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miércoles, 15 de julio de 2026

Especial: 2 historias en Cartagena. Reseñas de las novelas: Memoria de un Crucigrama (Orlando Oliveros) y Las Bocas del Silencio (Juan Antonio Pizarro)

Especial: 2 historias en Cartagena. Reseñas de las novelas: Memoria de un Crucigrama (Orlando Oliveros) y Las Bocas del Silencio (Juan Antonio Pizarro)

 

Entre mis últimas lecturas han coincidido estas dos novelas que tienen en común a la ciudad de Cartagena como escenario, y también en que son las óperas primas de sus respectivos autores, a quienes conozco y aprecio. Por lo que he decidido juntar las reseñas en un mismo post. Disfruten y compartan:



Memoria de un Crucigrama (Orlando Oliveros)


La primera novela del joven escritor y periodista cartagenero, Orlando Oliveros, es una novela muy bien estructurada e hilvanada, que nos cuenta la historia de Anastasio, un periodista y poeta frustrado, quien un día recibe la propuesta de falsificar la obra de un excéntrico y reconocido poeta alemán, Kurt Kreuzworträtsel, maestro de la poesía arquitectónica, de origen argentino pero que vivió sus últimos días en Cartagena. Anastasio debe escribir un libro apócrifo para hacerlo pasar como obra póstuma recién descubierta del fallecido autor, para ganar dinero del muerto. Pero en ese proceso, el autor nos lleva por otras historias entrecruzadas con la trama principal, que harán viajar al lector hacia una experiencia que habla sobre las posibilidades de la escritura, la literatura y la misma creación literaria, pero también nos lleva a los territorios de la novela de misterio y crimen; en algunas partes, aparece la novela aventuras y algo de picaresca con su inherente humor y tragedia, para pasar a la misma esencia del costumbrismo y el realismo, en donde Oliveros va recorriendo con sus personajes espacios geográficos físicos de la ciudad, pero también espacios del imaginario colectivo de nuestra cultura, mitos y leyendas, que enriquecen mucho la narración, y que le permiten al lector local ubicarse entre ambos espacios, y seguramente al lector no local, intentar buscarse dentro de este compendio de historias y referencias, que trascienden los límites espaciales, y te lleva por terrenos literarios, artísticos y cinematográficos. 


La novela se divide en tres partes, unidas por dos breves capítulos de transición, que el autor titula como “Coros de Anastasio”, que evocan eventos traumáticos del pasado del protagonista en el pueblo de El Callao, que es el inicio de todo, y como la misma esencia del coro de la tragedia griega, representa la consciencia del mismo pueblo y los testigos, lo que me pareció un interesante recurso, usado especialmente en novelas vanguardistas, para sintetizar o hacer una transposición poética de esta parte de la historia del personaje principal. En la Primera parte, “El dios de las palabras cruzadas”, se nos introduce toda la trama y planeación del fraude, en donde narrativamente el autor se decanta por el uso de la tercera persona pero intercala con la primera cuando cambia la perspectiva hacia otro personaje. En la Segunda parte, “Una editorial para libros huérfanos”, se nos introduce la historia de Gregorio, quien contrata a Anastasio para el fraude, y los devenires en la creación de la editorial, en donde seguimos también con la historia de Anastasio pero se intercala con la historia de Gregorio y su viaje por Colombia buscando clientes para estafar con la literatura. Y la Tercera parte, “Sábanas blancas” nos muestra a Anastasio visto tras las cartas, noticias e imágenes vistos por Leila con escepticismo y un notable dolor silencioso. Pero luego seguimos a Anastasio en sus días en prisión, la enfermedad del Covid, algunos conflictos que no se nombran pero se dejan entre líneas, y su eventual redención volviendo a sus raíces y los traumas por sanar.


Me pareció una novela ingeniosa, didáctica y muy fluida, que nos lleva por distintos recorridos dentro de un laberinto, pero siempre acompañados por la buena prosa, las excelentes descripciones de espacios y personajes, dentro de un engranaje muy bien concebido y ejecutado. Y que por supuesto, alude a la nostalgia de pasadas generaciones que crecieron en la Cartagena de antaño, al mencionar espacios e historias de un pasado no tan distantes, como lo Cinemas Capitol o los escritos póstumos de escritores como Raúl Gómez Jattin, y el misterio tras de ellos, también el retrato de la vida de un periodista local, la impotencia en las denuncias, los cócteles superficiales, y en definitiva, la radiografía del alma de la ciudad bella pero melancólica. Muy recomendada para que la lean y disfruten. Disponible en las librerías del país.




Especial: 2 historias en Cartagena. Reseñas de las novelas: Memoria de un Crucigrama (Orlando Oliveros) y Las Bocas del Silencio (Juan Antonio Pizarro)


Las Bocas del Silencio (Juan Antonio Pizarro)


“Las Bocas del Silencio” es también la primera novela del escritor caleño pero afincado desde hace algunos años en Cartagena, Juan Antonio Pizarro, quien llevado por su interés y fascinación por la historia y por la misma ciudad de Cartagena, escribió esta ambiciosa novela, dividida en cinco partes o “5 libros”, en donde un narrador sin nombre, nacido en los años de 1.800 en Gimaní (Getsemaní) empieza a contar la historia de su familia, empezando por su Abuelo, en quien se centra el primer libro, y que nos traslada al continente europeo, en Trujillo, España, con un niño ilusionado por cumplir el sueño de ir a América, específicamente a Las Indias, para hacer fortuna. Desde esta primera parte, Pizarro ya nos atrapa con su prosa precisa y fluida, con sus excelentes descripciones del espacio y con la minuciosa construcción de sus personajes, especialmente con la recreación de la infancia, en donde me parece que el autor es capaz de construir y evocar desde la memoria y el recuerdo, bellas escenas atemporales que conmueven al lector, y en cierta forma los lleva a encontrarse en ellos. Pero la infancia sigue siendo protagonista, porque aunque en el primer libro vemos la infancia y adolescencia del abuelo, posteriormente en los libros dos y tres, vemos la del mismo narrador, por lo que creo que la infancia y adolescencia tienen una fuerte presencia en la novela en general, y el autor se mueve como pez en el agua en ese espacio temporal. El primer libro finaliza con la partida del abuelo a las Indias, que está llena de muchos avatares y eventos emotivos y trágicos que lo dejarán marcado para siempre. Pero dentro del mismo capítulo exploramos muchos temas históricos, en referencia a las personas que volvían a España sin fortuna pero con la impresión del nuevo mundo, entre otros temas muy interesantes. 


En el segundo libro, “Bisbis”, exploramos la vida y personalidad de la bisabuela del narrador, mientras hacemos a la vez un recorrido por la Cartagena de antaño, su paisaje geográfico, sus tradiciones arraigadas y perdidas, la esclavitud, el machismo y la determinación de algunas mujeres que no se dejaron pisotear por la tradición y la historia. En el tercer libro, “Narrador”, recorremos los recuerdos juveniles del protagonista, con anécdotas, historias locales y mucha cotidianidad, más el primer amor y la primera decepción amorosa, aventuras, descubrimientos, mientras la historia de independencia de Cartagena se mueve de fondo. En el cuarto libro, “Mi amigo Ramiro”, la acción pasa a la ciudad de Bogotá, a través de las historias y vivencias de Ramiro, amigo del protagonista, quien le cuenta su historia en medio del Sitio de Morillo en 1815. Y finalmente, en el quinto libro, “Madre”, la acción se traslada a Haití, con más historias. 


Como ven, Pizarro hace todo un recorrido histórico muy bien hilvanado con la trama principal del protagonista y las personas a su alrededor, que hace que los momentos en donde se entrecruzan con personajes históricos, se sientan muy orgánicos y bien construidos. Y me gustaría hacer mención a la dificultad de la estructura narrativa, pues aunque el lector no lo siente del todo, pero sí debe estar muy atento para no perderse entre los personajes y toda esa construcción coral de secundarios, no debió ser fácil encontrar el tono para que la historia fluyese y avanzara con naturalidad. Creo que es un gran mérito del autor, quien me parece que creó una novela muy sólida, que pone el foco en episodios históricos y personajes locales que no han sido tan retratados en nuestra literatura, y se han mantenido a la espera y en silencio, a veces simplemente relegados a una breve nota en textos académicos. Así que, además de las buenas descripciones, también encontrarán muy buenos diálogos, una variedad de recursos narrativos bien implementados, mezcla de géneros literarios (desde la picaresca y la novela de formación hasta la misma novela policíaca), personajes secundarios memorables y una bien lograda adaptación de eventos y personajes históricos a la trama principal (como los mismos, Simón Bolívar o el Sabio Caldas). Una novela rica y ambiciosa, pero a la vez cálida e íntima. 


La novela ha tenido varios lanzamientos en la ciudad de Cartagena, y en nuestro Club de Lectura de Ábaco, la estuvimos socializando a través de cinco sesiones, a principios de este año en compañía del autor, dejando para el recuerdo muy buenas conversaciones y descubrimientos adicionales. No dejen de leerla. Disponible en librerías del país, ya en su segunda edición.





martes, 21 de febrero de 2023

Reseña del libro: El Sol (Carolina Sanín)

 
 
En este blog he reseñado varios libros de Carolina Sanín, una escritora de la que he aprendido, admirado y disfrutado mucho de su prosa, de sus ideas y sus cuestionamientos a la sociedad, el lenguaje, la vida, entre tantas cosas más. Al final dejaré el link para quienes quieran revisar esas reseñas de otros dos libros hermanos de éste, el más reciente: El Sol.

Los llamo libros hermanos porque Carolina aborda cada obra con un estilo muy marcado que transita entre el ensayo, el relato autobiográfico, la narración confesional y el monólogo, abarcando una extensa variedad de temas, aparentemente contrastados como el universo y el arroz, pero que bajo su pluma y su aguda capacidad de observación logra trazar hilos conductores, puntos de encuentro y completas simbiosis entre cada uno de ellos. 

Si en “Somos luces abismales” y “Tu cruz en el cielo desierto” trató temas como el universo, la naturaleza, los animales, la humanidad, el amor, la idea del amor, la imaginación y el pensamiento, mientras trazaba reflexiones entre cada tema sobre vivencias, recuerdos y experiencias acontecidas durante el período de creación; en “El Sol” vuelve a tratar varios de esos temas con otros nuevos, y por supuesto, con las referencias a otras obras, especialmente los clásicos de la literatura, las tragedias y poema épicos sobre lo cuales además enseña e introduce a otras personas a través de sus cursos, talleres, conferencias, artículos, monólogos o tweets. 

Pero entrando ya exclusivamente a “El Sol”, tenemos 13 capítulos en donde la gran estrella y masa de gas incandescente siempre tiene una breve o amplia presencia, como es lógico, por su misma importancia para la vida misma. Por esto me gusta pensar que siempre ha estado presente en los otros libros de Carolina, en donde se han referenciado incluso en los títulos aunque no se mencione directamente, como en las “luces” o el “cielo”. Y así sería el protagonista silencioso de todas las obras de la historia, tanto en su presencia como en su ausencia. Y así pasamos a través de los capítulos como “El escudo”, en donde rememora el pasaje final de la Ilíada con el conflicto entre Aquiles y Héctor para reflexionar sobre la cólera, la venganza, la victoria, el tiempo, la piedad y la amplitud del mismo ser humano, capaz de contener y anhelar ser otros tantos más durante toda su vida. También reflexiona sobre estos mismos temas con la figura del entrenador de fútbol, José Mourinho, y vuelve a Aquiles para hablar de las armas y el escudo que le forjó Hefesto con el mismo Sol para vengar la muerte de su amado. Y continúan reflexiones y anécdotas personales sobre el poder, el juego, el triunfo y el amor. 

Y ya que en el capítulo anterior planteó una histórica enemistad, me gustaría comentar dos capítulos en donde habla de la amistad y la enemistad/antagonismo. “Lujos”, es otro de los capítulos, en donde inicialmente rememora su infancia para dibujar lo que para ella en ese entonces era un lujo: una pila de hojas blancas en la casa de la abuela, en donde podría dibujar sus sueños, anhelos y distintos objetos de su imaginación, como la casa que imaginaba en su futuro. “El futuro era un cuarto donde el pasado se sentaba a descansar. Eso era el lujo”. Y así va transitando el relato hacia el tema de la amistad, en donde reflexiona sobre la palabra, su significado y sus propias experiencias con la amistad. “… ha sido la vida, la alegría del tiempo, las palabras que no se suceden unas a otras, sino que se leen juntas. La oración y la justicia”. También en otro capítulo, “Un amigo” habla de la amistad con una historia en donde relata una fantasía donde en un universo alterno era amiga del futbolista uruguayo Diego Forlán, con ecos del mundial de fútbol y la Copa América de fondo. Y adelantaré unos cuántos capítulos para hablar de quizás mi capítulo favorito, “Naturaleza y arte”, en donde plantea inicialmente el tema del antagonismo, rememorando nuevamente su infancia, específicamente en momentos que exhibían su innata naturaleza para la confrontación, con lo que vuelve al presente para hacer un ejercicio de introspección, auto-crítica y reflexionar sobre los enemigos y sobre la naturaleza de ser adversario. 

“Digo que no recuerdo desde cuánto cultivo el antagonismo, y es una frase insignificante, pues el antagonismo no es de cultivar. Lo más parecido a intentar su cultivo sería tal vez poner piedras sobre la tierra, en un campo, para luego volver y constatar que las piedras siguen ahí, iguales a como uno las dejó: que de ellas no nacen otras más pequeñas, y que tampoco el viento las arrastra a campos nuevos. Quien cultiva piedras no pone su confianza en la fertilidad. Si uno siembra piedras no espera cosechar y ver que las estaciones pasan renovando y aumentando, sino que quiere hacerle preguntas al tiempo y comprobar que la misma piedra está antes y después”  

Siguiendo con el mismo capítulo, la autora habla de los esfuerzos de agradar a los demás, sus logros y sus fracasos en esa labor, pero se sigue centrando en analizar la figura antagónica y usa a la piedra inerte para hacer una conexión entre la tumba y los cálculos en la vesícula. La naturaleza y el cuerpo. A la vez que explora la figura del protagonista y el héroe como contrapartes del antagonista, y la importancia de este concepto para dibujar, entender y enfrentar el teatro de la vida, los mecanismos y las circunstancias que se enfrentan a diario.
 
Posteriormente da un paso más allá del análisis de la naturaleza para analizar las relaciones parentales/maternales, iniciando con la bella imagen de una jirafa y su ternera, su inseparabilidad, su innata unión, para seguidamente dar paso a la naturaleza de ser contrario y seguir explorando las naturalezas contrarias entre las relaciones de pareja, entre las mismas proporciones de la naturaleza, y finalmente de sí misma de acuerdo a su misma posición dentro del núcleo familiar, con sus padres, su hermano y el inquietante engaño de la memoria de acuerdo a los hechos del pasado. El capítulo sigue explorando distintos temas hasta llegar a las mismas historias bíblicas, que sirven a la autora para plantear otros temas como el del género en toda su amplitud.   

"El patriarcado no se funda en la sucesión entre padre y el hijo que le hereda, sino en la sucesión entre el padre y la hija en cuyo cuerpo el padre pervive transformado en mujer: en alguien que lleva la casa dentro de su cuerpo"

Y aquí añado el comentario que publiqué tras leer este capítulo: “Todo el libro es luminoso, pero ese capítulo en particular me pareció brillante. Muy íntimo y en conexión con muchos temas, desde la figura antagónica, pasando por la relación de padre e hija, la imagen, el cuerpo,  el sexo, la belleza, la piedra, los hermanos, el hijo y el diablo”, y de verdad al leerlo nuevamente me sigue pareciendo brillante cómo hila y mezcla magistralmente todos estos temas sin perder enfoque y unidad con lo planteado inicialmente. Navegando en las ideas, en las preguntas, en las posibilidades, en la naturaleza y en el arte. 

Más adelante encontramos otro capítulo como “Dámaso”, bellísimo también, que inicia como un poema y se sigue desdibujando entre la ensoñación y el sueño para terminar en un relato de un amor con un hombre más joven. Entre esa historia se reflexiona sobre el amor, el deseo, el cuerpo, la belleza, la vergüenza, la desnudez, los juegos de poder y los mismo roles de género, e incluso el aborto, que también recuerdo que lo había ya tratado en uno de los capítulos iniciales, en donde hace una bella alusión entre un fríjol y un embrión. Pero retoma la historia con el amante joven que a veces se desvanece con la salida del sol con toda su ensoñación y su mentira:

"Me levanto antes del Sol. Escribo que madrugo para no perderme el día que ve a mi amado vivir, pero leo que, si uno se levanta muy temprano, antes de que la luz aparezca, tiene la ocasión de ver brillar, en todo su fulgor muerto, la deshonestidad de su corazón"

No pretendo hablar de todos los capítulos porque esto se me puede extender más de lo planeado, aunque en efecto (como siempre) ya se me extendió más de lo pensado. Y me suele ocurrir, aunque a veces escribo literalmente “mini reseña”, casi nunca puedo cumplir con mi misma enunciación. Pero pretenderé finalizar este recorrido por el libro, con esa admiración y resaltación a esta literatura que trabaja la autora, en donde sumerge al lector dentro de su propio pensamiento y lo lleva a terrenos fértiles para que se generen más preguntas, más dudas y cavilaciones (a filosofar, esencialmente) que lo lleven eventualmente a pensar y cuestionarse sobre lo planteado, narrado y esbozado. A iluminarse literalmente, como en ese bello capítulo final, titulado “El Sol”, donde nos habla de la vida, de la luz interior y sus interpretaciones, del famoso episodio de las Vacas al Sol en la Odisea, y también de una bella anécdota con un colibrí.

“Todo lo que vive quiere ver el sol siguiente. Todo quiere no solo no morir, sino seguir naciendo. Una vez más, otra vez, salir al día, y que la siguiente sea la misma vez y nueva. Probar el límite, no llegando sino volviendo a empezar”

 
Muy recomendado, así como estos otros dos libros:
 
 

Reseña del libro: El Sol

 

 

Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

martes, 18 de octubre de 2022

Reseña del libro: Tubo a tórax (Juan Camilo Morales Benavides)

 
 
“Tubo a tórax” es la primera novela del joven escritor colombiano Juan Camilo Morales. Narrada en un día, a través de algunas reminiscencias y un constante tránsito del personaje principal, nos cuenta una travesía sin rumbo fijo de un joven que se encuentra experimentando muchas emociones, además de aquellas propias de la edad, como: el duelo, el deseo, la culpa, el amor, el odio y el dolor extendido de la adolescencia a un joven adulto. Todo esto mientras camina hacia una fiesta nocturna con un misterioso paquete, aunque tiene algunos desvíos de su ruta, tantos físicos como oníricos, que alimentan ese viaje, como es el breve viaje en carretera con la madre, con quien siempre tiene interacciones volubles, en donde salta a la vista la complicidad, el reproche y un enorme cariño retenido.

Así que la novela es muy dinámica, siempre en movimiento, en donde acompañamos en intimidad al protagonista en su literal andar y transitar, a la vez que ahondamos en sus recuerdos, pensamientos, anhelos y más profundos deseos. Me gusta también el lenguaje sencillo y el léxico cotidiano utilizado por el autor, incluso con muletillas personales que reafirman una emoción, lo que permite dibujar un ser transparente, vivo, real y presente, con las contradicciones e impulsos que todos tenemos alguna vez. 

La prosa y las descripciones tienen un efecto sensitivo y sensorial, gracias a su detalle y precisión, que permiten al lector entrar fácilmente a las atmósferas creadas, a oler, sentir, escuchar, ver, imaginar y proyectar varias de las escenas y situaciones dibujadas en el libro (literalmente). Menciono lo de  “literalmente” porque al inicio de cada capítulo hay unas bellas y sencillas ilustraciones o dibujos del autor, con un significado particular y directo al marco emocional de la historia. Debo mencionar también la acertada elección del uso de la primera persona en la narración, tan propicia y bien lograda.

Sin olvidar el experimento de géneros y temas, libres de alguna etiqueta o comunidad, porque su objetivo es mostrar la vida misma en toda su extensión y dibujar relaciones muy finas entre personajes, seres y símbolos. Es por esto que pasamos constantemente de pasajes dramáticos a eróticos y del humor a una especie de thriller en su tramo final, junto a cuerpos, fluidos, luces, oscuridad, hedores, electricidad y frescura, entre más sensaciones a través de una narración introspectiva que personalmente disfruté mucho, pero en las que también se padece, porque se plasma el cuerpo dentro el ansia, la desesperación y el martirio, cuando es afectado por la enfermedad e intervenido para intentar salvarlo o extender un poco más su fugaz vitalidad. Y así es la descripción que el autor describe y que da título al libro, de “tubo a tórax”, como un procedimiento doloroso, pero que a la vez mantiene la luz de la vida. 

La novela nos muestra a un joven autor con una enorme sensibilidad y con búsquedas narrativas e introspectivas que logra plasmar de una forma muy disfrutable, sincera y mucho ingenio para unir cada elemento y que el resultado parezca sencillo, como cualquier historia o “cuento” contado en formato oral a un amigo o alguien con quien tengamos alguna cercanía. Un cuchicheo o un chisme al oído (y la vista) de un curioso lector. Sigo hace algunos años a Juan Camilo y disfruto mucho de su escritura, por lo que me alegra esta bella primera creación de las que espero sean mucha más, para seguir y continuar el diálogo afectivo y trascendente que permite la literatura. 

El libro fue publicado por la Editorial Zaíno, nueva editorial que promueve jóvenes escritores de latinoamerica. Puedes adquirir el libro por acá:
 
 
 
 
 
Juan Camilo con su libro

Reseña del libro: Tubo a tórax

 

 

martes, 12 de abril de 2022

Reseña del libro: Respirando el verano (Héctor Rojas Herazo)

Reseña del libro: Respirando el verano



Hace mucho tiempo tenía pendiente de leer la obra del escritor, poeta y pintor colombiano, Héctor Rojas Herazo, pero conseguir sus libros era realmente difícil. Hasta que Seix Barral volvió a editar su obra y rescatarla en el cumplimiento de su aniversario de publicación original, que data del año 1962, y que representó una fuerza de gran impacto en la narrativa del caribe colombiano y en el país en general, que influyó en muchos escritores, entre quienes están el mismo Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, quien además le dedicó muchos textos de elogio cuando era periodista a sus textos, especialmente a su poesía.

Rojas Herazo es muy reconocido y recibió muchos premios por su poesía, y esa vena poética se nota mucho en su prosa. También se nota mucho la influencia de su tierra, del pueblo costero de Tolú, al que de cierta forma proyecta sobre ese pueblo ficticio donde transcurre la novela, que llama Cedrón. Porque si hay algo que prevalece en los pueblos de la costa, es el calor. Y el calor y el eterno verano es otro protagonista de la obra, estando presenta desde las primeras páginas hasta el final. La novela, que podríamos incluir dentro del género de la novela corta, se encuentra estructurada en veintitrés capítulos, divididos en dos grandes partes. Y cada una de las dos partes con características específicas y diferenciales:


“Las cosas en el polvo” es el nombre de la primera parte e inicia de la siguiente forma:

“Anselmo amarró el caballito de palo en uno de los balustres de la ventana y, sentándose en el pequeño mecedor, empezó a desprenderse, de las medias y los cordones de sus zapatos…”

Esta primera parte es muy bella, poética y a la vez abstracta. Como vemos en el fragmento inicial, hay muchas descripciones del entorno, del espacio, de acciones, del clima, de elementos de la naturaleza, de pequeños detalles y los personajes no son presentados de forma directa, sino que van apareciendo como entes fantasmales de la memoria y del recuerdo, entran y salen sin orden, se nombran sin contexto, y el lector tendrá que dejarse llevar de la estructura poética para ir uniendo a los personajes con sus acciones y los pequeños lazos que van apareciendo y se van sugiriendo de sus relaciones con los otros. Que su tiempo narrativo casi siempre tienda al pasado, nos habla de la figura recurrente de flashbacks con que se abstrae y se construye este capítulo. El calor también se hace presente: 

“Alzó el rostro y vio la plaza hirviendo, temblorosa, contra una vasta lámina de vidrio, con sus casas de paja y sus árboles de almendro retorciéndose como si los viera reflejados en el agua…”

Esta primera parte, también me parece que aunque se nombra al personaje principal, que para mí es Celia, la matriarca, y La Casa, que se convierte en prácticamente su equivalente simbólico, la trama gira más entorno a los recuerdos y dramas de los once hijos que tuvo Anselmo, las relaciones de éstos y de sus nietos, y la presencia de Julia, que es otro de los personajes principales de la novela. También entre los momentos de esta primera parte vemos la mención a la violencia del país, que se atisba en algunas escenas, como aquella cuando llegan unos militares a la casa de Celia, y ante la pregunta, “¿Entiende la situación?”, inmediatamente ésta le ofrece lo que tenía disponible de comida para él y sus hombres. La novela también nos sugiere esos códigos que todos aceptaban en un momento de mucho peligro, de silencios y en donde algunos nombres no podían decirse en voz alta.

Esta primera parte me gustó mucho por su tono y estructura poética, y recomiendo dejarse llevar ante las descripciones y los datos que nos va dejando el autor de los personajes, y a la vez estar atentos para no perderse de estos entramados. Además que entender desde el inicio que las vidas de los personajes están directamente ligadas al entorno, al clima e incluso a los objetos, a las cosas.


“Mañana volverán los caballos” es el nombre de la segunda parte e inicia de la siguiente forma:

“Celia llegó al pueblo la mañana del veintiséis de diciembre de mil ochocientos setenta y uno. Los más viejos la recordaban porque fue la primera mujer que, en principio, confundieron con un hombre”

Aunque la primera parte me gustó mucho por las razones que ya mencioné, esta segunda parte me parece magistral y da un perfecto contraste con esa primera parte. Acá ya nos habla directamente de los personajes y las acciones y las cosas se desprenden a partir de esas descripciones, no al contrario como ocurre en la primera parte. También en esta segunda parte tenemos el protagonismo de la presencia, la historia y la misma voz de Celia, quien en algunos apartes nos cuenta detalles de su vida, de su pasado, su presente y sus sufrimientos personales. 

La cronología es más clara, pero a la vez es más desgarradora, mientras se nos presenta de forma más cerca la íntima relación entre Celia y La Casa, dando paso a su inevitable destrucción, que se relaciona directamente con los escombros, el deterioro y el ocaso, de las cosas y la vida misma. Quizás porque cuando hablamos de la muerte cercana todo se hace más claro. Se nos cuenta la llegada de Celia al pueblo y la casa, el inicio de los cimientos de esa relación simbólica, y a partir de ella los hilos de las otras historias que ya veníamos viendo por fragmentos.  Además de esa confesión o monólogo que realiza, quizás equiparable al ese inmortal de Molly Bloom en el “Ulises” de Joyce, donde la mujer tiene la palabra final y describe todo su mundo desde su perspectiva, llevándose por delante a todo el mundo, y al mundo mismo. 

Una novela llena de calor, de intimidad, de realidad, de tragedias, de cierta fantasía, de ruina y escombros, de soledad y de mucha poesía, que no dudo que en el momento que fue publicada fue innovadora y quizás también incomprendida, a pesar de beber de una figura clara como Faulkner, pero trasladado a un imaginario y un universo muy propio, personal y a la vez universal. Estaré pendiente a leer los dos próximos libros de la saga: En noviembre llega el arzobispo (1966) y Celia se pudre (1985).


Acá dejo dos fragmentos que me gustaron mucho, ambos de la segunda parte:

1. 

“Algún día, después de muerta (esto lo sé también) rondaré por estos almendros y oirán mi voz en este patio. (…) Me han dicho también que la casa se está cayendo. Tampoco esto es verdad. Le ocurre simplemente lo que ocurre a Horacio: que ha cumplido y empieza a despojarse de sus paredes, de sus horcones y de sus vigas para esconderse también. Porque las casas se caen, se destruyen, pero lo que ellas fueron queda en la tierra y por mucho que construyan después de ellas – por muchas ventanas y quicio y techo nuevo que les pongan encima- ellas siguen erectas, ocultas pero vivas, respirando con sus apretados muertos dentro de ellas. Por eso he aceptado esta ruina. Por eso no me quejo. Por eso todas las mañanas doblo mi cama de lienzo y la recuesto contra la pared y no me importa que la mala hierba crezca en el patio y haya casi tapado el brocal del pozo. No me importa nada que esto ocurra porque la casa tiene que despojarse – como todos lo hicieron y lo seguirán haciendo por tumo- y yo no puedo impedirlo. Sería como interrumpir una obra que es superior a nosotros. Esto me duele, claro, esto me duele mucho porque la casa y yo hemos sido una misma cosa. Porque yo llegué aquí un mediodía, lo vi a él en la puerta y entré. Desde ese mismo instante sabía que ya no saldría más de aquí. Así debió ser; sí, así debió ser, cuando mi alma penetró en mi cuerpo. Porque nunca he amado como he amado este lugar. Parece mentira que una le ponga tanta ternura a unos árboles de totuma, a unas bisagras rotas, a unas puertas que lloran cuando se cierra en la noche. Y todavía más: que uno llegue a amar con tal poderío el lugar donde más hondamente ha sufrido. Tal vez sea por esto –precisamente por esto- por lo que parece que hubiera echado raíces en esta casa”.


2.

“Del esposo de Berta no he gustado nunca. Es un malvado. Dirán que es generoso pero es un malvado. Lo supe desde el primer día en que lo vi y los hechos han venido a confirmármelo. Es de esos hombres que nada aman y a los cuales, incluso, el amor puede hacerles daño. Él no venía por Berta cuando viajó a este pueblo. Se le notaba en los ojos. Venía a descansar de su pasado. Pero es de esas criaturas, de esa clase de animales mejor dicho, que necesitan hacer el mal para seguir viviendo. A su primera esposa (lo supimos por el primo Pablo que hizo la indagación en Barranquilla) la mató a patadas cuando estaba encinta de su segundo hijo. Pero también ellos saben que fue un asesinato. Es un hombre irascible y vanidoso. Tiene que destruir y ser destruido. Y no es que haga mala bebida. Es que tiene que beber para sacudir, para liberar el mal que lleva en la sangre”



Reseña del libro: Respirando el verano

 



miércoles, 12 de mayo de 2021

Reseña del libro: En el lejero (Evelio Rosero)

Crítica del libro En el Lejero



Resulta curioso que haya decidido leer este libro hace apenas unas semanas. Lo tengo hace aproximadamente dos o tres años pero se encontraba en mi larga lista de pendientes. Lo obtuve de una manera muy inusual: En una edición del Hay Festival en Cartagena tuve una muy buena conversación con Evelio Rosero, en donde hablamos de su obra y nos detuvimos especialmente en “Los ejércitos”, que es para mí una de sus mejores obras, y de las mejores escritas en el país en las últimas décadas. Al finalizar la entrevista, Evelio sacó un libro de su mochila y me extendió un libro delgado que tenía en su portada una bella ilustración del Santuario de Las Lajas, que por cierto es otro lugar o edificación que siempre me ha llamado mucho la atención, y el título: En el Lejero. 

El autor me lo regaló y yo me sorprendí, por el obsequio y porque no conocía ese libro. Él ni siquiera me preguntó si ya lo había leído, quizás lo intuyó porque no lo había mencionado en la charla. Le agradecí y recuerdo estar muy contento por el libro. A pesar de la emoción no lo leí inmediatamente sino que lo puse en espera. No sé exactamente por qué hace unas semanas decidí buscarlo y adelantar su lectura, ya que tampoco había buscado referencias o sinopsis de la obra, pero digo que me resulta curioso haberlo leído en estos días, porque es un libro que está muy relacionado con “Los ejércitos”, y porque nuevamente trata temas como la violencia y la muerte. Y en estos días que esas dos palabras han estado presentes en las manifestaciones por el Paro Nacional, pude sentir más cerca el drama del libro.

La novela, de menos de noventa páginas y con ecos rulfianos, nos cuenta la historia de Jeremías Andrade, un hombre mayor que viaja a un pueblo apartado y grotesco, en la búsqueda de su nieta Rosaura. Desaparecida. Y en ese pueblo anónimo, plagado de un ambiente especial, casi sepulcral, se encuentra con un diverso grupo de personajes, que ayudarán a su manera a Jeremías en su objetivo. 

La descripción del pueblo sin nombre es excelente, porque trasmite esa atmósfera general (también muy bien descrita) de la novela, que está llena de pesadez, de suciedad, de niebla, tristeza y abandono. Un paisaje grisáceo que impacta al lector desde los primeros párrafos y logra la inmersión en la novela. También hay una cierta tensión y una sensación de intriga, de no saber lo que ocurre y lo que ocurrirá más adelante.

Conjunto con la atmósfera se fusionan muy bien las características de los objetos, que actúan como símbolos o metáforas sobre lo que no se dice, pero se va percibiendo y descubriendo poco a poco. Y los personajes, también se fusionan a la atmósfera, pues son los habitantes del pueblo, y cada uno tiene alguna característica, un detalle, una composición o una acción que acompaña ese lienzo grotesco, putrefacto y oscuro de la historia.

Jeremías es un extranjero que llega al pueblo a indagar, tras la búsqueda de un ser querido (como ocurre en Los ejércitos también). Los habitantes del pueblo lo miran con desconfianza, con sospecha y recelo, pues se presentan como entes fantasmales, conspirativos, que entre la desgracia de su entorno, parecen guardar un secreto en común. La complicidad o el miedo. Hay una enana promiscua, monjas misteriosas, un albino, un manojo de ratas, un carretero (que recoge los cadáveres apilados de los roedores a diario) y unos niños que juegan al fútbol con cabezas humanas, entre otros personajes siniestros, que parecen albergar una pesadilla. Y en el fondo de todo, la violencia. Nunca explícita, pero es la que se camufla entre la neblina, entre los objetos, entre los susurros y los silencios de los personajes, y entre la ausencia. 

La prosa hipnótica y mesurada también aporta a mantener ese estado de alerta permanente y misterio. El narrador es omnisciente pero a la vez con una voz apagada y triste, que nos hace imaginarlo como uno de los habitantes de ese espacio en decadencia, o simplemente un fantasma más, un ente condenado, un alma en pena. Y hablando de almas en pena, preciso hay una especie de relación que puede hacerse en el pueblo como un purgatorio o hasta un círculo infernal, teniendo en cuenta que preciso el convento y el pueblo se encuentran anexos a un volcán en donde suceden muchas cosas y también se encuentra un río como el Aqueronte.

La forma en que Rosero teje este universo, que es onírico pero sin dejar de ser real y palpable, y sin caer en lo mágico, me resulta admirable. Y es una sensación que se siente también con “Los ejércitos”, es un lenguaje metafórico para narrar la violencia y sus diversas vertientes. Porque en el fondo de la historia y si leemos bien los elementos simbólicos, nos daremos cuenta que se nos está contando una historia de violencia, de un secuestro y de un lugar donde funciona algo más grande, una red. De un pueblo cualquiera al que un día llegó la violencia, impregnado de un aire tóxico de muerte, tristeza, dolor y miedo. Quizás ese ambiente se asemeja a la especie de ilusión en que quedan los lugares al que un día llega la violencia a trastornar su cotidianidad. 

En síntesis, la novela presenta un ambiente en el que siento que muchas veces nos encontramos en este país, y actualmente. En donde las muertes empiezan a ser algo cotidiano hasta que todos quedemos paralizados y seamos convertidos en fantasmas vivientes, presos del miedo y la desolación. Es un impacto muy fuerte, que a la vez nos lleva a experimentar a través de la literatura y la poesía esa sensación que seguramente muchas personas viven a diario desde hace muchos años o toda su vida. Y por lo tanto, es algo que nos debería llevar a trabajar para tratar de salir de ese círculo, porque los pueblos anónimos son micro-universos de una ciudad, un país y de todo un continente. Muy recomendado y gracias a Evelio por el libro.



Crítica del libro En el Lejero

 


Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

domingo, 24 de enero de 2021

Reseña del libro: Correspondencia 1970 – 1973 (Andrés Caicedo)

Reseña del libro Correspondencia 1970 - 1973


Antes de conocer la obra del escritor colombiano Andrés Caicedo, recuerdo conocer al mito. La figura del escritor joven maldito que se suicida antes de los treinta años. Luego con los años fui conociendo su obra, inicialmente su novela “¡Qué viva la música!”, y posteriormente relatos como los de “Angelitos encampanados”, así como su trabajo en el Cine Club de Calí, y toda esa iniciativa por crear un movimiento, una comunidad y obras que tuviesen éxito, reconocimiento, y le sirviera a la vez para vivir. Pero sobre su historia personal tenía sólo algunos esbozos. No leí el material biográfico, como el del escritor chileno Alberto Fuguet: “Mi cuerpo es una celda”, basado en algunas cartas de Caicedo, sino alguno que otro artículo que seguían la línea de la especulación y el morbo. Creo que hasta el bello documental de su amigo Luis Ospina, “Todo comenzó por el fin” (2015), que dedica buenos pasajes e imágenes inéditas para mí del autor, no había vuelto a indagar en su figura y su mito.

No sé por qué desde que inició la pandemia por el Covid-19 en el año 2020 que nos llevó a un largo confinamiento sentí la necesidad de descubrir a autores colombianos que tenía hace mucho tiempo en la lista de pendiente por leer y ampliar la lectura sobre otros. Fue así que descubrí por primera vez a Fernando Molano Vargas, lo que me llevó a adquirir de seguido sus dos novelas y su libro de poesía, y también compré unos nuevos libros recopilatorios que salieron sobre Andrés Caicedo: sus reseñas de películas y la reciente publicación en dos tomos de su correspondencia. 

Desde las primeras páginas del primer tomo: "Correspondencia (1970-1973)", en donde nos sitúan entre los años 70-71, cuando Andrés tendría apenas 19 años, me sentí cautivado por esas primeras cartas, pues entre ellas sale una especie de Carta al padre, que Andrés dirige a su padre Carlos Alberto Caicedo, donde descarga muchas de sus emociones y sentimientos con respecto a él y a la vida, mientras huye durante una temporada a la costa. En todas las cartas que dirige al padre se siente una tensión, pero también hay desahogo y una intimidad, que te hace sentir y entrever cómo era esa complicada relación entre el padre conservador y el hijo artista que tuvo que luchar en soledad por sus sueños.    

Según nos cuentan en la presentación del libro, Luis Ospina y Sandro Romero Rey, quienes han hecho este valioso trabajo de recopilación y edición de sus obras, antes de los 70, Andrés habría escrito algunas cartas, como a su madre o hermanas durante el tiempo que estuvo en el colegio alejado de ellos, pero que es a partir de los 70 cuando empezaría en serio su correspondencia consciente, pues al parecer como escribía en máquina de escribir guardaba copias de todas sus cartas y las tenía guardadas en un archivo. Andrés decía que en sus cartas quizás se encuentre gran parte del valor de su obra literaria. Y estoy muy de acuerdo, pues aunque es difícil que todas las cartas tengan un gran valor literario (algunas sólo sirven de información o exhiben síntomas de sus emociones no siempre expresadas), hay varias muy valiosas, bellas, conmovedoras, tristes y desgarradoras, que te dan una lectura del mismo escritor, mejor que quizás en alguna otra biografía. Pues la interpretación recae en el lector. Y para el lector minucioso, seguro encontrará un vasto material para llegar a construir una idea más cercana e íntima del autor, de la persona, del ser. En esos primeros años también hay una bella declaración de admiración a su amigo Luis Ospina, y entre cada carta muchas palabras que revelan sus emociones y contradicciones. Mucha literatura, y sobre todo, cine.



Reseña del libro Correspondencia 1970 - 1973
Foto: Andrés Caicedo
 

En este primer intervalo temporal también leemos mucha información sobre el manejo del cine club, y la pasión que sentía al exhibir el gran cine que veía a otros, de compartir la sorpresa, la magia y el poder transformador del séptimo arte. Resulta curioso que en casi todas sus misivas, siempre pide a los amigos que le cuenten del cine que han visto, lo que cuadra perfectamente con su labor pedagógica en esa iniciativa colectiva, que delega durante unos años a su amigo Luis Ospina, para irse durante un tiempo a los Estados Unidos para probar suerte en Hollywood como guionista. En esa parte se nos ofrece también un muy interesante retrato y análisis de la industria del cine en los años 70. Y su posterior e inevitable decepción y fracaso en vender sus guiones, aunque tenía cierta claridad sobre los movimientos en el cine mainstream, pero no contó con suerte en la adaptación y traducción de sus guiones, ni tampoco sucumbió aparentemente antes las insinuaciones de personas del medio para poder seguir avanzando. También en los Estados Unidos se manifiesta de forma más angustiante el proceso del intercambio de cartas en esa época, donde el transporte se realizaba a través de correo aéreo o marítimo, y las respuestas demoraban semanas y hasta meses en llegar. La espera.

Hay algo que noto muy presente también en sus cartas, y es que además de ser muy organizado, líder y juicioso en sus proyectos personajes artísticos, también buscaba incansablemente la forma de monetizarlos, nuevamente, de vivir de su trabajo. Y la realidad lo golpeaba cada vez más fuerte en esas búsquedas, pero me impresiona su incansable insistencia. Desde la participación en concursos literarios, la creación de la revista y su participación en otros medios escritos, siempre a través de las letras. Porque claramente era un escritor, y las cartas confirman que eran su mejor manera de expresión, como él mismo reconoce. Pero también encontramos ese choque con la realidad, con la sociedad y con la falta de apoyo y constantes reproches de su familia, quizás con la excepción de su hermana Rosario, con quien también se desahoga en muchas de sus cartas, se permite sentirse vulnerable y se permite caer, aunque no dure mucho en enviar otra carta para decir que no se preocupe, porque a pesar de todo estaba bien. Pero necesitaba escribirlo. Y preciso en esa escritura, en el tono, la introducción y las despedidas de las cartas, también podemos encontrar muchas pistas sobre todo aquello que no dice directamente. Porque incluso en las cartas se nota su timidez y contención, porque las palabras a veces traicionan al escritor, lo distraen y ellas mismas adquieren cierta autonomía para dejar esbozos al los lectores atentos.

Y bueno para finalizar, debo decir que disfruté mucho leyendo este primer tomo, aunque a veces esa reproducción de cartas que mandaba iguales a distintos destinatarios resulta un poco tediosa, sobre todo donde repite sus sensaciones de ciertas películas, y eso que en algunas partes donde el contenido al parecer era exactamente igual, recortan el fragmento y dejan la información nueva. Pero aún así, varias me resultaron repetitivas y quizás hubiese editado o descartado. Pero en general, me pareció un muy buen libro para conocer más de este enigmático escritor, y para los amantes de ese subgénero de misivas, porque hay muchas de gran valor. Y bueno ahora iré al segundo tomo. 




domingo, 13 de septiembre de 2020

Reseña del libro: Vista desde una acera (Fernando Molano Vargas)

Crítica del libro Vista desde una acera 
 
 
 
Hace unos meses hice un post sobre dos de las obras de Fernando Molano Vargas (Un beso de Dick y Todas mis cosas en tus bolsillos), luego de haberme metido de lleno en ellas y descubrir el universo del fascinante escritor colombiano. Fue el descubrimiento de una voz muy íntima, sincera y de una gran sensibilidad, a veces intensa, inocente o ingenua, como es a veces la adolesencia, la juventud. Pueden ver ese post en el siguiente link:

(Post) Fernando Molano Vargas: Un beso de Dick y Todas mis cosas en tus bolsillos

Con esas dos obras quedé inmediatamente con muchas ganas de leer su última obra, que había terminado de escribir antes de morir muy joven de Sida: Vista desde una acera. 

La novela me ha gustado mucho. Se nota que es una obra de madurez y que su bello estilo se encuentra mucho más depurado y perfeccionado. 

La novela se encuentra intercalada en dos narraciones, que transcurren en dos tiempos y dos (y muchos) espacios. Uno de ellos es en un hospital, en su mayor parte, donde se desprenden recuerdos, memorias, y desde donde también la segunda narración toma cuerpo y forma. En el hospital se encuentra Adrián, que es el nombre del gran amor del autor en esta novela, enfermo por el Sida. Y Fernando es Fernando. En el libro se titula como “Primer día” y “Escenas para un diario”, porque la estructura de esta parte del libro, que se diferencia porque se encuentra en cursivas, tiene la forma de un diario. Lo que no excluye que en esta parte también se encuentren recuerdos y sueños, como el de la playa a la que deseó ir con su amado.

En la otra parte del libro, ya sin cursivas, que se va intercalando con los textos del diario en el hospital, Molano nos cuenta su historia, su vida, su novela. Inicia no con “Primer día” sino con “Primera parte” y “Memorias de dos niños”. Por lo tanto vamos encontrando una construcción mucho más literaria y depurada. A la vez que utiliza más recursos narrativos en las descripciones, en donde explora dentro de esa primera persona, el uso de los objetos, los sueños, los nombres, las ciudades, los pensamientos. Nos empieza a hablar de la infancia, el inicio de todas las historias, en donde vemos la inocencia y la fragilidad del niño, y del hombre que reconstruye con su mirada, mientras analiza su entorno, su hogar, su casa, su familia, a sus hermanos, su padre, su madre y a sí mismo. Estos recuerdos son en primera persona, en donde sigue con su prosa íntima y sensible, pero logrando una distancia que le ayuda a construir y enriquecer el relato, gracias a ese paralelo entre la ensoñación, la evocación y la introspección. Algo en lo que se diferencia de Un beso de Dick, su primera novela, que es una narración de un presente instantáneo, junto a una emoción y pasión desbordada. La juventud. Leemos bellas escenas como los recuerdos de cuando su madre lo bañaba, más su descubrimiento del cuerpo, sus reacciones, el secreto y el placer. También para completar el cuadro familiar, recuerda a la familia disfuncional, la violencia, el control, la sumisión, el amor y el dolor. Y así van intercalando las dos narraciones. 

“En el amor de mis padres yo sólo había sido un instrumento accidental, no muy afortunado, para sacar a flote sus odios. Nada extraordinario.”

En el hospital, en su diario, somos testigo de los distintos problemas sociales que tiene la pareja a raíz de su relación homosexual y la enfermedad maldita de Adrián. La discriminación pero también somos testigos del desarrollo de una bella relación de pareja, de amor, respeto y reconocimiento. Pero a pesar de su fortaleza para enfrentar las críticas y los desaires, también se nos muestra el dolor interno que le generan. 

“A mis diez años, ya sospechaba quién era yo para los demás, y no necesité muchas lecciones para conocer el valor de la prudencia.”

En la narración paralela, luego de hablar de sí mismo y su infancia, empieza a contar la historia de Adrián. Y narrativamente sigue explorando, pues inicia una reconstrucción literaria del otro, la aparición de la tercera persona, la exploración de la imaginación con los datos que conocía, y los que rellenaba. La creación literaria. El novelista. De Adrián, también inicia indagando en su infancia, su pensamiento, su manera de ver y descubrir el mundo. También momentos como los abusos que sufridos, la violencia y el amor dentro del núcleo familiar. La introducción de los abusos están descritos de forma magistral, y no por morbo, sino porque lo realiza de forma muy poética pero a la vez dolorosa. El complejo autodescubrimiento del despertar sexual bajo esa forma de violación por parte de un familiar cercano.

La literatura como tema también se encuentra presente en la historia porque funciona de hilo conductor entre los dos amantes y prácticamente en toda la vida de Fernando. Desde la decisión de estudiar literatura, luego el sueño de filosofía para Adrián, y como juntos trabajan en sus carreras, en sus estudios, sus planes, uno en función del otro. En esta parte vemos muchas menciones de escritores, de las dinámicas de la universidad pública, la biblioteca, etc. Así como su descubrimiento de la literatura a través de revistas y la llegada de Oliver Twist de Dickens, que recordemos es la obra que inspira en parte su primera novela “Un beso de Dick”.

A medida que avanza la narración también avanza cronológicamente la edad de los personajes, de niños, a adolescentes y jóvenes. Partes en donde aborda el tema de la religión, el colegio, la familia y esa curiosa anécdota de la herencia familiar que termina en un convento de monjas. Son pasajes también donde los personajes descubren más de la vileza y la maldad en el mundo. Como cuando uno de ellos se enfrenta a un profesor homofóbico que resulta que es homosexual, y esto le genera a Fernando una gran confusión y una iluminación. La hipocrecia y la contradicción de los adultos. La máscara, la aberración no por lo que era sino por lo que hacía con lo que amaba. Se pregunta cómo una persona puede ser dos personas, él y su propio enemigo. Entiende que para vivir se necesita una máscara. Pero también que “Jamás sería ese hombre”. También se nos presenta en esta etapa cómo en un momento ambos intentan escapar de la casa. Fernando se va a Santa Marta y cuenta que en condiciones muy duras de trabajo se despierta su militancia en el socialismo al ver la explotación de los trabajadores y por un tiempo se une a células urbanas de la guerrilla. Pero también cuenta su decepción y su abandono de ese camino. Y su regreso a casa. Y es que las decepciones en esa edad también se extienden paralelamente a la etapa de los primeros encuentros sexuales, los enamoramientos y por supuesto, las decepciones.

Y el libro ya va cerrando en su tercera parte cuando finalmente llega la parte de Adrián. Cuando se conocen en Bogotá de adolescentes. Y nace el amor. En esta parte las dos narraciones se entrelazan y se encuentran, pues además de las mieles del amor joven y pasional, también se muestra la prevención, el inicio de los proyectos juntos, también se nos muestra los golpes del sistema para estudiar y trabajar, la reformación de la universidad pública que les pone más complicada la vida, pero aún así siguen adelante con sus sueños. 

Es muy bella también la relación que ambos empiezan a tener como estudiantes de literatura, las discusiones sobre poesía, la exploración de las palabras, y el ensayo que escriben juntos para explicar ¿Qué es la poesía? Y ¿para qué sirve? 

“La poesía es el intento por descubrir lo que somos. Lo que nuestra alma es.”
 
Además se nos muestra el drama de Fernando con su familia por su relación con Adrián, que se presenta en las dos narraciones, cuando se descubre y cuando Adrián se enferma en el hospital. Junto con este conflicto, también encuentro en la novela algunos silencios difuminados en distintas partes de sus vidas, sombras y aspectos de sus pasados que quedan sugeridos, que quizás no eran relevantes pero tratados con una especie de pudor y respeto por el otro y su historia. Sin juzgar. A la vez siento que en esta obra encontró palabras para describir aquello que sientió y en su tiempo quizás no sabía expresar, como cuando dice de la madre: que aprendió “El arte de manejar la resignación a punta de ironías”.

Finalmente me parece una excelente obra, en realidad es un gran trabajo de memoria y de construcción literaria, con un estilo que se mantiene íntimo y confesional, a la vez que juega y se alimenta de más recursos narrativos para construir una obra muy sólida, bella, dura y luminosa. Y en realidad queda el pensamiento de lo que pudo haber escrito posteriormente, y cómo su estilo se seguiría desarrollando. Creo que es un gran descubrimiento toda su obra, y muchos más deberíamos conocerlo ahora que se ha reeditado toda su obra. Es como un pequeño tesoro de la literatura colombiana por descubrir, por seguir releyendo y analizando, porque dentro de su narración tan personal nos enfrenta a diversos temas individuales y sociales en los que todavía debemos seguir reflexionando mucho.
 
 
 Acá una bella edición donde están los 3 libros juntos:


Crítica del libro Vista desde una acera 
 
Y Fernando Molano:


Crítica del libro Vista desde una acera 
 
 
 

 

lunes, 22 de junio de 2020

Reseña del libro: Tu cruz en el cielo desierto (Carolina Sanín)

Carolina Sanín



Hace poco he terminado de leer el más reciente libro publicado de la escritora colombiana Carolina Sanín: Tu cruz en el cielo desierto. Me ha parecido un excelente texto y reflexión sobre el amor, la idea del amor, la imaginación y el pensamiento. Con una mezcla de géneros literarios que van desde la narración confesional, el monólogo, el ensayo y la poesía, entre otros. También podría hablar de las referencias pero creo que ya otros han hablado de ese tema y ella misma en los conversatorios online que ha realizado (de los cuales he estado en casi todos mientras leía el libro). Lo fui leyendo de forma pausada porque el texto es también una constante evocación al pasado, no solamente de la autora sino a un espacio compartido con sus lectores a través de sus distintas redes sociales. A una intimidad expuesta, que a la vez hace que el lector se remita a su propia intimidad y a sus propias experiencias. Sigo a Carolina desde hace unos años, siempre encantado por su lucidez y sus publicaciones en las redes sociales (Facebook y Twitter especialmente). Como le doy like a muchas de sus publicaciones casi siempre me aparecen sus actualizaciones en las novedades de mi timelime y noticias. Por eso, me llamó mucho la atención cuando publicó que pronto publicaría un libro en plena pandemia sobre la historia de su traga en Twitter. Historia que seguí muy de cerca, por lo que muchos pasajes del libro me resultan familiares; recordatorios de viejos tweets, interacciones con distintos contactos, la lectura colectiva de Homero, su performance en la Cinemateca, la feria del libro, la república erótica, hasta el viaje a Panamá y terminando en el inicio de las marchas estudiantiles. Todas esas referencias pasadas me permitieron ubicar o entrar nuevamente en ese pequeño universo compartido, para reconstruir no solo los hechos sino lo que yo hacía en ese momento en mi propia intimidad. Por eso comprendo completamente cuando dice que este libro también es resultado y dedicado a aquella masa en la que trasmutó su traga: a sus lectores. Lo siento así, y al pensarlo más a profundidad, me parece un ejercicio tremendamente fascinante el que logró la autora, que a la vez me hace pensar en otro género: la docuficción o el docudrama.

Pero en el centro de todo siempre hay una historia, un detonante, una causa, una raíz. En este libro es la historia de un amor digital, un amor ficticio de esos que abundan en los últimos años por el auge de la tecnología y de las redes. Y un amor de esos que seguramente muchos, sino todos, hemos tenido. Podemos entender e identificarnos completamente con todas las fases vividas en esta odisea romántica digital. Iniciando con la creación y posterior alimentación de la ilusión del amor. Pero lo que hace que el libro de la autora se diferencie de otros que han tratado el tema de las relaciones digitales, como “Contra el viento del norte” (de Daniel Glattauer) son sus distintas y ricas reflexiones sobre el tema del amor, el deseo, el sufrimiento y la necesidad de entender, de comprender. Encontramos así mismo relaciones culturales, literarias, psicológicas, simbólicas y mitológicas que soportan esos sentimientos e impulsos del ser humano. El juego de espejos, porque encuentro que dentro de la narración también se invita a un juego, que es la misma dinámica que se llevaba dentro de la relación ausente: el juego de roles, de deseos, de identidades. Narciso frente a una pantalla, Freud y su teoría de los cuatros seres presentes en el momento del sexo, y la variedad que puede superar cuando la imaginación tiene más libertad y espacio. Los símbolos y la Cruz:

"Me digo que debo pasar a través de este dolor de no entender —a través del deseo—, encaminada a no entender infinitamente otras cosas incontables; encaminada por el sufrimiento mismo, no a través de un camino, como si contara un cuento, sino en las cuatro direcciones que marca una cruz, y clavada en el centro de la cruz: en la pasión".

(Tu cruz en el cielo desierto, de Carolina Sanín)


Me encanta también, como siempre, el manejo del lenguaje de la autora. Cómo explora y explota las posibilidades de cada palabra y el poder del nombrar y del verbo. La cruz, que se convierte en cierta forma en un hilo conductor, en la representación del sufrimiento, del dolor, de la distancia, los extremos, los cruces, y que empieza a ver en cada uno de los objetos y elementos que observa, gracias a su agudo sentido de la observación y la descripción de lo que se ve. Así como con la palabra “China” (lugar donde vive el amor ausente), que explora como representación de la distancia, a la vez de como el lugar desde donde todas las cosas son hechas. Y además de la palabra y su uso del lenguaje, también me llamó la atención la narración, que también varía. Desde el tono confesional del inicio y el uso de la primera persona, y por momentos tomar distancia del personaje (de sí misma) y usar la tercera persona (ella), y hasta creo que por momentos también se utiliza la poca usada segunda persona, lo que son datos interesantes que siguen mostrando el proceso de transfiguración de la misma autora mientras escribía el texto. 

Es un texto dinámico, ingenioso y apasionado (sí, tiene algunas escenas eróticas muy bien logradas en ese juego de espejos, deseos, palabras y pensamientos), pero también creo que es un texto con especial dedicatoria a los lectores, los viejos y los nuevos, porque la misma configuración de la historia llena de pistas, puede llevar a los nuevos y curiosos lectoras a atar cabos, buscar los vídeos y fotos de lo que la autora menciona en el texto y contruir su propia fantasía. De crear. Y me parece algo valioso y generoso que la autora siempre está abierta a dar sus lectores en cualquier ámbito. Y lo recomiendo mucho.


Comparto la reseña que hice de otro de los libros de la autora:

Reseña del libro "Somos luces abismales"






Carolina Sanín