lunes, 25 de junio de 2018
El Búfalo de la Noche (Guillermo Arriaga)
Tercera novela del escritor, productor, guionista y director de cine mexicano, Guillermo Arriaga; conocido por sus guiones en la famosa “Trilogía del dolor” del director mexicano Alejandro González Iñárritu: Amores perros, 21 gramos y Babel. Era escritor de ficción mucho antes de incursionar en el cine y de escribir guiones, desde principios de los 90. Sus novelas están siempre caracterizadas por ese estilo que siempre se trasmite en sus guiones, de atmósferas densas, de hiperrealismo, dramas humanos y conflictos psicológicos y existenciales.
“El Búfalo de la Noche” publicado en 1999 es su tercera novela, y cuenta la historia de Gregorio y Manuel, dos jóvenes mejores amigos que se enamoran de una misma mujer, Tania. Gregorio empieza a presentar problemas psiquiátricos, mientras la relación de Tania y Manuel se refuerza. Una tragedia ocurre, Gregorio se suicida, pero deja una caja con misteriosas cartas, mensajes y símbolos que atormentan a Manuel y Tania.
La novela es ambientada en ciudad de México, y se encuentra muy bien retratada desde la atmósfera y el paisaje, hasta el lenguaje que utilizan sus protagonistas.
Me pareció una buena novela de Arriaga, dibuja bien los personajes, la ambientación y los diálogos. Te mantiene constantemente en expectativa, aunque la resolución del misterio y de la novela en sí, deja un poco a medias las expectativas iniciales. Me parece que se resuelve de forma muy facilista, y que todo lo anterior te había generado tantas expectativas, que al final te deja a media marcha y te corta el ritmo de repente y de forma violenta, pero sin ninguna sorpresa o emoción particular.
Quizás lo mejor de la novela, y una de las grandes virtudes de Arriaga se encuentre en la construcción de los personajes, en la inmersión en su psicología, en su psique, en sus delirios, en sus fantasmas, en sus miedos y pesadillas. Por eso quizás me sentí cortado cuando al final nos vemos enfrentados a la realidad, y nos damos cuenta que habíamos estado tan tensionados porque estábamos conviviendo con la angustia de su protagonista.
Otra parte donde Arriaga extiende su talento es en las descripciones carnales de sus protagonistas, en la consolidación de sus deseos, y cómo llevan la culpa, como cuando Tania y Manual se acuestan por primera vez, siendo ella novia de Gregorio. Alcanzas a visualizar las escenas, a sentir la gota de sudor, a sentir los gemidos y las respiraciones; los espacios que se mezclan con los personajes y los diálogos que funcionan tan bien dentro de esta mecánica.
Siempre suelo resaltar frases y diálogos que me gustan de las novelas o películas que veo (tengo un blog dedicado sólo a frases y diálogos de películas: enlace), de esta novela saqué varios, hay algunos muy largo que no pondré pero me parecieron muy buenos, como una descripción sobre el padre de Manuel, que me pareció excelente, donde describe la rutina de levantarse todos los días para ir al trabajo, y analiza en perspectiva la vida de su padre y la contrasta con la suya y la proyecta a 20 o 30 años más adelante.
Pero en general, disfruté mucho de la novela, especialmente de su inicio y desarrollo hasta más de la mitad, pero en su tramo final me dejó un poco con ganas de algo más. Aunque hay algo que es innegable, y es el enorme talento de Arriaga como narrador, como constructor de escenas, imágenes y diálogos perdurables y muy fuertes, que dejan marca. Lo escuché en una conferencia, y me pareció una excelente Master Class. No se guarda nada, es muy abierto y emocional. Y como él mismo dice, sólo escribe de lo que ha vivido y sentido, que no podría escribir sobre algo que no ha vivido en carne propia. Esa noche, luego de la conferencia, preciso tenía el libro “El búfalo de la noche”, y le pedí la firma. Lo que me escribió fue gracioso, porque al principio no podía entenderlo, entonces lo publiqué en Facebook y le pedí a mis amigos que me ayudaran a descifrarlo. Al final me ayudaron y escribió lo siguiente:
“Alejandro, busca tus búfalos y corre a darles caza, antes de que ellos te encuentren”.
7/10
Y termino con unos cuantos fragmentos del libro:
“Cómo explicarle que no se trataba de enmendar malentendidos, ni solucionar desavenencias comunes entre amigos. No se trataba de reconciliarnos, sino de perdonarnos. Perdonarnos: ¿cuándo podríamos ahora perdonarnos?
Tuve una súbita ansia de llorar, de mostrarme frágil ante la mujer de los hombros blancos, de correr a exprimir las cenizas de Gregorio para extraerles aunque fuera una palabra más.
Rebeca me miró sin entender. Se enroscó a mi cintura y así, sin entender, lloró por mí”.
“El arquitecto Molina, director de la carrera, sostenía que diseñar casas era una de las responsabilidades más serias del mundo. “En las casas se crece, se duerme, se pelea, se ama, se fornica, se come, se odia y se muere”, sólía decir. “No son sólo construcciones, muchachitos, son los sagrados espacios de la vida”. Tenía razón pero esa mañana no iba dispuesto a soportar sermones. Por más que se quiera, los espacios de la vida jamás podrán competir con la vida misma y ni doscientos muros perfectamente construidos pueden silenciar el ruido de un disparo resonando a la mitad de una tarde”.
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jueves, 14 de junio de 2018
Afterimage (Powidoki): Los últimos años del artista (Andrzej Wajda)
Desde hace días está en carteleras de cine de Colombia esta durísima pero excelente película del maestro polaco, Andrzej Wajda, uno de los grandes cineastas europeos, ganador de la Palma de Oro en Cannes hasta el Óscar Honorífico por su carrera... y quien falleció en el año 2016 a los 90 años, mismo año en que se estrenó esta película, su testamento cinematográfico... pero parece que así como la película pasa sin pena ni gloria por salas de cine, y como en cierta forma pasó la muerte de Wajda... así fue la vida del personaje de su película: Wladyslaw Strzeminski.
Strzeminski, uno de los artistas vanguardistas polacos más importantes... teórico de arte, creador de la teoría del unismo y autor del libro La Teoría de la Visión. Precisamente "Afterimage" hace alusión a las imágenes remanentes, a las ilusiones ópticas que continúan apareciendo bajo los párpados tras haber tenido contacto directo con la luz.
La película trata precisamente sus últimos años, donde pasó de ser un artista y teórico respetado, famoso, con prestigio, profesor de Universidad y con conferencias que atraían mucho público... a ser un perseguido político, al no someterse al régimen del estanilismo en Polonia a finales de los 40. Pierde todo... y casi pierde hasta su lugar en la historia. Muestran como el régimen destruye parte de su obra, no renueva su credencial como artista, lo que le impide trabajar, comprar material para pintar, comer...
Gracias a la ayuda de sus fieles alumnos logra terminar su libro, y encontrar trabajos ajenos a sus virtudes. Es muy dura, pero muy bien realizada. Uno de los primeros planos muestra al maestro pintando en su apartamento, y de repente el ambiente se tiñe de rojo... por la ventana de su edificio expanden por fuera un enorme cartel rojo con la cara de Stalin. Un inicio que presagia el resto de la triste y dura historia.
Su pequeña hija, Nika Strzeminska sobrevivió sin su padre en la casa de chicas y se convirtió en escritora, donde publicó varios libros sobre su padre y su madre, también artista. Murió en el 2001. Y Wajda, coherente con su cine, cierra su testamento con una crítica a la opresión y al estanilismo... su padre fue asesinado por Stalin en la matanza de "Katyn", así como se llama una de sus películas más conocidas.
Trailer de Afterimage
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viernes, 1 de junio de 2018
El Libro de los Baltimore (Joël Dicker)
Leí este libro ya hace bastante tiempo, pero tenía la reseña en el banco de “pendientes por publicar” como otras cuantas. “El Libro de los Baltimore” es la tercera novela del joven escritor suizo Joël Dicker, y segunda novela donde vuelve con su personaje de Marcus Goldman, personaje principal de su exitosa novela, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”.
Marcus, en esta ocasión, cuenta la historia de su familia: los Goldman de Baltimore, con su tío rico, Saúl Goldman, y sus dos hijos, Hillel y Woody. La familia ideal a la que siempre quiso pertenecer. Marcus vive acomplejado por sus padres, a quienes se refiere como los Goldman de Montclair, y tienen un estatus social más bajo que el de sus tíos. Los mejores momentos de Marcus en su infancia y adolescencia son aquellos en donde viaja a Baltimore donde sus tíos, sus primos, y su vecina Alexandra, con quienes conforma la Banda de los Goldman.
La novela tiene una estructura que mezcla constantemente los tiempos narrativos. Teniendo como referente la fecha que el autor llama el “Drama”. Un evento que marcó y partió por la mitad toda su vida y la de sus familiares.
Tenemos a Marcus como un exitoso escritor atormentado por su pasado y tratando de concebir su próxima novela; Lo vemos como un joven estudiante de instituto que va a visitar a sus primos a Baltimore, y disfruta de los lujos y atenciones; Vemos como cada uno de los primos crece y se va perfilando cuando llega el momento del final del instituto para escoger carrera universitaria. Pero sobre todo se centra en los Goldman de Baltimore, sus tíos, sus primos, y como Marcus desarrolla una insana envidia por la vida privilegiada de sus primos.
Está bien estructurada, en el cambio de tiempos y años no pierde el ritmo narrativo, aunque a veces se dilatan mucho algunas cosas, por lo que sobran muchas páginas. También cansa mucho a veces esa descripción de la vida ideal, y del éxito que todo el mundo alcanza, aunque se puede ver justificado porque es la visión y percepción que tiene Marcus desde su juventud. Pero aún así, encuentro muchas reiteraciones innecesarias y vacías, sobre la vida lujosa, ostentosa y lo exitosos que son todos, lo atléticos, lo bellos, lo famosos etc. Da la impresión de que a veces el libro lo hubiese escrito un adolescente. Aunque afortunadamente hay momentos donde Dicker toma el ritmo de la narración y de la historia más enserio, y tenemos verdaderos momentos interesantes.
Pero en general me resulta una obra menos lograda que su anterior. Y en el juego de dar tantas vueltas en la narración, también se demora eternamente en conocer el “Drama”.
5/10
Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)
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viernes, 18 de mayo de 2018
Virus Tropical (Santiago Caicedo)
Sigo con mis reseñas Post-FICCI, y aprovechando además su estreno en carteleras de cine en Colombia. La película de animación colombiana, dirigida por el colombiano Santiago Caicedo, animador y artista visual, quien adapta en esta ocasión una novela gráfica homónima de la ilustradora colombo-ecuatoriana Powerpaola.
Cuenta la historia de Paola, una mujer que vemos crecer durante el metraje, junto con todas las experiencias que pasan en esa transición: celos, acoso, engaño, sexo, drogas, matrimonio, familia. Paola es la más joven de la familia, la menor de tres hermanas. Y desde que estaba en el vientre de su madre fue confundida y diagnosticada como un virus tropical, o un embarazo psicológico, debido a una operación que se había realizado la madre en sus trompas.
Paola crece en Quito, y luego en Cali, lo que nos permite una exploración territorial y geográfica a las dos ciudades, que es muy bien retratada en la animación y la historia, en los aspectos culturales, de lenguaje, tradiciones, tabúes, etc.
Vemos y vivimos la historia a través de la perspectiva de Paola, tanto como una niña y luego como una adolescente. Y es un logro significativo haber encontrado esa voz y ese foco que ilumina y guía al espectador. Desde su perspectiva, observamos las complejas relaciones familiares, y de una adolescente tradicional en Latinoamérica. Me ha sorprendido gratamente, es una animación muy bien lograda, con una historia muy bien llevada y dosificada. Tiene humor, ternura, drama, pero sobre todo corazón. No se la pierdan.
Trailer de Virus Tropical
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jueves, 3 de mayo de 2018
Cocote (Nelson Carlo de los Santos Arias)
Sigo con mis reseñas Post-FICCI, ahora con mi película favorita de la selección oficial y del festival, que precisamente ganó el premio a la Mejor Película. Cuando la vi por primera vez, escribí en mis redes que me parecía que “Cocote” era la primera fuerte y firme candidata al premio a Mejor película en la competencia oficial ficción. La película sorprende desde el inicio con su puesta en escena, su fotografía y encuadres, que desde el principio sabes que va a ser primordial en la narración. Me gustaron mucho las tomas, los contrastes, las sombras, los movimientos rápidos de cámara… en general la cámara funciona de forma eficaz mucho como elemento narrativo. Otro elemento importante, el sonido, es muy importante en la narración, incluso es otro protagonista, que alimenta la tensión de muchos momentos, y ayuda a impacientar y abrumar al espectador en los momentos clave.
“Cocote” habla de la muerte, que es incluso otra protagonista. Desde el inicio está presente, con la noticia de la muerte del padre de Alberto, el protagonista, un evangélico que trabaja de jardinero en una casa de familia adinerada en Santo Domingo. Luego, sigue presente, cuando Alberto viaja a su casa, y se enfrenta a la furia y el dolor de las mujeres de su casa, quienes apegadas a la tradición y a la cultura, realizan todos los rituales sobre su muerto. Estos rituales son presentados casi en su totalidad al espectador, llegando a perturbarlo, a veces por la repetición (pero creo que el director lo hace de forma consciente), otras por la aparente oscuridad que presenta, con la familia y una cultura que ha estado muy ligada la brujería.
Pero particularmente, la familia que queda de Alberto, todas mujeres, quieren una cosa, “qué haga algo al respecto”, quieren venganza. Es por esto, que la evolución de Alberto en la pantalla es algo muy interesante de ver, desde el inicio la pasividad y el tono reconciliatorio, pero que en el transcurso del filme evoluciona, en parte gracias a estos elementos mencionados (los rituales, la muerte, las mujeres…). Quizás algunos rituales se repitieron mucho, vi que hubo esa reacción en algunas personas, pero yo creo que hace parte del proceso, porque nada se repitió, sólo que vimos completo el ritual, y para mí es importante como elemento de narración, y para mostrar la evolución de la historia y los personajes. La película tiene un ritmo bestial, me mantuvo expectante en todo momento.
Otra curiosidad, recuerdo que la gente se reía en algunos momentos, especialmente cuando las mujeres atacan a Alberto, reprochando su pasividad, con discursos largos, nada exagerados, sino que son muy propios de la mujer caribe tradicional, esos momentos no eran de humor, porque había mucho dolor en ellos, pero el director se permite generar una risa nerviosa, que incluso debe hacer pensar al espectador sobre su motivo. En fin, una película muy potente, que sobre su manto, permite una reflexión muy fuerte de fondo, y una exposición muy fiel de una cultura. Una película sobre la muerte, la venganza, la tradición, las clases sociales y los límites.
Trailer de Cocote
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jueves, 26 de abril de 2018
Una Historia Sencilla (Leila Guerriero)
Publicado por primera vez en el 2013, “Una historia sencilla” es una de las obras y crónicas publicadas por la excelente escritora, periodista y cronista argentina Leila Guerriero. Debo decir, que de todo lo que he leído de Leila Guerriero nunca he leído hasta ahora nada malo de ella, ni una frase mal armada. Sin dudas, me parece la periodista más brillante y de las mejores escritoras que tenemos en Latinoamérica.
En “Una historia sencilla”, Leila viajó en el año 2011 hasta el pequeño pueblo de Laborde, donde se realiza una competencia de baile folklórico: el Festival Nacional de Malambo. Leila inicialmente fue a cubrir el festival porque le llamaba la atención el festival, sus características, su tradición y antigüedad (desde 1966), y el poder que tenía dicho evento para toda la población y los amantes del Malambo, que son un segmento muy reducido por fuera del pueblo. El malambo es un baile tradicional entre los gauchos argentinos, con mucho zapateo, y que exige una alta condición física y aeróbica por parte de las personas que ejecutan los pasos de baile y compiten. Al ganador de la competencia lo coronan como el campeón, y durante un año reina como el mejor ejecutor de la disciplina… pero también, los ganadores deben cumplir un pacto, y es que nunca más en su vida pueden volver a presentarse a competir y a bailar. Todo esto intrigó mucho a la escritora, por lo que fue tras la historia de ese festival, de la ciudad y de su gente. Pero en el camino se encontró con un participante que la deslumbró, Rodolfo González Alcántara, que redirigió la historia de Leila, para que no sólo fuese sobre el festival, sino también sobre un hombre común… una historia sencilla. Así como lo menciona en la contraportada del libro: “Este libro cuenta la más difícil de las épicas: la épica del hombre común”.
El libro, como todo lo de Lila, es una delicia. Inicia describiendo detalles del pueblo, del baile, de los participantes. Menciona las dimensiones épicas del baile, “una competencia de baile prestigiosa y temible que dura seis días”, que cuenta con distintas categorías, infantil, juvenil, y la categoría elite, en donde “se requiere de quienes participan un entrenamiento feroz, y termina con un ganador que, como los toros, como los animales de una raza pura, recibe el título de Campeón”. Y en la parte final de esta competición, los participantes deben bailar dos veces, entre la 1 a.m. y de nuevo en la gran final a las 4 a.m., con rutinas de entre 4 y 5 minutos, sin dejar de zapatear y tratando de dejar la parte superior estática… la técnica es importante, y Rodolfo la explica en el texto.
También en esta primera parte, Leila ahonda en el imaginario del pueblo, el poder y a la vez el misticismo o el rito de la tradición, y cómo todo se reúne alrededor de este evento, y cómo después del evento sigue la dura preparación durante todo el año por parte de los candidatos a pasar a la historia. Como ella misma lo describe:
“Para preservar el prestigio del festival, y reafirmar su carácter de competencia máxima, los campeones de Laborde mantienen, desde el año 1966, un pacto tácito que dice que, aunque pueden hacerlo en otros rubros, jamás volverán a competir, ni en ese ni en otros festivales, en una categoría de malambo solista. Un quebrantamiento de esa regla no escrita —hubo dos o tres excepciones— se paga con el repudio de los pares. Así, el malambo con el que un hombre gana es, también, uno de los últimos malambos de su vida: ser campeón de Laborde es, al mismo tiempo, la cúspide y el fin.
En el mes de enero de 2011 fui a ese pueblo con la idea —simple— de contar la historia del festival y tratar de entender por qué esa gente quería hacer tamaña cosa: alzarse para sucumbir”.
“—El poder de la danza está en el espíritu, en el corazón. Lo de afuera es técnica. El repique tiene que ser perfecto, hay que saber levantar, clavar el empeine, ir subiendo en energía, en actitud. Pero el malambo es una expresión mucho más fuerte que otras danzas, entonces, además de saber la técnica, hay que palpar la madera, sentirla, enterrarse en el escenario. El día que se pierde eso, se pierde todo. Tenés que sentir golpe por golpe. Como el latido del corazón. El mensaje tiene que llegar claro a la gente.
—¿Cuál es el mensaje?
—El mensaje es: «Acá estoy, vengo de esta tierra.»”
Luego de la introducción al baile y al pueblo, Leila dirige su mirada hacia un participante que la sorprende por su estilo de bailar. Decide seguirlo y abordarlo:
“Ésa es la primera vez que veo a Rodolfo González Alcántara.
Y lo que veo me deja muda.
Por qué, si él era igual a muchos. Usaba una chaqueta beige, un chaleco gris, una galera, un chiripá rojo y un lazo negro como corbatín. Por qué, si yo no era capaz de distinguir entre un bailarín muy bueno y uno mediocre. Pero ahí estaba él —Rodolfo González Alcántara, veintiocho años, aspirante de La Pampa, altísimo— y ahí estaba yo, sentada en el césped, muda. Cuando terminó de bailar, la voz opaca, impávida de la mujer, dictaminó:
—Tiempo empleado: cuatro minutos cincuenta y dos segundos.
Y ése fue el momento exacto en que esta historia empezó a ser definitivamente otra cosa. Una historia difícil. La historia de un hombre común”.
Entonces Leila Guerriero inicia un viaje a la historia de Rodolfo, quien en el momento que lo conoció bailando tenía 28 años. Lo sigue, lo observa, lo conoce y habla con su familia, su esposa, con compañeros y colegas de baile. La familia de Rodolfo es humilde, nunca conoció a su padre biológico, reconociendo como tal a su padrastro. A pesar de las dificultades económicas, y sin saber por qué, a Rodolfo siempre le gustó bailar y tomó algunas clases de pequeño, pero en el momento de decidir sobre su futuro, en algún momento pensó en dedicarse a otra profesión, pero gracias a las palabras sabias de una profesora decidió seguir con su sueño, o como la misma Leila lo narra:
“Mientras tanto, sus padres habían conseguido una vivienda gracias a un plan del gobierno llamado Esfuerzo Propio: el Estado otorgaba el terreno y los materiales, y los beneficiarios tenían que levantar la casa con sus manos. Cuando Rodolfo terminó el colegio —siendo, como en el primario, abanderado— pensó que, si lograba entrar en el servicio penitenciario, tendría un sueldo seguro como guardiacárcel. Había trabajado desde siempre, ayudando a Rubén en la construcción, robando choclos que después vendía, pero necesitaba un empleo fijo. Pidió los requisitos para el examen de ingreso y empezó a estudiar. Un día una profesora le dijo: «¿Estás seguro? Vos sos diferente, te veo como profesor, pero no en una cárcel, y lo que no puedas hacer de joven se lo vas a transmitir a tus hijos: el fracaso, la frustración.» Rodolfo se estremeció y, antes de obtener los resultados del examen —aunque finalmente lo declararían no apto por un problema neurológico que resultó no ser tal—, supo que no quería hacer eso, de modo que, durante 2001, viajó a un pueblo cercano, Guatraché, para dar clases de música en una escuela. Al poco tiempo le anunciaron que una persona del IUNA se presentaría para supervisarlo. La idea de que alguien pudiera decidir si lo que hacía estaba bien o mal le resultó revulsiva, y así fue como decidió mudarse a Buenos Aires y empezar a estudiar.
Después de ese primer encuentro en el bar lo acompañé hasta las puertas del IUNA. Cuando me despedí, tenía claro que la historia de Rodolfo era la historia de un hombre en el que se había agitado el más peligroso de los sentimientos: la esperanza”.
Leila nos cuenta una historia sencilla, en cada página somos testigo de eso, pero con su prosa, con su visión y profunda perspectiva, eleva la vida y la lucha de este hombre, que aunque haya vivido una vida como tantos millones de personas, tiene algo especial. Pero también tiene algo común con todas las demás personas, como ser humano, la búsqueda del reconocimiento, las preocupaciones por el bienestar y seguridad de la familia, el miedo y el deseo.
Me parece impresionante como Leila, como aguda observadora de la realidad, es perspicaz e incisiva en no quitar la mirada, y en estar atenta a esos pequeños momentos donde se revelan los rasgos más humanos del ser humanos, como la siguiente parte, que es una de mis favoritas:
“Rodolfo empieza a mover las piernas como un tigre enjaulado y rabioso. Abre una mochila, saca un libro de tapas azules, lo coloca sobre la mesa de cemento y, sin dejar de moverse, empieza a leer. El libro es un ejemplar de la Biblia y él, con la cabeza inclinada sobre las páginas, susurra y parece, al mismo tiempo, sumiso, invencible y tremendamente frágil. Tiene el cuello inclinado en un ángulo que dice, sin decirlo, «estoy en tus manos», y los dedos entrelazados en actitud de rezo. Y ahí, mirando la espalda de ese hombre del que no sé nada, que lee las palabras de su Dios poco antes de salir a jugarse la vida, siento, con una certeza fulminante e incómoda, que es la circunstancia de más espantosa intimidad que yo haya compartido jamás con un ser humano. Algo en él grita desesperadamente «¡no me mires», pero yo estoy ahí para mirar. Y miro”.
Al final, me parece una crónica y una historia excelente, tan bien narrada, tan bien abordada, que logra que una pequeña tradición de un pequeño pueblo, se convierta en un acontecimiento exótico, vibrante; y en un relato universal sobre las emociones y los sentimientos que acompañan a todos los seres humanos. Y termino con esta belleza:
“—Campeón, ¿me puede firmar?
Rodolfo se desprende del abrazo y lo mira. El nene debe tener unos ocho años y el pelo largo que usan, ya desde chicos, los malambistas.
—Ah, mi joven amigo, claro que sí. ¿Dónde quiere que le firme?
El nene le dice, señalándose la espalda:
—La camiseta.
Rodolfo se agacha y, sobre la espalda del nene, escribe, trabajosamente, una dedicatoria. Después se despide con un beso, camina hasta la sala de prensa y, en un rincón, empieza a desvestirse. Se quita la chaqueta, la rastra, la faja, la camisa. Y, antes de guardadas en el bolso marrón, a cada una de esas cosas les da un beso.
Yo no lo vi llorar, pero lloraba”.
Acá una excelente entrevista a Leila sobre el libro:
Una Historia Sencilla (Entrevista a Leila Guerriero)
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martes, 17 de abril de 2018
Season of the Devil (Ang panahon ng halimaw) de Lav Diaz
Sigo con mis reseñas Post-FICCI, ahora con una de sus gemas, “Season of the Devil”. Película más reciente del reconocido director y autor filipino, Lav Diaz, multipremiado y alabado en todos los festivales. La película fue un estreno iberoamericano, ya que se había estrenado mundialmente días antes en el Festival de Berlín 2018.
Diaz, quien también es muy prolijo, es conocido por sus obras profundamente humanas, sociales, psicológicas, y extensas en duración. De hecho, se podría decir que “Season of the Devil” es de sus obras más cortas, con “solo” 4 horas de duración. La película también despertaba mucha expectativa, porque es un musical. Y se promocionaba como un “anti-musical, una ópera rock que se adentra en la mitología”.
La película me gustó mucho, me parece brutal, con planos estupendos en una estética de contrastes, sombras y en un impecable uso del blanco y negro, como es habitual en el director. El texto de las canciones son muy buenos también, y toda esa gama de personajes en las que ahonda, y vuelve a retomar. La película se ambienta en Filipinas, cuando se proclama la ley marcial, que facultó al presidente (Ferdinand Marcos), que en la película llaman Narciso (y tiene dos caras), a tener plenos poderes durante 9 largos años que duró. No es la primera vez que Díaz aborda el tema de la ley marcial en Filipinas, ya lo había hecho anteriormente con “From What Is Before” (2014), que es incluso más larga que “Season of the Devil”, donde se centra especialmente en los dos años antes de la implementación de dicha ley, y aborda de forma minuciosa la psique de una comunidad, sus individuos, y como van reaccionando a los cambios. Díaz filma en tiempo real, filma la vida, quizás por eso siempre es necesario que sus películas duren tanto.
La película realiza un homenaje a las víctimas y victimarios, quienes interactúan y se comunican a través de canciones sin fondo musical. Hay escenas duras, otras muy bellas, los actores en general tienen buenas voces, pocos parecen recitados. Incluso hay algunos que cantan muy bien, sobre todo algunas mujeres, que parece que estuviésemos viendo un musical tradicional de desamor y pérdida. Hay varios personajes, y durante el metraje, los vamos visitando uno a uno, y volvemos nuevamente a ellos. Creo que el único problema que tengo con la película, como tengo con algunas del director, es que pudo ser más corta. Porque aunque hay escenas que se repiten, otras se dilatan, personajes que retomamos y visitamos uno por uno, no se puede negar la forma brillante en que están rodadas, y atisbar tras el eterno retorno, el cuadro eterno del dolor y del mal que el director plasma con tanta maestría. El espectador terminara repitiendo mentalmente, luego de salir de verla: “La la la la, la la la la, la la la……”
Ver una película de Lav Diaz en cine, también es otra película, jeje, aquí en el FICCI se presentó otra de él en otra edición. Te encuentras a las personas que no saben a lo que se meten, no tienen referencias del director y su cine. Por eso, cuando la presentadora de la película dijo que era un anti musical de largo aliento de 4 horas, unas señoras encopetadas se alarmaron. También a mi lado había 3 jóvenes, quienes sabían a que se enfrentaban y estaban compitiendo por quien aguantara más, o quien se quedara dormido primero. Luego, se apagan las luces e inicia la película. A los 5 minutos, con las primeras canciones entre unos oficiales con otras personas, se empieza a salir la gente. A la hora, la gente dormida, una de la señoras encopetadas que había salido, vuelve a la sala a buscar a su amiga, desde la entrada le hace señas con la mano, se escucha el movimiento de sus pulseras metálicas… pero la amiga no reacciona… está dormida. La señora sale impotente y se va. Tres horas después, en una escena en un bar, una mujer con sobrepeso cantando versos tristes, la señora se levanta y empieza a buscar entre el público a su amiga… no la encuentra, y se va también. Pasadas las tres horas, cuando va cambiando la escena, se va saliendo más gente. Quedan pocos, y los tres jóvenes a mi lado, la chica lucha por no dormirse, se ve que está sufriendo y quiero que el martirio acabe pronto… Luego de 4 horas, quizás la escena más fuerte y con mayor tensión llega, entre la películas se repitió varias veces el “La la la la, la la la la, la la la……”, la pantalla se pone en negro, y se acaba. En las películas de Lav Diaz, también ocurren fuera de ellas.
(8.5/10)
Trailer de Season of the Devil
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