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sábado, 12 de junio de 2021

El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges) - Fragmentos

Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor


El aprendizaje del escritor (Jorge Luis Borges)

Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971.


El libro es una transcripción de tres seminarios del gran escritor argentino, Jorge Luis Borges, en la Universidad de Columbia. Me parece un muy buen y valioso archivo de estas conferencias sobre literatura, dividida en tres partes: cuento, poesía y traducción. En donde además de sus conocimientos, también leemos interacciones con los estudiantes de la universidad, su traductor al inglés y otras personas que le sacan de forma espontanea un poco más sobre este material del aprendizaje del escritor.

Resulta curioso que el libro sea resultado de un proceso oral, pues logra que por momentos nos sintamos presentes en esa sala, atentos a cada una de las palabras de Borges. 

Además de los temas de cuento, poesía y traducción, que son las tres grandes divisiones del libro, también se tocan temas sobre la novela, su método de escritura, la historia, su propia biografía y su país. Así como también el análisis en directo y comentado de algunos de sus textos y poemas. 

Todo el libro es interesante, pero acá he seleccionado algunos fragmentos, por si se interesan en adquirirlo. 



Fragmentos


Fragmento 1. 

"El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesteron dijo: <only one thing is needful, everything> (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita soledad, y consigue su parte. Un escritor necesita amor, y será amado y amante. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida. (...) mi padre fue un hombre de letras -aún eso no fue suficiente. Yo necesitaba algo más, que eventualmente encontré en la amistad y en la conversación literaria.

Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo. Y como resultado de todo eso, es posible que llegue el momento en que el joven escritor sienta que puede trasmutar sus emociones en poesía. Un joven escritor debería empezar, desde luego, imitando a los escritores que le gusten. De modo que el escritor se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo -esa extraña forma de doble vida, de vivir en la realidad tanto como se pueda y al mismo tiempo de vivir en esa otra realidad, aquella que uno tiene que crear, la realidad de sus sueños.



Fragmento 2.


Junio 1968


En la tarde de oro

o en una serenidad cuyo símbolo

podría ser la tarde de oro,

el hombre dispone los libros

en los anaqueles que aguardan

y siente el pergamino, el cuero, la tela

y el agrado que dan

la previsión de un hábito

y el establecimiento de un orden.

Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,

reanudarán aquí, de manera mágica,

la lenta discusión que interrumpieron

los mares y la muerte

y a Reyes no le desagradará ciertamente

la cercanía de Virgilio.

(Ordenar bibliotecas es ejercer,

de un modo silencioso y modesto,

el arte de la crítica.)

El hombre, que está ciego,

sabe que ya no podrá descifrar

los hermosos volúmenes que maneja

y que no le ayudarán a escribir

el libro que lo justificará ante los otros,

pero en la tarde que es acaso de oro

sonríe ante el curioso destino

y siente esa felicidad peculiar

de las viejas cosas queridas.

(Jorge Luis Borges)


(Borges escribió el poema luego de regresar a su casa, tras pasar un año en Harvard. Podía volver a tocar sus libros pero ya no podía verlos: estaba ciego)


"Todo el asunto del poema es esa rara felicidad que sentí, aunque estaba ciego, de regresar a mis libros y disponerlos en los anaqueles. Me sentí bastante lúcido cuando lo hice. El hecho de que el hombre (que soy yo) sea ciego está sugerido a lo largo de todo el poema"



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor



Fragmento 3.

Borges sobre poesía


"Creo que los poetas jóvenes tienden a empezar con lo que es en realidad lo más difícil: el verso libre. Este es un grave error. (...) Yo cometí ese error cuando publiqué el primer poemario mío, Fervor de Buenos Aires, hace ya mucho tiempo, en el año 1923. Escribí ese libro en verso libre -había leído a Whitman, desde luego- porque creí que era más fácil. Ahora sé que es ciertamente más difícil. Si yo tuviera que escribir algo en el momento, si tuviera que fabricar algo en apuros, recurriría a una forma convencional, ya que es más fácil para mí. De modo que mi consejo a los poetas jóvenes es el de empezar por las formas clásicas del verso y sólo después de eso ensayar posibles innovaciones. Recuerdo una observación de Oscar Wilde, una observación profética. Él dijo: <Were it not for the sonnet, the set forms of verse, we should all be at the mercy of genius> (cuando no sea para el soneto, las formas cerradas del verso, todos habremos de estar a merced de la genialidad). Esto es lo que está ocurriendo actualmente; al menos esto es lo que está ocurriendo en mi país. Casi todos los días recibo libros de versos que me ponen a merced de la genialidad; es decir, libros que me parecen sin sentido. Ni siquiera las metáforas en ellos son discernibles. Se supone que la metáfora es el contacto momentáneo de dos imágenes, pero en estos libros yo no veo tales contactos. Tengo la impresión de que todo ha sido hecho de modo azaroso, como por una especie de computadora desquiciada. ¡Y se espera que yo sienta o disfrute algo! Yo cometí ese error de genialidad en ese primer libro mío (creo que en el segundo también; acaso también en el tercero), y luego descubrí que hay algo realmente mágico e inexplicable en los sonetos. Esta forma, que en sí misma parece ser parcialmente azarosa con sus varios patrones y esquemas de rima -el italiano, el shakespierano, el spenseriano- es capaz de producir muy diversos tipos de poemas."

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 4.

Borges sobre tres de sus cuentos inmortales


Estudiante: Hay un cuento de una enciclopedia...

Borges: Supongo que usted se refiere a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", cuento en el que el mundo entero está siendo modificado por una enciclopedia. Escribí ese cuento cuando era todavía bastante joven. Hoy ya no intentaría ese tipo de cosas; después de todo, quiero cambiar. Ahora abrigo esa modesta ambición: quiero ser otro, quiero escribir de otra forma, de una forma inesperada.

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Estudiante: En uno de sus cuentos usted dice que podemos ser personajes en el sueño de otra persona.

Borges: Sí, ese cuento es "Las ruinas circulares", y por lo que sabemos puede que sea cierto. Ustedes me están soñando. No, me equivoco. Yo soy quien los sueña a ustedes.

Estudiante: ¿Cómo funciona esta idea del sueño?

Borges: Es una idea muy antigua, una idea de los idealistas, de Berkeley y de los hindúes, y también, creo, del Rey Rojo de Lewis Carroll.

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Estudiante: ¿Cómo hizo para soñar a "Pierre Menard, autor del Quijote"?

Borges: Yo había sufrido un accidente y una operación; estuve muy cerca de la muerte sin pensar nunca en ella. Después del accidente, yo no sabía si podría seguir escribiendo. Entonces, me dije, si trato de escribir un ensayo crítico breve y fracaso, sabré luego que no me quedan esperanzas. Si hubiera intentado escribir un poema, eso no me hubiera dicho nada, porque los dones son revelados por la musa o el Espíritu Santo. Así que intenté algo nuevo - un cuento que era un poco una argucia también - y cuando lo logré vi que podía volver a la literatura y ser, bueno, no un hombre feliz, de modo que nadie es feliz, pero al menos pude sentir que mi vida estaba de algún modo justificada. Mucha gente en Buenos Aires y dos hombres de letras conocidos míos en particular tomaron todo el asunto en serio. Uno de ellos me dijo: <Por supuesto, yo sé todo sobre Pierre Menard. Supongo que estaba fuera de sus cabales>. Y yo le dije: <Sí, eso supongo, pero era esa una locura interesante ¿no?>. Ese fue uno de los primeros cuentos que escribí. Sigo diciendo que fue el primero, pero lo cierto es que fue el segundo o tercero.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 5.

"Y, en general, creo que lo más importante en un cuento es la trama o el argumento; en cambio, en una novela son menos importantes las situaciones que los caracteres. No es imposible que ustedes piensen que la escritura del Quijote depende de los episodios; sin embargo, lo que es realmente importante es el carácter de los dos personajes, Alonso Quijano y Sancho Panza. En la saga de Sherlock Holmes, de igual modo, lo que realmente importa es la relación de amistad que hay entre un hombre muy inteligente y un hombre más bien tonto, como el doctor Watson. Por lo tanto -si me permite hacer una generalización-, puestos a escribir una novela, deberían saber todo acerca de los personajes,y cualquier argumento estará bien; en cambio, en un cuento es la situación lo que importa. Esto sería cierto también para Henry James, por ejemplo, o para Chesterton"

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Reseña y Fragmentos de El aprendizaje del escritor

 

Fragmento 6.

Borges sobre su cuento "Deutsches Requiem"


Estudiante: ¿Y en el caso del cuento que escribió acerca del teniente nazi?

Borges: "Deutsches Requiem". Lo que ocurre en ese cuento es bien diferente. Yo, por supuesto, era partidario de los Aliados. Cuando los alemanes fueron derrotados sentí una gran alegría y un gran alivio, pero al mismo tiempo pensé en la capitulación de los alemanes como en algo de algún modo trágico, porque allí teníamos acaso la gente más educada de Europa, que tiene buena literatura, una buena tradición filosófica y poética. Y aún así, estas personas fueron dóciles a un desquiciado llamado Adolf Hitler, y yo creo que ahí hay una tragedia. Entonces, yo traté de imaginar un nazi que lo fuera realmente; un hombre que realmente pensara que la violencia por la violencia misma fuera loable; un hombre a quien le parece que está bien que sean inexorables con él ya que él había sido inexorable con otros, y escribí ese cuento que muchos interpretaron como una adhesión mía a la causa de Hitler. No, no es eso; yo inventé un nazi perfecto, un nazi despiadado no sólo con los otros -lo cual es fácil- sino despiadado consigo mismo, y que acepta esa suerte como justa. Por eso, pensé que a ese arquetipo de nazi no le hubiera preocupado que lo derrotara; después de todo, las derrotas y las victorias son meros asuntos del azar. Él se hubiera alegrado incluso de que los norteamericanos o los ingleses ganaran la guerra. Pero ese cuento no tuvo el propósito de ser un panfleto político. Tuvo la intención de representar el hecho de que había algo trágico en el destino de un verdadero nazi. Salvo que me pregunto si existió alguna vez un verdadero nazi. Al menos cuando yo visité Alemania nunca conocí a uno. Parece que la gente tiende más bien a apiadarse de sí misma y no de los otros.

(Jorge Luis Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 7.

Conversación entre Jorge Luis Borges y Norman Thomas di Giovanni (su traductor al inglés) sobre la traducción.


Borges: Además, ustedes podrían pensar que no hay autor; después de todo, sólo existen la musa o el Espíritu Santo.

Di Giovanni: Yo no creo que deban abordar los textos o los autores como si fueran objetos sagrados ni ser abiertamente conscientes de que están traduciendo. Creo que el trabajo tendría que considerarse como el de la escritura, en este caso, en inglés. Es una pena que no todos los traductores puedan tener la experiencia de trabajar codo a codo con el autor. A mí me ha ayudado enormemente a ser libre como el original; Borges me exhorta: "¡Hágalo a un lado y siéntase libre!". También le quita el tedio a la traducción, por no decir nada del lujo que implica saber si uno está o no en lo correcto en las interpretaciones de los pasajes intrincados. En fin, yo estoy en contra de las traducciones literales. Algunas de las mejores traducciones apenas tocan el original.

Borges: FitzGerald, por ejemplo.

Di Giovanni: Por supuesto, cuanto más libre sea uno, mejor traductor tiene que ser.

Borges: Yo ignoro el hebreo, pero siempre consideré la versión de King James como una muy buena traducción de la Biblia. Y acaso sea mejor que lo que una traducción literal pudiera ser.

(J. L Borges en Seminario sobre escritura en la Universidad de Columbia, en 1971. El aprendizaje del escritor)



Fragmento 8.

Y a propósito del capítulo de las palabras y autores díscolos, recuerdo este poema de Borges:


Invocación a Joyce

Dispersos en dispersas capitales, / solitarios y muchos, / jugábamos a ser el primer Adán / que dio nombre a las cosas. / Por los vastos declives de la noche / que lindan con la aurora, / buscamos (lo recuerdo aún) las palabras / de la luna, de la muerte, de la mañana / y de los otros hábitos del hombre. / Fuimos el imagismo, el cubismo, / los coventículos y sectas / que las crédulas universidades veneran. / Inventamos la falta de puntuación, / la omisión de mayúsculas, / las estrofas en forma de paloma / de los bibliotecarios de Alejandría. / Ceniza, la labor de nuestras manos / y un fuego ardiente nuestra fe. / Tú, mientras tanto, / forjabas en las ciudades del destierro, / en aquel destierro que fue / tu aborrecido y elegido instrumento, / el arma de tu arte, / erigías tus arduos laberintos, / infinitesimales e infinitos, / admirablemente mezquinos, / más populosos que la historia. / Habremos muerto sin haber divisado / la biforme fiera o la rosa / que son el centro de tu dédalo, / pero la memoria tiene sus talismanes, / sus ecos de Virgilio, / y así en las calles de la noche perduran / tus infiernos espléndidos, / tantas cadencias y metáforas tuyas, / los oros de tu sombra. / Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra / un solo hombre valiente, / qué importa la tristeza si hubo en el tiempo / alguien que se dijo feliz, / qué importa mi perdida generación, / ese vago espejo, / si tus libros la justifican. / Yo soy los otros. Yo soy todos aquellos / que ha rescatado tu obstinado rigor. / Soy los que no conoces y los que salvas.





lunes, 30 de diciembre de 2019

Sillas, moscas y otros bichos (Federico Guillermo Serrano López)

Federico Guillermo Serrano López



“Sillas, moscas y otros bichos” es el primer libro de cuentos de Guillermo Serrano, escritor, profesor y filósofo colombiano. Son cuentos breves escritos con mucho humor, ingenio, crítica y una agilidad donde el autor retrata varios de los temas que le interesan. La cotidianidad viéndose interrumpida por una serie de eventos, a veces fantásticos, o la realidad siendo trastocada de cabeza para servir de metáfora a una idea sobre la realidad. También Serrano en varias de las historias explora las estructuras de poder en una comunidad, desde la de una empresa normal con sus procedimientos organizacionales hasta la de una comunidad de hormigas. La alegoría es parte del estilo de estos cuentos, donde también encontramos textos con una prosa poética muy marcada, y varios de los cuentos tienen bellas y particulares ilustraciones (muy al estilo de las historias) de Geraldine Acevedo España, quien también diseñó la portada del libro. Pero también encontramos una variedad y versatilidad que iremos describiendo a continuación: 

En “Sillas dañadas”, se configura todo un sistema burocrático que gira entorno a unas sillas dañadas, que deja en evidencia las deshumanización y el caos dentro de los procesos organziacionales, la automatización de procesos que terminan por bloquear el alma de las personas, y la lucha contra una gran fuerza invisible que incide de forma directa sobre un gran grupo de personas y seres, que se parecen a los objetos y productos del inventario de sus empresas. Con pequeños ecos a Cortázar, Kafka y hasta Saramago, que en varios relatos y novelas dan vida a aquellas fuerzas invisibles y a los mismos objetos con los que interactua y muchas veces choca el ser humano. 

“Nacer por partes”, es uno de esos relatos donde el autor transfigura la realidad y compone un universo alternativo para exponer una idea sobre la esencia de la vida. Literalmente, en la historia existe la posibilidad de nacer por partes para luego poder ser ensamblado, con el objetivo de diminuir riesgos y angustias del parto. Aunque también tal innovación trae otros problemas, cuando la gente puede a su gusto cambiar de partes y robar las de otras personas. Se crean problemas de identidad, seres andróginos con algunas partes en otra no muy convencionales. Un caos en la sociedad en el ser que lleva a una reflexión de volver a la esencia. 

En “Inquietudes gastronómicas de un hombre coherente”, inicia describiendo el perfil de un hombre progresista, pilar del buen ciudadano contemporáneo, que además es vegano. Hasta que un día sufre la rebelión de los vegetales que consume con orgullo, dando paso a una serie de acontecimientos extraodinarios que llevan a Luis Armando a seguir siendo coherente con su forma de vida y descubrir su verdadero estado natural. Es otra muestra de la narración llena de crítica y fino humor. 

Y así siguen los relatos como: “Una contrariedad antes del desayuno”, que con un toque bastante trágico, muestra la fragilidad en la que estamos incluso dentro de nuestra propia casa, nuestro propio espacio de seguridad. Un poco de la mano con el relato “Abisal”, donde a través de una narración onírica nos habla de la transformación, y de la incertidumbre al despertar de un sueño. Y cambiando el estilo, llega “Minutos”, que es un breve texto poético sobre el paso del tiempo y el desamor, en medio de las facilidades en la comunicación hoy en día con la tecnología. O “Ilesa”, que es otro texto poético pero también erótico, sobre la soledad y el anhelo del cuerpo. Y finalizando con “Lucho”; “Emprendimientos teólogicos de las hormigas”, donde nuevamente retrata las estructuras de poder a través de estos pequeños animales, las hormigas, para comparar una realidad. E “Historia de amor”, que es una bella historia de unas moscas y la efervescencia del tiempo, de la vida y del amor. 
Es una recopilación de cuentos variada, muy fresca, divertida y cautivante que muestran el talento y las obsesiones del autor, quien es capaz de leer la realidad y compartir sus tesis a través de estas historias alegóricas, de objetos, sillas, moscas y otros bichos.


Foto de Federico Guillermo Serrano:


Federico Guillermo Serrano López




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

viernes, 20 de octubre de 2017

Algo alrededor de tu cuello (Chimamanda Ngozi Adichie) y Cuentistas africanas

Chimamanda Ngozi Adichie




En el Club de Lectura Sícalo, al que asisto en la ciudad de Cartagena, dentro del Ciclo de Mujeres Escritoras de África y Oriente, tuvimos turno para las cuentistas africanas, entre ellas estaba la excelente y joven escritora nigeriana, Chimamanda Adichie Ngozi (Americanah). 

Con respecto a los cuentos, fue interesante como a través de estas sesiones en África, además de conocer la Nigeria de Adichie, y su situación como emigrante a USA, en Americanah, también pudimos conocer distintos rostros de África, reflejados en las distintas escritoras, que siempre nos muestran un reflejo particular de su visión y sus respectivos entornos. Comenzaré con un pequeño comentarios de los cuentos de las escritoras en general, y finalizaré con Adichie y su libro de cuentos, que se titula “Algo alrededor de tu cuello”:

Con Beatrice Lamwaka (Uganda), fue interesante descubrir la sencillez, la ternura y cierta ingenuidad e inocencia en la prosa, con su cuento "El señor de la casa". Un bello retrato del amor, la aceptación, con una crítica al machismo.

Con Assia Djebar (Argelia), la argelina, la parte francesa y a la vez de influencia árabe en África. Con respecto al estilo de Djebar, como comenté, sus dos cuentos no me gustaron mucho. Si bien, describe situaciones muy duras, la forma en que están narradas me pareció muy simple. Y ahí vemos para comparar lo que encontramos con las dos africanas anteriores, hay sencillez, pero hay ritmo, un sabor, un estilo; pero la argelina, al menos en la traducción que leímos, no hace uso de una gran narrativa. 

Con Agnes Agboton (República de Benín), pudimos observar la parte mágica, fabulística y mitológica de África. Y el arte de narrar cuentos e historias, que a la vez es algo muy árabe, y propio de todas las épocas arcaicas de la literatura universal. En cada lugar de la tierra, las primeras manifestaciones literarias, buscaban describir o buscar respuesta a los fenómenos de la naturaleza. Así que Agnes cuenta dos cuentos, uno de la luna y el sol, y otro sobre las gallinas y los gavilanes. Ambos muy bellos. 

Y con la Premio Nobel, Nadine Gordimer (Sudáfrica), es muy interesante porque vemos otra perspectiva de África, la de los blancos clase media de Sudáfrica. Nadine es blanca, y representa la población blanca de África, que se encuentra mayoritariamente en Sudáfrica. Sus dos cuentos me gustaron, especialmente "Dos metros bajo tierra", porque precisamente en ese y en toda su obra, aborda esos conflictos y contrastes entre los negros y blancos en Sudáfrica. Sus cuentos son sólidos, con un estilo mucho más trabajado. También se nota su manejo de la prosa y la narrativa, al condimentar sus relatos, a pesar que hablen de sucesos duros, con humor, ironía. gracia, estilo y ritmo. Y esas son características con las que podemos reconocer a una hábil narradora.  

Y finalizando con Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria), una de las más aventajadas, con historias muy bien medidas, variadas y certeras. Además de la descripción de la Nigeria moderna, también en Adichie podemos identificar lo mejor del estilo sencillo africano, como el de Lamwaka, pero un estilo muy trabajado y medido, con cierta influencia de sus estudios de occidente, y sus estudios de literatura universal.

En “Algo alrededor de tu cuello”, que es el cuento que da nombre a toda su recopilación de historias, es en cierta forma la más cercana a su novela Americanah. En ella aborda el tema de una africana en Estados Unidos, que no logra encontrar su lugar, y en una relación que no la satisface. Así como en otros de sus cuentos, deja por debajo el imaginario del sueño americano, la sutil diferencia entre un negro africano y otro de origen americano, y del racismo directo al más sutil. Eso que cada noche se enrosca como una serpiente alrededor del cuello de la protagonista, es ese sentimiento de asfixia, esa advertencia de que algo debe cambiar.  
En otro de los cuentos, “De imitación”, retrata otro caso de una africana casada con un hombre nigeriano que tiene éxito en su país y se convierte en un hombre muy rico. Entonces cede a la tradición de enviar a su mujer a los Estados Unidos para que críe a sus hijos allá, mientras él se queda trabajando en África y los visita unas veces al año. Eso genera un gran drama, especialmente en la vida de la esposa, que no haya su identidad en USA, además que descubre la posible infidelidad de su esposo mientras vive lejos de su familia. Es un cuento muy bello, de mis favoritos, y Adichie describe las relaciones de pareja, especialmente los casos de parejas nigerianas (ya sea entre dos nigerianos, o de unión interracial, o entre parejas del mismo sexo), con gran maestría. En otro cuento, “Una experiencia privada”, es otro de mis favoritos, aborda el tema de la religión, con dos mujeres que quedan atrapadas en una tienda, en medio de una confrontación. Ambas intercambian algunas palabras, historias, miedos, y la experiencia privada, es el ritual religioso que realiza una de ellas concerniente a su religión musulmana. Es un bello relato, con mucha intriga, y con temas importantes. En el relato, “Fantasmas”, nos muestra a dos hombres de avanzada edad que fueron amigos y colegas cuando eran más jóvenes, en medio de la guerra de Biafra. Uno de ellos se creía que estaba muerto, por lo que el reencuentro está cargado de recuerdos, reproche, culpa, dolor e intentos de redención. En “El lunes de la semana anterior”, es una bella historia de una joven que entra a trabajar a una casa de familia, un matrimonio de un hombre blanco con una bella artista africana que nunca sale del sótano, por andar trabajando en su arte. Cuando logra salir, la joven queda prendada de ella, y hay miradas, coqueteo, amor y desamor en esta historia. En “El Temblor”, dos vecinos encuentran un punto de acercamiento cuando hay amenaza de un temblor en la ciudad, lo que los lleva a conocerse un poco más y descubrir muchas cosas en común. En “Los concertadores de bodas”, se trata el tema de los matrimonios arreglados en África, de una joven que es prometida en matrimonio con un estudiante de medicina en USA, también africano, quienes ambas familias unen. La relación es problemática, pero saben que tendrán que aguantarse por un tiempo, al menos hasta que se arregle la situación para que puedan ser libres de hacer lo que quieran. En “Mañana está demasiado lejos”, nos cuenta en forma de misiva, una historia de una tragedia que enlutó a una familia por un pequeño descuido. Y en “La Historiadora Obstinada”, es el relato donde me parece que Adichie hace un homenaje a Chinua Achebe, al retratar una historia que se desarrolla en África, un poco después de los acontecimientos que sucedieron a finales del siglo XIX, con la llegada de los misioneros y el colonialismo británico. Pero acá la protagonista es una heroína, que logra a pesar de las adversidades salir adelante, y se convierte en una académica e historiadora exitosa, que trata de entender su pasado.  

En síntesis, una colección de relatos, en general muy buenos, con temas variados, y todos ellos con la pluma tan exquisita e hipnótica de Chimamanda Ngozi Adichie. Muy recomendado.  


Promedio todos los relatos:
7.5/10



Dejo enlaces a las otras dos reseñas del blog sobre Literatura Africana:


Reseña de Americanah (Chimamanda Ngozi Adichie)

Reseña de Todo se desmorona (Chinua Achebe)



Acá una foto de las cuentistas africanas: 


Cuentistas africanas

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuentos (Fiódor M. Dostoievski)

Fiódor Dostoievski



Hace poco inicié la aventura de leer los cuentos completos de los grandes escritores, de los cuales me enamoré por sus extensas novelas, por las que de hecho son más conocidos. Los dos primeros han sido los grandes: Fiódor Dostoievski y Thomas Mann. Inicié con el maestro ruso, y me encuentro ahora mismo por los textos del alemán. 

Tengo la teoría de que una de las mejores formas de enamorarse de la literatura por primera vez es a través de los cuentos y relatos cortos. Y qué mejor forma de acercarse a los más grandes escritores de la literatura universal, que iniciando con sus cuentos. Al menos esa fue la forma en que me enamoré de García Márquez desde que era más pequeño, con sus magistrales cuentos. Además, los cuentos permiten apreciar el mismo desarrollo del escritor, sus etapas y el desarrollo de temas en su cronología y sus vidas. En los contemporáneos me ha pasado con Murakami, quien también tiene excelentes cuentos. Y así podría hacer una larga lista. Creo que es una dinámica que debería utilizarse en las escuelas y los mismos padres que quieran introducir a sus hijos en las lecturas. Se sorprenderán al conocer que algunos autores tan grandes y míticos, como el mismo Dostoievski, Mann, e incluso Pessoa y otros más, tienen pequeños relatos para niños. 

Los cuentos de Fiódor Dostoievski son absolutamente magistrales, y en cada uno de ellos encontramos varios de los temas que ocuparon sus grandes obras, destellos de su inconfundible estilo, y podemos observar su gran versatilidad, desde los intensos dramas existenciales, sociales y psicológicos, hasta su acercamiento y destreza en el uso de la comedia, la ironía, la sátira y un delicioso humor, hasta su etapa temprana con su parte más romántica. Llegando incluso por terrenos surrealistas y fantásticos, sin olvidar los infantiles dedicados a los más pequeños. Y en cada uno de sus cuentos y relatos cortos podemos encontrar varios de estos temas mezclados y combinados. 

En una de las recopilaciones de cuentos que leí, donde la traducción la hace Bela Martinova, experta en literatura rusa y en la obra de Dostoievski, es de mucha utilidad que se clasifican los cuentos por orden cronológico. Por lo que encontramos una gran variedad de historias producidas por el autor entre los años 1845 – 1877.

No voy a comentarlos todos, sólo unas anotaciones sobre los que más me gustaron, y al final dejaré uno de ellos completo:

Entre los primeros se encuentran algunos de sus cuentos más bellos, tiernos, románticos y poéticos. Debo empezar por uno de los más bellos, y creo que su cuento más famoso, con merecidos méritos: “Noches blancas”.

"Sí, lo que oye usted es que en esos rincones vive gente rara, soñadora. El soñador, si es necesario definirlo con más precisión, no es un hombre, sino, si quiere saberlo, un ser de género neutro. Se ubica generalmente en algún rincón inaccesible, como si se escondiera del mundo, y se introduce en él apegándose a su rincón como un caracol, o al menos pareciéndose mucho a ese curioso animal que es casa y animal a la vez, como la tortuga. ¿Por qué cree usted que ama tanto sus cuatro paredes, pintadas precisamente de verde, cubiertas de hollín, tristes e inadmisiblemente impregnadas de tabaco"

"¡Un minuto entero de felicidad! ¿Acaso es poco para toda una vida humana?"

(Noches Blancas, de Fiódor Dostoievsky)


Es una magistral novela corta o relato largo del gran maestro ruso. Las "Noches Blancas", son un fenómeno que se da en Rusia durante la época de solsticio de verano, donde el sol de oculta tarde y amanece más temprano... en ese contexto se desenvuelve la historia de los dos personajes protagonistas, que a través de varias noches blancas comparten sus historias, sus miedos, deseos, miserias y añoranzas. El gran Dostoievsky se explaya en su poesía y en su romanticismo... al tiempo que escarba en la psicología y los dramas humanos e internos de sus personajes. Un texto memorable, fugaz y exquisito, que reflexiona de muchos temas, entre ellos, la soledad y la validez, existencia y duración del amor.

Dentro de esa línea encontramos otro de mis favoritos, “El pequeño héroe”, retrata el descubrimiento del amor, por medio de un joven (pre-adolescente) que se encuentra en una especie de finca a las afueras de la ciudad en una gran fiesta, y se enamora de una mujer un poco mayor que él, que tiene su esposo, y que además le es infiel con uno de los invitados de la fiesta. El joven se enamora de ella, se convierten en amigos, y él se ilusiona, pensando que en esos momentos juntos, donde la distrae de su aburrido esposo, ella está empezando a sentir lo mismo con él. Pero como nos acostumbra Dostoievski, las ilusiones poco a poco se ven nubladas por decepción y angustia, pero a pesar de eso, el joven tiene un alma bondadosa, inocente aún, que le permite realizar un bello acto, que lo convierte en un pequeño héroe. 

“El corazón débil” es otra de esas historias bellas, donde el romance se hace presente, en esta oportunidad, iniciando con la presentación de la amistad, a través de dos buenos amigos. Uno de ellos, con un defecto físico, se enamora de una mujer que le corresponde, aunque él no alcanza a creerse que por primera vez esté feliz y teniendo lo que siempre había querido. Lo que lo lleva a un estado de desesperación, angustia y estrés, al pensar que en cualquier momento puede perder todo. Es uno de esos relatos, que además del tema de romance, y su componente dramático, ya presenta un análisis más interesante en la psicología de los personajes, y del ser humano, que al fin y al cabo, siempre fue el objeto de estudio del autor ruso. 

Otro de los cuentos más bellos, mágicos y existencialistas al tiempo, “El sueño de un hombre ridículo”, es también uno de los más extensos. Se divide en 5 partes, en donde Dostoievski explora su lado más surrealista y onírico, ya que cuenta la historia de un joven que hace una revisión de su vida a través de sus sueños, además de diversas revelaciones que le son dadas por este mismo medio. En ese recorrido por sus sueños, y al pasado, se detiene en algunos de los momentos más importantes de su vida. 

Tanto en este cuento, como en todos, las descripciones son increíbles, tanto las de emociones humanas, como las del espacio físico y las atmósfera… y la geografía. San Petersburgo es una de las grandes protagonistas, las noches, el frío, la soledad, la nieve y el interior de las casas, y de sus pobladores.   

Hay otro elemento que también queda plasmado tanto en los cuentos de Dostoievski, como en sus novelas. Y es la captura de las tradiciones de la gente, de sus costumbres y creencias. Por lo que en algunos podemos encontrar referencias directas al cristianismo, y todas las creencias alrededor de esta práctica dentro de las tradiciones de la gente, tanto de los más humildes, hasta los más pudientes. Porque también, todas las clases tienen cabida dentro de las historias del autor, y más si se relacionan entre sí de alguna u otra manera. 

Dentro de la parte cómica, satírica, crítica y fantástica, encontramos relatos como "El cocodrilo" y "Bobok". El cocodrilo es muy curioso, es divertido, crítico y un poco absurdo y surrealista, ya que muestra a varios amigos que asisten a un zoológico, y uno de ellos es tragado por un cocodrilo. El dueño del réptil, un alemán, se niega a dejar que abran a su cocodrilo, porque a través de él obtiene su sustento. Y ante esa situación, luego el personaje que es tragado por el animal, siente que no está del todo mal dentro de la criatura, y quizás se podría acostumbrar.  

Hay otro muy divertido y corto, que es “La mujer ajena y el marido debajo de la cama”, que son su título ya se pueden imaginar la situación. Al igual que “Un episodio vergonzoso”, donde un jefe decide, con algunos tragos encima, ir a la celebración de la boda de uno de sus empleados, queriendo acercarse más a ellos. Logrando en realidad, generar una situación muy incómoda, que desencadena en un episodio vergonzoso. En “El ladrón honrado”, también el personaje principal es un borracho, que deambula por las calles, y es acogido por el narrador de la historia, quien cuenta como esta persona le roba, y todo el drama, el sentimiento de culpa que embarga al ladrón honrado. 

Entre los cuentos más filosóficos, aunque todos tienen algo de filosofía, hay uno que tiene una estructura diferente, ya que más que estructura literaria, tiene más un cuerpo de ensayo. Es: “Dos suicidios”, que precisamente inicia con una noticia de un periódico, y analiza dos noticias que salieron en los periódicos de la época. En ambos, claramente hace uso de su rigor literario para atisbar y reflexionar sobre cada uno de esos dos suicidios, tratando de comprender cual sufrió más en su tiempo en la tierra.   
  
Y finalmente, hay dos muy bellos y tristes, que son catalogados como cuentos infantiles, pero que a la vez son duros, estremecedores, y tienen finales sobrecogedores. Son “El árbol de navidad y una boda” y “El niño con la manita”, ambos fueron recopilados en un libro que se llamó: “Dos cuentos de navidad”. Todos los cuentos de Dostoievski son fieles retratos, que confirman su estatus, como el merecidamente llamado "el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos", como lo dijera Stefan Zweig. "El niño con la manita", escrito en 1876, inicia con el reflejo de una situación, que aún hoy en día nos parece muy cercana, desde la mirada de un pobre niño que le toca mendigar en las calles en plena navidad, en la nieve, y cómo lleva posteriormente el dinero recogido a sus mayores, quienes se ahogan en alcohol. En estos cuentos, observamos su delicadeza y su ternura, frente a una situación dramática y problemas sociales, con una prosa tan bella, que como dijo uno de mis amigos que lo leyó, te reconcilia con la literatura.  
Y al final, todos sus cuentos son grandes testimonios de su talento, de sus obras, de su vida y de su legado, que pueden permitir que nos acerquemos más a él como escritor y ser humano, y al tiempo que nos acercamos a sus grandes obras, y hacemos las relaciones con los personajes, las atmósferas, los dilemas, la filosofía y la esencia general de uno de los más grandes escritores de la literatura universal.   

Y como prometí, dejo uno de sus cuentos: 


El niño con la manita (1876)

Los niños son unas personitas un tanto particulares. Uno sueña con ellos y se los imagina. En Navidades, o el mismo día de Nochebuena, tropecé en la esquina de una famosa calle con un muchachillo que no tendría más de siete años. Hacía un frío espantoso y el niño vestía ropa de verano y unos trapos viejos atados al cuello que hacían de bufanda (lo que significaba que a pesar de todo, había alguien que se los ponía antes de salir a la calle). Andaba él “con la manita extendida”, un término técnico que significa... pedir limosna. Lo acuñaron los propios muchachos. Hay muchos chicos como él que se cruzan en tu camino repitiendo lo mismo (y aullando algo ya aprendido). Pero este niño no lo hacía, hablaba ingenuamente y con un estilo poco corriente y sincero, mirándote a los ojos; quizás se estuviera iniciando en el oficio. A mis preguntas respondió que tenía una hermana que no trabajaba y estaba enferma. Probablemente fuera cierto, pero después me enteré de que hay una multitud de esos muchachos: los echan a la calle “con la manita” aunque haga un frío terrible y, en caso de no recoger limosna, seguramente les aguarde después una paliza. Tras reunir algunas monedas, el niño, con las manos ateridas y enrojecidas, se dirige al sótano, donde algún grupo de gente se emborracha a su costa: son aquellos que “tras holgar del sábado al domingo, no regresan a sus puestos de trabajo hasta el miércoles por la tarde”. Y allí, en los sótanos, se emborrachan junto a ellos sus hambrientas y apaleadas mujeres, y allí mismo gimen sus bebés. El vodka; suciedad y depravación, pero que no falte vodka. Con los cópecs reunidos envían rápidamente al niño a otra taberna a por más vino. Para divertirse, a veces también le dan un poco de alcohol, mientras el niño, medio ahogado, cae inconsciente al suelo, 

... y en su boca vierten despiadadamente el desagradable vodka... 

En cuanto estos muchachos crecen un poco los envían a trabajar a alguna fábrica y se ven nuevamente obligados a entregar cuanto ganen a esos bribones que se lo gastan en alcohol. Pero ya antes de empezar a trabajar esos niños se convierten en auténticos delincuentes. Deambulan por la ciudad y llegan a conocer todo tipo de sótanos donde pueden pasar la noche sin que nadie repare en ellos. Uno de esos muchachos pasó varias noches seguidas en una portería dentro de una cesta y nadie se percató de su presencia. Se convierten en unos ladronzuelos sin darse cuenta. Incluso en niños de ocho años, el hurto se torna pasión y apenas son conscientes del delito cometido. Finalmente, lo padecen todo —hambre, frío y palizas—, y sólo para conservar la libertad, y huyen de esos bribones para mendigar por su cuenta. Esos pequeños salvajes a veces no saben nada, ni dónde viven, ni de qué nacionalidad son, ni si existe Dios, y se comentan a veces de ellos tales cosas que hasta le parece a uno mentira oírlas; y, sin embargo, todo eso son hechos. 

Pero soy un novelista y creo que una de esas “historias” fui yo mismo quien la inventó. Y si he dicho “creo” es porque soy consciente de haberla inventado y, sin embargo, me parece que realmente sucedió en algún lugar, y, para más exactitud, en vísperas de Navidad, en alguna ciudad terriblemente grande, un día que hacía mucho frío. 

Veo en un sótano a un niño pequeño que como máximo tendrá unos seis años, quizás menos. Se despierta por la mañana en un sótano húmedo y frío. Lleva algo parecido a una bata, y tirita. Al respirar, sale de su boca vaho, y mientras se acurruca sobre un baúl se entretiene soltando al aire bocanadas de vaho. Pero tiene mucha hambre. A lo largo de la mañana se acerca varias veces al finísimo petate de paja, con un hatillo de trapos que hace de almohada, sobre el que yace su madre, que está enferma. ¿Cómo fue a parar allí? Debió de venir de otra ciudad junto a su hijo y después enfermó. Hacía un par de días que la policía había echado a la patrona de aquel lugar; los inquilinos se marcharon Dios sabe adónde, y allí tirado se quedó sólo un indigente que llevaba veinticuatro horas completamente borracho sin haber llegado la fiesta. En otro rincón de la habitación gemía una anciana octogenaria que trabajó de criada durante algún tiempo y ahora estaba muriéndose en soledad; la anciana gruñía al niño cada vez que se le acercaba, hasta que el muchacho dejó de hacerlo. En el zaguán encontró algo de beber, pero no consiguió dar con un pedazo de pan; se había acercado ya una decena de veces a su madre para despertarla. Finalmente, la angustia empezó a apoderarse de él: hacía mucho que había anochecido y no encendían las luces. Al palpar el rostro de su madre, le extraña que no se inmute y esté tan fría como el témpano. “Aquí hace demasiado frío”, piensa el muchacho, que se queda un rato de pie y apoya inconscientemente su mano sobre el hombro de la fallecida; a continuación se sopla los dedos ateridos de frío, se coloca la gorra, que está sobre el petate, y despacito y a tientas sale del sótano. Quería haber salido antes, pero le retuvo el miedo a un perro grande que estaba en la escalera de arriba y que se pasó el día entero aullando en la puerta de los vecinos. Pero, como el perro ya se había marchado, el muchacho pudo finalmente salir a la calle. 

¡Dios mío, qué ciudad! Jamás había visto nada semejante. En el lugar del que provenía, las noches eran muy oscuras y en toda la calle había sólo una farola. Las casitas bajas de madera se cerraban con sus contraventanas. Apenas anochecía no quedaba un alma en la calle, pues todos se escondían en sus casas y sólo se oían aullidos de jaurías enteras de perros. Centenares y miles de ellos aullaban y ladraban durante toda la noche. Pero, a pesar de todo, allí hacía calor y le daban de comer, mientras que aquí... ¡Dios mío, ojalá pudiera llevarse algo a la boca! ¡Aquí, en cambio, cuánto ruido y bramido había! ¡Cuánta luz y cuánta gente, cuántos coches, caballos! ¡Y frío, cuánto frío! Los morros de los sudorosos caballos que corren veloces desprenden un vaho blanco; sus cascos resuenan en el empedrado cubierto de mullida nieve. Pero ¡Dios mío! ¡Qué hambre tiene! ¡Con que sólo pudiera llevarse a la boca un pedazo de pan! De pronto siente un fuerte dolor en sus deditos. Un guardia pasa junto a él y se da la vuelta, haciéndose el despistado. 

He aquí otra calle. ¡Oh, qué ancha es! Le pueden aplastar a uno, por eso todos gritan y corren de un lado a otro, ¡y cuánta luz hay! ¡Cuánta luz! “Y ¿eso qué es?”, piensa el niño. ¡Oh! ¡Qué cristal tan grande, y detrás una habitación con un árbol que llega hasta el mismo techo! Es un abeto con muchas luces, adornos dorados y manzanas. Alrededor del árbol hay juguetes y caballitos pequeños. Por la habitación corretean niños vestidos de gala. Están limpios y ríen, juegan, comen y toman refrescos. Una niña se pone a bailar con un niño. ¡Qué niña más guapa! También hay música que se oye a través de la ventana. El niño la mira sorprendido, incluso tiene ganas de reír, pero le duelen los dedos de los pies y los de las manos los tiene tan enrojecidos que no los puede doblar. Y de pronto vuelve a sentir que le duelen los deditos, se echa a llorar y sale corriendo hacia otro lugar, donde ve otra habitación detrás de una ventana y varios árboles, y sobre las mesas hay bollos de todo tipo, de almendra y de color rojo y amarillo. Y junto a la mesa están sentadas cuatro ricachonas que ofrecen bollos al que se acerca a la mesa, y la puerta de la casa, donde entran muchos señores, se abre constantemente. El niño se acerca agazapado, abre despacito la puerta y entra. ¡Uf! ¡Cómo le gritan y le espantan! Una señora se acerca rápidamente y le da un cópec mientras abre la puerta y le indica la salida. ¡Cómo se asusta! Al instante, la moneda se le resbala de las manos y cae al suelo sonando escaleras abajo. El niño no puede doblar sus helados deditos para agarrarla. Sale a toda prisa sin saber adónde. Otra vez le entran ganas de llorar, pues tiene miedo, y corre deprisa mientras se sopla los deditos. Y la tristeza nuevamente se apodera de él porque está solo y angustiado, pero ¡Dios mío! ¿Qué es esto? Hay una muchedumbre que se asombra y se agolpa junto a una ventana. Al otro lado del cristal hay tres muñecos pequeños, vestidos con preciosos vestidos de color verde y encarnado, que parecen de verdad: un ancianito sentado que toca un enorme violín y otros dos de pie junto a él que tocan unos violines pequeños. Pero ¡cómo giran sus cabecitas mirándose los unos a los otros, y moviendo los labios como si realmente hablaran! Aunque a través del cristal no se les oye. Al principio, el niño creyó que se trataba de personas vivas, pero al percatarse de que eran muñecos se echó de pronto a reír. ¡Jamás había visto semejantes muñecos! ¡No pensaba que pudieran existir! Tiene ganas de llorar, pero los muñecos le hacen mucha gracia. De repente siente que alguien le agarra del abrigo. Un chico grandote con cara de malas pulgas, y que está a su lado, de improviso le da un capirotazo en la cabeza, le quita el gorro y le propina una patada en la espinilla. El niño cae estupefacto al suelo en medio de un gran alboroto; se levanta y echa a correr a toda prisa. De pronto se encuentra en un patio desconocido y se acurruca tras un montón de leña: “Aquí no me buscarán y está oscuro”, piensa. 

Se queda acurrucado y sin aliento por lo asustado que está, y pronto empieza a sentirse a gusto: súbitamente deja de sentir dolor en sus manitas y piececillos y le parece estar junto a una estufa. El muchacho se estremece: ¡oh!, pero ¡si se había quedado dormido! “¡Qué a gusto se duerme aquí! Estaré aquí un ratito y otra vez iré a ver los muñecos”, pensó el niño, y sonrió al recordarlos. “¡Si parecen de verdad...!” Y se imagina que su madre le canta una canción al oído. “¡Mamá, estoy durmiendo! ¡Oh! ¡Qué bien se duerme aquí!”

—¡Vamos a ver mi árbol de Navidad! —le susurra de pronto una voz cariñosa. 

El muchacho cree que es su madre, pero no lo es. No ve quién le llama ni quién, en medio de la oscuridad, se agacha junto a él y le abraza, y también el niño le extiende sus bracitos y... ve mucha luz. ¡Qué árbol! ¡No parece un árbol, jamás había visto nada semejante! ¿Dónde está ahora? Todo refulge y brilla y alrededor hay muchos muñecos. Pero si no son muñecos, sino niños y niñas, sólo que iluminados, revoloteando y dando vueltas en torno a él. Todos lo besan, lo cogen de la mano, lo llevan con ellos, y él ve que su madre lo mira y sonríe feliz. 

—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Oh! ¡Qué bien se está aquí! —exclama el niño, y vuelve a besarse con los niños, y tiene muchas ganas de contarles los muñecos que vio detrás de los cristales de un ventanal—. ¿Quiénes sois, niños? ¿Quiénes sois, niñas? —les pregunta. sonriendo amorosamente. 

—Éste es el “Árbol de Noé” —le responden—. En un día como éste, Cristo siempre tiene un Árbol de Noé para los niños que no tienen su propio árbol allí, en la Tierra... —y se enteró de que todos aquellos niños y niñas eran muchachos como él, sólo que unos murieron congelados en las cestas en que los abandonaron tras arrojarlos a las puertas de algún funcionario petersburgués; otros, asfixiados a manos de las cuidadoras de los orfanatos donde les daban de comer; otros, en los extenuados pechos de su madre (durante la hambruna de Sámara); otros, asfixiados por el aire fétido en los vagones de tercera. Y ahora todos están aquí, todos son ángeles que están junto al Niño Jesús, y él en medio, con las manos extendidas hacia ellos; los bendice tanto a ellos como a sus pecadoras madres... Y las madres de esos niños también están aquí, a un lado, y lloran: todas reconocen a sus hijos, y los niños vuelan hacia sus madres y las besan, les secan las lágrimas con sus manitas, y las consuelan para que no lloren, pues están muy bien en este lugar... 

Mientras tanto, por la mañana, aquí abajo en la Tierra, los barrenderos encontraron el pequeño cuerpo sin vida de un niño escondido detrás de la leña; también encontraron a su madre... Había fallecido antes que él; ambos se reencontraron en el cielo. 

Y ¿para qué habré escrito yo una historia de este tipo, ajena a la línea de un diario normal, máxime cuando es el de un escritor? ¡Había prometido hablar únicamente de historias reales! Pero ahí está la cuestión, que no hace más que figurárseme que todo ello puedo haber ocurrido realmente, es decir, lo que ocurrió en el sótano y detrás de la leña. Y en cuanto a lo del Árbol de Noé ni yo mismo sabría decirles si realmente pudo haber ocurrido o no. Pero por algo soy novelista y puedo imaginar.

(Fiódor Dostoievski)



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)
@alejo_salgadoB
@alejandros17.89




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)




jueves, 8 de septiembre de 2016

El Elefante Desaparece (Haruki Murakami)

Haruki Murakami



En anteriores posts y reseñas sobre las obras de Murakami que he publicado en mi blog, siempre había venido mencionando que eran superiores sus novelas a sus cuentos. Pero desde “Hombres sin mujeres”, mostró una gran mejoría. Y con esto no digo que los anteriores libros de cuentos sean malo, sino que no veía un hilo conductor fuerte entre los relatos, y no todos eran tan buenos, siempre había dos o tres muy por encima de los demás. Ahora, con “El Elefante Desaparece”, Murakami se anota un libro de cuentos de gran calidad. Casi todos me parecieron relatos fascinantes, diversos, sencillos pero poderosos y efectivos. Siempre he sabido, y por lo que él mismo ha manifestado, que es un escritor de oficio, así como cuenta en “De qué hablo cuando hablo de correr”, donde compara el ejercicio de escribir con el de correr largas distancias… todo es cuestión de práctica, de resistencia y largo aliento. Murakami, sigue mejorando su habilidad de narrador, cuando ya ha alcanzado grandes cimas en la literatura. Y en este libro de relatos, tenemos una variedad de historias, todas impregnadas de su estilo, con temas recurrentes en su obra, y exploración a temas que no había explorado antes. Desde sus historias con sutiles detalles metafísicos y surrealistas, hasta historias sencillas, con detalles pequeños, pero tratados con su habilidad narrativa, elevándolos a otra categoría… convirtiéndolos en arte, como sólo lo hacen los mejores.

El libro consta de 17 relatos, una gran producción en comparación con su anterior libro de cuentos. A continuación, trataré de comentar varios de ellos: El primero de ellos, “El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes”, les parecerá muy conocido para aquellos que ya hayan leído la novela, “La crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Al parecer este relato fue la inspiración inicial para novela, y de hecho, el inicio es exactamente igual al de la novela. Así que es grato volver a encontrarse con esos personajes, de una de las novelas más surrealistas del escritor nipón.

En el relato “Nuevo ataque a la panadería”, una joven pareja recién casada tienen una conversación donde el esposo le cuenta cómo de más joven atracó a una panadería con unos amigos. La idea queda sonando a su esposa, y deciden embarcarse en la misión de atracar una nueva panadería, esta vez como pareja. Es muy divertido, refrescante, y llegas a simpatizar con sus personajes. En “El comunicado del canguro”, un joven de 26 años, que trabaja en el departamento de calidad de un almacén, decide responder de manera especial la carta de una clienta que presentó una queja por un artículo que compró por equivocación. También es divertido e ingenioso el relato, toda la narración es una misiva, ya sea en forma de carta o grabación hacia la receptora y clienta insatisfecha. En “Sobre el encuentro con una chica cien por cien perfecta en una soleada mañana del mes de abril”, el título más largo para el relato más corto, es una historia sencilla y triste de amor, sobre una pareja aparentemente perfecta que tantea y prueba el destino… pero es eso, una historia… y triste.

En “Sueño”, un relato muy interesante sobre una mujer, madre y esposa que un día no puede conciliar el sueño, y empieza a descubrir las virtudes de no dormir, entre ellas leer mucho. Es interesante descubrir junto con ella las virtudes del insomnio, aunque al final resulte en un drama onírico. Me gustó mucho, y te mantiene al hilo. En “La caída del Imperio romano. La revolución india de 1881. La invasión de Polonia por Hitler y El reino de los vientos enfurecidos”, otro de los relatos con título largo, pero es realmente corto, una persona elabora un sistema para recordar estos temas, por lo que los adhiere a su cotidianidad, y realiza comparaciones donde pueda anexar algún hecho que recuerde el suceso histórico. Este es más un ejercicio de estilo.  En “Quemar graneros”, cuenta la historia de un misterioso pirómano que llega a dinamitar la relación de una pareja inusual, removiendo sus propios cimientos internos. En “El pequeño monstruo verde”, un breve relato de un pequeño monstruo que se enamora de una mujer, que al inicio le tiene miedo, pero que pronto intercambia los roles a través de los juegos de la imaginación.

En “Asunto de familia”, uno de los más extensos, pero otro de los que más me gustó, cuenta la historia de dos hermanos jóvenes que viven juntos, y la cotidianidad entre ellos, cada uno con sus andares y sus relaciones. Llega un gran drama cuando la hermana quiere presentar su nuevo novio a su promiscuo hermano. Muy buen escrito, simpático e íntimo relato.  En “Una ventana”, otro bello, poderoso, sencillo y melancólico relato, donde cuenta la historia de un chico que trabaja en una empresa, donde se dedica a responder cartas con otras personas. En una de ellas establece una relación más allá de las cartas con una mujer, y el único recuerdo que le queda, es una ventana. En “La gente de la televisión”, un misterioso relato, extraño y caótico, que cuenta la historia de un hombre que empieza a ver a un grupo de personas que instalan un televisor en todos los lugares a donde él va, y es el único que puede verlos... hasta que empiezan a hablarle de su vida privada.

En “Un barco lento a China”, otro de mis favoritos, o quizás el que más me gustó, comienza con la pregunta ¿Cuándo conocí a un chino por primera vez?, un hombre recuerda 3 historias, sobre los primeros 3 chinos que conoció, entre hombres y mujeres, desamores y viejos recuerdos, es un relato conmovedor. En “El enanito bailarín”, otro de los relatos surrealistas de la colección, cuenta la historia de un enanito que intenta ayudar a un hombre a conquistar a la mujer que le gusta a través del baile, y posicionándose de su cuerpo… con una condición. Este tiene la esencia de un cuento infantil, con magia, entes malignos, posesiones, encanto y a la vez terror. En “El último césped de la tarde”, un relato sencillo, que cuenta la historia de un joven, que se dedica en tiempos libres a cortar el césped para ganar dinero extra, hasta que decide retirarse para dedicarse exclusivamente a sus estudios. Aunque debe realizar un último trabajo, en la casa de una mujer, con quien pasará una extraña tarde. En “Silencio”, el penúltimo relato de la recopilación, y otro de mis favoritos, es duro, doloroso y muy dramático. Y Murakami trata de gran forma el tema del bullying, con un hombre que relata la historia de lo que padeció en la escuela, cuando padeció del doloroso rechazo de su entorno. Y finalmente, “El elefante desaparece”, el relato que da título al libro, es otro de esos relatos lleno de sencillez, pero que tiene un detalle fantástico o inusual, que inmediatamente le da un giro a la historia. Un elefante desaparece en un distrito de Tokio, inicialmente de un zoológico, por lo que le permiten convivir en la ciudad, ya que no representan ninguna amenaza… y finalmente desaparece por completo, y tiene un testigo, que presencia un curioso y misterioso acontecimiento.

Como se observa, una variedad de relatos, casi todos de muy buena calidad, que siguen elevando la figura de Murakami, y especialmente en la parte de cuentos y relatos cortos, donde ya no le veo ninguna debilidad. Ya maneja con destreza el ritmo de los relatos y los deja en su punto. Porque siempre lo he visto, y lo mencionaba en las críticas que le hacía a sus anteriores relatos, como un escritor de largo aliento, que necesita desarrollar la trama poco a poco, como en una novela… pero ya muestra un dominio de las técnicas de las historias cortas, y con 17 relatos, ya nadie puede reprocharle nada. Sólo esperemos que pueda seguir siendo tan prolífico, para que nos siga deleitando con sus novelas e historias cortas. Muy recomendado.


Por promedio entre todos los cuentos:     

8.5/10



Reseña de otros libros de Haruki Murakami en el Blog:

1Q84 Libro 1 y 2
1Q84 Libro 3
De qué hablo cuando hablo de correr
Después del terremoto
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Kafka en la Orilla
Los años de peregrinación del chico sin color
Hombres sin mujeres

sábado, 16 de mayo de 2015

Hombres sin mujeres (Haruki Murakami)

Haruki Murakami



Como ya había comentado en algunos post anteriores sobre obras de Murakami, siempre he tenido una resistencia con sus cuentos o libros de relatos. Me parece que es mejor novelista que cuentista, ya que al parecer sus novelas con mejor maduradas en un ring de largo aliento… eso no quiere decir que no tenga relatos cortos buenos, en los libros de relatos que le he leído “Sauce ciego, mujer dormida” y “Después del terremoto”, de entre todos, encuentro siempre como 2 o 3 como máximo interesantes, pero ninguno que brille de forma especial. Es por esto que demoré un poco en leer “Hombres sin mujeres”, su más reciente libro de relatos, publicados en su versión original el 2014 y por la editorial Tusquets en español a principios de este 2015. 

El libro consta de 7 relatos, 6 de ellos originales, y sólo el titulado “Samsa enamorado” ya había aparecido de forma previa en una antología colectiva de obras de amor. Cuando terminé de leer el primer cuento titulado “Drive my Car”, quedé gratamente sorprendido. La historia nos introduce de forma acertada en los temas que seguiremos leyendo; en este cuenta la historia de Kafuku, un actor de teatro que se encuentra en presentaciones de la obra en la ciudad y contrata los servicios de un chofer. Le recomiendan a la joven Misaki Watari, que aunque al inicio genera una resistencia de Kafuku, luego de una prueba termina por contratarla. A través de todo el relato seremos testigos de las conversaciones que mantienen ambos cuando se encuentran juntos en el carro. Cada quien cuenta su historia, y sobresale en especial la de Kafuku, el hombre sin mujer, que cuenta la historia de su matrimonio y de las infidelidades de su mujer con otro joven actor… Por supuesto, la mujer ya ha muerto. El relato es pausado pero tiene un ritmo in crescendo que te mantiene a la expectativa, dentro de ese automóvil somos testigo y experimentamos diversas emociones humanas al ingresar en los recuerdos y las historias del pasado de sus protagonistas, con una interacción que sabe dividir acertadamente los silencios y las frases que rompen el esquema y hacen al lector reflexionar profundamente sobre diversos temas… Acá una frase que se acordarán cuando lo lean:

- Todos actuamos, entonces – dijo Kafuku
- Eso creo. En mayor o menor medida. 

“Yesterday”, el segundo relato, cuenta la historia de dos jóvenes amigos Kitaru y Tanimura, que se conocen trabajando en un restaurante cuando ambos iban a la universidad. Tanimura recuerda la historia, su amistad y su pasado. Describe a su amigo como un chico listo pero raro y sin motivaciones de futuro, que contrasta con su propia personalidad. Kitaru tenía una novia muy hermosa, con la que decidió no mantener contacto hasta que pudiera aprobar los cursos que no le habían permitido avanzar en su vida académica, por lo que propone a Tanimura que salga mientras con ella. En forma general esa es la base de la historia, que nos muestra los detalles de una bonita amistad entre dos seres totalmente diferentes, y cómo una mujer poco a poco contribuye a la destrucción de esta. Quizás de ahí podamos atisbar relaciones con el título, en referencia a los Beatles, la relación Lennon – McCartney, además que hay mención a la letra de la canción “Yesterday” que solía cantar Kitaru de una forma distinta. También hay referencias al gran Natsume Soseki, gran inspirador de Murakami, en especial con la obra Sanshiro, y también algo de Kokoro… Es una historia muy bien contada, sentida e intimista, que continua con lo propuesto en el primer relato. Pude sentir el delgado hilo que las unía, y como Murakami es un maestro en describir la soledad humana, en especial la de los hombres, sus eternos protagonistas. 

“Un órgano independiente”, el tercer relato, cuenta la historia de Tokai, un cirujano plástico que ha mantenido una vida bastante liberal y tranquila, lejos del compromiso y del amor, enfrascado en su trabajo y en salir con distintas mujeres; todas ellas con una particularidad general, que estuviesen felizmente casadas, para que no tuviese el riesgo de que se comprometieran mucho con él, sino simplemente saciar una necesidad. Hasta que conoce a una mujer de la que termina perdidamente enamorado… La historia la cuenta Tanimura (nombre igual al del anterior relato), un escritor que conoce un día en un gimnasio y al que le empieza a contar los detalles de su vida. Este relato también está escrito con muy buen pulso y detalle, y ahonda en otros temas con respecto a los hombres sin mujeres, el orgullo y el abandono. Murakami mantiene el relato cuidadosamente y lo remata de forma habilidosa con uno de sus temas más frecuentes.

“Sherezade”, el cuarto relato, y otro de mis favoritos, cuenta la historia de Habara y Sherezade, el primero es el narrador de la historia, que por razones no explicitas no puede salir de su casa y cuenta sus aventuras con una mujer sin nombre a la que llamaba de esa forma, casada y cuatro años mayor que él, que iba a visitarlo frecuentemente a su casa, donde tenían sexo y ella terminaba contándole una historia, dejándolo con la expectativas para continuarla en otros días. El relato mantiene un misterio que juega con los detalles desconocidos, pero haciendo que nos centremos simplemente en el relato, no sólo en el de Murakami sino el de la misma Sherezade… tiene la habilidad de también tenernos pegados a ese relato dentro del relato, haciendo que nos olvidemos que estamos dentro de otro relato… y eso me pareció magistral. 
“Kino”, el quinto relato, y es de los mejores, sino el mejor, porque es Murakami al 100%, en los anteriores habíamos experimentado su talento en las descripciones de las soledades y miserias humanas, pero acá además de eso entra su mundo mágico, surrealista y misterioso, en ese que se mueve también… hay gatos, serpientes, hombres, mujeres, humanidad y vida. Kino es un hombre que decide abandonar su vida al enterarse que su esposa lo engaña con un amigo. Kino simplemente abandona todo y se muda a una vieja casa de una tía, que decide transformar en un bar. Algo casi de frecuente y autobiográfico en Murakami. Kino inaugura el bar que poco a poco va teniendo éxito, hasta que la llegada de un personaje misterioso y una misteriosa mujer, traen también ciertos cambios en el entorno de la vida de Kino, que al parecer tendrá que volar nuevamente… La soledad sigue siendo protagonista, pero en esta historia se manifiesta con mayores recursos y símbolos que acompañan de forma magistral la narración.  

Los dos últimos relatos, “Samsa enamorado” y “Hombres sin mujeres”, me parecen relativamente inferiores… El primero, no me gustó mucho, entiendo el experimento del Murakami y el homenaje más que director a Kafka, pero me cansan las referencias obvias, no hay ritmo, lo extraño parece forzado y aunque tiene quizás unos párrafos con interesantes descripciones, en términos generales no lo apruebo. Y “Hombres sin mujeres” es corto, sencillo y mejor que el de Samsa… acá tenemos a un hombre que recibe repentinamente una llamada de un hombre avisándole que la esposa de él (antigua amante del narrador) ha fallecido. El narrador, que precisamente cuenta todo en primera persona con carácter testimonial y confesional, nos cuenta lo desconcertante de la llamada y los distintos hilos que empieza a hilvanar tratando de buscar posibles respuestas de esa extraña llamada. Es sencillo pero tiene alma. 

En síntesis, hasta ahora me ha parecido el libro de relatos más interesante y sólido de Murakami, todas las historias están muy bien relacionadas e hilvanadas con el tema general del libro, se ahonda en las manías del escritor, sus obsesiones, sus temas, la soledad, el abandono, el desamor, la fantasía, y toda esas piezas de ese universo del que estoy seguro que todos sus fieles lectores estamos gratamente agradecidos. 
Los libros de relato los califico de forma general, aunque si leyeron bien, cada uno tiene un puntaje diferente. Así que el general, porque fue mayoría lo positivo:


8/10