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martes, 21 de febrero de 2023

Reseña del libro: El Sol (Carolina Sanín)

 
 
En este blog he reseñado varios libros de Carolina Sanín, una escritora de la que he aprendido, admirado y disfrutado mucho de su prosa, de sus ideas y sus cuestionamientos a la sociedad, el lenguaje, la vida, entre tantas cosas más. Al final dejaré el link para quienes quieran revisar esas reseñas de otros dos libros hermanos de éste, el más reciente: El Sol.

Los llamo libros hermanos porque Carolina aborda cada obra con un estilo muy marcado que transita entre el ensayo, el relato autobiográfico, la narración confesional y el monólogo, abarcando una extensa variedad de temas, aparentemente contrastados como el universo y el arroz, pero que bajo su pluma y su aguda capacidad de observación logra trazar hilos conductores, puntos de encuentro y completas simbiosis entre cada uno de ellos. 

Si en “Somos luces abismales” y “Tu cruz en el cielo desierto” trató temas como el universo, la naturaleza, los animales, la humanidad, el amor, la idea del amor, la imaginación y el pensamiento, mientras trazaba reflexiones entre cada tema sobre vivencias, recuerdos y experiencias acontecidas durante el período de creación; en “El Sol” vuelve a tratar varios de esos temas con otros nuevos, y por supuesto, con las referencias a otras obras, especialmente los clásicos de la literatura, las tragedias y poema épicos sobre lo cuales además enseña e introduce a otras personas a través de sus cursos, talleres, conferencias, artículos, monólogos o tweets. 

Pero entrando ya exclusivamente a “El Sol”, tenemos 13 capítulos en donde la gran estrella y masa de gas incandescente siempre tiene una breve o amplia presencia, como es lógico, por su misma importancia para la vida misma. Por esto me gusta pensar que siempre ha estado presente en los otros libros de Carolina, en donde se han referenciado incluso en los títulos aunque no se mencione directamente, como en las “luces” o el “cielo”. Y así sería el protagonista silencioso de todas las obras de la historia, tanto en su presencia como en su ausencia. Y así pasamos a través de los capítulos como “El escudo”, en donde rememora el pasaje final de la Ilíada con el conflicto entre Aquiles y Héctor para reflexionar sobre la cólera, la venganza, la victoria, el tiempo, la piedad y la amplitud del mismo ser humano, capaz de contener y anhelar ser otros tantos más durante toda su vida. También reflexiona sobre estos mismos temas con la figura del entrenador de fútbol, José Mourinho, y vuelve a Aquiles para hablar de las armas y el escudo que le forjó Hefesto con el mismo Sol para vengar la muerte de su amado. Y continúan reflexiones y anécdotas personales sobre el poder, el juego, el triunfo y el amor. 

Y ya que en el capítulo anterior planteó una histórica enemistad, me gustaría comentar dos capítulos en donde habla de la amistad y la enemistad/antagonismo. “Lujos”, es otro de los capítulos, en donde inicialmente rememora su infancia para dibujar lo que para ella en ese entonces era un lujo: una pila de hojas blancas en la casa de la abuela, en donde podría dibujar sus sueños, anhelos y distintos objetos de su imaginación, como la casa que imaginaba en su futuro. “El futuro era un cuarto donde el pasado se sentaba a descansar. Eso era el lujo”. Y así va transitando el relato hacia el tema de la amistad, en donde reflexiona sobre la palabra, su significado y sus propias experiencias con la amistad. “… ha sido la vida, la alegría del tiempo, las palabras que no se suceden unas a otras, sino que se leen juntas. La oración y la justicia”. También en otro capítulo, “Un amigo” habla de la amistad con una historia en donde relata una fantasía donde en un universo alterno era amiga del futbolista uruguayo Diego Forlán, con ecos del mundial de fútbol y la Copa América de fondo. Y adelantaré unos cuántos capítulos para hablar de quizás mi capítulo favorito, “Naturaleza y arte”, en donde plantea inicialmente el tema del antagonismo, rememorando nuevamente su infancia, específicamente en momentos que exhibían su innata naturaleza para la confrontación, con lo que vuelve al presente para hacer un ejercicio de introspección, auto-crítica y reflexionar sobre los enemigos y sobre la naturaleza de ser adversario. 

“Digo que no recuerdo desde cuánto cultivo el antagonismo, y es una frase insignificante, pues el antagonismo no es de cultivar. Lo más parecido a intentar su cultivo sería tal vez poner piedras sobre la tierra, en un campo, para luego volver y constatar que las piedras siguen ahí, iguales a como uno las dejó: que de ellas no nacen otras más pequeñas, y que tampoco el viento las arrastra a campos nuevos. Quien cultiva piedras no pone su confianza en la fertilidad. Si uno siembra piedras no espera cosechar y ver que las estaciones pasan renovando y aumentando, sino que quiere hacerle preguntas al tiempo y comprobar que la misma piedra está antes y después”  

Siguiendo con el mismo capítulo, la autora habla de los esfuerzos de agradar a los demás, sus logros y sus fracasos en esa labor, pero se sigue centrando en analizar la figura antagónica y usa a la piedra inerte para hacer una conexión entre la tumba y los cálculos en la vesícula. La naturaleza y el cuerpo. A la vez que explora la figura del protagonista y el héroe como contrapartes del antagonista, y la importancia de este concepto para dibujar, entender y enfrentar el teatro de la vida, los mecanismos y las circunstancias que se enfrentan a diario.
 
Posteriormente da un paso más allá del análisis de la naturaleza para analizar las relaciones parentales/maternales, iniciando con la bella imagen de una jirafa y su ternera, su inseparabilidad, su innata unión, para seguidamente dar paso a la naturaleza de ser contrario y seguir explorando las naturalezas contrarias entre las relaciones de pareja, entre las mismas proporciones de la naturaleza, y finalmente de sí misma de acuerdo a su misma posición dentro del núcleo familiar, con sus padres, su hermano y el inquietante engaño de la memoria de acuerdo a los hechos del pasado. El capítulo sigue explorando distintos temas hasta llegar a las mismas historias bíblicas, que sirven a la autora para plantear otros temas como el del género en toda su amplitud.   

"El patriarcado no se funda en la sucesión entre padre y el hijo que le hereda, sino en la sucesión entre el padre y la hija en cuyo cuerpo el padre pervive transformado en mujer: en alguien que lleva la casa dentro de su cuerpo"

Y aquí añado el comentario que publiqué tras leer este capítulo: “Todo el libro es luminoso, pero ese capítulo en particular me pareció brillante. Muy íntimo y en conexión con muchos temas, desde la figura antagónica, pasando por la relación de padre e hija, la imagen, el cuerpo,  el sexo, la belleza, la piedra, los hermanos, el hijo y el diablo”, y de verdad al leerlo nuevamente me sigue pareciendo brillante cómo hila y mezcla magistralmente todos estos temas sin perder enfoque y unidad con lo planteado inicialmente. Navegando en las ideas, en las preguntas, en las posibilidades, en la naturaleza y en el arte. 

Más adelante encontramos otro capítulo como “Dámaso”, bellísimo también, que inicia como un poema y se sigue desdibujando entre la ensoñación y el sueño para terminar en un relato de un amor con un hombre más joven. Entre esa historia se reflexiona sobre el amor, el deseo, el cuerpo, la belleza, la vergüenza, la desnudez, los juegos de poder y los mismo roles de género, e incluso el aborto, que también recuerdo que lo había ya tratado en uno de los capítulos iniciales, en donde hace una bella alusión entre un fríjol y un embrión. Pero retoma la historia con el amante joven que a veces se desvanece con la salida del sol con toda su ensoñación y su mentira:

"Me levanto antes del Sol. Escribo que madrugo para no perderme el día que ve a mi amado vivir, pero leo que, si uno se levanta muy temprano, antes de que la luz aparezca, tiene la ocasión de ver brillar, en todo su fulgor muerto, la deshonestidad de su corazón"

No pretendo hablar de todos los capítulos porque esto se me puede extender más de lo planeado, aunque en efecto (como siempre) ya se me extendió más de lo pensado. Y me suele ocurrir, aunque a veces escribo literalmente “mini reseña”, casi nunca puedo cumplir con mi misma enunciación. Pero pretenderé finalizar este recorrido por el libro, con esa admiración y resaltación a esta literatura que trabaja la autora, en donde sumerge al lector dentro de su propio pensamiento y lo lleva a terrenos fértiles para que se generen más preguntas, más dudas y cavilaciones (a filosofar, esencialmente) que lo lleven eventualmente a pensar y cuestionarse sobre lo planteado, narrado y esbozado. A iluminarse literalmente, como en ese bello capítulo final, titulado “El Sol”, donde nos habla de la vida, de la luz interior y sus interpretaciones, del famoso episodio de las Vacas al Sol en la Odisea, y también de una bella anécdota con un colibrí.

“Todo lo que vive quiere ver el sol siguiente. Todo quiere no solo no morir, sino seguir naciendo. Una vez más, otra vez, salir al día, y que la siguiente sea la misma vez y nueva. Probar el límite, no llegando sino volviendo a empezar”

 
Muy recomendado, así como estos otros dos libros:
 
 

Reseña del libro: El Sol

 

 

Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

lunes, 22 de junio de 2020

Reseña del libro: Tu cruz en el cielo desierto (Carolina Sanín)

Carolina Sanín



Hace poco he terminado de leer el más reciente libro publicado de la escritora colombiana Carolina Sanín: Tu cruz en el cielo desierto. Me ha parecido un excelente texto y reflexión sobre el amor, la idea del amor, la imaginación y el pensamiento. Con una mezcla de géneros literarios que van desde la narración confesional, el monólogo, el ensayo y la poesía, entre otros. También podría hablar de las referencias pero creo que ya otros han hablado de ese tema y ella misma en los conversatorios online que ha realizado (de los cuales he estado en casi todos mientras leía el libro). Lo fui leyendo de forma pausada porque el texto es también una constante evocación al pasado, no solamente de la autora sino a un espacio compartido con sus lectores a través de sus distintas redes sociales. A una intimidad expuesta, que a la vez hace que el lector se remita a su propia intimidad y a sus propias experiencias. Sigo a Carolina desde hace unos años, siempre encantado por su lucidez y sus publicaciones en las redes sociales (Facebook y Twitter especialmente). Como le doy like a muchas de sus publicaciones casi siempre me aparecen sus actualizaciones en las novedades de mi timelime y noticias. Por eso, me llamó mucho la atención cuando publicó que pronto publicaría un libro en plena pandemia sobre la historia de su traga en Twitter. Historia que seguí muy de cerca, por lo que muchos pasajes del libro me resultan familiares; recordatorios de viejos tweets, interacciones con distintos contactos, la lectura colectiva de Homero, su performance en la Cinemateca, la feria del libro, la república erótica, hasta el viaje a Panamá y terminando en el inicio de las marchas estudiantiles. Todas esas referencias pasadas me permitieron ubicar o entrar nuevamente en ese pequeño universo compartido, para reconstruir no solo los hechos sino lo que yo hacía en ese momento en mi propia intimidad. Por eso comprendo completamente cuando dice que este libro también es resultado y dedicado a aquella masa en la que trasmutó su traga: a sus lectores. Lo siento así, y al pensarlo más a profundidad, me parece un ejercicio tremendamente fascinante el que logró la autora, que a la vez me hace pensar en otro género: la docuficción o el docudrama.

Pero en el centro de todo siempre hay una historia, un detonante, una causa, una raíz. En este libro es la historia de un amor digital, un amor ficticio de esos que abundan en los últimos años por el auge de la tecnología y de las redes. Y un amor de esos que seguramente muchos, sino todos, hemos tenido. Podemos entender e identificarnos completamente con todas las fases vividas en esta odisea romántica digital. Iniciando con la creación y posterior alimentación de la ilusión del amor. Pero lo que hace que el libro de la autora se diferencie de otros que han tratado el tema de las relaciones digitales, como “Contra el viento del norte” (de Daniel Glattauer) son sus distintas y ricas reflexiones sobre el tema del amor, el deseo, el sufrimiento y la necesidad de entender, de comprender. Encontramos así mismo relaciones culturales, literarias, psicológicas, simbólicas y mitológicas que soportan esos sentimientos e impulsos del ser humano. El juego de espejos, porque encuentro que dentro de la narración también se invita a un juego, que es la misma dinámica que se llevaba dentro de la relación ausente: el juego de roles, de deseos, de identidades. Narciso frente a una pantalla, Freud y su teoría de los cuatros seres presentes en el momento del sexo, y la variedad que puede superar cuando la imaginación tiene más libertad y espacio. Los símbolos y la Cruz:

"Me digo que debo pasar a través de este dolor de no entender —a través del deseo—, encaminada a no entender infinitamente otras cosas incontables; encaminada por el sufrimiento mismo, no a través de un camino, como si contara un cuento, sino en las cuatro direcciones que marca una cruz, y clavada en el centro de la cruz: en la pasión".

(Tu cruz en el cielo desierto, de Carolina Sanín)


Me encanta también, como siempre, el manejo del lenguaje de la autora. Cómo explora y explota las posibilidades de cada palabra y el poder del nombrar y del verbo. La cruz, que se convierte en cierta forma en un hilo conductor, en la representación del sufrimiento, del dolor, de la distancia, los extremos, los cruces, y que empieza a ver en cada uno de los objetos y elementos que observa, gracias a su agudo sentido de la observación y la descripción de lo que se ve. Así como con la palabra “China” (lugar donde vive el amor ausente), que explora como representación de la distancia, a la vez de como el lugar desde donde todas las cosas son hechas. Y además de la palabra y su uso del lenguaje, también me llamó la atención la narración, que también varía. Desde el tono confesional del inicio y el uso de la primera persona, y por momentos tomar distancia del personaje (de sí misma) y usar la tercera persona (ella), y hasta creo que por momentos también se utiliza la poca usada segunda persona, lo que son datos interesantes que siguen mostrando el proceso de transfiguración de la misma autora mientras escribía el texto. 

Es un texto dinámico, ingenioso y apasionado (sí, tiene algunas escenas eróticas muy bien logradas en ese juego de espejos, deseos, palabras y pensamientos), pero también creo que es un texto con especial dedicatoria a los lectores, los viejos y los nuevos, porque la misma configuración de la historia llena de pistas, puede llevar a los nuevos y curiosos lectoras a atar cabos, buscar los vídeos y fotos de lo que la autora menciona en el texto y contruir su propia fantasía. De crear. Y me parece algo valioso y generoso que la autora siempre está abierta a dar sus lectores en cualquier ámbito. Y lo recomiendo mucho.


Comparto la reseña que hice de otro de los libros de la autora:

Reseña del libro "Somos luces abismales"






Carolina Sanín

sábado, 15 de diciembre de 2018

Somos luces abismales (Carolina Sanín)

Carolina Sanín


Hace ya varios días terminé el más reciente libro de la escritora colombiana Carolina Sanín, “Somos luces abismales”. Un libro que explora, que indaga, que transporta, que revela y acompaña al lector en una aventura a través de 8 relatos, que se mueven entre el ensayo y el relato autobiográfico, hasta lo que me parece que caracteriza e identifica el estilo de Sanín, como es su capacidad de observación aguda, detallista e incisiva, que le permite ahondar desde los temas más comunes y sencillos hasta los más complejos.

Hay varios puntos en común entre todos los relatos, y unos temas que siempre están presentes, como es el universo en toda su extensión, desde el misterioso y enigmático cosmos, hasta aquel universo que se representa en las pequeñas criaturas que lo habitan, desde los animales y el mismo ser humano. 

Su visión naturalista y prosa poética me recuerda a Whitman y Thoreau, y por qué no al mismo Humboldt, pues en varios de los relatos queda evidenciado su pasión por recorrer la naturaleza, descubrirla, explorarla y nombrarla, así como el gran explorador. Y aquí llegamos a otro punto importante dentro del estilo de la escritora, y es su obsesión con la palabra, con los nombres, con los signos y símbolos del lenguaje, porque es consciente del poder de la palabra y de nombrar las cosas, objetos y seres. 

Por momentos quedo atrapado en su prosa poética, que también es liviana y que fluye casi que musicalmente como el sonido de un río. Su manejo del lenguaje y de los temas que explora, le permite jugar y mezclar combinaciones de varios elementos, logrando ahondar un poco más sobre esos temas, y llevar al lector en ese viaje, en esa exploración universal de lo singular, así como también la singularidad de lo universal. 

“Uno escribe para saber dónde está. Porque se da cuenta de que nunca sabe dónde está”… Y ese es otro de los homenajes constantes que realiza la escritora en sus relatos, a la misma literatura y al acto de crear y de escribir. Porque se nota que escribe para conocer el mundo, y para conocerse más a sí misma, y logra, con el afortunado lector que sepa entenderlo, trasmitir el proceso al lector. Es una revelación y una exposición de sí misma ante el lector, o ante el papel en blanco (ante el espejo), como es inicialmente siempre. 

Me sorprende también su imaginación, no solamente su conocimiento del lenguaje y su curiosidad existencial, sino esa imaginación que permite crear a través de lo que se observa, crear nuevas rutas, pensar nuevos escenarios, futuros posibles, mundos paralelos… en fin, toda una gama de posibilidades creativas, que sabe utilizar, condensar y depurar. 

Sin dudas es una escritora fascinante, que merece la pena seguir, leer y descubrir. Yo había leído varios de sus artículos, y sus publicaciones en Facebook o Twitter, pero es el primer libro que leo de ella, y sin dudas buscaré los anteriores.



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)




Carolina Sanín:

Carolina Sanín