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viernes, 14 de julio de 2017

Ciclo Japón (Literatura/Cine) – Club de Lectura Sícalo



Rashomon



La pasada sesión del Club de Lectura Sícalo tuvimos una de las dos últimas sesiones de cierre del Ciclo de Japón (Literatura/Cine). Un ciclo muy rico, extenso y productivo. Como les mencionaba el pasado miércoles, “Silencio”, fue el título con que se inició la idea del ciclo, luego de que nuestra amiga Iliana me comentara que había visto la película (versión de Martin Scorsese del 2016), y que le había gustado, y de un artículo que salió sobre el libro original. A partir de ahí empecé a diseñar este ciclo, que de cierta forma nos permite hacer un viaje por la historia de Japón. 

En la primera sesión que tuvimos del ciclo, hice una introducción histórica de Japón, porque me pareció muy pertinente en esta oportunidad hacer este contraste, entre la historia y las obras que leímos. A continuación, explico un poco en resumen, para los que no asistieron a la sesión:

Inicialmente, leímos a Ryunosuke Akutagawa (1892-1927), el más grande cuentista japonés, y uno de los grandes de la literatura universal. Tanto, que el premio más importante de Japón tiene su nombre. De él leímos sus dos cuentos “Rashomon” y “En el bosque”, ambas historias que fueron adaptadas al cine en una novela única, como fue “Rashomon” de Akira Kurosawa, el gran director nipón, y al tiempo la película que abrió las puertas del cine japonés al mundo. Según el contexto histórico, Akutagawa es importante porque en Rashomon, nos muestra una constante en su literatura, como es la recreación de la dureza y crudeza de la época, con un símbolo particular, que incluso recibe el título de la historia. “Rashomon” fue la más grande puerta de la ciudad de Kioto durante la era Heian. La era Heian (794-1184) fue la época dorada y clásica de la cultura y artes japonesas. En la historia de Rashomon, se muestra la puerta precisamente la gran puerta descuidada y deteriorada, como símbolos de decadencia, que tuvo como gran culpable el transcurso del Siglo XII, que fue una de las épocas más duras e inestables de Japón. La Japón Feudal, los Samurais, los Ninjas y distintos grupos que relegaron la figura del emperador durante casi un milenio, en un periodo que también se conoce como “Shagunato Tokugawa” (1192-1868), a través de ese tiempo en tres periodos. Ya posteriormente vendría la Restauración Meiji, a partir de 1867, que restauraría la figura del emperador, y del Japón que empezó a crecer y prosperar en todos sus apartados, sirviendo para el renacer de varios de los más grandes artistas japoneses. Por eso destaco de Rashomon, la referencia al Japón clásico.





El Rumor del Oleaje



Luego, con Yukio Mishima (1925-1970), nos saltamos el siglo oscuro del Japón, y llegamos directamente a la modernidad del Japón. Pero Mishima, en “El Rumor del Oleaje”, ambientada en los años 50, como lo hablamos en la sesión, manifiesta una nostalgia por el Japón clásico y las tradiciones antiguas. Pero no solamente del periodo clásico de Heian, sino el mismo periodo del Japón Feudal. Y es algo lógico, teniendo en cuenta que su padre y su abuela venían de una tradición y descendencia de samuráis. Pero las energías de Mishima están más enfocadas al periodo después de la segunda guerra mundial, que trajo entre muchas cosas, la larga ocupación de los Estados Unidos en Japón, y poco a poco la inminente occidentalización del Japón. Algo por lo que Mishima luchó hasta el final de su vida. Pero además, también leímos de Mishima, su extraordinaria “Confesiones de una máscara”, donde además que tratar los temas que trató y le preocuparon en su vida y obra, se centra más en su propia vida, en su pequeña autobiografía, que a la vez es uno de los más grandes relatos confesionales de la literatura. Con Mishima, vimos la excelente película de Paul Schrader: “Mishima, Una Vida en 4 capítulos”, que precisamente nos hace una síntesis artística sobre su vida y obra.

Pueden leer mi reseña completa del libro en el siguiente enlace:





Confesiones de una máscara



Pueden leer mi reseña completa del libro en el siguiente enlace:





Silencio



Y finalmente llegamos a “Silencio” de Shūsaku Endō (1923-1996), con el que históricamente volvemos al pasado, pero esta vez sí nos metemos en el corazón del Japón Feudal, en el periodo oscuro del Japón. Precisamente en el Siglo XVII, con las misiones de evangelización de los Portugueses al Japón. El primer misionero católico que llegó al Japón fue San Francisco Javier, en el año 1549. En menos de 60 años logró una gran labor, 300.000 católicos. Incluso varios señores feudales se llegaron a bautizar bajo la religión católica. Pero a partir de 1614 inician las persecuciones del estado a los cristianos. Y se inventaron mecanismos de tortura, como la famosa Fosa, que leímos en el libro y también vimos (y veremos) en la película de Scorsese. En esta persecución a católicas, la idea era volver apóstatas al mayor número de cristianos confesos, y si eran sacerdotes mucho más. “Silencio” es una novela con tintes históricos, basada en hechos reales, que relata la expedición de dos sacerdotes, especialmente del narrador principal, Sebastian Rodrigues, en búsqueda de su maestro, Cristovao Ferreira, tras pasar un largo periodo sin saber de él. Por lo que habían dos opciones, se había convertido en mártir, o en un apóstata, como se rumoraba. La novela, es ese viaje de descubrimiento, de aventuras, de sufrimiento, de dolor y de silencio. Precisamente, en el año de 1873, coincidiendo con la Restauración Meiji, la libertad religiosa volvería al Japón. Para ese año, según sólo quedarían 30.000 cristianos.

Como comenté en la sesión, es una novela histórica. Su autor, tiene la particularidad de ser un japonés con educación católica, siendo bautizado a los 13 años. Por lo que en su literatura siempre hubo una tendencia a explorar el fenómeno de catolicismo en Japón, exponer las persecuciones, sentirse diferente, y sobre todo hacer un análisis de las creencias. Porque Endo nunca es propagandista, al contrario, es incisivo y curioso, lo que nos lleva a explorar de forma más objetiva y profunda el tema. La novela varía en la narración, en su mayor parte es un relato en primera persona, desde la voz del padre Sebastián, sus pensamientos, sus dudas, sus monólogos; pero también, en ocasiones se utiliza un narrador omnisciente, cuando sentimos que se refieren a Sebastian, como el padre. Y hay al final otro estilo, y es simplemente como forma de un documento lineal, lo que personalmente hizo que me chocara un poco la parte final, creo que pierde ritmo, y se me hace innecesario ese elemento. Creo que Scorsese sorteó de mejor forma ese final. 
Pero lo interesante de todo esto, y lo que quería resaltar al hacer el análisis completo de este ciclo, y su comparación con la cronología histórica del Japón, es porque en realidad realizamos un estudio desde la literatura de todo un país, sólo a través de la lectura de tres de sus grandes autores.




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)



sábado, 3 de junio de 2017

Crítica del libro: Confesiones de una máscara (Yukio Mishima)

Yukio Mishima



"(...) Lo más horroroso es que la belleza no sólo es aterradora, sino también misteriosa. Dios y el Diablo luchan en ella, y su campo de batalla es el corazón del hombre. Pero el corazón del hombre sólo de su dolor quiere hablar. Escuchad, que os contaré lo que dice..."
Dostoievski (Los Hermanos Karamazov)
Fragmento en la introducción de "Confesiones de una máscara" de Yukio Mishima.



Hace pocos días publiqué mi reseña sobre “El Rumor del Oleaje” de Yukio Mishima, porque en el Club de Lectura al que asisto hemos estado en un ciclo de literatura japonesa, y particularmente en las últimas semanas en el análisis de la obra de Yukio Mishima. Y especialmente “El rumor del oleaje”, porque me interesaba hacer una comparación con la siguiente obra: “Confesiones de una máscara”. 

El Rumor del Oleaje fue publicada en el año de 1954, a los 29 años de edad de Mishima, y cinco años después de su gran novela con tintes autobiográficos: Confesiones de una máscara (1949), que publicó a los 24 años. Mishima es uno de mis escritores japoneses favoritos, dentro del amplio número de escritores nipones que me gustan. Y si, fue un prodigio en la escritura, que desde muy temprano escribió grandes obras maestras. Tuvo una corta pero agitada vida. En los 45 años que vivió, podemos decir que vivió muchísimo, desde sus estudios de derecho en la Universidad de Tokio, pasando por su posterior trabajo como ejecutivo en el Ministerio de Finanzas, y por supuesto su época creativa, cuando abandona todo y decide seguir su pasión por las letras, junto con su activismo y militancia política, su culto al cuerpo y su afición a los viajes.

Debió resultar pedante, cuando un joven de 23 años fue donde un editor para presentar su primera autobiografía. Pero eso hizo Mishima. Como su nombre lo dice, “Confesiones de una máscara”, es una confesión, una larga misiva, un relato confesional y testimonial en primera persona, donde el protagonista comparte y hace un muy agudo y complejo análisis de sí mismo. Desde la descripción de su familia, sus padres, su abuela, su infancia, adolescencia y juventud, hasta donde ese momento llegaba su vida. En ese viaje interior, narra y tiene vital importancia, su temprano descubrimiento e interés por el cuerpo masculino, sus despertar sexual, su confusión, pero a la vez una claridad sobre el papel que debía desempeñar en la sociedad para no ser señalado o desvalorado… la construcción de su máscara y una identidad ajena, mientras secretamente iba descubriendo su propia esencia. 

En el inicio, retrata a su familia, y de forma muy hábil, como lo hace en todo el libro, mientras Mishima describe y ahonda en la narración, parece que estuviese descubriendo, y con complicidad del lector, descubriendo conjuntamente su universo interior. En esa primera parte de su vida se hace evidente un rasgo particular para entender un poco su personalidad, y su afinidad, no sólo al sexo masculino, sino a la unión del amor y del placer con el dolor, el sufrimiento, la sangre, la autoflagelación y la muerte. De niño presenció los maltratos de su abuela a su madre, y a la vez, como su amada abuela, y madre sustituta, se deterioraba físicamente en un cuarto lleno de amargura, putrefacción y miseria.




San Sebastián


Yukio Mishima




Al mismo tiempo, Mishima empieza a dar esbozos de cómo a través de la lectura empezó a descubrirse a sí mismo. Su fijación por los cuentos infantiles con los que aprendió a leer, y con la figura del caballero sobre el corcel con la espada en alto, que para él representaba un impulso y una fascinación que quizás en ese momento desconocía. En un episodio en las primeras páginas, relata cuando hojeando unos libros de arte que había traído su padre de uno de sus viajes, observó fijamente unos fotograbados de esculturas griegas. En una de ellas vio la reproducción de “San Sebastián” de Guido Reni (foto arriba). Una imagen que le impactó e impresionó tan profundamente, que generó su primera eyaculación, que Mishima describe con verdadera maestría en su novela. La eyaculación que posteriormente le llevaría a descubrir la masturbación, que él mismo describe como su “vicio”, nuevamente un acto de placer pero que a la vez describe como grotesco, sin quitarle sus respectivos méritos. Aquí entramos a analizar una parte interesante para comprender a Mishima, y es su espíritu conservador, que va unido a su posterior ideología nacionalista, con la preservación de las tradiciones de los valores, pero más adelante mencionaré algo sobre el tema. La imagen de “San Sebastián”, un santo exhibiendo su cuerpo, que a la vez muestra su abdomen atravesado por una flecha, fue para Mishima una imagen que reunía todos los elementos que le ayudaron a descubrir su placer y pasiones más ocultas… nuevamente con la atracción del cuerpo, unida al dolor. Precisamente, años después, cuando Mishima, quien fue un joven muy delgado, decidió someterse a un duro entrenamiento para formar y esculpir un cuerpo como el de las imágenes griegas que tanto le fascinaban, y que también descubrió en uno de sus viajes a Grecia. Hizo mucho ejercicio, practicó el kendo, el arte marcial moderno japonés de la esgrima, y adquirió unos hábitos muy sanos. Estando en ese estado, Mishima se practicó una serie de fotos donde en una posaba precisamente con la obra de “San Sebastián”, que tanto le impactó de pequeño, con una señal en el pecho, en el lugar que años después se practicaría el harakiri.   

Por lo que, en la primera parte de la novela somos testigo no sólo de una confesión, sino de un increíble análisis, que a la vez le sirve al lector para analizarse a sí mismo en distintos aspectos. En uno de los fragmentos de la primera parte dice:

“Estudié minuciosamente un gran número de novelas, con el fin de averiguar cómo veían la vida los chicos de mi edad, y qué era lo que se decían a sí mismos”. 

Mishima dedica varias páginas a describir lo diferente que se sentía a los otros chicos de su edad. Y no sabía cómo actuar en muchos momentos, se sentía impotente. Por lo que menciona uno de los fragmentos más sabios:

"Cuando un muchacho de catorce o quince años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de chicos de su misma edad, incurre, fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis".

Mishima es consciente de su diferencia, pero a la vez es lo suficientemente lúcido para analizar el entorno, y especialmente a sí mismo para llegar a comprender el mundo. Características notables, que claramente le ayudaron a escribir una novela tan compleja y profunda siendo tan joven.  

En ese tiempo, el joven Mishima también se enamora por primera vez y descubre el amor. Inicialmente con un joven compañero, y luego con amigas, e incluso la conductora del autobús escolar, es una sucesión de experimentaciones, de dudas, pero al final una sucesión de emociones en busca de la propia identidad. En una parte, describiendo lo que sentía por su amigo Omi, dice:

“Lo menos que puedo decir es que, mientras me encontraba en la escuela, principalmente durante una clase aburrida, no podía apartar la vista del perfil de Omi. ¿Qué más podía hacer cuando ignoraba que amar es buscar y ser buscado al mismo tiempo? Para mí, el amor sólo era un diálogo de acertijos sin solución. Y en lo tocante al espíritu de mi adoración, jamás imaginé que fuese algo que exigiera respuesta”.

También resulta perturbador uno de sus sueños, donde experimenta el placer con la muerte, y el suicidio. Un acto que rondaría durante toda su vida, hasta alcanzarlo finalmente. 

Mishima cuenta su experiencia, pero a la vez hace un escrito universal, porque como siempre he pensado y dicho, para describir y conocer el mundo exterior, al mundo, al universo, y a las personas, solo necesitamos hacer un agudo estudio a uno mismo. Y como lo demuestra el mismo caso de Mishima, algunas personas tienen la virtud de acceder desde muy temprano a tales revelaciones, que no siempre son positivas y esperanzadoras. 

Tan joven logró describir a la perfección y con rigor psicológico y literario, que aún hoy en día se analiza, y ha servido de material para psicólogos y estudioso de la naturaleza humana. De hecho, el prólogo de la edición de mi libro, lo escribe Juan Antonio Vallejo Najera, un reconocido psiquiatra y escritor español. Su prólogo es muy bueno, si pueden conseguirlo.   

Al leer las “Confesiones de una máscara”, para mi fui inevitable hacer una relación con la también bella larga misiva que escribió la gran Marguerite Yourcenar, “Alexis y el tratado del inútil combate”. No tengo idea, y no he leído por ninguna parte si Mishima leyó a Yourcenar, quien escribió el Alexis en 1929, y Mishima publicaría las Confesiones 20 años después en 1949. Lo que sí sé, es que Yourcenar si leyó a Mishima. Y por esto, en el año de 1989, Yourcenar publicó el ensayo: “Mishima o la visión del vacío”, un excelente y lúcido estudio sobre la vida y obra del escritor nipón, que recomiendo ampliamente.  

En la segunda parte de Confesiones de una máscara, aunque sigue su confesión y análisis interno, hay un nuevo panorama. Ya Mishima tiene establecida su máscara, entonces decide empezar a experimentar con acercamiento con jóvenes mujeres. Entonces inicia su historia con Sonoko, hermana de uno de sus amigos. Y cuenta su propia confusión, como a veces siente que está enamorado, pero no lo suficiente, y como en su interior lo que le sigue despertando sus pasiones son las imágenes masculinas. Según, para los japoneses la ambigüedad es una virtud. Y Mishima era el rostro de la ambigüedad, además de un ser contradictorio, no sólo en su vida interior, sino en su obra. 




Yukio Mishima


Como menciono en el análisis de la obra “El rumor del oleaje”, que escribiera cinco años después de las Confesiones, Mishima hizo una bella novela, pero a la vez añadió a su portafolio una historia única y especial en toda su obra, porque es muy normal y tradicional. Y como ya he mencionado, fue una especie de obra propagandística en el momento en que Japón estaba presentando síntomas de su inminente occidentalización, luego del fin de la guerra y la ocupación estadounidense en Japón. Por lo que esa novela fue una especie de manifiesto para abogar por la recuperación de las tradiciones japonesas, de los valores y tradiciones del pasado, que para un conservador nacionalista como él eran muy importante. Pero aparte de la naturaleza o motivación de esa novela, logró hacer una novela memorable que brilla con luz propia. Y es que su genio era tan grande, que sobrepasaba sus terrenales convicciones. La universalidad le superaba, y sin querer o sin saberlo siempre fue un autor universal. Y demostró que podía fingir la normalidad, la máscara eterna.     

Pero esta contradicción en su obra y su ideología y visión política, también se une a su contradicción sexual, que tan bien queda plasmada en su obra. Pero a pesar de esta confesión tan magistral, real y profunda, Mishima, quizás por sus propias convicciones morales y tradicionales, se casó con una mujer y tuvo dos hijos. Quizás también su manifiesto fue por descubrir su identidad como bisexual, pero al parecer nunca exploró un acercamiento físico con alguien de su mismo sexo, quizás por la relación que él mismo había hecho desde su infancia, de esa pasión secreta con el dolor, el sufrimiento y la muerte. Creo que nunca sabremos a profundidad la dimensión interior de Mishima, pero nos dejó muchas pistas en su obra. Traigo esa a colación, porque es una de las tantas cartas que intercambió durante muchos años con su amigo y maestro, Yasunari Kawabata, quien celebró y alabó sus “Confesiones de una máscara”, Mishima le responde en una de las cartas, que todo lo que tenía que decir sobre la homosexualidad ya lo había dicho en su novela, por lo que no seguiría hablando ni explorando el tema en sus novelas y obras posteriores.

Aunque quizás, Mishima también alcanzó un alto conocimiento de su condición, y no necesitaba una etiqueta especial. Porque él mismo confiesa en la novela que leyó las teorías de Magnus Hirschfeld, el reconocido médico y sexólogo judío alemán que desarrolló la teoría del tercer sexo, además de leer biografías de grandes personajes que experimentaron sus mismas emociones e inclinaciones como Miguel Angel, entre otros.  

Pero siguiendo con la segunda parte de la novela, donde desarrolla su historia con Sonoko, también nos cuenta episodios donde unos amigos dudan de su sexualidad y lo llevan a un prostíbulo, también en el trasfondo histórico se menciona la guerra y posterior ocupación de USA en Japón, episodio que lo marcó tan profundamente. En la novela él le toca ir a prestar al servicio, y en esas idas y venidas, cuando besa por primera vez a Sonoko, decide comprometerse con ella. Al darse cuenta de la magnitud de esa decisión, confía en la crueldad de la guerra para nunca regresar a cumplir con el compromiso adquirido. Pero eso nunca sucede, y la guerra termina, y él se ven enfrentado a volver a lo que él mismo llama “la vida cotidiana” donde tendrá que cumplir con su promesa, que afortunadamente gracias a su amigo, y hermano de Sonoko logra cancelar, por no sentirse preparado. 

El final de las Confesiones, es excelente y muy claro, y el virtuosismo de Mishima se extiende en toda la novela, alcanza una gran cumbre en la descripción final. Cuando se encuentra a Sonoko, ya casada con otro hombre, pero deciden seguirse encontrando clandestinamente, hasta un día la lleva a una especie de discoteca o club nocturno, y el protagonista queda extasiado y totalmente petrificado al ver a un joven bailar sensualmente sin camisa. Olvida a Sonoko, olvida sus esfuerzos, olvida su máscara. Pero la descripción del último párrafo resulta curiosamente premonitoria y totalmente coherente con su propia visión, su propia vida, y sus mismos oscuros deseos.

En fin, es una novela magistral, y es un escritor extraordinaria, que a pesar de sus contradicciones y enfrentamientos internos, nunca careció de talento y de genio artístico, que elevan toda su obra a una de las más grandes de la literatura, no sólo japonesa, sino universal. 

Psdta: Aunque el episodio del Nobel entre Mishima y su maestro Kawabata es un tema aparte. Y si afectó un poco la relación de ambos. Mishima logró en poco tiempo superar a su maestro, y ambos eran considerados en su momento de los más grandes escritores vivos. Y el Premio Nobel tenía el nombre de ambos en sus nominados. Finalmente fue Kawabata el que lo logró en el año de 1968. Y una de las cosas que dijo Kawabata fue, que como se lo habían dado existiendo Mishima. Mishima se suicidó dos años después en el años de 1970, y Kawabata le seguiría, suicidándose dos años más tarde en 1972. Hay un libro que recoge la correspondencia entre ambos escritores. Tampoco tiene perdida. Y se los recomiendo mucho. 


Calificación:

10/10











viernes, 26 de mayo de 2017

El Rumor del Oleaje (Yukio Mishima)

Yukio Mishima



“Shiosai”, como su título original, es una de las novelas más emblemáticas del gran escritor nipón Yukio Mishima. Publicada en el año de 1954, a los 29 años de edad, cinco años después de su gran novela con tintes autobiográficos: Confesiones de una máscara (1949), que publicó a los 24 años. Mishima es uno de mis escritores japoneses favoritos, dentro del amplio número de escritores nipones que me gustan. Y si, fue un prodigio en la escritura, que desde muy temprano escribió grandes obras maestras. Tuvo una corta pero agitada vida. En los 45 años que vivió, podemos decir que vivió muchísimo, desde sus estudios de derecho en la Universidad de Tokio, pasando por su posterior trabajo como ejecutivo en el Ministerio de Finanzas, y por supuesto su época creativa, cuando abandona todo y decide seguir su pasión por las letras, junto con su activismo político y su afición a los viajes. 

La novela, ambientada en los años 50, en épocas de la posguerra, cuando Japón, luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, estuvo ocupada durante un periodo por USA, fue ambientada prácticamente en el mismo tiempo en que fue escrita. Cuenta la historia de dos jóvenes, Shinji y Hatsue, quienes viven en una pequeña isla japonesa pesquera. Shinji es pescador, quien vive con su madre y su hermano menor, y Hatsue es la hija de un rico naviero, quien busca casarla para la permanencia de la familia. Ambos jóvenes se encuentran un día en la playa, en una muy bella escena, de casi todas las bellas escenas que componen este libro, y se enamoran, e inicia una pequeña aventura romántica donde deben combatir sus instintos pasionales, atormentados por su propia moral y tradiciones, buscan la mejor forma de poder estar juntos con el beneplácito de la sociedad y sus padres. 

Mishima toma esta sinopsis, que parecería de una novelita romántica cualquiera, y con la maestría de su pluma la convierte en poesía, en un retrato bello, triste y nostálgico del Japón rural de aquella época, con sus costumbres y sus tradiciones. Porque aunque es una historia de amor muy bella, lo más llamativo de la novela, es el trasfondo un político, social y cultural. Es bien conocida la posición de Mishima, que heredó de su padre, quien a la vez venía de una familia de Samurais, una posición nacionalista y conservadora, con una aberración a la occidentalización del Japón, y una nostalgia que le duró hasta el final de sus días por el Japón tradicional. Por lo que en la novela, esas bellas descripciones del pueblo, de su gente, de los ritos, de los valores, las creencias, y el culto a los dioses de los elementos de la naturaleza, como el del mar, que es otro gran protagonista de la novela, el mar de Mishima y su oleaje es un elemento de fuerza, que acompaña a la narración, y que a la vez sirve de elemento de cohesión para sus personajes, la historia y el mensaje de nostalgia por la belleza de las tradiciones pasadas. 

En este aspecto, como ya lo he mencionado otras veces, en otros escritos sobre escritores japoneses clásicos y contemporáneos, la occidentalización del Japón fue un proceso sin reversa, que aunque si minó en cierta forma algunos aspectos de la sociedad, debo decir que en el arte no fue afectada del todo. Porque siempre he dicho, que lo que me encanta del arte japonés, en su cine y en su literatura, es esa inherente sensibilidad, una poesía especial, auténtica, y una sencillez arrebatadora, pero a la vez bella de narrar la realidad. Eso tenía el Japón clásico, su arte, y los contemporáneos lo han mantenido. 
Claramente las historias son distintas, porque la sociedad si ha cambiado, y se ven nuevas dinámicas, pero en la parte artística, debo decir que aún me gustan artistas nipones, tanto en el cine y la literatura, y no ha perdido esa magia que tanto me encanta de ellos.  
En fin, “El Rumor del Oleaje”, a la vez, es un libro especial en la carrera de Mishima, porque su literatura no está precisamente caracterizada por historias tan bonitas como esta, como lo dice la gran Marguerite Yourcenar en su excelente ensayo sobre Mishima, titulado “Mishima o la visión del vacío”. La historia de amor de Shinji con Hatsue es una de las más bellas jamás escritas, las descripciones de los personajes, sus sentimientos, y el ambiente, y el mar, que a la vez están como bajo un encanto, hace una unión perfecta que estremece y sigue un ritmo liviano, sutil y penetrante, donde el lector quedará prendido en las primeras páginas. Aunque al final la historia, personalmente, me parece que flaquea un poco, se pierde un poco el encanto y entra como a un terreno distinto, muy complaciente con la historia en sí. Lo que refuerza mucho más la idea del trasfondo social dentro de la novela, y lo que Mishima quería plasmar y rescatar para su época. Y esa nostalgia y esa añoranza se hace presente también en su lectura. 

A pesar de esos detalles, sigue pareciéndome una excelente novela, porque es el ejemplo perfecto de la novela clásica japonesa, y una de sus más bellas escenas, que es cuando los protagonistas están desnudos en un cuarto separados por una hoguera, está descrita magistralmente, y ha sido tan copiada tanto en la literatura como en el cine. Una novela imprescindible para ahondar en la figura del gran Mishima, y en la literatura japonesa en general. 


8.5/10



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Correspondencia (1945-1970) Yasunari Kawabata, Yukio Mishima

Reseña sobre el libro Correspondencia (1945-1970) Yasunari Kawabata, Yukio Mishima



Este libro llegó a mis manos por azares del destino, sin buscarlo. Para los que me conocen, saben de mi predilección, pasión y casi veneración por la cultura y el arte asiático, en especial en el cine y la literatura. Además de algunos aspectos de mi personalidad que asocio a esta cultura, y otros detalles, siempre me ha fascinado la sencillez, sensibilidad y sutileza con que son capaces de expresarse. Tan natural, que sientes que no es algo adquirido, sino heredado por tradiciones milenarias o inherentes al espacio geográfico en que se desenvuelven. 

A Yasunari Kawabata ya lo conocía, uno de los escritores japoneses más reconocidos y mejor ponderados, y el primer escritor japonés en ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura, en el año de 1968. He leído varias de sus novelas, “El maestro de Go”, “País de Nieve”, “Lo bello y lo triste” y su inmortal “La casa de las bellas durmientes”, aún me quedan algunos por explorar y leer. Por el contrario, a Yukio Mishima no lo conocía hasta hace poco, cuando en un artículo en este año se resaltaba a algunos escritores que habían alcanzado el éxito y reconocimiento literario antes de los 25 años. A partir de ese artículo busqué la novela con que precisamente se hizo famoso tan joven, “Confesiones de una máscara”. Meses después, en mi librería favorita, Ábaco Libros y Café, en la ciudad de Cartagena de Indias, me encontré con esta Correspondencia que habían tenido Kawabata y Mishima a través de veinticinco años, lo que para mí fue como si hubiese encontrado un pequeño tesoro. Desconocía que eran amigos, que se escribieron y menos que tuvieran una relación casi de maestro-discípulo. Sin dudas ha sido una de las mejores lecturas que he tenido en este año, y a continuación comparto algunos detalles del libro y de la relación de ambos escritores. 

Yasunari Kawabata, nació en 1899 y Yukio Mishima, quien originalmente se llamada Hiraoka Kimitake, nació en el año de 1925. La correspondencia en el libro inicia en el año de 1945, con una respuesta del ya reconocido Kawabata, agradeciendo la obra que le había enviado el entonces joven de 20 años, Yukio Mishima. Kawabata publicaría su primera novela siendo también joven a mediados de los años 20, por el año 1926, sólo un años después del nacimiento de Mishima. Y esta es una de las tantas afinidades y coincidencias entre estos dos grandes escritores, que incluso los uniría hasta la muerte. Yukio Mishima se suicidó en el años de 1970, y Kawabata notablemente afectado se suicidaría también dos años después. 

Posterior a esa carta del maestro, Mishima responde con agradecimientos por los buenos comentarios sobre la obra que le había enviado. Y así inicia una secesión de misivas, todas llenas de cortesía, respeto, admiración y cariño, que claramente con el tiempo y los años se hacían cada vez más cálidas e íntimas. 

Mientras leía la correspondencia, y ver el desarrollo de esta amistad, no podía contenerme y a leer con mucha atención detalles que dieran pistas sobre acontecimiento o fechas importantes, como los procesos de creación de sus novelas, hechos históricos en los respectivos años, y por supuesto el Premio Nobel concedido a Kawabata en 1968, que preciso es uno de los años finales de la selección de misivas. Este momento es curioso, porque en el año de 1968 ambos ya eran reconocidos y considerados de los mejores escritores del siglo XX… El alumno había, en cierta forma, alcanzado al maestro, y ambos fueron durante décadas nominados al Premio Nobel. De hecho, y acá hago la primera señalización a una carta interesante:

En la carta del 27 de Mayo de 1961, Kawabata envía una carta a Mishima. En donde inicialmente Kawabata aborda el tema del Pen Club, el cual fue el presidente en su país durante varios años, y quería vincular a Mishima. Y luego pide a Mishima que escriba una carta donde recomiende a Kawabata a la candidatura al Nobel de Literatura, para enviar a la Academia de Estocolmo. De hecho, en el apéndice final del libro, luego de la última carta en la selección, a inicios de los años 70, aparece la “Carta recomendado al señor Yasunari Kawabata para el Premio Nobel de Literatura 1961”, que a continuación comparto con ustedes:

“Las obras de Kawabata unen la delicadeza con el vigor, la elegancia con la conciencia de los más bajo de la naturaleza humana; su claridad encierra una insoldable tristeza. Son modernas aunque directamente inspiradas en la filosofía solitaria de los monjes del Japón Medieval. La manera en que el escritor elige sus palabras demuestra qué sutileza, qué grado de estremecedora sensibilidad puede alcanzar la lengua japonesa; su estilo único, con una agilidad infalible, es capaz de ir directo al corazón de un hombre para expresar su sustancia, ya se trate de la inocencia de una jovencita o de la horrorosa misantropía del anciano. Una concisión extrema –la concisión cargada de sentido de los simbolistas- se instala en obras cortas que, a pesar de su brevedad, engloban todos los aspectos de la naturaleza humana. Para muchos escritores del Japón moderno, los imperativos de la tradición y el deseo de crear una nueva literatura se mostraron casi inconciliables. El señor Kawabata, sin embargo, con su intuición de poeta, ha superado esta contradicción para convertirla en una síntesis. En todos sus escritos, desde su juventud hasta nuestros días, se encuentra, como una obsesión, el mismo tema: el contraste entre la soledad fundamental del hombre  y la inalterable belleza que se aprehende intermitentemente en las fulguraciones del amor, como un rayo que de pronto pudiera revelar, en el corazón de la noche, las ramas de un árbol en plena floración. 
Es un honor para mí recomendar a quien, más que ningún otro escritor japonés, presenta verdaderamente las cualidades requeridas para el Premio Nobel de Literatura”

Yukio Mishima


Otro momento importante, es el siguiente fragmento. La carta corresponde a la fecha de 2 de noviembre de 1948, en los primeros años de la larga relación entre la joven promesa de las letras, Yukio Mishima y el ya reconocido y mitificado Kawabata. La carta al inicio tiene una inscripción: "Esta carta, abierta por el ejército de ocupación norteamericano, lleva sello: "Verificado por la censura". Este fragmento me pareció especial porque Mishima, quien estaba muy joven aún, en esta carta desvela detalles de la que sería su obra maestra: "Confesiones de una máscara", que publicaría también muy joven:  

"(…) En estos últimos tiempos me volví perezoso, para vergüenza mía, y sólo escribo apresuradamente las cosas que había dejado abandonadas hasta el último minuto, pero me gustaría, para la obra que me han pedido las ediciones Kawade Shobo y a la que me tengo que dedicar a partir de fines de noviembre, emprender un trabajo de más largo aliento. Ya tengo título provisional: Confesiones de una máscara, y querría, ya que es mi primera novela autobiográfica, disecarme a mí mismo, con la doble resolución de la que habla Baudelaire: ser "tanto la víctima como el verdugo"; también querría torcerle el cuello a aquello en lo que mis lectores saben bien que he creído: el dios de la Belleza, para ver si sería capaz de volver a la vida. Se tratará de un análisis sin reservas, que voy a emprender con gran determinación, sabiendo que, sin duda, habrá quien rechace leer una sola página mía después de leer esta novela; en contraste, el que me diga que es "bella", me habrá comprendido de la manera más profunda. Pero dada la estrechez del ambiente literario en el Japón de la posguerra, es posible que todo mi trabajo quede, una vez más, sin ser entendido. 
Sé que su esposa, el otro día, estuvo enferma; me gustaría saber si ya se restableció.
Ahora que vienen los primeros fríos, cuide mucho su salud".

Mishima Yukio  


Otro fragmento que me pareció interesante, fue en la carta del 13 de Octubre de 1959, donde Kawabata le escribe a Mishima, y se alcanzan a percibir esbozos de su investigación sobre un tema que trataría en una de sus obras maestras: “La casa de las bellas durmientes”, que publicaría dos años después, en el año de 1961:

“(…) Al partir de Karuizawa, este año, tenía la intención de aprovechar esta estadía para interrumpir los somníferos, pero no he llegado a hacerlo, especialmente porque recibí demasiadas visitas en el transcurso del mes de agosto. Usted hace alusión, sin duda, al medicamento del que habla el diario Sankei de esta mañana, en un artículo titulado: “El somnífero del terror, o V como Valamina”. En una palabra, estos somníferos se convierten en algo parecido a los estupefacientes o los estimulantes, lo que a mí también me produce temor (…)”


Otro fragmento interesante e importante, se encuentra en una carta del 4 de Agosto de 1969, dos años antes del suicidio de Mishima, donde habla de la muerte y de diversos temas que lo atormentaban.  

“(…) Digo cosas cada vez más tontas, que seguramente le harán sonreír, pero de lo que tengo miedo no es de la muerte, sino de qué será del honor de mi familia después de mi muerte. Si alguna vez me sucediera algo, supongo que el mundo lo aprovecharía para sacar sus dientes, marcar mis menores defectos y hacer trizas mi reputación. Esto me da igual que si se burlaran de mí estando vivo, pero la idea de que se rían de mis hijos después de mi muerte me resulta insoportable. Seguramente, usted es la única persona que puede preservarlos de esto, así pues se los entrego completamente para el futuro. Sin embargo, también es muy probable que todo esto no conduzca a nada, que todos estos esfuerzos y sudores se reduzcan a la nada, que todo quede en el cansancio del renunciamiento; por otra parte, para un espíritu dotado de sensatez, esta hipótesis es la que tiene más posibilidades de suceder (¡noventa por ciento, sin duda!), y no obstante, rehúso a mirar esta realidad de frente. Es inevitable que algunos me acuses de huir de la realidad, debido a mi egoísmo, pero en lo que me concierne, nada detesto más en el mundo que las caras gordas de los realistas de anteojos. Espero tener la ocasión de verlo en el otoño. 
Con mis respectivos saludos,

Yukio Mishima

* El 24 de enero de 1971, en ocasión de las exequias públicas de Mishima en el templo de Tsukiji Honganji de Tokio, Kawabata, que presidía la ceremonia, leyó este fragmento de la carta, de gran sentido profético.



Si bien, en este largo intercambio de misivas, podemos observar estos detalles, también podemos atisbar momentos históricos e ideológicos de importancia en la época, como los rastros de la tragedia en Hiroshima y Nagasaki, y algo que tanto Kawabata como Mishima temían y despreciaban, como fue la constante pero segura occidentalización de la sociedad japonesa, y diría que asiática. Y en esto punto, me genera mucho interés de que en todas las cartas no se mencione al gran Natsume Soseki, anterior a ambos escritores y de los más grandes escritores nipones y de la historia. Tan importante es, que en los colegios de Japón, sus libros son de lectura obligada. Y nunca lo mencionan, al menos en las cartas que intercambian y salen en este libro de correspondencia. Y esto me resulta interesante, porque por ejemplo “Kokoro”, una de las obras maestras de Soseki, fueron de gran influencia en la literatura occidental y mundial, en sí, una obra universal. Por lo que, podría decir, que hoy en día, a pesar de la irreversible occidentalización de la cultura, el Japón aún no ha perdido su magia y su identidad; claramente ha cambiado y evolucionado, pero aún mantiene su esencia. Y pruebo de ella, tengo que meter obviamente a Haruki Murakami, el gran escritor japonés contemporáneo, tan criticado en algunas ocasiones por la alta presencia y referencia a la cultura americana en sus novelas. Y como siempre he dicho, Murakami no inventa nada, eso es lo que pasa en Japón y su cultura, que desde inicios de siglos sufrió una trasformación. Y la prueba de que aún no se ha perdido la esencia, es el mismo Murakami y otros escritores nipones contemporáneos, que en sus obras dejan evidencia de que la esencia de la cultura japonesa, esa que tanto a mí me apasiona, aún sigue intacta. Pero no podemos ser ajenos a los cambios. 

En síntesis, como dije inicialmente, ha sido una de las mejores lecturas que he tenido este año. Es genial ver como se desenvuelve esta relación por correspondencia, y ver detalles más allá que no aparecen de forma explícita. Lo recomiendo enormemente, y seguramente volveré a leer algunas de las cartas en distintos momentos. Para los amantes y no amantes de Mishima y Kawabata, y de la literatura japonesa. Porque si te gusta, obviamente te va a encantar, y si no, seguramente vas a querer leerlos, luego de conocer detalles de sus obras, sus vidas, sus trabajos, sus pensamientos, temores y anhelos. 


8.5/10