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sábado, 18 de abril de 2020

Especial: James Joyce vs Virginia Woolf: Ulises y la “buena” literatura



Hace muchos años leí en algún artículo de una revista literaria algo sobre esa famosa anécdota de la historia de la literatura donde la gran Virginia Woolf menospreció la novela “Ulises” del gran James Joyce. Conocía esa historia antes de leerlos a los dos. Por eso siempre tenía esa tarea pendiente. Años después, leí primero a Woolf, y quedé fascinado por su prosa, por su exploración en la narración y por el uso magistral del monólogo interior. Primero leí “Las olas” que fue todo un reto en ese momento, por su complejidad y experimentación narrativa. Recuerdo que lo había buscado porque recientemente había visto una película del mismo nombre, pero era una adaptación de otra novela, esa de Michael Cunningham (que es muy buena también). A mis 13 o 14 años pensaba que la película se basaba en el libro “Las olas” de Woolf; estaba totalmente equivocado. Al poco tiempo, ya más informado, y después de leer la novela de Cunningham, llegué a “La señora Dalloway” que es en realidad la obra que está presente en la película y, una de las más grandes de la escritora, donde continúa desarrollando el estilo del monólogo interior del que fue pionera junto a James Joyce.

Con Joyce, mi relación fue más tardía. Como casi siempre, mi relación con la literatura está muy influenciada por el cine. Recuerdo haber visto la película “Los muertos” de John Ford, y haber quedado fascinado por esa atmosfera, por esa belleza y por la enorme melancolía de los personajes. Para mi sorpresa, vi que se basaba en un cuento de Joyce. Hasta ese momento lo que había escuchado de Joyce eran cosas terribles. Siempre centradas en su novela “Ulises” que al parecer era esa novela que nadie había podido terminar de leer, oía que era una obra sosa y pretenciosa (que esas personas nunca la leyeron completa), o la novela que muchos decían haber leído sin haberlo hecho en realidad. Para ese momento ya había leído los comentarios de Woolf sobre Joyce y su novela. Todo estaba en contra para iniciar una relación con el escritor irlandés.

Reconozco que me dejé intimidar durante varios años. Pero al ver esa belleza de película, busqué el cuento “Los muertos” y buscándolo, me encontré con otros de sus cuentos. El relato, para mi sorpresa, es incluso más bello que la película y no vi nada complicado en su lectura. Pensé entonces en prestarle más atención a Joyce. Pero pasarían muchos años, en realidad hasta hace tan solo un año me decidí a leer el “Ulises”. Primero había comprado una buena edición, y la tenía guardada para cuando llegase el momento. El momento llegó en enero del 2019, cuando en la dinámica de las lecturas colectivas por Internet, salió la propuesta de leer “Ulises”. Un capítulo por semana (con algunas excepciones para capítulos más largos que otros), que de igual forma yo iba desglosando día tras día. La lectura no fue fácil desde el inicio, pero ya había leído a Woolf y a Melville, por lo que la narración no me parecía tan ajena o compleja. Había que prestar atención, buscar las referencias y dejarse llevar y atrapar por la prosa, porque en el “Ulises” Joyce eleva a un nivel más alto el uso del monólogo interior. Aquí he llegado al punto que me interesaba. Sabemos que Virginia Woolf también fue pionera en el uso de ese recurso. Y si comparamos la publicación de las dos obras cumbres de ambos escritores: “Ulises” (1922) - “La señora Dalloway” (1925) y si tenemos en cuenta que Woolf leyó el manuscrito de la obra de Joyce y la rechazó, podemos tener una mejor idea de lo que pudo estar detrás de la reacción de la escritora británica. No solo fue una referencia, Woolf se encargó de hablar mal de la novela de Joyce en varios espacios y hasta le dedica algunos apartes en su propio diario.





Joyce vs Woolf: Los maestros del monólogo interior

Cuenta la leyenda que Woolf abandonó “Ulises” en la página 200 (y creo que alcanzó a leer bastante). Al parecer su amigo, el escritor T.S Elliot, fue quien se lo recomendó con efusivo entusiasmo. Woolf abandonó su lectura de “En busca del tiempo perdido” de Proust para adentrarse en las páginas de la obra de Joyce. En sus diarios salen algunas de sus reacciones de la novela:

“¡Qué cansino es Joyce!  Con lo que estaba disfrutando a Proust y tuve que dejarlo a un lado para esto. Sospecho que Joyce es uno de esos genios perdidos, a los que uno no puede olvidar, ni silenciar sus gemidos, sino que tiene que ayudar a encontrarles la salida, con gran coste personal”.  “Ulises es la obra de un escritor autodidacta, egoísta, insistente, teatral, y en última instancia, nauseabundo. Si puedes cocinar la carne, ¿por qué comerla cruda?”.

Puedo entender especialmente esa última frase de Woolf, sobre cocinar la carne. Pero creo que Joyce sí había cocinado su carne; en realidad hizo un trabajo monumental donde cada detalle y referencia están muy bien planificados. Quizás hasta esté excesivamente cocinada. Pero muchos estudiosos se han atrevido a ahondar en los comentarios de Woolf sobre “Ulises” y han concluido que fueron una reacción a la fuerte competencia que sentía la escritora frente a ese escritor que se acercaba tanto a su estilo y con quien se enfrentaba en la llamada “batalla modernista”. Al final creo que los dos ganaron y nosotros, los lectores, también. Ambos son considerados dos grandes del modernismo y los pioneros en el uso del monólogo interior, pero de un monólogo mucho más profundo, que aborda capas, y que se llama también el “flujo de la consciencia”, porque tratan de emular o retratar el mismo pensamiento humano que por naturaleza es caótico y disperso. Woolf parece reforzar un poco esta teoría, al mencionar también en sus diarios que con su propia obra intentó “hacer algo mejor de lo que hizo el señor Joyce”, por lo que su gran novela se considera una respuesta a la gran novela de Joyce.





Almas gemelas

A pesar de sus diferencias, aunque las literarias no eran tantas, me sorprende un dato interesante de ambos escritores: los dos nacieron y murieron en el mismo año (Woolf nació el 25 de enero de 1882, y Joyce el 2 de febrero de 1882; ella murió el 28 de marzo de 1941, y Joyce el 13 de enero de 1941). Ninguno de los dos llegó a los 60 años. Pero en 1982 se celebraron sus respectivos centenarios a la vez.  Es igual al caso, sobre el que ya había escrito en un artículo anterior en este mismo espacio, entre otros dos grandes contemporáneos (Dostoievski Vs Tolstoi): Woolf y Joyce tampoco se conocieron personalmente.

Además de utilizar el mismo recurso del monólogo interior, las dos obras maestras de los escritores, tanto Ulises como La Señora Dalloway, trascurren en un solo día. En ambas obras la geografía local cumple un papel preponderante y celebran a sus respectivas ciudades de origen (Dublín y Londres). Curiosamente dos países hermanos que cuentan con sus respectivas historias de similitudes y antagonismos (Irlanda e Inglaterra).

Hay otra versión que dice que Woolf sí apreció la obra de Joyce, pero que no pudo publicarla en su imprenta debido al lenguaje y a los pasajes demasiado eróticos de Joyce, entre otros temas. Pero lo que escribió en su diario es incontrovertible.

Continuando con el análisis de las dos novelas, aunque se utilicen similares recursos y tengan tantas coincidencias, ambas tienen una característica especial del respectivo género de sus autores. Ulises es una novela muy masculina, aunque reserve un maravilloso capítulo final enteramente para la mujer y su perspectiva. Y La señora Dalloway es una obra muy femenina, que evitaba recorrer algunos recovecos transitados por Joyce, considerados polémicos y causantes de censura.





La “Buena” literatura

El escritor Anthony Burgess en uno de sus escritos sobre literatura, aborda el tema de ambos escritores así:

“Virginia Woolf era resueltamente opuesta a las limitaciones de la narrativa tradicional. Lo mismo le pasaba a Joyce, pero ella no fue capaz de verlo. Joyce consideraba la trama narrativa como vulgarmente periodística, interesada por el sensacionalismo de la acción y el clímax, y la vida real no era así. Virginia Woolf estaba de acuerdo, pero creía que había llegado a esa conclusión por sí misma: Mrs. DalIoway, lo mismo que Ulises, cuenta buena parte de su historia mediante el monólogo interior, pero, a diferencia de Ulises, evita esas traicioneras áreas de la mente donde el ello freudiano emite sus mensajes cloacales o lúbricos. Ulises tiene toda la honestidad de una creación masculina que reconoce la importancia de los aspectos más groseros de la vida del cuerpo. En Virginia Woolf, el espíritu vuela sobre el esperma y la orina. Esto constituía una limitación, impuesta menos por su sexo que por su buena crianza. Era demasiado señora como para permitirse recoger en sus obras los olores del callejón de la parte de atrás o las inmundicias de los albañales”.

Existen también opiniones que consideran que ambos escritores son difíciles de digerir. Demasiado “modernos”. Creo que los dos tienen obras más complejas que otras, ambos tienen también cuentos hermosos y ensayos emblemáticos como “La habitación propia” de Woolf, tan importante para el movimiento feminista, que en esa época aún no existía. Pero también ambos eran genios que tenían el pleno convencimiento de que la narración literaria podía ser algo más que la narrativa tradicional. En 1922, el mismo año que se publica “Ulises”, Virginia publica “El cuarto de Jacob”, que a la vez fue la primera gran novela de su propia editorial, una obra muy experimental también, llena de metáforas, símbolos y de monólogos interiores. Lo que no se puede negar es que ambos fueron grandes escritores y ambos revolucionaron como nadie la narrativa del Siglo XX.

En la lectura colectiva del “Ulises” de Joyce fui haciendo la lectura diaria durante varios meses y escribí un diario de lectura que publiqué en mi blog personal cuando lo terminé. Lo comparto aquí por si puedo ayudar a que los lectores temerosos se atrevan a adentrarse en esta estupenda novela. Y para que la paridad exista, prometo también, y espero que la propuesta nazca pronto, hacer un diario de lectura de La Señora Dalloway. Por lo pronto acá les dejo el de “Ulises”:

Diario de Lectura del "Ulises" de James Joyce:
https://asbvirtualinfo.blogspot.com/2019/06/especial-ulises-james-joyce-2019-lectura-colectiva.html



Alejandro Salgado Baldovino / Coordinador del Club de Lectura de Ábaco



Este texto también se publicó en el Blog del Club de Lectura de Ábaco en el diario El Universal:

https://www.eluniversal.com.co/blogs/club-de-lectura-de-abaco/james-joyce-vs-virginia-woolf-ulises-y-la-buena-literatura


Acá también se encuentra el enlace a otro post que compara la carrera y vida de dos de los más grandes escritores del Siglo XIX:

Dostoievski Vs Tolstoi (Click aquí)




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


viernes, 12 de agosto de 2016

La Casa de las Miniaturas (Jessie Burton)

Jessie Burton


Novela debut de la joven escritora y actriz inglesa, Jessie Burton. Ganador del National Book Award, y declarado Libro del Año por la cadena de librerías Waterstones, tuvo un enorme éxito inesperado, tanto en ventas como en crítica. Publicado originalmente en el 2014, los derechos se vendieron en 28 idiomas, y la editorial Salamandra la llevó al castellano en el 2015. Y además, Burton fue una de las autoras invitadas en la pasada edición del Hay Festival de Literatura 2016.  

La historia, ambientada a finales del siglo XVII en Ámsterdam, cuenta la historia de Nella o Petronella Oortman, una joven humilde de dieciocho años, que llega un día a una casa lujosa de un comerciante acaudalado, Johannes Brandt, para convivir con él, luego de haberse casado. En esa casa, Johannes vive con su hermana, Marin, y dos empleados, la criada, Cornelia, y un joven negro, llamado Otto. 

Desde su llegada a esa lujosa casa, Nella se siente incómoda y el lugar equivocado. Empezando porque la recibe la hermana de su marido, que desde el inicio muestra una actitud apática. Cuando finalmente aparece Johannes a la casa, Nella lo siente distante, y no es para nada lo que esperaba del matrimonio… pero su marido le da un increíble regalo: una réplica exacta de su propia casa, del tamaño de un armario… una casa miniatura. Un regalo que según era famoso de la época, entre los más ricos, ya que el precio era casi parecido al de una casa normal.

Ante el extravagante regalo, Nella se aferra a adornar su casa, por lo que se pone en contacto con una miniaturista, quien poco a poco le va enviando exactamente a todos los personajes reales que viven en la casa, hasta los animales y objetos que la habitan… Inicialmente Nella se asusta, especialmente cuando la miniaturista le sigue enviando objetos y personajes, que parecen coincidir mucho con lo que ocurre en la realidad. 

Aparte del misterio de la casa miniatura, la novela transita y retrata ese entorno social lleno de mentiras, falsedades, contradicciones, de una arraigada religiosidad, extremo conservadurismo, y con una gran exclusión y discriminación a los diferentes. Una sociedad enferma en todas sus clases y extremos. Por lo que, Nella poco a poco va descubriendo ese nuevo mundo, y prejuicios de sí misma, gracias a las dinámicas sociales que experimenta en su misterioso matrimonio, y que ella misma ve que se reflejan en su propia casa de miniaturas.    

La novela me ha gustado, tiene una excelente introducción, y una historia de fondo muy interesante, que te intriga y te mantiene en expectativa. Mantiene un buen ritmo, te da sorpresas y es absorbente, aunque en sus últimas páginas y capítulos decaiga un poco el ritmo, sin dejar de ser trágica y dramática. 

Pero especialmente, valoro el retrato de la época, que es fielmente plasmado históricamente. El narrador, aunque es omnisciente, mantiene el intimismo con la protagonista. La historia trascurre desde el punto de vista de ella, y el narrador se acopla muy bien detrás de ella, de sus descubrimientos y de sus propios prejuicios e inseguridades, que debe ir enfrentando.

Antes del inicio de la novela, encontramos una fotografía antigua de una hermosa casa de muñecas en Rijksmuseum (Ámsterdam), que perteneció a una mujer de nombre, Petronella Oortman. Según, Jessie Burton se inspiró en realizar esta novela, cuando se encontró con esta pequeña casa. 

En síntesis, una novela que nos puede servir de espejo en nuestra época, quizás para reflexionar sobre cuánto hemos avanzado como sociedad, o cuánto no… y sólo demostrar nuestro increíble arraigo a las tradiciones implantadas. Trata temas muy actuales, que aún no se han superado, como el racismo, la discriminación sexual e incluso los tabúes sobre la maternidad, y la frágil posición de la mujer en la sociedad. Aunque en este último tema, se nota que la autora es una mujer comprometida con las luchas de su género, porque dota a sus féminas protagonistas de una fuerza y gran profundidad, ante las adversidades de la época y del tiempo. Recomendada.


7.5/10



A.S.B con la escritora Jessie Burton en el Hay Festival 2016 en Cartagena de Indias


Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)



domingo, 22 de marzo de 2015

Cuando fuimos huérfanos (Kazuo Ishiguro)

Kazuo Ishiguro



“Cuando fuimos huérfanos” es la quinta novela de este reconocido escritor británico de origen nipón. Reconocido por novelas como “Lo que queda del día” (1989) y “Nunca me abandones” (2005), ambas adaptadas y llevadas al cine. En intermedio en la publicación de esas dos novelas, en el año 2000 publica “Cuando fuimos huérfanos” (When we were orphans), una novela que sigue el estilo que ha venido construyendo este autor, que además de abordar temas como la búsqueda de identidad, del pasado, la memoria y el abandono, que son tan personales para él mismo. Ishiguro es un maestro en la creación y descripción de atmósferas multiculturales… por ejemplo, en las primeras páginas de esta novela podremos leer las descripciones de fiestas de la alta sociedad británica, como si nos las estuviese narrando cualquiera de los autores ingleses clásicos, y al mismo tiempo es capaz de mantener la sensibilidad nipona en la descripciones, tanto de los personajes como del mismo entorno. Todas estas mezclas, siempre me han parecido muy interesantes en este autor, que desde su misma historia personal presenta un testimonio que trasmite a través de sus personajes, sobre la multiculturalidad del mundo, de la inmigración, etc. 

Pero entrando ya en la novela, en esta ocasión Ishiguro nos traslada a la Inglaterra de los años 30, y nos muestra la historia de Christopher Banks, un reconocido y prestigioso detective que debe enfrentarse a uno de sus mayores retos, como es la búsqueda de sus padres, de quienes fue separado cuando era tan solo un niño en la ciudad de Shanghái. Al parecer una historia detectivesca, pero que como usualmente Ishiguro suele hacer, nos lleva más por el camino del viaje personal y psicológico del reconocimiento y descubrimiento del mismo protagonista. Christopher, que creció en Inglaterra, acogido por una buena familia y educado en las mejores escuelas, crece con el recuerdo y la memoria de sus padres y de su vida en Shanghái, que al tiempo es decisivo en su decisión de dedicarse a ser detective, con la ilusión de algún día encontrar a sus padres. 

La estructura narrativa es muy interesante, ya que varía entre la aparente tercera persona, y la que prevalece, que es el relato en primera persona del protagonista, que en momentos parece que estuviésemos leyendo una extensa misiva, una confesión o un testimonio sobre el mismo Christopher, que va descubriendo cosas al mismo tiempo que el lector, nos hace partícipe de sus pensamientos y nos invita a ahondar en lo más profundo de sus recuerdos… en esos pequeños detalles del pasado, sus cavilaciones y piezas por armar del pasado. Dentro de esta narración, viaja constantemente de presente a pasado, lo que nos introduce en un pequeño laberinto del que si nos distraemos, podemos perdernos. 

Los tiempos de la novela transcurren en su mayoría dentro de dos décadas, más de la mitad de la novela transcurre en la década de los 30, hasta casi finales de los 50, cuando llega al estremecedor capítulo final. Dentro de siete capítulos, que también varían entre Londres y Shanghái, Ishiguro cargando de gran sensibilidad y destreza, nos muestra episodios importante de la vida de Christopher, como la relación con su amigo del pasado, Akira, con sus padres, como cuando visita la casa de su infancia, y por supuesto, el amor también aparece, en una difícil relación que mantiene con Sarah, la señorita de sociedad con aparente independencia, que busca un marido importante. Por lo que, además de su historia central, el autor ahonda dentro de la sociedad de la época, y diversos imaginarios, como las aspiraciones sociales y el ansia de una libertad que parece lejana y contradictoria. 

Es probable que en la mitad de la novela se sienta que baja el ritmo y la trama se haga un poco pesada, por la misma introspección en la confusión del personaje con sus recuerdos. Pero un poco después de la mitad y en especial el tramo final, o las últimas 200 páginas tiene un ritmo magistral, que sorprende y emociona en altas dosis. 

Además de la historia central, es interesante como Ishiguro de forma sutil aborda el tema de la política dentro de la ambientación histórica de la época, donde se hacen presente en Europa los brotes del fascismo, y en China con la llegada al poder del partido comunista, etc. Dentro de la historia de Christopher somos testigo al tiempo de esos grandes cambios históricos, que se presentan como pequeñas palancas del cambio de los mismos personajes. 

Sin dudas, otra obra de gran magnetismo y calidad de este excelente escritor, que se confirma como uno de los grandes autores británicos vivos. Y esta, una novela hermosa, dura, triste y conmovedora. Muy recomendada. 


8.5/10


A.S.B


martes, 8 de abril de 2014

El Sentido de un Final (Julian Barnes)

Comentario sobre el libro El Sentido de un Final


Preciso hace unas semanas comentábamos junto con mi amiga María Sixta Bustamante sobre los mejores autores que habían venido al Hay Festival de Literatura que se realiza en la ciudad de Cartagena de Indias en los últimos años, y coincidimos en que Julian Barnes ha sido uno de los mejores descubrimientos que hemos hecho a través del festival de literatura. En la edición en la que estuvo de invitado especial, nos deleitó en cada una de sus presentaciones, en especial la que tuvo casi al final del evento junto con Mario Vargas Llosa, donde discutieron sobre Gustave Flaubert. Luego leímos su libro “El Loro de Flaubert”, uno de sus libros más famosos que nos dejó encantados y prendidos de la destreza, la pulcritud y el ingenio de Barnes con su pluma. 

Seguí descubriendo otras de sus obras, pero había una en especial que me llamaba la atención pero que no había podido conseguir, que es preciso la obra sobre la que hablaré en el presente texto: El Sentido de un Final. Novela con la que ganó el prestigioso Premio Booker en el 2011, y que es preciso la última novela que ha publicado. Tuve el placer de leerla hace unos días y me ha gustado mucho. 


El libro nos cuenta la historia en primera persona a través de los ojos y recuerdos de Tony Webster, un hombre mayor que se encuentra ya en su retiro, que por distintos motivos se ve obligado a retroceder en su pasado y recordar los años de juventud cuando en el instituto junto con su pandilla de amigos conocieron a un cuarto integrante, a Adrián. Un chico que inmediatamente se hizo su propio lugar por su inteligencia e ingenio. Tony recuerda esos años donde juntos transitaban esa etapa de la adolescencia, con todos los ingredientes que siempre la componen, hambre de conocimiento, chicas, de libertad, de dudas, de decepciones, de descubrimiento y diversión. Pero este viaje de Tony a su pasado no es gratuito, un día recibe una carta de un abogado, donde le avisan que Sarah Ford, la madre de Veronica, su primera novia, ha fallecido y le ha dejado de herencia 500 libras y un sobre con un manuscrito. Pronto descubre que el manuscrito contiene el diario de Adrián, su brillante amigo que decidió quitarse la vida años atrás cuando aún eran jóvenes; y lo peor, que el diario lo tiene su ex novia Veronica, que también fue novia de Adrián y que ésta no está dispuesta a entregarle el diario que le legaron de herencia. 


A partir de esta base, transcurre esta hipnótica historia que Barnes construye e hila con gran maestría, al mismo tiempo que a través de sus personajes realiza una reflexión sobre la memoria, la historia de nuestras vidas, los recuerdos, el pasado y la vida en general. Tony Webster poco a poco nos va contando su propia historia, su propia versión de los hechos que acontecieron en el pasado. Mientras que aparecen algunos personajes que traen evidencia de otro pasado ligeramente distinto, con pequeños cambios que implican en un enorme impacto en su presente. 


Sabemos desde el inicio que el tema de la memoria y la historia son de vital importancia en la trama, porque es un tema que se reitera en las conversaciones filosóficas que tienen los jóvenes en su juventud. (Al final he recolectado algunas de las frases en la obra con respecto al tema). 


La novela es breve, como ya comenté al inicio es en primera persona, a través de la perspectiva de Tony, también como es entendible hay muchas recurrencias a flashback sobre el pasado de los personajes. Tiene un tremendo ritmo, desde que inicias no puedes soltarlo hasta terminarlo y ver cómo termina todo ese entramado de conflictos y remembranzas de la memoria. Como es normal en Barnes, además de la agilidad y el ingenio de su prosa, recurre a las reflexiones filosóficas y existenciales, en esta oportunidad sobre la memoria e incluso en un tema tan incómodo como el suicidio, del que influyó en gran parte el título del libro. 


Como desde el inicio nos introducimos en la mente y en los recuerdos de Tony, y somos testigos también de sus desencuentros y nuevos descubrimientos de su pasado a través de los otros personajes, se puede afirmar que la novela está construida de forma tan sólida que alcanza a personalizar la introspección de Tony al lector, haciendo que lo juzguemos, lo entendamos como si lo estuviésemos haciendo con nosotros mismos, y sobre todo sorprendernos con un excelente final, que cierra con broche de oro toda esta montaña rusa de emociones.


En síntesis, me ha parecido un libro excelente, ágil y de gran profundidad filosófica y psicológica, tanto en la trama como en sus personajes. Contundente, duro y revelador. Muy recomendado.


8.5/10



 

Nota adicional: El tema que trata el libro me ha recordado un poco a un documental que vi el año pasado de Sarah Polley, titulado “Stories We Tell”, grabaciones que hace la directora recolectando la historia de su propia familia, en donde uno de los datos más curioso que podemos observar, es cómo cambian las versiones de la historias de los distintos miembros, y de la misma persona con respecto a su pasado. Sin dudas también la recomiendo (pronto rescataré la reseña que le hice) para seguir ahondando en este tema de la memoria selectiva y cómo nosotros mismo construimos nuestra historia.


 

Como prometí, algunas frases del libro: 

“Sobreviví. “Sobrevivió para contarlo”, es lo que dice la gente, ¿no? La historia no son las mentiras de los vencedores, como con mucha labia le aseguré una vez a Old Joe Hunt; ahora lo sé. Son más los recuerdos de los supervivientes, muchos de los cuales no son ni vencedores ni vencidos”. 


¿Cómo era la frase que Adrián solía citar?: “La historia es la certeza obtenida en el punto en que las imperfecciones de la memoria topan con las deficiencias de documentación”. 


Se me ocurre que aquí puede residir una de las diferencias entre la juventud y la vejez: cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás. 


¿Cuántas veces contamos la historia de nuestra vida? ¿Cuántas veces la adaptamos, la embellecemos, introducimos astutos cortes? Y cuanto más se alarga la vida, menos personas nos rodean para rebatir nuestro relato, para recordarnos que nuestra vida no es nuestra, sino sólo la historia que hemos contado de ella. Contado a otros, pero sobre todo a nosotros mismos.