraderos. Es una disección que sirve al tiempo para mostrar algo más general, los sentimiento humanos, y cómo varían de acuerdo a la condición, la clase, entre otros aspectos, porque aún así, cada uno de ellos es diferente y asume su vida de distinta forma. Y aunque todos los personajes no tienen el nivel de profundidad, ni la novela se dedica ahondar tanto en cada uno de ellos, por lo que nos pueda parecer que algunos no están bien dibujados, también hay que reconocer que en el transcurso de la novela sabemos que el centro de la historia es Jude. Y que todo se va a centrar en él, incluso los otros personajes, aunque tengan sus momentos de intimidad y conozcamos más de ellos, todo va a girar en torno a la figura de Jude y su relación con ellos. 

Ya he hablado del aspecto psicológico del libro, pero decía que también es físico, y lo es, porque es un libro muy doloroso, y el cuerpo es parte fundamental de la narración. Aquí vuelve a entrar el personaje tan bello, oscuro, complejo, y en palabras de la propia escritora, un poco extremo intencionalmente que ha construido, el personaje de Jude. La encarnación del dolor, del sufrimiento, la destrucción, la superación y la misma impotencia ante los traumas del pasado. Sé que muchas de las críticas al libro, es el personaje de Jude, por todo lo que sufre y todo lo que le pasa. Pero honestamente, lo que me quedó a mí de Jude no fue todo lo que le pasa, eso es un elemento que la autora ha confesado que de forma intencional quiso retratar un ejemplo extremo al que le sucedieran tantas cosas, aunque incluso acá tengo una objeción, porque la realidad siempre supera a la ficción, y sólo hay que leer o ver las noticias todos los días para comprobar que hay incluso casos peores. Pero lo que venía diciendo, yo no me quedé con todo lo que le pasa, lo que más me impresionó de Jude es su construcción psicológica, su estructura de pensamiento, y todas las reflexiones internas, porque en efecto, aunque es el personaje central, es quien más calla. Llegamos a sentirnos incluso impotentes de la poca información que llegamos a tener de él en cierto momento, y como seguimos las suposiciones y teorías de sus amigos, de Willem, y de las personas que se vuelven cercanas a él. Incluso puedo decir que me identifiqué con Jude en varios aspectos, sin necesidad de haber pasado por lo mismo que él. Sino en la forma de pensar, de asimilar sus miedos e inseguridades. Su forma de percibir y observar. Incluso su forma de auto sabotaje. Pero para entender un poco más al personaje de Jude, lo que le sucede y sus circunstancias, no es necesario haber vivido lo que él vivió, pero si documentarse un poco y conocer distintas experiencias parecidas, porque la violación desde que eres niño deja una marca de por vida. Recientemente lo pude leer, desde la experiencia del pianista James Rhodes, con su libro Instrumental”, (que también se encuentra reseñado en este blog) (http://asbvirtualinfo.blogspot.com.co/2017/02/critica-libro-instrumental-james-rhodes.html), donde hace un crudo retrato de sus abusos y de su posterior infierno en vida. Creo que la visión de Jude, de cómo se ve a él mismo tan manchado, deformado y sucio, es algo real, es un auto sabotaje continuo y el firme convencimiento de que nunca podrá ser feliz, y sentirse estresado de que cuando está feliz, en saber que en cualquier momento va a terminar y se van a decepcionar de él, a conocerlo de verdad. Ese temor constante y eterno autoflagelamiento, tanto psicológico como físico, es muy real en este tipo de casos. Por lo que, en muchas ocasiones lo que estamos viendo, desde la perspectiva de Jude, es esa concepción mental que transforma su percepción del mundo externo. Recordemos que muchos de los otros personajes lo ven con otros ojos, y no pueden entender como él se ve tan mal. Pero es porque también conocemos y tenemos acceso a ese duro y despiadado espejo como se ve Jude a sí mismo. Y la novela logra que el lector se desespere y sufra con Jude, por sus demonios, por su imposibilidad de ser feliz y disfrutar de los placeres de la vida, y por los dramas que llegan cuando incluso se piensa que nada peor puede pasar.

Pero aquí me devolveré a un punto que acabo de mencionar, la imposibilidad de ser feliz y disfrutar los placeres de la vida. Porque precisamente una de las preguntas en la contraportada del libro se refiere a ¿qué tan importante es el sexo?, y en libro lo vemos sustentado, aunque no en una situación de libre albedrío, sino como causa de un trauma que impide disfrutar el acto sexual. Pero dentro de ese contexto hace una interesante reflexión sobre la importancia del sexo en una relación y en la misma vida. Y esta reflexión no sólo se hace sobre el sexo sino sobre la misma necesidad de tener una pareja, y cómo la misma sociedad castiga y atosiga a una persona que llegada a cierta edad se encuentra solo y sin pareja, sin hijos, sin sentar cabeza:

“Pero, ¿cómo se era adulto? ¿Estar en pareja era la única opción apropiada? Claro que una sola opción no era una opción.
¿Miles de años de desarrollo social y evolutivo, y esa es nuestra única posibilidad?

Además del desprestigio que otorga la soledad:

“A veces se pregunta si esa soledad también la experimentaría si no le hubieran abierto los ojos al hecho de que tiene que sentirse solo, de que hay algo extraño e inaceptable en la vida que lleva. Siempre hay gente preguntándole si echa de menos lo que nunca se le ha ocurrido desear, lo que nunca pensó que podría tener.”

Creo que en síntesis, es una novela de largo aliento, que si bien no es perfecta, posee grandes virtudes, que superar sus puntos negros. Aunque me parece que sobran varias páginas y lo hubiese hecho más corto, aún así, pienso que disfruté cada una de sus páginas, sentí tristeza, alegría, dolor, identificación, y totalmente involucrado con la narración y sus personajes. Y me parece increíble cuando una obra logra esa conexión con sus lectores, si buscan en las redes sociales verán como muchas personas, hombres y mujeres, y especialmente hombres, heterosexuales y homosexuales, que se han sentido identificado con la novela y sus personajes, han llegado a tomarse fotos con la portada, que muestra esa imagen de sufrimiento, que asemeja a Jude. También fotos visitando Lispenard Street, o incluso tatuarse nombre de capítulos del libro. Una comunidad, que ciertamente logró una gran conexión con el libro. No creo que me haga tatuajes, pero quizás si una foto (la comparto al final del post).  

Una vez conozcas a Jude, no podrá salirte de la cabeza, inicialmente atrapado por el misterio que genera, y luego aterrado y conmovido por su sufrimiento, su lucha y capacidad de resistir y superar. “Lo siento. Lo siento mucho”, son creo que las palabras que más re repiten en la novela, la mayoría de ellas por parte de Jude. Creo que criticar que un hombre sufra y tenga sentimientos, entraría a una categoría de machismo literario. Y hay algo en Jude que es tan cierto para las personas que han sufrido abusos, y lo que lo lleva a disculparse por todo, y es que nadie lo enseñó de pequeño a no sentir culpa. Y la autora nos muestra como desde muy pequeños aprendemos distintas habilidades sociales para poder convivir en sociedad. También me quedo con su bello retrato de la amistad, la amistad general, en especial la masculina, porque en un momento, Jude , que es el más jodido de sus amigos emocionalmente, se ve dándole consejos a sus amigos, lo que a la vez a él le permite darse cuenta que no es el único que sufre y libra batallas internas. Aunque estemos más jodidos que otros, siempre pensamos que nuestros problemas son los mayores, pero no todas las personas asimilan tan bien el dolor. Y Jude es una persona que a pesar de todo, aprendió a asimilar su dolor, no de una forma perfecta, pero la mejor que pudo encontrar para sobrevivir al trauma. Y en este mismo punto, señala la importancia de los amigos, de personas alrededor en quien apoyarnos mutuamente. Y aquí nuevamente hace énfasis en la ciudad de Nueva York, una ciudad sobre conseguir la autenticidad, algo real y amistades de valor es tan difícil, pero a la vez tan necesaria, donde los amigos se convierten en la familia. Y también como el mismo trabajo se convierte en un soporte o vía de escape para evadir el dolor, y para conseguir una identidad. Pero que sin dudas también debe verse apoyado por la amistad, como menciona Jude en un fragmento:

“La amistad a menudo desafiaba la lógica eludiendo a quienes lo merecían y asentándose en los bichos raros”.

En ese punto, sorprendido de como una persona como él se puede ver rodeada de personas tan buenas, pero con tantos problemas internos para poder aceptarlo. Pero también Jude nos recuerda, de que si no hubiese vivido lo que vivió, quizás no hubiese conocido a las personas que conoció, por eso, en cierta forma, Jude logra una tregua con la vida. Así que recomiendo leerla, con mensajes de advertencia, pero decirles que si logran entrar y dejarse llevar por la trama van a disfrutar y sufrir de una historia de dolor, amistad y amor. Como mencioné al inicio, la parte física y psicológica, nos involucramos de ambas formas, la habilidad narrativa, la introspección en el universo masculino, y las excelentes descripciones de acciones, de sentimientos, de emociones, de gestos, de miradas, de silencios. Sobre todo silencios. 

7/10


Comparto otros fragmentos, y al final la foto que mencioné:

“Sabía qué significaban las casas para Malcolm: eran una forma de autoafirmación, un modo de recordar que, pese a todas las incertidumbres de la vida, había algo que sabía manejar a la perfección, que siempre expresaría lo que no era capaz de verbalizar.
¿De qué tiene que preocuparse?, les preguntaba JB cuando venía Malcolm angustiado por algo. Pero Jude sabía la respuesta. Se preocupaba porque estar vivo significaba preocuparse, porque la vida era aterradora y una incógnita. Ni siquiera el dinero que Malcolm tenía podía inmunizarlo por completo. La vida le apremiaría y él tendría que tratar de responder, como los demás. Todos –Malcolm con sus casas, Willem con sus novias, JB con sus cuadros y él con sus cuchillas- buscaban consuelo en algo que solo les pertenecía a ellos, algo para ahuyentar la aterradora enormidad y la inverosimilitud del mundo, el impecable paso de los minutos, de las horas, de los días”. 

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara) 

»El axioma del conjunto vacío es el axioma del cero. Establece que debe existir el concepto de la nada, o lo que es lo mismo, que debe existir el concepto del cero: el valor cero, los elementos cero. Las matemáticas dan por hecho su existencia, pero ¿se ha demostrado? No. Sin embargo, debe existir.
»Y si nos ponemos filosóficos, como hoy, podemos afirmar que la vida en sí misma es el axioma del conjunto vacío. Empieza en cero y termina en cero. Sabemos que ambos estados existen, pero no seremos conscientes ni de una experiencia ni de la otra: son estados que constituyen una parte necesaria de la vida aun cuando no pueden ser experimentados como vida. Asumimos el concepto de la nada, pero no podemos demostrarlo. Sin embargo debe existir. De modo que prefiero pensar que Walter, lejos de morir, ha demostrado en sí mismo el axioma del conjunto vacío, ha verificado el concepto del cero. No se me ocurre qué podría haberle hecho más feliz. Una mente refinada quiere desenlaces elegantes, y la de Walter era de lo más refinada. De modo que le digo adiós deseando para él la respuesta al axioma que tanto amó.»

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara)



"Entonces piensa en el doctor Kashen. No en él, sino en la pregunta que le hizo al solicitar el puesto de asesor: «¿Cuál es su axioma preferido?» (la frase para ligar de los nerds, según CM). «El axioma de la igualdad», respondió Jude entonces, y Kashen asintió con aprobación. «Es muy bueno.»
El axioma de la igualdad afirma que x siempre es igual a x; parte de la premisa de que si tienes un objeto conceptual llamado x, siempre debe ser equivalente a sí mismo, hay una singularidad en él y está en posesión de algo tan irreducible que debemos dar por hecho que es absoluta e inalterablemente equivalente a sí mismo todo el tiempo, que su elementalidad no se puede alterar. Sin embargo, es imposible demostrarlo. «Siempre», «absolutos», «nunca»; estos son los términos que, como los números, componen el mundo de las matemáticas. No a todo el mundo le gusta el axioma de la igualdad —en una ocasión el doctor Li lo tachó de tímido y remilgado, un baile de abanicos en versión axioma—, pero Jude apreciaba cuán elusivo que era, cómo la belleza de la ecuación siempre se vería quebrantada por los intentos de demostrarla. Era la clase de axiomas que podía hacerte enloquecer o consumirte, que con facilidad podía absorber tu vida entera.
Sin embargo, ahora sabe hasta qué punto es cierto el axioma, porque él ha experimentado la demostración consigo mismo, con su propia vida. Ahora comprende que la persona que fue siempre será la persona que es. Tal vez haya cambiado el contexto, Sí, ahora vive en ese piso, tiene un trabajo bien remunerado que le gusta, tiene padres y amigos a los que quiere. Tal vez sea respetado y, en el juzgado, quizá incluso temido. Pero, en esencia, es la misma persona, una persona que inspira aversión, una persona que ha nacido para ser aborrecida. Y en ese microsegundo en el que se encuentra suspendido entre el éxtasis de volar y la expectativa del aterrizaje, que le consta que será terrible, sabe que x siempre será igual a x, con independencia de lo que haga, de los años que hayan transcurrido desde que dejó el monasterio y al hermano Luke, de todo el dinero que gane o del esfuerzo que haga por olvidar el pasado. Esto es lo último que piensa al caer sobre el hormigón y fracturarse el hombro. Por un instante el mundo le ha sido felizmente arrebatado: x = x, piensa, x = x, x = x."

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara)



Mi foto con el libro: 


Alejandro Salgado Baldovino





Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)