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miércoles, 25 de noviembre de 2015

The Russian Woodpecker (Chad Gracia)

Chad Gracia



Tuve la oportunidad de ver este documental, presentado y galardonado en el Festival de Sundance 2015, en la Gira de Documentales Ambulante. "The Russian Woodpecker" me pareció un insólito y excelente documental. El director Chad Gracia graba la travesía del particular artista Fedor Alexandrovich y su camarógrafo, que se sumergen en una teoría sobre lo que en realidad ocurrió en la catástrofe nuclear de Chernóbil, en la actual Ucrania. 



Fedor Alexandrovich



Es insólito porque la narración va de la mano y casi desde la perspectiva de Fedor, un joven muy inteligente, extraño, curioso y lúcido, que se erige como una voz de alerta y protesta frente a los hechos no publicados de dicho evento y ante el inminente renacimiento de la extinta Unión Soviética. Su visión particular de ver el mundo, de análisis, de sentir, canalizar y depurar, no sólo lo que pasa por su cabeza, sino lo que experimenta, llega de forma directa al espectador, que logra sentir cierta afinidad y complicidad con Fedor. 




Crítica sobre el documental The Russian Woodpecker



Acompañados de buenas tomas y recursos didácticos que van de la mano de la particular personalidad del narrador. Es graciosa, lúcida, didáctica y ágil, al mismo tiempo que es aterradora e impactante. Incluso luego de tanta intimidad que alcanzas en el desarrollo de la trama, por su narrador y por la misma historia, te llegas a sentir vulnerable. El documental da un ligero cambio que sorprende y nos vuelve a poner los pies en la tierra, a indignarnos y sentir miedo de algo tan cercano, como el sonido del pájaro carpintero que persiste en el tiempo. Excelente y muy recomendado. De lo mejor que vi en la Gira de Documentales y uno de los documentales del año. 


(8/10)



Trailer de The Russian Woodpecker







Crítica sobre el documental The Russian Woodpecker



Crítica sobre el documental The Russian Woodpecker



Crítica sobre el documental The Russian Woodpecker

sábado, 21 de noviembre de 2015

Sanshiro (Natsume Soseki)

Natsume Soseki



Sanshiro es una de las primeras obras del gran e icónico escritor japonés Natsume Soseki. Escrita y publicada en el año de 1908, y publicada en España en el 2009 por la Editorial Impedimenta, en una edición preciosa, así como la editorial ha hecho con toda la obra de Soseki; “Sanshiro” refuerza parte del estilo que el autor empezó a crear y utilizar desde “Botchan”, con temáticas afines, personajes bellamente retratados en su individualidad y en sus relaciones, en donde se centra y retrata de forma magistral, la occidentalización del Japón en distintos aspectos, que se empezó a generar desde la Era Meji, que preciso cubrió hasta inicios del siglo XX, y que tanto rechazo y crítica despertó entre los intelectuales japoneses. Soseki escapa un poco de este debate, y casi al mismo tiempo que ocurre, crea estas bellas, entrañables y humanas historias, llenas de ironía, humor, belleza y sensibilidad. 

“Sanshiro” es un joven de pueblo que se traslada a la cosmopolita ciudad de Tokio para estudiar Literatura en la Universidad de Tokio. Durante ese año que convive en la universidad y en la ciudad, sufre tremendo impacto al encontrarse con una sociedad que está cambiando. Parte de ese cambio se representa en los personajes que llegan a su mundo, desde las chicas occidentalizadas con espíritus emancipados y libres, esnobs, científicos e intelectuales enfrascados en discusiones filosóficas y trascendentales, el profesor Hirota, y su loco, a veces lúcido y entrañable amigo, Yojiro, que lo meterá en un sinfín de problemas y aventuras. Sumado a esto, también conoce el amor, con Mineko, una joven muy particular y voluble, que confundirá mucho más la inestabilidad emocional de Sanshiro. 

La prosa de Soseki, como la de toda su obra, es sencilla, sútil pero al mismo tiempo profunda emocionalmente, hermosa y humana… narrada en tercera persona y nutrida en detalles y descripciones tanto humanas como físicas, dotadas con las mismas características, que hacen de cada lectura del autor, una experiencia entrañable, nostálgica y evocadora. No cuenta mucho imaginar, porque Soseki es venerado por Murakami, ha bebido mucho y de él, y porque Sanshiro es de sus obras de cabecera. Ves reflejados los espíritus de varios de sus personajes en los de Murakami, que preciso tienen esa similitud, ambos autores no fueron apáticos al cambio de Japón, sino que al contrario lo han descrito con perfección tal y como fue cambiando y se encuentra actualmente: con una gran influencia de occidente, pero con muchos aspectos que se mantienen arraigados, y que creo que tendrá que pasar mucho tiempo para que puedan ser totalmente excluidos, ya que preciso es parte de la esencia de esa cultura, la que la hace bella y entrañable, desde mi perspectiva.  

Sanshiro es el personaje central, es reflexivo, dubitativo, errático… joven al fin y al cabo, jeje. Y durante todas las más de 300 páginas, los lectores se sentirán identificados con él, vivirán, se reirán y sufrirán un poco con sus avatares. Muy recomendado


8.5/10


Reseña de Kokoro


A continuación comparto algunos fragmentos y diálogos:


Yojiro: Cierto, dije que Mineko era temeraria. ¿Por qué lo preguntas?
Sanshiro: ¿Se puede saber que ves de temerario en ella?
Yojiro: No es nada concreto. Todas las mujeres modernas son así. Mineko no es la única. 
Sanshiro: Dijiste que era como un personaje de Ibsen, ¿verdad?
Yojiro: Lo hice.
Sanshiro: ¿A qué te referías?
Yojiro: Bueno… Es como un personaje de Ibsen, eso es todo. 
Sanshiro no estaba nada convencido de la respuesta de su amigo, pero decidió no seguir incidiendo en lo mismo. Habían dado andado unos pasos en silencio cuando Yojiro exclamó:
Yojiro: ¡Mineko no es la única chica que se parece a un personaje de Ibsen! En los tiempos que corren, todas las mujeres son así en cierto modo. Y no solo las mujeres. Cualquier hombre que haya aspirado la más mínima bocanada de la nueva atmósfera tiene algo ibseniano en su interior. Lo que pasa es que la gente no actúa libremente, como hacen los personajes de Ibsen. Por dentro todos ellos suelen sentirse bastante frustrados. 
Sanshiro: Pues yo no me siento frustrado.
Yojiro: Tú eres experto en engañarte a ti mismo. No existe sociedad que no tenga sus defectos, ¿no crees?


Hirota: (…) Algunas personas son amables de manera mecánica. Toma mis clases, por ejemplo. Lo único que pretendo es ganar algo de dinero para vivir, pero a mis alumnos no les gusta verlo de ese modo. Por ejemplo, Yojiro, el cabecilla de los granujas; Yojiro era un verdadero alborotador. Siempre me estaba dando problemas, me sobrepasaba; pero no había nada odioso en él. En realidad es un tipo adorable, como los americanos cuando se muestran tan brutalmente francos con los asuntos de dinero. Saben lo que quieren y se dedican a perseguirlo. Es lo más honesto que se puede hacer en la vida, y no hay nada tan inofensivo como la honestidad. La cosa más importante que nos inculcaron a los de nuestra generación fue la compostura: en consecuencia ninguno de nosotros sabemos abordar las cosas de manera honesta, sin teñirlo todo de afectación. 



(Sanshiro entra cuando un artista pinta a Mineko)
(…) Cuando entró al estudio Sashiro había sentido como si se estuviera internando en un banco de niebla. Con el codo descansando en la mesa, se rindió a aquel silencio, más cerrado que el de la propia noche. En el silencio estaba inmersa Mineko, y la imagen de esta que poco a poco iba tomando forma en el lienzo. Todo lo que se movía era el grueso pincel del artista. Se movía solo para los ojos del espía; para los oídos, todo seguía en silencio. El orondo pintor también se movía de vez en cuando, pero sus pasos carecían de sonido. 
Encerrada en su mutismo, Mineko permanecía completamente quieta. De pie en su pose, con el abanico en el aire, era en sí misma un cuadro viviente. Tal y como Sanshiro lo veía, Haraguchi no estaba pintando a Mineko; estaba copiando un cuadro ya existente, de misteriosa profundidad; utilizando toda su energía para plasmar una pintura mediocre a la que le faltaba, precisamente, lo que la modela derrochaba con tanta prodigalidad: sentido de lo profundo. Y aun así, en medio del silencio, la segunda Mineko se estaba haciendo incluso más presente que la primera. Sanshiro imaginó que entre estas dos Mineko discurría un largo tiempo de silencio que no había sido mancillado por el sonido de un reloj. (…)


sábado, 7 de noviembre de 2015

El Principito (The Little Prince) de Mark Osborne

Mark Osborne



Tuve la oportunidad de asistir al pre-estreno de "El Principito", la nueva adaptación del gran clásico de la literatura mundial de Antoine de Saint-Exupery, en manos de Mark Osborne (Bob la esponja, Kung fu panda). Estrenada en Cannes fuera de concurso, había recibido críticas alentadoras. La película inicia centrándonos en la historia de una pequeña niña que vive con su madre, una perfeccionista que controla cada movimiento de su vida y el de su hija basados en la efectividad y la planificación acertiva. Se presenta un entorno mecánico y alienado, que me recordó al cine de Jacques Tati o a Billy Wilder, lo que me hizo recibir con agrado y curiosidad como se desarrollaría el resto de la trama. 



Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)



Luego la niña y su madre se mudan a un nuevo vecindario donde tienen de vecino al piloto que conoce el Principito al inicio de su historia en el desierto. Este hombre generará un gran efecto en la niña, al tiempo que la introduce en la mítica historia del niño de cabellos dorados. Hasta ese punto me seguía pareciendo vistosa, interesante e incluso bella cuando ya se narran los episodios que todos conocemos, y se mezcle la animación digital con el bello trabajo en stop motion para las escenas del libro. 



Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)


Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)



Hasta cierto momento me convenció, pero luego la trama de alarga, se nota que se esfuerza en buscar formas de extender el metraje, con detalles que la hacen perder el rumbo que había iniciado, se empieza a irrespetar un poco el libro y a caricaturizar y ridiculizar momentos, personajes y frases. En lugar de ahondar en terrenos más interesantes, se va por la vía fácil, quitando para mí, el factor emotivo que buscaba y cualquier posibilidad de redención. Y ni que decir, que no se explotan y se le saca jugo al material y al texto que ha inspirado a adultos y chicos por años. Toda una pena y gran decepción. Lo bueno, es que al salir de verla, querremos regresar al libro y aferrarnos a él. Un experimento fallido con buen arranque, y visualmente muy bello, en especial el stop motion, que te conecta más al libro y su esencia. 


5/10


Trailer de El Principito






Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)


Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)


Crítica sobre la película El Principito (The Little Prince)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Correspondencia (1945-1970) Yasunari Kawabata, Yukio Mishima

Reseña sobre el libro Correspondencia (1945-1970) Yasunari Kawabata, Yukio Mishima



Este libro llegó a mis manos por azares del destino, sin buscarlo. Para los que me conocen, saben de mi predilección, pasión y casi veneración por la cultura y el arte asiático, en especial en el cine y la literatura. Además de algunos aspectos de mi personalidad que asocio a esta cultura, y otros detalles, siempre me ha fascinado la sencillez, sensibilidad y sutileza con que son capaces de expresarse. Tan natural, que sientes que no es algo adquirido, sino heredado por tradiciones milenarias o inherentes al espacio geográfico en que se desenvuelven. 

A Yasunari Kawabata ya lo conocía, uno de los escritores japoneses más reconocidos y mejor ponderados, y el primer escritor japonés en ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura, en el año de 1968. He leído varias de sus novelas, “El maestro de Go”, “País de Nieve”, “Lo bello y lo triste” y su inmortal “La casa de las bellas durmientes”, aún me quedan algunos por explorar y leer. Por el contrario, a Yukio Mishima no lo conocía hasta hace poco, cuando en un artículo en este año se resaltaba a algunos escritores que habían alcanzado el éxito y reconocimiento literario antes de los 25 años. A partir de ese artículo busqué la novela con que precisamente se hizo famoso tan joven, “Confesiones de una máscara”. Meses después, en mi librería favorita, Ábaco Libros y Café, en la ciudad de Cartagena de Indias, me encontré con esta Correspondencia que habían tenido Kawabata y Mishima a través de veinticinco años, lo que para mí fue como si hubiese encontrado un pequeño tesoro. Desconocía que eran amigos, que se escribieron y menos que tuvieran una relación casi de maestro-discípulo. Sin dudas ha sido una de las mejores lecturas que he tenido en este año, y a continuación comparto algunos detalles del libro y de la relación de ambos escritores. 

Yasunari Kawabata, nació en 1899 y Yukio Mishima, quien originalmente se llamada Hiraoka Kimitake, nació en el año de 1925. La correspondencia en el libro inicia en el año de 1945, con una respuesta del ya reconocido Kawabata, agradeciendo la obra que le había enviado el entonces joven de 20 años, Yukio Mishima. Kawabata publicaría su primera novela siendo también joven a mediados de los años 20, por el año 1926, sólo un años después del nacimiento de Mishima. Y esta es una de las tantas afinidades y coincidencias entre estos dos grandes escritores, que incluso los uniría hasta la muerte. Yukio Mishima se suicidó en el años de 1970, y Kawabata notablemente afectado se suicidaría también dos años después. 

Posterior a esa carta del maestro, Mishima responde con agradecimientos por los buenos comentarios sobre la obra que le había enviado. Y así inicia una secesión de misivas, todas llenas de cortesía, respeto, admiración y cariño, que claramente con el tiempo y los años se hacían cada vez más cálidas e íntimas. 

Mientras leía la correspondencia, y ver el desarrollo de esta amistad, no podía contenerme y a leer con mucha atención detalles que dieran pistas sobre acontecimiento o fechas importantes, como los procesos de creación de sus novelas, hechos históricos en los respectivos años, y por supuesto el Premio Nobel concedido a Kawabata en 1968, que preciso es uno de los años finales de la selección de misivas. Este momento es curioso, porque en el año de 1968 ambos ya eran reconocidos y considerados de los mejores escritores del siglo XX… El alumno había, en cierta forma, alcanzado al maestro, y ambos fueron durante décadas nominados al Premio Nobel. De hecho, y acá hago la primera señalización a una carta interesante:

En la carta del 27 de Mayo de 1961, Kawabata envía una carta a Mishima. En donde inicialmente Kawabata aborda el tema del Pen Club, el cual fue el presidente en su país durante varios años, y quería vincular a Mishima. Y luego pide a Mishima que escriba una carta donde recomiende a Kawabata a la candidatura al Nobel de Literatura, para enviar a la Academia de Estocolmo. De hecho, en el apéndice final del libro, luego de la última carta en la selección, a inicios de los años 70, aparece la “Carta recomendado al señor Yasunari Kawabata para el Premio Nobel de Literatura 1961”, que a continuación comparto con ustedes:

“Las obras de Kawabata unen la delicadeza con el vigor, la elegancia con la conciencia de los más bajo de la naturaleza humana; su claridad encierra una insoldable tristeza. Son modernas aunque directamente inspiradas en la filosofía solitaria de los monjes del Japón Medieval. La manera en que el escritor elige sus palabras demuestra qué sutileza, qué grado de estremecedora sensibilidad puede alcanzar la lengua japonesa; su estilo único, con una agilidad infalible, es capaz de ir directo al corazón de un hombre para expresar su sustancia, ya se trate de la inocencia de una jovencita o de la horrorosa misantropía del anciano. Una concisión extrema –la concisión cargada de sentido de los simbolistas- se instala en obras cortas que, a pesar de su brevedad, engloban todos los aspectos de la naturaleza humana. Para muchos escritores del Japón moderno, los imperativos de la tradición y el deseo de crear una nueva literatura se mostraron casi inconciliables. El señor Kawabata, sin embargo, con su intuición de poeta, ha superado esta contradicción para convertirla en una síntesis. En todos sus escritos, desde su juventud hasta nuestros días, se encuentra, como una obsesión, el mismo tema: el contraste entre la soledad fundamental del hombre  y la inalterable belleza que se aprehende intermitentemente en las fulguraciones del amor, como un rayo que de pronto pudiera revelar, en el corazón de la noche, las ramas de un árbol en plena floración. 
Es un honor para mí recomendar a quien, más que ningún otro escritor japonés, presenta verdaderamente las cualidades requeridas para el Premio Nobel de Literatura”

Yukio Mishima


Otro momento importante, es el siguiente fragmento. La carta corresponde a la fecha de 2 de noviembre de 1948, en los primeros años de la larga relación entre la joven promesa de las letras, Yukio Mishima y el ya reconocido y mitificado Kawabata. La carta al inicio tiene una inscripción: "Esta carta, abierta por el ejército de ocupación norteamericano, lleva sello: "Verificado por la censura". Este fragmento me pareció especial porque Mishima, quien estaba muy joven aún, en esta carta desvela detalles de la que sería su obra maestra: "Confesiones de una máscara", que publicaría también muy joven:  

"(…) En estos últimos tiempos me volví perezoso, para vergüenza mía, y sólo escribo apresuradamente las cosas que había dejado abandonadas hasta el último minuto, pero me gustaría, para la obra que me han pedido las ediciones Kawade Shobo y a la que me tengo que dedicar a partir de fines de noviembre, emprender un trabajo de más largo aliento. Ya tengo título provisional: Confesiones de una máscara, y querría, ya que es mi primera novela autobiográfica, disecarme a mí mismo, con la doble resolución de la que habla Baudelaire: ser "tanto la víctima como el verdugo"; también querría torcerle el cuello a aquello en lo que mis lectores saben bien que he creído: el dios de la Belleza, para ver si sería capaz de volver a la vida. Se tratará de un análisis sin reservas, que voy a emprender con gran determinación, sabiendo que, sin duda, habrá quien rechace leer una sola página mía después de leer esta novela; en contraste, el que me diga que es "bella", me habrá comprendido de la manera más profunda. Pero dada la estrechez del ambiente literario en el Japón de la posguerra, es posible que todo mi trabajo quede, una vez más, sin ser entendido. 
Sé que su esposa, el otro día, estuvo enferma; me gustaría saber si ya se restableció.
Ahora que vienen los primeros fríos, cuide mucho su salud".

Mishima Yukio  


Otro fragmento que me pareció interesante, fue en la carta del 13 de Octubre de 1959, donde Kawabata le escribe a Mishima, y se alcanzan a percibir esbozos de su investigación sobre un tema que trataría en una de sus obras maestras: “La casa de las bellas durmientes”, que publicaría dos años después, en el año de 1961:

“(…) Al partir de Karuizawa, este año, tenía la intención de aprovechar esta estadía para interrumpir los somníferos, pero no he llegado a hacerlo, especialmente porque recibí demasiadas visitas en el transcurso del mes de agosto. Usted hace alusión, sin duda, al medicamento del que habla el diario Sankei de esta mañana, en un artículo titulado: “El somnífero del terror, o V como Valamina”. En una palabra, estos somníferos se convierten en algo parecido a los estupefacientes o los estimulantes, lo que a mí también me produce temor (…)”


Otro fragmento interesante e importante, se encuentra en una carta del 4 de Agosto de 1969, dos años antes del suicidio de Mishima, donde habla de la muerte y de diversos temas que lo atormentaban.  

“(…) Digo cosas cada vez más tontas, que seguramente le harán sonreír, pero de lo que tengo miedo no es de la muerte, sino de qué será del honor de mi familia después de mi muerte. Si alguna vez me sucediera algo, supongo que el mundo lo aprovecharía para sacar sus dientes, marcar mis menores defectos y hacer trizas mi reputación. Esto me da igual que si se burlaran de mí estando vivo, pero la idea de que se rían de mis hijos después de mi muerte me resulta insoportable. Seguramente, usted es la única persona que puede preservarlos de esto, así pues se los entrego completamente para el futuro. Sin embargo, también es muy probable que todo esto no conduzca a nada, que todos estos esfuerzos y sudores se reduzcan a la nada, que todo quede en el cansancio del renunciamiento; por otra parte, para un espíritu dotado de sensatez, esta hipótesis es la que tiene más posibilidades de suceder (¡noventa por ciento, sin duda!), y no obstante, rehúso a mirar esta realidad de frente. Es inevitable que algunos me acuses de huir de la realidad, debido a mi egoísmo, pero en lo que me concierne, nada detesto más en el mundo que las caras gordas de los realistas de anteojos. Espero tener la ocasión de verlo en el otoño. 
Con mis respectivos saludos,

Yukio Mishima

* El 24 de enero de 1971, en ocasión de las exequias públicas de Mishima en el templo de Tsukiji Honganji de Tokio, Kawabata, que presidía la ceremonia, leyó este fragmento de la carta, de gran sentido profético.



Si bien, en este largo intercambio de misivas, podemos observar estos detalles, también podemos atisbar momentos históricos e ideológicos de importancia en la época, como los rastros de la tragedia en Hiroshima y Nagasaki, y algo que tanto Kawabata como Mishima temían y despreciaban, como fue la constante pero segura occidentalización de la sociedad japonesa, y diría que asiática. Y en esto punto, me genera mucho interés de que en todas las cartas no se mencione al gran Natsume Soseki, anterior a ambos escritores y de los más grandes escritores nipones y de la historia. Tan importante es, que en los colegios de Japón, sus libros son de lectura obligada. Y nunca lo mencionan, al menos en las cartas que intercambian y salen en este libro de correspondencia. Y esto me resulta interesante, porque por ejemplo “Kokoro”, una de las obras maestras de Soseki, fueron de gran influencia en la literatura occidental y mundial, en sí, una obra universal. Por lo que, podría decir, que hoy en día, a pesar de la irreversible occidentalización de la cultura, el Japón aún no ha perdido su magia y su identidad; claramente ha cambiado y evolucionado, pero aún mantiene su esencia. Y pruebo de ella, tengo que meter obviamente a Haruki Murakami, el gran escritor japonés contemporáneo, tan criticado en algunas ocasiones por la alta presencia y referencia a la cultura americana en sus novelas. Y como siempre he dicho, Murakami no inventa nada, eso es lo que pasa en Japón y su cultura, que desde inicios de siglos sufrió una trasformación. Y la prueba de que aún no se ha perdido la esencia, es el mismo Murakami y otros escritores nipones contemporáneos, que en sus obras dejan evidencia de que la esencia de la cultura japonesa, esa que tanto a mí me apasiona, aún sigue intacta. Pero no podemos ser ajenos a los cambios. 

En síntesis, como dije inicialmente, ha sido una de las mejores lecturas que he tenido este año. Es genial ver como se desenvuelve esta relación por correspondencia, y ver detalles más allá que no aparecen de forma explícita. Lo recomiendo enormemente, y seguramente volveré a leer algunas de las cartas en distintos momentos. Para los amantes y no amantes de Mishima y Kawabata, y de la literatura japonesa. Porque si te gusta, obviamente te va a encantar, y si no, seguramente vas a querer leerlos, luego de conocer detalles de sus obras, sus vidas, sus trabajos, sus pensamientos, temores y anhelos. 


8.5/10


viernes, 30 de octubre de 2015

¡Qué viva la música! (Carlos Moreno)


Carlos Moreno



Tuve la oportunidad de ir al pre-lanzamiento de "Qué viva la musica", la adaptación de la novela icónica de Andrés Caicedo. Las expectativas estaban bajas, luego de las críticas generadas tras su estreno en Sundance, pero aún mantenía cierta curiosidad sobre el proyecto, en especial por su director. Carlos Moreno, autor de películas como “Perro come perro”, “Todos tus muertos”, “El cartel de los sapos” y series como “Escobar, el patrón del mal”, entre otras. Como vemos, un director con mucha experiencia, y que además forma parte de una generación tanto en el cine y la televisión colombiana, que como comenté en un post anterior, gracias al formato de series, se ha avanzado un poco en el cuidado del aspecto técnico en las películas, entre otros detalles que antes no parecían tener importancia en la concepción de un proyecto cinematográfico.



Paulina Dávila



La película me pareció un experimento con buenas intenciones; tiene momentos en que captura la esencia de la novela y su poesía, que no duda en agregar fragmentos de la novela, que recordemos un relato en primera persona, de la voz de María del Carmen, ese personaje antológico y hermoso, creación de la pluma de Andrés Caicedo. Paulina Dávila, es la actriz encargada de dar vida a María del Carmen, la rubia, rubísima, tan rubia que le dicen mona. Aunque la escogencia de la actriz ha despertado cierta polémica desde sus inicios, por no ser rubia natural, por según no saber actuar, para los que la vieron en su estreno, etc. Para mí, logra hacer un trabajo muy meritorio, logrando meterse en la piel de María del Carmen, e ir acorde al ritmo en que la misma película lleva al personaje. Me sorprendió gratamente. Así como los otros personajes del reparto, que también me parecen bien caracterizados, desde Rubén, Bárbaro, Mariangela, Ricardito, etc. 


Alejandra Ávila


Cali, la otra protagonista de la novela, también es retratada y expuesta en su magnitud, en esas dos o tres caras que explora Caicedo, la Cali nocturna de alta sociedad de los 70, con las fiestas de jóvenes llena de sexo, drogas y rock; así como la Cali popular, de los barrios y de los campos, llena de salsa. En esta parte, tan importante en la novela, como es la travesía por la ciudad, dando vida a una ciudad; la película logra también en muchos momentos por medio de las imágenes, dar protagonismo respectivo a la ciudad. Que si revisamos nuestra filmografía, es algo ciertamente novedoso en explorarse. Y aquí podemos atisbar en los objetivos o inclinaciones del autor, Andrés Caicedo, un reconocido cinéfilo y amante del séptimo arte, que seguramente en su proceso creativo, al escribir también observaba las imágenes que pasaban por su cabeza. 



Paulina Dávila

Paulina Dávila



A pesar de esos buenos momentos y prometedor inicio, el filme no se mantiene, no logra una estructura general sólida, que trata de tomar licencias por el carácter psicodélico de la historia. Si bien, en una adaptación no se puede abracar todos los detalles de una obra, que es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el guionista; siempre he encontrado cierta efectividad en ese proceso, en la inmortalización de los momentos, que aceleran la trama sino que se detienen en un momento que da universalidad a la obra en sí. Y es quizás eso lo que me faltó en la película, que como mencioné lo logra por momentos, pero no es una sensación permanente. Ahora bien, aléjandonos de las comparaciones con el libro, podemos observar una película curiosa, llamativa, alegre y vibrante, pero la sensación de falta algo, permanece. Así como la sensación de que pudo haber sido algo mejor. Sin embargo, es una película que se deja ver, me parece buena, y en su propuesta presenta detalles novedosos en el cine colombiano, que reafirma este año de oro que se está viviendo. Por eso, recomiendo a todos a que la vayan a ver, para los amantes y no amantes de la obra de Andrés.


6.5/10


Trailer de ¡Qué viva la música!










Que viva la música

Alejandro Salgado nos cuenta como ve la ultima película de Carlos Moreno, inspirada en la novela de Andres Caicedo.

Posted by Cineclub Lumieré Cartagena on jueves, 29 de octubre de 2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

Crímenes (Ferdinand von Schirach)

Ferdinand von Schirach



Acabo de terminar hace poco esta recopilación de relatos, “cuentos” o experiencias testimoniales, que a la vez fue la ópera prima del escritor, abogado y jurista alemán Ferdinand von Schirach. Publicado por primera vez en el 2009, alcanzó un enorme éxito en ventas y crítica, que llevó a que los derechos fueran comprados en más de 30 países, y en el año 2011 saliese la primera edición en español. 

Schirach, quien es un reconocido abogado defensor penalista en su país, teniendo bajo de poder casos muy conocidos, en esta primera obra comparte con los lectores a través de 11 relatos, casos reales en los cuales trabajó y se enfrentó a diversos dilemas, tan frecuentes en su profesión, donde palabras como culpa, verdad y realidad, se presentan tan complejas en los distintos casos, que ponen a reflexionar al lector sobre el problema de la perspectiva y la moral.  

La mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo, es una de las frases introductorias expuestas en el prólogo, donde el autor cuenta sobre su profesión y su tío, un juez quien le inspiró a formarse en el derecho, quien al mismo tiempo representó un enigma en su vida, una prueba de que las cosas no siempre son como se ven. 

La realidad de la que podemos hablar jamás es la realidad en sí (Werner K. Heisenberg), una frase del físico alemán, que también se encuentra en la parte introductoria del libro.  

Con una prosa sencilla, técnica y casi parca, con una estructura definida parcialmente, en forma de exposición de un caso, el autor logra dotar estos elementos, con descripciones precisas y distintos matices que dan ritmo, intriga e incluso alma a cada uno de esos relatos y sus personajes, que si tienen una particularidad, es su normalidad. Personas que se ven expuestas o necesitadas a actuar de acuerdo a las circunstancias que se le presentan. Historias que danzan entre el bien y el mal, entre contrastes, que ponen en evidencia la fragilidad del ser humano y su persona.

Todos los relatos, a pesar de tener una estructura prestablecida en la forma de exposición, varían en su contenido y tienen elementos distintivos, que permiten al lector disfrutar, sorprenderse, conmoverse, indignarse y ponerse en los zapatos de cada uno de los personajes. Desde “Fähner”, el primer relato, uno de los más sólidos y un estupendo inicio donde se analiza el sentido del castigo y la culpa; “El cuento de té de Tanata”, sobre un grupo de jóvenes que organizan un robo con resultados inesperados; pasando por “El violonchelo”, un relato trágico familiar; “El erizo”, un relato más ligero y curioso, donde también se aborda un drama familiar, y la realidad de que uno no escoge la cuna en que nace; “Suerte”, otro relato interesante que aborda uno de los temas que para el autor define el curso de muchos casos, la suerte, en especial cuando los casos se basas en evidencias probatorias; “Summertime”, un relato de precisión y detalle, con un trasfondo de celos y venganza; “Legítima defensa”, sobre un caso misterioso de defensa propia; luego vienen dos de los más flojos, pero que no dejan de ser interesantes, que son “Verde” y “La espina”, para rematar con broche de oro con dos de los mejores: “Amor”, un escalofriante breve relato sobre los límites del amor y la cordura, y “El etíope”, sin dudas el más conmovedor de todos los relatos, un hombre golpeado por la vida que finalmente encuentra la paz, luego de cometer un leve delito, que cobrará importancia en su futuro. 

Como se observa, es una montaña rusa de emociones, casos para analizar y reflexionar, que confrontan al lector con la realidad y consigo mismo y las percepciones que tiene sobre algunos temas. También es interesante que cada caso haya sido un caso real al que el autor y abogado se enfrentó, y que lo ha llevado a ponerse en los zapatos de cada uno de sus defendidos, quienes muchos de ellos son seres humanos que en su momento no encontraron una mejor opción. Esas historias y testimonios de personas reales, son los protagonistas de estos relatos. Que por supuesto, recomiendo enormemente.  


8.5/10



jueves, 22 de octubre de 2015

Siempreviva (Klych López)

Klych López



Muy interesante hallazgo en la cartelera nacional. 30 años después de los terribles y lamentables acontecimientos en el Palacio de Justicia, han salido varias propuestas y reflexiones a través de la pantalla grande. "Siempreviva" relata la historia de trasfondo de una de las víctimas colaterales de ese terrible día, centrándose en la vida en su hogar, un inquilinato donde convivía con su hermano, su madre y diversos vecinos e inquilinos. 




Laura García



En una técnica poco usada en el cine nacional como el plano secuencia, es el elegido para narrar la mayor parte de la historia dentro de ese pequeño espacio, que recuerda los orígenes teatrales de la obra, antes y después de los acontecimientos. Si bien la película utiliza recursos que no son novedades en el cine mundial, si es meritorio que siguiendo la buena racha del cine nacional, se sigan explorando por primera vez el uso estos recursos para narrar nuestras historias. Es la única forma en que podemos seguir avanzando. 




Andrés Parra



Además de la parte técnico, brillan los actores, que son exigidos por la misma estructura narrativa de la grabación. Y me alegra que cada vez más el cine colombiano se aleje den formato telenovela, y creo que parte de ello se debe a las series de calidad que han salido. Mucho más cercanas al género cinematográfico. Prueba de ello, el director del presente filme, Klych López, que fue el mismo que se encargó de la serie, "La ronca de oro". 




Enrrique Carriazo



A pesar de todo esto, me parece que es una película con buenas intenciones e interesante propuesta, pero que como película tiene pequeños puntos negros. Algunos problemas de edición y guión, que no permiten dar un centro y mayor eficacia a la historia. Pero me parece muy importante como ejercicio de memoria histórica, en especial para jóvenes como yo, que no habíamos nacido cuando ocurrieron estos hechos, y conocemos historias fragmentadas y difusas de los hechos ocurridos, que aún hoy en día no pertenecen a la historia oficial del país, por las dudas presentes y más vivas que nunca y las investigaciones en proceso. Y en casos como estos, donde los medios de comunicación y la misma historia local carecen de veracidad y rigor, el cine, la literatura y el arte en general, se transforman en grandes fuentes de reflexión, pensamiento y debate. No dejen de verla, vale la pena.


7/10



Trailer de Siempreviva






Andrés Parra



Andrea Gómez



Crítica sobre la película Siempreviva

domingo, 11 de octubre de 2015

Para acabar con Eddy Bellegueule (Édouard Louis)

Édouard Louis



Primera novela del joven escritor francés Édouard Louis, antes Eddy Bellegueule. La novela autobiográfica publicada por primera vez en Francia en el 2014, se convirtió rápidamente en un éxito inesperado, generando revuelo y polémica por su contenido, que ponía en evidencia un problema en el que Francia parecía haber avanzado… la discriminación y la intolerancia desde una perspectiva general, pasando por la xenofobia, hasta el caso particular de Louis, su experiencia como un niño, adolescente y joven, creciendo en un pequeño pueblo de Francia, donde ser diferentes a los estereotipos masculinos establecidos, y más específicamente, ser homosexual, era o es una terrible marca de por vida. 

La novela debido a su enorme éxito ha sido traducida, y en este 2015 ha salido la edición en español gracias a la editorial Salamandra. Édouard Louis tiene actualmente 22 años y disfruta del éxito en la crítica y el público de su obra testimonial. 

En la contraportada del libro se puede observar el siguiente fragmento:

“La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla”. (Édouard Louis)

Me interesé en el libro por primera vez, desde que lo vi en uno de los boletines que me llegan sobre las novedades literarias, por su contenido, las críticas, comentarios de algunos lectores, y la juventud del autor. El libro que tiene casi 200 páginas, lo leí en pocas horas, es totalmente narrado en primera persona, un libro testimonial dividido en dos partes: La primera, situado a finales de la década de 1990 y principios de la década del 2000; y la segunda, que lleva como título de cabecera, “El fracaso y la huida”. 

En la primera parte, Louis habla del entorno del pueblo donde creció, su infancia, la familia, historias del pueblo, retrato del padre, retrato de la madre (que son literalmente algunos de los subtítulos) y la terrible vida en el colegio. En esta parte, nos cuenta y nos describe ese mundo donde creció. Como un pequeño lleno de dudas y confundido, con actitudes naturales y propias que no deberían ser las de un hombre, como el excesivo movimiento de manos, voz muy fina, la forma de caminar, en fin como él mismo lo menciona, un chico amanerado. Y como este le generaba conflictos con todo ese entorno que al inicio describe, el pueblo, las personas, su familia y en el colegio, donde recibía abusos y violencia de todo tipo. Me parece interesante desde el análisis y el punta de vista psicológico, porque se hacen evidentes distintos tipos de violencia y discriminación, desde distintas perspectivas y entornos. Y sientes el dolor del autor en cada una de sus descripciones, que describen de forma muy específica y violenta los acontecimientos, pero la descripción no es tan fuerte por lo que describe, sino por la forma en que el abusado lo cuenta, porque te das cuenta de todo lo que se siente y experimenta ser discriminado desde cualquier punto de vista. En la segunda parte, que me pareció impresionante, por la fortaleza y la valentía del autor en contar lo que cuenta, las luchas consigo mismo, distintas experiencias y hechos que ocurren, y que siguen marcando de por vida su terrible experiencia en ese pueblo, sus dudas, su ignorancia y no entender el comportamiento de algunas personas. 

Confieso que al iniciar a leerlo me encontraba un poco escéptico, porque desde el punto de vista literario, el lenguaje es muy sencillo, incluso muy real, al utilizar palabras y frases usadas por las personas de su pueblo, sin maquillarlas y transformarlas literariamente, y que como se imaginarán en la traducción del Español, te quedan algunas palabras muy reales también del español de España… Pero eso no tuvo ninguna relevancia al final. La historia poco a poco te va atrapando, te sienten leyendo una carta o confesión del propio autor para ti, y ese lenguaje tan realista, que sigue hasta el final, poco a poco aumenta de intensidad de la mano de la narración de los acontecimientos del autor… Y te das cuenta, al menos yo lo sentí, que aunque quizás no haya una construcción literaria con distintos elementos académicos, sientes que lo que lees, no viene de una imaginación y una construcción fantasiosa, sino que lo que estás leyendo es real, es violento y tiene la poesía, la belleza y el dolor, que sólo puede ser producto de un alma atormentada y adolorida. Y es tan poderoso, que traspasa al lector y hace que entendamos y nos pongamos en los zapatos de Eddy. 

Esta última parte impresiona y la entiende más el lector, cuando se entera, que el pequeño Eddy leyó su primer libro a los 18 años, cuando ya se había ido de la casa y de su pueblo; porque leer y cualquier manifestación artística era algo no muy bien visto por la sociedad donde creció, y sobre todo que lo hiciese un hombre. 

Por esto, es muy admirable el trabajo de Louis, este ejercicio catártico que le permitió liberar o exponer algunos de sus demonios, y en especial dejarnos conocer su enorme talento literario… ese que es natural y que no todo el mundo es capaz de expresar; en especial, de la forma tan poderosa como él lo hace. El lector puede estar seguro que recibirá distintos golpes en la lectura, y que como pocas veces se ve, que tiene el acceso al alma de una persona. 

Y como el mismo Louis se encarga de anunciar, de que al final escapa de esa vida, de su familia, del colegio y del pueblo. Ese escape no es de la forma en que nos imaginamos, y tampoco que crea el lector que es la típica historia de superación y escape a una nueva vida… En este caso, Louis es brutal, escapa de la redención y más que luz te da un golpe con la realidad, porque hay ocasiones que las luchas son continuas o eternas, y lo importantes es encontrar la fortaleza para seguir adelante, y poco a poco ir canalizando los demonios… y este libro, es simplemente el ejemplo de eso. Y es algo que puede iniciar, incluso con el cambio de nombre, como el autor lo hizo, tratar de acabar con Eddy Bellegueule, un nombre que representaba su pasado y todos sus males, del que seguro no podrá escapar, porque hace parte de lo que es, pero que puede ayudar a transformar, como ya lo está haciendo, en el escritor Édouard Louis. Muy recomendado. 

8.5/10


Entrevista con Édouard Louis





viernes, 9 de octubre de 2015

Sólo una luz de agua (Pablo Montoya)

Pablo Montoya



Luego de leer “Tríptico de la Infamia” de Pablo Montoya, y escucharlo en diversos foros, vídeos y discursos, quedé fascinado con su narrativa y todo su proceso creador. Un día me encontré con un libro muy pequeño, de una bella edición de Tragaluz Editores, con ilustraciones muy bellas extraídas de la obra de Giotto di Bondone, uno de los protagonistas de la obra. El pequeño libro tenía por título, “Sólo una luz de agua”. Luego de leer la contraportada quedé intrigado y decidí comprarlo: 

A finales del siglo XIII, Giotto, artista precursor del Renacimiento italiano, pintó veintiocho frescos inspirado en la vida de san Francisco de Asís. En este libro, Pablo Montoya contempla la mudez de esas imágenes y la recrea en palabras. Una prosa breve y poética, acompañada con un detalle de cada pintura, cuenta la historia de Francisco, un hombre que encontró la divinidad cruzándose con el dolor, la miseria, el sufrimiento, el gozo y la belleza”.

Francisco de Asís, el hombre, es el personaje central de este texto; Giotto y sus 28 pinturas del santo, la inspiración; y la Edad Media, su atmósfera.

Pero si no es Dios el que nos habla en Giotto, ¿quién es entonces? Es, creo, el impulso donde las manos, las del pintor y las del poeta, definen el fundamento del hombre. Y lo fundamental del hombre no corresponde a Dios. Corresponde especialmente a lo humano. Y, sobre todo, al diálogo que ambos establecen” (Pablo Montoya)

En efecto, y enfatizando en la atracción del autor por la historia, la pintura, el arte, y la búsqueda de la belleza en general, este pequeño libro es una curiosa joya. Montoya como se describe anteriormente dota de palabras y poesía a las pinturas de Giotto, y al tiempo a la misma vida de Francisco de Asís, que de forma fragmentada y simbólica se va tejiendo y tomando forma en la misma imaginación de los lectores, que armarán su propia interpretación de cada cuadro, que va acompañado inicialmente con la descripción de Montoya, y al final con el nombre original del cuadro. 

Me pareció un ejercicio interesante y muy valioso, porque aunque Montoya se haya encargado de describir los trazos, colores y formas de 28 pinturas, dentro de sus breves textos sobresale su particular lucidez, su talento literario, su alma de poeta y su rigurosidad de investigador y amante de la historia. 



Reseña de Tríptico de la Infamia





Pablo Montoya

domingo, 20 de septiembre de 2015

Tríptico de la Infamia (Pablo Montoya)

Pablo Montoya



La primera vez que escuché sobre Pablo Montoya y su Tríptico de la Infamia, fue en la edición del 2015 del Hay Festival de Literatura en la ciudad de Cartagena de Indias. Estuve en tres de sus conferencias e intervenciones, donde la mayoría eran enfocadas a la novela histórica. Desde que lo vi y escuché en la primera charla, quedé fascinado por su palabra y sobre lo que expresaba él mismo y los otros panelistas sobre su novela. Montoya trasmite erudición y fascinación sólo en su discurso, como quedó más que demostrado en el discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos 2015, precisamente por su novela, “Tríptico de la Infamia”. A continuación dejo en enlace del discurso:



Cuando escuché el título, pensé que ya lo había escuchado antes. Luego el mismo Montoya en una de sus intervenciones mencionó la Historia Universal de la Infamia de Jorge Luis Borges, y me percaté que mi memoria me había confundido. Montoya mencionó el texto de Borges como inspiración en el título. 

Tríptico de la Infamia” es una novela histórica densa, ágil, profunda, poética y rigurosa, entre otros más adjetivos, que se divide en tres partes. Tres partes, donde cada una tiene el nombre de tres artistas que vivieron épocas convulsas y de violencia entre Europa y la recién “descubierta” América y las guerras religiosas del siglo XVI: Jacques Le Moyne, artista, ilustrador, cartógrafo y pintor de Diepa, miembro de la expedición Jean Ribault al Nuevo Mundo, cuya labor era dibujar lo que veía, los paisajes, las personas, las acciones… el segundo, François Dubois, pintor de Amiens, autor de “La matanza de San Bartolomé”, una de las masacres durante las guerras de religión en Francia en el siglo XVI… Y finalmente el tercero, Théodore de Bry, orfebre, grabador y autor de Lieja. 

En la primera parte con Le Moyne, nos embarcamos en la recién descubierta América, y observamos todo desde el punto de vista del artista. Le Moyne tiene una función dentro de esta expedición, y es dibujar lo que ve. Es testigo del terror y del atropello a una civilización ya existente, y al mismo tiempo parece ser el único que reconoce la belleza y las virtudes de los pobladores de América. Por ejemplo, uno de mis fragmentos favoritos de la parte de Le Moyne, cuando se maravilla con las pinturas y los colores de los indios en su cuerpo:

"... el pintor pudo concentrarse mejor en sus observaciones y trató de entender la novedad pictórica que se le develaba. El cuerpo para los indios, fue esta su primera conclusión, era como una gran tela que, a su vez, podía dividirse en diferentes espacios. No parecía ser lo mismo pintar sobre la espalda y el pecho, que hacerlo sobre los lóbulos de las orejas y las yemas de los dedos. Tal consideración fue volviéndose compleja en medio de una suerte de perplejidad sin pausa. Conque el cuerpo es para esto, pensaba el francés, mientras veían a un indio desnudo y tocado de líneas, círculos y rombos como un inmenso pavo real. Y existe para mostrarlo al modo de una obra itinerante..."

En la segunda parte, con François Dubois, el terror se traslada a la misma Europa. Pero aún así  hay referencias al primer artista. Lo que inmediatamente nos hace pensar en el sentido cronológico que Montoya ideó para la selección de cada uno de los artistas. En uno de los episodios de la segunda parte Dubois habla sobre la obra de Le Moyne, al que llamaron posteriormente “El pintor de los indios”. Dubois se muestra incrédulo y argumenta lo loco que estaba Le Moyne al comparar su arte con el de esos indios del otro lado del continente:

En alguna ocasión señalé, para gran molestia suya, que era demasiado desmedido comparar las pinturas corporales indígenas, de las que él mostró algunos motivos llevados en un cuaderno, con el arte que nuestros maestros ejercían en las iglesias y palacios. Mi opinión, en general, es que ambas expresiones no se pueden comparar. Jacques, en cambio, era incansable al decir que los indígenas manejaban el color mejor que nosotros y se mostraban más imaginativos. Pero, preguntaba yo incrementando su efervescencia, ¿conocen la perspectiva y la técnica del retrato y el desnudo? Incluso me tornaba irónico al suponer que Le Moyne pondría en el mismo nivel las largas declamaciones poéticas que hacían los nativos americanos, y que él decía haber escuchado de viva voz, con los vastos poemas de Homero, Virgilio y Dante”.

Pero también se observa, que gracias a Le Moyne y otros sobrevivientes también pudieron enterarse de la tragedia acontecida al otro lado del océano. Al igual que su relación y discusiones con el joven ministro Simon Goulart, que lo alentaba siempre a pintar el terror, porque era una forma de preservar la memoria. 

Goulart cree, por ejemplo, que es fundamental escuchar esas versiones del infortunio. Pero no solo escucharlas, sino escribirlas. Que se debe hacer hasta lo imposible para que se conozcan tales testimonios y queden como un registro para las generaciones futuras. Ese es el argumento, por lo demás, con el que el ministro intenta convencerme de que vuelva a pintar. Goulart piensa que el arte debe denunciar el desgarramiento que este siglo ha vivido. Yo me acomodo mejor, sin embargo, a la idea de que el verdadero artista siempre es ajeno a esas contingencias y logra salir adelante cuando enfrenta los enigmas de la belleza y su equilibrio. Goulart piensa que libramos una batalla religiosa y política posible de ganar. Yo creo que la única batalla que nos incumbe es aquella que muestra al hombre su propia locura y su desesperación, y que toda victoria en estos campos es engañosa. Goulart sostiene, y en ello es coherente con su oficio, que es posible reformar al mundo. Yo me aventuro a creer, aunque lo hago reservadamente, pues no ignoro la ciudad que habito, que allá cada quien con su credo y que ojalá algún día todos los hombres comprendieran de una vez por todas que es más sensato establecer en silencio y en soledad las conversaciones con Dios, y no pregonarlas como si fueran de interés comunal”.

“Cuando quería tomar distancia frente a lo que pintaba, dirigía mis pasos hacia el Sena. Ese río, que tiempo después se llenó de sangre, era el reflejo de mi recogida amplitud. Las barcas surcaban sus aguas y en sus remeros no reconocía ningún rasgo de Caronte como tampoco vinculaba su caudal con el que Dante describe en el círculo más recóndito del averno.
Empecé a entender que toda la ciudad es una moneda de caras simultáneas. Allí brota el ángel y allá el demonio. En este lado surge con una lucidez súbita la sabiduría y en este la bruma de la locura”.
  
Y en la tercera parte, con Théodore de Bry, siguiendo el orden cronológico de la obra, De Bry fue el grabador y autor de varias de las imágenes que se conocen hoy en día sobre la colonización y llegada a América. De hecho, se encargó del grabado de varios de los dibujos realizados por Jacques Le Moyne. De Bry también representa la reflexión sobre los horrores acontecidos al otro lado del océano, la vergüenza y el compromiso con la humanidad, la memoria y el pasado. Montoya se acoge a este personaje para plasmar también parte de su argumento propio, analizando algunas de sus obras, como los grabados religiosos de Adán y Eva o el Arca de Noé, donde el autor escarba en la posible simbología y crítica que de Bry supo plasmar en sus grabados. Al mismo tiempo que se reflexiona sobre algunas prácticas consideradas aborrecibles por los europeos de algunos nativos americanos, como el canibalismo. 

… Conozco algo de ella (selva) por los viajes que he hecho al Putumayo y a la Amazonia colombiana. Pero mi conocimiento de esos bosques vírgenes es vago, superficial y prejuicioso. No idealizo la selva ni la condeno. Simplemente es un vasto territorio que ignoro. A veces creo que esos árboles juntos y atravesados por ríos inmensos son la madre y padre de todas las cosas. El corazón, el cerebro, el alma, los pulmones del planeta…

Y dentro de esta tercera parte de De Bry, hay un mini capítulo titulado “América”, que es bellísimo. Si pudiera lo pondría completo a continuación pero me representaría mucho trabajo, y es mejor que cada lector lo descubra de forma personal. Es un canto de De Bry sobre América, un continente al que nunca viajó pero que lo imaginó y vivió a través de sus lecturas y los dibujos que contemplaba de los viajeros y artistas de las expediciones. 

Sé que mi acercamiento a América y a sus hombres es limitado. Pero cuando pienso en lo que sucedió allá, concluyo que fue mejor no haber visitado ese continente. Me invade un consuelo, al saber que no toqué sus ínsulas y su tierra firme y que mis manos no se mancharon directamente del delito. Aunque Montaigne, me atrevo a creer, pensaba en una suerte de pedagogía dulce y progresiva para los indígenas, basada en ejemplos de orden moral y no religioso, considero más bien que ellos podrán acceder a la luz solo cuando Europa los deje a su libre albedrío…

En síntesis, la novela tiene precisión y rigurosidad histórica, que nos muestra la ardua labor de Pablo Montoya en la investigación y construcción de esta novela. La búsqueda de los personajes, de la coherencia y la cronología; además de gran valor literario que tiene, entre las tres partes intercala entre la primera y tercera persona, en algunos capítulos el mismo Montoya interrumpe de forma sutil la narración y sigue toma voz propia en el relato, introduciendo aspectos del proceso de investigación que lo llevó a distintas ciudades y varios años. Pero además del manejo del tiempo y la voz narrativa, de la investigación y su rigor, y sus virtudes como ensayista, también se hace visible de forma brillante el del escritor virtuoso, hay partes tan hermosas, poéticas y bellamente escritas que fluyen como un río. Una recomendación al lector, aunque quizás haya partes complejas y densas, que necesiten de búsqueda de diccionario, no desistan y simplemente denle tiempo. Me parece una estupenda novela histórica, una novela de gran valor y un documento histórico necesario que todos deberíamos leer, para analizar y reflexionar sobre nuestro pasado, nuestra identidad y nuestras raíces.  


(9/10)


A.S.B