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viernes, 21 de agosto de 2015

Rojo y Negro (Stendhal)

Stendhal




Segunda novela publicada por el reconocido escritor francés Marie-Henri Beyle, conocido como Stendhal en el año de 1830. La hemos leído recientemente en el Ciclo de Literatura Francesa Clásica y Contemporánea del Club de Lectura de Ábaco. Aunque ya había visto una adaptación de la obra hecha para la televisión de finales de los 90, no había leído el libro. Leerlo por primera vez fue toda una experiencia turbadora, apasionante, asfixiante y fascinante.

Desde que empecé a leer sus primeras páginas, no pude soltarlo, y si lo hacía sentía una inquietante angustia hasta que tuviese que retomarlo nuevamente y seguir la historia de Julián Sorel. Al leer el primer párrafo incluso, ya tenía la sensación de estar leyendo algo de otro nivel, sin dudas un aura que cubre a todos aquellos que llamamos clásicos sin fecha de vencimiento. Llegando incluso a volver a leer más de una vez un mismo capítulo, porque sentía que se me escapaba algo dentro de la densidad y complejidad de la historia... o simplemente porque eran tan sesudas las descripciones que tenía que volver a leerlas por simple devoción.

La obra, como se dice en muchas ocasiones, es una obra de su tiempo sin dudas… pero eso no quiere decir que sea antigua y que su argumento haya perdido contemporaneidad, sino que su atmosfera y el trasfondo histórico de la historia correspondía al de la época. Que preciso era la época de la restauración, luego de la caída y expulsión de Napoleón Bonaparte de Francia, con la retoma del poder de la monarquía y por ende de la iglesia… eso sí, con algunas grietas dentro del imaginario colectivo, especialmente de los jóvenes. Jóvenes como Julián Sorel, un chico entre los 18 y 19 años, nacido en una familia humilde y trabajadora de baja cuna. A pesar de sus orígenes, Julián es muy culto, le encanta leer, lo que despierta el rechazo de su padre, que junto con su apatía por los trabajos pesados, lo catalogaban como “cría” débil y no útil en el mundo. Además de eso, Julián es un ferviente admirador de la figura de Napoleón; una secreta pasión que como muchas otras tendrá que esconder el joven Sorel debido a la época en que vivía. Consciente de esto, Julián decide aprender el latín, la biblia y el nuevo testamento de memoria, junto con otros documentos sacros, lo que le garantizaría una posición de importancia y privilegiada dentro de la sociedad que habitaba. Esta es una de las diversas decisiones que toma Julián, quien además de ser el gran protagonista, es al mismo tiempo un símbolo, no sólo de la novela sino de la época… ambición, hipocresía, sufrimiento, pasión, amor, entre muchos otros son los símbolos que representa Julián, como a la misma Francia de la restauración, y al mismo tiempo al de toda una generación que ya no aprueba las condiciones políticas y regentes a través del poder de la monarquía y la iglesia.

La historia de Julián Sorel, y todo lo que representa su nombre, es dividida en tres partes, aunque en realidad el libro se divida en dos, pero personalmente yo veo tres grandes partes. La primera, que cuenta con una introducción muy importante, nos muestra la cuna de Julián, los maltratos, ofensas y desprecios de su padre, algunas de las causas de su resentimiento y en general detalles que nos ayuda a entender un poco su personalidad y sus actuaciones. En esa primera parte, vemos la estrategia de Julián se seleccionar el camino religioso, para sobresalir en sus conocimientos adquiridos, poder leer con tranquilidad, libros prohibidos y de Napoleón, y de ser visible en la sociedad reinante, lo que lo llevará a la casa de los Renal, donde irá a enseñar latín a los hijos del alcalde y su esposa, Madame Renal. A partir de ese momento toma importancia el tema del amor y la pasión, que podrían parecer un tema trillado de novelas románticas, pero que Stendhal dota del componente psicológico, no sólo desde el punto de vista de Julián sino de Madame Renal, lo que sin dudas da un componente fascinante a esta relación, que parece una composición y un reflejo muy realista y muy humano, con lo que sin dudas muchos lectores nos sentiremos muy reflejados y relacionados en distintos aspectos, sin importan el tiempo, rol o época. En la segunda parte, Julián por distintas razones se va al seminario, donde vive y convive un breve intervalo con esa otra institución que aborrece en secreto, pero que le permite encontrar un buen aliado… o amigo. Y la tercera parte, cuando sale del seminario a una nueva casa, la de la familia La Mole, donde vivirá nuevas aventuras, donde los elementos de su simbología personal se mantendrán a flote, con un pequeño cambio en las reglas y roles del amor y la pasión.       

En términos generales, la obra, además de su historia, posee unas descripciones increíbles, tanto en el la geografía, la atmosfera, la época, pero principalmente en las psicológicas, de la que somos testigo de primera mano cuando aparece en escena Julián Sorel, que sin dudas es uno de los mejores personajes creados en la literatura universal. Sentimos que lo conocemos desde el inicio, y aún así sufrimos, los juzgamos y nos alegramos con sus distintas aventuras. Al mismo tiempo que los demás personajes que aparecen en el transcurso de la obra, tan cuidados y bien descritos, que todos dejan una pequeña huella. La descripción y el manejo de todos estos personajes es posible gracias a la omnipotente y omnipresente tercera personaje que Stendhal utiliza en la narración, que pienso que es un narrador que sabe mucho más que el narrador en tercera persona común… Pero esta sensación es entendible gracias a la precisa y minuciosa descripción psicológica. Si Stendhal es gran precursor del realismo, sin dudas también lo es de la novela psicológica, y sin dudas grandes escritores como León Tolstói y Fiódor Dostoyevski, los grandes novelistas rusos, entre otros, porque se hace evidente la precisión en las descripciones de la psiquis del ser humano. El narrador omnipresente incluso, tiene tanta autonomía en el relato, que en algún momento advierte al lector que decide adelantar y omitir algunos acontecimientos de la historia, por no parecerle relevantes o emocionantes para el lector, jeje.    

En síntesis, sin dudas me parece una obra maestra de la literatura universal, creo que si hay alguna de las palabras que me permiten describir la sensación al leer la novela, escogería: “Intensidad”. Y vaya que si es una de las mejores sensaciones que se le puede pedir a cualquier obra de arte, porque la intensidad implica turbación y removimiento. Y el Rojo y Negro de su título, sin importar cuál sea el significado, creo que pueden ser varios al tiempo, relacionados con el traje de los sacerdotes, el rojo de los militares, el negro del sufrimiento y el rojo del amor o la pasión… Todas esas teorías son absolutamente válidas, ya que a pesar de ser una novela de su tiempo y su época, desde el momento que fue publicada se volvió inmortal y universal.

9.5/10


A continuación comparto algunos de los fragmentos, pero en realidad si tuviera que resaltar todos los que me gustaron, me tocaría transcribir casi toda la obra:

(Sobre Julián Sorel)
(…) Tenía las mejillas enrojecidas y los ojos bajos. Era un chico joven, de dieciocho a diecinueve años, de apariencia débil, con unas facciones irregulares pero delicadas, y una nariz aguileña. Sus grandes ojos negros que, en los momentos tranquilos, denunciaban reflexión y ardor, en aquel instante reflejaban un odio profundo. El pelo castaño le salía desde muy abajo de la frente, lo que, en los momentos de cólera, le daba un aspecto malévolo. De entre las innumerables variedades de fisonomías humanas, quizás no haya ninguna tan lejos de la vulgaridad como ésta. Su figura esbelta y bien formada denunciaba más agilidad que vigor. Desde su primera juventud, su aspecto extremadamente pensativo y su gran palidez habían dado al padre la impresión de que no viviría mucho y que, si lo hacía, sería una carga para su familia. Despreciado de todos, en su casa, odiaba a su padre y a sus hermanos. En los juegos que se celebraban en la plaza pública los domingos, siempre perdía. (…)

"Una vez entrado en la casa, Julián sintió la poderosa mano de su padre en el hombro; tembló, esperando algunos golpes.
Respóndeme sin mentir -le gritó en los oídos la voz dura del viejo campesino, mientras con una mano le hacía dar vueltas igual que hace un niño con un soldadito de plomo. Los grandes ojos negros y llenos de lágrimas se encontraron frente a frente con los pequeños y malvados ojos grises del viejo carpintero, que pretendía leer hasta lo más profundo de su alma" (Rojo y Negro, Stendhal)

"Julián, sorprendido de que no le pegaran, se dispuso a salir. Apenas se vio fuera del alcance de su terrible padre, aminoró el paso. Su hipocresía le dictó que lo mejor sería hacer primero una visita a la iglesia.
¿La palabra hipocresía les sorprende? Antes de llegar a convertirse en un hipócrita, Julián había tenido que recorrer mucho camino". (Rojo y Negro, Stendhal)

“Algunos jóvenes seminaristas tenían mejor color que Julián y podían pasar por ser más apuestos, pero éste tenía las manos blancas y no conseguía disimular ciertas costumbres de escrupulosa limpieza. Aquella cualidad no era una en la triste casa donde lo había arrojado la suerte. Los sucios campesinos entre los que vivía manifestaron que sus costumbres eran muy relajadas. En fin, tenemos miedo de cansar al lector con el relato de los mil infortunios de nuestro héroe. Por ejemplo, los más vigorosos de sus compañeros quisieron tomar por costumbre pegarle: se vio obligado a armarse de un compás de hierro, dando a entender con señas que pensaba utilizarlo. Las señas no pueden figurar, en el informe de un espía, con la misma facilidad que las palabras”.

“Los sonidos tan graves de aquella campana no hubieran debido despertar en Julián más que la idea del trabajo de veinte hombres pagados a cincuenta céntimos cada uno y ayudados quizás por quince o veinte fieles. Hubiera podido pensar en el desgaste de las cuerdas, en el del maderaje, en el peligro de la misma campana, que se cae cada dos siglos, y reflexionar en la manera de reducir  el salario de los que tocaban, o de pagarles con alguna indulgencia o bula extraída de los tesoros de la iglesia, que no le vaciarían la bolsa.
En vez de estas juiciosas reflexiones, el alma de Julián, exaltada al oír aquellos sonidos tan viriles y tan graves, erraba por los espacios imaginarios. Nunca será ni un buen sacerdote, ni un buen administrador. Las almas que así se conmueven son buenas todo lo más para producir un artista”.

“La palabra fue dada al hombre para ocultar su pensamiento” (R. R. Malagrida)
(Los epígrafes al inicio de cada capítulo son excelentes y curiosos, ya que según los inventó el mismo Stendhal. Los personajes a quienes se atribuyen si son reales, pero las frases, según son lo que Stendhal imaginó que cada una de esas personas hubiese dicho)

“Julián se entregaba tanto más a la dulce cercanía de su amiga cuando que, en el momento en que se quedaba solo mucho tiempo, la fatal proposición de Fouqué le venía de nuevo a la memoria para desazonarlo. En los primeros días de aquella nueva vida, hubo momentos en que, él que nunca había amado a nadie, ni tampoco había sido amado, encontraba un delicioso placer en ser sincero”.

“La señora de Renal se apoyó en su brazo, con tanto abandono que su mejilla sintió el calor de la de Julián. La noche que pasaron aquellos dos seres fue muy diferente. La señora de Renal estaba exaltada por los arrebatos de la voluptuosidad moral más elevada. Una chica joven y coqueta que ama  a temprana edad, se acostumbra a la turbación que da el amor. Cuando llega a la edad de la verdadera pasión, le falta el encanto de la novedad. Como la señora Renal nunca leía novelas, todos los matices de su felicidad eran algo nuevo para ella. Ninguna triste verdad venía a helar su alma, ni siquiera el espectro del porvenir”.

“Hay que renunciar a toda prudencia. Este siglo está hecho para confundirlo todo. ¡Caminamos hacia el caos!”

martes, 18 de agosto de 2015

Carta a una Sombra (Daniela Abad, Miguel Salazar)

Comentario sobre el documental Carta a una Sombra



Un hermoso y duro retrato de la vida de la familia de Héctor Abad Gómez, padre del escritor Héctor Abad Faciolince, que escribe el guión inspirado en su hermosa novela "El olvido que seremos" junto con los directores Daniela Abad, su hija y Miguel Salazar. 

Es hermoso, triste y nostálgico, además de pertinente en estos tiempos para recordar los estragos de la larga guerra y época de violencia que se vive en el país desde hace décadas. Abad Faciolince, además de participar en la escritura del guión, es el narrador, lo que garantiza la poesía y la belleza del amor y del horror en la ejecución.

Como un collage íntimo de la familia, somos testigos además de las historias que nos cuentas sus mismos protagonistas, familiares y amigos de Abad Gómez, de fotos familiares, vídeos públicos e íntimos y grabaciones de voz, que nos muestran al padre, médico, activista, pero sobre todo al ser humano que se preocupaba por la gente a su alrededor. 

Un buen complemento al excelente libro escrito por su hijo Héctor Abad Faciolince, que es una oda al amor parental. A continuación el poema de Borges que inspiró el título del libro “El olvido que seremos”, que tanto gustaba a su padre:

Ya somos el olvido que seremos. 
El polvo elemental que nos ignora 
y que fue el rojo Adán y que es ahora 
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas 
del principio y el fin, la caja, 
la obscena corrupción y la mortaja, 
los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra 
al mágico sonido de su nombre; 
pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá quien fui sobre la tierra. 
Bajo el indiferente azul del cielo, 
esta meditación es un consuelo. (Jorge Luis Borges)


7/10


Trailer del documental Carta a una Sombra




Comentario sobre el documental Carta a una Sombra



Comentario sobre el documental Carta a una Sombra



Comentario sobre el documental Carta a una Sombra



Comentario sobre el documental Carta a una Sombra

lunes, 17 de agosto de 2015

Cavalo Dinheiro (Pedro Costa)

Pedro Costa



Una de mis recomendadas en el pasado FICCI. Pero obviamente se me olvidó decir o advertir, que el cine de Pedro Costa no es fácil. El conocido como el poeta o maestro de las sombras, tiene la particularidad de ofrecer filmes con un ritmo lento, pausado y totalmente contemplativo entre claroscuros. Lo digo, porque al pasar unos minutos, la gente empezó a salirse cuando veía que la película seguía desarrollándose en un interior, repleto de sombras y miseria… 

Miseria del flamante protagonista, Ventura, un veterano y antiguo activista de la Juventud en Marcha, que participó en la Revolución de los Claveles en 1974, que se encuentra internado en algún sitio, al parecer un hospital, donde son evidentes los rezagos de las pasadas luchas. 

Costa nos traslada sin previo aviso entre distintas épocas, desde los recuerdos de Ventura en el pasado, hasta si situación actual en la Lisboa de estos años que corren. Al no hacer cortes que indiquen un previo aviso del cambio de tiempo, el espectador se encontrará confuso… pero eso hacer parte del cine  y el estilo de Costa. 

Pero ya en sí, en mi opinión del filme, creo que es un relato muy interesante, dentro y muy fiel a su estilo, nos sumerge dentro de la mente de ese desahuciado hombre, con escenas como la que tiene en un pequeño espacio, lleno de sombras, y de repente emerge la aparición de un antiguo oficial uniformado. Una imagen brusca y onírica pero al mismo tiempo muy poética. La fotografía como siempre es muy bella, y me parece otro trabajo destacable dentro de la filmografía de Costa, que siempre cuenta las historias a su estilo… un estilo que no siempre es fácil. La sigo recomendando, pero vayan preparados.

8/10


Trailer de Cavalo Dinheiro





Pedro Costa



Pedro Costa



Pedro Costa



Pedro Costa

martes, 4 de agosto de 2015

Last Days in the Desert (Últimos días en el desierto) de Rodrigo Garcia

Rodrigo García



Película más reciente del reconocido director latonamericano, hijo del escritor Gabriel García Márquez, que tuvo su estreno en el FICCI 55, el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en su edición 2015. Garcia conocido por el nombre propio que se ha hecho dentro del cine por trabajos como: Cosas que diría con solo mirarla, Madres e hijas, Albert Nobbs, entre otras, en esta ocasión se encuentra bien acompañado, contando con el gran Emmanuel Lubeski en la dirección de fotografía y un reparto de lujo, encabezado por Ewan McGregor y el prometedor Tye Sheridan. 

La historia ambientada en la travesía bíblica de Jesús por el desierto, cuando es tentado por el diablo, visualmente es excelente, tiene ritmo y el espectador siempre se encuentra a la expectativa, esperando lo que va a ocurrir. Debo confesar, que a pesar de ser una idea poco original y tan trillada, Garcia, que también firma el guión, se centra en un detalle específico de esa travesía, cuando el diablo (interpretado por el mismo McGregor) hace una apuesta con Jesús, de dejarlo en paz, si consigue solucionar los problemas de una familia que se encuentran en medio del desierto. La familia, conformada por un padre trabajador y tradicional, tosco y fuerte, una madre enferma, y un hijo con espíritu aventurero y muy inteligente, que quiere salir de esa vida monótona. Una misión difícil, y que centra el gran nudo de la historia. 

Finalmente nos encontramos con una interesante reflexión sobre la relación entre padre-hijo. Sin embargo, también debo confesar, que aunque está bien hecha, al final tuve la sensación de ya haber visto esto antes, y supongo que también esperaba más riesgo en la narración… el mensaje finalmente no es tan fuerte. Y lo primero que pensé, fue que este relato bíblico de Garcia, está más cerca del Noe de Aranofsky, que del Jesús de Scorsese. Aún así, recomendada, vale la pena observar sus virtudes.

6/10




Tye Sheridan



Ayelet Zurer



Ewan McGregor